Olga, capitulo 5
El Sobresaliente.
Había humedades por todas partes. La principal la
intercambiaban Olga y Eva con sus lenguas, penetrando la una en la boca de la
otra. Luego estaban las de sus coños.
Estás toda mojada — Dijo Eva cuya mano manoseaba
entre las piernas a Olga —
¿Te gusta?
Sí...
Las de Olga, lo que manoseaban, eran los pechos de Eva por
encima de la blusa, una blusa que le estorbaba horrores.
No nos verá nadie ¿Verdad? — dijo Olga
desabrochándole la blusa a Eva —
Claro que no... espera, que me levanto un poco...
Eva separó un poco la espalda del asiento para que Olga
pudiera quitar el cierre del sujetador. Las dos quedaron libres, pero por poco
tiempo, ya que Olga se apoderó de ellas enseguida, primero con las manos y luego
con la boca. La forma en que mamaba y lamía sus pezones recordaba a como había
tratado la ensaimada.
¡Oh! ¡Como he deseado que me toques así...!
Olga se echó literalmente encima de Eva y decidió lamerle el
cuello. Su perfume inundaba sus fosas nasales y la excitaba, todavía más si
cabía. Eva dejó ir las manos hacía adelante para hacerse con el culo de su
amiga. Por fin lo tenía, tan enorme que no lo podía abarcar todo de una vez,
duro como una roca.
Como he deseado tocarte así...
Volvieron a juntar las bocas y a abrazarse.
Levántate la camiseta, quiero chupártelas yo
también...
Espera, que me hago daño con el volante...
En pocos segundos los pechos de Olga estuvieron a merced de
la lengua de Eva.
¡Qué bonitas las tienes!
Las tuyas me gustan más, son más grandes...
Olga emitió un quejido.
¿Te he hecho daño? Perdona...
No, es que me he clavado el cambio de marchas en la
pierna...
¿Aquí? — dijo Eva alargando la mano hasta tocarle
otra vez el culo —
No, aquí — Olga le cambió la mano de sitio,
poniéndola entre sus piernas —
Eva se estremeció y cerró los ojos. La felicidad era ese coño
que le mojaba la mano a través del pantalón.
Olga... aquí estamos muy incomodas... vamos a mi
casa...
¿ A tu casa?
Olga tragó saliva y se separó de su amiga. Su deseo se
convirtió de pronto en un miedo incomprensible.
¿No quieres?
No, no... claro que quiero...
Tienes el pantalón manchado — dijo Eva tocándole
entre las piernas — necesitas cambiarte, aunque no creo que yo tenga
nada de tu talla...
Es igual — dijo Olga abriendo las piernas y cerrando
los ojos — ya nos preocuparemos después...
Entonces ¿vamos a mi casa?
Olga tragó saliva otra vez, pero la mano de Eva todavía
acariciaba su chocho por encima del pantalón.
— Si, vamos a tu casa.
Recuperaron entonces sujetadores y abrocharon camisas y
salieron del parking. Olga tenía el coño muy mojado y los pantalones manchados,
carmín en los pezones y en los labios.
Toma — dijo Eva acercándole un pañuelo de papel —
Gracias... tócame mientras conduces...
¿Qué?
Que me toques... mientras conduces...
Eva alargó la mano hasta ponérsela entra las piernas. Olga le
facilitó el trabajo dejándolas bien abiertas.
Ahí, ahí me gusta que me toques...
Vamos a tener un accidente...
Perdona...
Al llegar al primer semáforo Eva se inclinó para besar a Olga
en la boca y volver a poner la mano en su coño. Eso le permitió notar como se le
volvía a humedecer otra vez y le mojaba la mano a través del pantalón.
Disimuladamente, Eva se olió la mano.
Volvió a arrancar.
Vamos a tener un accidente — dijo Olga —
Al parar en el siguiente semáforo fue Olga la que se acercó a
Eva para besarla y tocarle el pecho.
¡Hey! ¡Muy bien hecho! ¡Seguid así!
Lo había gritado un motorista que se había detenido en el
mismo semáforo y tenían al lado. Olga volvió a su asiento como accionada por un
resorte. Eva le enseñó el dedo.
¡Cabrón!
Pero el motorista se reía y se burlaba, haciendo muecas de
besos. Eva volvió a arrancar, Su camino le alejó del motorista.
Menudo cabrón...
Olga miraba por la ventanilla, muy seria. Eva le acarició el
muslo pero no consiguió llamar su atención.
¿Qué pasa?
Nada...
Volvieron a detenerse en otro semáforo, pero esta vez ninguna
de las dos se abalanzó hacia la otra.
Olga ¿qué pasa?
Nada... es que me da mucha vergüenza...
¿Vergüenza de que? — preguntó Eva mientras aventuraba
su mano otra vez entre las piernas de Olga —
No me toques ahí, que nos verá alguien...
¿No quieres que te toque?
No. Digo si... pero cuando estemos en tu casa...
Sólo era un gracioso... no tiene importancia...
Ya... pero no me gusta...
Finalmente llegaron a su destino y Eva aparcó en un solar
vacío cerca de su casa. Cuando paró el motor Olga sujetó la muñeca de Eva.
¿Te has enfadado?
No, no me he enfadado...
Tócame si quieres...
Por toda respuesta Eva puso la mano entre las piernas de Olga
y se puso a frotar.
¿No te da miedo que alguien nos vea?
Si... pero es igual...
Eva retiró la mano y abrió la puerta del coche. Olga no la
siguió, se quedó sentada.
Venga... mi casa está aquí al lado...
Ya...
¿No quieres subir?
Si que quiero...
¿Entonces por que no bajas?
No lo sé... tengo miedo...
Eva rodeó el auto hasta el lado de Olga y abrió la puerta. La
tomó de la mano y la sacó fuera del coche.
No seas tonta, no tienes que tener miedo...
Se cogieron de la mano entrecruzando los dedos, de esta forma
Olga se sentía más segura. Se miraban a los ojos y sonreían, y Eva le miraba a
Olga el culo de reojo y se le mojaba el chocho. Se le pasaban por la cabeza
todas las cosas deliciosas que estaba apunto de hacerle a ese culo y a ese coño
y se estremecía, apretando la mano de Olga con fuerza. Cuando lo hacía, Olga
sentía que una corriente eléctrica le recorría el cuerpo, que iba de su mano
hasta su coño, de ahí hasta sus pezones y luego a su garganta.
Entraron en el portal y subieron en el ascensor. En cuanto
las puertas se cerraron las dos, actuando como una sola persona, se abalanzaron
contra la otra para besarla. Las lenguas se acariciaron la una a la otra y las
manos de Eva se fueron a posar en cierto culo que la ponía muy caliente. No
dejaron de besarse cuando salieron del ascensor ni tampoco lo encontraron
necesario para entrar en el apartamento de Eva.
Al atravesar el portal un gato más bien gordo les saludó
frotándose en sus piernas.
Tristán ... — dijo Eva —
Olga se agachó para acariciarlo y Eva cerró la puerta. Al
escuchar el portazo Olga sintió un sobresalto.
Ven, vamos adentro — le dijo Eva acogiéndole de la
mano —
No...
¿Cómo que no?
Eva le acarició la mejilla y le besó cariñosamente en los
labios.
Venga, que no pasa nada...
Lo siento, es que soy una tonta...
Venga...
Eva puso otra vez sus manos entre las piernas de Olga, pero
está vez hundiendo los dedos en la tela del pantalón, penetrando hasta el
nudillo.
Si... — dijo Olga —
No has estado nunca antes con una mujer ¿verdad?
No...
Eva condujo a Olga hasta un amplio salón donde destacaba un
largo sofá de color azul. Ella se sentó dejando a Olga de pie justo delante.
Llevo toda la tarde queriendo quitarte estos
pantalones — dijo Eva desabrochándoselos y bajándoselos — ¿Cómo es que
no llevas bragas?
Es una larga historia...
¡Que bonito lo tienes!
Calla... tócamelo...
Eva le separó las piernas y acercó la nariz para olérselo.
Luego metió la lengua por unos instantes.
Necesito tocarme... — Dijo Eva desabrochándose la
falda —
Olga aprovechó para dejar a un lado sus pantalones y sentarse
en el sofá, con las piernas bien abiertas y su mojado coño entre ellas. Eva se
quitó la falda, la blusa, el sujetador y las bragas. Sólo tenía puestas las
medias.
¡Dios! ¡Como he deseado tenerte así, con el coño tan
abierto...
Eva se estiró en el sofá, con la cara entre las piernas de
Olga. Con la legua daba cuenta del suculento coño mientras con una mano se
encargaba del suyo.
Oye... — dijo Olga de pronto —
¿Qué pasa?
¿Y si te toco yo a ti?
Eva apartó entonces la cara de entre las piernas de Olga,
sonrió y la beso en los labios.
Que bien que te sabe la boca...
Eva se estiró en el sofá con las piernas de par en par. Olga
la contempló un instante y sintió la necesidad de tocarse.
Quiero tus tetas... — dijo amarrándoselas con las
manos — me gustan mucho tus tetas...
Olga ora se metía un pezón en la boca ora la lengua de Eva.
Su mano se perdía entre los muslos de Eva y la mano de esta entre los suyos,
auque más que manos eran los dedos los que hurgaban furtivamente en los
interiores de sus coños.
Pero Olga había decidido dejarse de juegos preliminares, así
que bajó hasta el suelo hasta colocar su cara a la altura de la cintura de Eva.
Por primera vez en su vida tenía un coño abierto, caliente y mojado a escasos
centímetros de su cara. Emanaba de él un olor poderoso que la excitó enseguida
haciendo imprescindible tocarse. Separó los labios con los dedos. Ante si tenía
una cavidad rosada y un clítoris muy hinchado. Se puso a chupetear este último,
pero enseguida sustituyó su lengua por el dedo pulgar por que quería saborear la
humedad vaginal en su propia boca.
El coño de Eva estaba caliente al tacto de su lengua y tenía
un sabor parecido al de las patatas fritas pero mejor. De vez en cuando
sustituía la lengua por algún dedo, que era como meterlo en un panecillo
caliente y lleno de licor.
Enseguida y sin avisar, Olga tuvo la primera corrida
femenina, abundante y caliente, directamente en su cara y en su boca. Le pilló
por sorpresa y no supo que hacer: parte goteaba de su nariz, parte de su
barbilla y una buena parte le había entrado garganta abajo. Eva solucionó su
incertidumbre empujando de nuevo su cabeza para que terminara de rebañarle el
coño.
¿Te ha gustado? ¿Lo he hecho bien?
Tienes un sobresaliente.