Elba III
Llevábamos ya cerca de 9 meses de intensos encuentros
sexuales con mi prima política, Elba. Lentamente, al principio, yo fui logrando
bajar algunas barreras de tabúes que ella tenía, pero después de nuestro
encuentro donde tuvimos por primera vez relaciones anales las cosas fueron más
sencillas. Elba confiaba en mi totalmente, incluso me comentaba cosas que veía
en los canales para adultos, que le comentaban, o que sentía por allí,
consultándome se sería bueno intentarlo.
La vida de ambos continuaba por los mismos carriles, salvo
que Elba comenzó a mostrarse más arriesgada. Me tocaba por debajo de una mesa,
me rozaba insinuante sus nalgas en mi paquete, desnudaba un pecho en cualquier
momento y en cualquier lugar de la casa, para ver la cara o para que se lo
chupara o acariciara. Yo le había pedido infinidad de veces que tuviera cuidado,
que nos iban a ver, pero ella se sentía desinhibida y segura que nada nos
ocurriría. Pero un día ocurrió...
Estábamos en la casa del balneario, yo había preparado la
carne para asarla a las brasas. Ella revoloteaba a mí alrededor fregando sus
tetas contra mi cuerpo, haciéndome sentir sus pezones erectos, o simplemente
agachándose y apuntando con sus nalgas a mi verga e incluso rozándola. Por
supuesto mi verga no tardó nada en responder a las provocaciones y yo me veía en
figurillas para disimular el bulto que estiraba la tela de mi short.
En uno de esos momentos, Elba fue a tirar a la basura unos
restos de comida, se inclinó ostensiblemente delante de mí y con las piernas
estiradas apuntaba sus nalgas hacia mí. No podía resistir la tentación de
acercarme. Mire a todos lados, no había nadie, avancé hacia ella y sosteniéndole
las caderas, apreté mi dura verga contra su maravilloso y voluminoso culo. En el
preciso instante en que ella movía sus caderas en forma circular para sentir la
caliente dureza, me pareció ver una sombra.
Me aparté de ella rápidamente, y ella se incorporó, también
rápido ante mi reacción.
Qué pasó?
Es que me pareció ver a alguien
A quién?
No sé una sombra.
Me parece que mi machito está algo nervioso, yo no he
visto nada, tranquilo, no hay problemas.
Parecía que me tomara el pelo, porque usaba frase que yo
usaba en los primeros momentos cuando la cogía por el culo.
Igualmente terminamos de acomodar las cosas comer y aunque mi
verga no había perdido la erección debido a la inquieta mano de Elba que la toca
en la menor oportunidad, llamamos a los demás a comer. Yo aproveche para ir al
baño y ver si orinando lograba disminuir la erección.
Abrí la puerta del baño y cuando me disponía a entrar mi
mujer me empujo dentro y cerró la puerta tras de sí. Me miraba con cierta furia
en la vista. Miró a mis ojos, luego me miró el bulto en el pantalón, estiró su
mano y lo palpó.
Mira, está algo durito, no?
Eh! Sí...
Y por lo visto no solo lo provocó Elba sino que está
disfrutándolo cada vez que puede
...
No te hagas el distraído, los vi en el fondo cuando te
apretaste contra su culo.
Ana, creo que deberíamos hablar
Y que estamos haciendo? Te la estás cogiendo?
Si
Desde cuando?
9 meses
Y no me has dicho nada. No era que prometimos que si
teníamos alguna aventura nos la contaríamos?
Bueno... es que...
Que es muy reciente!!! Por eso no tuviste oportunidad de
comentarlo... en 9 meses!!!
No tenía demasiadas respuestas y además Ana tenía razón,
habíamos acordado contarnos las cosas y en este caso yo no dije nada, en algún
sentido le había sido infiel.
Ante mi silencio, continúo palpándome la verga, que ahora
volvía crecer con gran ímpetu.
No sé que me pasó, cuando te vi apretarte contra ese gran
culo, sentí como una punzada. Ella se hacía la mojigata y te estaba cogiendo
a escondidas. Sentí que te perdía.
Cómo pudiste pensar eso? Tú sabes lo que te quiero y lo
bien que me siento a tu lado.
Pero su culo es grande y yo sé lo que te atraen esos
"gigaculos".
Oye, en estos meses he dejado de cogerte, no hemos hecho
cosas increíbles, divertidas?
Si, si pero... es tan grande... y sus tetas... creo que
sentí celos
Ana, no deseo cambiarte por ninguna mujer. Además tú
estabas de acuerdo... para, para, con esta paja me vas hacer acabar...
Si?
Ooohh.. siii, así, mueve tu manito así...
Ana intensificó su manoseo, bajó mi short, y con la otra mano
sobaba mis testículos. Yo gozaba de su sabia caricia, ella tenía el poder de
hacerme sentir los más intensos placeres. Cuando sintió la tensión en mi cuerpo
y el movimiento de los testículos se puso en cuclillas e introdujo el rojo e
inflamado glande en su boca. Succionó con fuerza, un dedo de la mano que
sostenía mis huevos se deslizó hacia atrás y se apoyó en mi orificio anal. Movió
su mano con fuerza sobre mi verga e hizo una nueva fuerte succión y la leche
golpeó las paredes de su boca, caliente, salada, con intensidad. Ella se esforzó
especialmente para beberla toda y prácticamente no dejó escapar ni una gota.
Se incorporó y con una mano se acariciaba los labios para
introducir algún resto de esperma que se el hubiera escapado de su delicada
boca. Me miró y sonrió.
Tenía ganas de beber un aperitivo antes de comer.
Pues has hecho bien, aprovechar que tenía la botella
llena.
Dime como lograste cogerla?
Es que un día me llamó...
Le hice un breve relato de los últimos meses. Nos besamos con
intensidad y pude degustar el sabor que mi leche dejó en su boca.
Cuando salíamos del baño nos cruzamos con Elba. Al vernos se
sorprendió, aunque rápidamente reaccionó y nos dijo que nos estaba buscando para
almorzar. Ana repitiendo el mismo gesto del baño pasó dos dedos por la comisura
de sus labios, buscando restos del espeso líquido que recién había bebido. Este
gesto no escapó a Elba, quien me mira interrogativa por un breve instante. Yo
pensé que todo se desmoronaba y me imaginaba en medio de una pelea de dos
hembras calientes por el macho.
Sin embargo, durante el almuerzo, ambas mujeres actuaron como
siempre. Ana no volvió a hacer gestos demostrativos y Elba se comportó con el
mismo viejo recato.
Cuando terminamos de almorzar, Jorge acusaba tener mucho
sueño. Elba le sugirió acostarse para descansara ya que la semana de trabajo
había sido especialmente intensa para él. Yo me disponía a limpiar la parrilla
(barbacoa) y las mujeres lavarían la vajilla.
Me senté en un cómodo sillón frente a un televisor y quise
mirar una película que pasaban por uno de los canales cable. Supongo que la
comida, la acaba en el baño, alguna copita de vino hizo que me durmiera.
Habían pasado algo más dos horas cuando me desperté. Como
extrañamente habíamos almorzado temprano el sol iluminaba el living donde yo
estaba. Desde la cocina llegó el murmullo de una conversación femenina. Se ve
que hice algún ruido, porque ambas mujeres se asomaron y sonriendo me saludaron
con la mano. Yo respondí con el mismo gesto.
Jorge? Pregunté
Duerme profundamente. Respondió Elba con una sonrisa y un
guiño.
Creo que la nebulosa de la larga siesta no me permitió captar
la intención de la acción.
Ana salió de la cocina, se sentó junto a mí sobre el
posabrazos.
Bien, cómo sois los hombres, por suerte hablé con Elba y
está todo aclarado
De que hablas?
De eso que hablamos
Y de que hablamos tú y yo?
No tú y yo, Elba y yo.
Ah!
No entiendes nada verdad?
Nada.
Pues gracias a ti, que no me has contado nada, tuve que
ser directa con nuestra querida prima. Así que mientras Jorge duerme
profundamente (luego me enteré que le mezclaron en la bebida una pastilla
para dormir) y su te pegaste una larga siesta nosotras tuvimos que hablar
para acomodar las cosas.
Y?
En ese momento me percaté que Elba, apoyada en el marco de la
puerta de la cocina, seguía atentamente nuestra conversación con una sonrisa
dibujada en su cara.
Pues, continúo Ana, que le pregunté si te estaba
cogiendo.
Así sin más?
Exacto.
Miré a Elba, continuaba con la sonrisa
Y sabes cual fue su respuesta?
Pues no... si no me lo dices.
Que técnicamente tú te la estas cogiendo y que ella se
esta dejando hacer con enorme satisfacción.
Interesante.
Se hizo un silencio, que pareció eterno. Yo miraba
alternativamente a las mujeres y no podía captar en toda su dimensión la
situación. Quizás porque recién había despertado, quizás porque no daba crédito
a las palabras de Ana.
Ana se levantó de su lugar y se dirigió al dormitorio donde
los ronquidos indicaban que Jorge dormía más que profundamente. Se asomó y
verificó que el primo estaba dormido (sería necesario), luego cerró la puerta
con cuidado y se dirigió al dormitorio que nosotros usábamos cuando íbamos a esa
casa.
Elba decidida avanzó hacia mí, magreó un poco mi verga que,
al igual que mi mente, dormía con placidez. Luego se alejó volviendo al mismo
lugar apoyada en el marco de la puerta de la cocina.
Ana regresó, se había cambiado la ropa, traía un vestido muy
liviano que dejaba medio muslo a la luz. Se cerraba por delante y lo traía muy
desprendido, lo que permitía asomar sus exquisitos pechos impúdicamente.
Pasó por delante de mí, me saludo con la mano, y siguió viaje
hacia la cocina. Se acercó a Elba y ambas entraron juntas y riendo. Era
imposible evitarlo, el vestido le quedaba hermosísimo a mi mujer y entre él, la
situación, la conversación, el magreo de Elba y ciertas ganas que comenzaba a
sentir, mi verga comenzó a responder a los estímulos.
Silenciosamente trate de levantarme del sillón y dirigirme a
la cocina. Lentamente, como buscando no interrumpir lo que allí pudiera estar
sucediendo y que no me vieran fui asomando mi cabeza en el recinto. Lo que allí
vi hizo que mi verga saltará con fuerza.
Ambas mujeres sentadas casi juntas y casi una frente a otra.
Ana, con la parte superior del vestido desprendida, dejaba que Elba acariciara
un pecho con especial atención en el rosado pezón. La falda del vestido, muy
subida permitía ver el contorno de su cadera y se podía apreciar que no llevaba
ropa interior. Elba solo con el sostén y una teta afuera que era acariciada con
mucho cariño por mi esposa. Tampoco llevaba pantalones puestos, lo que
aprovechaba mi mujer para acariciar sobre la bombacha la entrepierna de la
prima. Giraron la cabeza al mismo tiempo, me miraron y sonrieron.
Puedo...
Si quieres. Respondió Ana que miró a Elba como diciendo
te dije lo que sucedería.
Entre en la cocina, con una indisimulada erección que no
podía ocultar el pequeño pantalón que llevaba. Ellas se miraron y rieron al ver
el espectáculo de la carpa que llevaba. Entre las dos me bajaron el short y mi
verga liberada saltaba de felicidad. Ana dejó de acariciar la entrepierna de
nuestra prima y sin soltar el pezón que tenía aprisionado entre el índice y el
pulgar, se asió con fuerza de mi palpitante pija y lentamente la fue dirigiendo
a su boca. Pasó la lengua cual se tratara de un helado, se introdujo el glande
en la boca igual que es esta mañana en el baño y succionó. Elba acaricia el seno
desnudo de mi mujer y miraba lo que me hacían expectante. Ana se retiro la verga
de la boca y ofreciéndola a su prima dijo:
Quieres?
Claro!, si a ti no te importa compartirla conmigo. Me
encanta chupar ese hermosos cilindro de carne.
Y avanzando su boca, mientras Ana dirigía mi verga hacia
ella. Su boca rodeó mi glande e imitando a mi mujer succionó con fuerza.
Despacio, que tenemos todo el resto del día y la noche
para disfrutar de este macho y su linda verga.
Es que me da tantas ganas.
Ellas reían y yo estaba en la gloria. Las miré y dije en voz
alta, que hermosas putas tengo.
Ana me miró y me dijo: Putas no, hoy somos dos hembras
calientes dispuestas a usar tu palpitante verga. Quizás en otro momento seremos
tus putas y saldremos a coger con quien nos pague, pero hoy somos dos hembras.
Ahora se alternaban en la succión, mientras yo jugaba y
pellizcaba sus pezones. Ana dirigía la situación, sosteniedo mi verga con
firmeza con una mano la orientaba hacia la boca que le correspondía la succión.
En determinado momento hizo levantar a Elba, le quitó la bombacha, mientras mi
prima estaba con toda mi pija muy adentro en su boca. Ana se chupó un dedo,
mojado lo llevó entre las nalgas de Elba para acariciar el orificio anal. Elba
soltó mi pene y dijo:
Ahora entiendo porque se llevan tan bien... los dos están
locos por los culos y el sexo anal.
Es que mi esposo lo hace maravillosamente y yo quiero
hacer gozar a todos del mismo modo que él me lo hace.
Si sabré que lo hace bien, prácticamente fue el primero.
Ana se agachó, separó las piernas de la prima, mientras ésta
se movía introdujo medio dedo. Elba reaccionó con un fuerte suspiro, pero como
estaba con la verga en la boca, me hizo una fuerte succión, sentí sus dientes
casi morder y su mano asiéndose con firmeza como si de un hierro se tratara.
Suave logré gritar, Elba respondió afirmativamente sin sacarse la verga de la
boca, moviendo la cabeza. Vi desaparecer entre las nalgas de Elba la cabeza de
Ana y un nuevo gritó y suspiro contenido en el momento que la lengua de Ana hizo
contacto con el clítoris de nuestra cada día más puta prima.
El trabajo que Ana le hacía en la concha a nuestra prima,
daba claros resultados. Elba succionaba con vehemencia mi verga, me pajeaba con
fuerza e incluso quería llegar son algún dedo hasta mi orificio anal. Ana tenía
todo un dedo en el culo de Elba e intentaba introducir un segundo dedo, cuatro
dedos de la otra mano hurgaban en la empapada vagina y su lengua y labios
castigaban concienzudamente el clítoris de la ardiente mujer. Cuando Elba
estalló en un ruidoso orgasmo su culo estaba siendo abierto por un tercer dedo y
me pareció que Ana tenía metida en la concha casi toda la mano. Me parecía
mentira hace unos meses Elba parecía incapaz de tener un orgasmo. Hoy no solo
estallaba en una fuerte e intensa acabada, sino que aún pedía más. Elba me
chupaba con fuerza la verga, posiblemente por la conmoción de su propio orgasmo.
Yo intentaba aguantar como fuera pero si me seguían trabajando con esa
intensidad no estaba seguro cuanto duraría.
Ana se incorporó, se acercó al oído de Elba, apartándole algo
de su pelo.
Te gustó?
Hhhuuummm, dijo moviendo la cabeza pero no dejando
salirse la verga.
Alguna vez chupaste una concha, bien caliente y mojada?
Elba cambió el ritmo de la succión, miró medio de costado a
Ana. Igual no se sacaba la pija de la boca.
Meg... star... iap... robar, y continuaba succionándome.
Ven primita, que yo tengo esa concha mojada y caliente
para que te bebas todos los jugos.
Ana salió de la cocina, tirando de la mano de Elba y ésta me
llevó a mi arrastrando con mi verga bien apretada en mano. Mi mujer se tiró
sobre el sillón donde unos minutos antes yo había estado durmiendo. Abrió al
máximo sus piernas y pudimos apreciar en toda su belleza plena una prolijamente
depilada concha, bañada en jugos que además corrían por sus piernas.
Ven Elba, méteme la lengua en la concha, chúpame el
clítoris y mete todos tus dedos en mi concha y mi culo.
Cuando Elba quiso agacharse frente a mi mujer para comenzar a
hacer lo que ella le pedía, yo se lo impedí.
No así no, parada, con las piernas separadas y estiradas,
inclínate sobre ella
Vamos ven Elba, méteme dos dedos en el culo que los
necesito, chúpame la concha!, gritaba Ana
Elba obediente, y con una sonrisa porque sabía lo que se le
venía, se puso en posición. Le metió tres dedos a Ana en le culo, que la hizo
gritar: hijadeputa, yegua, me estas rompiendo el culo... aagghhh!!! Cómo me
gusta!
Incentivada por los gritos de su prima, Elba metió cuatro
dedos en la vagina de Ana y empezó a lamer con intensidad el clítoris. Miré la
cara de mi mujer y no tuve dudas que Elba estaba haciendo las cosas muy bien.
Separé sus nalgas, apoyé la punta de la verga en el pequeño
orificio trasero, aunque estaba algo abierto y dilatado por el trabajo previo de
Ana, no pude meterlo de una vez. Elba sintió el caliente instrumento intentando
entrar por la puerta posterior, dobló un poco sus rodillas e impulso su cuerpo
hacia atrás, al mismo tiempo volvía aprisionar y lenta e inexorablemente mi
verga recorrió todo el camino de su longitud dentro del apretado y seco culo de
mi prima. Sentía los gritos e insultos de mi esposa. Elba apretó el esfínter y
sentí una placentera sensación, comencé el ritmo de entrada y salida.
Si! Así por el culo, primo, cógeme el culo con tu verga
como yo lo hago con tu otra puta con la mano
No hables y chupa mi concha yegua, gritó mi Ana.
Qué divino, el marido me rompe el culo mientras le chupo
la concha a la mujer!
Luego de un rato, Ana con la cara totalmente desencajada,
comenzó los movimientos compulsivos de cadera, clara señal que el momento
culminante se acercaba. Elba quería meterle más dedos en el culo y yo golpeaba
sus nalgas con la verga totalmente clavada. Los gritos de Ana se debieron sentir
por todo el balneario. Minutos después mientras Ana mordía los pechos de Elba,
ésta estalló con mi verga bien adentro, mientras se masturbaba metiéndose 4
dedos en su concha . Yo no me hice esperar, me dedique a disfrutar sin pensar en
nadie, golpeé con mis caderas las nalgas de la prima, le dí un par de fuertes
palmadas en ellas y, cuando sentí las manos de Ana acariciando mis huevos y mi
culo, llene de leche el culo de Elba. Ana lamía la leche que quedó en las nalgas
del Elba, mientras ella se ocupaba de borrar cualquier rastro de la acabada en
mi flácida verga.
Los tres quedamos exhaustos, tirados por los sillones.
Una sola pregunta, dijo Elba, Ana eso que dijiste que tu
esposo nos hará ir a coger con otros hombres, y quizás mujeres, para que nos
paguen como putas es cierto?
Tienes miedo de hacer algo así, dijo Ana.
Bueno, si algo... cuanto puedo cobrar?
iosy