Una inesperada y sorprendente cita por Internet.
Mi espíritu aventurero me impulsó a suscribirme en una página
para adultos. El mismo espíritu aventurero me incitó a que relatara esta
apasionante experiencia sexual que para mi resultó fuera de lo común. Nunca
había vivido algo igual.
Después de varios días de navegar en la página, hice "click"
sobre una imagen que llamó poderosamente mi atención porque el trasero que
enseñaba era muy atractivo y además toda su piel estaba cubierta por un fino
vello de color dorado. Se trataba de una "piel de durazno". La página desplegó
su perfil. Decía ser una mujer de 26 años de edad que vivía en mi localidad, de
1.70 Mt de estatura, casada, dentro de sus preferencias sexuales especificaba
que le gustaba el sexo anal y que le gustaban "otras actividades alternativas";
que si deseaba saber las cosas que la calentaban le mandara un mail que
respondería. No le envié ni un guiño, ni mail, ni nada. Salí de su perfil y
seguí navegando
Tres días después en mi bandeja de entrada tenía un correo
que me enviaba la persona que yo había observado, en donde me decía que había
visto mis fotos y mi perfil. Me decía que muchas cosas de mí le parecían
realmente interesantes y que le gustaría conocerme. Después de intercambiar tres
correos en la página, nos proporcionamos nuestras cuentas de correos personales
e iniciamos nuestro contacto virtual a modo de ciber sexo. Al día siguiente
entramos al chat y nos comunicamos con la confianza que habíamos adquirido vía
mails.
YO.-Ya dime lo que te gusta hacer y que te hagan a la hora de
culiar.
ELLA.-en el anterior correo me dijiste que se antojaba
comerme mis nalgas a mordidas y apretármelas hasta encajarme las uñas. Pues te
quiero decir que a mi si me encanta que me las muerdan aunque me dejen
moretones. Te voy a decir lo me gusta hacer y que me hagan…pero antes dime cómo
eres en la cama. ¿Eres tierno, pesado, duro, grosero?
YO.-yo soy buena persona y me comporto de acuerdo a como mi
pareja quiera. también soy muy cachondo.
ELLA.- yo también soy muy caliente y te preguntaba que como
eres, porque a mi me gusta que me metan muy duro la verga pero antes me gusta
que me dilaten el culo con los dedos.
YO.- por eso no te preocupes, yo te meto todos los dedos que
quieras y después te meto la verga tan duro como quieras. El sexo anal es mi
especialidad.
ELLA.-ay!, que rico…pero lo que te quiero decir es que tengo
una fantasía que nadie me ha cumplido. tu no tienes fantasías?
YO.-En estos momentos mi fantasía eres tú, pero dime cual es
la tuya. A lo mejor te la convierto en realidad. (mi pene empezaba a ponerse
tieso)
ELLA.-pues primero…tengo ganas de que me traten como a una
puta y que me hablen sucio al momento que me estén metiendo la verga. de
acuerdo?.
YO.-De acuerdo. a partir de este momento tu eres mi puta y te
voy a pegar una linda culiada. pero te aclaro que las putas gozan de todo mi
respeto. En todo caso a la mujer se le trata como ella quiera, sin importar su
oficio. antes necesito que me mandes más fotos tuyas. Cómo te llamas?
ELLA.-llámame "MI PUTITA" y que clase de fotos quieres?
YO.-quiero ver bien tus nalgas y tu culo bien abierto, para
saber en donde voy a meter mi verga. También me gustaría ver tus tetas.
ELLA.-mejor todo te lo enseño en vivo, jajajajajajajaja.
YO.-está bien mi putita. qué más quieres que te haga para
cumplir tu fantasía?.
ELLA.-pues quiero que me aprietes las tetas…( y continuó
escribiendo detalladamente su fantasía, mientras mis ojos incrédulos la leía y
la volvía a leer)
Les confieso que debido a mi gran experiencia sexual, yo
pensaba que ya lo había vivido todo y que nada podría sorprenderme, pero quedé
pasmado ante la fantasía sexual que me pedía le cumpliera aquella mujer que
pocos días antes había contactado por Internet. El más grande de los morbos se
apoderó de mi.
YO.-oye…eso nunca lo he hecho. Si revisas mi perfil, te darás
cuenta que ciertas cosas están fuera de mis límites.
ELLA.-pero siempre hay una primera vez, no?. no te gustaría?.
La pasaríamos de pelos.
Me quedé largo rato pensativo y al mismo tiempo con la verga
erecta tan dura como el acero. No hallaba que responderle y mis dedos no
acertaban a tocar las teclas que escribirían la respuesta que "la putita" estaba
esperando.
ELLA.-hola, adonis…estás ahí…hola…por qué no me respondes?
YO.-espera un poco…es que estoy sorprendido y pensativo.
ELLA.-en tu perfil dices que eres de mente abierta…entonces
no deberías sorprenderte.
YO.- si soy de mente abierta, pero la verdad es que nunca me
habían propuesto tener una relación sexual así.
Ella.- lo que pasa es que yo tengo la mente más abierta que
tú y quiero abrir mi culo para tus manos y para tu verga. Que dices?
YO.- está bien. cuando, a que hora y donde paso por ti en mi
automóvil?
Ella.- mañana a las xx horas en la esquina xxx. A donde me
vas a llevar?
YO.- te voy a llevar a un motel, pero…oye… eres casada…no vas
a tener problemas con tu marido?
ELLA.- claro que no…mi marido y yo somos liberales…cada quien
tiene sexo con quien quiere…además pertenecemos a un grupo de intercambio de
parejas.
YO.- bueno…siendo así…paso por ti en mi automóvil…yo no uso
ropa interior…te pido que tampoco lleves nada.
Su fantasía también se había convertido en mi sueño sexual y
en una obsesión, porque se trataba de llevar a cabo algunas prácticas sexuales
que jamás había experimentado. Desde ese momento yo seguiría paso a paso la
fantasía que me describió por el chat, para que se convirtiera en un caso de la
vida real y dejara de ser mera ficción. Los invito a que me acompañen a vivirla
conmigo tal y como sucedió.
La noche del día siguiente era fría. Encendí la calefacción
de mi automóvil y pasé por ella en el lugar acordado, pero antes de llegar me
bajé el zíper de mis pantalones. Llegué junto a ella y rápidamente se subió al
auto y me dirigí al motel. Nos presentamos estrechando nuestras manos, mientras
nuestros ojos cruzaban miradas para finalmente conocernos. Yo era Adonis y ella
Mi Putita. A pesar de haber intercambiado tantos correos y haber chateado
durante horas, se trataba prácticamente de una cita a ciegas. El momento era
apasionante y lleno de nerviosismo que muy pronto pasaría.
Hola…mi putita, ¿Cómo has estado?, le pregunté cuando se
encontraba en mi automóvil junto a mi. Yo muy bien, ¿Y tu, amor?, me
respondió quitándose el abrigo que llevaba puesto, pues en el ambiente cálido de
mi auto no lo necesitaba. Bien, le dije, pero quiero estar mejor al
rato que estemos juntos. Eso tenlo por seguro, me dijo, mientras se
desabotonaba su blusa para dejar sus blancos pechos al desnudo, en donde se
notaban unos lindos y parados pezones. Pude observar su piel toda cubierta de
tupido y fino vello de color dorado como nunca lo había visto en una mujer.
Comprobé que tenía "piel de durazno". Mi cuerpo se estremeció de pies a cabeza.
Mi mano izquierda al volante conducía mi automóvil sin prisa
rumbo al motel, en tanto mi diestra empezaba a hacer su caliente labor en los
pechos de la putita que llevaba a mi lado. Primero se los acaricié suavemente
para sentir su piel y ella se cimbró. Se las masajeé con mayor brusquedad y le
pregunté: ¿Esto te gusta, putita?. ¡Ay, sí!, me respondió. ¡Pellízcame los
pezones! , me pidió y yo así lo hice. Lanzó un pequeño grito de dolor, pero
me dijo que le siguiera, mientras metía su mano izquierda por la bragueta de mi
pantalón para apoderarse de mi verga. Después se agachó para darme una buena
mamada. Finalmente llegamos al motel y ella casi se había desnudado.
Terminó de quitarse la poca ropa que le quedaba y la dejó en
mi automóvil. Bajó del carro y se encaminó con movimientos coquetos rumbo al
interior de la habitación llevando en su mano una pequeña maleta. Iba caminando
frente a mí y yo aproveché para darle dos fuertes nalgadas. La putita de veras
que tenía un cuerpazo de ensueño. ¡Ay, Papi!, me dijo, que ricas
nalgadas. Eso es nada, le respondí, espera a que estés en la cama y
entonces vas a saber lo que es recibir unas nalgadas de verdad, así que
alístalas. Y no me digas "Papi", porque recuerda que soy tu amo. Ya las traigo
listas, amo, me dijo, vas a hacer conmigo lo que quieras y entró
apresurada a la regadera. Rápidamente me desvestí y la acompañé bajo la tibia
agua que bañaba su cachondo cuerpo.
Se agachó un poco y metí mi verga entre sus nalgas y se le
hundió por completo en su culo. ¿Esto es lo que quieres, puta callejera?,
le dije con voz queda. Siiiiiiii, amo, culéame duro…métemela duro…duro. ¿Te
hiciste el lavado intestinal profundo que me prometiste?, le pregunté
mientras a dos manos la nalgueaba fuertemente. Claro que sí…no te preocupes
por eso…mi culo y mis intestinos están limpios…nalguéame más fuerte…quiero
sentir más dolor en mis nalgas. Las palmas de mis manos seguían golpeando
fuertemente sus nalgas y su anillo me aprisionaba con más fuerza la verga. Las
palmadas que le daba en las nalgas desprendían un chasquido estruendoso, quizás
aumentado por el agua y el jabón sobre su piel. La blanca piel de sus nalgas
estaban enrojecidas por las fuertes y seguramente dolorosas nalgadas, pero ella
me seguía incitando a que la golpeara. Les confieso a que a mí me ardían las
palmas de mis manos, pero inexplicablemente yo también estaba gozando.
Le saqué la verga y le ordené que me diera el beso negro. Me
agaché un poco y con sus manos me separó las nalgas para que su boca entrara
hasta mi culo lleno de espuma al que empezó a lamer desesperadamente. Su lengua
entraba y salía y yo me moría de placer. Me mordisqueaba rico el culo y las
nalgas.
Antes de pasar a la cama, ella tomó la pequeña maleta que
portaba y sacó varios objetos que llevaba y los colocó sobre las almohadas. Por
mi parte, yo coloqué sobre el buró un paquete de condones y un frasco de miel.
Todos los instrumentos de placer estaban listos para entrar en acción, pero
sobre todo, estaban listos nuestros fogosos cuerpos para dar rienda suelta a
nuestra lujuria desenfrenada.
Llegamos al amplio lecho y ella se acostó boca arriba y yo me
le subí. Nos trenzamos en fuerte abrazo mientras nuestras bocas se volvían a
estrujar. Me separé y de los instrumentos que había dejado en las almohadas,
tome una venda y se la coloqué alrededor de los ojos. Vas a vivir y a gozar
tu fantasía, pero no vas a ver nada, mi putita, le dije. Eso es lo que
quiero, amo, me dijo, mientras me ayudaba a colocarse la venda.
Me coloqué un condón y le metí la verga en su vagina de un
solo golpe. Gimió de placer y entrelazó sus piernas alrededor de mi cintura. Le
aprisioné fuertemente las tetas y volvió a gemir. Mis pezones, pellízcame los
pezones, me suplicó mientras mi verga entraba y salía de su vagina. Le di
unos fuertes pellizcos y se retorció de dolor y placer. A partir de este
momento vas a sentir lo que tu misma me pediste que te hiciera, le dije.
Tomé el frasco de miel y le derramé un poco en su cara y en
las tetas. Con mi lengua se la quité de la cara y luego me pase a sus tetas para
lamérselas. Se las empecé a lamer con suavidad mientras le decía las cosas
obscenas que ella deseaba escuchar. Luego se las empecé a mamar succionando con
tremenda fuerza como nunca antes se las había mamado a ninguna mujer. Después se
las mordí. Mis dientes apretaban sus pezones y se los jalaba haciendo mi cabeza
hacia atrás. Ella gemía y sus movimientos de caderas se aceleraban conmigo
encima y mi verga en el interior de su vagina. Se las estrujé con tanta fuerza
que si hubiera tenido implantes, seguramente se los hubiera reventado. Con las
palmas de mis manos empecé a golpeárselas como si le diera bofetadas, hasta ver
que su piel estaba enrojecida. Ella resoplaba jalando aire a sus pulmones,
mientras sus manos me habían aprisionado el pecho, encajándome las uñas. Eres
la peor de las putas que me he culiado en mi vida, le dije. Ahora
voltéate para hacerte gozar por el culo y te preparas porque te lo voy a
destrozar.
Como una esclava que obedece a su amo y con la venda en sus
ojos, mi putita se dio vuelta para acostarse boca abajo. Le coloqué dos
almohadas bajo su vientre para que su culo quedara muy respingado. De los
instrumentos que ella había dejado sobre la cama, tomé un grueso consolador
vibratorio y se lo metí en la vagina de un solo golpe. Ella dio un pequeño
brinco acompañado de un quejido de placer. Empecé de nuevo las acciones de darle
las nalgadas que tanto le gustaban. Mis manos golpeaban una y otra vez sus
nalgas, primero con suavidad y poco a poco con mayor intensidad. ¡ASÍ,
AMO…NALGUÉAME FUERTE…MÁS FUERTE…ESTO ESTÁ DIVINO…QUIERO DOLOR…QUIERO MÁS DOLOR!.
Claro que sí, mi putita, le dije.
Tomé de nuevo el frasco de miel y se la derramé en la espalda
y trasero. Mis manos aprisionaron con fuera sus hermosas nalgas para sacudirlas
vigorosamente, mientras en su piel le encajaba mis uñas hasta casi cortarle su
piel cubierta por fino y dorado vello. Mis pulgares entraron hasta su ano y le
separé los glúteos para dejar ver su agujero que pedía a gritos ser ultrajado.
Me abalancé sobre aquel apretado culito y mi boca se apoderó de él. Mi lengua
sentía la rugosidad de sus pliegues mientras lo llenaba lo más que podía de
saliva y bebía la miel que le había untado. Ella ya me había dicho que la saliva
era su lubricante preferido. Le mordí el ojete y las nalgas. Subí por toda su
espalda y mi lengua lamía la miel y aprovechaba para darle unos fuertes
mordiscos que le dejaba marcada mi dentadura en su piel. ¡ASÍ, AMO…MUÉRDEME
MÁS…MUÉRDEME FUERTE…DÉJAME MARCADA CON TUS DIENTES¡, me decía llena de
lujuria.
Volví a bajar hasta su trasero para volverla a nalguear como
a ella le gustaba. Gritaba de placer con cada fuerte nalgada que le daba. Yo
veía su piel tan enrojecida que temía que su sangre brotara. Le volví a separar
las nalgas y le dejé una gran cantidad de saliva en el ano para meterle primero
un dedo, que estando adentro, lo retorcía y lo batía para dilatarle el ano.
Luego le metí un dedo más. ¡MÉTEME TODOS LOS DEDOS!...¡MÉTEME TODA LA MANO!,
me gritó la putita. De veras que eres una puta golosa, le respondí, y
te voy a dar gusto. Mientras ella se masturbaba con el consolador en su
vagina, yo le haría el "fisting" que me pedía a gritos. Le pasé todos mis dedos
por su vulva que desprendía una buena cantidad de fluidos vaginales para que me
sirvieran de lubricante porque con sólo saliva iba a ser imposible meterle toda
mi mano en el culo, como ella me lo pedía.
Le unté sus jugos vaginales y sin dificultad le metí dos
dedos en su cavidad anal. Yo escuchaba sus resoplidos y entre mis manos sentía
su cuerpo tembloroso. Luego le metí tres…cuatro…cinco…y mis nudillos se atoraron
en su ano más que abierto pero no lo suficiente, dando la impresión que sería
imposible que salvaran la barrera que impedía a mi mano continuar hacia el
interior de sus intestinos libres de materia fecal.
Sus manos se crispaban y se aferraban a la sobre cama,
mientras el estremecimiento de su cuerpo continuaba. Pensé que el consolador que
tenía en la vagina estaba impidiendo que mi mano entrara y se lo saqué. Empujé
mi puño con fuerza y mis nudillos finalmente salvaron la trinchera anal y mi
mano completa se hundió hasta mi muñeca en lo más profundo de su tibio
intestino. ¡AAAAAAAAAGGGGGHHHHHHHH!, fue el grito no sé si de dolor o
placer el que lanzó mi putita. Aguanta puta…esto es lo que querías, ¿no?.
SIIIIIIIIII, AMO, me respondió. ¡ESO ES LO QUE QUERÍA…TODA TU MANO DENTRO
DE MI CULO!. Confieso que jamás había tenido tan excitante experiencia, al
sentir mi mano completa en el ardiente interior de una cavidad intestinal,
mientras mi muñeca era apretada fuertemente por su esfínter que había soportado
ser ultrajado bajo el consentimiento de su dueña masoquista. La pasión me
ahogaba y mi verga parada estaba a punto de estallar.
Mientras giraba y giraba mi mano derecha en el interior de
sus intestinos, la palma de mi izquierda la nalgueaba inmisericorde. La mujer
gritaba como loca. Cuando le saqué mi mano de su culo, nuevamente dio un grito
que me dejó perturbado. El agujero de su ano estaba totalmente abierto y
aproveché para meterle la verga y bailarla en su interior hasta que mi semen
salió a borbotones. Ella no esperó que yo terminara de eyacular, se quitó la
venda que cubría sus ojos e hizo que nos separáramos para prenderse de mi pene
desesperadamente y terminar de tragarse las últimas gotas que me salían.
Nos fuimos a la regadera para asearnos. Nos abrazamos bajo el
agua y le pregunté que si había cumplido su fantasía, a lo que me respondió que
todo resultó tal y como lo había imaginado y deseado, sintiéndose inmensamente
feliz. Le pregunté por qué había deseado tanto el "fisting" por el culo y me
respondió que ya no le satisfacía por la vagina. Fui por su ropa a mi automóvil
y nos vestimos para salir del motel y llevarla al mismo lugar en donde la había
recogido, comprometiéndonos a seguir en comunicación. Antes de bajarse me dio un
beso en la mejilla y me dijo: ¡Gracias, amo, por darme tanto placer!. Gracias
por haber hecho realidad mi fantasía. Gracias a ti, MI PUTITA LINDA, le
respondí.
Al día siguiente abrí mi correo y tenía un MAIL de su parte,
en donde me decía que su aventura conmigo se la había platicado detalladamente a
su esposo, quien se había excitado muchísimo con su relato. Además me decía que
tenía una nueva fantasía pero que en su nuevo sueño su esposo aparecía en
escena, quien se excita mucho viendo cuando otro hombre se la coge. Le pedí que
no me la describiera, porque yo consideraba que sería demasiado para mí, aunque
a veces se puede cambiar de opinión sobre todo cuando la insistencia es
abrumadora, como en el caso de "MI PUTITA". La carne es débil y muy grandes son
las tentaciones pero hasta el momento de escribir estas líneas, no he accedido a
sus peticiones. Sería una locura.
adonisprimero@gmail.com