Renacimiento
Por Malabke
"Todo induce a creer que existe un cierto punto del
espíritu,
desde el cual la vida y la muerte, lo real y lo imaginario,
el pasado
y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo
bajo,
dejan de ser percibidos contradictoriamente"
André Breton
Prólogo – Las extrañas casualidades
… "El suave paso del tejido por nuestra existencia es
perceptible hasta donde los entrelazos ornamentales nos permiten distinguir.
Inclusive en ocasiones singulares, algunas rugosidades e imperfecciones se
asoman preponderantes por entre la textura regular y procuran resaltar con
ahínco por sobre el resto del trazado, aún a pesar de saberse invisiblemente
ignoradas. No es de extrañarse ni de sorprenderse que en muy contadas ocasiones,
alguna lánguida fibra rebelde ceda ante el incólume deseo de simplemente caer,
atrayendo sobre si la endeble atención fugaz que su final reposo le imputa.
Justo en ese momento, si la persona en cuestión se encuentra en ánimo, tiene la
posibilidad de voltejar y vislumbrar una absoluta e innegable infinidad de
tejidos tan semejantes como dispares al propio y atinar a predecir la futura
soltura de algún otro desafortunado alienado.
Por tales razones expuestas anteriormente, ante un atisbo de
cordura que me clarifica momentáneamente mis menguadas facultades, me atrevo a
condenar aquéllas extrañas casualidades que juzgaron mi existencia como si de
una minúscula partícula despreciable se tratase y me sometieron a los más
tormentosos y vagos azahares que en mi inefable hado pudo, quizás en alguna
remota ocasión, estar suspendida en aquél placentero vuelo que antecede a la
vesánica demencia. En mi deplorable situación actual no puedo más que desear que
la oscuridad se cierna definitivamente sobre mi humanidad y me conceda el perdón
de aquélla añorada locura total, aquélla que extiende sus incontables brazos y
te cobija serena en arrullos suaves mientras todos tus recuerdos, todas tus
vivencias y experiencias se fugan en un torbellino de inconsciencia indiferente.
Ya nada de valor ni algo que pueda ser factiblemente rescatado yace dentro de
mí.
Espero que mis perentorias súplicas sean los suficientemente
vejatorias como para que ningún afortunado ignorante atine a pedir ningún
descanso de mi alma, por que para mi, el eterno andar entre las sombras es el
perfecto final ante una vida de pecados propios y ajenos que todos conocemos de
sobremanera, por que en el interior de todos y cada uno de los presentes, existe
un profeta del pecado que a excepción mía, se ha negado a hablar"…
- "Demencialmente bello, demasiado para mi gusto diría yo.
¿Cuándo lo has escrito?" me interrumpió abruptamente aquél anciano de edad
indefinida, de mirada atenta y de sonrisa crítica mientras se limpiaba con una
servilleta de papel la frente surcada de múltiples arrugas.
- "Lamento decepcionar tu próxima crítica, pero esto no lo he
escrito yo. Lo he encontrado doblado dentro de un libro" respondí con una
extraña serenidad que recalcaba mi complacencia ante no ser en aquél momento
blanco de la erudición de Don Basilio, ese viejecito correoso que se negaba a
que le dijera abuelo.
- "Ya pensaba yo que el autor de lo que me acabas de leer,
sin lugar a dudas, es un alma vieja" exclamó con ese característico aire
misterioso propio de aquellos cuentos que la gente mayor suele contarle a los
nuevos retoños de su prole.
- "¿Un alma vieja?" me pregunté – "Supongo que ha de ser
jerigonza propia de las personas que no encuentran como llamar de una manera más
adecuada a las cosas" pensé mientras extendía aquél amarillento y quebradizo
trozo de papel hacia aquéllas manos que a pesar del tiempo transcurrido, se
encontraban ávidas de letras.
- "Sí, un alma vieja, algo así como un joven viejo. Personas
que tienen cierta edad pero que aparentan otra" atinó a contestar, intentando
aclarar sus acepciones frente a mi mueca de ignorancia que de seguro se dibujó
en mi rostro mientras se colocaba aquéllos bifocales que parecían tan pesados
como pasados de moda.
-
"Bueno, eso creo" atiné a balbucear mientras observaba mi mano vacía que
tercamente se había quedado suspendida en el aire. ¿Será cierto ver el futuro o
solamente son esas extrañas casualidades que nos acechan incluso en aquellos
sueños extraños que se manifiestan subrepticiamente mientras postrados e
indefensos nos encontramos? Tal vez en algún momento, lo aparentemente ilógico e
irracional, algo que nuestros sentidos vagamente perciben pero que nuestra
racionalidad niega como un producto más allá de la imaginación; quizás algún día
no muy lejano esa espesa niebla se disipe y el ofuscamiento ceda ante las ansias
de recrear sombras y sueños, ante el hambre de una existencia diferente, ante la
profunda realidad que a la que nos negamos continua y tercamente, aunque, ¿no es
acaso la realidad un producto de nuestra propia creación? Tal vez sí... o tal
vez no.