Feliç San Jordi.
Ahora que ya todo había terminado y en la seguridad que le
daba el asiento del tren que la devolvía a la realidad, hecho la vista atrás,
haciendo un repaso a todo lo que aconteció la pasada noche.
Él la había llamado por la tarde para reprocharle el plantón
del día anterior, asegurándole que si ese día no iba, buscaría una puta más
complaciente que le diera lo que ella le negaba, aun cuando siempre le afirmo
pertenecerle por completo.
Cogería el primer tren que la llevara hasta él, su amo, su
dueño y señor, aun cuando era evidente que seria una doma difícil, demasiado
rebelde y orgullosa, cuestionaba siempre sus órdenes y deseos.
Habían quedado en la estación, donde daría comienzo una lucha
de poder entre ambos, haciendo más excitante e interesante, lo que prosiguiera.
El encuentro fue frió, ambos querían anticipar la intención
del otro y el cumplimiento de lo pactado, pero el camino que les llevo a casa,
no dejo adivinar lo que sucedería, demasiadas interrogantes, era la primera vez
para los dos y las dudas no paraban de fluir en sus mentes, llegando a penas sin
darse cuenta.
Sentados en el sofá, él no paraba de explicarle como hubiera
querido que se comportara, mientras que ella, invitándole a dirigirse al
dormitorio, era incapaz de hacerle participe de sus verdaderos deseos.
El miedo de él, a ser demasiado duro y las dudas de ella en
complacerle, dio comienzo a un simulacro de dominación, donde el amo no parecía
un amo, no pedía, solo esperaba y la sumisa no parecía una sumisa, demasiado
altiva para dejar ver que era dominada, estaba claro que las cosas no
funcionaban, nada era como esperaban.
Él intento parar el juego, resignado, protesto del mal
comportamiento de su puta, que para nada parecía dispuesta a complacerle, por
tanto era mejor dejarlo, quizás el juego no fuera para ellos después de todo,
fue entonces donde la necesidad de ella por experimentar el dominio de él, la
llevo ha atarle en su orgullo, reprochándole su actitud de mal amo, muy seguro
siempre que fuera por teléfono, pero para nada a la altura cuanto la tenía
frente a él.
Esta provocación despertó en él un coraje hasta ahora
desconocido, incitándole a demostrar a esa perra osada, sin categoría suficiente
para ser puta, quien era en verdad el amo, se evaporaron en un segundo todos sus
miedos.
La cogió con fuerza del pelo, mientras le llevaba la cabeza
hacia su entrepierna y le ordenaba; - ¡perra lámeme la polla, quiero que la
introduzcas hasta tu garganta!, ella empezó a lamerle, pero después de un rato,
aun se adivinaba en sus ojos el desafió constante que encendía la rabia de él.
¡Ponte a cuatro patas perra, te voy a enseñar de una vez
quien manda!, él cogió un cinturón y comenzó a azotarla, pidiéndole que contara
cada uno de los azotes, para intentar ver en que momento se le bajaban los humos
a esta perra tan altiva, tras cada azote un numero, pero para nada se adivinaba
un pizca de humildad, provocando mas fuerza en el siguiente y nuevamente un
numero, llegaron hasta 14, donde él paro y cogiéndola del pelo la invito a abrir
la boca, mientras la explicaba que todos los fluidos de su amo, para ella eran
sagrados y ninguno podía desperdiciarse, seguidamente dejaba caer en la boca de
ella su saliva, sin dejar de mirar la expresión de ella al recibirla, si bien en
ningún momento ella había objetado nada en contra, estaba claro que no había
encontrado aun la forma de castigarla como se merecía por su osadía.
Nuevamente la ordeno que se pusiera a cuatro patas como las
perras y se dispuso a penetrarla analmente, sin preparación alguna, él sabia
sobradamente que ella no tenia experiencia en ello y que el dolor que la
infringiría seria considerable, ella obedeció y como él anticipo, en cada una de
las envestidas ella temblaba e intentaba retirarse para mitigar el dolor, pero
el la sujetaba y volvía a penetrarla, ella solo atinaba a decir - ¡por favor,
por favor¡, mientras las lagrimas empezaban a brotar de sus ojos, haciendo
evidente que por fin él había encontrado la forma correcta de castigarla, tras
cada penetración la preguntaba - ¿Quién es el amo ahora perra? la abofeteo y la
dijo que no servia ni para ser puta, la cogía del pelo y la ordenaba que bajara
la cabeza, solo quería su culo en alto, dispuesto para él, como una buena
sumisa.
En cada una de las lagrimas había una mezcla de dolor y
humillación, que la despojaban de todo el orgullo que hasta ahora siempre había
demostrado, haciendo evidente para los dos, quien en verdad era el amo y quien
la sierva, nunca antes ella se había sentido así, a merced de alguien, dándole
todo el poder sobre ella, anulándola por completo, pero a la vez haciéndola
sentir mas segura que nunca, era evidente que le pertenecía, era totalmente de
él.
Intentando aliviar la tensión, dejo de penetrarla con su
polla caliente y dura, para pasar a hacerlo con su mano, buscando el placer de
ella, era consciente de que un buen amo sabia como y cuanto tenia que castigar.
En esa mezcla de dolor y placer ella tubo su primer orgasmo, indicándole que
podía seguir con su doma, pero para que no volviera a cuestionarse su poder la
penetro una vez mas, introdujo su polla en el culo de ella con toda la
profundidad y fuerza de la que fue capaz, haciéndola soltar un grito y
nuevamente lagrimas incesantes que no era capaz de controlar, tras lo cual se
retiro y la ordeno nuevamente que le lamiera la polla, esta vez él controlaba
las penetraciones en la boca de ella, sujetándole la cabeza, provocando arcadas
por la profundidad y el ahogamiento por la falta de aire, dejándola claro que no
podría sacarla mientras no se lo permitiera.
La ordeno ir al baño a cuatro patas, mientras la miraba y le
ordenaba mear en el videl, para luego lamerlo como una buena perra y explicarle
a que sabia, ella en ningún momento dudo en complacer a su amo y le explico la
sorpresa que obtuvo al comprobar que el sabor era dulce. Tras lo cual, él la
acompaño nuevamente al dormitorio, invitándola a tumbarse en la cama, mientras
la acariciaba la cara, le hacia saber que su amo estaba muy satisfecho de su
puta, se había ganado el derecho a serlo y por tanto tendría el premio que ella
tanto anhelaba, su amo la premiaría haciéndole al amor, como hasta ahora nunca
lo habían hecho ninguno de los dos, entregándose por completo y siendo cómplices
del placer del otro.
Nunca antes ella se sintió tan segura y feliz como en ese
momento, siendo plenamente consciente de que le pertenecía y seria su puta por
siempre.