La Ultima Candidata.
Basado en una ídea original de: Martín M.
Comentario de la Autora: "Bienvenidos a mi segundo relato. En
esta ocasión he tratado de abordar la perspectiva del narrador en primera
persona y desde un punto de vista masculino. Como de costumbre, quiero
aprovechar la ocasión para dar las gracias en especial a Martín (quién elaboró
la idea original en la que se basa este relato) y al resto de mis lectores y
seguidores de mi blog. ¡¡Muchas gracias a todos!!. La modelo que ilustra este
relato soy yo misma, y se trata de un relato largo, con toques de misterio,
cabos sueltos y como no, buen sexo. Agradeceré vuestros comentarios en mi mail o
que visitéis y dejéis la huella de vuestro paso mi weblog. Espero que lo
disfrutéis ;-)"
Comentario de Martin M en mi mail personal: "Entre tantas
cosas que se me ocurrieron, esta es una. Con verte, soy pura fantasía."
¡La madre que me parió!
Eso fue lo primero que pensé al llegar a la oficina y
encender el ordenador aquella mañana de comienzos de primavera.
Ser entrevistador de personal no es un trabajo tan agradable
como uno pueda pensar, tiene sus ventajas, sus horarios flexibles... Puedes
escaparte de cuando en cuando de la oficina a cuenta de tener el trato de
ejecutivo, y tampoco pasas penurias al llegar a fin de mes. Pero el área de
recursos humanos es tan aburrida...
La mayoría de los candidatos entran al despacho como ovejas
al matadero, o bien como si fueran a comerse el mundo con ensayados apretones de
manos y fingidas sonrisas vacías; tonterías que se recomiendan a menudo en las
páginas web dedicadas a las búsquedas de empleo.
Ese era mi trabajo: Buscar a la gente indicada para el puesto
indicado y satisfacer los criterios a veces tan sumamente absurdos de los
clientes. En su mayoría grandes empresas.
En su mayoría... También incompetentes narcisistas,
enchufados a sus puestos, que no habían tenido nunca que pasar por la
desagradable experiencia de un resumen intenso y a fondo de sus vidas laborales,
mientras alguien como yo, se limitaba a asentir con aire de interés y a tomar
notas con cara de poker.
Como todas las mañanas, me preparé mi primera dosis de café
cargado, aproveché que no había prácticamente nadie en la oficina, me encerré en
mi despacho, abrí la ventana y me encendí el primer cigarrillo de la mañana, que
de un tiempo a esa parte también solía ser el único. Malditas normas de salud e
higiene en el trabajo.
Me proponía a disfrutar de lo que parecía que iba a ser una
mañana tranquila, hasta que como parte de mi rutina, consulté el correo
electrónico y allí estaba: La bomba de Hiroshima en forma de e-mail.
"Martín, siento molestarte pero tenemos un problema. Necesito
urgentemente y sin falta una selección para mañana. Tenemos que acudir a una de
las ferias del sector en la capital, para realizar la presentación de un nuevo
juego, y la chica que teníamos contratada se ha lesionado por una caída. El
perfil que se ajuste no tiene que ser mayor de 25 años, porque los chavales
simpatizan más con las chicas jóvenes. Que hable varios idiomas, mínimo tres y
tenga conocimientos de informática, hardware, software, del sector de ocio
electrónico en general. A ser posible con experiencia demostrable en ventas y si
ya ha trabajado en promociones de videojuegos mejor que mejor. Para ahorrarte
trabajo te envío un fichero de posibles aspirantes que tenemos en nuestra base
de datos general. Cuando tengas a la chica, dile que se presente en nuestras
oficinas mañana mismo a las ocho en punto y sin falta. Llámame esta noche a
cualquier hora al móvil para confirmármelo todo, ¿De acuerdo? ¡Ah! y otra cosa:
Que quede entre tú y yo, pero necesitamos que la chica sea mona. El jefe quiere
una tía buena como la promotora de Intel del año pasado."
Y aún se daba el gusto de firmar... Juanjo Mendizábal.
Vicepresidente.
Abrí el fichero adjunto temiéndome lo peor y no pude evitar
cerrar los ojos. Setenta nombres y datos variados de diferentes chicas... "Y se
supone que quiere que las entreviste a todas durante el día de hoy. Ya, claro,
por supuesto que sí. A sus órdenes bwana... ¿Y que más? ¿Te lavo y encero el
coche de paso?" pensé para mis adentros.
El día se acababa de joder y a lo grande. "Cálmate Martín,
cálmate... Respira hondo", casi me parecía estar escuchando en mi cabeza la voz
alejada de mi madre repitiéndome la misma cancioncilla cuando perdía los nervios
a cuenta de los exámenes de la universidad.
Y a mi mismo, de paso, chillando como un poseso aquello de:
"¿Pero cómo quieres que me calme?".
"¿Y si le envío a cualquiera de las chicas que pueda venir
hoy a una entrevista?"
Mala idea, conociendo a la empresa perderíamos la cuenta si
no quedaban satisfechos, la última selección que hicimos para ellos no fue
demasiado buena por nuestra parte y se venía rumoreando en los mentideros junto
a la máquina de café de la cuarta planta, que ya se estaban planteando romper el
contrato y recurrir a la competencia para buscarse a otra consultoría
especializada.
Incluso se habían sugerido nombres en concreto de otras
empresas, y cuando algo así ocurre, es que la cosa puede ir en serio.
"Tierra trágame". Cogí el teléfono y marqué la extensión de
mi secretaria.
- ¿Carmen? Agárrate a la mesa porque me temo que tenemos un
problema...
- ¿Cómo de grande?- se le notaba la irónica sonrisa a punto
de caérsele de los labios, incluso a través del teléfono, propia de las personas
que ya tienen asumido que resolver problemas en nuestro trabajo no es una
actitud, es una forma de vida.
- Lo del Titanic sería un roce que no hubiera necesitado dar
parte al seguro comparado con esto. Cancela todo lo que haya para hoy y empieza
a llamar con urgencia a las aspirantes de la lista que te estoy pasando a tu
correo. Véndeles la moto que quieras, pero que se presenten hoy mismo a una
entrevista para un puesto de trabajo, diles que es un curro de lujo, que está
muy bien pagado, que les pondrán un monumento en Plaza Mayor, lo que quieras...
Pero hay que citar al mayor número posible, y conseguir que se presenten, o a lo
mejor, como no consigamos cubrir la plaza que nos pide el cliente, nos vamos a
ver en la calle, y no precisamente para tomar un café. No sé si me entiendes...
- ¿Hoy? Pero...- comenzó a farfullar- ¿Pero tú has visto esta
lista Martín? ¿Cómo pretendes que cite a toda esta gente hoy mismo sin aviso
previo?
- Con la dulzura que sólo tú tienes... Carmen, Carmencita mía
de mis amores- le ronronee meloso a mi secretaria.
Carmen está más cerca ya de los cuarenta que de los treinta,
y tiene un carácter capaz de hacer zozobrar a un petrolero, pero sin duda
alguna, si me arriesgaba a perder esta cuenta, no podía esperar mejor milagro
que tenerla a ella codo con codo. De lo contrario ya podíamos ir reservando
número en la cola del paro, y así se lo dejé caer como el que no quiere la cosa,
con mucha vaselina, disimulando el miedo que me recorría el cuerpo.
- ¡Virgen Santa! Hoy nos va a tocar hacer alguna hora extra
que otra, ¿Verdad?- mientras lo decía casi podía imaginar su rostro al otro lado
de la puerta de mi despacho, con esa mirada alzada al cielo propia de la
Señorita Rotenmeyer y el gesto a medias, entre la contrariedad y la resignación.
- Te responderé en dos palabras: Prepara café- y colgué.
Me quedé mirando como hipnotizado la cajetilla de Winston
sobre mi escritorio y el Dupont del 68 que me había regalado mi ex-novia en
nuestro primer aniversario. Lo había encontrado en una tienda de antigüedades y
sin duda había costado una pequeña fortuna. Nunca hubo la oportunidad de un
segundo derroche similar porque no habíamos llegado al segundo año de
compromiso. "Para que mantengas siempre encendida la llama de tu propia
revolución personal", rezaba el mensaje grabado.
Seis meses después se largaba con un sociólogo de tres al
cuarto, que había conocido en un círculo literario en esas interminables
jornadas laborales en las que yo no podía siquiera responder sus mensajes a mi
móvil.
El chico en cuestión tenía un más que dudoso gusto literario,
pero sin duda mucho más tiempo libre que yo. Esos pensamientos me rondaban,
mientras me desabotonaba y acomodaba las mangas de la camisa en espera de lo que
quedaba por venir durante el resto del día.
No pude evitar volver a mirar el paquete rojo intenso que me
llamaba en silencio desde encima de la pila de papeles de trabajo acumulado.
"A la mierda las normas", pensé. Y me encendí el segundo de
la mañana, y el primero de muchos a lo largo del día.
Doce intensivas horas más tarde habíamos conseguido un
milagro... Para fastidiarlo todo porque el cliente no quedaba satisfecho.
De las setenta posibles candidatas habíamos llegado a citar a
treinta, y de ese número ya habían pasado veintinueve por mi despacho...
Una a una me fueron detallando entre sonrisas e intenciones
de agradar, todas sus virtudes, su vida laboral, sus logros, sus metas, lo que
significaba para ellas el puesto, que era lo que podían ofrecer al mundo, como
se veían a si mismas dentro de cinco años... Y ahora cada rostro femenino, cada
imagen perpetuamente sentada delante de mi escritorio, congelada como una foto
fija, se mezclaba con la siguiente hasta formar un collage ininteligible...
La mayoría no daban el perfil: O no tenían los estudios
necesarios, o no tenían experiencia en el sector, o bien no hablaban inglés, o
no tenían una talla 38 de pantalón...
Y aquellas que habrían podido cubrir el puesto eran
recomendadas de inmediato para que después el fulano de turno me devolviera la
llamada diciéndome: "¿Oye, no tenéis a otra? No está del todo mal, pero no nos
convence mucho, esperábamos a alguien mejor..."
Lo cual significaba: "Estás jodido Martín, te vamos a clavar
en una cruz y vas a llorar lágrimas de sangre cuando mañana te llamen al
despacho del director general".Sentía que me iba a estallar la cabeza.
En la puerta, el repiqueteo de unos nudillos llamando
suavemente me despejó de mi ensimismamiento, y el eco de la llamada resonó en
mis sienes como si la infantería mecanizada de los marines hubiera decidido
declarar una guerra preventiva en forma de migraña contra mis lóbulos frontales.
Si alguna parte de mi esperaba un milagro andante al otro
lado del pasillo, no hubo tal. Era Carmen de nuevo.
- Martín, oye, yo me voy a ir ya. Es tarde, no creo que se
vaya a presentar nadie más a estas horas y mi marido me estará esperando.
Lo dijo dejando la última sílaba colgando en el aire de un
hilo invisible. El abnegado tono de la secretaria perpetuamente insatisfecha,
pero ferozmente leal a su nómina cada primero de mes. Ambos sabíamos que aquel
silencio forzoso y prolongado era cosa de protocolo.
Ella esperaba que no le pidiera que se quedara, sabedora de
que si lo hacía no le quedaría más remedio que aceptar.
- ¿Martín? ¿Oye, te encuentras bien?
Otra vez me había quedado en blanco fruto del cansancio.
Llevaba todo el día lanzando batallones de preguntas cada quince minutos sin
opciones de retirada ni rendición.
- Sí, sí, tranquila- contesté mirando el reloj- Quiero decir,
que sí, vete tranquila. Yo me quedo un rato más para recogerlo todo y me voy
también a casa y mañana ya veremos que ocurre.
Ella me miro comprensiva, casi con lastima rezagada en los
ojos. Sin duda la primera opción a tomar en el piso de arriba cuando recibieran
la llamada del fulano de turno a cuenta del cliente, sería echarme a los leones
como si fuera un cristiano cualquiera. "Aquí tienen ustedes su aperitivo...
Sírvanse, sírvanse..."
Poco les iba a importar que nos hubieran pedido un imposible,
o que pese a haberlo intentado, no hubiéramos tenido suerte buscando zapatitos
de cristal para la cenicienta de sus sueños comerciales en aquella ocasión.
Ya ves, una chica tropieza al bajar un escalón por esa
maldita moda de llevar tacones de vértigo y yo acabo teniendo que pensar en
buscarme otro trabajo.
La ley de Murphy, o el Efecto Mariposa creo que lo hubieran
llamado en alguno de esos programas de madrugada en La 2 que no veía nadie.
¿Quién sabe? A lo mejor todo eso era un royo, y buscaban una cabeza de turco
para romper el contrato desde la última metedura de pata, y a mi me había tocado
estar en el momento y lugar equivocados.
Suspiré mientras recogía los papeles y me negaba a pensar en
que tipo de explicaciones me iba a tocar dar mañana, cuando de repente, un tono
en la puerta, esta vez una llamada mucho más segura de si misma, casi logró
asustarme por lo imprevisto de la hora.
Ni siquiera me dio tiempo a contestar cuando la puerta ya
había comenzado a abrirse y una sonrisa luminosa apareció tras ella.
- ¿Hola?... Disculpe, venía por lo de la entrevista. Lamento
no haber podido llegar antes, pero estaba trabajando y... ¿Está ya ocupado el
puesto?-
Atravesó el quicio de la puerta mientras hablaba y venía de
frente a mí. No había pedido permiso, ni falta que le hubiera hecho. A esas
horas le hubiera puesto una alfombra roja con tal de que me hubiera salvado "in
extremis" del foso de los leones.
Se quedó allí quieta, mirándome con una sonrisa a medio
mostrar. Una ceja enarcada como si se estuviera preguntando si a mi me había
faltado oxígeno en el parto o si el ginecólogo encargado de asistir mi
nacimiento me había golpeado con más fuerza de la cuenta.

Tenía la mirada que rezaba: "Pobrecillo..." Y entonces me di
cuenta de que a esas horas y después de un día como aquel, mi pinta no debía de
ser de estrella ejecutiva en el firmamento de los directivos de empresa,
precisamente.
- Sí, bueno no... Quiero decir, no, el puesto sigue
disponible, llevamos un día muy intenso por decirlo de alguna manera, y no
esperaba a ninguna otra candidata a estas horas..-
Simplemente sonrió, como si realmente le interesase la mierda
de día que había tenido, con aire comprensivo, sin hacer preguntas, tan sólo
quería hacerme sentir cómodo.
"Dios mío, debo de dar una imagen mucho más lamentable de lo
que pensaba" imaginé mientras la invitaba a sentarse con un gesto de mi mano
extendido en el silencio del despacho.
- Gracias- susurró, mientras tomaba asiento y cruzaba las
piernas.
El suave sisear del roce de la tela de su pantalón podría
haber hecho estallar una copa de cristal.
Me detuve a mirarla, o quizás a admirarla mientras rodeaba la
mesa de mi despacho buscando el lugar que me correspondía de nuevo como
entrevistador lanzado al campo de batalla.
Un kamikaze enviado a su propia muerte bajo los cielos negros
de la noche, que no ansiaba volver con vida tras la misión. Semper Fidelis.
No sé que tenía ella, pero en aquel momento me di cuenta que
me había hipnotizado desde el primer minuto en el que había llamado a mi puerta.

La melena castaña casi hasta los hombros, los ojos color
miel, los labios rosados y pálidos, sugerentes como una fruta madura, el tono
blanco de muñeca de su piel contrastando con un traje de chaqueta y pantalón en
color negro.
Elegante, joven y discreta. Con la mirada viva que traslucía
picardía, ironía. El tipo de mirada que se posa en alguien, pero mirando quizás
más allá de lo que ve, y la sonrisa fugaz que surgía de su boca como un regalo a
esas horas de la noche temprana... Era toda una preciosidad.
De repente recordé que aquella chica no era un cuadro andante
e hice un esfuerzo por romper el hielo. Estaba nervioso, me había encontrado con
la guardia bajada y eso era raro, debiera de haber ocurrido al revés. Carraspee
mientras buscaba su currículo en el maremagno de papeles que se habían ido
reproduciendo a lo largo de las horas, sin ningún tipo de control, sobre mi
mesa.
Ella se incorporó lentamente, como si yo fuera algún tipo de
animal abandonado y todo su lenguaje corporal insinuara que no deseaba hacerme
daño, y su mano, con la piel lisa, tersa, los dedos finos, me alargaron una
copia que ya traía preparada. Sonrió de nuevo y casi me sonrojo.
El roce entrevisto del dorso de su índice me recordó a una de
las escenas de "El Silencio de los Corderos"… Una loba alargando las fauces a
través de unas rejas invisibles...
Mientras su cuerpo se aproximaba a mi, el tiempo parecía
detenerse y el sonido de los latidos de mi corazón restallaban en mis sienes
como un ejercicio de percusión desesperado. El leve destello de la curvatura de
sus pechos redondeados y firmes me hizo pensar que no llevaba nada debajo de
aquella chaqueta cruzada y ceñida al talle.
A estas alturas estaba convencido de que esa chica sin duda
tenía "algo" que la hacía diferente de las demás...
- Bueno, vamos a ver- dije comenzando a repasar su currículo
y tratando de concentrarme en algo más que no fuera el deseo de imaginar su piel
desnuda bajo la ropa de entrevista de trabajo- Te llamas... ¿Selena? Es un
nombre poco común, la verdad-
Supongo que aquel comentario fue una mezcla de un cincuenta
por ciento de masculinidad avasallada y otro tanto de ejecutivo acostumbrado a
no dejarse impresionar.
Quería retomar el proceso de una entrevista cualquiera,
quería volver a sentir el control. Ingenuo de mi.
- Sí, es mi nombre. Quizás sea poco común porque a lo mejor
yo soy una candidata poco común- dijo mientras acababa la frase con una risa
casi musical, como si hubiera respondido muchas veces esa pregunta.
Pero lo hizo sin un sólo ápice de resentimiento, de molestia,
como orgullosa de llevar un vestido de firma exclusivo por muy llamativo que
fuera. No era presumida, ni tan siquiera tenía en la mirada el egocentrismo
propio de algunas mujeres que sabiéndose hermosas piensan que todas las puertas
deberían de abrírseles a su paso sin mayores esfuerzos. Me había ganado con una
frase y definitivamente parecía un encanto.
- Bueno, a ver si eso es verdad - dije correspondiendo a su
sonrisa con mi mejor elegancia corporativa destinada a no dejar traslucir lo
desesperado de mi situación, para después bajar la vista y comenzar a ojear su
currículo.
- Estudiante de RR.PP y Marketing - comencé a citar mientras
leía en voz alta - veinte años casi recién cumplidos y mención de honor anual.
Cursos de especialización en técnicas de venta, comercio exterior, y estudios de
mercados en Internet... -
Colaboraciones y asistencia para los profesores tal y cual.
Los nombres me sonaban levemente conocidos por algunas referencias de prensa en
los círculos de estudios financieros. La chica era buena estudiante, no cabía
duda.
Ella asentía sonriente a mis palabras, remarcando fechas y
dando breves y concisas explicaciones acerca de sus estudios. No decía una
palabra de más pero tampoco omitía nada importante.
Su voz no sólo era musical, sino también afable, cordial.
Parecía sentirse cómoda ante la situación y sabedora de quién era y porque
estaba sentada frente a mi. Pero se mantenía en su lugar, con la mirada ladeada
aguardando mis valoraciones iniciales... No quería avasallarme, sus ojos decían:
"Adelante, tómate tu tiempo. No quiero presionarte. Decide por ti mismo si soy
lo que andas buscando". Sabía como venderse, de eso no quedaban dudas.
- Veo que has trabajado en congresos y presentaciones, eso
está bien. ¿Te gustan ese tipo de trabajos? -
- Ni más ni menos que los puestos de otro tipo. Me gusta la
gente y soy buena convenciendo a los demás o haciendo que la gente se sienta
cómoda en mi presencia, aunque a veces te hagan sentir como un expositor
ambulante - terminaba la frase con el sonido de su risa que se desvanecía en el
aire.
- ¿Y de conocimientos informáticos como andas? - inquirí
queriendo hacer caso omiso de la referencia velada que había hecho a su propio
cuerpo.
Se sabía hermosa y no le importaba que se la comieran con los
ojos. Yo mismo no podía evitar recorrer su cuerpo con mi mirada de la manera más
discreta posible.
- Si se te ha estropeado el ordenador no creo que a estas
horas vaya a quedar ningún técnico a arreglártelo-
Lo dijo con un tono tan serio, tan natural y despreocupado
que tardé un par de segundos en darme cuenta de que me estaba tomando el pelo.
Era descarada pero no insultante. No pude evitar rendirme y
yo también sonreí.
Ni siquiera me había percatado de la sutil manera en la que
había comenzado a tutearme.
- Ojala fuera algo así de sencillo - confesé - El puesto es
para un cliente que se dedica al ocio electrónico. Son muy quisquillosos con el
tema de la informática. Si no sabes de qué te hablo casi no merece la pena
continuar con la entrevista...
Era un órdago a grande y estaba sobre la mesa.
"Te la estás jugando Martín", sino sabe algo más allá de
encender un ordenador o usar un mp3 vas de cabeza al hoyo.
Casi podía escuchar el sonido de las fieras de la segunda
planta ejecutiva relamiéndose de hambre al pensar en desmembrarme vivo.
Ella simplemente se encogió de hombros despreocupada. Como si
la cuestión no fuera realmente decisiva o si en cualquier caso no fuera un
problema del que tuviera que preocuparse.
- Tu cliente creo que son un grupo de idiotas, al menos en lo
que respecta al trato con sus propios compradores - respondió como si nada.
Lo dijo con el tono de quien afirma una verdad absoluta que
estuviera a la vista de todo el mundo.
Me quedé con la boca abierta por sus palabras, se estaba
comenzando a extralimitar bastante a la hora de opinar.
- No me mires así, casi siempre tiendo a decir lo que pienso,
y en este caso además lo que digo es verdad. Han tenido muchos problemas a
cuenta de no escuchar a sus propios aficionados y ahora están preocupados porque
su arrogancia les ha hecho perder muchas ventas frente a la competencia que no
ha dudado en mostrarse más amable y cubrir las deficiencias que sus productos
presentan con otras alternativas Deberían preocuparse más por tratar mejor a la
gente que compra sus juegos en lugar de querer dar la mejor imagen posible de
cara la galería. Creo que les iría mucho mejor, pero eso no lo vamos a cambiar
ni tu ni yo; así que, ¿De que iba a servir negar la evidencia?-
Mientras hablaba con toda la despreocupación del mundo, como
si ella misma estuviera al mando de una gran empresa del sector informático, su
cuerpo se aproximó hasta inclinarse sobre la mesa.

Su discurso era como un susurro que penetraba directamente en
mi cabeza. Sus ojos de color miel y sus pequeñas pupilas negras como el carbón
se me clavaban como alfileres encadenándome a la silla de mi despacho.
Comenzó a alargar su mano hacia mi pecho y con la grácil
habilidad de una experta ladrona en robar corazones o carteras se hizo con el
paquete de tabaco que guardaba en el bolsillo de mi camisa, mientras se sentaba
sobre mi escritorio.
- De todas formas, si quieres que responda a tu pregunta, sí,
me arreglo bien con la informática. No soy una programadora, pero se diferenciar
un buen producto de otro que no lo es - y con toda la naturalidad del mundo,
sacaba uno de mis Winston para llevárselo a los labios.
Salí de mi ensoñación. Aquello no era normal. "Esta chica no
está bien de la cabeza", pensé.
- Oye mira, no sé muy bien donde crees que estás, pero esta
actitud por tu parte no creo que sea profesional - dije mirando hacia ambos
lados de mi despacho. Como si temiera que hubiese alguna clase de público
invisible a mi alrededor, rodeándonos y presenciando la escena totalmente
onírica que se estaba desarrollando ante mis ojos.
Una belleza descarada a altas horas de la noche sentada sobre
la mesa de mi despacho. La cabeza me daba vueltas. Pero no podía dejar de
advertir como la suave tela de su pantalón se ceñía sobre sus piernas
envolviendo a buen seguro sus muslos suaves, cálidos, jóvenes...
- No, claro que no es profesional por mi parte - respondía
sonriendo mientras comenzaba a acariciarme las sienes - pero tampoco estoy
haciendo nada malo ¿O sí? Creo que si estás todavía aquí a estas horas es porque
tienes un problema. No necesitas a una candidata que cubra un puesto de trabajo,
necesitas desesperadamente a una amiga que te ayude a salir de ese problema.
Pero si quieres me marcho...
¿Qué se suponía que tenía que decir? ¿Echarla de mi despacho?
¿Denunciarla por acoso sexual? Pensé que sin duda me había quedado dormido presa
del cansancio sobre la mesa de mi despacho.
"Eso es, Carmen se ha marchado y yo estoy aquí dormido,
acosado por mis propios fantasmas y miedos, y esto es un sueño producto del
cansancio y de la soledad".
Aquella ninfa sentada sobre mi despacho que me acariciaba los
cabellos sonriendo era un respiro de la rutina diaria en que se había convertido
mi vida de ejecutivo estresado para dar rienda suelta a mis deseos y a la vez
para pensar que me iba a ayudar a no perder mi puesto de trabajo.
- No te quedes ahí callado como un tonto. ¿No vas a tener el
detalle de darme fuego? -
- Aquí no se puede fumar- quise tartamudear.
- ¿Seguro? - preguntó con sorna acercando su rostro a mi
cuerpo. Rozó el cuello de mi camisa con su rostro, mientras yo sentía su cálida
respiración sobre mi piel. Cada centímetro de mi, sentía como si una descarga de
energía hubiera recorrido todo mi cuerpo con aquel gesto - Tu ropa huele a humo
y no estamos en horario laboral - confirmó señalando el reloj de mi despacho y
guiñándome un ojo.
Lentamente se recostó sobre la mesa de mi despacho y yo, sin
saber porqué, quise dejarme llevar por aquella ensoñación.
Alargando la mano busqué el Dupont y lo aproximé a su rostro.
Todos mis movimientos se desarrollaban con extrema lentitud, como si estuviera
rodeado de un líquido más denso que el agua y me costara moverme...
Sus dedos acariciaron mi mano y activaron el mecanismo de
encendido. La llama resplandeció con un sonido metálico y su rostro se iluminó
con cálidos colores de rojo y naranja fruto de la media llama.
Todo aquello sin duda alguna no me estaba pasando a mí. Era
una película que le estaba ocurriendo a alguna otra persona en alguna otra parte
del mundo. Ni siquiera sabía como habíamos llegado a aquel punto. Quería
despertar y a la vez quería seguir soñando.
- Quédate tranquilo Martín - me dijo mientras jugueteaba con
la placa de mi escritorio que indicaba mi nombre - Te diré lo que vamos a hacer:
Dentro de un rato llamarás a tu cliente y le dirás que ya tiene lo que quería, y
lo harás con tal convicción que ni siquiera se atreverá a dudar de ti. Mañana yo
me presentaré donde tú me digas y haré la mejor actuación profesional que te
puedas imaginar. Sé que hay una feria del sector de los videojuegos dentro de
poco y también sé exactamente lo que van a esperar de mí. Me formarán durante
unos días y dentro de una semana habrán recibido tantos mails preguntando por su
próximo lanzamiento, que alguien de las oficinas de tu cliente llamará a tu jefe
directamente para negociar una renovación del contrato que tenéis actualmente.
La segunda llamada será para ti, para que cojas el ascensor que hay al final del
pasillo y tras una corta entrevista con los socios de la empresa, recibirás una
felicitación por tu trabajo. ¿Quién sabe? Es posible que hasta te asciendan...
Indudablemente tendrás tu propia recompensa, aunque no estoy hablando de dinero-
Me bebía literalmente sus palabras... Quería creer en todo
aquello que me iba desgranando aquella princesa con traje de ejecutiva. Pero la
parte más racional de mi mente se negaba a admitir que lo que estaba ocurriendo
fuera real.
- ¿Pero como sabes todo eso? - pregunté desesperado sin saber
que decir o que hacer con mis manos. Nuestros rostros se encontraban tan cerca
el uno del otro que casi podía besarla sin hacer esfuerzos. Y era lo que
deseaba, lo que mi cuerpo me estaba pidiendo.
- Ssssssh - susurró haciéndome callar con su dedo índice
mientras acariciaba suavemente mis labios - No te preocupes del cómo. Tengo mis
propios métodos. ¿Tu contacto en la empresa contratante se llama Juanjo, verdad?
- Sí, así es - afirmé con un suspiro -
- Juanjo tiene debilidad por las chicas jóvenes y guapas como
yo, ¿Lo sabías? A menudo aprovecha las convenciones para saquear todo lo que
puede en ese sentido. El año pasado se pegó una gran juerga en Los Ángeles
durante el E3, y utilizó la tarjeta AMEX platino de su empresa para sufragar
algunos gastos de difícil justificación. Mira esto... -
Como si fuera una más que hábil prestidigitadora, me tendió
un sobre tamaño cuartilla que sin darme cuenta debía de haber depositado sobre
los diversos papeles de mi mesa mientras mi vista se ocupada de leer su
currículo.
Lo abrí con manos temblorosas. En su interior había un
reporte de gastos de American Express con varias líneas con una considerable
suma de ceros señaladas a mano con un rotulador de color rojo...
Y una serie de fotografías donde se veía al bueno de Juanjo
en posiciones bastantes escabrosas sobré lo que parecía un sofá de extraño
diseño, junto a una chica rubia de pelo largo con un vestido que apenas cubría
partes de su cuerpo que sin duda su padre no habría querido que nadie viera
nunca.
- ¿Ves estas fotos? Es el bueno de Juanjo en un Club de la
ciudad después de su jornada laboral con una chica que no es su esposa. Ahora
mismo, mientras tú estás aquí decidiendo que vas a hacer conmigo y en esta
situación que no te esperabas para nada. Juanjo estará llegando a su chalet de
Las Rozas y se va a encontrar una copia de lo que estás viendo en su buzón,
junto con una bonita carta muy clara y explicativa de los pasos que va a tener
que seguir en los próximos días-
Selena señalaba las fotos y la documentación mientras se reía
de manera cómplice. ¿Pero esto que era? ¿Una broma de los chicos de la oficina?,
¿Como demonios había conseguido una chica de apenas veinte años aquella
documentación?, ¿Y por que me la mostraba a mi?, ¿Que tenía que ver yo en todo
esto?
- ¿Es una broma? - pregunté desconcertado - ¿Qué eres, alguna
clase de espía industrial o algo así? ¿De donde has sacado todo esto?- Había
oído historias al respecto.
Gente especializada en introducirse en importantes empresas a
cuenta de otras firmas de la competencia para robar información valiosa, pero
siempre creí que eran sólo leyendas urbanas. Aquel tipo de cosas dignas de
Hollywood no podían estar ocurriendo con normalidad en nuestro país tan ajeno a
todo lo que no fuera farra y pandereta.
- No, Martín tesoro, no es ninguna broma. Y tampoco soy una
espía, sólo estoy devolviéndole un favor a alguien que es importante para mí.
Las fotos no son mías, sólo son una prueba para que veas que todo esto va en
serio -
- ¿Qué quieres de mi? ¿Qué pretendes que haga yo? No quiero
verme involucrado en todo esto, y menos en nada ilegal - respondí
atolondradamente. Había comenzado a pasar de la ensoñación al miedo.
- Te preocupas demasiado. Deberías relajarte o no llegarás a
viejo - me decía entre risas - Deberías de estar agradecido porque tus problemas
se solucionaran de golpe. Juanjo es una mala persona, un incompetente que está
en un puesto directivo porque un familiar directo suyo, es un importante
accionista de tu cliente, y nada más.
Y en sus esfuerzos por no saber a quién debe y a quién no
debe hacer daño, hizo algo que no debía. Siempre se ha salido con la suya, por
lo visto desde que estaba en la universidad. Pero ahora va a recibir una factura
que va a pagar con creces... Y en cuanto a ti, sólo tienes que hacer una llamada
y olvidarte de todo lo que ha ocurrido hasta ahora y va a ocurrir durante lo que
queda de noche. Nadie va a pedirte nada más. Puedes confiar en mí. -
No podía acabar de creerme lo que estaba escuchando, ni lo
que estaba ocurriendo a mi alrededor. Aquello sencillamente era demasiado para
mi. Un extraño colofón a un día de lo más estresante.
De repente, Selena o como quiera que en realidad se llamase,
porque ya había empezado a dudar incluso de que aquel fuera su verdadero nombre,
me cogió suavemente de las manos, llevándolas hacia sus pechos.
Acariciarlos por encima de la ropa fue una experiencia casi
extraordinaria. La calidez del cuerpo de aquella chica trascendía incluso su
vestimenta. Podía adivinarlos turgentes y suaves bajo su corta chaqueta, ceñida
y cruzada al talle.
- Oye mira - comencé a balbucear - no sé que pretendes, pero
no me importa. Juanjo nunca ha sido santo de mi devoción y me importa poco con
quién se haya metido o que haya hecho que sin duda no debió de hacer. Hace unas
horas estaba convencido de que iba a perder mi trabajo, y ahora de repente,
apareces tú y hablas de cambiarlo todo. No entiendo que ocurre, pero no quiero
nada raro. Haré la llamada que me pidas, tendrás el empleo, no sé de qué va
esto, pero no tienes porque seguir adelante -
Ella simplemente me miró como debían de mirar las mujeres
nobles de la antigua Roma a los esclavos en venta en el mercado. Evaluando que
debía de hacer conmigo y si merecía la pena interesarse o no por mi.
Y sin embargo, aquella mirada me excitaba sobre manera, me
encontré a mi mismo arrepentido de mis palabras mientras las pronunciaba. Si
aquello fuera sueño o pesadilla, me daba igual. Ya no podía ocultarme a mi mismo
el deseo que sentía desde que había cruzado la puerta de mi despacho... Ansiaba
tener aquella figura misteriosa y seductora, de belleza e inteligencia, de
carácter descarado y cuerpo de diosa, solamente para mi.
- No lo hago por el trabajo. Relájate, piensa que es tu noche
de suerte -
Comenzó a desnudarse lentamente sobre mi escritorio, mientras
mi respiración se aceleraba conforme iba descubriendo lentamente su cuerpo para
mí. Se contoneaba deslizándose sobre mi mesa, mostrándome su cuerpo: Sus piernas
largas y firmes, la curvatura de sus pechos, la redondez de sus caderas y la
firmeza de su trasero...

Después se deshizo de su chaqueta dejándome ver una camiseta
elegantemente escotada que cubría la parte superior de su cuerpo... Un cuerpo
delicioso del que apenas me separaba unos centímetros...
Lentamente, cruzó sus brazos levantándola suavemente,
mostrándome centímetro a centímetro su perfilado cuerpo, casi hasta alcanzar a
mostrarme la base de su sujetador.
- Dime que pare ahora y me marcharé sin más - susurró - O di
la verdad y admite que me deseas y que quieres que continúe. -
Las palabras salieron de mis labios como si otro hombre las
hubiera pronunciado en mi lugar. Un individuo sometido a la lujuria de una chica
joven que no deseaba cesar de ser observador omnisciente en aquel espectáculo
improvisado sobre la mesa del despacho de una gran empresa de selección de
personal.

- Eso es exactamente lo que yo también quería oír- Su voz se
perdió en las entrañas de mi mente, resonando con un eco estremecedor mientras
se deshacía de la parte superior de ropa que cubría su cuerpo, para dejar paso a
la mejor de sus sonrisas de la noche, mientras mi miembro crecía impulsado por
el bombeo de la sangre que mi corazón le enviaba.
Se giró hacia mí para ofrecerme una mejor perspectiva de su
figura, mientras desabrochaba sus ceñidos pantalones mostrando el enlazado de su
ropa interior que cubría la piel blanca y extremadamente suave de su cadera
derecha.
Después, mientras mi respiración se aceleraba, ladeó su
melena hacia un lado y acercó sus labios a los míos para comenzar a besarlos con
pasión inusitada. No esperaba ese beso, la suavidad de las fauces de una loba
hambrienta, la humedad de una lengua juguetona introduciéndose de improviso
dentro de la mía propia...
Su boca abriéndose y cerrándose apenas unos centimetros
mientras paladeaba mi propia lengua húmeda y deseosa de devorar por completo a
la sensualidad hecha mujer que había comenzado a desnudarse en mi propia
oficina.

Instantes después se recostaba contra la mesa, abriéndose
espacio con sus piernas, lanzando montañas de papeles al suelo que cayeron
desordenados sin concierto, para elevar su pelvis hacia arriba.
Pude observar como sus nalgas, tersas y suaves se contraían
al elevar su monte de Venus hacia el techo mientras deslizaba sus pantalones por
sus piernas hasta desembarazarse de ellos.
Como una herramienta especialmente diseñada para provocar el
deseo sobre la mujer que hasta hacía unos segundos los había llevado puestos, y
que ahora, habiendo cumplido su función, se volvían un estorbo para lo que
estaba por llegar.

Ni siquiera me atrevía a moverme de mi silla por miedo a
romper el mágico encantamiento de ese momento, de su cuerpo sensual en
movimiento.
Movimiento suave y comprometido con mis propios deseos
animales que comenzaban a despertar tras un largo sueño de soledad y represión
de los recuerdos que mi ex pareja me había dejado como única herencia de una
relación que hacía ya mucho tiempo que había tocado a su fin.
Se volvió poniéndose a cuatro patas sobre mi mesa, de perfil
hacia mí, con su trasero erguido y su pelo cubriendo en parte su hermoso rostro.
La espalda arqueada como una gata en celo deseosa de ser acariciada.

- ¿A que esperas para tocarme? - pronunció en un susurro casi
convertido en un gemido al final de la frase. Yo no deseaba otra cosa y la
última invitación de sus palabras fue lo único que mi cuerpo necesitó para tomar
el completo control de mi mente. Ya no me importaba la situación, su
rocambolesca historia, el inútil de Juanjo, mi puesto... Nada, solamente acercar
mi mano temblorosa hacia su cuerpo suave y fresco como una flor recién nacida
para comenzar a acariciar su espalda mientras ella correspondía a mis caricias
con ronroneos ahogados de deseo.
Mis manos recorrieron su cuerpo, su pelo suave y cuidado,
ahora despeinado, mientras ella se balanceaba como una niña. Con sus ojos
cerrados, como una chiquilla perversa, acariciada por primera vez de manos de un
hombre. Su piel era como un animal de otro mundo, un animal sedoso que se
alimentara de mis caricias. Sus curvadas caderas, y sus muslos firmes me
hicieron perder el control de mi respiración y de mis actos.
Probé a azotar su trasero firme, y ella gimió para reírse de
pérfida manera mientras sus ojos me invitaban a volver a hacerlo... Una y otra
vez, palmeé su trasero duro y prieto mientras observaba la reacción de su
rostro, que se iba ruborizando mientras su lengua lamía sus propios labios...
De repente me agarró por la camisa para atraerme de nuevo a
su boca y tras volver a lamerme al tiempo que maniobraba para acercarse más a
mi.
Sus piernas, enfundadas en medias de medio muslo, se
contrajeron sobre si mismas para lanzarme de nuevo contra mi silla al tiempo que
bajaba de mi escritorio con la gracilidad de una chiquilla disfrutando de un
juego que no tenía nada de inocente.
Se colocó frente a mí, agachando su cuerpo para poner su
culito apenas a unos centímetros de mi cara. Lo pellizcaba con la totalidad de
sus manos, agarrando sus nalgas y mostrándome como la tela de su diminuto tanga
negro se perdía entre ellas para acabar atravesando perpendicularmente el
pequeño y sonrosado orificio que constituía su ano. Aquella demostración de
sexualidad desatada hizo que me volviera loco.
Comencé a besar la piel de su culito, a rozar mis mejillas
contra ella... Su trasero era un monumento al deseo que deseaba explorar, y ella
ni siquiera había necesitado tocarme para encender la llama de mi propio cuerpo.
Como si tuviera la capacidad de leerme el pensamiento, de
adivinar los auténticos deseos de un hombre llevado más allá de sus propios
límites, se giró de nuevo para quedar semidesnuda frente a mí, y comenzó a
desabrochar mi camisa.
Botón a botón se deshizo de ella para después comenzar a
lamer mi pecho... Sus besos se deshacían como copos de nieve cayendo sobre mi
piel ardiente, mientras su saliva empapaba mi piel haciendo que mis pezones se
endurecieran mientras bajaban camino de mi ombligo y me hacían boquear como un
pez que se ahogara fuera de su elemento natural.
Sus manos diestras se deshicieron de mi cinturón,
desabrochándolo y tirando de mi cuerpo hacia ella, para después hacer que
restallara como un látigo sobre la mesa al lanzarlo sin ningún cuidado.
La excitación y la sensualidad comenzaban a dar paso al sexo
desenfrenado. Casi podía escuchar el gemido de su cuerpo deseoso del mío sin
entender la naturaleza de lo que estaba ocurriendo. Solo quería continuar
dejándome llevar de manos de aquella chica que me había hipnotizado con sus
ojos, su sonrisa, su figura...
Cayó de rodillas frente a mí, haciéndome abrir las piernas
con sus manos mientras acariciaba mis muslos por encima de mi propio pantalón.
Como si hubiera visto a un Dios y el efecto de aquel descubrimiento de una nueva
fe, hubiese llevado a que sus piernas flaqueasen y se arrodillara para prestarle
culto y honores sensuales.
Cerré mis ojos mientras sus dedos largos y finos redondeaban
la iniciada labor de desabroche y bajada de la cremallera...

Sus labios lamieron mis boxers, pasearon por encima de mi
tronco erecto, acariciándolo con sus mejillas, mordisqueándolo por encima de la
lycra con sus dientes, sólo para incitarme todavía más, para avivar el fuego
desatado de mis deseos sexuales.
Su mano tibia y decidida buceó en mi ropa interior de
improviso en mitad de sus besos, para desplegar mi continuada erección en su
totalidad. Mi pene duro y casi deseoso de estallar apuntaba al cielo, y ella no
dudó en cubrir mi amoratado capullo con sus suaves labios...
Las sensaciones que me produjo aquel contacto, no creo que
pueda describirlas con palabras. El interior de su boca resultó aun más calido
que sus propios besos, los pequeños y constantes movimientos de succión que su
boca imprimía a la punta de mi polla, arrancaron los primeros gemidos de la mía,
y pude notar en la oscuridad callada que cubría mis ojos cerrados para
entregarme al placer de la boca de mi candidata particular, como la punta de su
lengua acariciaba el orificio de mi pene.
Lentamente, y ayudándose con dos dedos en la base, su boca
comenzó a subir y a bajar, deslizándose de manera suave y constante sobre mi
falo. Sus labios contraídos a su alrededor, contribuían a que yo no pudiera
recuperar un ritmo controlado de mi propia respiración. Podía sentir como su
saliva caliente escurría entre sus labios empapándome, y como cada vez sus
labios devoraban un poquito más de mi, haciendo que mi polla desapareciera
provocativamente dentro de su boca.
De repente me di cuenta de que sus labios acariciaban la base
de mi pubis, y una cuidada caricia de su mano provocó que abriera los ojos y me
atreviera a mirarla...
Mi polla había desaparecido por completo dentro de su pequeña
y sensual boquita, y sus ojos se hallaban clavados en los míos de manera
sumamente provocativa. De nuevo me miraba como una niña deseosa de mostrar a
alguien mayor un nuevo truco recién aprendido en algún juego infantilmente
obsceno.
Una de sus manos acariciaba mis testículos mientras la otra,
prodigaba caricias a uno de mis pezones con sus dedos que humedecía
constantemente en mis propios labios...
No sé como lo hizo, quizás su boca experta asimiló los
latidos constantes de mi cuerpo, o quizás fueran sus ojos que escrutaban
constantemente mi rostro en busca de las reacciones propicias que me regalaba a
cada segundo, pero de alguna manera pudo predecir que mi estallido se aproximaba
y redujo su ritmo hasta sacar mi pene de su boca; sin cerrarla, echándose hacia
atrás, nuestros cuerpos todavía permanecían unidos por un débil hilo de saliva
que nacía de mi miembro y conectaba su boca con mi propio placer sentido.
- No corras, no tengas prisa... Lo mejor en la vida siempre
está por llegar - pronunció mientras se incorporaba y volvía a inclinarse sobre
mi para besarme, con sus manos apoyadas en los reposabrazos de mi silla, el
propio sabor de mi cuerpo se deshacía en mi boca mientras ella jugaba a capturar
mi lengua dentro de su boca.
Sus manos recorrieron mis brazos y se posaron sobre mis
hombros, bajándome la camisa mientras buscaba apoyo en la mesa y tiraba de mí
para que me incorporara.
Me levanté presa de la locura, de la excitación, de la
situación, de aquel momento, de aquella fantasía hecha realidad por unos
instantes en mi propio santuario de la rutina que constituía mi trabajo del día
a día, y cubrí su cuerpo con el mío cuando ella se reclinó hacia atrás y sus
uñas me invitaron a ello arañando levemente la piel de mi espalda...
Presa del nerviosismo que iba a morir en sus labios mientras
era yo quien devoraba su boca, coloqué mi pene en la entrada de su húmeda y
depilada rajita para después notar como mi propio cuerpo era el que me pedía que
se la introdujera hasta el fondo de un sólo golpe.
Estaba húmeda y caliente, como un horno suave hecho de carne
y deseo capaz de arrancarme un constante gemido en crecimiento, al compás del
movimiento de mis caderas golpeándola una y otra vez...
Ella se recostó sobre sus codos, acercando su cuerpo hacia
mí, para besarme mientras susurraba palabras sucias en mi oído y su lengua
acariciaba el lóbulo de mi oreja, pellizcándolo con sus labios.
Pidiéndome que la penetrara con más fuerza, mientras ella
acompasaba el ritmo de su pelvis al de mis propias caderas, dejamos de movernos
suavemente como al principio, para empezar a follar con fuerza. Con un
descontrol nacido de la desesperación de dos cuerpos que se buscaban el uno al
otro, quizás ambos sabedores de que no habría un mañana, una segunda ocasión de
consumar de nuevo aquel cúmulo de sensaciones.
De repente, volvió a alejarme de ella con sus piernas
presionando sobre mi pecho...
Se reía y jugaba con la necesidad que yo sentía de deshacerme
en su interior. Comenzó a dar vueltas a mi alrededor, quitándome la camisa, para
cubrirse con ella y continuó hasta ponerse tras de mi mientras me rodeaba con
sus brazos y besaba mi nuca desde atrás, y de nuevo susurraba a mi oído...

- Dime, ¿Qúe es lo que más deseas ahora mismo? - Una de sus
manos se había deslizado por mi pecho desde uno de mis pezones hasta mi miembro
húmedo de su propia esencia, y lo acariciaba suave, muy suavemente.
- Ya lo sabes - respondí casi sin aliento.
- Quiero escuchártelo decir - repuso mientras mordisqueaba la
piel de mis hombros.
- Quiero acabar... Déjame acabar, por favor, Selena... -
supliqué sin miedo.
Ella sonrió y me dio la vuelta para quedar de nuevo mirándola
a sus ojos. Ojos color miel, ojos hipnóticos que nunca comprenderé porque
aquella noche fueron mío y no de nadie más...
- ¿Harás esa llamada, verdad? - preguntó mientras echaba su
cuerpo hacia atrás buscando apoyo de nuevo sobre el escritorio, con una de sus
piernas más adelantada que la otra, como si quisiera posar sensualmente para mi,
mientras su índice dibujaba oscuras y prohibidas runas ya olvidadas sobre la
piel de mi rostro...
- Haría todo lo que tú me pidieras, puedes estar segura -
confesé preso de mi propio asombro. ¿Cómo en el nombre de Dios había podido
llegar a rendirme ante esa chiquilla de esa manera? ¿Quién era ella en realidad?
¿De donde había salido?
Sus palabras disolvieron todas las preguntas que se agolpaban
en mi mente, de un sólo golpe. Como si fueran enemigos peligrosos que pudiera
abatir de una sola estocada.
- Entonces por detrás es mejor, cielo... - repuso dándose la
vuelta de nuevo e inclinándose ofreciéndome su culito.

Apenas recuerdo aquel momento, el corazón me latía con tanta
fuerza que los ojos se me nublaron. Pero sí recuerdo sus manos guiándome hacia
el interior de su ano. La sensación aun más cálida y estrecha que me facilitaba.
Como si un músculo diseñado para el amor envolviera mi falo y lo aprisionara sin
tregua. Ni la más mínima duda de que no lo fuera a dejar escapar.
- Vamos, fóllame por detrás... Lo estabas deseando- me urgió
casi a gritos.
Comencé a penetrarla como un semental que cubriera a una
hermosa yegua, cada vez más rápido y cada vez con más fuerzas mientras el sudor
de su cuerpo hacía que mi camisa se le pegara a la piel y se transparentara la
silueta de su espalda.
- Más, más... Adelante, rómpeme, vamos... -
Los susurros y las palabras se convirtieron en gritos de
placer hasta casi rozar el llanto. Era como si me incitara a violar lo más
sagrado de si misma a cambio de muy poco.
Noté como se aproximaba el momento, el roce de su trasero
contra mi pelvis, la manera en la que sus dedos se cerraban apretando su
manicura de muñeca sobre las palmas de sus manos, el roce de su cabello húmedo
de sudor mientras la agarraba por la melena tirando de su cabeza hacia mi para
que volviera su rostro y viera como la penetraba...
Mi mundo estalló en colores blancos y negros cuando susurró:
"Córrete dentro de mi".
Creo que me desmayé, o quizás ella me hubiera drogado de
alguna manera que no acierto a comprender.
Me despertó un extraño zumbido. Me sentía atontado,
desorientado, perdido...
El recuerdo de su figura vistiéndose de nuevo en el extremo
de mi campo visual afloró levemente en mi cabeza, su silueta desdibujada
diciéndome adiós levemente con la mano alzada frente a la puerta de mi despacho.

¿Había sido un sueño?
Me encontraba sólo, desnudo, empapado en sudor, rodeado de
papeles tirados por el suelo... Y el zumbido constante que me atravesaba el
cráneo como el aletear de un insecto gigante tratando de taladrar mi cráneo para
alimentarse de la poca sangre que debía de recorrer mi cuerpo en aquellos
momentos.
Busqué la naturaleza del sonido. Mi móvil vibraba sobre el
suelo de la moqueta de mi despacho.
- Soy Martín, dígame - me atreví a contestar.
Esperaba escuchar su voz, pero no hubo un segundo milagro.
- ¿Donde coño te has metido? Llevo toda la puta noche
tratando de localizarte - La voz autoritaria de Juanjo resonaba en el auricular,
visiblemente enfadado y nervioso.
- Joder, perdona, he debido de quedarme... Dormido. No lo sé.
Ayer trabajé hasta muy tarde - No conseguía acabar de hilar mis propios
pensamientos. Ni siquiera me atrevía a mencionar a Selena, porque parte de mi
decía que por mucho desorden que reinara en mi despacho y mi propia desnudez, no
eran pruebas suficientes para descifrar que quizás todo aquello tal vez sólo
hubiera sido fruto de mi imaginación - ¿Qué hora es? Oye, siento no haberte
llamado anoche, he de serte sincero, no hemos podido... -
La voz de Juanjo volvió a cortarme.
- Van a dar las nueve y media. ¿No has podido llamarme? Estoy
muy cabreado contigo. ¿Donde la tenías escondida pedazo de cabrón? -
- ¿De qué me estás hablando? - Comenzaba a darme cuenta de la
verdad.
- De la chica joder. Es maravillosa. La tenemos aquí desde
hace una hora y el jefe está encantado con ella. Se han encerrado en su despacho
y no sé que se traen entre manos- me dejó sin habla - Si nos la hubieras enviado
antes... En fin. Nada, habéis hecho un buen trabajo con la selección, no creí
que pudierais encontrar una candidata a tiempo, la verdad -
- La verdad es que yo tampoco lo creí posible - dije
tanteando el terreno - Pero a veces la suerte nos sonríe en el último momento,
supongo -
- Bueno, seguro que da la talla, parece muy decidida y
despierta - "No lo sabes tu bien todavía", pensé para mis adentros - Aunque
ahora tengo algunos otros problemas de los que ocuparme - El nerviosismo de
Juanjo se transmitía en su voz, visible como un claro de luna en una noche
cerrada. Recordé las fotos y el sobre que Selena me había mostrado durante,
traté de buscar ambos con la mirada sin resultado.
- ¿Más problemas? - pregunté intuyendo la respuesta.
- Si, bueno, no, temas personales. No sé muy bien que
decirte, la verdad - "Pobre cabroncete mal nacido hijo de papa, a ver si
aprendes lo que es bueno. O mejor: Si te lo enseñan a las malas" -
- ¿Oye estás bien? Te noto algo tenso, la verdad - quise
interesarme falsamente mientras una sonrisa asomaba a mis labios.
- Nada, bueno... Ayer me llevé una sorpresa y menos mal que
mi mujer no se ha enterado de nada. Creo que estoy en un lío y a lo mejor me
cuesta algo de dinero, pero seguro que no es nada que no pueda solucionar -
"Como si hubieras solucionado algo de verdad en tu vida sin
ayuda, pedazo de inútil".
- Bueno, bueno, no quiero meterme donde no me llaman, pero si
necesitas algo, ya sabes que estoy a tu disposición en lo profesional, y también
en lo personal, claro -
- Hombre, ahora que lo dices... Esta chavala que nos has
enviado: ¿Dónde la has conocido? Antes se ha presentado y me miraba como si me
quisiera comer con los ojos. ¿Tú la conoces? ¿Sabes si estaría interesada en...
ya sabes, en tomar una copa después del trabajo?
Casi se me saltaba la risa. Aquel imbecil probablemente se
dormía ayer pensando en que alguien le iba a chantajear a cuenta de no saber
pensar con otra parte de su cuerpo que no estuviera por encima de su cintura y
ya estaba picando de nuevo el cebo.
- Es una larga historia, pero la conozco bastante bien... De
hecho tenía que llamarte para recomendártela, porque le he hablado muy bien de
ti como la persona que puede abrirle camino dentro de tu empresa, y claro, ella
parecía muy interesada en conocerte, ya sabes... Quizás hasta personalmente -
esto último lo dejé caer con cierto tono cómplice masculino.
La risa de Juanjo resonaba a través del móvil.
- La verdad es que está un rato buena, seguro que de poder
habrías intentado tirártela, pero no creo que esté a tu alcance. Esta es de las
que busca a tíos triunfadores, no a chupatintas de oficina mejorando lo
presente. Oye, no te lo tomes a mal, ¿Eh? Al Cesar lo que es del Cesar, ¿No?...
Además, somos amigos, hay confianza -
- Claro - sonreí mientras largaba la mejor mentira de mi
vida, acababa de descubrir a un nuevo yo - no te preocupes, tienes razón. Además
no creo que yo fuera su tipo, tú seguramente le vas mucho más-
- Eso creo yo, bueno la tantearé a ver que pasa. ¡Ah! Y a ver
si quedamos para comer un día de estos y me cuentas que tal te va, el jefe me ha
dicho que hablará con los de arriba para que feliciten por tu trabajo, pero que
quede entre tú y yo, ¿De acuerdo?. Además, tú conoces mucha gente, igual me
puedes ayudar con un tema personal un poco delicado que me ha surgido... -
- Claro, lo que tú quieras. Tengo que dejarte, la gente va a
llegar a la oficina y tengo que adelantar trabajo pendiente -solté de golpe sin
darle tiempo a réplica- Cuídate... amigo.-
Y colgué.
Recordé entonces sus palabras de la pasada noche: "Alguien de
las oficinas de tu cliente llamará a tu jefe directamente para negociar una
renovación del contrato... Recibirás una felicitación por tu trabajo... Juanjo
es una mala persona que siempre se ha salido con la suya... Ahora va a pagar con
creces... Sólo tienes que hacer una llamada y olvidarte de todo lo que va a
pasar"
De repente todo parecía mucho más claro. Comencé a reirme
mientras imaginaba la sorpresa que se llevaría el cabrón de Juanjo que me había
hecho el último par de años la vida imposible con sus exigencias y sus maneras,
cuando descubriera que Selena iba a darle lo que sin duda se había ganado a
pulso... Pero de la manera que seguro no se estaba imaginando precisamente.
Comencé a vestirme con la promesa de haberme reencontrado a
mi mismo, "No está a tu alcance, eres un chupatintas". No era verdad. En una
noche Selena me había ayudado a reencontrarme conmigo mismo. "Tendrás tu propia
recompensa, y no hablo de dinero"... Era hora de que un nuevo Martín se hiciera
con el control de su propia vida. Debía de aprender a relajarme, a vivir más, a
trabajar menos... Algo en mi interior me decía que había comenzado a cambiar y
que de repente, el mundo entero podía estar a mis pies si yo así lo deseaba.
Sólo tenía que aprender a cojer lo que quisiera de él.
Y entonces reparé en que efectivamente nada había sido un
sueño. Todo fue real. Y si algo quería de este mundo era volver a verla. Como
por arte de magia encontre una pequeña cajita de color negro, como recién salida
de una joyería. La abrí, desanudando el lazo de raso negro que la envolvía.
En su interior encontré una nota:
"No volveremos a vernos nunca Martín, y hazme caso, olvídate
de todo lo que ocurrió ayer. Sólo céntrate en lo que viviste y en lo que pudiste
sentir. Todo lo demás es parte del circo que es la vida. Y no te preocupes por
Juanjo, dentro de poco, cuando me conozca personalmente, no volverá a molestar a
nadie más.
Besos.
Selena
PD: Te dejo un recuerdo, creo que es más apropiado para el
mensaje que el anterior que tenías"
Bajo la nota... Un diminuto tanga negro. Todavía conservaba
su olor, y sobre él, un post-it que rezaba: "Para que mantengas siempre
encendida la llama de tu propia revolución personal".
Aquello definitivamente me hizo estallar en una carcajada.
Terminé de vestirme y salí de mi trabajo mientras los demás comenzaban a llegar.
Ya era hora de que me tomara un día libre.