BIS A BIS
Cuando recibo la llamada de nuestro abogado, me quedo
pasmada, no puedo creerlo… me cuenta que por fin el juez ha levantado la orden
de aislamiento de mi novio, Dani, quién está injustamente en prisión desde hace
casi mes y medio por un delito de malversación de fondos, como máximo
responsable de las cuentas de su empresa. Según el fiscal que lleva el caso, se
ha cometido uno de los mayores desfalcos millonarios del país. Ahora mi chico es
el máximo imputado. Se encuentra ahí metido entre rejas, engañado y traicionado
por los verdaderos culpables: El gerente y algún miembro del consejo de
administración. Pobrecito mío, cuanto ha debido sufrir en todo este tiempo.
Desde entonces estamos sin vernos y hoy, por fin voy a poder ir a visitarle a la
cárcel para un bis a bis de dos horas. Me le voy a comer enterito. Estoy
supercontenta y con solo imaginar que nos vamos a besar, a acariciar, después de
estas largas semanas… ufff, tengo unas ganas locas de sentir sus manos
rozándome, sus labios lamiéndome y su polla por fin dentro de mí nuevamente.
Dejaré por fin de masturbarme soñando con él, para follar en vivo. Estoy
cachondísima.
Rebusco en mi armario y encuentro ese vestido veraniego que
me regaló esta primavera, tan finito y que tanto le gusta verme puesto… o mejor
dicho, que tanto le gusta quitarme de puesto… sobretodo acariciarme la piel a
través de su tela y notar mis pezones cuando se ponen duros con el roce de sus
dedos. Es una tela tan fina, que si no fuera porque es de flores de muchos
colores vivos, se transparentaría por entero y aun así, cuando hay un contraluz
mi silueta se dibuja nítidamente… además, me queda muy bien, me hace muy sexy.
Naturalmente, sujetador no puedo llevar, porque el vestido es
de tirantes finos y además se notaría en la tela, aparte que con ese vestidito
se realzan mis tetas considerablemente, sobretodo al caminar, que botan de una
manera muy sensual. Me encanta ver la cara de los chicos mirando fijamente el
bamboleo de mis pechos al caminar… se quedan boquiabiertos. Pero el único que se
va a comer mis tetas, es mi Dani.
¿Y braguitas?… No, no puedo llevar braguitas, bueno, tampoco
es cuestión de ir sin ellas… pero no pueden ser de las normales, debería ser un
tanga para que no se note la costura por ningún lado. Parecer que no las llevo,
eso es todavía más sensual. Me decido por ese tanga que por atrás es una fina
tira que se mete entre mis glúteos y por adelante apenas tapa mi sexo con un
triángulo minúsculo. Ese es el ideal para entregarle mi cuerpo por entero a mi
hombre, que me arranque esas braguitas con los dientes, que luego me folle hasta
desfallecer. Uyyy como estoy de loca… de nerviosa y sobre todo de cachonda…
¿Zapatos de tacón?... No, mejor sandalias de tacón, que
realzan mis tobillos y mis pies… una pulserita tobillera con piedrecitas,
pendientes grandes de aro, mis sortijas y por supuesto pintura de guerra,
maquillaje no muy llamativo, pero sí muy sugerente, como tanto le gusta a mi
niño… Además, voy a darle una sorpresa que le va a encantar: Me he rasurado
completamente el coñito para que se lo coma entero, como tanto le gusta hacerme.
Va a alucinar cuando lo vea totalmente desprovisto de vello. Estoy loca de
contenta y tremendamente caliente. No se imaginará tampoco mis dos piercings
nuevos, uno en la lengua, que percibirá claramente cuando le haga una mamada
antológica y toda esa polla se deslice por mis labios y mi lengua. El otro en
mis labios vaginales, cercano al clítoris para que al follar podamos sentir los
dos su tenue roce y nos corramos a pleno placer. Me miro al espejo y parezco una
zorra de tomo y lomo. Eso es lo que pretendo ser: su putita, ninguna otra se lo
comerá excepto yo. Hoy más que nunca quiero ser su guarrita particular. Y me
apetece muchísimo serlo. La verdad: necesito y deseo serlo…
Le voy a devorar en cuanto le vea. En estas cinco semanas he
pesando tanto en él… Ninguna paja es comparada al sexo con ese hombre al que
adoro. Eso es mucho tiempo para mí, pero incluso más aun para él, pobrecito,
metido allí, incomunicado del mundo y del resto de presos, como un apestado y
sin poder hacer el amor conmigo. Imagino que el tenerle aislado en una celda las
24 horas del día le ha hecho desesperarse, imaginándome, pensando en…
acariciarme, besarme… follarme... Nos hemos mantenido en forma a base de
mensajes al móvil, que obviamente nos han filtrado. Incluso le envié alguna foto
de esas provocativas de lo que le espera para nuestro reencuentro. Supongo que
también las habrá visto alguien, pero no me importa, lo único que deseo es
tenerle entre mis brazos, entregarme enterita para mi hombre. No me importa nada
más.
Al bajar del taxi y encontrarme allí frente al muro de la
prisión, se me hace un nudo en la garganta pero confiada en que toda esta
tortura se solucione cuanto antes. Ahora debo olvidarme de todo y estar
preparada para que Dani no me note nada, quiero abrazarlo contra mí, el máximo
tiempo que nos permitan, sentir su piel contra la mía y trasladarle a otro
mundo, que durante esas dos horas se olvide de todo. Mi abogado me contó que ha
pasado momentos muy duros y está últimamente muy deprimido. Saber que nos han
concedido un bis a bis me ha puesto contentísima y más de un mes sin follar me
tiene encendida a más no poder. Ya me imagino como andará él. Según me han dicho
tenemos primero una hora para charlar en una sala con una mesa, pero solo para
hablar vigilados y cuando lo consideren oportuno, nos van a llevar a una sala
privada con una cama y allí pasar dos horas mucho más íntimas y especiales. Me
he traído unas sábanas limpias en el bolso, porque no sé como será el garito
ese.
Hola Lydia – me saluda con un par de besos mi abogado
a la puerta de esa prisión.
Hola Antonio.
Que guapa estás – añade revisando y admirando mi
indumentaria de lo más provocativa. Sus ojos se pierden por el canalillo
de mi vestido y eso me excita.
Gracias, ¿crees que le gustaré? – le pregunto
meneando mis caderas.
Estás para mojar pan. A Dani le vas volver loco.
Estoy seguro. Vaya suerte que tiene de tenerte.
Nos abren la puerta principal y accedemos por fin al recinto
carcelario. No es nada comparado a lo que hubiera imaginado… a lo que he visto
en el cine. El sitio es lúgubre, tedioso… Es una prisión moderna, de alta
seguridad y todo es nuevo, sin embargo me resulta fría. Me siento observada por
los muchos policías y funcionarios que están en la sala principal. Veo que hacen
comentarios entre ellos sintiéndome desnuda ante sus lascivas miradas. Alcanzo a
escuchar ligeramente a uno de ellos.
Sí, sí… estoy seguro… esa es la putita de las fotos…
Ahora recuerdo las imágenes que le envié a Dani al móvil sin
pensar cuanta gente podría haberlas visto, posiblemente más de los que imaginaba
y deseara. Varias poses en tanga, con las tetas al aire y en ropa interior de lo
más provocativas y libidinosas. Iban dirigidas exclusivamente a mi chico y ahora
debían ser la comidilla de toda la cárcel.
Seguimos por el pasillo hasta la recepción donde nos hacen
pasar por un detector de metales y tras depositar todo aquello que pudiera ser
convertible en arma, nos entregan unos pases identificativos que cuelgan de
nuestros cuellos con una cuerdecita. Un funcionario nos acompaña hasta el
despacho del director de la prisión. Durante todo el trayecto del pasillo ese
hombre no me quita ojo de las piernas… bueno tampoco se lo reprocho, lo cierto
es que llevo unas pintas de lo más incitantes. Se que estoy súper sexy, con mis
piernas morenas, mis sandalias, mi pulsera en el tobillo… y mis andares
sensuales. Parezco toda una zorra, la verdad… bueno, que miren y sufran. Sólo
uno se va a comer este cuerpo.
El sonido de las puertas y rejas al abrirse a nuestro paso,
se hace terriblemente desagradable, con un ruido seco y grave. Llegamos al fondo
del pasillo y el funcionario habla por un micro a una puerta cerrada, diciendo:
La visita especial del recluso Daniel Martínez.
Eso de "recluso" suena fatal y de alguna manera le lanzo una
mirada algo asesina a ese hombre pensando que mi chico está siendo injustamente
castigado y tratado. Se abre la puerta y aparece otro funcionario. Creo que
tiene más cara de cerdo todavía que el anterior. Me mira de arriba abajo con
parsimoniosa lascivia. Se dicen algo al oído, sin duda, algo sobre mí o sobre
las malditas fotos.
Acompañados por este nuevo funcionario atravesamos un largo
pasillo a la derecha hasta llegar a un gran hall, donde hay varios internos
limpiando y fregando, en una zona que parece de recreo donde seguramente hacen
ejercicio y actividades. Todos lo dejan de repente, deben ser unos veinte
hombres seguramente también muy sedientos de sexo y a falta evidente de visitas
femeninas. Esta vez me siento aun más desnudada. El silencio pasa a ser murmullo
y de ahí a decirme toda una serie de cosas en muy poco tiempo y difícilmente
repetibles:
Mira que bomboncito, vente a mi catre rubia… - grita
uno a nuestro paso.
Eh, nena, ¿quieres hacerme una chupadita?, la tengo
como una piedra. –dice otro.
Yo sigo sin volver la cabeza… detrás de mi, el funcionario y
mi abogado, quien me mira con cara de evidencia, pero en cambio el otro
consciente de todo, parece divertirle la situación, pues su larga sonrisa y sus
gestos son más que innegables. Desde luego nadie les hace callar. Los piropos y
frases de todo tipo continúan mientras avanzamos hasta dejar esa gran
habitación.
Vaya polvo que tienes nena…
Hey… te quito ese vestidito con los dientes princesa…
Aún se siguen oyendo cosas mientras desaparecemos por el
siguiente pasillo hasta llegar por fin, al despacho del director. No voy a negar
que aunque algunas de esas frases son desproporcionadas, groseras y sin gusto,
han conseguido encenderme aun más y creo que incluso alguna ha provocado una
especie de regustillo fuera de lo normal en mi cuerpo, todo mezclado, entre
nervios, cachondeo y morbo. Tanto tiempo sin sexo, me está dejando también sin
control.
Ahora es el turno del director de prisión que nos invita a
pasar a su despacho mirándome fijamente las tetas con toda la desfachatez del
mundo. El hombre es corpulento, por no decir gordo, con un traje algo rancio y
tras unas gafas de alta graduación, no me mira a los ojos sino que su vista pasa
directamente de mis tetas a mis piernas sin cesar.
Tomen asiento, por favor. – nos indica tras
estrecharnos la mano y la mía especialmente que besa con esos labios
gordezuelos de viejo verde. Qué asqueroso…
Durante la estancia en su despacho, sin dejar de observar mis
piernas cruzadas, que sentada y con ese vestido vaporoso, muestran más de la
cuenta dejando todos mis muslos ante su mirada de guarro incorregible, nos
entrega una especie de decálogo con las normas a seguir en esa desagradable
institución. Se ajusta las gafas y continúa mirando con descaro mis muslos pero
aquello casi me induce a provocarle más, no sé muy bien por qué, pero el hecho
de estar tan caliente, a la espera de encontrarme con mi chico al que voy a
entregar mi cuerpo y saberme al tiempo devorada por los ojos de ese hombre, me
pone tan cachonda que no puedo evitar mostrarme más sensual y tentadora de la
cuenta.
Señorita – agrega el director mientras yo muestro con
cierta insinuación mi lengua sobre mis dientes – le recuerdo que esta
primera parte de la visita es para que ustedes dos puedan hablar. Se ha
levantado el periodo de aislamiento de su novio y podrán charlar de
cualquier cosa, excepto de lo referente al encausamiento sobre el que se
encuentra retenido.
¿Retenido?, dirá usted más bien, enjaulado… - le digo
airada.
Bien, bien, yo no soy el que pone las reglas, en todo
caso, durante los próximos minutos no podrán abordar el tema sobre el
que su novio ha sido inculpado. ¿le queda claro? – apunta serio, todo
sin dejar de mirarme con ojos lujuriosos a mis piernas cruzadas.
Por supuesto. Tenemos cosas más personales de las que
hablar… - añado.
Bien, de esa reunión depende que puedan tener otra
más íntima, porque estaremos observándoles por este cristal que está a
mi espalda junto a la sala de visitas donde van a poder estar juntos.
¿Observados? – pregunto con cara de incrédula, aunque
ya había sido advertida por nuestro abogado.
Sí, señorita, es necesario, para saber cuales son las
verdaderas razones de su visita y que no puedan interferir en el
proceso… Es el procedimiento habitual…
¿Procedimiento..? Perdone – le digo cortándole la
conversación – no sé si sabrá que llevo más de un mes sin ver a mi novio
y tengo muchas ganas de decirle mil cosas, pero no referente a nada,
sino a nosotros dos, nos queremos mucho ¿no sé si sabe…? Supongo que no
será tan difícil de entender que necesitamos cierta intimidad.
Sí, si me parece bien – esta vez es el director el
que me corta – por supuesto que si, por eso que no debe preocuparse. Y
desde luego tendrá tiempo después de mostrarle todo su amor cuando pasen
a la habitación del bis a bis. De momento tienen un rato para hablar y
serán observados, punto. ¿Le queda claro?
Mi letrado me mira afirmando que están en su derecho de
hacerlo. Lo siguiente es hacerme firmar un papel, que no se muy bien que dice,
pero que mi abogado da por bueno con un gesto afirmativo de su cabeza. A
continuación se despide de mí con dos besos y me desea suerte desapareciendo de
aquella estancia. En ese momento me siento más desamparada que nunca, ya que él
es mi único nexo con el exterior, pero sobretodo porque me siento víctima de las
miradas de ese hombre que tengo delante, que se vuelven más y más libidinosas
mientras una gota de sudor aparece en su prominente calva.
Señorita, ya está. – Dice por fin, levantándose y
abriendo una puerta que comunica su despacho a la otra habitación,
invitándome a pasar.
¿Y ahora? – pregunto intrigada.
Pues dispone de quince minutos para hablar con su
novio y después si lo consideramos oportuno, podrán tener el bis a bis.
¿Si lo consideran oportuno?
Sí, señorita, dependerá de su actitud, recuerde que
es un recluso en una prisión de máxima seguridad…
Vale, vale… - contesté intentando zanjar sus absurdas
explicaciones y solo con las tremendas ganas de abrazar a mi chico.
Bien, pues pase.
Al entrar en la habitación rodeada de espejos, que por el
otro lado no son más que vulgares cristales, me siento espiada por el cerdo del
director, aunque mi pensamiento sólo intenta centrarse en Dani, en nada más y me
pongo nerviosa como si fuera nuestra primera vez. La puerta se abre y me lanzo a
él como una loca. El abrazo es largo y noto que ha adelgazado bastante, sin duda
todo este tiempo le ha dejado sin energía, pero quiero espachurrarle entre mis
brazos. Nos separamos y agarrado a mi cintura me observa detenidamente:
Lydia, qué guapa.
Dani, qué ganas tengo…
No me da tiempo a continuar, nos besamos con toda la pasión.
Únicamente tenemos quince minutos y nuestras conversaciones se limitan a nuestro
respectivo deseo, a decirnos lo mucho que nos queremos, a lo cachondos que
estamos y entre frase y frase a no dejarnos de besar. Que gusto sentir su boca
después de tanto tiempo, sus manos acariciando mi espalda, su pecho contra el
mío… Dios que ganas le tenía…
Nena quiero follarte, estoy a tope. Y tú estás tan…
guapísima… – me dice excitado observando mi tentadora indumentaria.
Ya noto como estás, cariño. Pues yo estoy igual. – Le
respondo percibiendo su terrible erección que me excita aun más.
Te has hecho un piercing en la lengua. – afirma
sorprendido
Le sonrío y luego saco mi lengua para que vea esa bolita
azul, pero con su boca abarca todo, bolita, lengua y labios. Está a tope y yo no
estoy menos… Y aun le tengo preparada la sorpresa de otro nuevo piercing, en
otro lugar, que sé que le va a encantar.
Sus manos recorren mi cuerpo por encima del vestido y cada
caricia se convierte en un chispazo en mi cuerpo, en la fina tela sus dedos
parecen querer perderse, pasando de mi cintura a mis caderas, de mis tetas a mi
espalda, de mi cintura a mi culo. Dios como me está poniendo… Le tengo que
detener.
Cariño, cariño, nos están viendo. – le digo
apartándome, intentando frenar su ímpetu.
¿Cómo que nos están viendo..?
Sí, están detrás de los espejos.
Hijos de p…
Schsssss… - le tapo la boca con mi mano, no quiero
que se enfade aquel o aquellos que ahora nos miran tras el cristal y que
nos puedan prohibir el bis a bis en un lugar más íntimo después.
Le intento explicar que todo es para saber que no hablamos de
la trama y que dediquemos este corto espacio de tiempo para charlar de nuestras
cosas, pero apenas comenzamos a contarnos como nos ha ido en este tiempo, nos
llaman para que abandonemos la sala, cada uno por su puerta. Ha pasado todo en
un instante. Le doy a Dani el último beso, con toda la pasión, de lo que es el
preámbulo a lo que vendrá después…en nuestro encuentro en la cama donde me le
voy a desayunar enterito. Mi lengua entra en contacto con la suya y me siento
dichosa de sentir ese beso tan penetrante. Como le quiero.
Salgo y me encuentro al director de la prisión, sudoroso,
seguramente por haberse calentado más de la cuenta con su actitud voyeur
observándonos a través del cristal. Junto a él hay dos funcionarios que me miran
igualmente con cara de lujuria encendida. Qué tíos más cerdos… Nos han estado
mirando todo el rato…
¿Y bien? – le digo desafiante al jefe con mis manos
en las caderas.
Todo correcto, señorita. Ahora, prepararán la sala
para su encuentro privado. Dispondrán de una cama durante
aproximadamente una hora.
Supongo que no nos vigilarán allí…
Por supuesto que no. En la otra sala podrán estar en
total intimidad. Se lo aseguro.
Me sentí aliviada pues los momentos que pasé con Dani en la
habitación se hizo más que incómoda, no quería ni pensar que nos vigilaran en
otros momentos tan nuestros.
Una cosa señorita. Tendremos que registrarla. –
añadió el gordo director sin dejar de mirar sátiramente mis piernas y mi
escote.
¿Cómo dice?
Sí, antes del encuentro con su prometido, hay que
cachearla. Es un formalismo.
¿Cachearme? Todo esto me parece un abuso. – digo
indignada aun pensando que me quedaban pocas alternativas.
Sí, perdone, pero es necesario, lo siento.
¿No pensará que voy armada?
Lo hacemos con todo el mundo… - añade con una sonrisa
fingida.
Espero que al menos lo haga una mujer.
Tarda unos segundos en contestar, todo sin dejar de
observarme, después mira a sus ayudantes con cara de indecisión. Noto que está
nervioso y al mismo tiempo excitado.
Verá, tenemos un problema: La funcionaria que suele
hacer esto no llegará hasta esta tarde, que es cuando suelen producirse
las visitas…
Entonces ¿quién me va a cachear?
Vuelven a mirarse entre ellos sin contestar. Estoy alucinada
de estar viviendo aquello, pero sin embargo no estoy dispuesta a más tomadura de
pelo y quiero zanjar el asunto cuanto antes. Tengo prisa por estar con mi novio
a solas.
Mire, yo no puedo esperar hasta esta tarde,
regístreme de una vez y acabemos con esto ya… ¿vale? - contesto seria y
decidida.
Un movimiento de la cabeza calva de ese tipo le da pie a uno
de los dos funcionarios a colocarse detrás de mí y me dice que ponga mis manos
sobre la nuca. Me siento humillada, como una vulgar delincuente, pero obedezco,
todo sea por el polvazo que voy a echar por fin con mi chico tras esos besos que
nos hemos pegado hace unos segundos y que tan calientes nos han dejado. Mi
vestido sube más de la cuenta al alzar mis brazos, lo noto porque tanto los ojos
del director como los del otro funcionario que tengo frente a mí, se abren como
platos. Al que está detrás no logro verle, pero imagino que también está
disfrutando de las vistas. Percibo las manos de este a mi espalda tocando
suavemente, palpando con sus dedos. Posteriormente baja a mis caderas y dibuja
mi silueta a través del vestido. El tío sigue haciéndolo despacio, hasta que el
director le detiene.
¿Qué manera de cachear es esa, Ramos? – dice con la
voz quebrada el director.
Pero… señor… - contesta azorado su pupilo.
Siga usted, Martín. – ordena al otro.
Ahora es el otro funcionario quién ocupa el lugar del
primero, se le ve más decidido, pues sus manos ya no son tan sutiles, tan
suaves, este toca con descaro mis costados, mis caderas, mi cintura… Un
escalofrío recorre mi cuerpo. Es una sensación extraña pero que me da un
innegable placer. Lógicamente no puedo llevar encima nada peligroso, pues el
vestido es muy fino y bastante ceñido como para ocultar cualquier cosa, sin
embargo el tío sigue insistiendo con sus dedos y ejecutando movimientos que van
dirigidos con gestos de su jefe. Vuelve otra vez con la palma de sus manos por
los costados de mi cuerpo, provocándome un cosquilleo extraño hasta que llega a
los costados de mis tetas. Entonces bajo mis manos.
Oiga, por favor… - pronuncio casi gritando
volviéndome hacia él y retirando sus manos.
Señorita, si nos deja hacer nuestro trabajo
acabaremos cuanto antes – añade el director sin dejar de mirar mis
piernas, con esa sucia sonrisa, dando por bueno el magreo de su
subordinado.
Mire, no estoy dispuesta a que ustedes me estén
metiendo mano.
Perdone, pero somos profesionales y estamos haciendo
nuestro trabajo. –subraya el director muy serio.
¿Tocándome las tetas? – pregunto enojada.
Tenemos que registrar las costuras de su sostén.
Pues no llevo. – afirmo furiosa esperando su
reacción.
Los tres sonríen, menudos guarros, hasta yo misma me quedo
perpleja por haberles dado esa noticia que parece alegrarles tanto.
Aun así hay que mirar todo, de otro modo usted no
podrá visitar a su novio.
Mi cuerpo y mi mente pasan por situaciones confusas, primero
por la indignación de tener que vivir cosas así, segundo porque estoy hecha un
lío, pues no hago más que pensar en Dani y que al fin y al cabo, aunque ellos se
sobrepasen un poco, algo que están haciendo a base de bien, pienso que el pobre
no se va enterar y va a ser quién se coma realmente el pastel y no estos tres
cerdos babeantes. Vuelvo a colocar mis manos a la nuca para que continúen el
cacheo sobre mi cuerpo. Cuando aquel hombre me roza las tetas por los costados
nuevamente creo estar alucinando, pero el tío se entretiene sobándolas bien y
cuando las agarra con sus manos descaradamente tengo que cerrar los ojos, pues
entonces me tocan donde más me duele. Esa es… sin duda, mi parte más sensible.
Mis ganas y los toqueteos de ese funcionario me están poniendo cachonda de
verdad. Pierdo los papeles y ese tío lo hace con tanta devoción que mis pezones
se erizan. Parece que van a rasgar la tela de lo duros que están. Sus manos no
dejan de rozarme y no parece que tenga prisa, sino más bien se recrea en ello.
Permanezco en silencio, no sé muy bien si porque me someto a esa especie de
obligada tortura o porque realmente estoy disfrutando con ella.
¿Hay algo? – pregunta impaciente el director.
No parece, señor. – contesta el hombre jadeante sin
soltar mis pechos.
Mire por delante.
El ayudante obedece y se coloca frente a mí. Su mirada es
lasciva y se cruza con la mía. Teniendo en cuenta que estoy con la guardia baja
a pesar de tener mis manos sobre la nuca, mis ojos deben brillar
ostensiblemente. Esa visión tiene que ser muy excitante: Una rubia, vestida de
forma extremadamente sexy, con un fino vestido, que anda más caliente que un
horno y que con las manos en su cabeza está entregada a sus manos con un pecho
alzado y unos pezones que parecen querer salirse… El hombre me agarra por la
cintura y sigue palpando, esta vez lo hace sobre mi culo lo que provoca que me
pegue a él. Vuelve a mirarme fijamente a los ojos. Dios que sensación… que
cachonda estoy. Como siga así, no respondo. Yo ya andaba caliente pero ahora…
estoy a punto de perder los papeles… del todo.
¿Podría ocultar algo en sus prendas íntimas? –
pregunta de nuevo el director mientras ese ayudante sigue sobándome por
todos lados y poniéndome a cien.
Pero ¿Qué prendas? – respondo desde mi posición poco
aventajada.
Sus braguitas. Necesitamos examinarlas. Podrían
ocultar algo.
Pero… si apenas es un tanga pequeño. ¿Qué puedo
ocultar ahí? – pregunto confusa.
Aun así. ¿Quiere ver a su novio o no?. Necesitamos
que nos las entregue para inspeccionarlas.
Esta vez no protesto, creo que aunque esa petición esté fuera
de lugar y seguramente nunca antes se haya hecho, la calentura me ha nublado la
mente y se puede decir que me agrada poderles entregar mi prenda íntima para sus
sátiros juegos. Me apetece ponerles más calientes de lo que yo misma estoy. Meto
mis manos por dentro del vestido y dejo descender lentamente mi tanga por mis
muslos. No sé si inconscientemente, pero lo hago despacio… con bastante
insinuación, me sale la vena exhibicionista y parezco toda una puta haciendo su
particular striptease. Eso me pone y creo que, por sus caras y por otras razones
convertidas en bultos bajo sus pantalones, a ellos de manera especial.
Esa ha sido la válvula de escape y a partir de ese momento
todo cambia en aquella habitación. El director prácticamente me arrebata la
prenda de mis manos y la palpa con sus dedazos, aparentemente con la excusa de
buscar algo sospechoso sin embargo ya no atiende a la razón, lo que encuentra en
mi pequeña prenda es el calor y la humedad que ha desprendido mi cuerpo. Esbozo
una sonrisa y eso parece invitarle a seguir con el cacheo y posiblemente con
algo más, pero esta vez lo hace personalmente y no a través de sus ayudantes.
Apártense, quiero inspeccionarla yo mismo… Déjenme
que la palpe yo. – su voz suena a nerviosismo y eso me excita a mi. Sabe
que estoy cediendo a sus pretensiones y él esta fuera de sus cabales.
No sé que me pasa, me está tratando como a una vulgar puta.
Tendría que estar cruzándole la cara y parar todo aquello, sin embargo me gusta
demasiado esa situación y me provoca sonreírle, admitiendo que soy eso, una
zorrita caliente que ha perdido los papeles y espera impaciente que unas nuevas
manos exploren mi cuerpo por encima de mi única prenda: Un fino vestido. Creo
que todos hemos perdido el juicio en un momento como ése.
Se coloca frente a mí. Está sudando, imagino que tanto como
yo y noto que también caliente al posar sus manos sobre mi cintura. Ya no me
ordena que suba las manos, ahora lo hace directamente mientras permanezco con
mis brazos caídos. En otro momento no hubiera dejado que semejante cerdo me
pusiera la mano encima, pero en ese momento estoy que exploto, con el calentón
con el que venía de casa, el que me aumentó con las caricias y besos a Dani y el
que ahora me ha subido con tanto toqueteo, mi cuerpo pide marcha y vaya si me la
está dando ese viejo verde. Sus manos suben por mis caderas, noto sus dedos
rozando mi piel a pesar que tan solo nos separe una fina tela. Sus ojos brillan,
como lo deben estar haciendo los míos y mis pezones están erguidos ante sus
ojos. Los palpa con la yema de sus dedos, luego mi culo, mi cintura, manosea mi
ombligo y cuando roza aparentemente distraído la parte alta de mi pubis, me sale
un espontáneo gemido.
De pronto se fija en mi boca. Se queda mirándome fijamente a
los ojos. Su piel brilla por el sudor, le noto ardiendo a pocos centímetros de
mí.
¿Qué es eso? – me pregunta refiriéndose al brillo que
sale de mi boca.
¿Qué va a ser? Un piercing.
No puedo dejarle entrar con él.
Pero ¿Cómo? ¿Tengo que quitármelo? – le recrimino –
Compruebe que es un simple piercing en la lengua… un simple adorno, nada
peligroso.
Sin darme cuenta le invito a entrar en los terrenos
prohibidos del placer. El hombre no se lo piensa y de improviso mete sus dos
dedazos en mi boca para tocar la bola que corona mi lengua. Noto como su cuerpo
se pega al mío y como sigue enredando con sus dedazos mi lengua. La cosa no
puede ser más surrealista… de lo más loca y al tiempo de lo más ardiente. Ese
viejo gordo me está metiendo sus dedos en la boca y yo me estoy dejando como una
vulgar puta. El caso es que me sigo avivando y no lo puedo evitar. ¿Qué me está
pasando? Ya no es un juego, ni una provocación, ni tan siquiera pienso en Dani,
sólo quiero percibir mi propio placer, el placer que durante este tiempo me ha
faltado… la situación me supera y no me importa ser como una muñeca frente a ese
guarro y sus vasallos, que me están poniendo como una moto. Los otros dos están
a mi lado, observando como su jefe se pone las botas y como me está provocando a
mi.
Está bien. – dice al fin - No parece que tenga
peligro. ¿Tiene más?
Se me hace un nudo en la garganta, pero en lugar de decirle
que no, que hubiera sido lo más razonable… lo más lógico, totalmente fuera de
mis casillas, le respondo:
Sí, tengo otro.
¿Dónde? – pregunta con impaciencia.
No creo que le importe. – le digo retadora,
provocadora…
Yo creo que sí, mientras quiera visitar a su amigo.
¿Qué me mueve a comportarme así? Estoy siendo ultrajada y
humillada por una panda de cerdos y no hago nada por evitarlo, debería salir
corriendo de allí y denunciarles, ¿Qué coño estoy haciendo? Lo peor de todo, es
que me está gustando demasiado. Parece que una fuerza extraña me empuja a
comportarme de esa manera. Me levanto la faldita del vestido como una niña
inocente mostrando mi coño por entero para que vea con sus propios ojos donde
tengo el otro piercing. Los tres hombres se sonríen, no pueden creer lo que
están viendo y cómo una chica con la cabeza ida les está ofreciendo su sexo
completamente depilado ante sus sátiras y obscenas miradas. Se acercan a verlo
desde más cerca. No me lo puedo creer, estoy siendo observada lujuriosamente por
ellos y no siento ningún tipo de vergüenza, al contrario eso me provoca tanto
placer que me siento la más zorra del mundo. Y me gusta… me gusta que me miren
con sus caras de bobos, están salidos pero yo aun más. El espectáculo no puede
ser más cachondo: Yo con mi vestido alzado hasta la cintura y tres tipos
agachados observando mi coño de cerca. El director acerca su mano a mi sexo y
comienza a tocar ese piercing que está muy cerca de mi clítoris. Ya no se corta
en absoluto y yo no pronuncio palabra. Cierro los ojos y mi cuerpo recibe una
nueva oleada de calor.
Vaya, mirad chicos, que cosa más bonita… ¿Habéis
visto algo como esto? – dice el director abducido con la vista de un
chochito completamente rasurado, enrojecido, húmedo e hinchado en el que
destaca el brillo de ese pendiente, incitante… más que tentador.
Puede comprobar que no es peligroso. – le digo
sacando por mi cabeza el vestido y quedándome completamente desnuda…
totalmente fuera de mis cabales. Ya no es una insinuación sino una
invitación en toda regla. Necesito que alguien me folle cuanto antes, no
puedo aguantar más… esperaba que fuera mi novio el primero, pero ahora
no estoy para esperar, el calentón que tengo, prevalece… es más que
urgente. Necesito bajar esta calentura o me muero y el morbo que
envuelve esa habitación es imparable.
Los tres hombres se quedan alucinados. Se acercan todavía más
frente a mi cuerpo desnudo e inspeccionan a pocos centímetros ese pequeño arito
brillante, comprobando no solo que es inofensivo sino que es un estimulador de
todo mi cuerpo. Sus dedos juegan insistentemente sobre el aro y al tiempo se
escapan sus manos por el resto de mi cuerpo que tiembla allí de pie. Sus
lascivas manos no quieren dejar de explorar ninguna parte de mi sexo, mis tetas,
mis muslos, mi culo. Cierro los ojos y me dejo llevar al paraíso de tres pares
de manos que me soban sin cesar. Les miro y les sonrío, ¿Qué más quieren? Esto
ya no es una inspección, pero estoy tan cachonda que no lo puedo parar de
ninguna manera. Desde allá abajo con sus caras encendidas me invitan a
ofrecerles mi cuerpo por entero. Y yo se lo doy.
Mis piernas se abren para que la boca del director se abra
paso en mi coño y mordisquee mi piercing y mis labios dilatados. Me agarro a su
calva y la acaricio en señal de aprobación. Los otros dos hombres se van
desnudando y se ponen uno a cada lado. Siguen acariciándome por todas partes.
Sus manos no dejan un lugar sin investigar. Nadie dice nada, pero todo va
creándose espontáneamente. El director continúa con su dedo anular metido en mi
coño y su lengua lamiendo mis ingles, mis labios hinchados... De pronto se pone
en pié, me mira fijamente y me comienza a besar lujuriosamente sacando su
lengua. Le devuelvo los besos y mi lengua juguetona alcanza la suya. Nuestros
labios parecen querer succionarse mutuamente. Le quito la camisa, le aflojo el
cinturón y sus pantalones caen al suelo. En un momento consigo desnudarle y su
polla cimbreante parece saludarme. Necesito una tranca irremediablemente. Creo
que mi expresión de felicidad le contagia y le sale una risa floja cuando mis
dedos atrapan ese miembro que comienza a lubricarse con mis caricias. Me llevo
un dedo con ese líquido a la boca y de la forma más lasciva le chupo ante su
cara. A continuación me arrodillo y desde abajo miro por última vez al director
que sonríe contento hasta que me meto su polla en la boca y se la comienzo a
chupar con todas las ganas. Madre mía, cuanto tiempo sin comer algo tan rico y
tan duro, no podía más, sigo lamiendo con mi lengua, jugando con mis dientes y
el hombre se tambalea, no sé si aguantará mucho tiempo si continúo con ese
ímpetu.
Cuando miro a ambos lados veo que los hombres están desnudos
y con sus vergas enhiestas esperando su turno. Me dedico a ellas: Mientras meneo
una voy chupando la otra, alternativamente… no doy abasto. Chupo, lamo, muerdo,
estoy fuera de mí. Qué alegría tener tanto macho para mí sola, es como una de
mis más ardientes fantasías. Ni siquiera aparece la imagen de Dani y lo que le
estoy haciendo, pues todo esto era para él y se lo están disfrutando estos
cabrones, los más puercos del mundo y lo peor es que no me importa, lo único que
deseo es saciar mi sed de sexo.
La polla del director es la más pequeña, sin embargo no se
queda sin su ración y se la mamo como una auténtica puta, regodeándome con ella,
chupándola con todas las ganas y sin dejar de mirarle a los ojos.
Siéntese sobre la mesa – me ordena el director. Es
curioso, pero a pesar de la situación me sigue tratando de usted.
No espero otra cosa y obediente, apoyo mis manos sobre la
mesa y dejo mi cuerpo sentado sobre el borde y los pies colgando. Uno de los
funcionarios está más que desbocado, le noto tremendamente nervioso. Se acerca
hasta mí y me planta un morreo impresionante. Me agarro a su cabeza y rodeo su
cintura con mis piernas. Dios, cuanto tiempo en dique seco, que ahora estoy como
una perra en celo. Miles de manos parecen estar sobándome. El director separa a
su empleado de mí y le hace un gesto autoritario, como diciendo que debe ser él
quien disfrute en primer lugar de mi cuerpo. En esos momentos yo no estoy para
elegir, lo que necesito es una polla dentro de mí cuanto antes. Continúa
lentamente inspeccionando con sus dedos el piercing de mis labios vaginales y de
paso resbalando sus dedos por toda la rajita caliente, introduciendo sus dedos
gordezuelos… El cabrón me está matando de gusto.
Fóllame. – le digo mirándole fijamente a los ojos.
Sonríe. Me ordena tumbarme en la mesa. Me va a follar y no
parece que yo vaya a impedírselo precisamente, sino más bien al contrario,
necesito que me penetre ya… estoy demasiado caliente. Pienso unos segundos en
Dani, pobrecito, pero debe comprender que todo este tiempo y esta extraña
situación me han dominado por completo. Lo único que quiero es tener un rabo
duro dentro de mí, no puedo más y estos tíos me han hecho perder la razón... El
director se coloca entre mis piernas sobando mis tetas, ronronea como un gato y
de un golpe me inserta su polla. Entra con suma facilidad y al hacerlo arqueo mi
espalda invadida por un gusto enorme.
Dios… qué gusto. – exclamo completamente excitada.
El hombre continúa sus embestidas mientras sus ayudantes
siguen besándome tumbada sobre la mesa, acarician mi pecho, muerden mis piernas,
chupan mis pies… que sensación, tres hombres para mí sola y un mes sin sexo
están haciendo que me desfogue bien a gusto. El director apenas puede dar tres o
cuatro embestidas más, está tan caliente que lanza un pequeño suspiro y deja
correr en mi interior varios chorros de su semen caliente. Madre mía, cuanto
tiempo sin tener una dosis de rica leche. Estaba más que necesitada. Pero no
tengo bastante, aun no me he corrido y quiero otra polla dentro de mí. Ahora es
el siguiente funcionario el que ocupa su lugar y yo sigo caliente esperando que
llegue mi orgasmo de un momento a otro. Las paredes vaginales parecen querer
atrapar esa nueva verga y eso le provoca correrse como un poseso, apenas sin
darme tiempo a disfrutarla. Ahora es el tercero quién se coloca entre mis
piernas.
Vamos Martín, esta putita es insaciable, déle caña. –
le dice el director recuperándose.
El tal Martín no se hace esperar y me embiste con furia, con
total desespero, creo que ese movimiento tan enérgico y tan poderoso es el que
me tiene al borde del orgasmo, cuando el director comienza a besarme sobre la
mesa, introduciendo su lengua en mi boca y así es como impetuosamente mi piel se
eriza y comienzo a convulsionarme como pocas veces. Me estoy corriendo entre
jadeos, entre pequeños gritos que ahogo en el beso con el director. El
funcionario termina por estirar su polla en lo más hondo de mi coño y se corre
abundantemente, terminando abrazados y con las últimas convulsiones de nuestros
sexos.
Cuando se separa de mí, es cuando me siento sucia, totalmente
asqueada de haber hecho eso hipnotizada por el placer y la necesidad de ser
follada tras un largo tiempo… como una drogadicta a la que le ha faltado su
dosis… Aun no sé como ha ocurrido todo ni cómo llegué a esta situación. Los tres
hombres desnudos, parecen haber disfrutado, aun están jadeantes y se ven
victoriosos, exultantes mientras yo he saciado en parte mi sed, pero me siento
mal, muy mal. No sé como he podido hacer esto.
Puede entrar a ver a su novio – me ordena el director
extendiéndome una toalla para que limpie los restos que me han dejado
pringada por todo mi cuerpo.
Recojo mi vestido del suelo y me lo coloco muy avergonzada y
triste por haberme comportado de esa forma… cuando le pido mi tanga, me dice que
se lo queda de recuerdo. Ya no tengo ni ganas de contradecirle y casi avanzo
como una autómata. Supongo que Dani me tiene que notar algo, de todos modos, me
armo de valor, entro en la habitación donde me está esperando, allí tumbado en
la cama y me acurruco a su lado.
Dani… quiero que me folles… estoy muy caliente.
Dani me mira a los ojos y me sonríe… ¿Se habrá dado cuenta?
No lo sé, pero cuando empieza a meter sus manos bajo mi vestido entro nuevamente
en trance y nada más nos mueve sino a gozar de pleno de nuestro momento más
íntimo, esta vez solos, él y yo.
Intento que no note mis lágrimas y me consuelo sabiendo que
él hubiera hecho lo mismo si tres tías cachondas le hubieran hecho una minuciosa
exploración sobre su cuerpo caliente y… tan necesitado.
Ahora me entrego a él… como si no hubiera pasado nada, pero
no dejo de pensar todo lo que ha sucedido unos minutos antes…
Lydia