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Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad
Fecha: 24-Abr-08 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Bis a bis

Lydia
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Tiempo estimado de lectura: [ 27 min. ]
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Mi novio está en la cárcel acusado de un delito que no cometió. Hoy voy a verle por fin tras mucho tiempo para un bis a bis. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

BIS A BIS

Cuando recibo la llamada de nuestro abogado, me quedo pasmada, no puedo creerlo… me cuenta que por fin el juez ha levantado la orden de aislamiento de mi novio, Dani, quién está injustamente en prisión desde hace casi mes y medio por un delito de malversación de fondos, como máximo responsable de las cuentas de su empresa. Según el fiscal que lleva el caso, se ha cometido uno de los mayores desfalcos millonarios del país. Ahora mi chico es el máximo imputado. Se encuentra ahí metido entre rejas, engañado y traicionado por los verdaderos culpables: El gerente y algún miembro del consejo de administración. Pobrecito mío, cuanto ha debido sufrir en todo este tiempo. Desde entonces estamos sin vernos y hoy, por fin voy a poder ir a visitarle a la cárcel para un bis a bis de dos horas. Me le voy a comer enterito. Estoy supercontenta y con solo imaginar que nos vamos a besar, a acariciar, después de estas largas semanas… ufff, tengo unas ganas locas de sentir sus manos rozándome, sus labios lamiéndome y su polla por fin dentro de mí nuevamente. Dejaré por fin de masturbarme soñando con él, para follar en vivo. Estoy cachondísima.

Rebusco en mi armario y encuentro ese vestido veraniego que me regaló esta primavera, tan finito y que tanto le gusta verme puesto… o mejor dicho, que tanto le gusta quitarme de puesto… sobretodo acariciarme la piel a través de su tela y notar mis pezones cuando se ponen duros con el roce de sus dedos. Es una tela tan fina, que si no fuera porque es de flores de muchos colores vivos, se transparentaría por entero y aun así, cuando hay un contraluz mi silueta se dibuja nítidamente… además, me queda muy bien, me hace muy sexy.

Naturalmente, sujetador no puedo llevar, porque el vestido es de tirantes finos y además se notaría en la tela, aparte que con ese vestidito se realzan mis tetas considerablemente, sobretodo al caminar, que botan de una manera muy sensual. Me encanta ver la cara de los chicos mirando fijamente el bamboleo de mis pechos al caminar… se quedan boquiabiertos. Pero el único que se va a comer mis tetas, es mi Dani.

¿Y braguitas?… No, no puedo llevar braguitas, bueno, tampoco es cuestión de ir sin ellas… pero no pueden ser de las normales, debería ser un tanga para que no se note la costura por ningún lado. Parecer que no las llevo, eso es todavía más sensual. Me decido por ese tanga que por atrás es una fina tira que se mete entre mis glúteos y por adelante apenas tapa mi sexo con un triángulo minúsculo. Ese es el ideal para entregarle mi cuerpo por entero a mi hombre, que me arranque esas braguitas con los dientes, que luego me folle hasta desfallecer. Uyyy como estoy de loca… de nerviosa y sobre todo de cachonda…

¿Zapatos de tacón?... No, mejor sandalias de tacón, que realzan mis tobillos y mis pies… una pulserita tobillera con piedrecitas, pendientes grandes de aro, mis sortijas y por supuesto pintura de guerra, maquillaje no muy llamativo, pero sí muy sugerente, como tanto le gusta a mi niño… Además, voy a darle una sorpresa que le va a encantar: Me he rasurado completamente el coñito para que se lo coma entero, como tanto le gusta hacerme. Va a alucinar cuando lo vea totalmente desprovisto de vello. Estoy loca de contenta y tremendamente caliente. No se imaginará tampoco mis dos piercings nuevos, uno en la lengua, que percibirá claramente cuando le haga una mamada antológica y toda esa polla se deslice por mis labios y mi lengua. El otro en mis labios vaginales, cercano al clítoris para que al follar podamos sentir los dos su tenue roce y nos corramos a pleno placer. Me miro al espejo y parezco una zorra de tomo y lomo. Eso es lo que pretendo ser: su putita, ninguna otra se lo comerá excepto yo. Hoy más que nunca quiero ser su guarrita particular. Y me apetece muchísimo serlo. La verdad: necesito y deseo serlo…

Le voy a devorar en cuanto le vea. En estas cinco semanas he pesando tanto en él… Ninguna paja es comparada al sexo con ese hombre al que adoro. Eso es mucho tiempo para mí, pero incluso más aun para él, pobrecito, metido allí, incomunicado del mundo y del resto de presos, como un apestado y sin poder hacer el amor conmigo. Imagino que el tenerle aislado en una celda las 24 horas del día le ha hecho desesperarse, imaginándome, pensando en… acariciarme, besarme… follarme... Nos hemos mantenido en forma a base de mensajes al móvil, que obviamente nos han filtrado. Incluso le envié alguna foto de esas provocativas de lo que le espera para nuestro reencuentro. Supongo que también las habrá visto alguien, pero no me importa, lo único que deseo es tenerle entre mis brazos, entregarme enterita para mi hombre. No me importa nada más.

Al bajar del taxi y encontrarme allí frente al muro de la prisión, se me hace un nudo en la garganta pero confiada en que toda esta tortura se solucione cuanto antes. Ahora debo olvidarme de todo y estar preparada para que Dani no me note nada, quiero abrazarlo contra mí, el máximo tiempo que nos permitan, sentir su piel contra la mía y trasladarle a otro mundo, que durante esas dos horas se olvide de todo. Mi abogado me contó que ha pasado momentos muy duros y está últimamente muy deprimido. Saber que nos han concedido un bis a bis me ha puesto contentísima y más de un mes sin follar me tiene encendida a más no poder. Ya me imagino como andará él. Según me han dicho tenemos primero una hora para charlar en una sala con una mesa, pero solo para hablar vigilados y cuando lo consideren oportuno, nos van a llevar a una sala privada con una cama y allí pasar dos horas mucho más íntimas y especiales. Me he traído unas sábanas limpias en el bolso, porque no sé como será el garito ese.

Hola Lydia – me saluda con un par de besos mi abogado a la puerta de esa prisión.

Hola Antonio.

Que guapa estás – añade revisando y admirando mi indumentaria de lo más provocativa. Sus ojos se pierden por el canalillo de mi vestido y eso me excita.

Gracias, ¿crees que le gustaré? – le pregunto meneando mis caderas.

Estás para mojar pan. A Dani le vas volver loco. Estoy seguro. Vaya suerte que tiene de tenerte.

Nos abren la puerta principal y accedemos por fin al recinto carcelario. No es nada comparado a lo que hubiera imaginado… a lo que he visto en el cine. El sitio es lúgubre, tedioso… Es una prisión moderna, de alta seguridad y todo es nuevo, sin embargo me resulta fría. Me siento observada por los muchos policías y funcionarios que están en la sala principal. Veo que hacen comentarios entre ellos sintiéndome desnuda ante sus lascivas miradas. Alcanzo a escuchar ligeramente a uno de ellos.

Sí, sí… estoy seguro… esa es la putita de las fotos…

Ahora recuerdo las imágenes que le envié a Dani al móvil sin pensar cuanta gente podría haberlas visto, posiblemente más de los que imaginaba y deseara. Varias poses en tanga, con las tetas al aire y en ropa interior de lo más provocativas y libidinosas. Iban dirigidas exclusivamente a mi chico y ahora debían ser la comidilla de toda la cárcel.

Seguimos por el pasillo hasta la recepción donde nos hacen pasar por un detector de metales y tras depositar todo aquello que pudiera ser convertible en arma, nos entregan unos pases identificativos que cuelgan de nuestros cuellos con una cuerdecita. Un funcionario nos acompaña hasta el despacho del director de la prisión. Durante todo el trayecto del pasillo ese hombre no me quita ojo de las piernas… bueno tampoco se lo reprocho, lo cierto es que llevo unas pintas de lo más incitantes. Se que estoy súper sexy, con mis piernas morenas, mis sandalias, mi pulsera en el tobillo… y mis andares sensuales. Parezco toda una zorra, la verdad… bueno, que miren y sufran. Sólo uno se va a comer este cuerpo.

El sonido de las puertas y rejas al abrirse a nuestro paso, se hace terriblemente desagradable, con un ruido seco y grave. Llegamos al fondo del pasillo y el funcionario habla por un micro a una puerta cerrada, diciendo:

La visita especial del recluso Daniel Martínez.

Eso de "recluso" suena fatal y de alguna manera le lanzo una mirada algo asesina a ese hombre pensando que mi chico está siendo injustamente castigado y tratado. Se abre la puerta y aparece otro funcionario. Creo que tiene más cara de cerdo todavía que el anterior. Me mira de arriba abajo con parsimoniosa lascivia. Se dicen algo al oído, sin duda, algo sobre mí o sobre las malditas fotos.

Acompañados por este nuevo funcionario atravesamos un largo pasillo a la derecha hasta llegar a un gran hall, donde hay varios internos limpiando y fregando, en una zona que parece de recreo donde seguramente hacen ejercicio y actividades. Todos lo dejan de repente, deben ser unos veinte hombres seguramente también muy sedientos de sexo y a falta evidente de visitas femeninas. Esta vez me siento aun más desnudada. El silencio pasa a ser murmullo y de ahí a decirme toda una serie de cosas en muy poco tiempo y difícilmente repetibles:

Mira que bomboncito, vente a mi catre rubia… - grita uno a nuestro paso.

Eh, nena, ¿quieres hacerme una chupadita?, la tengo como una piedra. –dice otro.

Yo sigo sin volver la cabeza… detrás de mi, el funcionario y mi abogado, quien me mira con cara de evidencia, pero en cambio el otro consciente de todo, parece divertirle la situación, pues su larga sonrisa y sus gestos son más que innegables. Desde luego nadie les hace callar. Los piropos y frases de todo tipo continúan mientras avanzamos hasta dejar esa gran habitación.

Vaya polvo que tienes nena…

Hey… te quito ese vestidito con los dientes princesa…

Aún se siguen oyendo cosas mientras desaparecemos por el siguiente pasillo hasta llegar por fin, al despacho del director. No voy a negar que aunque algunas de esas frases son desproporcionadas, groseras y sin gusto, han conseguido encenderme aun más y creo que incluso alguna ha provocado una especie de regustillo fuera de lo normal en mi cuerpo, todo mezclado, entre nervios, cachondeo y morbo. Tanto tiempo sin sexo, me está dejando también sin control.

Ahora es el turno del director de prisión que nos invita a pasar a su despacho mirándome fijamente las tetas con toda la desfachatez del mundo. El hombre es corpulento, por no decir gordo, con un traje algo rancio y tras unas gafas de alta graduación, no me mira a los ojos sino que su vista pasa directamente de mis tetas a mis piernas sin cesar.

Tomen asiento, por favor. – nos indica tras estrecharnos la mano y la mía especialmente que besa con esos labios gordezuelos de viejo verde. Qué asqueroso…

Durante la estancia en su despacho, sin dejar de observar mis piernas cruzadas, que sentada y con ese vestido vaporoso, muestran más de la cuenta dejando todos mis muslos ante su mirada de guarro incorregible, nos entrega una especie de decálogo con las normas a seguir en esa desagradable institución. Se ajusta las gafas y continúa mirando con descaro mis muslos pero aquello casi me induce a provocarle más, no sé muy bien por qué, pero el hecho de estar tan caliente, a la espera de encontrarme con mi chico al que voy a entregar mi cuerpo y saberme al tiempo devorada por los ojos de ese hombre, me pone tan cachonda que no puedo evitar mostrarme más sensual y tentadora de la cuenta.

Señorita – agrega el director mientras yo muestro con cierta insinuación mi lengua sobre mis dientes – le recuerdo que esta primera parte de la visita es para que ustedes dos puedan hablar. Se ha levantado el periodo de aislamiento de su novio y podrán charlar de cualquier cosa, excepto de lo referente al encausamiento sobre el que se encuentra retenido.

¿Retenido?, dirá usted más bien, enjaulado… - le digo airada.

Bien, bien, yo no soy el que pone las reglas, en todo caso, durante los próximos minutos no podrán abordar el tema sobre el que su novio ha sido inculpado. ¿le queda claro? – apunta serio, todo sin dejar de mirarme con ojos lujuriosos a mis piernas cruzadas.

Por supuesto. Tenemos cosas más personales de las que hablar… - añado.

Bien, de esa reunión depende que puedan tener otra más íntima, porque estaremos observándoles por este cristal que está a mi espalda junto a la sala de visitas donde van a poder estar juntos.

¿Observados? – pregunto con cara de incrédula, aunque ya había sido advertida por nuestro abogado.

Sí, señorita, es necesario, para saber cuales son las verdaderas razones de su visita y que no puedan interferir en el proceso… Es el procedimiento habitual…

¿Procedimiento..? Perdone – le digo cortándole la conversación – no sé si sabrá que llevo más de un mes sin ver a mi novio y tengo muchas ganas de decirle mil cosas, pero no referente a nada, sino a nosotros dos, nos queremos mucho ¿no sé si sabe…? Supongo que no será tan difícil de entender que necesitamos cierta intimidad.

Sí, si me parece bien – esta vez es el director el que me corta – por supuesto que si, por eso que no debe preocuparse. Y desde luego tendrá tiempo después de mostrarle todo su amor cuando pasen a la habitación del bis a bis. De momento tienen un rato para hablar y serán observados, punto. ¿Le queda claro?

Mi letrado me mira afirmando que están en su derecho de hacerlo. Lo siguiente es hacerme firmar un papel, que no se muy bien que dice, pero que mi abogado da por bueno con un gesto afirmativo de su cabeza. A continuación se despide de mí con dos besos y me desea suerte desapareciendo de aquella estancia. En ese momento me siento más desamparada que nunca, ya que él es mi único nexo con el exterior, pero sobretodo porque me siento víctima de las miradas de ese hombre que tengo delante, que se vuelven más y más libidinosas mientras una gota de sudor aparece en su prominente calva.

Señorita, ya está. – Dice por fin, levantándose y abriendo una puerta que comunica su despacho a la otra habitación, invitándome a pasar.

¿Y ahora? – pregunto intrigada.

Pues dispone de quince minutos para hablar con su novio y después si lo consideramos oportuno, podrán tener el bis a bis.

¿Si lo consideran oportuno?

Sí, señorita, dependerá de su actitud, recuerde que es un recluso en una prisión de máxima seguridad…

Vale, vale… - contesté intentando zanjar sus absurdas explicaciones y solo con las tremendas ganas de abrazar a mi chico.

Bien, pues pase.

Al entrar en la habitación rodeada de espejos, que por el otro lado no son más que vulgares cristales, me siento espiada por el cerdo del director, aunque mi pensamiento sólo intenta centrarse en Dani, en nada más y me pongo nerviosa como si fuera nuestra primera vez. La puerta se abre y me lanzo a él como una loca. El abrazo es largo y noto que ha adelgazado bastante, sin duda todo este tiempo le ha dejado sin energía, pero quiero espachurrarle entre mis brazos. Nos separamos y agarrado a mi cintura me observa detenidamente:

Lydia, qué guapa.

Dani, qué ganas tengo…

No me da tiempo a continuar, nos besamos con toda la pasión. Únicamente tenemos quince minutos y nuestras conversaciones se limitan a nuestro respectivo deseo, a decirnos lo mucho que nos queremos, a lo cachondos que estamos y entre frase y frase a no dejarnos de besar. Que gusto sentir su boca después de tanto tiempo, sus manos acariciando mi espalda, su pecho contra el mío… Dios que ganas le tenía…

Nena quiero follarte, estoy a tope. Y tú estás tan… guapísima… – me dice excitado observando mi tentadora indumentaria.

Ya noto como estás, cariño. Pues yo estoy igual. – Le respondo percibiendo su terrible erección que me excita aun más.

Te has hecho un piercing en la lengua. – afirma sorprendido

Le sonrío y luego saco mi lengua para que vea esa bolita azul, pero con su boca abarca todo, bolita, lengua y labios. Está a tope y yo no estoy menos… Y aun le tengo preparada la sorpresa de otro nuevo piercing, en otro lugar, que sé que le va a encantar.

Sus manos recorren mi cuerpo por encima del vestido y cada caricia se convierte en un chispazo en mi cuerpo, en la fina tela sus dedos parecen querer perderse, pasando de mi cintura a mis caderas, de mis tetas a mi espalda, de mi cintura a mi culo. Dios como me está poniendo… Le tengo que detener.

Cariño, cariño, nos están viendo. – le digo apartándome, intentando frenar su ímpetu.

¿Cómo que nos están viendo..?

Sí, están detrás de los espejos.

Hijos de p…

Schsssss… - le tapo la boca con mi mano, no quiero que se enfade aquel o aquellos que ahora nos miran tras el cristal y que nos puedan prohibir el bis a bis en un lugar más íntimo después.

Le intento explicar que todo es para saber que no hablamos de la trama y que dediquemos este corto espacio de tiempo para charlar de nuestras cosas, pero apenas comenzamos a contarnos como nos ha ido en este tiempo, nos llaman para que abandonemos la sala, cada uno por su puerta. Ha pasado todo en un instante. Le doy a Dani el último beso, con toda la pasión, de lo que es el preámbulo a lo que vendrá después…en nuestro encuentro en la cama donde me le voy a desayunar enterito. Mi lengua entra en contacto con la suya y me siento dichosa de sentir ese beso tan penetrante. Como le quiero.

Salgo y me encuentro al director de la prisión, sudoroso, seguramente por haberse calentado más de la cuenta con su actitud voyeur observándonos a través del cristal. Junto a él hay dos funcionarios que me miran igualmente con cara de lujuria encendida. Qué tíos más cerdos… Nos han estado mirando todo el rato…

¿Y bien? – le digo desafiante al jefe con mis manos en las caderas.

Todo correcto, señorita. Ahora, prepararán la sala para su encuentro privado. Dispondrán de una cama durante aproximadamente una hora.

Supongo que no nos vigilarán allí…

Por supuesto que no. En la otra sala podrán estar en total intimidad. Se lo aseguro.

Me sentí aliviada pues los momentos que pasé con Dani en la habitación se hizo más que incómoda, no quería ni pensar que nos vigilaran en otros momentos tan nuestros.

Una cosa señorita. Tendremos que registrarla. – añadió el gordo director sin dejar de mirar sátiramente mis piernas y mi escote.

¿Cómo dice?

Sí, antes del encuentro con su prometido, hay que cachearla. Es un formalismo.

¿Cachearme? Todo esto me parece un abuso. – digo indignada aun pensando que me quedaban pocas alternativas.

Sí, perdone, pero es necesario, lo siento.

¿No pensará que voy armada?

Lo hacemos con todo el mundo… - añade con una sonrisa fingida.

Espero que al menos lo haga una mujer.

Tarda unos segundos en contestar, todo sin dejar de observarme, después mira a sus ayudantes con cara de indecisión. Noto que está nervioso y al mismo tiempo excitado.

Verá, tenemos un problema: La funcionaria que suele hacer esto no llegará hasta esta tarde, que es cuando suelen producirse las visitas…

Entonces ¿quién me va a cachear?

Vuelven a mirarse entre ellos sin contestar. Estoy alucinada de estar viviendo aquello, pero sin embargo no estoy dispuesta a más tomadura de pelo y quiero zanjar el asunto cuanto antes. Tengo prisa por estar con mi novio a solas.

Mire, yo no puedo esperar hasta esta tarde, regístreme de una vez y acabemos con esto ya… ¿vale? - contesto seria y decidida.

Un movimiento de la cabeza calva de ese tipo le da pie a uno de los dos funcionarios a colocarse detrás de mí y me dice que ponga mis manos sobre la nuca. Me siento humillada, como una vulgar delincuente, pero obedezco, todo sea por el polvazo que voy a echar por fin con mi chico tras esos besos que nos hemos pegado hace unos segundos y que tan calientes nos han dejado. Mi vestido sube más de la cuenta al alzar mis brazos, lo noto porque tanto los ojos del director como los del otro funcionario que tengo frente a mí, se abren como platos. Al que está detrás no logro verle, pero imagino que también está disfrutando de las vistas. Percibo las manos de este a mi espalda tocando suavemente, palpando con sus dedos. Posteriormente baja a mis caderas y dibuja mi silueta a través del vestido. El tío sigue haciéndolo despacio, hasta que el director le detiene.

¿Qué manera de cachear es esa, Ramos? – dice con la voz quebrada el director.

Pero… señor… - contesta azorado su pupilo.

Siga usted, Martín. – ordena al otro.

Ahora es el otro funcionario quién ocupa el lugar del primero, se le ve más decidido, pues sus manos ya no son tan sutiles, tan suaves, este toca con descaro mis costados, mis caderas, mi cintura… Un escalofrío recorre mi cuerpo. Es una sensación extraña pero que me da un innegable placer. Lógicamente no puedo llevar encima nada peligroso, pues el vestido es muy fino y bastante ceñido como para ocultar cualquier cosa, sin embargo el tío sigue insistiendo con sus dedos y ejecutando movimientos que van dirigidos con gestos de su jefe. Vuelve otra vez con la palma de sus manos por los costados de mi cuerpo, provocándome un cosquilleo extraño hasta que llega a los costados de mis tetas. Entonces bajo mis manos.

Oiga, por favor… - pronuncio casi gritando volviéndome hacia él y retirando sus manos.

Señorita, si nos deja hacer nuestro trabajo acabaremos cuanto antes – añade el director sin dejar de mirar mis piernas, con esa sucia sonrisa, dando por bueno el magreo de su subordinado.

Mire, no estoy dispuesta a que ustedes me estén metiendo mano.

Perdone, pero somos profesionales y estamos haciendo nuestro trabajo. –subraya el director muy serio.

¿Tocándome las tetas? – pregunto enojada.

Tenemos que registrar las costuras de su sostén.

Pues no llevo. – afirmo furiosa esperando su reacción.

Los tres sonríen, menudos guarros, hasta yo misma me quedo perpleja por haberles dado esa noticia que parece alegrarles tanto.

Aun así hay que mirar todo, de otro modo usted no podrá visitar a su novio.

Mi cuerpo y mi mente pasan por situaciones confusas, primero por la indignación de tener que vivir cosas así, segundo porque estoy hecha un lío, pues no hago más que pensar en Dani y que al fin y al cabo, aunque ellos se sobrepasen un poco, algo que están haciendo a base de bien, pienso que el pobre no se va enterar y va a ser quién se coma realmente el pastel y no estos tres cerdos babeantes. Vuelvo a colocar mis manos a la nuca para que continúen el cacheo sobre mi cuerpo. Cuando aquel hombre me roza las tetas por los costados nuevamente creo estar alucinando, pero el tío se entretiene sobándolas bien y cuando las agarra con sus manos descaradamente tengo que cerrar los ojos, pues entonces me tocan donde más me duele. Esa es… sin duda, mi parte más sensible. Mis ganas y los toqueteos de ese funcionario me están poniendo cachonda de verdad. Pierdo los papeles y ese tío lo hace con tanta devoción que mis pezones se erizan. Parece que van a rasgar la tela de lo duros que están. Sus manos no dejan de rozarme y no parece que tenga prisa, sino más bien se recrea en ello. Permanezco en silencio, no sé muy bien si porque me someto a esa especie de obligada tortura o porque realmente estoy disfrutando con ella.

¿Hay algo? – pregunta impaciente el director.

No parece, señor. – contesta el hombre jadeante sin soltar mis pechos.

Mire por delante.

El ayudante obedece y se coloca frente a mí. Su mirada es lasciva y se cruza con la mía. Teniendo en cuenta que estoy con la guardia baja a pesar de tener mis manos sobre la nuca, mis ojos deben brillar ostensiblemente. Esa visión tiene que ser muy excitante: Una rubia, vestida de forma extremadamente sexy, con un fino vestido, que anda más caliente que un horno y que con las manos en su cabeza está entregada a sus manos con un pecho alzado y unos pezones que parecen querer salirse… El hombre me agarra por la cintura y sigue palpando, esta vez lo hace sobre mi culo lo que provoca que me pegue a él. Vuelve a mirarme fijamente a los ojos. Dios que sensación… que cachonda estoy. Como siga así, no respondo. Yo ya andaba caliente pero ahora… estoy a punto de perder los papeles… del todo.

¿Podría ocultar algo en sus prendas íntimas? – pregunta de nuevo el director mientras ese ayudante sigue sobándome por todos lados y poniéndome a cien.

Pero ¿Qué prendas? – respondo desde mi posición poco aventajada.

Sus braguitas. Necesitamos examinarlas. Podrían ocultar algo.

Pero… si apenas es un tanga pequeño. ¿Qué puedo ocultar ahí? – pregunto confusa.

Aun así. ¿Quiere ver a su novio o no?. Necesitamos que nos las entregue para inspeccionarlas.

Esta vez no protesto, creo que aunque esa petición esté fuera de lugar y seguramente nunca antes se haya hecho, la calentura me ha nublado la mente y se puede decir que me agrada poderles entregar mi prenda íntima para sus sátiros juegos. Me apetece ponerles más calientes de lo que yo misma estoy. Meto mis manos por dentro del vestido y dejo descender lentamente mi tanga por mis muslos. No sé si inconscientemente, pero lo hago despacio… con bastante insinuación, me sale la vena exhibicionista y parezco toda una puta haciendo su particular striptease. Eso me pone y creo que, por sus caras y por otras razones convertidas en bultos bajo sus pantalones, a ellos de manera especial.

Esa ha sido la válvula de escape y a partir de ese momento todo cambia en aquella habitación. El director prácticamente me arrebata la prenda de mis manos y la palpa con sus dedazos, aparentemente con la excusa de buscar algo sospechoso sin embargo ya no atiende a la razón, lo que encuentra en mi pequeña prenda es el calor y la humedad que ha desprendido mi cuerpo. Esbozo una sonrisa y eso parece invitarle a seguir con el cacheo y posiblemente con algo más, pero esta vez lo hace personalmente y no a través de sus ayudantes.

Apártense, quiero inspeccionarla yo mismo… Déjenme que la palpe yo. – su voz suena a nerviosismo y eso me excita a mi. Sabe que estoy cediendo a sus pretensiones y él esta fuera de sus cabales.

No sé que me pasa, me está tratando como a una vulgar puta. Tendría que estar cruzándole la cara y parar todo aquello, sin embargo me gusta demasiado esa situación y me provoca sonreírle, admitiendo que soy eso, una zorrita caliente que ha perdido los papeles y espera impaciente que unas nuevas manos exploren mi cuerpo por encima de mi única prenda: Un fino vestido. Creo que todos hemos perdido el juicio en un momento como ése.

Se coloca frente a mí. Está sudando, imagino que tanto como yo y noto que también caliente al posar sus manos sobre mi cintura. Ya no me ordena que suba las manos, ahora lo hace directamente mientras permanezco con mis brazos caídos. En otro momento no hubiera dejado que semejante cerdo me pusiera la mano encima, pero en ese momento estoy que exploto, con el calentón con el que venía de casa, el que me aumentó con las caricias y besos a Dani y el que ahora me ha subido con tanto toqueteo, mi cuerpo pide marcha y vaya si me la está dando ese viejo verde. Sus manos suben por mis caderas, noto sus dedos rozando mi piel a pesar que tan solo nos separe una fina tela. Sus ojos brillan, como lo deben estar haciendo los míos y mis pezones están erguidos ante sus ojos. Los palpa con la yema de sus dedos, luego mi culo, mi cintura, manosea mi ombligo y cuando roza aparentemente distraído la parte alta de mi pubis, me sale un espontáneo gemido.

De pronto se fija en mi boca. Se queda mirándome fijamente a los ojos. Su piel brilla por el sudor, le noto ardiendo a pocos centímetros de mí.

¿Qué es eso? – me pregunta refiriéndose al brillo que sale de mi boca.

¿Qué va a ser? Un piercing.

No puedo dejarle entrar con él.

Pero ¿Cómo? ¿Tengo que quitármelo? – le recrimino – Compruebe que es un simple piercing en la lengua… un simple adorno, nada peligroso.

Sin darme cuenta le invito a entrar en los terrenos prohibidos del placer. El hombre no se lo piensa y de improviso mete sus dos dedazos en mi boca para tocar la bola que corona mi lengua. Noto como su cuerpo se pega al mío y como sigue enredando con sus dedazos mi lengua. La cosa no puede ser más surrealista… de lo más loca y al tiempo de lo más ardiente. Ese viejo gordo me está metiendo sus dedos en la boca y yo me estoy dejando como una vulgar puta. El caso es que me sigo avivando y no lo puedo evitar. ¿Qué me está pasando? Ya no es un juego, ni una provocación, ni tan siquiera pienso en Dani, sólo quiero percibir mi propio placer, el placer que durante este tiempo me ha faltado… la situación me supera y no me importa ser como una muñeca frente a ese guarro y sus vasallos, que me están poniendo como una moto. Los otros dos están a mi lado, observando como su jefe se pone las botas y como me está provocando a mi.

Está bien. – dice al fin - No parece que tenga peligro. ¿Tiene más?

Se me hace un nudo en la garganta, pero en lugar de decirle que no, que hubiera sido lo más razonable… lo más lógico, totalmente fuera de mis casillas, le respondo:

Sí, tengo otro.

¿Dónde? – pregunta con impaciencia.

No creo que le importe. – le digo retadora, provocadora…

Yo creo que sí, mientras quiera visitar a su amigo.

¿Qué me mueve a comportarme así? Estoy siendo ultrajada y humillada por una panda de cerdos y no hago nada por evitarlo, debería salir corriendo de allí y denunciarles, ¿Qué coño estoy haciendo? Lo peor de todo, es que me está gustando demasiado. Parece que una fuerza extraña me empuja a comportarme de esa manera. Me levanto la faldita del vestido como una niña inocente mostrando mi coño por entero para que vea con sus propios ojos donde tengo el otro piercing. Los tres hombres se sonríen, no pueden creer lo que están viendo y cómo una chica con la cabeza ida les está ofreciendo su sexo completamente depilado ante sus sátiras y obscenas miradas. Se acercan a verlo desde más cerca. No me lo puedo creer, estoy siendo observada lujuriosamente por ellos y no siento ningún tipo de vergüenza, al contrario eso me provoca tanto placer que me siento la más zorra del mundo. Y me gusta… me gusta que me miren con sus caras de bobos, están salidos pero yo aun más. El espectáculo no puede ser más cachondo: Yo con mi vestido alzado hasta la cintura y tres tipos agachados observando mi coño de cerca. El director acerca su mano a mi sexo y comienza a tocar ese piercing que está muy cerca de mi clítoris. Ya no se corta en absoluto y yo no pronuncio palabra. Cierro los ojos y mi cuerpo recibe una nueva oleada de calor.

Vaya, mirad chicos, que cosa más bonita… ¿Habéis visto algo como esto? – dice el director abducido con la vista de un chochito completamente rasurado, enrojecido, húmedo e hinchado en el que destaca el brillo de ese pendiente, incitante… más que tentador.

Puede comprobar que no es peligroso. – le digo sacando por mi cabeza el vestido y quedándome completamente desnuda… totalmente fuera de mis cabales. Ya no es una insinuación sino una invitación en toda regla. Necesito que alguien me folle cuanto antes, no puedo aguantar más… esperaba que fuera mi novio el primero, pero ahora no estoy para esperar, el calentón que tengo, prevalece… es más que urgente. Necesito bajar esta calentura o me muero y el morbo que envuelve esa habitación es imparable.

Los tres hombres se quedan alucinados. Se acercan todavía más frente a mi cuerpo desnudo e inspeccionan a pocos centímetros ese pequeño arito brillante, comprobando no solo que es inofensivo sino que es un estimulador de todo mi cuerpo. Sus dedos juegan insistentemente sobre el aro y al tiempo se escapan sus manos por el resto de mi cuerpo que tiembla allí de pie. Sus lascivas manos no quieren dejar de explorar ninguna parte de mi sexo, mis tetas, mis muslos, mi culo. Cierro los ojos y me dejo llevar al paraíso de tres pares de manos que me soban sin cesar. Les miro y les sonrío, ¿Qué más quieren? Esto ya no es una inspección, pero estoy tan cachonda que no lo puedo parar de ninguna manera. Desde allá abajo con sus caras encendidas me invitan a ofrecerles mi cuerpo por entero. Y yo se lo doy.

Mis piernas se abren para que la boca del director se abra paso en mi coño y mordisquee mi piercing y mis labios dilatados. Me agarro a su calva y la acaricio en señal de aprobación. Los otros dos hombres se van desnudando y se ponen uno a cada lado. Siguen acariciándome por todas partes. Sus manos no dejan un lugar sin investigar. Nadie dice nada, pero todo va creándose espontáneamente. El director continúa con su dedo anular metido en mi coño y su lengua lamiendo mis ingles, mis labios hinchados... De pronto se pone en pié, me mira fijamente y me comienza a besar lujuriosamente sacando su lengua. Le devuelvo los besos y mi lengua juguetona alcanza la suya. Nuestros labios parecen querer succionarse mutuamente. Le quito la camisa, le aflojo el cinturón y sus pantalones caen al suelo. En un momento consigo desnudarle y su polla cimbreante parece saludarme. Necesito una tranca irremediablemente. Creo que mi expresión de felicidad le contagia y le sale una risa floja cuando mis dedos atrapan ese miembro que comienza a lubricarse con mis caricias. Me llevo un dedo con ese líquido a la boca y de la forma más lasciva le chupo ante su cara. A continuación me arrodillo y desde abajo miro por última vez al director que sonríe contento hasta que me meto su polla en la boca y se la comienzo a chupar con todas las ganas. Madre mía, cuanto tiempo sin comer algo tan rico y tan duro, no podía más, sigo lamiendo con mi lengua, jugando con mis dientes y el hombre se tambalea, no sé si aguantará mucho tiempo si continúo con ese ímpetu.

Cuando miro a ambos lados veo que los hombres están desnudos y con sus vergas enhiestas esperando su turno. Me dedico a ellas: Mientras meneo una voy chupando la otra, alternativamente… no doy abasto. Chupo, lamo, muerdo, estoy fuera de mí. Qué alegría tener tanto macho para mí sola, es como una de mis más ardientes fantasías. Ni siquiera aparece la imagen de Dani y lo que le estoy haciendo, pues todo esto era para él y se lo están disfrutando estos cabrones, los más puercos del mundo y lo peor es que no me importa, lo único que deseo es saciar mi sed de sexo.

La polla del director es la más pequeña, sin embargo no se queda sin su ración y se la mamo como una auténtica puta, regodeándome con ella, chupándola con todas las ganas y sin dejar de mirarle a los ojos.

Siéntese sobre la mesa – me ordena el director. Es curioso, pero a pesar de la situación me sigue tratando de usted.

No espero otra cosa y obediente, apoyo mis manos sobre la mesa y dejo mi cuerpo sentado sobre el borde y los pies colgando. Uno de los funcionarios está más que desbocado, le noto tremendamente nervioso. Se acerca hasta mí y me planta un morreo impresionante. Me agarro a su cabeza y rodeo su cintura con mis piernas. Dios, cuanto tiempo en dique seco, que ahora estoy como una perra en celo. Miles de manos parecen estar sobándome. El director separa a su empleado de mí y le hace un gesto autoritario, como diciendo que debe ser él quien disfrute en primer lugar de mi cuerpo. En esos momentos yo no estoy para elegir, lo que necesito es una polla dentro de mí cuanto antes. Continúa lentamente inspeccionando con sus dedos el piercing de mis labios vaginales y de paso resbalando sus dedos por toda la rajita caliente, introduciendo sus dedos gordezuelos… El cabrón me está matando de gusto.

Fóllame. – le digo mirándole fijamente a los ojos.

Sonríe. Me ordena tumbarme en la mesa. Me va a follar y no parece que yo vaya a impedírselo precisamente, sino más bien al contrario, necesito que me penetre ya… estoy demasiado caliente. Pienso unos segundos en Dani, pobrecito, pero debe comprender que todo este tiempo y esta extraña situación me han dominado por completo. Lo único que quiero es tener un rabo duro dentro de mí, no puedo más y estos tíos me han hecho perder la razón... El director se coloca entre mis piernas sobando mis tetas, ronronea como un gato y de un golpe me inserta su polla. Entra con suma facilidad y al hacerlo arqueo mi espalda invadida por un gusto enorme.

Dios… qué gusto. – exclamo completamente excitada.

El hombre continúa sus embestidas mientras sus ayudantes siguen besándome tumbada sobre la mesa, acarician mi pecho, muerden mis piernas, chupan mis pies… que sensación, tres hombres para mí sola y un mes sin sexo están haciendo que me desfogue bien a gusto. El director apenas puede dar tres o cuatro embestidas más, está tan caliente que lanza un pequeño suspiro y deja correr en mi interior varios chorros de su semen caliente. Madre mía, cuanto tiempo sin tener una dosis de rica leche. Estaba más que necesitada. Pero no tengo bastante, aun no me he corrido y quiero otra polla dentro de mí. Ahora es el siguiente funcionario el que ocupa su lugar y yo sigo caliente esperando que llegue mi orgasmo de un momento a otro. Las paredes vaginales parecen querer atrapar esa nueva verga y eso le provoca correrse como un poseso, apenas sin darme tiempo a disfrutarla. Ahora es el tercero quién se coloca entre mis piernas.

Vamos Martín, esta putita es insaciable, déle caña. – le dice el director recuperándose.

El tal Martín no se hace esperar y me embiste con furia, con total desespero, creo que ese movimiento tan enérgico y tan poderoso es el que me tiene al borde del orgasmo, cuando el director comienza a besarme sobre la mesa, introduciendo su lengua en mi boca y así es como impetuosamente mi piel se eriza y comienzo a convulsionarme como pocas veces. Me estoy corriendo entre jadeos, entre pequeños gritos que ahogo en el beso con el director. El funcionario termina por estirar su polla en lo más hondo de mi coño y se corre abundantemente, terminando abrazados y con las últimas convulsiones de nuestros sexos.

Cuando se separa de mí, es cuando me siento sucia, totalmente asqueada de haber hecho eso hipnotizada por el placer y la necesidad de ser follada tras un largo tiempo… como una drogadicta a la que le ha faltado su dosis… Aun no sé como ha ocurrido todo ni cómo llegué a esta situación. Los tres hombres desnudos, parecen haber disfrutado, aun están jadeantes y se ven victoriosos, exultantes mientras yo he saciado en parte mi sed, pero me siento mal, muy mal. No sé como he podido hacer esto.

Puede entrar a ver a su novio – me ordena el director extendiéndome una toalla para que limpie los restos que me han dejado pringada por todo mi cuerpo.

Recojo mi vestido del suelo y me lo coloco muy avergonzada y triste por haberme comportado de esa forma… cuando le pido mi tanga, me dice que se lo queda de recuerdo. Ya no tengo ni ganas de contradecirle y casi avanzo como una autómata. Supongo que Dani me tiene que notar algo, de todos modos, me armo de valor, entro en la habitación donde me está esperando, allí tumbado en la cama y me acurruco a su lado.

Dani… quiero que me folles… estoy muy caliente.

Dani me mira a los ojos y me sonríe… ¿Se habrá dado cuenta? No lo sé, pero cuando empieza a meter sus manos bajo mi vestido entro nuevamente en trance y nada más nos mueve sino a gozar de pleno de nuestro momento más íntimo, esta vez solos, él y yo.

Intento que no note mis lágrimas y me consuelo sabiendo que él hubiera hecho lo mismo si tres tías cachondas le hubieran hecho una minuciosa exploración sobre su cuerpo caliente y… tan necesitado.

Ahora me entrego a él… como si no hubiera pasado nada, pero no dejo de pensar todo lo que ha sucedido unos minutos antes…

Lydia


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© Lydia

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