Estaba yo andando por la calle. Llevaba puesta una minifalda
y una blusa a través de la cual se veían mis pezones (no llevaba sostén, ni
bragas). Llegué a un parque. Dos amigos míos estaban allí, charlando. Se
quedaron mirándome, ya que había llegado corriendo y sudando, lo que había
provocado que se me marcaran aún más los pezones. Los alcancé. Uno de ellos me
levantó la falda. Esa era su manera de saludarme. Puso su mano en mi coño
rasurado y tocó mi clítoris. El otro se extrañó que yo llegara sin bragas y sin
sostén, ya que no sabía de mis gustos sexuales ni para lo que habíamos quedado
exactamente.
Fuimos a un rincón solitario del parque. Mi amigo y yo
habíamos hecho la apuesta de que yo no era capaz de recorrer todo el parque,
incluida la zona infantil, desnuda. Pero, para darle el toque de gracia,
incluiríamos un poco de sadomasoquismo al asunto. Me quité la ropa (la poca que
llevaba) y me tumbé en el suelo. Mi otro amigo se puso a grabar el
procedimiento. Mi sexual amigo cogió aguja e hilo, de esos que se usan para
cerrar las heridas, y me cosió el coño. Después pasó la aguja por mi clítoris y
la llevó hasta mi pezón izquierdo, y después al derecho, de manera que tiraba de
las tetas hacia abajo. Me puse a cuatro paras para que me pudiera untar mejor
con un espray de hormonas. Me levanté y me exhibí ante la cámara. Me puse en
camino. Mis amigos grabarían la escena escondidos.
Fui dando la vuelta al parque y me fui parando en puntos
estratégicos; delante de unos ancianitos me agaché con las piernas abiertas para
que pudiesen ver tanto el culo como el cosido coño. Llegué a la zona infantil,
desde donde percibí un poco de humo en el sitio donde debían estar escondidos
mis dos amigos. De pronto, los vi correr, riéndose. Asustada, corrí hasta el
lugar en el que habíamos preparado la prueba. Mi ropa estaba allí, chamuscada.
No tuve más remedio que irme así a mi casa, sin nada de ropa que me protegiera
del frío y con toda la gente mirándome. Mi casa quedaba bastante lejos como para
ir andando, pero como me había robado la cartera y las llaves, tuve que ir
andando. Se fue haciendo de noche.
De repente, sentí una mano que me tapaba la boca y otra que
tiraba de mí hacia la oscuridad de un callejón. Intenté gritar o zafarme. No
pude. Me violaron analmente. Me tapó los ojos. Me ataron las manos a la espalda.
Noté que los hilos que me sujetaban las tetas con el coño se movían. Oí un clic
y me fui elevando. Los pezones estaban tirantes, como si se fuesen a romper, al
igual que el clítoris. Una voz grave me dijo que mantuviese los ojos cerrados y
que contase hasta quinientos, para que no viese quién era mientras se iba. Me
quitó el pañuelo que cubría mis ojos, cerrados. Los pasos se fueron alejando
conforme yo iba contando. Cuando llegué al final, hacía tiempo que no se oían
pasos, y al abrir los ojos, comprobé que estaba colgada de un árbol situado
justo enfrente de mi casa, por los hilos que tenía en las tetas. Vislumbré a mi
padre asomado a la ventana del comedor, masturbándose. Me dejó toda la noche
allí colgada.
Por la mañana temprano, llegó un grupo de turistas. Se
pusieron como locos a hacer fotografías, pensando que era algo normal en la
zona. Algunos incluso se atrevieron a tocarme, a lamerme y a morderme. Justo en
ese momento apareció mi padre con un cuchillo y un martillo. Por un momento
pensé que me iba a bajar de allí. Pero no fue así. En vez de eso me hizo corten
con el cuchillo por todo el cuerpo. Los flases se dispararon. Algunos incluso
grababan en video. Después, con el martillo empezó a golpearme las tetas y el
coño. Fui a gritar, pero me dio un martillazo en la boca. Procedió a bajarme.
Una vez en el suelo, me puso a cuatro patas, con las piernas abiertas, y me
metió el mango del martillo hasta el fondo y de una vez. Entonces sí que grité.
Me cogió del pelo, tiró de mí y me metió en casa. Allí me hizo ver el video que
habíamos grabado mis amigos y yo la tarde anterior. Me llevó al baño. Había
metido toda mi ropa en la bañera.
Echó gasolina a mi ropa y le prendió fuego.
Y así lo hice. Llevo desde entonces paseándome desnuda por
toda la ciudad. De eso hace ya un año. Y nadie me ha llamado la atención por
eso.
Este relato es ficticio.