-¿Quién?-
-Llamaba por el anuncio- dijo una voz firme de hombre.
-¿Qué?- mi voz sonó torpe y aguda a las 7:30 de la mañana.
No se me puede pedir a esas horas que use mi voz de damisela
dulce, mejor dicho, ni ahora, ni a las 4 de las tarde.
-Sí- calló por un instante la voz- El anuncio del periódico,
unos amigos y yo estaríamos interesados en sus servicios.
Traté de pensar, no funcionó, así que preparé mi mejor
respuesta grosera, pero una amiga se me adelantó.
-¿Quién es?- Preguntó Nagula masticando el primer chicle de
la mañana mientras miraba amanecer por la fría ventana.
Le conté que no tenía ni idea pero había dicho algo de
"servicios".
Empezó a reírse mirándome con sus grandes ojos llenos de
asombro.
-Silo- me llamo Siloramu- o cree que eres una tarotista
o…-empezó a reíse alisándose el cabello rubio.
Yo empezaba a enfadarme en serio y cuando vio que fruncía el
ceño desenrolló un periódico que llevaba y me señaló la sección de contactos.
-¡La madre que le …!- grité en medio del autobús, una mitad
se giró hacia mi, la otra mitad hizo caso omiso, acostumbrada a mis ataques de
mal humor.
Cuando iba a colgar Nagu me dijo que tenía una idea y que le
siguiera la corriente, la miré como si estuviera loca, pero confié en ella.
-¿Sigue ahí?- pregunte con cara de hastío, aunque en mi
interior disfrutaba pensando que idea malévola habría tenido mi amiga.
-Sí…- antes de que pudiera continuar le corte.
-¿Qué quieres?- dije lo más borde posible mientras mi amiga
se pegaba a mi como si fuéramos siamesas.
-Queríamos saber cuanto cobras– se oyó pasar por nuestro lado
una ambulancia- y si la de la foto eres tu.
-¡Esto es demasiado para mi!– dije tapando el micrófono- voy
a mandarlo al …
-Espera- susurró mi amiga mientras se tapaba la boca para no
reírse- ¿No has oído la sirena?
-Claro que la he oído, estoy de mal humor, no sorda.
-A veces pareces tonta- dijo dándome un capote- La sirena
también se oía a través del teléfono.
Las dos nos pusimos a buscar como locas, mientras el autobús
tomaba una de sus famosas curvas a toda velocidad por las cuales el transporte
público había sido declarado "atracción de feria peligrosa" y si un día no
tenías nada que hacer por un módico precio te hacían vivir la aventura de tu
vida.
Los acostumbrados como nosotras a usar ese método de
transporte para ir a la universidad apenas sentíamos las fuertes sacudidas, la
clave era dejarse llevar por el bus y no pensar mucho.
Después de varias dislocaciones de cuello y otros tantos
codazos involuntarios, algunos menos inocentes entre nosotras, y eso que íbamos
sentadas, me dijo:
-¡Mira!- dijo señalando un chico moreno que estaba sentado al
final del todo con un periódico entre las manos y no paraba de decirle al
teléfono "oiga, oiga, ¿sigue ahí?".
-Sí- dije sin pensar, el chico estaba demasiado bueno como
para necesitar los servicios de una profesional.
-¿Te pillo trabajando?- dijo amable.
-No-dije seca y tapé el teléfono para hablar con Nagu- Ese
cabrón está muy bueno ¿para que necesitará llamar?
-Igual la tiene pequeña y le da corte que se la vea una chica
que pueda decirlo- especuló Nagu.
-¿Eres la de la foto?-
-Capullo- le solté- mira enfrente, a tu derecha, primera fila
del autobús.
-¡Silo!- exclamó mi amiga alarmada.
-No eres como en la foto…- dijo mirando y saludando con la
mano.
-Para de saludarme gilipollas- dije enfadada aunque me hizo
gracia el gesto- Claro que no, te has equivocado de número, ya de paso te diré
que no entiendo que llaméis a esos números, sois despreciables, usando así…
-Ey! Tranquila, ha sido un error, y aunque no tengo porque
darte explicaciones hemos llamado para gastarle una broma a una chica, nada más.
-Eso aun me parece más repugnante. ¿Qué pensabais, dejarla
tirada por ahí?
-Que imaginación tienes…- el chico empezó a reírse y colgó.
A continuación vimos como hablaba con un chico, bastante más
feo, sentado a su lado.
-¡Me ha colgado! ¡Que capullo!
-Silo, tienes que reconocer que has sido muy borde.
-Pero yo soy así- protesté.
-Hola- y de repente lo teníamos enfrente, mirándonos con sus
ojazos oscuros, de forma cortés y tranquila, y me asusté.
Había arriesgado su vida atravesando el autobús en marcha,
bueno ir en el autobús ya era arriesgarla.
-Me llamo Rabjo y lo siento si os habéis hecho una idea
equivocada de mi- se giró a su derecha siempre aguantándose en la barra metálica
del bus con una mano- este es Liran- dijo señalando al chico feo que tenía más
problemas para mantenerse erguido.
-¿Y?- dije despectiva.
Parecía desconcertado por el corte.
-Sentimos haberos molestado con la llamada- mi amiga iba a
decir algo pero no la dejé.
-¿Y?- repetí.
-Vamos, no me creo que tu no hayas tenido curiosidad y lo
hayas hecho alguna vez.
-Pues no- dije contundente- no me hace falta llamar a
desconocidos para usar sus servicios.
-No íbamos a usar sus servicios, era curiosidad- dijo
paciente-además, no creo que sea nada malo informarse.
-¿Cómo? ¿Hacerlo con una desconocida, que muchas veces es
obligada?
-Nosotros no íbamos a obligar a nadie, son libres de poner
esos anuncios. Y hay chicos que no lo tienen tan fácil para encontrar una chica.
Tu eres joven y bonita así que no sabes de que hablo.
Nagu intentó disimular la risa al verme enrojecer.
Y me enfadé:
-Eso no es excusa, el físico no lo es todo.
-Muy bien, ¿tendrías algo con mi amigo?
Me quedé parada, me había pillado.
-No le conozco- dije evitando su mirada.
-Perfecto, ¿Qué día te viene bien para quedar con él?
-Ninguno, no quedo con chicos que llaman a desconocidas.
-Él no ha llamado, ha sido su amigo- dijo Nagu mientras la
miraba con odio.
-Déjalo- dijo el chico feo riéndose- no me gustan las bordes.
-Idiota desesperado- le solté.
-No tanto- contestó.
-Haya paz- dijo Rab- bueno, ahora que somos amigos aclararé
las cosas del todo, soy gay, así que puedes respirar tranquila.
En mi cabeza todo empezó a encajar, era demasiado guapo para
ser hetero, solo trataba de ayudar a su amigo.
-Y tengo que decir en defensa de mi amigo, que yo si saldría
con él pero desgraciadamente es heterosexual.
Su amigo enrojeció.
Me pareció detestablemente honesto y buena persona, menos mal
que ya habíamos llegado a la universidad.
A partir de ese día empezamos a encontrárnoslos en el bus y
no nos quedó más remedio que hacernos amigos.
Tenía mucha paciencia con mi mal humor, cosa rara en un tío.
Y su amigo descubrí que para lo feo que me había parecido
ligaba bastante, todo porque era divertido.
Quedábamos en los descansos y pasó lo que esperaba, Nagu y el
chico feo, que se llamaba Risto, empezaron a salir y en una semana se
transformó, eso no lo esperaba.
Se alisó la maraña de cabellos rubios y empezó a llevarlo
detrás de la oreja dejando ver su cara que tenía unas facciones bonitas y
marcadas, se puso lentillas dejando ver los ojos azules que las gafas tapaban,
se afeitó, comenzó a andar más erguido y adelgazó unos quilos. Me dio envidía y
todo, tan felices los dos, pero esto me alejó un poco de Nagu.
Tuve que buscarme otra mejor amiga: Rabjo, que asumió
encantado su nuevo papel.
Nos tirábamos en el césped de la universidad uno al lado del
otro y él me acariciaba la larga melena morena y ondulada que siempre llevaba
suelta, me escuchaba pacientemente y a veces me dormía despertándome abrazada a
él, un poco confusa y sonrojada.
A él le costaba mucho contarme cosas sobre si mismo o su
familia.
Cuando llegó una semana de vacaciones planeamos irnos de
camping.
Como era de esperar por la noche Nagu y Ris se metieron en
una tienda de campaña y nosotros en otra. Cada uno en su saco de dormir y le
pedí a Rab que me abrazara.
Lo hizo como muchas otras veces que se lo había pedido y se
rió mientras decía que para lo fiera que era luego era un peluche.
Le pegue en broma sin poder evitar reírme.
Empezamos hablando de lo que estaría haciendo la parejita de
la otra tienda y acabé contándole mis intimidades.
Cuando le pregunté sobre él, evitó el tema.
Insistí molesta por su falta de confianza, al ver que no era
correspondida se lo eché en cara.
-Creo que ha llegado el momento.-Suspiró- Te voy a contar
algo y te vas a enfadar mucho, mucho, mucho…- susurró a punto de desvelar un
secreto.
-Prueba- dije emocionada.
-No soy gay.
-¡¡¡¿¿¿Qué???!!!- grité mientras un frió glacial me subía por
la espalda, la cara se me encendía y un nudo me encogía el estómago.
-Tranquila, no me gustas- dijo intentando tranquilizarme al
ver que trataba de desasirme de él.
Los músculos se me agarrotaban y su abrazo se me hacía
insoportable.
-¡Me has mentido!- chillé tratando de desembarazarme de su
abrazo, pero a pesar de estar delgado sus brazos tenían más fuerza de la que yo
creía- ¡Suéltame, joder!- grité y grité hasta quedarme agotada.
-Sí, claro, no voy a soltarte que te conozco demasiado bien y
me matas– fue lo ultimo que escuché antes de dormirme.
Al despertar no recordaba donde estaba, entraba algo de
claridad a través de la tela de la tienda de campaña, apenas estaba amaneciendo.
Me senté y pronto recordé la discusión de anoche y la furia volvió a llenarme.
Le aparté de un empujón, ya que seguía abrazado a mi, de
forma que se despertó.
Ví su mirada de desconcierto al otro lado de la tienda,
mientras intentaba pensar algo coherente que decirle.
-¿Sigues enfadada?- dijo confuso empezando a reaccionar.
-¡Por supuesto!- chillé con voz ronca- eres un cabrón.
- Lo siento, no te vayas- suplicó.
-Estamos en mitad de un bosque, ¿Dónde quieres que me vaya?-
giré llena de ira que se iba acabando y trataba de recargar- él que se va eres
tu.
-No quieres que me vaya- dijo acercándose de a cuatro patas.
-¡No te acerques!- no me hizo caso- Quiero matarte. Confiaba
en ti, te lo contaba todo y tu me has engañado, eres… agg, te..
-quiero- acabó la frase por mi mientras estaba tan cerca que
traté de empujarlo.
-¡No! Te odio- le dije confusa mientras él me tenía cogida
por las muñecas y notaba su pulso acelerado como el mío.
-Te quiero- dijo dejándome perpleja sin saber que decir.
-No te creo- dije tratando de apartar la mirada de esos ojos
oscuros.
-No me gustas, me encantas, te deseo, me temblaban las manos
cuando estaba contigo por miedo a que descubrieras mis sentimientos.
-¿Por qué me mentiste?
-Al conocerte creí que eras una estúpida engreída-dijo para
besarme a continuación, pero le mordí.
-¡Ay!-dijo apartando la cara pero cogiéndome aun con más
fuerza, entonces le clavé las uñas y volvió a besarme para volver a morderle-
ay.
-¿Eres masoca o qué? ¡Déjame!
-No quiero dejarte, te quiero- su convicción me hacía temblar
despertándome sentimientos contra los que luchaba. A parte notaba cierta dureza
entre sus piernas.
Nuestros labios se rozaban mientras sus ojos seguían
perforándome con un brillo de pasión que me daba miedo porque sentía ganas de
dejarme arrastrar por ella.
Me soltó una mano para ir a acariciar mi espalda, justo mi
punto débil así que clave las uñas en la suya.
-Cabrón, ¡Para!-exigí sin apenas convicción, mientras un
escalofrío de placer me recorría el cuerpo, al sentir sus caricias mientras mis
uñas se clavaban en su piel, pero ya no con odio sino por excitación.
Giré la cabeza y la dejé apoyada en el suelo, él empezó a
besarme el cuello y un calor agradable me subió por las piernas inundándome
toda.
-¿Seguro?- preguntó susurrándome al oído.
-¿Seguro qué?- pregunté confusa notando la piel de gallina.
-¿Qué sientes?- dijo acariciando mi oreja con sus labios.
-No lo se, rabia, déjame…-dije jadeando.
-Se que me quieres, aunque seas demasiado orgullosa para
admitirlo.
Indignada le solté un bofetón.
-Tu no sabes lo que siento- dije con furia renovada.
-Pues deja de tratar de odiar a todo el mundo y deja de
mentirte respecto a lo que sientes, te quiero.
-Tu deja de decir que me quieres. Tu eres el que mientes.
-Mentirte fue un error y lo reconozco. Perdóname, no sabía
que iba a enamorarme de ti.
¿Por qué te molesta que te diga que te quiero? No puedo
evitarlo. ¡Te quiero!
Siguió acariciándome y besándome sin parar, mi cuerpo no
podía evitar responder a sus caricias y mi mente empezaba a nublarse dejándose
llevar por ese torbellino de placer.
-¿No te estarás excitando?- preguntó.
-No- dije tratando de mantener la respiración calmada o al
menos aguantarla para no jadear.
-Vamos a comprobar si tu también mientes- dijo para a
continuación besarme apasionadamente, metiendo una mano entre mis piernas, por
dentro del pantalón y la braguita. Tenía todo el sexo depilado y sus caricias me
hicieron enloquecer, cuando sacó la mano tenía los dedos completamente
empapados.
Estaba tan cachonda que me dejé llevar.
-Fóllame- gemí.
-Como desees-dijo acariciándome con su voz.
El saco en el que dormíamos juntos estaba ya totalmente
abierto y echo un barullo de arrugas.
Me quitó el pantalón y las braguitas mientras besaba mi
cintura.
Luego desnudó mi pecho y lo colmó de suaves caricias.
Su pantalón ya no estaba y pronto se quitó el bóxer para
dejar ver su miembro cosa que me excitó bastante. Le hice tumbarse y me
introduje su pene de golpe.
-¡Sí! ¡Fóllame!- le grité mientras le cabalgaba y sus
profundos ojos me penetraban de forma que mi deseo aumentaba.
Su ritmo se hacía cada vez más rápido y violento, cogiéndome
por la cintura para controlarme. Entonces sin saber como me hizo rodar para
quedar debajo de él.
-Quiero hacerte el amor- dijo haciéndome cerrar los ojos para
no perder el conocimiento, de la impresión al sentir que el ritmo se hacía más
lento y profundo- quiero que sientas como te penetro con suavidad, que me
sientas dentro y me digas que me deseas, como cuando me acariciabas el pelo y yo
te decía con mi mirada que te deseaba y parabas como adivinando mis
pensamientos. No puedo dejar de mirar tu belleza, tu rostro en éxtasis, como
cuando duermes. Estás preciosa.
Notaba su sudor y olor embriagándome, mis labios buscaron su
cuello para morderle con suavidad. Pero me obligó a mirarle. Esos ojos me
llegaban muy a dentro, haciéndome vivir una pasión más fuerte. Sin poder
evitarlo llegué al orgasmo.
-Te quiero- susurré mientras una descarga recorría mi cuerpo
haciéndome arquear la espalda y entre abrir la boca. Entonces él siguió
acelerando el ritmo. Noté como se excitaba al verme llena de placer y se corría
dentro susurrando un "te quiero".
Se desplomó sobre mi, sentir su calor me adormecía y su olor
me hacía sentir calmada y feliz. Se puso a mi lado mientras ya estaba casi
dormida y me tapó con lo que quedaba del saco de dormir.
-Descansa mi amor. Por fin podré explorar tu cuerpo y hacerte
sentir tanto placer que no querrás separarte de mi, seguiría haciéndote el amor
pero quiero que estés consciente- dijo besándome en la mejilla mientras me
abrazaba