El trío de Clarita
"¿Lista para disfrutar a dos tipos?" Clarita se pegó más a mi
cuerpo. "Sí Dina, quiero tenerlos ya, coger sus vergotas, meterlas en mi boca y
chuparlas sin parar", -me respondió con placer evidente. "Entonces ve y goza
amiga. Es tu fiesta", - le dije mientras imaginaba como sería John y pensaba
cual de los juegos de ropa interior nuevos me pondría para estrenar mis joyas
hoy. (Ver relato "Después del trío viene…la calma?. Y
las demás entregas de la secuencia en orden: "Clarita la inquilina" y
"Entrenando para el trío" (categoría bisexual) "El trío apenas comienza", "El
trío en acción" (categoría tríos) y "Anales de clarita y yo"). Clarita me miró
intrigada y coqueta.
- Puede ser nuestra fiesta, si tu quieres, -me dijo
acariciándome la cara con sus manos. La besé en su boca hermosa y me deleité
recorriendo sus labios con mi lengua y metiéndola y sacándola de su boca.
- Eso lo se amiga, -le dije- pero no me siento cómoda sin
saber quien y como es John. En cambio tú ya sabes como son ambos hombres. Los
has probado ambos.
Ahora era ella quien jugaba con su lengua en mi boca.
- Te entiendo perfectamente, pero no dudes en entrar en
acción si te decides", -me respondió con una amplia sonrisa.
Todavía con nuestros cuerpos muy unidos por el jugueteo, le
dije:
- De eso no te quepa la menor duda, amiga. Si me decido,
haremos el concurso de cual de las dos es la más puta y que ese par de hombres
elijan.
Ambas soltamos la carcajada al unísono.
- Estoy superexcitada nena, -me dijo ella apretándose más a
mí, - mira tu misma. Y cogiendo mi mano derecha, la llevó por debajo de la falda
hacia su entrepierna. Palpé por encima de los calzones. La tela estaba húmeda y
se sentía el calor y la lubricación excesiva que emanaba de su sexo.
- Mmm, muñeca estás lista, -atiné a decirle. Sin dejar de
mirarla moví mi mano con la palma abierta y hacia arriba sobre su sexo. La
empujé contra la pared y Clarita cerró sus ojos y gimió un poco. "Te voy mandar
más lubricadita", -le dije arrodillándome ante su cuqui. Le levanté la falda,
corrí el panty hacia un lado y lamí con delicadeza su cuca. Ubiqué prontamente
con mi lengua su clítoris, tarea fácil por lo hinchado que estaba. Era claro que
reclamaba atención y mi lengua se apresuró a prestársela. Ella empezó a mover su
cintura y a presionar mi cabeza con sus manos. Sus líquidos fluían sin control
hacia mi boca, donde mi lengua y labios los recogieron con avidez. La presión de
sus manos sobre mi cabeza y la fuerza de sus movimientos pélvicos me indicaron
que estaba al borde de un orgasmo. Intencionalmente me detuve. No quería que se
viniera. Quería que entrara a la sala donde estaban esperándola, muy excitada.
Me retiré de su sexo, le arreglé los calzones poniéndolos en su sitio y le bajé
la falda.
-¿Por qué me haces eso? ¿Por qué paraste?, -preguntó Clarita
en un tono de reproche y de súplica. Por toda respuesta, la besé en la boca
introduciendo mi lengua en su boca.
- Porque quiero que llegues arrechita a tu fiesta, nena,
-dije con firmeza.
Salimos ambas de mi alcoba cogidas de la mano hacia la sala
donde estaban Germán y John conversando animadamente y esperando. Germán había
puesto música muy suave y había alcanzado a servirle un vaso de whisky al
invitado. Yo estaba muy intrigada por conocer a John. Finalmente, de él
dependería que yo me uniera a la fiesta. ¿Qué pasaría si…? ¿Qué tal que fuera
así o asa? Y surgieron en centésimas de segundos decenas de preguntas a las que
no tenía respuesta. "¿Y si era poco agraciado pero bien dotado, me uniría al
trío?" "¿O si por el contrario, era guapo e inteligente pero mal dotado?" "¿Y si
el tipo era un perfecto imbécil pero bien dotado y bueno en la cama?". En fin.
Llegamos a la sala y Germán siempre galante, se levantó al vernos llegar. No así
John. De entrada, perdió un punto. Permaneció sentado mirándonos a las dos con
cara de tonto. Tenía la boca abierta y los ojos de par en par con una rara
mezcla de asombro y estupidez. Hice que Clarita se adelantara y Germán la cogió
por el talle y la besó en la boca con pasión.
-Estás espectacular muñeca, -le dijo y la colocó en frente de
John. - Mira que hermosura, -le dijo Germán a John. Clarita puso las dos manos
en su cintura y se movió coqueta y provocadoramente, meneándose con calculada
lentitud. Inmediatamente, Germán me abrazó y me presentó.
- Y esta mujer divina es Dina, mi amada, quien será la
encargada de filmar esta reunión, -dijo. Le dirigí una flamante sonrisa y un
"hola como estas" a la vez que le tendí la mano para saludarlo. John se levantó
como un resorte y me recibió el saludo. Era más alto que Germán, muy delgado
para mi gusto y se esforzaba en no parecer tan desgarbado. Su voz no me
conmovió. No apretó mi mano. Detesto los hombres que cuando saludan a una mujer
no aprietan la mano sino se limitan como a rozarla. Otro punto perdido. Con
Clarita si fue distinto. La abrazó con decisión y la tomó por el talle pegándola
hacia él con fuerza. La besó en la boca y ella se abrazó y se pegó a él. Sin
ningún recato mi amiga llevó una de sus manos hacia la entrepierna de él y
exclamó: "Mmm, ya estás listo", -y le sobó el bulto que se hizo evidente en su
bajo vientre. Germán se hizo detrás de ella y le pidió a John que se sentara.
Así lo hizo y Germán aprovechó para empezar a sobar su miembro, que noté a todas
luces erecto, contra el trasero de Clarita.
- Como me has hecho de falta putita, -dijo John.
- ¿Así que desde la "U" era toda un puta?, -preguntó Germán a
la vez que le sobaba las tetas y le desabrochaba la blusa. Mi amiga sonreía
complacida por la conversación a la vez que presionaba su culo contra el tolete
de Germán y con sus manos jugaba acariciándose las piernas muy lentamente por
debajo de su falda. Mi lado morboso me obligaba a quedarme y participar.
- Así es, viejo. Esta mujer desde la universidad le gustaba
el sexo duro, -afirmó John, quien se sobó el pene por encima del pantalón. - Era
la mejor mamadora de toda la facultad de comercio exterior", -continuó John
complacido. Clarita sonreía de manera pícara como queriendo confirmar que lo que
decía su amigo era cierto. Buscaba la boca de Germán con ansías y él le había
quitado la blusa y puede notar sus pezones a través de la tela del brassiere,
que empujaban hacia fuera intentando liberarse de aquella prisión de tela. Las
manos de ella continuaban por debajo de su falda en un juego provocador que
hacía que John no despegara la mano de su paquete y su vista de las piernas de
Clarita. Debo decir que la escena me tenía alborotada y muy a mi pesar, me moví
hacia el trípode donde estaba la cámara instalada.
Decidí bajarla de allí y tenerla en mi mano para poder filmar
primeros planos con libertad. Me moví hacia el sofá quedando de pie al lado de
ambos hombres. Enfoqué la cámara y empecé a filmar las manos de mi amiga sobre
su cuerpo, hice un acercamiento a sus pezones que Germán se deleitaba en sobar
con sus dedos porque había logrado liberarlos de su encierro al correr las copas
del brassiere hacia abajo. Hice un paneo gracias al cual pude ver que John se
estaba abriendo la cremallera. Quería liberar su miembro del encierro. Pasé
saliva y enfoque con detalle la maniobra de John. Yo me encontraba tan caliente,
que si ese pene que pugnaba por salir era de mi agrado, adiós filmación y
entraría a la fiesta en pleno. Pero apresuradamente, Clarita como pudo se zafó
de Germán y se sentó al lado de John. Invitó a Germán a que se hiciera al lado,
quedando ella en medo de los dos. Me moví al frente y coloqué de nuevo la cámara
en el trípode. "Es mejor tener las manos sueltas, por si acaso", -me dije.
Continué filmando. Mi amiga estaba imponente.
Soberbia y muy provocativa. Se recogió el pelo con una
bamba dejándolo caer en una cola de caballo perfecta. Yo la miré sorprendida
porque con el pelo suelto ella se veía hermosa.
- "Es que no quiero que cuando esté mamando las vergas de
estos señores, se me venga el pelo a la cara, - me dijo sonriendo al adivinar mi
expresión –,además, porque quiero que se me vea bien la cara cuando me estés
filmando en esos menesteres. Celebré su comentario con una carcajada a la que se
unieron los señores. Dicho esto, separó sus piernas con inusitada decisión. Hice
un acercamiento para ver su chocha y pude captar perfectamente como la mano de
Germán empezó a abrirse camino hacia su entrepierna, liderada por
su dedo mayor que se paseaba impunemente por encima del panty, recorriendo de
arriba abajo y de lado a lado, ese pedacito de tela que trataba sin éxito de
contener ese sexo que ya se desbordaba hacia la mano ágil de él. John muy a tono
con la situación, chupaba con fruición el pezón más cercano, a la vez que su
mano libre intentaba torpemente desabrochar la prenda.
Germán tomó el pezón libre con su boca y también empezó a lamerlo y chuparlo sin
descuidar la labor manual en la cuqui de Clarita. Me esforcé por mantenerme en
mi puesto porque lo que estaba registrando con mi cámara solo lo había visto en
películas porno. Hice un acercamiento que me permitió ver la mano de Germán en
la cuqui de mi amiga y las dos bocas de ellos en sus tetas. Clarita con la
cabeza echada hacia atrás, mantenía los ojos cerrados, expectante, y sus manos
presionando la cabeza de cada uno contra sus tetas. De pronto, ella se giró
deliberadamente hacia John y comenzó a besarlo en la boca y a jugar con su
lengua en la boca de él. Germán por el movimiento que ella hace, le soltó el
pezón y se acomodó en el suelo, de rodillas en medio de las piernas de ella.
Clarita besaba a John y al tiempo le acariciaba el pene por encima del pantalón.
Por el prominente bulto que se formaba, era claro
que no solo estaba en erección total sino que era grande. Ella habilidosamente
pudo sacarle su pene y me lo mostró.
Yo no dejaba de filmar ningún detalle. La verga de John era
larga y gruesa. De enormes proporciones lo que la hacia provocativa. Clarita
sabía que yo no me estaba perdiendo detalle tras la cámara y sobaba esa verga
hacia arriba y hacia abajo, haciéndola parecer más grande cada vez. Mi amiga
miraba la cámara pero yo sabía que esa mirada era para mí.
- Quiero que sientas envidia, pero de la buena, -me dijo con
una sonrisa esplendorosa. Sin dejar de mirar la cámara, dirigió su cabeza hacia
la verga de John y abrió la boca bien grande, para tragar ese tronco todo, con
suavidad. Lamió con deleite la cabezota que se tornó cada vez más brillante por
la mezcla de la saliva de ella y la savia que en gotas pequeñas, salía de ese
tronco que se me antojaba cada vez más duro. Ella lamía el tronco y besaba y
chupaba la cabezota, para después dejarlo entrar mansamente hasta el fondo de su
boca, de su garganta. El acercamiento que hice con la cámara me permitió casi
sentir los latidos de esa vergota, mientras Clarita con su lengua jugueteaba por
toda la superficie. Lo mamaba con pericia, con la perfección que dicta la
experiencia, el conocimiento. Yo no dejaba de grabar. Esa verga se perdía en la
boca de ella, entraba y salía, lo hacía rapidito unas veces, muy lentamente
otras. Y volvía a mirar a la cámara, es decir a mí, con coquetería, con
provocación. Se relamía los labios que aparecían cada vez más brillantes. La
cara de ella reflejaba un placer supremo, único. Sus mejillas estaban sonrojadas
y sus ojos expresaban el gusto que estaba sintiendo. Estaba congestionada y su
respiración algo agitada. Lo que Clarita reflejaba en su rostro no solo era el
placer de estar dando placer. Era el placer de dar y recibir simultáneamente
porque Germán que estaba arrodillado en medio de sus piernas no había dejado de
recorrerlas con sus manos y boca.
Mi sexo estaba lubricando de manera excesiva cada minuto y
obviamente la humedad en mi ropa interior se hacia cada vez más inaguantable. Y
ni que decir del calor que sentía desprenderse de mi entrepierna y que
claramente sentía subirme por todo el cuerpo y proyectarse en mi rostro, en mis
pezones, en mis ojos, en mi boca. Estaba tanto o más excitada que Clarita.
En una maniobra sorpresiva, ella se separó de John, le
miró a los ojos, le volvió a besar en la boca y tomó la mano de él y se la puso
en su verga. Ella cobijó con su mano la mano de él y la movió con delicadeza de
arriba abajo.
- Ahora sigue tu solo. No dejes de hacerlo hasta que yo te
diga, -le dijo firmemente. Acto seguido le dijo a Germán que se sentara de nuevo
al lado de ella. Obediente, mi amante se sentó a su lado y fue el receptor de un
beso apasionado al que noté que correspondió con fuerza y deseo. Con destreza le
bajó el pantalón, los boxers y saltó meneándose de un lado a otro el imponente
mástil de Germán, con signos de avanzada humedad porque su glande lo observé
deliciosamente brillante y una diminuta y muy reluciente gota de semen empezaba
a rodar hacia su tronco. Clarita con una inocultable cara de placer agarró
complacida esa verga. Me miró y se relamió la boca y empezó el maravilloso
ritual de chuparle ese poste cuyas brotadas venas parecían querer estallar. A
medida que se metía ese tronco en su boca, me miraba a mí, a la cámara, en un
claro gesto de provocación. Instantes después, hizo que Germán empezara a
masturbarse.
Luego se levantó y sin dejar de mirar a la cámara, empezó a
moverse suavemente al ritmo de la música. Estaba dándoles la espalda a ellos.
Clarita a estas alturas solo mantenía puestos la pequeña falda, las medias
veladas negras, el panty y los zapatos. Su torso completamente desnudo enseñaba
sin pudor ni recato unas tetas firmes y turgentes coronadas por unos pezones que
erguidos por la excitación, apuntaban insolentes hacia mí, hacia la cámara. Se
giró hacia a ellos, siempre bailando al son de la suave música que llenaba la
sala, y la exposición de sus pechos hizo que las manos de cada hombre aumentaran
la intensidad de sus movimientos en sus penes. Yo intentaba filmar todo, los
pajazos de ambos tipos, el baile de mi amiga, pero definitivamente la
sensualidad de ella enfocó la atención de todos los presentes. Clarita movía sus
manos por sus piernas acariciándolas con sensualidad a medida que subía con
lentitud la pequeña falda azul hasta el borde del encaje de las medias, que le
llegaban a medio muslo, dejando entrever algo de piel, para después dejar caer
la falda que por su mismo corte angosto y la separación que ella hacia
premeditadamente de sus piernas, caía muy lentamente haciendo que este
movimiento nos quitara el aliento a los hombres y a mi. Girando sobre si misma y
al ritmo de la música, jugaba con sus manos sobre la falda subiéndola más con
una mano que con la otra y luego cambiaba, en un juego de seducción y
provocación manejado con elegancia. Pronto nos permitió ver por escasos
instantes las diminutas tiras laterales de su pequeña tanga. Maravillosa pero
fugaz visión porque soltó la falda de sus manos que nuevamente empezó a
resbalarse por sus hermosas piernas y aceleró el movimiento rítmico de los
hombres en sus herramientas. Colocó sus manos en la cintura a manera de jarra y
empezó a girar la cadera cadenciosamente. Mirando hacia la cámara, hacia mí, se
inclinó hacia delante y subió la falda hasta la cintura, dejando la maravillosa
vista de su trasero a esos dos hombres que como hipnotizados, continuaban
masturbándose sin parar. Yo bajé la cámara del trípode y me moví con la cámara
hacia el sofá donde estaban ellos para poder registrar ese trasero que se
ofrecía abiertamente a todos los presentes. Clarita, así inclinada, movía el
culo en círculos conciente de lo que estaba causando en nosotros. La diminuta
tira del panty negro se perdía en la línea estrecha que separaba ambas nalgas.
Ella puso sus dos manos en las nalgas y las separó. Mi corazón latía fuerte y
mis manos se esforzaban en mantener firme la cámara. Hice un acercamiento y pude
ver perfectamente los pliegues de su ano y los labios de su cuca brillantes por
la humedad. Mi sexo ardía y sentí como gotas de mis líquidos sexuales rodaban
por mis muslos, hacia las medias.
Clarita se irguió y con cuidado cogió la cremallera de la
falda y la abrió. Sin dejar de mover sus caderas, y todavía de espaldas, soltó
la falda de sus manos para que cayera y la prenda se deslizó completamente a sus
pies, dejándonos ver su espectacular culo apenas cubierto por el hilo dental
negro. En este momento dejó de bailar y se quedó quieta, con los brazos sobre su
cabeza. Separó las piernas con lentitud y sacó su trasero hacia atrás pero sin
inclinarse. La vista que mi amiga nos ofrecía proyectaba sensualidad y erotismo
sin límites; la estrechez de su cintura contrastaba enormemente con su culo y
sus hermosas y paraditas nalgas. Germán y John continuaban embebidos masajeando
sus enormes vergas en forma vigorosa, como reacción natural al espectáculo que
estaban contemplando. Clarita se dio la vuelta poco a poco, miró a los dos
hombres con los ojos encendidos de pasión y exclamó con la voz algo ronca por la
excitación:
- Esta es mi noche, y me van a dejar hacer lo que yo quiera.
¿Esta claro? -ordenó ella con firmeza. Los hombres asintieron sin dejar de mover
sus manos.
- Tu podrás hacer lo que quieras pero sin olvidar que eres
nuestra zorrita, - dijo Germán buscando agregar más picante a la situación. Mi
amiga le mandó un beso en el aire y se acercó para sentarse entre ambos tipos.
- Soy su puta, - gimió ella. Yo me moví para quedar al frente
de este trío. Inmediatamente, ella alargó sus manos y agarró los miembros
enhiestos y húmedos de ambos hombres y empezó a masturbarlos. Clarita cerró los
ojos y se mordió los labios mientras masajeaba con pericia ese par de troncos.
John tomó entre sus manos uno de los pezones de ella y empezó a masajearlo a lo
que la mujer respondió con un suspiro; Germán simultáneamente la besó en la boca
a la vez que su mano acariciaba la chocha por encima del panty, lo que provocó
una nueva reacción de placer en ella.
Se logró zafar de ambos, se subió al sofá y se colocó en
cuatro patas como perrita, con su cabeza en dirección a John y con clara
intención de mamar su verga. El trasero le quedó orientado hacia Germán y separó
las piernas, invitándolo a que la aprovechara mientras ella se dedicaba a su
tarea oral. John sin levantarse se despojó de su ropa quedando completamente
desnudo. Germán se ubicó de rodillas detrás de Clarita, logrando llevar su cara
justo al frente de sus primorosos agujeros. Acerqué la imagen para ver como la
lengua de mi amante acariciaba con su lengua la vulva de mi amiga por detrás.
Los gemidos de John hicieron que enfocara la cámara hacia su cara que mostraba
una extraña mueca por el placer que le producía la suculenta mamada que Clarita
le estaba dando. Enfoqué la mamada con un close up en donde pude apreciar
con claridad la calidad del trabajo que estaba haciendo mi amiga. La tragaba
toda y la volvía a sacar reluciente una y otra vez. Paraba y masajeaba el tronco
con la mano mientras su lengua disfrutaba recorriendo el glande para terminar
rodeándolo con su boca sin que la mano dejara de moverse. Yo sencillamente
pasaba saliva. Quería dejar la cámara en el trípode y masturbarme en uno de los
sillones. Estaba segura que con que medio me tocara o rozara mis panties con mis
manos iba a estallar en un orgasmo sublime. Me llamó la atención que Germán
había cambiado de posición y estaba boca arriba debajo del compás que formaban
las piernas de Clarita. Así como estaba él yo podía apreciar su enorme verga.
"Mmm, me puedo sentar sobre ese tronco y metérmelo hasta el fondo", -pensé de
inmediato. Pero no me atreví porque también me excitaba ver. Intrigada me moví
hacia allí para enfocar la labor de él, y entendí por lo que estaba viendo, que
esa era la mejor manera de llegar al clítoris de ella. Hice un acercamiento que
me permitió ver en detalle como la tirita del panty que separa las nalgas estaba
totalmente abierta, gracias a que el modelo de esa tanga permitía que esa tira
tan delgada se separara en dos tiritas. La lengua de él se había abierto paso a
través de la separación de la tirita y pude apreciar como rodeaba y envolvía el
clítoris en movimientos cortos y precisos, que a juzgar por el incesante
movimiento de caderas de Clarita, la estaba conduciendo a un orgasmo. Germán
rodeó con sus labios esa pepita rosadita y paradita y empezó a chupar. Clarita
no pudo evitar soltar la verga de John y dejar escapar una exclamación de
placer.
-Méteme tu vergota, -gritó casi ahogada por el placer-, la
quiero toda bien adentro de mi cuca.
Germán se levantó y colocando ambas manos sobre las nalgas de
ella, las separó y jugó con su cabezota en la entrada hasta que la penetró con
suavidad y sin dificultad por lo excitada que estaba. Clarita seguía con los
panties puestos como es deseo de Germán. Yo no perdí detalle y estaba segura de
que había logrado unos primeros planos espectaculares. Esa verga abriéndose paso
entre los pliegues íntimos de mi amiga había quedado perfectamente filmada. Ella
empezó a mover sus caderas, indicando que quería movimiento y Germán comenzó a
bombearla con fuerza.
- Muy bien putita, -dijo Germán-, para esto entrenamos hoy,
¡te has sincronizado perfectamente con ambas vergas! Clarita gemía todo el
tiempo por la fuerza de las embestidas de mi amante aunque con la boca llena por
la enorme verga de John. Y en honor a la verdad, parecía una consumada actriz
porno. Clarita era una lubricada máquina de sexo que disfrutaba cada centímetro
de verga que le estaba entrando. Y lo que era evidente es que los movimientos de
una u otra forma los controlaba ella. Germán arreciaba las embestidas si notaba
que Clarita arreciaba la mamada a John. Estaban los tres disfrutando sexo de
primera. Aunque debo decir que los cuatro, porque yo como observadora estaba
gozando.
- ¿Me darás tu lechita en mi boca? ¿Si? ¿Dime, me dejarás
tragarme todo esa lechita? –preguntó Clarita a John, mirándolo coqueta entre
jadeos.
- ¿Te gusta mi verga, verdad puta? – respondió John y tomando
su instrumento empezó a paseárselo por toda la cara de ella lo que produjo que
la cabeza de ella se moviera en dirección a la verga para tratar de capturarla
nuevamente.
- SIIIII, me gusta muchísimo tu verga John, dámela, dámela,
-suplicó ella. Germán sabiendo que Clarita estaba al rojo le dio una estocada
fuerte final y sacó su verga, a la vez que le daba una sonora palmada en las
nalgas.
- Pide verga, -le ordenó Germán. Ella siguió moviéndose a
pesar de no tener ya nada adentro.
- Quiero sus vergas, métanmelas fuerte hasta que sienta sus
bolas…… Ahhhhhhhho, - gritó extasiada.
Yo no podía contenerme más. Puse la cámara en el trípode y
desde allí, de pie como estaba y sin dejar de observar este trío, metí mi mano
por debajo de la falda y con la palma de la mano abierta presione mi sexo que
sentí tremendamente caliente y mojado. Con movimientos circulares logré en menos
de un minuto un orgasmo cuyos fluidos traspasaron totalmente la tela del panty y
se abrieron paso hacia mi mano y hacia mis muslos sin control. Pero no me sentía
calmada. La escena de sexo que pasaba en frente mío me impedía descansar.
Clarita se había montado sobre John de frente a él y le ordenó que se deslizara
un poco hacia abajo, hacia el borde del sofá. Ella de rodillas sobre él, separó
la tirita central del panty, cogió la enorme herramienta y la ubicó a la entrada
de su chocha. Luego se dejó caer muy despacio y durante el tiempo que duró la
penetración parecía que ella mantenía la respiración porque cuando tuvo dentro
esa enorme verga, exhaló el contenido de sus pulmones y apretó las nalgas para
acostumbrar su vagina al grosor que la poseía. Inmediatamente comenzó una
cabalgata muy vigorosa y empezó gemir de pasión muy fuerte; hice un acercamiento
a esa verga que entraba y salía del sexo de mi amiga y pude registrar claramente
la excesiva humedad que brotaba literalmente de ambos sexos. Era realmente
increíble. Enfoqué a Germán y a su tremendo instrumento; él estaba de pie junto
a ellos con su mástil maravillosamente erguido a la altura de la cara de ella y
lo movía alrededor de su boca sin dejar que ella lo atrapara.
- Cométela zorrita, demuéstranos porque eres tan putica,
-dijo él y soltó su verga. Ella ágilmente y con algo de desespero, cogió ese
tolete con su mano y lamió sus bolsas (donde había rastros de sus propios
líquidos), chupó los testículos suavemente, lamió el tallo de la enorme verga,
lengüeteó con avidez la cabezota roja, húmeda todavía por la deliciosa mezcla de
los jugos de ella y de él y con garosidad inocultable se la metió a la boca
haciendo un notable esfuerzo para que le cupiera toda la enorme columna.
Clarita se entregó a la cabalgata y a la mamada simultanea
que hacia con placer. Gemía y jadeaba sin temor a ser escuchada. Hice un
acercamiento a la cara de Clarita para registrar su rostro congestionado por el
placer. Después enfoqué la clavada. Las manos de John estaban sobre las nalgas
de ella y él seguía con precisión el ritmo que ella marcaba: permanecía inmóvil
si era Clarita la que subía y bajaba su cuerpo. O era él, el que la pistoneaba
si ella se quedaba quieta. O los dos, frenéticamente sincronizados en un
movimiento perfecto. Hice un primer plano del agujero del culito de ella. Un ano
hermoso que se estremecía con el fuerte sube y baja. Esa gruta estrecha, llena
de pliegues que parecían abrirse y cerrarse y que con cada embestida se abría
más y más. Ella miró a la cámara, a mí, sacó con deleite la verga de su boca y
la lamió sin dejar de moverse como una amazona sobre John. Sin soltar la verga
de Germán y mirándome con provocación, picardía y complicidad, me habló.
- Lámeme el culo, -dijo entre gemidos. Su culo estaba copado
por las manos de John quien al escuchar el pedido de ella, separó ambas nalgas
logrando exponer más ese agujero rosadito a mi vista. La cámara seguía en el
trípode y la enfoqué de manera que captara todos los cuerpos. Me dispuse a
obedecerla con el mayor de los gustos. Clarita se inclinó hacia John mucho más
para dejar su culo más expuesto y facilitar mi labor; quedó totalmente al borde
del sofá. Me arrodillé sobre el tapete, en medio de las piernas abiertas de John
que se quedó quieto. Necesitaba separar más mis piernas, así que me subí la
falda hasta las caderas y me incliné hacia las hermosas nalgas de mi amiga. John
retiró sus manazas de allí y las colocó en la cintura de ella. Clarita seguía en
esa posición montando a John y mamando la verga de Germán. La tira trasera del
panty ya estaba separada en dos y coloqué mis manos en ambas nalgas y las
separé. Ella bajó el ritmo para que pudiera acoplarme con mis manos y mi cabeza
a su movimiento. Cuando lo logré, mi boca cubrió ese agujerito y mi lengua
empezó a rodearlo con delicadeza. Clarita apenas toqué su culito con mi lengua
lanzó tremendo gemido que la verga en su boca no pudo opacar. El olor a sexo,
los jadeos de excitación de los tres, la fuerza y sincronía de los cuerpos en
movimiento, inundaban mis sentidos y aumentaron exponencialmente mi excitación y
la fuerza de mis manos en sus nalgas y la de mi boca contra su culo abierto.
Clarita se clavó toda le verga de John y sin sacarla se movió
circularmente sobre ella, lo cual agradecí, porque me permitió acoplar mejor mi
lengua en su ano, gracias a lo cual la pude penetrar sin mayor resistencia.
Sentí su estremecimiento y como aumentaba la presión sobre la verga de John y la
velocidad de la mamada a Germán. Básicamente seguía las contorsiones de mi amiga
con mi lengua en su culo. Desde esa posición pude apreciar como ella seguía
mamando la vergota de Germán, quien con su mano retiraba algunos pelos que caían
sobre el rostro de ella y que la bamba no alcanzaba a retener. De un momento a
otro, ella empezó a subir hasta que se le salió la verga de John de su vagina.
Como yo seguí el movimiento de ella hacia arriba con mi boca en su trasero,
sentí inmediatamente ese tolete afuera y debajo de mi garganta. Me retiré
pensando que ella o John lo volverían acomodar. Pero ella con maestría se movió
para acomodar esa verga pero por fuera, en medio de sus nalgas y así inició de
nuevo su movimiento de arriba abajo, masajeando con sus nalgas y sus labios
vaginales, ese cilindro que ahora estaba a menos de un palmo de mi cara. Clarita
se sacó la verga de Germán de la boca y sin soltarla de su mano, me miró con una
sonrisa pícara.
- ¿No la vas a aprovechar amiguita?, -me preguntó a medida
que paseaba su lengua por el glande de Germán. Ella acentuó más el movimiento de
sus caderas y pude ver como esas dos nalgas aprisionaban a este adorable
prisionero y como sus labios vaginales se deslizaban a lo largo de este tronco a
medida que ella a su antojo se movía. Obviamente, yo podía observar la verga de
John que se estremecía con el masaje de mi amiga. Estaba empapada desde la
cabezota hasta las bolas. Yo me mordí los labios. Me moví por un segundo entre
la duda y el deseo, entre mis escrúpulos y mi adicción al sexo oral. "Chupar la
verga de un desconocido, ¿de un tipo del cual no se nada?", - pensé. Mis labios
mordidos por mis dientes debían estar ya blancos. ¿Y qué? Se ve limpia y sin
olores raros. Está grande, dura, gruesita y húmeda como a mi me gusta… ¿Cómo
resistirme?", - me dije tomando una decisión inmediata. La muy zorra sabía que
yo no podría resistirme y por eso no se perdía detalle de lo que yo hacía,
mientras ocupaba su boca con la verga de mi amado. Moví mis manos por los muslos
de John y llegué hasta su miembro. Era la primera vez que veía un pene diferente
al de Germán desde que estábamos juntos. Acerqué mi boca hacia sus bolas y
empecé a lamerlas intentando recoger la humedad que las cubría. John se
estremeció intentando incorporarse pero el peso de Clarita se lo impidió. Miré a
Germán. Quería que me viera con la verga de otro hombre. Cruzamos nuestras
miradas: Clara, él y yo. Ella rió complacida y prosiguió con la mamada a la
vergota de mi amante. Cuando me aseguré que él me miraba con placer, tomé la
verga de John y empecé a recorrerla con mi boca, con mi lengua de arriba a abajo
y viceversa. Era definitivamente un tronco duro, que mi lengua afanosamente se
esforzaba por cubrir en toda su magnitud, disfrutando ese calor que se
desprendía y que llenaba mi rostro. Pronto coroné su punta y la recorrí con
lentitud, buscando descubrir y sentir su sabor, su esencia y calor. Estaba
encantada con su dureza, su grosor, pero por sobre todo, porque no era la de
Germán y él me estaba viendo. Tenía su venia para mamar la verga de otro hombre
y eso me enloquecía. Sin poder contenerme más, me la metí toda en la boca. Sin
dejar de mamar esa cosota, miré a Germán desde abajo donde estaba. Su cara
mostraba los signos del morbo y la excitación que le producía ver a su amada con
su boca ocupada con un instrumento que no era el de él.
- ¿Te gusta ver a tu putita mamando verga, amor?, - le
pregunté.
- Te ves divina, -respondió con dificultad pues pude ver como
Clarita aceleró su chupada. -Y que tal lo mama esta puta John?, -le preguntó
Germán.
- Tu mujer es una mamadora neta, viejo, - atinó a decir John
entre jadeos. Complacida y más excitada proseguí mi mamada con verdadera pasión
y el contoneo de John a pesar de tener a Clarita encima, me indicaba la calidad
de mi trabajo.
Cuando practico sexo oral me excito tanto que generalmente
tengo que masturbarme a la par con la mamada que estoy dando. Acomodé mejor mi
cuerpo para que mi mano libre que era la izquierda, pudiera llegar hasta mi
sexo. Llevé mi trasero hacia atrás y separé las piernas. Si hubiera habido
alguien detrás viendo la escena, habría tenido una espectacular vista de mi
culo, toda vez que estaba arrodillada en el suelo, con la falda subida hasta la
cintura y las piernas abiertas. Cuando mi mano llegó hasta mi chocha por encima
del panty, pude sentir a través de la tela la humedad que literalmente tenía
inundada mi cuca y que con las caricias de mi mano, pareciera que hubiera
abierto una llave porque no paraba de brotar de mi sexo, el líquido hirviente
que era la clara muestra del gustazo que me estaba dando. Era una verdadera
fuente de jugos sexuales. Mis dos manos se sincronizaron a la par: una
sosteniendo esa vergota que tragaba con pasión, denuedo y placer. Y la otra
acariciando mi cuca frenéticamente. Frenesí que aumentaba al escuchar los
gemidos y exclamaciones de ambos hombres y los sonidos que hacíamos Clarita y
yo, mamando esos mástiles que ocupaban completamente nuestras bocas. No me pude
contener más y presioné mi sexo con la mano provocándome un orgasmo
descontrolado y delicioso. La verga de John la sentí a punto de venirse, así que
contra mi voluntad me la saqué de la boca y aprisioné la cabezota con la mano,
presionando para que se contuviera. Esa venida era para mi amiga. La fiesta era
de ella. Los dos tipos eran para ella.
- Estoy a punto de explotar. Ya no puedo más. No pares Dina,
-gimoteó John.
- Aguanta un poco más!!!, -le ordenó Clarita. De cualquier
modo, yo ya había detenido la mamada. Mi amiga me miró agradecida. Manipulaba el
tronco de Germán quien estaba haciendo alarde de una resistencia extraordinaria.
- Presiona con tu boca la verga de John contra mi culo, -me dijo ella. Solté ese
pene que latía furiosamente y lo acomodé entre las nalgas de Clarita. Ella movió
el trasero hacia él y yo coloqué mi boca entreabierta a lo largo del tronco e
hice fuerza hacia delante. La verga de John, quedó como un sándwich en medio de
las nalgas de ella y mi boca. Clarita empezó a subir ya bajar sus nalgas
teniendo como eje el tronco de su amigo. Para acomodarme mejor, puse mis dos
manos sobre su culazo y pegué más mi boca contra la verga y las nalgas, las
cuales rozaban mis labios por nuestra cercanía.
- Germán, siento una de las manos de Dina mojada. La muy puta
se debió haber masturbado, -dijo de pronto ella-, así que quiero que chupes dos
dedos de esa mano para que ella me los meta en el culo. Inmediatamente estiré mi
mano izquierda hacia Germán. El bajó del sofá y de pie, a mi lado, se inclinó un
poco y tomó mi mano y la besó, se la pasó por su cara, oliendo y saboreando mi
sabor, sintiendo mi olor. Después se metió los dedos índice y mayor en la boca y
los chupó y lamió con delicadeza. Clarita subió sus caderas más arriba de la
verga de John y ésta por su peso al quedar libre se bamboleó hacia los lados.
- Clávame hasta que sienta tus huevos John, - exclamó ella.
Antes de que él hiciera algún movimiento en ese sentido, yo cogí ese falo y lo
llevé hacia la entrada de la cuca de Clarita. Apenas ella lo sintió allí, se
dejó caer con lentitud con él adentro, escondiéndolo de mi vista hasta que sus
nalgas efectivamente tocaron las pelotas de John. La humedad de Clarita era
impresionante pues cuando empezó el sube y baja, el tronco de John se podía
apreciar brillante, como perlado. Germán seguía inclinado hacia mí chupando mis
dedos. Me levanté y lo miré con deseo. Saqué mis dedos de su boca y me acomodé
para penetrar el culo de mi amiga.
- Alista el culo zorrita, - le dije al tiempo que le daba una
sonora palmada en las nalgas. Mis dedos eran la avanzada. El dedo índice entró
sin mayor dificultad. Ella lo recibió con agrado y pronto sentí como su ano lo
rodeó calurosamente. Lo moví lentamente en círculos buscando relajarla y abrir
espacio para el dedo mayor. Clara seguía moviéndose y esta vez fue Germán quien
le dio otra palmada.
- Quieta zorrita para que recibas más, -dijo él. Esforcé mi
dedo mayor buscando que entrara con cuidado. Ella se quejó un poco, pero pronto
mis dos dedos lograron abrirse espacio y compartir la estrechez de ese agujero.
Clarita movió sus caderas hacia adelante y hacia atrás buscando clavarse con
cada movimiento la verga de John y mis dedos. Cuando sentí que ya el ano estaba
dispuesto, saqué con delicadeza los dedos. Me volví hacia Germán y me arrodillé
ante su vergota. La tenía a la altura de mi cara. Sin pensarlo dos veces la tomé
y me la metí en mi boca.
- Lubrícala bien que va para mi culo, -me dijo Clarita que no
se perdía detalle de nada sin dejar de clavarse el mástil de John hasta las
bolas.
- ¿Y desde cuándo das culo, nena?, -escuché preguntar a John.
- Ayer me iniciaron y me quedo gustando, -respondió ella con
naturalidad. Yo seguía con el tolete de Germán en mi boca. Se lo ensalivé con
placer, buscando lubricarlo más todavía. Quería mantenerlo en mi boca, seguir
saboreándolo, pero mi amiga esperaba. Le dí una última lamida y lo saqué de mi
boca. El se ubicó frente al culito de ella y con sumo cuidado, le plantó una
palmada en las nalgas.
- Levanta el culo para que recibas el placer de dos vergas,
-ordenó Germán. Ella detuvo cualquier movimiento y le dio un respiro a John que
imaginé, debería estar a punto de correrse.
Germán con delicadeza, le separó la tira central del panty y
fue moviendo la cabezota de su verga sobre el estrecho ano que a pesar de
nuestra avanzada, quería volver a su tamaño original. Me acordé que yo era quien
debía filmar y corrí hacia el trípode para desmontar la cámara y no perderme
esta doble clavada. Cuando llegué, él ya le tenía toda la cabezota adentro del
culo.
- Más, más, métela toda sin parar mi muñeco, soy tuya, la
quiero hasta el fondo, -jadeaba Clarita por el esfuerzo.
- Muévete hacia atrás para recibirla a tu gusto, - le dijo
John.
- No quiero moverme yo. Quiero ser ensartada con fuerza,
-dijo lanzando un grito, mezcla de orden con placer. Germán, a pesar de la
tensión en que debía tener sus piernas en esa posición, empujó con firmeza y de
un solo movimiento enterró su verga en el culo de Clarita.
- Ahhahaha! Eso así, así, duro mi muñeco, que a las putas nos
gusta que nos claven duro, -exclamaba ella entre gritos y gemidos. El empezó a
perforar a Clarita por el culo muy vigorosamente, y vi que a John le tomó unos
instantes tomar el ritmo. Me moví alrededor para tomar los mejores planos. Me
asombraron las embestidas de Germán en el culo de mi amiga, porque eran tan
fuertes que lograban el suficiente movimiento de vaivén necesario para que la
verga de John entrara y saliera de la cuca de ella sin mucho esfuerzo por parte
de él.
Hice una toma de la cara de ella. Estaba radiante y muy
hermosa. Sus gemidos entremezclados con gritos y jadeos, le mantenían la boca
abierta. Sus pómulos estaba rojos y ya habían señas de sudor en su frente. La
sentía literalmente en otro mundo. Germán la seguía cabalgando sin compasión. La
tenía cogida con sus dos manos por la cintura.
- ¿Te gusta así, Clara con dos vergas?,-preguntó John.
Enfoqué la cara de ella para escuchar su respuesta.
- Siiii, q…que de….delicia ser penetr…ada por, ahahah!!!, dos
vergas al mismo tiempo", -dijo ella sofocada- "Oh Dina amiga, no sa…sa…bes lo
que te estas per…diendooooo! Ohhhhh, así, así no pa…pa…ren. Solo me falta otra
verga para mamar. Ella dijo esto último conciente de lo que desencadenaba. Lo
dijo mirándome a mí, a la cámara. Ese comentario enardeció los movimientos de
ambos hombres.
- Ufff, esta es mucha puta, - gimió John- no aguantó más, me
vengooo. John al haber escuchado aquello aumentó su ritmo de clavada.
- Si, nene, dame toda esa leche caliente, inúndame toda, bien
adentro, -exclamó ella entre jadeos y convulsiones- eso, así, nene, suelta toda
esa lechita. Clarita debía estar recibiendo sendos chorrazos de semen en su
cuca. Escuchar y ver la proximidad de esos orgasmos me hizo sentir una punzada
de placer en mi cuqui mojadita. Giró la cabeza hacia Germán.
- Más, dame más verga, soy tu puta, muévete, -gritó ella.
Germán aceleró su bombeo con tal fuerza que Clarita no dejaba de lanzar gritos y
por unos segundos tuvo una especie de desmayo provocado por el placer que
sentía, pues después de pegar un tremendo grito inicial, se calló con la boca
abierta y su cuerpo se tensionó por completo.
- Muñeco, tu lechita también adentro, en mi culo, dámela,
todaaaa, te aprieto más para que me la des todaaaa!!,- exclamó finalmente
Clarita. Germán la sujetó con tal fuerza que los dedos de sus manos quedaron
marcados en sus nalgas. Conozco a mi hombre y se cuando se esta viniendo; porque
aunque no gime ni grita, su cuerpo se tensiona y sus estocadas son más profundas
y demoradas y cada estocada final es un lechazo que inunda literalmente la
cavidad donde se encuentre. Además hace una cara que siempre me ha fascinado
ver. Debió haberle inundado el culo a mi amiga porque fueron como cuatro
estocadas finales. Su cuerpo se aflojó y con cuidado sacó del culito de Clarita,
su miembro semi-erecto y se dejó caer en el sofá. Casi inmediatamente se
levantó.
- Voy al baño a lavármela porque ahora cambiamos y yo la
clavo por delante, -dijo riéndose. Ella se sonrió y le dijo que no se demorara.
Permaneció un momento encima de John y yo me moví hacia el frente del sofá para
filmar ese culito. Quería ver como quedaba después de una faena de esa magnitud.
El ano lentamente regresaba a su estrechez y redondez original. Germán regresó
al minuto y se ubicó en su puesto de batalla. Ella se levantó y se colocó en
medio de los dos hombres de nuevo. Se sentó, y observé el movimiento de sus
tetas que subían y bajaban a medida que su respiración se normalizaba, se
acompasaba. Hice un acercamiento a sus pezones que se veían duros y paraditos.
- ¿Cómo me veo nena?, -me preguntó.
- Divina y satisfecha, - le dije. Pude ver a John. Su largo
cuerpo estaba casi desparramado, su enorme pene estaba flácido y su respiración
se esforzaba con lentitud en volver a la normalidad.
Clarita con coquetería se acomodó el panty y se miró las
medias, buscando que estuvieran intactas todavía. Se dejó resbalar hacia el
borde del sofá y abrió las piernas. Hice un acercamiento de su sexo, y pude
descubrir rastros de semen que resaltaban por lo blanco en medio de la tela de
los calzones que eran negros. Pude captar en la parte interna de sus blancos
muslos, varias pequeñas gotas de líquido blanco que viajaban rauda hacia sus
medias y hacia la tela del sofá, y ella con pericia, se las llevó con dos dedos
a la boca. Los chupó con lentitud sin dejar de mirar a la cámara, a mí. Separó
más sus piernas y las colocó cada una descansándolas sobre las rodillas de los
hombres a su lado, de manera que sus pies todavía vestidos con los zapatos
negros, quedaron levantados del suelo. En esta posición tenía yo una vista
completa de su cuqui y a pesar de que tenía el panty puesto, pude ver la humedad
que se agolpaba en su vagina, una brillante mezcla de sus jugos sexuales y el
semen de John. Ella chupándose los dedos todavía, me miró a mí, a la cámara y
luego a su húmeda entrepierna. Era una clara invitación. Me la estaba
ofreciendo. No había necesidad de palabras. En condiciones normales lo hubiera
pensado dos veces. No por ella, sino por John. Pero igual, ya se la había mamado
a él. ¿Qué más daba? Ella como adivinando mis pensamiento, sabía que yo
terminaría con gusto arrodillada entre sus piernas para lamerle esa chocha.
- He tenido un orgasmo memorable. Me siento una reverenda
puta, - dijo Clarita rompiendo ese brevísimo minuto de silencio-, y quiero más,
mucho más. Corrí hacia el baño e hice buches con el enjuague bucal, para limpiar
mi boca, que del culo de mi amiga iba a pasar ahora a su cuca. Al minuto estaba
de nuevo en la sala. A pesar de haberme masturbado dos veces, seguía muy
arrecha. Mi corazón latía con fuerza por la orgía
observada y por la mamada que le hice a John, ahí nomás, tan cerca de Germán y
con su venia. Esa sensación era lo más excitante y me daban más ganas de hacer
locuras. Yo también me sentía más zorra que de costumbre y más aún, cuando
todavía sentía en mis labios el sabor de la verga de John y eso me daba una
satisfacción sorprendente y avivaba más mi morbosidad. Clarita eestiró
ambos brazos a lado y lado para abrazar a sus dos machos.
- Puta, putita tendrás más, ya verás. He conocido pocas
zorras a las que le guste tanto la verga, como a ti. ¡Eres putísima!!!, - le
dijo John a Clarita. Ella coqueta, le respondió con una hermosa sonrisa y sin
dejar de mirarlo a los ojos, separó un poco más sus piernas, invitándolo. La
mano de John no se hizo esperar y comenzó a jugar haciendo círculos con sus
dedos en sus muslos, sobre las medias, llegando hasta el encaje que las sostenía
y subiendo hacia la piel descubierta. Era una caricia suave y bien dirigida. Mi
amiga, atrapó esa mano y la llevó a su boca. Le pasó la lengua por toda la palma
de la mano, luego tomó dos de sus dedos y los introdujo en su boca. Clarita los
metía y los sacaba como antes lo había hecho con su pene. Yo mientras tanto, me
arrodillé en medio de sus piernas abiertas generosamente. Los hombres al verme
allí, pusieron sus manos sobre las rodillas de ella, para inmovilizarla, lo que
le elevó el trasero al instante. Me subí la falda hasta la cintura para estar
más cómoda y mostrar mi culo a la cámara. Moví mi boca y mis manos por sus
muslos. A medida que avanzaba hacia su cuca el olor inconfundible del sexo de
hembra y el semen inundaron mi olfato. Aspiré con placer. Aprovechando que ella
tenía sus caderas levantadas, coloqué mis manos en sus nalgas para poder
presionarla hacia mí. Con unas ganas indescriptibles, llevé mi boca hacia su
sexo que me esperaba, que me invitaba. Pasé mis labios por encima del panty y
ella se estremeció. Elevé mis ojos desde allí y pude ver a Germán y a John
chupándole sus pezones que erguidos como estaban, no podían resistir el paso
decidido de sus lenguas expertas que los envolvían una y otra vez.
Clarita tenía la cabeza echada para atrás y con sus manos
presionaba las cabezas de ambos machos hacia sus tetas. Sabiendo que mi boca
estaba ahí, a un centímetro de su cuca, elevaba la cadera como queriendo que me
la comiera ya.
- Oohohoh, sigan, cómanme, chúpenme, no paren, -ordenaba ella
a gritos mientras mi boca se pegaba a su chocha. La tela del panty estaba
empapada como si lo hubieran echado a lavar. Mi morbo me obligaba a descubrir
los rezagos del orgasmo de ella y el de John. No me demoré en lograrlo. De la
entrada de su vagina fluía por la gravedad, restos de semen y un espeso líquido
cristalino que se mezclaban. Me detuve a observar y a oler. Sin poderme
contener, mi lengua empezó a recorrer la vulva y la tirita de su tanga se
empeñaba en interponerse. Como tenía mis manos en sus nalgas, desde atrás y de
un tirón corrí la tira del panty hacia un lado y mi lengua avanzó victoriosa por
ese sexo exquisito, recorriéndolo con lentitud, sin prisa y con precisión, de
arriba abajo y de lado a lado, buscando recoger íntegramente el orgasmo de ella
y de él. El sabor del sexo de mi amiga llenó mi lengua y mi paladar. Lo paladeé
con gusto, disfrutando el movimiento de caderas descontrolado de Clarita contra
mi boca. Mi lengua pronto reconoció el sabor de la verga de John y la moví para
buscar recogerlo todo y saborearlo. Estaba tan absolutamente excitada que mis
caderas se movían como si me estuvieran clavando. Coloqué la punta de la lengua
en el clítoris y la moví alrededor en círculos pequeños y rápidos.
- Me vengoooo, -gritó ella entre convulsiones y jadeos-, no
paren, ohohoohoh, si, así, así. Alcancé a mirar la labor de los hombres en sus
tetas y la tenían completamente dominada. Se las estaban chupando, mordiendo,
lamiendo sin descanso. Yo aumenté la labor de mi lengua sobre el clítoris de
ella y presioné con mi boca. Clarita elevó sus caderas en un estertor de placer
y se quedó elevada inmóvil. Mis manos empujaron sus nalgas hacia mí con fuerza y
pude sentir como brotaba de ese sexo una cantidad de líquidos sexuales que mi
boca se esforzaba en tragar. Sentí como si ella hubiera eyaculado, porque sus
jugos me llenaban la boca sin control. En los 4 días que llevaba conociéndola,
nunca se había venido de esta forma. Moví mi boca y mi lengua con rapidez de
lado a lado para poder recibir esa venida totalmente. Su cuerpo se dejó caer muy
despacio sobre el sofá. Mi boca siguió el movimiento sin despegarse de su sexo.
Mantuve mi lengua con cuidado en su clítoris, sin moverla pero presionándolo,
disfrutando de las réplicas de ese orgasmo espectacular que mi amiga acaba de
regalarme y yo de tomarme con placer. Esas réplicas hacían que ella se
estremeciera y titiritara como si tuviera frío. Cuando sentí que se relajó
totalmente, moví mi lengua con cuidado para recoger toda la humedad posible.
Despegué mi boca de la cuqui de Clarita, me relamí mis labios, le acomodé la
tanga, le planté un beso de nuevo en la cuca pero a través del panty y me
levanté. Sabiendo que los hombres debían estar viéndome, con coquetería arreglé
la falda que la tenía toda arriba, en la cintura, y la bajé colocándola de nuevo
en su lugar. Era la única persona vestida en la sala. John me miró con placer.
Yo le sonreí con picardía. Yo estaba literalmente hirviendo por la arrechera y
me sentía absolutamente mojada. Mi sexo era literalmente un volcán a punto de
hacer erupción. Las vergas de ambos hombres estaban erguidas y dispuestas y
ellos se dieron cuenta que las observé con deseo. Me moví hacia la cámara
contoneando mis caderas con provocación, sabiendo que ellos me estaban mirando.
Germán abrazó a Clarita y la consintió. Cuando la sintió más
calmada empezó a besarla en la boca con delicadeza. Fijé la cámara para poder
ver el beso y como las lenguas de este par se mezclaban con pasión. John
mientras tanto se hacia un paja viéndolos. Clarita con algo de dificultad se
levantó y les tendió a los dos sus manos para que se levantaran.
- Quiero que bailemos los tres, - les dijo. Recuerdo
perfectamente que estaba sonando una canción de Michael Bublé, "Cuando", muy
suave y melódica. Yo corrí la mesa de centro de la sala para que los tres
tuvieran más espacio. Clarita se movió al centro de la sala en medio de los dos.
Se veía hermosa, solo vestida con sus diminutos panties, las medias negras y los
zapatos, acompañada de sus dos machos, que si bien no eran los que apolos, eran
magníficos. Las vergas de ambos hombres estaban a punto. Les hice un
acercamiento para captar su tamaño, su dureza, su fuerza… Yo me ubiqué con la
cámara en uno de los sillones. Me quité los zapatos y me subí en él para poder
tener una visión completa de todo. Germán tenía tomada a Clarita de la cintura y
John de una mano. Ella bailaba al compás de la música, con coquetería,
insinuación y mucha provocación. Germán la abrazó para comenzar a bailar con
ella y ella puso sus dos brazos alrededor de su cuello. John, se colocó detrás
de ella y la tomó por la cintura. Se acercó lo suficiente para poder apoyarle la
verga contra su culo y recorrerle la nuca con la boca. Ella estaba en medio de
los dos y sacó el culo hacia atrás para que John lo sintiera más. Los tres se
balanceaban juntos, sin despegarse. Ella empezó a besarse con Germán y pude
captar como esas lenguas se reconocieron y se frotaron una con otra, mientras
las manos de John desde atrás comenzaron a jugar por la espalda de ella.
Despacio ella giró la cabeza hacia John para besarlo. El acercó sus labios,
abrió su boca y recorrió con su lengua la boca de ella. Clarita con su lengua
fue respondiendo a su beso, y juntas lenguas se probaron sin tregua. Germán
mientras tanto acariciaba los pezones de ella y bajaba una de sus manos hacia la
cuca de ella. Pronto, él empezó a chuparle los pezones y a acariciar con la
palma de la mano abierta la chocha de ella, mientras John hambriento, la besaba
en la boca. Ella empezó a menear la cadera con cadencia presionando su cuqui
contra la mano de Germán. Su meneo aumentó en intensidad y leves espasmos
empezaron a sacudirla.
- Es toda tuya, - le dijo Germán a John mientras retiraba su
mano del sexo empapado de mi amiga. Se la llevó a la boca y la chupó con
deleite. John se arrodilló entre las piernas de ella. Me moví para captar mejor
lo que iba a hacer. Corrió el panty hacia un lado y comenzó a besar su cuca y a
recorrer toda la extensión de su vagina, de punta a punta, de lado a lado, hasta
que pude ver como su lengua coronó su clítoris y lo lamía con una rapidez digna
de un maestro. John se complacía en mostrar a la cámara la maniobra y como los
fluidos de ella manaban y empapaban la comisura de su boca.
Por las reacciones de Clarita, supe que estaba al borde de
otro orgasmo. Desbordada por tanta calentura se besaba apasionadamente con
Germán a la vez que aumentaba acompasadamente el meneo de sus caderas contra la
boca de John. Mi excitación era brutal. Aquello era una locura. Ahí estaba yo,
vestida filmando, con los calzones empapados y gotitas de mis líquidos
resbalando por el interior de mis muslos hacia las medias. Estaba como testigo
pasivo ante dos hombres que no paraban de tocar a mi amiga que gozaba y jadeaba
sin reservas.
- No la hagas venir John, - dijo Germán. John se separó de la
chocha de ella. Clarita estaba tan caliente que siguió moviendo sus caderas y
gimiendo casi a gritos. Miró a Germán sin entender. - ¿Dijiste que ella era
mejor mamadora de la facultad en la universidad, cierto?, - continuó Germán.
John se levantó y relamiéndose la boca asintió con la cabeza.
- Así es viejo, esta puta era una verdadera traga vergas, -
respondió –, y además, una adoradora del semen, pues cuando no lo tragaba se lo
untaba por la cara o por su cuerpo. Clarita pasaba saliva y trataba de entender
porque le habían interrumpido su orgasmo. Su cara estaba realmente congestionada
y su respiración acelerada.
- Bueno muñeca, es hora de que nos demuestres como has
mejorado con el tiempo, - le dijo Germán acariciándole su cara. Ella con una
sonrisa magnífica de alegría al entender por donde iba el asunto, se arrodilló
en medio de ambos hombres. Agarró sus sendas vergas y comenzó a masturbarlas muy
lentamente, ensimismada ante su hermosura, ante su tamaño, ante su cercanía.
Eran tan gruesas ambas, tan grandes, que casi no las podía abarcar son sus
manos. Filmé esa expresión de gozo y placer inconfundible que reflejamos las
mujeres en nuestros rostros, cuando nuestra calentura es incontenible y no hay
temores de ninguna clase que nos impida disfrutar.
-¿Te gusta lo que ves, verdad zorrita? ¿El tamaño es de tu
gusto?, - le preguntó Germán.
-Totalmente, - respondió mi amiga casi sin aliento y sin
dejar de masturbarlas.
- Pues ahora las vas a mamar, puta, - agregó John.
- ¡Oh síiiii, claro que se las voy a mamar, a chupar, a
lamer. ¡Y con mucho gusto además!, - les respondió Clarita con su mejor voz de
puta, al tiempo que paseaba ambas cabezotas por su cara congestionada por el
placer. Yo me moví hacia el trípode y coloqué la cámara en él y ella me miraba,
a la cámara, con picardía y provocación.
Sin dejar de mirar a la cámara, se acercó el tronco de Germán
a la boca y empezó a lamer su glande descubierto y a recorrer juguetona todo su
tallo. John se acercó más hacia ella ofreciéndole su gruesa verga que ella
siguió masturbando. Clarita con destreza, agarró por la base el tolete de Germán
y se lo fue metiendo muy lentamente en la boca. Aquel instrumento era muy largo
y grueso y ella se tomaba su tiempo para disfrutarlo.
- Vamos zorrita, cómetela, métetela entera, - le dijo Germán.
Clarita, con ganas de jugar respondió
- Es muy grande no me cabe, - dijo ella sonriendo, haciéndose
de rogar y metiéndosela solo hasta la mitad. Ayer se la había tragado toda.
- Jajaja, divina esta puta. Ayer no dijiste eso. Esfuérzate y
verás como te entra más, - añadió Germán.
- Te voy a hacer una mamada como nadie te la ha hecho. Si
quieres sexo duro, lo vas a tener. No sabes la clase de puta con la que te has
metido, - le dijo.
Clarita poco a poco fue metiéndose ese tolete hasta que casi
se lo tragó entera, tanto que creí que se atragantó. Se lo volvía a sacar y de
nuevo para adentro. Su mano soltó la verga y le agarró el culo a Germán y
comenzó a mover su cabeza adelante y atrás, cada vez más rápido, haciendo que la
enorme columna entrara y saliera de su boca como si la estuvieran clavando. Pero
John no se contentaba solo con la masturbada que mi amiga le estaba dando. Se
acercó más hacia ella para que su miembro quedara frente a su cara, como
reclamando atención. Clarita dejó de mamar la verga de Germán y giró su cabeza
hacia la de John, metiendo y sacando ese cilindro de su boca con rapidez,
arrancándole a John continuos gemidos de placer. Germán volvió a la carga y
Clarita volvió a mamar de nuevo su verga, pero esta vez John no quiso esperar y
puso la punta de su verga en la boca de ella, ya ocupada por la Germán. La
reacción inmediata de ella fue sacar el aparato de Germán, momento que aprovechó
John para intentar meter la suya. Yo pasaba saliva viendo como esas dos cosotas
luchaban por entrar a la vez en la boca de Clarita, sin conseguirlo
evidentemente. Pero ella, como toda una experta (siempre se aprende algo de los
filmes porno), tomó ambas instrumentos y colocó sus glandes a ambos lados de su
boca, y les dio lengua alternativamente mientras los masturbaba con fuerza.
Movía su lengua con una destreza envidiable yendo de un capullo a otro con
agilidad y mucha pasión. Muchas ganas. Tal vez eso era lo que más nos excitaba a
todos los presentes: Esas ganas, ese gusto, ese deseo, con el que estaba mamando
esas vergas. Después, cogiendo ambas vergas desde su base empezó a metérselas
por la boca rítmicamente por turnos.
La escena me tenía como un fogón. Mi sexo latía desesperado
como si tuviera vida propia. Este plan de camarógrafa realmente no era para mí,
pero debía seguir filmando. Verifiqué que la cámara siguiera bien enfocada y
allí mismo, de pie como estaba, subí mi falda hasta la cintura, separé mis
piernas y empecé a darme gusto, primero con un leve roce sobre el panty, luego
con un
dedito sobre mi clítoris, y luego con dos dedos
invadiendo totalmente el área de mi botón que sentí hinchado y grueso. El
movimiento de mis dedos se acrecentó al oír a Clarita ordenando
que le metieran las dos vergas a la vez en la boca:
- Quiero tenerlas ambas al tiempo en la boca, - exigió ella.
- ¿No le dije viejo, que esta era una mamadora experta?, -
preguntó excitado John a Germán.
- Yo desde que la vi en la oficina le vi la cara de mamadora
y lo supe, -contestó él. Ambos hombres cogieron sus vergas y se las acercaron
con cuidado a la boca de Clarita que la esperaba con cara de traviesa, de
golosa.
- ¿Así, lo hago bien?, - preguntó ella. Sacó su lengua y
abrió la boca todo lo que pudo; los dos tipos pugnaban por meter sus gruesos
postes pero no cabían. Con algo de fuerza, empujaron al tiempo y le metieron las
cabezotas inmensas dentro de la boca. La vista de toda la escena era de un morbo
tremendo que aceleró la presión de mis dedos en mi clítoris, provocándome un
orgasmo que sentí en oleadas consecutivas, cada una más intensa que la otra.
¡Fue glorioso! Me compuse la falda y me moví hacia el trípode. Revise que todo
siguiera en orden y pude apreciar el placer de Clarita pero también el esfuerzo
que conlleva tener dos instrumentos tan considerables en la boca. Las tomó ella
de nuevo por sus tallos y las continuó mamando por turnos, cada vez con más
ahínco, hasta que se detuvo de un momento a otro.
-Todavía no quiero que se vengan, -dijo ella con una sonrisa
esplendorosa. Los dos tipos quedaron quietos y se les notó el esfuerzo para
contener su venida.
- Uffff, putita es que la chupas de maravilla, -dijo Germán
mientras la ayudaba a levantar.
- Es que me encanta mamar una buena vergota, y si es tan
grande como las de Uds., mucho mejor, - le contestó ella.
- Se ve que has entrenado desde que saliste de la
universidad, -agregó John.
- Pues claro –dijo Clarita- la práctica hace al maestro.
Todos nos reímos pero esto seguía. Clarita dispuso que Germán
se acostara en el sofá boca arriba. Ella se puso a horcajadas sobre la verga de
él y abriendo la tirita del panty en dos, se sentó lentamente, metiéndose el
enorme aparato hasta el fondo. John se subió a un lado y de pie, le puso la
verga en la boca de ella. Mi amiga cabalgaba sobre Germán como si estuviera en
un Derby, a la vez que mamaba la cosota de John con verdadero ahínco. Este la
agarró del pelo, de la cola de caballo, e hizo presión en su cabeza para que
tragara su tolete. Luego se la sacó y la volvió a meter. La cabeza de Clarita se
movía adelante y atrás rápidamente, sacando y metiendo esa verga de su boca
mientras aceleraba su cabalgata sobre Germán.
- Bueno ahora te toca a ti clavarme por el culo, -dijo
Clarita a John y aprovechó para sacar el pene de su boca y tomar aire. -Estoy
deseando que me claves tu cosota en mi culo.
- Espera entonces y déjame sacarlo de tu chochita, -
puntualizó Germán.
- ¿Qué quieres decir?, -exclamó mi amiga indignada. – No
señor, espera, espera, quédate ahí. Quiero de nuevo una doble penetración.
- Muñeca pero tuviste una hace un momento, - añadió Germán.
- ¿Pero qué hago si me encantó?, - argumentó ella tranquila-
, además es mi noche y quiero repetir ese gusto que me hizo gozar como nunca.
- Yo lo dije viejo, esta mujer es muy puta, - dijo finalmente
John, quien inmediatamente empujó a Clarita hacia delante, quedando ella
totalmente recostada sobre Germán. Siguió cabalgando con la vega de él metida
hasta el fondo pero elevando el culo para facilitar la labor de John, quien sin
perder tiempo se ensalivó un dedo y empezó a tantear ese ano que ya había
recibido tratamiento hoy. No me perdí detalle de esa penetración. El dedo entró
sin dificultad y ella lanzó un gemido de gusto, mientras se seguía atornillando
la verga de Germán hasta las bolas. John aventuró otro dedo con cuidado y ella
gritó sin dejar de moverse. Los dos dedos de él estaban totalmente adentro del
culo de mi amiga, que los recibió fácilmente.
- Está bien John, ¡¡¡méteme tu verga yaaaa!!!, - exigió entre
gemidos Clarita muy excitada. El tipo flexionó sus piernas y colocó la punta de
su pene en la entrada de su ano. Me moví con la cámara para registrar el
momento. Germán colocó sus manos en cada nalga de ella y las separó abriendo su
agujerito y sosteniendo las tiritas del panty. Ella dejó de cabalgar sobre su
instrumento mientras John iniciaba el empuje lento pero continuo de su aparato
en ese culo abierto y definitivamente, dispuesto por su dueña al placer. Elevaba
más las caderas en clara señal de querer facilitar y recibir mejor esa estocada.
Solo gemía y gritaba en silencio.
- ¡Tranquila preciosa, si sólo te he metido la mitad!, - dijo
John algo agitado y siguió empujando más, sin parar, sin compasión, hasta que al
fin terminó de clavar todo su aparato en ese culo magnífico. Aquellas dos
vergotas inmensas quedaron perfectamente alojadas y encajadas. Clarita estaba
inmovilizada por esas dos columnas inmensas que ocupaban sus preciados orificios
y su cara estaba desencajada por el placer. John se quedó parado esperando que
el ano se acoplara al grosor de su verga mientras que Germán abrazaba a Clarita
y le decía que empezara a moverse a su antojo, para su comodidad y acople. Ella
comenzó a hacerlo muy despacio, degustando cada milímetro de ese par de postes
que la llenaban. Los hombres estaban expectantes.
- Vamos, los quiero clavándome fuerte, duro, sin compasión, -
gritó ella- , muéstrenme que pueden satisfacer a una puta como yo. Los dos
hombres empezaron a bombear sus mástiles fuertemente. Los dos tipos se movían
maravillosamente y lograron con ella un acoplamiento perfecto. Después de que la
verga de uno entraba, la del otro salía, en un ritmo coordinado que hacía que
ella no dejara de gritar de placer.
- ¡Aaahhhh, más, más, no parennnn, sigan, sigaaaan, más,
asiiii, más duro, mucho maaaáaasss durooo!, - exigió Clarita.
- ¿Te gusta lo que te hacemos muñeca?, - preguntó Germán que
estaba oculto por el cuerpo de ella.
- ¡Sí, siiii, me enc…antaaaa que dos vergas me cla…ven a la
vez, me encantan ser tan putaaaa, ooooohhhh!, - respondió ella sin poder dejar
de gritar y esforzándose por decir las palabras completas. Germán estando debajo
pudo inmovilizarla con sus manos puestas en los hombros blancos de ella, de tal
manera que las embestidas de ambos hombres, Clarita pudiera sentirlas
plenamente.
- ¡Me vengo, me vengoooo! Así, asíiiii, más fuerte! John no
pares, ¡párteme el culoooo, así, oooooohhhhh!, - les gritó a los dos hombres
convulsionando y gimiendo. La visión de esa escena no solo aumentó mi calentura
sino que me hizo sentir un escalofrío que me recorrió el cuerpo y se concentró
en mi sexo. Mi mano se movió por debajo de la falda hasta mi cuca y presionando
por encima del panty me vine al tiempo que mi amiga, de una manera maravillosa,
sensual y diferente. Estaba literalmente embriagada de sexo y de morbo. A estas
alturas, había perdido la cuenta de las veces que me había masturbado hasta ese
momento.
Los hombres no se habían venido. Germán dispuso que pararan y
se desmontaron con cuidado. Primero John que se colocó de pie y luego Germán que
tuvo que abrazar a Clarita que estaba sin fuerzas sobre él, para poder él
levantarse. Sin esperar más y estando ambos de pie, colocaron a Clarita en medio
de ellos. John seguía las indicaciones de Germán y quedó de nuevo detrás de
ella.
- Vamos a seguir con la doble penetración pero de pie, - dijo
Germán-, abrázame muñeca con tus brazos y piernas y agárrate fuerte.
Clarita bastante animada, se colgó literalmente a Germán, que
con destreza al tenerla a la altura, la penetró sin mayores preámbulos. John que
estaba detrás, la tomó por debajo del trasero y levantándola, le ensartó su
poderosa vara en el culo. Así, sin más. La cara de mi amiga se desencajó
nuevamente en un gesto de lujuria que pude captar en la cámara. Los dos hombres
hacían alarde de una resistencia y fuerza inusual, porque la levantaban y
bajaban como si nada, retomando instantáneamente, la sincronización que habían
tenido cuando estaban sobre el sofá.
- ¿Te gusta esto, verdad puta?, - le decía Germán. Clarita
sólo asentía con la cabeza pues ya no podía articular palabras. Abría su boca
pero no salían palabras, solo jadeos y gemidos que indicaban su gozo y placer.
Los hombres aumentaron la intensidad de sus estocadas y ella
anunció de nuevo otro orgasmo
- No se detengan, me voy a correr de nuevo, aaahhhh!, - les
gritó y su cuerpo se paralizó en éxtasis. Los gemidos de los tres fueron rotos
por ella, segundos después. - Quiero su semen en mi boca.
La venida de ambos tipos debía ser inminente, pues sacaron
sus aparatos con suma rapidez y arrodillaron a Clarita delante del sofá y en
medio de ellos. Ella tomó con fuerza ambos troncos y comenzó a masturbarlos de
manera acelerada. Pude captar la palpitación de ambos instrumentos y el líquido
que se anunciaba en los glandes brillantes. Mi amiga se metió una en la boca y
después la otra en perfecta coordinación. El primer disparo de semen fue de John
y cogió a Clarita atendiendo la verga de Germán. La descarga impactó contra su
mejilla. Muy diestra ella, giró su cabeza hacia John y atrapó su instrumento con
la boca justo a tiempo para evitar que las siguientes descargas se
desperdiciaran fuera de su boca. No me perdí detalle con la cámara y en un
acercamiento, pude ver como tragaba esa leche que ella se esforzaba en mantener
íntegra en su cavidad bucal. Con agilidad, movió su cabeza hacia el tolete de
Germán, para recibir su venida, que llegó en oleadas seguidas porque a pesar de
que ella se metió esa columna hasta el fondo, una inmensa cantidad de esperma se
desbordó y escapó por la comisura de sus labios.
Ella volvió a mirar a la cámara. Estaba más hermosa que al
iniciar el ajetreo de la tarde, sus ojos brillaban al mirarme, a la cámara, y su
cara expresaba una felicidad total. Su boca dibujaba una maravillosa sonrisa que
los dos penes que ella se empeñaba en lamer simultáneamente no podían ocultar.
Con coquetería y mucha picardía, sacó su lengua y me dejó ver más del semen que
tenía acumulado en su boca. Sin dejar de mirarme, movió su lengua, que estaba
cubierta totalmente de esperma, de un lado a otro y esparció parte de ella, por
sus labios. Soltó ambos penes que ya habían desfallecido y con su mano estirada
hacia mi, me invitó hacia ella. Abandoné la cámara en el trípode y presurosa me
acerqué a Clarita, arrodillándome frente a ella. Nos abrazamos y nos besamos en
las bocas. Yo tomé con pasión su cara entre mis manos, para untarme esa
deliciosa crema. Ella movió su cara para que el semen se repartiera por nuestros
labios, por nuestras caras, usando como único instrumento nuestras lenguas. Yo
estaba muy excitada recorriendo la boca, los labios y la cara de mi amiga,
buscando recoger la mayor cantidad del semen de ambos hombres y poder saborear y
retener su consistencia, su olor, su deliciosa espesura…
Acabé muy pronto mi labor de "limpieza facial" y Clarita me
abrazó, como desvanecida.
- Nena, - me dijo-, estoy rendida. No creí que disfrutar
tanto, me dejara tan cansada.
- Míralos a ellos,- le dije señalando a los hombres que
estaban tirados en el sofá-, no creo que se puedan levantar.
La levanté y nos sentamos en medio de ambos tipos. La abracé
y así estuvimos un tiempo indefinido. Solo descansando.
- ¿Me acompañas a bañarme, nena?, - me preguntó ella con una
mirada que no aceptaba negativas.
- Claro que si, -le respondí levantándome y ofreciéndole la
mano para irnos. - Los caballeros nos disculparan, pero la estrella debe reponer
fuerzas, -dije sonriendo.
Ambos se levantaron y John dijo que ya tenía que irse. Germán
lo despidió en la puerta y nos gritó desde la sala:
- Ya les caigo, no cierren con seguro…
Pero la verdad, la única que necesitaba satisfacción a estas
alturas era yo. Clarita lo entendió perfectamente y las dos en el baño, en la
ducha, entre caricias, se arrodilló ante mi sexo y lo lamió y chupó hasta
hacerme venir en un orgasmo que me dejó satisfecha y contenta. Nos acostamos en
su cama y Germán se nos unió. Se colocó en medio nuestro y nos abrazamos fuerte
a él, nuestras cabezas sobre su pecho. Así nos quedamos dormidas.