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Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
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| Fecha: 21-Abr-08 |
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| Parece que Juan y Eva han hecho buenas migas, y también hacen otras cosas bien... |
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Bueno, parece que mi relato anterior fue bien, gracias por
las votaciones, así que voy a ver si consigo lo mismo con el nuevo.
Después de la magnífica noche en la disco, Juan y Eva se
veían muy a menudo, casi siempre con resultados similares a la primera noche que
se conocieron. Esta es la historia de una de las primeras veces que quedaron
solos.
Era un soleado domingo, Juan pasó a buscar a Eva a su pueblo,
a unos 20 km de su casa. Llevaba dos días sin verla y echaba de menos su aroma,
su voz sensual, sus caricias, sus labios... La noche anterior casi no durmió de
los nervios, se despertó temprano, silbando; desayunó y se duchó. Sentía en
calor del sol que se colaba por la ventana y bañaba su cuerpo desnudo mientras
el agua caía sobre él, mientras se duchaba no paraba de pensar en Eva, su mente
voló, aterrizando donde estaría en breve su cuerpo. Tuvo una erección recordando
los momentos que tuvo con ella, y no pudo evitar masturbarse. Su mano derecha
bajó a su polla, dura como la piedra, y la rodeó, moviéndose lentamente arriba y
abajo, imaginaba que en lugar de su mano eran los labios de Eva los que lo
masturbaban, los que procuraban tanto placer; poco a poco aumentó la velocidad,
acompañando cada movimiento con un gemido, el agua facilitaba los movimientos,
haciéndolo más fluido. Tuvo que agarrarse cuando los espasmos del orgasmo le
hicieron tambalear mientras se le escapaba un grito de placer al correrse.
Por alguna casualidad cósmica, mientras Juan fantaseaba con
Eva, ésta, aún en la cama, hacía lo propio. Había soñado con Juan, con sus
fuertes brazos rodeándola por los hombros mientras sus labios sellaban los suyos
con un cálido beso y sus lenguas bailaban juntas; de su boca pasó a besar su
cuello, jugando también con su oreja, mordisqueando el lóbulo. Su lengua bajó
hasta sus redondos y suaves pechos, lamiendo sus pezones hasta dejarlos erectos,
dando pequeños bocados y haciéndola gemir, su lengua fue dejando un surco de
baba hasta su ombligo, donde los besos sustituyeron a los lametones, uno
especialmente húmedo, suave y largo llegó a su clitoris...Se despertó empapada
en sudor y su pequeña braguita también estaba mojada, aunque no de sudor. El
calor que la invadía en sueños no se disipó, así que decidió terminar lo que la
onírica boca de Juan había empezado, porque no quería follarse a Juan en el
portal de su casa (al menos no a plena luz del día y con los vecinos mirando);
sus manos acariciaron sus pechos, dando pequeños pellizcos a los pezones hasta
endurecerlos, bajó lentamente hasta su braguita, empezó a acariciarse por
encima, mojando sus dedos, los gemidos aumentaban la intensidad a medida que
aumentaba el movimiento de las manos de Eva. Se quitó la minúscula prenda de
tela que cubría su desnudez y empezó a acariciarse frenética el clitoris,
necesitaba correrse y lo necesitaba ya; mientras el dedo corazón de la mano
derecha frotaba su pequeña protuberancia, su dedo corazón e índice de la mano
izquierda entraban en su coño, cubriéndose de fluidos. Tardó un par de minutos
en correrse a ese ritmo, y después de ese gran despertar saltó de la cama y se
fue a la ducha.
Media hora después de esta "mutua masturbación a distancia",
sus labios se encontraron en el mundo físico, fue un beso de película. Sus ojos
se encontraron y no dejaron de mirarse salvo cuando se cerraron al unísono al
abrirse sus labios y unirse. Abrazados se fueron hacia el coche de Juan, que les
esperaba en la esquina.
Te echaba de
menos – dijo Juan ruborizándose.
Yo a ti
también – dijo Eva apretándole con sus estilizados y blancos brazos.
Juan, con una sonrisa, besó su cabeza. Le abrió la puerta del
coche y Eva se buscó la forma de poner el culo en pompa cerca de Juan, que se lo
acarició por encima del pantalón vaquero ceñido que llevaba; mientras rodeaba el
coche para entrar, Eva no pudo evitar fijarse en el incipiente bulto que se
empezaba a despertar en su pantalón. Y decidió ser un poco mala...
El plan original de ambos era ir a un romántico parque que
había cerca, pero Eva sugirió en el último momento ir a otro parque que,
casualmente, estaba mucho más lejos, y según ella, más solitario e íntimo. Juan
le contestó con un guiño y una sonrisa, estaba muy pillado por esta chica.
Arrancó el coche y en cinco minutos estaban de camino, en una
carretera comarcal, dejada de la mano de Dios, que según Eva era el camino más
rápido.
¡Uf! - exclamó
Eva – que calor hace aquí.
Espera, que te
pongo el aire – ofreció Juan.
No te
preocupes, mejor me quito la camiseta – al ver la cara de Juan añadió – no
vas a ver nada que no hayas visto ya, no te molesta ¿no?
Para nada – se
apresuró a responder – ¡tú misma!
Bien, así cojo
un poco de color.
Y dicho ésto se deshizo de la camiseta negra que cubría su
cuerpo perfecto, a Juan se le iban los ojos solos a las tetas de Eva, que
parecían querer salir del sujetador rojo que llevaba la chica.
Mira mejor a
la carretera, ¿no, guapo? - Sugirió Eva con una sonrisa.
Claro, claro.
Perdona. - Contestó sonrojándose Juan.
Eva le miró por encima de sus grandes gafas de sol y decidió
avanzar un poco más. Se quitó el sujetador, liberando a sus dos rehenes.
¿Qué haces? -
Preguntó Juan.
No quiero
tener marcas, no quedan bien. - Contestó Eva de la forma más natural del
mundo.
Pudo comprobar que el bulto en el pantalón del chico no solo
seguía allí, si no que ahora era mucho más grande. Estaba muy caliente y se
lanzó. Una mano empezó a acariciar el cuello del chico, bajando por el pecho,
colándose entre los botones de la camisa, que iba desabrochando con gran
habilidad; se quedó un rato notando como la respiración y el pulso de Juan
aumentaban considerablemente, siguió bajando y llegó a su pantalón. Desabrochó
el cinturón, el botón y bajó la cremallera.
¿Qué estás
haciendo? - Preguntó entre suspiros Juan.
Nada.... - Fue
la respuesta de Eva, mientras metía la mano en su pantalón.
Agarró la polla dura del chico por encima de los
calzoncillos, la tenía muy dura. Mientras la mano izquierda de Eva había hecho
todo esto, la derecha no había estado quietecita; se había encargado de abrir su
pantalón y empezar a acariciarse. Por fin se la sacó, Juan se levantó un poco
del asiento y se bajó los pantalones, facilitando el trabajo. Eva se colocó a
cuatro patas en el asiento, utilizando las dos manos para masturbar a Juan, que
utilizaba su mano derecha para acariciar todo el cuerpo de Eva, sus pechos, su
culo redondo y duro y su coño, ya que se había quitado el pantalón y solo
llevaba un pequeño tanga a juego con el desaparecido sujetador.
La chica bajó su cabeza y empezó a besar el miembro de Juan,
que dejó escapar un gemido cuando notó el calor y la humedad de la boca de Eva
alrededor de su polla. Se la metía poco a poco, lamiendo con dedicación cada
centímetro de piel, haciéndole sentir un placer espectacular. Mientras tanto,
los dedos de Juan se había abierto camino en el cuerpo de Eva hasta llegar a su
zona más húmeda, acariciando los labios, mojándose con los fluidos de la chica y
metiendo uno de ellos, arrancando ahogados gemidos, sintiéndose animado por la
cantidad de líquido transparente que bañaba su mano, introdujo la punta del dedo
índice en el culo de Eva. Notó la contracción del ano por la inesperada
invasión, seguida de la relajación producida por el placer que le proporcionaba
sentir dos dedos entregados a su placer. Tradujo ese placer que sentía en
movimientos de lengua en la polla de Juan y caricias en sus huevos.
El chico iba a estallar, era la mejor mamada que le habían
hecho, por un momento estuvo a punto de perder el control del coche, pero por
suerte fue capaz de reaccionar a tiempo y volver a su carril. Había metido dos
dedos en cada orificio de Eva, que gritaba de placer en la polla de Juan,
aumentando el placer que éste sentía.
Me corro, me
corro... - Gemía Juan.
La respuesta de Eva fue aumentar la fuerza con que movía sus
labios arriba y abajo y la velocidad con que su lengua recorría la polla de
Juan. Pocos segundos después, Juan se corrió en la boca de Eva con un grito,
mientras seguía masturbando a la chica, que al tener la boca llena de la leche
de Juan no pudo gritar al llegar al orgasmo; se tragó la corrida de Juan, le
limpió con la lengua los restos que quedaban en la polla, mientras Juan seguía
metiendo sus dedos, pero ya lentamente, con cariño, provocándole un segundo
orgasmo, que ya si pudo gemir a gusto, liberando su placer.
Se levantó y se besaron apasionadamente. El resto del viaje
se lo pasaron desnudos, sintiendo el calor del sol en la piel, aprovechando que
no venía nadie en la carretera. Cuando estaban llegando al parque se detuvieron
a un lado de la carretera, donde estuvieron un rato abrazados, sintiendo sus
cuerpos desnudos y besándose.
El día en el parque fue genial, pero eso es otra historia.
Espero que hayas disfrutado leyéndola tanto como yo
escribiéndola, si os gusta haré más.
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