Olga, capitulo 3.
Sólo piensas en tocarte.
Después de desayunar Olga y Ana fueron directas al despacho
de Nuria. Ambas estaban muy nerviosas, pero Olga en especial tenía un nudo en la
garganta que no le dejaba articular palabra. Tenía ganas de llorar y le sudaban
las manos, pero además... una parte de su cerebro tenía todavía en mente a los
dedos y la lengua de Ana hurgando entre sus piernas y a los ojos de Eva
mirándola fijamente mientras le acariciaba la mano. Su clítoris estaba hinchado
y su coño palpitaba excitado. Ahora también observaba el rostro de Nuria. Aunque
era una mujer entrada en años, aún era muy atractiva. Los mismos ojos severos
que asustaban a Olga le parecían hermosos y seductores a través de las gafas y
bastaban para erizar sus pezones y mojar sus ya completamente empapadas
braguitas.
Estoy muy decepcionada con las dos — dijo Nuria tras
haber hecho una larga pausa que dejara nerviosas a las chicas — No
pienso tolerar ese tipo de comportamiento en esta oficina.
Como si se tratara de un instructor militar, la directora
caminaba lentamente alrededor de ambas, que simplemente estaban allí de pie. En
realidad el motivo de esto era poder repasar a gusto a Olga con la mirada, en
especial el porcino culo embutido en unos ajustados pantalones que, además,
hacían que se le notaran las bragas, unas bragas que, con tanto toqueteo y tanta
actividad, habían ido metiéndose poco a poco en ese culo hasta casi desaparecer.
No vayan a creer que no sé lo que ha estado
sucediendo en los lavabos de esta oficina estos últimos días.
Pero... — balbuceó Ana que quería señalar que sólo
había sucedido dos veces, pero pensó que no era muy buena idea ni
mencionarlo —
Ese comportamiento indecente... esas porquerías...
Nuria hizo una nueva pausa. Olga estaba a punto de echarse a
llorar e interpretó que la directora sentía tanto asco o tanta rabia por lo que
sabía que habían estado haciendo las dos, que no podía soportarlo. Lo que Olga
no sabía era que la pausa que había hecho estaba provocada por el sofoco que le
producía el ardor que, originándose en lo más profundo de su profundo coño, le
subía hasta el pecho endureciendo sus pezones y hasta el cuello erizando el
vello de su nuca tan sólo con imaginarse lo que las dos chicas habían estado
haciendo en el lavabo.
Son las dos unas degeneradas... y espero que, si en
el futuro van a hacer esas asquerosidades, tengan al menos la decencia
de hacerlo en su casa, por que si vuelven a hacerlo aquí...
A estas alturas el ardor en el coño de Nuria le hacía hablar
entrecortadamente, como entre jadeos, pues mientras hablaba de las
"asquerosidades" que las dos "degeneradas" habían estado haciendo en el lavabo
se imaginaba, precisamente, lo que le hubiera gustado hacérselas ella misma a
Olga.
Si me entero de que han vuelto a hacer esas sucias
porquerías en esta oficina... pueden estar seguras de que serán
despedidas en el acto... ¿ha quedado claro?
Las dos chicas asintieron. Una lágrima resbaló por la mejilla
de Olga al mismo tiempo que un viscoso reguero de flujo vaginal le resbalaba
muslo abajo desde unas ya colmadas bragas incapaces de contener más humedad.
Las dos chicas se dirigieron a la puerta para volver,
humilladas, a sus respectivos puestos de trabajo. Pero cuando iban a cruzar el
marco de la puerta Nuria las interceptó.
Olga, quédese un momento, quiero hablar con usted muy
seriamente.
Y así, Ana se marchó dejando a Olga en el despacho temblando
como un flan e igual de húmeda. Nuria caminó muy pausadamente hacia su
escritorio. Los tacones y las medias negras realzaban la belleza de sus
pantorrillas, Olga no pudo evitar fijarse.
En realidad, he de decir que este desagradable
incidente no me sorprende de Ana.
La directora sacó una llave del cajón del escritorio y fue
hasta la puerta sin ninguna prisa. Mientras se le aproximaba Olga se fijó en
como se le marcaban los pezones a través de la blusa. Nuria tenía el pecho
pequeño y no llevaba sujetador. La seda de la blusa le rozaba los pezones al
caminar contribuyendo a ponérselos bien duros.
Ana es poco menos que una cualquiera — dijo la
directora cerrando la puerta con llave — nunca he esperado gran cosa de
ella... pero usted...
Nuria se acercó hasta Olga y le rodeó con el brazo por encima
de los hombros.
Usted... me ha decepcionado un poco...
Olga se quedó rígida por que aquello no lo esperaba en
absoluto. La cara de Nuria estaba a escasos centímetros de la suya, sus ojos la
miraban directamente a los suyos y sus gruesos labios casi podrían haberse
rozado con los suyos. Podía sentir como respiraba.
Así que te gustan los chochos ¿he? — dijo la
directora cambiando por completo el tono de la voz —
¿Cómo dice?
Eres muy guapa — añadió acariciándole la cara con el
dorso de la mano —
¿Lo soy?
Nuria rodeó a la estupefacta Olga hasta ponerse detrás y,
mientras con una mano le empujaba la espalda haciendo que se doblara hacia
delante por la cintura, con la otra le agarraba y sobaba el culo.
Pero... ¿qué hace?
¿Eres tonta además de una sucia guarra? Separa bien
las piernas...
Olga obedeció. Apoyó la cabeza sobre las manos y estas sobre
el escritorio y abrió bien las piernas permitiendo que Nuria, por encima del
pantalón, le acariciara toda la zona que iba de su ano a su vagina, palpando con
ganas, apretando con fuerza y jadeando profundamente mientras lo hacía.
El culo de Olga en semejante posición era el espectáculo más
apetitoso que Nuria había contemplado nunca. Su lengua se llenaba de saliva y lo
mismo sucedía con su coño.
Nuria se apartó un poco de Olga, que continuaba en aquella
lasciva posición, para desabrocharse la falda. Enseguida que ésta estuvo en el
suelo echó mano bajo sus bragas para tocarse furiosamente, gimiendo sin
reprimirse, todo lo alto y estridentemente que quiso.
Ahora... — empezó la directora sin dejar de tocarse
entre las piernas — quítate los pantalones.
Olga abandonó su provocativa postura como accionada por un
muelle y accedió a bajarse los pantalones tan rápido como le fue posible. Tenía
un problema: el coño le ardía y necesitaba urgentemente hacer algo al respecto,
no podía permitirse el lujo de ponerse a pensar en que consecuencias podía tener
dejar su pantalones en el suelo, hechos un barullo.
¡Zorra! — exclamó Nuria a la vez que le toqueteaba el
chocho a Olga por encima de las bragas — ¡Si tienes las bragas
empapadas!
Olga cerró los ojos mientras Nuria le bajaba las bragas.
Cuando por fin se las quitó se las llevó con una mano a la nariz mientras con la
otra continuaba la furiosa masturbación.
La directora hizo una breve pausa para rodear su escritorio y
guardar las bragas de Olga en el cajón, junto a su otro trofeo. Cuando regresó
con Olga ésta seguía con los ojos cerrados y las piernas abiertas, así como con
un dedo explorando entre ellas.
¡Sucia marrana! — gritó Nuria quitándole la mano de
donde la tenía puesta — ¡Te estás tocando!
Y seguidamente la hizo ponerse en la misma postura en que
estuviera antes, muy inclinada, con el culo muy alto, apoyada sobre el
escritorio y de espaldas a ella.
Sólo piensas en tocarte... — decía Nuria en un tono
apenas audible a causa de la excitación — en tocarte y tocarte...
Nuria abarcó el descomunal culo de cerda de Olga con las dos
manos, amasando y apretando, lamiéndolo y mordiéndolo. Luego separó los dos
inmensos y suculentos carrillos y acercó la boca para lamer el ano que pronto
estuvo tan empapado de saliva como el coño de jugos algo más salados.
¡Que no te toques! — exclamó Nuria apartando otra vez
la mano de Olga de su coñito—
Nuria acercó la nariz a la vagina de Olga como si fuera una
encarnada flor y aspiró con fuerza. Eso la excitó mucho, por que tuvo que hacer
una larga pausa para tocarse a si misma, tan impetuosamente, que las bragas se
le escurrieron piernas abajo y terminaron en el suelo.
¿Te voy a tener que atar las manos para que no te
toques? — intervino Nuria otra vez para quitarle la mano a Olga de su
clítoris — Sólo piensas en tocarte...
La directora regresó entonces a su escritorio, esta vez, para
conseguir el vibrador plateado de dimensiones poco usuales con el que solía
masturbarse. Tan pronto lo tuvo en la mano lo puso en marcha y lo hizo entrar en
su propio coño, sentada en su butaca con las piernas muy separadas. El ruido del
vibrador hizo levantar a Olga la cabeza y contemplar lo que Nuria hacía.
Mira como me pones ¿te gusta, verdad?
Si... — contestó una confusa y demasiado excitada
Olga —
Seguidamente Nuria extrajo el vibrador de su interior y se lo
acercó a Olga a los labios. La primera impresión fue desfavorable: Olga apretó
los labios motivada por una leve sensación de asco y de pudor, pero ante la
insistencia de la directora el metálico proyectil acabó penetrando en su boca
como si se tratara de un polo tamaño gigante.
El vibrador estaba empapado de los caldos de coño de Nuria.
Olga recordaba el sabor de algunas poyas que había chupado de la misma forma en
otras ocasiones, pero esto le resultaba mucho más excitante. De pronto, sintió
un deseo importante de tener la boca un rato entre las piernas de Nuria.
La directora volvió a hundir el aparato entre sus piernas,
pero siguió caminando (no sin cierta dificultad), hasta ponerse detrás de Olga
otra vez. Esta vez la hizo cambiar de postura hasta sentarla sobre el
escritorio, con las piernas muy abiertas y el coño igual de abierto, como un
higo maduro partido en dos.
Introducir el vibrador en el más que caliente coño de Olga,
que sufría por no poder acariciarse, fue como tocar el botón de una alarma, pues
precipitó verdaderos gritos de placer. Daba igual el exagerado diámetro del
aparato, más propio de un salami que de un pene, el calibre del coño de Olga era
perfectamente compatible con el del vibrador.
A la anchura del trasto había que añadirle que vibraba, que
Nuria lo metía y lo sacaba, y que le acariciaba el clítoris con el pulgar
mientras la penetraba. A Olga le llegó el orgasmo inmediatamente, algo que se
desprendía de sus gemidos y gritos. Pero Nuria no se detuvo, continuó haciendo
entrar y salir el descomunal aparto en el no menos descomunal coño.
Para... por favor... no puedo más...
Si que puedes.
Nuria sustituyó el vibrador por su lengua colocando los
porcinos muslos de Olga sobre sus hombros. La lengua recorría todo cuanto en
Olga podía llamarse coño: las rosadas interioridades, el hinchado y protuberante
clítoris, los labios, mayores y menores... Olga volvió a correrse tras unos
minutos, eyaculando en el rostro de Nuria, manchando sus gafas.
Exhausta, se tumbó en el escritorio como pudo (intentando no
clavarse bolígrafos, teléfono y clips). Le dolía el coño y se sentía muy
cansada. Cerró los ojos unos momentos, pero los volvió a abrir cuando se dio
cuenta de que el zumbido persistente del vibrador había cesado. Nuria se había
vuelto a poner las bragas y estaba abrochándose la falda.
¿A que esperas? Vístete...
Olga obedeció. Bajó del escritorio y fue a recuperar sus
pantalones.
¿Y mis bragas? No están aquí...
Tus bragas me las quedo yo. Y ahora vístete.
Pero... no puedo ir sin bragas, mancharé los
pantalones...
Olga... — dijo Nuria a la vez que limpiaba sus gafas
con un pañuelo de papel — la verdad es que me ha sorprendido usted
gratamente, así que no lo estropee.
"Usted y su compañera han estado teniendo un comportamiento
indecente y asqueroso en esta oficina, y sólo por eso debería despedirlas a las
dos. He querido darle a usted una segunda oportunidad y me parece que no voy a
equivocarme. De momento, ha aguantado usted la reprimenda como debía, lo que me
hace confiar en que, en el futuro, sabrá colocarse donde le corresponde"
¿Puedo irme ya? — dijo Olga que ya se había colocado
los pantalones —
Si, ya puede volver al trabajo — contestó Nuria
acercándose y acariciándole el culo —
Olga caminó hacia la puerta, le hacía daño entre las piernas
al hacerlo, pero al intentar salir se encontró que la puerta aún estaba cerrada.
"Es verdad" dijo Nuria y fue a buscar la llave a su escritorio. Regresó con ella
hasta donde estaba Olga y la introdujo en la cerradura.
Por cierto, una cosa más... — dijo acariciándole el
pelo — ¡No se te ocurra contar una palabra de lo que ha ocurrido hoy en
este despacho! — dijo gritando y estirándole del pelo — ¡Por que como me
entere te echo a la puta calle, bollera de mierda!
Olga salió del despacho y se fue directa al lavabo. Una vez
allí se bajó los pantalones para lavarse, usando agua y papel para las manos.
Conforme iba pasando el papel por entre sus piernas por sus mejillas iban
resbalando las lagrimas sin que pudiera evitarlo. Al final, se refugió en un
water por que los sollozos hacían difícil hacer cualquier otra cosa diferente de
temblar y estremecerse.