Las máquinas tragamonedas del casino tintineaban rabiosamente
aquella noche; yo estaba histérico: iba perdiendo. Para colmo, tenía que
aguantar a la insoportable de mi enamorada de aquella época: Patty. No me lo
tomen a mal, la quería cuando comencé con ella,… pero sus engreimientos y su
tendencia a ser una frívola materialista, me tenían harto. Me sentía tan infeliz
en aquel entonces, que me dí por el juego. Ella sólo me acompañaba esa noche por
que, siendo al día siguiente su cumpleaños, se estaba asegurando de que no gaste
mucho, para poder así regalarle el caro antojo que ella deseaba.
- ….¡Esa mocosa del cuerno nunca me trae un trago cuando la
llamo!- exclamó Patty molesta-, ¡vas a ver cuando venga: la voy a poner en su
sitio!...
Yo ni siquiera me fijé sobre quién hablaba: a Patty le
gustaba tanto abusar de los tragos de cortesía en los casinos y de paso,
mandonear a las pobres chicas, que ya se había ganado una odiosa reputación
entre ellas. Yo seguía jugando. De pronto una vocecita aniñada y tintineante se
dejó oír:
- …¡Hooolaaa!, ¿Cómo están? –dijo la joven, sonriendo,
mostrando todos los dientes y con una vocecita como de personaje de hentai
japonés-, ¿qué les sirvoooo?!....
- ¡Para mí un Cuba Libre, y rápido! –casi gritó Patty, para
luego colgarse de mi cuello-, ¿y tú mi amorcitoo? …
En ese momento alcé la vista: la chica de los tragos era
sencillamente preciosa: una sonrisa divina de niña buena, piel blanca, con unas
deliciosas pecas en su naricita respingada; no me dejaba de ver, ansiosa con sus
grandes y tiernos ojos cafés, todo eso enmarcado por una larga y ondulante
cabellera de tono rubio intenso. La pequeña blusita blanca de su uniforme apenas
podía contener nos inmensos y casi criminales pechos que sin ningún descaro
mostraban a través de la tela dos gruesos pezones parados. Todo esto acompañado
por una estrechísima cintura, buenas caderas y unas piernas de infarto.
Aparentaba no tener más de 24 o 25 años. ¡Pero ese cuerpazo definitivamente era
"impropio para su edad"!, ¿me comprenden?
-…Un whisky en las rocas, por favor…-, balbuceé mientras la
chica iba presta por el pedido. La vi caminar a la barra del casino mientras
pensaba si no la conocía de alguna parte.
Al parecer la niña se olvidó del pedido, por lo que Patty se
paró molesta y se fue a la barra. Yo por mi parte, seguí jugando en mi máquina.
De pronto, una mano muy delicadamente puso a mi lado un vaso de whisky, haciendo
sonar los hielos, a la vez que una deliciosa y sensual voz de hembra en celo me
sorprendió, escarapelándome la espalda, hablándome y a la vez respirándome con
ardor en la oreja.
-….Se nota que ya no te acuerdas de mí,…..mmmm…..
Dí la vuelta en mi asiento sobresaltado: ese suspiro sí que
lo reconocía. Me le quedé mirando a la chiquilla, que no era otra que a la que
le habíamos pedido los tragos hace rato:
- …. ¿Milagritos?
Ella sonrío de contento, dando al mismo tiempo un saltito
sobre sus tacones, haciendo brincar también sus lindos pechos:
- …. ¡Hooolaaa!, ¿Cómo estás?!! –, dijo Milagritos,
repitiendo con ese tonito falso, su muletilla.
- ….muy bien, muy bien, Milagritos,…ehh…-, repliqué sin
disimular mi molestia. Temía una "escena" de Patty.
- ….¿Te preocupa tu esposa? –trató de adivinar Milagritos-,
¡no te preocupes!, el barman es mi amigo y la está entreteniendo. ¡Ah!, y
preferiría que me llames Milagros o Mili,…ya no soy una niña, ¡sabes?...
- …. ¡Y que lo digas! – dije, pensando en voz alta-, ah, y no
es mi esposa: es mi enamorada…
- ¿En seriooo? –replicó divertida-, ¡por como pelean, todas
las chicas del casino pensaban que estaban casados, jijiji!!!
Conversamos un poco y descubrí que, ella no me había olvidado
ni lo mucho que nos habíamos divertido cuando nos conocimos, cuando era una
chiquilla. Estaba divina y deseaba ya cogérmela como en "los viejos tiempos". Al
poco rato de conversar, un "¡chist!" de una compañera suya, nos pasó la voz:
Patty volvía. Antes de retirarse, me preguntó si yo y Patty iríamos a algún otro
lado después. Yo le dije en qué discoteca estaríamos. "…No te retires antes de
la 1 de la madrugada"- me dijo mientras me lamía el pabellón del oído con la
puntita de su lengua-, "ni tú ni tu enamorada; yo caeré por ahí". Mientras hacía
sonar los tacos de sus zapatos, corriendo alegremente por el salón, comencé a
pensar en qué se estaría tramado….
Patty se alegró al decirle que la llevaría a la discoteca más
"de moda" en la ciudad; pero ya ahí yo me aburría horrorosamente; ella prefería
beber que bailar. Pasadas algunas horas pensé que Milagros no vendría, cuando,
sin ningún aviso, se apareció de pronto, justo cuando mi enamorada estaba en el
baño. Dijo su "¡Hooolaaa!, ¿Cómo estás?!!", y sin pensarlo dos veces, se sentó
muy quitada de la pena, portando dos vasos de licor. Si en el casino estaba
espectacular con su uniforme, en la disco estaba sencillamente deliciosa: lucía
ahora un top rojo -que parecía que iba a explotar en cualquier momento, dejando
sus enormes pechos al aire-, así como una diminuta minifalda blanca y unos
zapatos de taco aguja que hacían juego. Su blonda cabellera ondeaba libre,
brillando con intensidad por las luces del lugar.
- ¿Y tu enamorada? -, me preguntó- , los quiero invitar a una
fiesta….
- …. Está en el baño –le respondí-,… pero no creo que quiera
ir: es algo celosa…
- Lo sé, pero no te preocupes, ¿ves esto? –replicó risueña,
mientras me mostraba una bolsita que sacó de su escote-,… lo aprendí de ti:
afrodisíaco e hipnógeno. ¿Sabes lo difícil que fué el dar con la
combinación?....
Sin ningún desparpajo vació el contenido del sobre uno de los
vasos que traía: eso era lo que se traía entre manos y realmente, a mí no me
importaba dormir a Patty,... todo con tal de disfrutar de nuevo el sabor de
Mili. Además, quería saber qué más me tenía preparado. Definitivamente, Milagros
ya no era la chiquilla timorata a la cual estrené hace mucho. Al poco rato llegó
Patty y Milagritos, demostró una gran habilidad histriónica: se paró sin más y
le abrazó felicitándole por su cumpleaños -excelente jugada-, para luego
invitarle el trago. Mi enamorada -que jamás dice no a un buen licor-, aceptó e
hipócritamente (por algo la conozco), la invitó a acompañarnos. Mientras la
preciosa chiquilla la encandilaba diciéndole acerca de una fiesta a la cual
asistiría "la gentita más fashion de la ciudad", yo no dejaba de mirar por todo
ángulo a Milagros, ¡cuánto había cambiado desde que disfruté por primera vez de
su, en ese entonces, tierna piel!. Tras un buen rato de conversar, Patty ya
estaba mostrando los efectos de la droga; reía de todo y decía que sí a todo lo
que le proponía Milagros. Hasta se podía decir que me volvía a caer bien después
de tantos años de peleas. En fin, media hora después, salimos de la disco,
Milagros, Patty (colgando del cuellos de Mili), y yo hacia la "fiestita" que nos
tenía preparada la, ahora infartante rubia.
Como si fuese su casa, Milagros nos hizo entrar en una
discoteca "open mind" –en verdad, la única de nuestra ciudad-, siendo saludada
por todos los que bailaban dentro. Ella no había mentido: en la discoteca se
celebraba una tremenda y desmadrosa fiesta. Patty, que siempre miró con asco y
desdén a gays y lesbianas -gracias al polvillo que Milagros le puso en su copa-,
en segundos se volvió el alma de la fiesta, saltando y bailando con todo el
mundo. Yo por mi parte, junto a Mili, nos apartamos un poco de ella para
conversar un poco, rememorando el pasado, y de cuando en cuando, frotando
nuestros cuerpos, abrazándonos, sobando nuestras piernas con total descaro y
besándonos, en medio del gentío.
- ….¿Oye Milagritos?,…- le pregunté mientras le mordisqueaba
el cuello-, ¿y qué fue de tu hermano Carlitos?...
- Mmmm….¿quién?, ¿Giselle? – respondió pegándose a mi
delicioso e incitante cuerpo, totalmente mojado por el sudor-,… mira a la barra,
mi amor: recién está calentando…
Me quedé de una pieza al ver hacia la barra: rodeada de fans,
ahí estaba. Carlitos-Giselle se había convertido en verdadera escultura del
deseo: subida a la barra, calzando unas altísimas botas blancas que casi le
forraban esas espectaculares piernas, deleitaba a la concurrencia con un fogoso
y casi obsceno baile. Pero no sólo eran sus piernas; todo su cuerpo se había
transformado por completo; también el/ella había cambiado por completo desde la
última vez en que, ya transformado -pero con el cuerpo similar al de su
hermanita cuando los conocí-, me buscaba en mi oficina, cayendo de rodillas
frente a mí, rogándome que le cogiese. A una señal de su hermana, Giselle bajó
de la barra, y de un felino salto se unió a nosotros, dejando con un palmo de
narices a sus fanáticos, que gritaban a rabiar. Ya en nuestra mesa, Patty,
totalmente "grogui", quedó encandilada con Giselle: estaba fascinada con el
hecho que Giselle fuese casi una completa y perfecta mujer. Carlitos-Giselle se
la supo ganar: por años viajó por toda Sudamérica, y no paraba de contarle
sabrosas y atrevidas anécdotas de sus viajes. Patty le escuchaba sin dejar de
beber, riendo estruendosamente y, de rato en rato, pelliscándole por debajo de
la diminuta minifalda blanca que ajustaba sus inmensas caderas, tratando de
convencerle de "enseñarle su secretito". Giselle y Patty no paraban de reír,
comportándose como dos chiquillas de colegio descubriendo sus cuerpos. Por mi
parte, no me incomodaba la situación: me divertía ver a Patty tan desenvuelta,
respondiendo a las preguntas calentonas que le hacía Giselle ("¿y tu macho éste
te hace gritar como una cerda?; cuéntame: ¿te entra toda su pieza en la polla?),
mi enamorada, como no queriendo quedarse atrás, soltaba la primera confidencia
que se le ocurría: ¡quién lo iba a pensar!, ella, que a la más mínima
insinuación mía, me gritaba ¡depravado!; es que el ambiente de la disco, con
hombres y mujeres casi desnudos –algunas parejas completamente-, bailando,
lamiéndose, contorsionándose, cogiendo en la pista, simplemente le estaba
"achicharrando el cerebro".
Mientras "las amiguitas" no paraban de beber y cotorrear, yo
disfrutaba como loco: con una mano saqué al fresco uno de los pechos de Patty,
el cual magreaba a mi antojo. Mi otra mano estaba secuestrada: Milagros la había
tomado por debajo de la mesa, y apretándola entre sus piernas, la introdujo ella
misma en su vagina, dejándome disfrutar de su cálida y húmeda cueva, de frondoso
vello que me imaginaba también dorado como su cabellera, mientras ella me lamía
y me mordía el cuello, como gata en celo pidiendo ser cogida. Giselle mientras
tanto, me miraba mientras conversaba, con sus ahora ojos verdes, relamiéndose
los labios carnosos, y jugueteando con su melena negra.
Pasado un rato de tan delicioso disfrute, toda la discoteca
comenzó a retumbar: sonaban los melosos y ardientes acordes de una "lambada". De
un salto, Patty y Giselle nos arrastraron a la pista de baile. Fue el baile más
ardiente que bailé jamás: mientras Patty y Carlitos-Giselle participaban de un
lascivo "trencito" con un grupo de fiesteros, Milagros se me pegaba, casi, casi
entrelazándome con sus piernas. Sentía sus jugos mojándome el pantalón, era
delicioso.
- Giselle ha convencido a tu enamorada para ir los cuatro a
su departamento- me dijo, en medio del baile-,…. ¿me sigues deseando como antes
o ya no?, si quieres, no voy….
En ese momento decidí que debía demostrarle a Mili que, a
pesar de los años, yo seguía mandando.
- Si vine acá, es por que quiero lo que me pertenece…
- …¿Ah, siii?, ¿y eso que és?....
- ¡ESTO!!!...-le respondí a la vez que le metí el índice al
ano sin ningún miramiento.
- ¡AHHHHH!!!..
Y luego otro dedo y luego otro, en rápida sucesión. Milagros
soltó un prolongado gemido, que nadie escuchó en la pista de baile. Y así,
ensartada por detrás, abriéndole el ano, preparándolo para lo que vendría
después, comencé a llevarla con paso cadencioso, al ritmo de la música.
Milagritos gemía y se contorsionaba con cada embestida de mis dedos, pero yo
creo que más bien era por que ya se hacía idea de lo que le haría después.
Apenas acabó el baile, se fue volando a buscar a mi enamorada y a su hermano.
Tuvimos que cambiar los planes; ya no sería en el
departamento de Giselle, sino en un hotel cercano. El motivo, Patty ya estaba
dispuesta a todo –gracias a otro vaso con droga-, pero apenas día caminar. El
hotel no era muy bueno y estaba lleno: por todos lados se escuchaban gemidos y
estertores de placer. La habitación no era muy agradable, pero tenía dos camas,
lo cual mostró su utilidad después. Apenas llegamos, Patty se empecinó en ver a
Giselle desnuda: quería ver su cuerpo de mujer rematado por un pene de hombre.
Ella no se hizo de rogar, quitándose la ropa lentamente, haciéndole un
striptease mientras Patty reía a rabiar. Ya desnuda, Giselle le dejó que le
agarre su diminuto y erecto miembro; mi enamorada lo cogía como si de una rara
joya se tratase. Giselle la comenzó a desnudar con confianza, mientras le
animaba a que le acaricie sus enormes pechos. Patty era gelatina en sus manos,
esclavizada a su más mínimo deseo. Yo estaba tirado boca arriba en la cama,
disfrutando las caricias de Milagritos que, diestramente me iba desabrochando el
pantalón, sacando mi pene erecto, chorreante.
-Ahora enséñanos cómo se la chupas a tu hombre –, le ordenó
Giselle a Patty, que mansamente gateó por la cama, yendo hacia mí.
Patty era una excelente mamadora; yo lo sabía, pero aquella
noche, se esmeró: cogiendo mi pieza con una mano, me comenzó a masturbar,
mientras que me lamía los testículos, ensalibándolos por completo, para luego,
como una experta, lamer mi ano con fruición. Nunca antes lo había hecho, y eso
me sorprendió. Drogada como estaba, no le importó que para ese momento que
Milagritos se introducía toda mi pieza en la garganta. Las dos me estaban dando
una mamada como nunca la había soñado. Al poco rato, Patty comenzó a gemir,
alzando su culo, berreando: Giselle no se había quedado atrás, y le estaba
introduciendo la lengua al ano. La cama nos quedaba chica, pero nadie dejaba de
gozar. Era un torbellino de placer. Tras un buen rato, Giselle tomó por la
piernas a mi enamorada, la volteó de golpe, para abrirla de piernas y ponerse
encima suyo:
- Feliz cumpleaños –, le musitó a la vez que la penetraba.
Su pene era pequeño, pero se notaba que sabía usarlo: Patty
gemía, excitada a pesar de verse violada por un travesti: no dejaba de gemir
mientras le chupaba sus enormes pechos. Al mismo tiempo, Milagritos se había
apoderado de los senos de mi enamorada, mordiéndolos y succionándolos sin parar.
De rato en rato, Patty se metía mi pene en la boca, dándonos placer a los tres a
la vez; era u concierto de gemidos aquella cama. Un momento cerré los ojos para
disfrutar de ese concierto: fue cuando me vine por primera vez. Estoy casi
seguro de que, en ese momento, sentí tres lenguas lamiendo el semen que
chorreaba a borbotones.
Pasado un descanso, Milagritos y Giselle se apoderaron de
nuevo de mi enamorada: ahora el regalo era para mí. Se habían percatado del ano
virgen de Patty y decidieron prepararlo para mí. La echaron boca arriba, con las
piernas abiertas. Mili diestramente comenzó a lamerle la vulva, arrancándole
gritos de placer, mientras que Giselle le metía los dedos en el culo,
lubricándolo con sus secreciones. Después, al unísono, la cogieron de brazos y
piernas. Patty, jadeante, me miró y exclamó:
- …¡Haz conmigo lo que quieras!...
No necesité más. De un solo golpe se la introduje. El grito
que pegó se escuchó en todo el hotel. ¡Era delicioso!, su ano estrecho, me
llenaba de oleadas de placer a cada embestida. Patty sudaba, lloraba a lágrima
viva, y gozaba como una poseída. Me puse sus piernas al hombro, ahora colgantes
como de muñeco de trapo. Patty gozaba por partida doble; por la nueva
experiencia de placer, y viendo ahora a los dos hermanitos cogiendo en la cama
de al lado. La visión de los grandes pechos de Giselle y Milagros apretujándose,
era digno de admirarse. Se escuchaban voces de hombrea afuera, en le pasillo;
risotadas para ser más exactos. Entonces Patty comenzó a decir incoherencias:
-…..¡Bastaaa!.....¡bastaaaa; me vas a partiiir!.... –decía
quedamente-,….¡voy a gritar, y me van a oír!....,¡van a entrar y me van a
veeeeer!....¡son muchos y me van a querer cogeeeeer!......
Eso me dio una idea. Sin pensarlo dos veces, la cargué, así
ensartada por el culo como la tenía, la alcé, llevándola a la puerta del cuarto.
Patty trató en vano de evitarlo. Abrí la puerta de golpe; Frente a la puerta de
un cuarto contiguo, cuatro estudiantes de la Escuela Militar, esperaban su
turno; seguro habían ido al hotel con una puta. Se podrán imaginar sus rostros:
frente a ellos yo, cargando a mi enamorada ensartada por el culo, desnuda y
mostrándoles a su pesar, su raja húmeda y palpitante.
- ….¡Hey chicos!... –les dije-,… esta puta quiere que se la
cojan todos juntos, ¿quieren?...
De más está decir que casi me tiran al suelo; entraron al
cuarto como una tromba. Pese a que Patty quiso detenerlos a gritos, nada pudo
hacer cuando tuvo a una, dos, tres y cuatro jóvenes y animosas piezas
introduciéndoseles por la boca, vagina y ano. Por suerte yo pude disfrutar un
rato más de su recién estrenado ano. Demás está decir que todo degeneró en una
gran orgía en aquel cuarto; Giselle y Milagros también tuvieron su parte. Al
menos ellas pudieron escoger con quién; a Patty le dieron y ella recibió por
donde los muchachitos quisieron y cuanto quisieron. Casi al amanecer, se
retiraron satisfechos. Mi enamorada estaba tirada en una cama bañada en semen y
con todos sus orificios rebosantes, exhausta. En la otra cama, Giselle y yo
disfrutábamos de si hermana Milagritos, ensartándola al mismo tiempo,
sacudiéndola a cada embestida. Finalmente el ano que extrañaba, el de Milagritos
era mío de nuevo.
Pasado un tiempo de aquello, Patty desapareció de mi vida;
dicen que se ha vuelto muy popular entre los militares. La verdad es que ya no
la quería hacía mucho. No sufrí por ello; después de todo, tenía a Milagritos
para consolarme.