ORGULLOSO DE MI MADRE (Cap. 07)
Aclarando conceptos a solas con mi madre y de nuevo de
compras.
Tras la aventura vivida en el "pisito de solteros" que los
recientes amigos de mi madre y mi tía tenían alquilado, nosotros ya fuimos a
casa. Yo había disfrutado allí viéndoles las tetas al aire a las dos mujeres e
incluso tocándoselas a mi tía. Además, de vuelta a casa, mi madre y yo habíamos
tenido una interesantísima conversación en la que ésta incluso llegó a insinuar
sin demasiado disimulo que, si me apetecía, también podría tocarle las tetas a
ella misma.
Ya no tuvimos oportunidad e hablar de nuestro asunto secreto
hasta el miércoles a la tarde en que nos volvimos a quedar solos en casa mi
madre y yo. Yo estaba en la sala viendo la tele cuando apareció mi madre con una
bata típica de ama de casa bajo la que, dado el bamboleo de sus mamas, se notaba
que no llevaba sujetador y me dijo:
-Cariño, ¿de verdad el otro día pasaste envidia cuando enseñé
las tetas porque tú no me las tocaste?
-Por supuesto, mamá. Me dio mucho gusto vértelas pero también
me dieron envidia los toqueteos que te dio el hombre ese. Bueno, envidia sana
¿eh?. No creas que me pareció mal que te las tocara un poco. Todo lo contrario.
El sí que se lo debió pasar bien metiéndole mano a una hembra con unas tetas tan
bonitas.
-¡Hijo, qué cosas dices!
-La verdad, mamá; eres una mujer muy atractiva y, como ya te
las ví el otro día aunque fuera un poco de lejos, puedo decir que tienes unas
tetas preciosas
-Pues mira, cariño. –Sonrió ella con picardía-. Aquí tienes
las tetas de mamá para que me las veas bien y… bueno… para lo que quieras.
Entonces ella, sorprendiéndome con tan atrevida iniciativa,
se desabrochó la bata mientras sonreía pícara y provocatívamente mostrando que
en efecto no llevaba nada debajo de la bata y dejándome ver sus ya caídas pero
atractivas tetas. A continuación, y manteniendo aquella sonrisa, se inclinó
hacia mi apoyando sus manos en sus propias rodillas y dejando que sus tetas
colgaran como campanas ante mis narices. Las colgonas tetas de mi madre y sus
enhiestos pezones causaron un efecto inmediato en mi polla, que se me empinó
brutalmente de golpe. Se trataba de las tetas de mi madre pero creo que eso
precisamente hacía que el efecto en mi líbido fuera aún mayor. Mi excitación
crecía por momentos mientras contemplaba las bonitas tetas de mi madre
balancearse ante mis ojos. Sin pensarlo se las agarré mientras las elogiaba.
Luego nos miramos a los ojos, los dos sonreimos y entonces yo acerqué mi boca a
sus domingas y empecé a chuparle los pezones con suavidad. Ella no sólo no
rehuyó la caricia sino que la aceptó tácitamente sonriendo complacida mientras
me acariciaba el pelo.
-Sólo un poquito, ¿eh, cariño? Que estamos en casa y mira que
si alguien vuelve antes de lo previsto… -decía ella mientras se dejaba chupar. A
la vez que se las chupaba y tocaba también le deslicé una mano hacia sus
piernas, bajo la bata y ascendí por los muslos para tocáselos y apreciar su
rotundidad y su volumen aunque no me atreví a subir muy arriba así que no llegué
a tocarle las bragas, suponiendo que las llevara.
Al de cinco minutos de magreo y chupeteo continuado mi madre
se separó de mi y dijo:
-Bueno, cariño. Ya vale ¿eh? Que aquí me da no sé qué… Nos
podrían descubrir y fíjate la que se armaría… Con eso tenemos que ser muy, muy
cuidadosos. Era sólo un poquito para que tú también puedas hacerle a tu madre lo
que les he dejado hacer a otros. No vas a ser tú menos, con lo que yo te quiero.
Y sobre todo sabiendo que te parezco una mujer atractiva y que te gusta tanto
verme las tetas, ja, ja, ja.
-Muy bien, mamá. Estupendo. Me ha encantado tocarte las tetas,
que las tienes estupendas
-¿No las tengo un poco caídas? –Dijo ella mientras se
recomponía la bata pero aún mostrando sus tetas sin pudor.
-Las tienes cojonudas. Así es como me gustan a mi las tetas,
tetas de verdad, no de esas que parecen de goma. Las tienes como debe tenerlas
una madurita maciza como tú.
-¿De verdad te parece que estoy maciza, cariño? –Preguntaba
ella con coquetería mientras se abrochaba de nuevo la bata y se acariciaba sus
amplias caderas.
-Ya lo creo, tía buena, estás maciza del todo, calentona. –Y
mientras le decía esto no desaproveché la oportunidad de tocarle un poco el culo
metiendo mi mano de nuevo bajo la bata hasta alcanzar sus orondas nalgas
descubriendo ahora que, en efecto, sí llevaba bragas.
-Hijo, cómo me gusta que me digas esas cosas… y también que
me llames "calentona" y cosas así. Bueno, así cuando no nos oye nadie más,
claro. Cuando era joven los chicos me decían piropos con bastante frecuencia, no
te creas, que tu madre gustaba y mucho. Algunos piropos eran incluso
fuertecillos, ya me entiendes, pero esos no creas que molestan; a veces son casi
los que más gustan, ja, ja, ja…
-No me extraña en absoluto, mamá, porque ahora estás
buenísima y de joven también debías ser una mujer muy atractiva, aunque a mí
seguro que me gustas más ahora. A mí me gustan las maduritas, ya sabes…
-Me alegro mucho, hijo, pero la verdad es que, pasados los
cuarenta parece que las mujeres nos hacemos invisibles hasta para nuestros
propios maridos y ya ni nos miran ni nos dicen nada.
-Pues hay muchos que os dirían de todo, mamá, te lo aseguro,
como yo mismo. Lo que ocurre es que no es sencillo atreverse a decirle según qué
cosas a una muejr casada, y si es de la familia o tu propia madre pues ya ni te
cuento claro.
-Ay, cariño, pues yo te agradezco mucho que me digas esas
cosas y me gusta mucho gustarte…
Esa misma tarde llamó mi tía Rosa para decirnos que ella el
viernes próximo no podría acudir a la cita pues tenía que ir inexcusablemente
con su marido a hacer unas gestiones.
Mi madre entonces dijo que ella tampoco iría pero yo la animé
a hacerlo diciéndole que se lo pasaría igual de bien y que no tenía que
desperdiciar oportunidades de disfrutar y divertirse. Logré convencerla, sin
demasiado esfuerzo por otro lado, y ella dijo:
-Pero tú tienes que estar todo el rato conmigo, ¿eh? Que si
no va tu tía entonces si que yo no voy sola a ninguna parte.
-Por supuesto, mamá. Ya lo creo que estaré. No pienses que
voy a perderme la oportunidad de verte las tetas de nuevo.
Ella rio divertida y halagada y luego dijo adoptando un tono
ofendido en broma:
-Hijo, que tu madre no anda por ahí enseñando las tetas a
todo el mundo.
-No hace falta que se las enseñes a todo el mundo pero yo sé
de algunos que están deseando vértelas de nuevo.
Ella rió complacida y dijo adoptando un tono pretendidamente
serio:
-Igual no enseño las tetas. No voy a ir todos los días
despelotándome por ahí. Un día es un día y lo que pasó el otro viernes, bueno…
estuvo bien, pero eso no significa que vaya a pasar todos los días…
-Bueno, mamá. De todas maneras mañana vamos a ir a esa
lencería en la que ya estuvimos para comprar algunos trapitos. No vaya a ser que
se te termine viendo algo de ropa interior al bailar, o cuando sea, y tiene que
ser realmente bonita, ¿te parece?
-Bueno, pero tú me acompañas y me ayudas a elegir, que yo de
esas cosas no entiendo.
Al día siguiente a la tarde fuimos de nuevo a la lencería en
la que habíamos comprado los dos conjuntos anteriores. La dependienta nos
atendió muy amablemente y terminamos comprando dos nuevos conjuntos de braga y
sujetador, realmente sexys pues los dos eran negros y las bragas tipo tanga. Yo
insistí mucho en comprar bragas tipo tanga, incluso ante la dependienta,
aludiendo al extraordinario culazo de mi madre y con el argumento de que algo
así había que lucirlo al máximo. Mi madre creo que pasó algo de apuro ante mis
alusiones a su anatomía ante la dependienta. No obstante ésta me dio la razón y
no dudo en decirnos que ella también tenía varias bragas tipo tanga y que eran
muy bonitas y "resultonas".
También compramos unas bragas negras completamente
transparentes que a mi me gustaron mucho y también convencí a mi madre para que
se comprara dos ligueros y tres pares de medias, no pantys, sino auténticas
medias. Un par era negro normal, el segundo color carne y el otro, también
negro, era tipo malla. Como ya estábamos en otoño las medias empezaban a ser una
prenda habitual y convencí a mi madre para que se comprara medias realmente
excitantes.
De la tienda hice salir a mi madre con las medias negras
puestas y con las bragas negras trasparentes que también habíamos comprado y la
conduje a una zapatería atendida por dos chicos jóvenes con intención de
comprarle unos zapatos de tacón alto. La escena en la zapatería fue muy
excitante porque el dependiente, al probarle los zapatos a mi madre, pudo verle
sin problemas la zona de los muslos que dejaban al descubierto las medias y
también le pudo ver incluso las bragas en repetidas ocasiones ya que mi madre
llevaba puesta la falda verde que le llega por encima de las rodillas. Al
probarse los zapatos sentada su falda subió hasta medio muslo y el propio
movimiento de sus piernas contribuyó a que mostrara buena parte de sus muslazos.
En esa situación, desde el lugar que ocupaba el chico, agachado frente a mi
madre para ayudarle a ponerse los zapatos, sin duda podía verle las bragas sin
dificultad. Yo estaba disfrutando con el espectáculo así que intervine para
hacer que mi madre se probara al menos doce pares de zapatos antes de decidirse
por los dos pares que finalmente se compró.
Mi madre, sin ninguna duda, también disfrutó exhibiéndose
para aquel joven y sin duda se sintió halagada, y yo diría que hasta excitada,
por el efecto que estaba causando en aquel chico.
-Cariño, me he portado como una zorrona con ese chaval. –Me
dijo ella un tanto azorada cuando ya estábamos en la calle.- ¿Qué habrá pensado?
-Habrá pensado que eres la tía más buena y apetecible que ha
visto en mucho tiempo, mamá. Y seguro que ahora se está haciendo una buena paja
a tu salud.
-¡Anda, hijo! ¿cómo dices esas cosas? –Contestó ella casi
escandalizada por mi afirmación.
-Casi me la tengo que hacer yo después de haberte visto antes
probarte toda esa lencería en la mercería y ahora enseñando el muslamen ahí en
la zapatería…
-Hijo, tienes unas cosas… Hacerte una… -Dijo ella riendo y
visiblemente halagada.
-Creo que eres una exhibicionista, mamá, o por lo menos mucho
más de lo que tú misma piensas. ¿A que te gusta que te vean enseñando tus
encantos?
-Ja, ja, ja… qué cosas tienes…
-No lo niegues, mamá; ahora has disfrutado enseñando los
muslos y hasta las bragas a ese dependiente y el otro día en la discoteca no
pusiste ningún reparo y bien que te levantabas la falda para enseñar hasta las
bragas.
-Hombre, la verdad es que, si es así, con discreción y sin
que nos conozcan, es divertido y tengo que reconocer que sí que me gusta
sentirme admirada y deseada, claro. Pero si tengo que enseñar algo prefiero
hacerlo en la intimidad y sin correr ningún riesgo, que aunque esto de enseñar
un poco los muslos es divertido también me pone muy nerviosa, no creas. Con
tranquilidad y con gente de plena confianza estas cosas saben más ricas.
Seguimos hablando de estas cosas y mi madre llegó a dejar
claro que, llegado el caso, no le importaba que le vieran algo pero siempre que
ella eligiera quién y cómo se lo veía y que todo fuera en una situación en la
que no hubiera riesgo alguno. Volvió entonces a incidir en que para ella era muy
importante que en todas aquellas actividades un tanto clandestinas en las que
últimamente estaba participando, yo estuviera presente siempre, cosa que me
agradó y hasta excitó, claro, pues esa disposición de mi madre a que yo fuera en
cierta medida partícipe de sus correrías me resultaba muy excitante. Ella, tal
como me explicó aunque con otras palabras, lo hacía para asegurarse de que
ninguna situación se le fuera de las manos y, sobre todo, para garantizarse una
cierta tranquilidad de conciencia pues si estaba yo presente y yo aceptaba y
hasta la animaba a que hiciera ciertas cosas, para ella eso era como una especia
de aval moral que le permitía atreverse a ciertas cosas que de otra manera le
hubieran resultado casi inaceptables.
-Para mi la seguridad y la tranquilidad en estas cosas es muy
importante, hijo. –Decía ella-. Por eso tanto tu tía como yo preferimos que
estés con nosotras cuando vamos a la discoteca esa o cuando hemos estado con
esos hombres. Ya que hemos cogido esta confianza entre nosotros y que a tí no te
parece mal que nos desmadremos un poco, preferimos que tú estés siempre con
nosotras, nos da más seguridad y tranquilidad, aunque nos veas también tú un
poquito lo zorronas que nos hemos vuelto, ja, ja, ja…
-Bueno, ya sabéis que yo desparezco cuando queráis, que yo
soy muy discreto, mamá.
-Pues precisamente por eso yo prefiero que estés siempre con
nosotras, porque eres muy discreto y se puede confiar en tí. Además, si hay que
enseñar algo yo también quiero que tú lo veas… si no te parece mal. A mi también
me gusta gustarle a mi hijo… ¿te parece mal , cariño, te parezco demasiado
golfa?
-¿Mal, mamá? Me encanta verte y cuanto más golfa seas mejor y
más orgulloso voy a estar de ti, mamá. Mejor porque tú disfrutarás más y mejor
para mi, que difrutaré viéndote. Ya sabes que me gusta verte un poco desmadrada.
-¡Menudo par de golfos que nos estamos haciendo! Menos mal
que todo esto queda entre nosotros…
Seguimos hablando así hasta que ya llegamos a casa y no
hablamos más de estos temas hasta el día siguiente cuando ya nos disponíamos a
arreglarnos para ir a la discoteca. Mi madre me pidió consejo sobre la ropa que
debía llevar y yo le sugerí que como ropa interior llevara uno de los conjuntos
negros de sujetador y braga tanga que habíamos comprado, medias negras lisas,
los zapatos de tacón que habíamos comprado también. Por encima le dije que se
pusiera un traje azul cuya falda le llega justo por encima de la rodilla.
Cuando se hubo puesto la lencería y las medias me llamó a su
habitación para que viera cómo estaba y al entrar la polla me dio un verdadero
brinco pues ver a mi madre con aquellas pintas de fulana, con todo su estupendo
culazo prácticamente al aire, con las tetas bastante visibles a través de la
tela negra del sujetador y con las medias negras hasta medio muslo, era para
correrse allí mismo.
-¡Mamá, pero tú lo que quieres es que salga ya de casa con la
polla empinada, eh, golfona! –le dije sin preocuparme de que el vocabulario que
usaba sonara soez y en tono de broma provocando su risa.
-Bueno, ya veo que te gusto, cariño. –Replicó ella riendo
satisfecha.
Mi madre se preparó y cuando acabó la verdad es que estaba
realmente preciosa y muy apetecible.
Nos fuimos directamente a la discoteca y cuando llegamos nos
dirigimos a la zona de las mesas que solíamos ocupar y ya estaban allí Alfredo y
Alberto. Ambos hombres besaron a mi madre en los labios y la piropearon en
cantidad. Luego les explicamos que Rosa no había podido venir aquel día.
-Así que hoy os tendréis que conformar conmigo sola. –dijo mi
madre riendo.
-Bueno, hay aquí bastante mujer hasta para los tres .
–Contestó Alfredo al tiempo que le daba unas palmadas en los muslos a mi madre,
que habían quedado al descubierto hasta un palmo por encima de la rodilla al
sentarse en los mullidos sillones de la sala de fiestas.
Luego, mientras Alfredo y mi madre bromeaban y reían, no sin
que las manos del hombre dejaran en paz las rodillas y muslos de mi madre,
Alberto me pidió que le acompañara a la barra a por unas consumiciones y de
camino hacia allí me dijo:
-Oye, hablando claro como hemos hecho desde el principio;
nuestra idea hoy era llevarnos a estos dos hembras al pisito y a ver qué pasaba,
ya me entiendes, pero en vista de que no ha venido tu tía no sé qué piensas tú.
¿Te parecerá bien que nos vayamos sólo con tu madre? ¿Crees que ella…?
-Bueno, mi madre será la que decide, pero por mï no hay
problema, todo lo contrario. De hecho creo será más divertido estar con ella en
vuestro piso que en la discoteca.
-Estupendo, pues se lo proponemos y si a ella le parece bien
para allá nos vamos los cuatro. Iremos suavito pero si le volvemos a ver las
tetas ¿eh? Pues mejor que mejor… A ti te parece bien, ¿verdad?
-Desde luego, hombre. Vosotros haced todo lo que os parezca
adecuado, que, llegado el caso, ya os parará ella. Y si no os para pues adelante
y mejor para todos. Por mí fenomenal.
-Oye, tío, eres estupendo y lo mejor de todo es que tienes
una madre cojonuda. Ya podía ser la mía así de zorra. –Alberto se quedó un poco
cortado tras decir eso y continuó-: Oye, perdona, igual te ha molestado que diga
de tu madre eso de… eso de zorra.
-En absoluto, hombre. Yo también creo que poco a poco se está
convirtiendo en una zorra o más bien que está saliento a flote la zorra que
seguramente siempre ha sido y ha llevado oculta hasta para ella misma. Así que
me parece muy bien que digas de mi madre que es una zorra, y más que quiero que
lo sea, para que disfrute como una golfa.
-Pues iremos suave, suave pero con paso decidido para hacer
que esta golfa disfrute de la vida ¿eh?
-Pues claro. Oye, y eso que has dicho… ¿de verdad te gustaría
que tu madre también fuera un poco zorra?
-Mira, esto muy entre nosotros; me gustaría que mi madre
fuera no sólo un poco sino la zorra más grande de la historia. Para que te
sitúes te confesaré que yo me he hecho una buena cantidad de pajas pensando en
mi madre. Ahora ella tiene 68 años pero sigue estando tan apetitosa como lo está
la tuya. Esto es la primera vez que se lo cuento a alguien, claro. Ni siquiera
Alfredo lo sabe, pero en tu caso, dada la relación que tienes con tu madre y el
rollo que lleváis… Si te digo la verdad no hay cosa que me gustaría más que, por
ejemplo, tú te jodieras a mi madre mientras yo le vacío toda le leche de mis
huevos en la cara. Pero lamentablemente mi madre no es tan lanzada como la tuya…
Bueno, ya hablaremos de esto un día tú y yo solos. Déjame decirte solo una cosa
más antes de que volvamos donde tu madre y Alfredo: me excita un montón que tú
estés presente cuando le metemos mano a tu madre y que seas así de abierto y
decidido con ella. Y también me gusta que a ella le parezca bien enseñar las
tetas delante de ti y todo eso. Bueno, ya hablaremos, ya hablaremos, que este
tema de las relaciones y de la familiaridad sexual entre madre e hijo me
interesa mucho…
-Sí, ya hablaremos, pero aprovechando esta confidencia que me
haces te diré que a mi tampoco me desagrada la idea de echarle toda la leche en
las tetas a mi madre mientras tu te la jodes y Alfredo se la mete en la boca… Ya
me entiendes…
-Me parece que tú y yo somos muy parecidos, ja, ja, ja… un
buen par de cerdos. -Dijo Alfredo visiblemente entusiasmado.– Tenemos que hablar
tú yo de esto ¿eh?
Después de estas interesantes confidencias volvimos donde mi
madre y Alfredo para encontrarnos que estos estaban bailando, no en la pista,
sino allí donde la mesa un alegre ritmo sudamericano cuya estrofa decía "Un
poquito más suave, un poquito más suave…". Al llegar donde ellos yo tarareé
variando la estrofa "Un poquito más zorra, un poquito más zorra" de modo que
tanto mi madre como los dos hombres lo oyeron. Todos nos reimos y luego ya nos
sentamos a tomar nuestras consumiciones. Después ambos hombres sacaron a mi
madre a bailar y durante los bailes, en la oscuridad de la pista, los dos le
magrearon a conciencia el culo y se besaron con ella. Mi madre estaba encantada
y así lo demostraba cada vez que volvía de la pista de baile del brazo de uno de
sus amigos.
-Si me viera tu padre… -me dijo en un momento dado a mi sólo.
-Mi padre el error que ha cometido es no mirarte cómo se debe
mirar a una mujer tan atractiva como tú durante los último tiempos así que… -Y
entonces mi madre me dio un suave piquito en los labios que acabó de ponerme
tremendamente cachondo.
Tras unos cuantos bailes más, los cuatro estuvimos un rato
conversando animadamente y en un momento dado Alberto propuso irnos a su piso a
tomar algo más tranquilamente. Mi madre me miró a mi y yo asentí animándola así
que ella se levantó diciendo:
-Bueno, pues vamos. La verdad es que yo prefiero sitios más
tranquilos, no con tanto ruido como aquí. Cuanta más discreción mejor.
Continuará…