OTRA AVENTURA EN VERANO 12
LA BODA - 2
Otra vez me daba la impresión de que entre los dos lo habían
preparado de alguna manera y yo había caído en sus manejos. Me encuentra la
novia follando con el novio en su cama, la noche de su boda y solo se le ocurre
decir que no se nos puede dejar solos.
No es que me ignorasen a partir de ahí, pero ella se tumbó
junto a él, soltó la toalla que traía del baño y se echó encima suya, agarrando
su pene con las manos y haciéndolo revivir entre caricias y chupetones con la
lengua.
Salí rápidamente al pasillo, cerrando con cuidado y regresé a
la sala de baile. La gente empezaba a retirarse y los que seguían con ganas de
marcha bajaban a la discoteca, en un piso inferior, donde ya sonaba la música
bien fuerte.
Mi marido estaba hablando con las hermanas de Juan y le dije
que iba a llevar al chico a la habitación. Ya estaba cansado, igual que los
otros, que también subieron con nosotros.
La niña ya estaba acostada y dormida, habían preparado cuatro
camas. Se pusieron el pijama mientras yo colocaba la ropa y se acostaron. Di un
beso y arropé a mi hijo y luego hice lo mismo con Carlitos.
Cuando regresaron los novios, ya de calle, se despidieron de
los invitados que quedaban y nos fuimos los cuatro a la discoteca. Ahí me di
cuenta de que Juan era tan torpe con la música moderna como mi marido. Solo
salían cuando era algo lento, el resto nos lo pasamos Ely y yo bailando una con
otra.
No hablamos de lo sucedido un rato antes y supuse que a lo
mejor era porque ella se sentía mas culpable que yo. Había estado bien, pero con
demasiada prisa. Claro, que si yo llego a saber que tenía su consentimiento a lo
mejor no lo hubiera hecho. Ni yo misma me entendía a veces.
En honor al novio pusieron su tipo de música y mi marido me
cogió de la cintura y salimos a la pista. Sus manos calidas en mi espalda
desnuda eran reconfortantes. Me sentía a gusto pegada a él, que me besaba la
cara agachándose un poco.
Recuperé algo de mi amor propio, tan dañado en los últimos
minutos y llegué a pensar que suerte tenía con él y qué torpe era liándome con
otros hombres, solo por sexo y unos ratos tan efímeros de placer. Claro, que a
veces esas ganas de sentir placer, cuando me daban, eran inaguantables.
Como penetrando en mi cerebro y adivinando mis pensamientos,
él siguió a lo suyo, acariciándome y excitándome con sus dedos. Llegó hasta mi
pecho, metiendo la mano por delante, por el escote y mis pezones se erizaron a
su contacto. Sentía como si todo el mundo me estuviese mirando, pero la luz
estaba casi al mínimo y cada pareja estaba dedicándose prácticamente a la misma
labor.
Bailé con más gente, gracias a dios mas comedidos. Lo más que
notaba de vez en cuando era una mano bajando hasta mi culo. Y ahí las dejaba
estar.
Juan fue el único que se atrevió a algo más, poniendo también
su mano en mi pecho, por dentro del vestido.

- ¿te he dicho alguna vez lo guapa que estas?
- me parece que hoy no, es la primera. Me alegro que te hayas
fijado.
- ¿sabes que me gustaría esta noche?
- ¿Qué?
- estar con las dos. Dormir con una a cada lado.
- se lo voy a decir a Ely, ya veras como hoy, además de boda,
habrá un divorcio.
- se lo he dicho yo. Y solo se ha sonreído. Ella también te
quiere.
- si, y mi marido también.
- pues le invitamos
- si hombre, ¿porque no vamos todos los invitados a vuestra
habitación esta noche? Sería más divertido.
- voy a ver si convenzo a Pepe.
Me dejó junto a mi mesa y se acercó a mi marido, que estaba
en la barra recogiendo unas bebidas. Se acercó el cuñado torpe y me invitó a
bailar, pidiéndome disculpas por su comportamiento de antes.
Se portó bien en la primera pieza y seguí un rato con él,
sobre todo porque así me era mas fácil ver a mi marido y a Juan, que hablaban
muy serios en un rincón de la barra. Me hubiera gustado saber de que estaban
hablando, estaba realmente intrigada.
El cuñado iba bajando su mano hasta mi culo, como todos y
apenas me enteraba. Tampoco le hice mucho caso cuando me tocó el pecho por
encima del vestido. Bueno, los otros dos seguían hablando y me empezaba a
preocupar, no fuera a meter la pata alguno de los dos.
Ambos tenían cosas que contar, tanto de Ely como de mí, que
el otro no sabía, y no era el momento de sacarlas a la luz. Sentí un escalofrío
y un toque de gusto en mi cerebro, pero yo seguía mirando a la pareja hablando
en la barra.
Cuando me dio el segundo toque, retiré la vista de la barra y
cambié las
ideas a lo que pasaba a mi alrededor.
Aprovechando que no le decía nada, como si consintiese, me
había sacado un pecho fuera y me lo mordía y chupaba, agarrándolo con una mano,
mientras la otra se aferraba con fuerza a mi culo. Me debatí dándole patadas,
hasta que me soltó y antes de que dijese nada le solté un bofetón, que apenas
sonó con el ruido de la música pero que me dejó la mano dolorida.
Apareció Juan y se lo llevo fuera, retorciéndole un brazo y
mi marido, que me tapó el pecho y me abrazó, sentándose a mi lado, y ciñéndome
con sus brazos.
- ¿Qué ha pasado?
- estaba distraída viéndoos hablar y cuando me quise dar
cuenta me estaba metiendo mano de mala manera.
- ese tío es un pesado. Hay gente que no sabe comportarse.
Estábamos los tres matrimonios juntos hablando, el cuñado
pesado había desaparecido, y a Maika se le ocurrió lo de la liga otra vez.
- oye, será una tontería, pero ahora solo quedamos un grupo
pequeño, todos amigos y podíamos quitarte la liga, sin subasta ni nada, solo por
el cachondeo.
Sorprendentemente, a Juan le pareció entonces bien y a Ely no
se le necesitaba animar demasiado. Fue Jesús, el marido de Maika, el encargado
de anunciarlo y de elegir el afortunado que se la quitaría.
La cogió de la mano y la subió a una de las mesitas, pidiendo
silencio; la música ya la habían bajado un poco. Hizo un discurso sobre la
tradición y las buenas costumbres y anunció que el encargado seria el mejor
amigo de la novia, para dar celos al recién casado, y señaló a mi marido.

Pepe avanzó algo confundido, no sabia que hacer. Ely le
señaló donde estaba la liga, por encima de la falda y él metió la mano con mucho
cuidado por debajo, para buscar donde señalaba ella.
Jesús no le dejó seguir y el resto del público le abucheó,
diciendo que querían ver algo. Entonces se decidió y metió la cabeza por debajo
de la falda y ahí le empezaron a aplaudir. Levantó la cabeza dejando las piernas
de ella al aire. Más aplausos. Levantó la falda con las manos, justo hasta el
borde de las bragas, enseñando la liga blanca y todo el muslo morenito en
contraste.
Agarró la liga, estirándola y la bajó despacito por la
pierna, que al final tuvo que levantar para sacarla y la exhibió triunfalmente.
Ely se agachó y le dio un beso, bajando de la mesa a continuación. Alguien pidió
un striptease, pero ella dijo que ni hablar. Hubo una voluntaria, pero no pasó
de contonearse un poco encima de la mesa.
Ya iba quedando menos gente y me di cuenta de que mi marido
estaba con los ojos cerrados y dando cabezadas. Le agarré del brazo y le llevé a
la habitación, ayudándole a acostarse.
Aproveché la poca luz, apta para confidencias, y me tumbé
cerca de él para preguntarle por su conversación con Juan. Necesitaba saber
cuanto se habían confesado y cuanto sabía de toda mi relación con él. Le
pregunté, como si no tuviera para mí el más mínimo interés:
- ¿de que hablabais tanto rato?
- nos estábamos conociendo, pero sobre todo de vosotras dos.
- ¿no le habrás dicho que tu y Ely…?
- ¡no! Por supuesto que no. Eso se lo dirá ella si quiere.
- ¿y de mi?
- me dijo que os conocíais desde hace mucho tiempo, que casi
fue novio tuyo.
- si, era compañero de un novio que tuvo Ely y a veces
salíamos juntos.
- no, el me dijo de después.
- si, después, cuando venía los veranos con el chico a casa
de mis padres, salimos los cuatro algún día, pero ya hacia lo menos cuatro o
cinco años que no nos veíamos.
Poco a poco, se cambiaron los papeles. De intentar averiguar
algo de él, pasó a sonsacarme a mí, acosándome imperceptiblemente para que fuera
yo la que le confesase cual había sido realmente mi relación con Juan, y hasta
donde había llegado.
- pues él dice que se acordaba mucho de ti, y que se alegró
cuando te vio en casa de Ely el otro día.
- si, yo también me alegré – debió de ver algo en mi cara,
porque siguió:
- hay algo mas ¿verdad?
- si. Te dije antes que ya te lo contaría mas adelante, pero
supongo que será mejor hacerlo ahora.
- ¿te acostaste con él?
- no, antes de conocerte a ti no lo hice con nadie, no te
mentí cuando te dije que tu fuiste el primero.
- sigue.
- hace tres noches vino a dormir a casa, con Ely. Estuvimos
hablando en su dormitorio, tumbados en la cama hasta muy tarde. Ely se abrazó a
mí, ya sabes, alguna vez nos has visto, y él se acercó también. Entre los dos me
desnudaron y acabamos juntos los tres, desnudos y durmiendo en la misma cama. Lo
hicimos primero Juan y yo, y mas tarde Ely también
disfrutó, mientras yo la acariciaba.
Yo, mientras le iba contando eso, ocurrido casi hace siglos,
estaba recordando lo sucedido solo una hora antes, en su lecho matrimonial y la
sensación de plenitud al sentirle dentro. Miré al techo inconscientemente, como
para que no pudiera leer en mi cara el reflejo de mis pensamientos.
- ¿y te gustó? Parece que te complaces al recordarlo.
- ¿estás celoso?
- ya te dije antes que no, o por lo menos creo que no. Un
poco de envidia si tengo.
- pero que dices… es que tu no has vivido mas de una vez una
situación igual con Ely y conmigo.
- por eso tengo envidia. Déjalo, no hablemos de eso. Metete
en la cama y abrázate a mí.
Y cuando le dije que me iba a despedir un momento de los
novios y subía enseguida, me insistió para que me quedase lo que fuera, hasta
que ellos se retiraran y no me preocupase por él.
Regresé al salón y encontré a los dos, despidiéndose de todos
y con una botella de champán en la mano. Me senté en mi mesa, esperando que
terminasen la ronda para despedirme con tranquilidad y poder hablar unos
segundos con ella.

Se acercaron a mi y Ely se sentó un momento a mi lado,
hablándome bajito, confidencialmente, como no queriendo que nos oyese Juan, de
pie al otro lado de la mesa, con la botella en la mano. Quería que les
acompañase a tomar champán en la habitación y despedirnos allí, pero le dije que
solo había bajado para decirles adiós. Me temía otra maniobra de los dos, y en
realidad casi lo deseaba, pero hoy estaba mi marido esperando y eso era lo mas
importante en estos momentos.
Ella insistió, agarrándome la mano, tirando de ella para que
les acompañase.
- ven a la habitación. Vamos a tomar la penúltima antes de
acostarnos.
- creo que no es el momento de un tercero. Estaréis deseando
estar solos.
- Estás tonta. ¿Te está esperando Pepe?
- no. Le he dejado roncando, solo bajé a despedirme de
vosotros.
- ven un rato, por favor, luego no nos veremos en mucho
tiempo.
- pero solo cinco minutos, ha sido un día muy largo.
Ely me cogió del brazo y me llevó con ellos. Brindamos
por su felicidad los tres y se fueron desnudando. Yo ayudaba a Ely y luego las
dos nos pusimos sobre Juan, acariciandole y besando su pene hasta que fue
creciendo.
Me quitaron el vestido y las bragas y me tumbaron con ellos.
Solo un minuto y me iría. Soy muy debil y cobarde en estas situaciones. No era
capaz de levantarme e irme, no encontraba como hacerlo sin parecer violento o
desagradable
Consideraba que debia marcharme, pero no me dejaban. Yo me lo
estaba pasando bien, pero alli estaba de mas. Hoy ya habia hecho bastantes
tonterias y no me parecía que fuera una buena manera de empezar su luna de miel.
Ely me besaba la cara y Juan introdujo el pene, todavia no muy grande, en mi
cuevita, mientras me besaba tambien la cara.
Conseguí salirme y acerqué a mi prima hacia él y ahora era yo
quien la acariciaba, intentando que se le acercase, hasta que estuvo encima
suyo. Cuando se la empezó a meter, me fui separando de ellos, hasta que les vi
entretenidos y besandose apasionadamente, ocupados solamente el uno del otro.
No esperé mas, cogí mi ropa del suelo, y me fui alejando;
abri la puerta con cuidado y les dejé solos, en su primera noche de casados.
Me encontraba desnuda en el pasillo, solamente con los
zapatos de tacon y el collar, por todo vestuario. No habia nadie a esas horas,
pero busqué un cuarto de baño para vestirme, antes de dirigirme a mi habitacion
a dormir.
Dejé el vestido sobre una silla y con una toalla me remojé la
cara y el pecho, que todavía mantenían el calor de las caricias y los besos de
Juan,
no quería llegar hasta mi marido con el olor de otro hombre
en mi cuerpo.
De pronto apareció, agachado por detrás; no le vi llegar y me
agarró ambos pechos con sus manos pegando su cara a mi espalda y restregándose
contra mí.
Di un grito, me volví de golpe y vi al agresor. Otra vez
Jaime, el cuñado pesado y torpe. Se acercó a mí agarrando mis tetas con una mano
y sujetándome con la otra por la cintura. Le amenacé con gritar pero ni me oía.
No podía separarme, era más fuerte y yo estaba cansada de
todo el día. Intenté liberar su brazo con todas mis fuerzas pero era imposible,
me tenía atenazada contra él.
Consiguió darme la vuelta, arrinconándome contra la
superficie del lavabo. Enterraba su cara en mi pecho, frotándose contra él, y me
hacía daño con las manos y el borde del lavabo. Me estaba quedando sin fuerzas,
y él aprovechó para subirme un poco el culo, sentándome en el canto de mármol y
puso sus manos en mi rajita, sobando y metiendo los dedos por dentro.
Me encontró húmeda de excitación, por las caricias de hace un
rato y creyó sin duda que era por él, porque me dijo algo así:
- veo que estas dispuesta, te morías de ganas de follar
conmigo, no te preocupes, yo te haré disfrutar.
Dejé de luchar, tenia que pensar otra forma de escaparme, por
la fuerza era imposible. Me apoyé en el lavabo y aprovechó para soltarse el
pantalón y sacar su herramienta. Yo le miraba y pensaba, no sabia que hacer.
La metió de golpe y fácilmente, soltando un gruñido de
satisfacción. Me agarró el culo con las dos manos, tirando hacia él y
penetrándome hasta que su pene pegó en el fondo de mi vagina. Se movía con
velocidad en mi interior y me di cuenta con terror de que me gustaba y que no
solo acabaría disfrutando con él, sino que sería capaz de colaborar en mi
violación.
Me estaba abandonando y estiré mis brazos, sacando el culo
hacia fuera. Noté horrorizada los primeros espasmos. ¡Estaba disfrutando
mientras un hombre me violaba! No podía ser, tenía que hacer algo, pero mientras
tanto mi cuerpo se estremecía independiente de mi mente.
Me invadió el sudor de mi excitación y me pegué a él lo mas
que pude, dando pequeños botes y estirando mi cuerpo y mis brazos sobre el
mármol frío del lavabo. Entonces mis manos, al extenderse por la superficie,
tropezaron con la toalla mojada que acababa de utilizar.
La agarré con una mano fuertemente, intentando que hiciese
algo para poderme enderezar sin perder el equilibrio. Acerqué mi cara
melosamente, susurrándole al oído.
- me haces daño con el borde, aprietas mucho y tu herramienta
es enorme, deja que me suba un poco para poder sentirla mejor y hacerlo como tu
mereces.
Estaba claro que había caído rendida ante sus atributos y
sonriendo con superioridad, sin sacarla de mi interior, subió un poco mi culo,
dejándome bien apoyada.
Aproveché entonces y le puse la toalla en la cara, apretando
con las dos manos para que no pudiese respirar. Se debatió asfixiándose y no le
quedó mas remedio que separarse, para poder liberarse y lograr tomar aire.
Conseguí entonces soltarme y cuando se abalanzó de nuevo
contra mi, con la toalla húmeda que tenía en la mano, le di un golpe con todas
mis ganas y cayó al suelo. Debía estar algo bebido porque supongo que sino, no
se hubiera atrevido a actuar así, y se quedó tirado en el suelo, medio aturdido.
Me puse las bragas e intenté meter el vestido desde abajo,
aprovechando ese momento, y cuando me iba a pone los tirantes me sujeta por el
pie, para que perdiese el equilibrio.
Le estaba vigilando y no me cogió por sorpresa.
La toalla seguía a mano, le volví a dar otro golpe en la cara
y cayó hacia atrás como un saco.
Ya estaba bien, no me iba a estar pegando con él toda la
noche. Me agaché un poco mientras seguía medio grogui y le quite los zapatos,
tiré del borde de los pantalones, sacándoselos y casi con mis pechos colgando
sobre su cara, le saqué también los calzoncillos.
Intentó cogerme de nuevo, está vez una de las tetas que tenia
tan cerca y le volví a arrear con la toalla en mitad de la cara, quedando casi
desmayado y por fin quieto.
Cogí su ropa, le tiré la toalla sobre la cara y me fui a todo
correr hacia mi habitación, subiéndome las tiras del vestido mientras.
Cuando entré, lo primero que hice fue tirar los pantalones
del individuo ese por la ventana abierta, en mitad de la calle. Los calzoncillos
quedaron colgados de una rama y se oyeron algunas monedas o llaves rodar por el
pavimento.
Me metí por fin con tranquilidad en el cuarto de baño y me
pude desnudar con calma y lavarme un poco el sexo y el vientre, sucio por la
leche de otro hombre y prepararme para ir a la cama.
Al sentarme en el borde para separar las sabanas, mi marido
encendió la luz de la mesita y se quedó mirando mi pecho, reluciente por el
sudor y salpicado de gotitas de agua.
- te estaba esperando ¿ya acabó la fiesta?
- si, les he acompañado hasta su habitación para tomar la
ultima copa de champán de la noche y cuando se han puesto acaramelados me he
venido.
- vienes sofocada, ¿te has pegado una carrera para llegar
pronto junto a mi?
- me pareció ver por el pasillo al cuñado de Ely, ese pesado
del baile, y me apresuré un poco para no encontrármelo.
- ven, quiero dormir contigo, metete dentro.
- ¿solo dormir?
- ahora veras si solo dormir. Se me ha ido el sueño de
repente.
Pasó la mano por mi pecho, secando la humedad y poniéndome
los pezones erizados y sensibles. Que a gusto se estaba con mi marido, sobre
todo después de un día tan largo y azaroso. Lo que siguió a continuación, fue
como tantas noches de amor durante diez años de matrimonio. Tenía que empezar a
sentar la cabeza y ver las cosas tan agradables que hay, aparte del sexo. Aunque
en esos momentos no se me ocurría ninguna…