Apague las luces de la sala, del comedor sólo la de la cocina
y una pequeña luz junto a la escalera permanecía encendida, todavía no terminaba
de la vajilla de ese día, un rubor extraño se trepaba desde mi entrepierna y un
sanguíneo movimiento en mis pechos me inquietaba a la par al calor que la noche
pronunciaba, mi sobrino con temperatura elevada, mi marido llegaría tarde esa
noche, por fin acabe con el agua y el jabón, mojada de sudor mojada desde la
muslos, espalda y mentón.
Sólo basto con pisar el primer escalo de la obscura escalera
cuando comenzó a llover, habría más humedad esa noche, pensé. Subí con jarra de
agua de limón en mano unos limones en la bolsa del vestidillo. Llegando arriba
verifique que el chiquillo estuviera bañándose, le percate de mi presencia para
que no hubiera sorpresa ni extrañeza, dejando las cosas y entrando a donde esta
la tina, ví a un chiquillo blanquecino tímido y medio escondido, lo tome de los
hombros salimos del baño apagué una de las luces, para que no le diera pena.
Solo le pedí que se acostara y que me diera oportunidad de
refrescarme también, que mañana sería un día muy difícil y que debíamos de
descansar. La habitación casi quedo en penumbras, la puerta del baño la deje
abierta por si me necesitaba algo Iván no tarde mucho de y se sentía más
sofocante el ambiente, me asome un poco pero realmente me sorprendió, aquel
hombrecillo que hace algunos minutos permanecía acostado y tapado con la sabana
de mi cama, estaba haciendo labor insipiente, egoístamente se restregaba entre
las almohadas de mi cama, aquellas nalgas desoladas de vellos y blanquecina
apariencia, circulaban y se contraían entre pequeños suspiros del alegre en
acción. Embaucada me negaba a abandonar aquella vista de tierno manjar.
Dudándolo apagué la luz, Iván se percata que pronto saldré
del baño y se deja de restregar en la cama, es un jueguito que me pone la mente
a arder con ganas de girar, me cambio dentro del baño, me acerco a la ventana y
únicamente la abrí para que entrara un poco de viento en tan seco y misterioso
ambiente, me acerco a la cama me subí a ella, recostándome boca arriba, veo
perfectamente aquel cuerpecillo inmóvil e intranquilo… así en silencio nos
quedamos uso cortos segundos, segundos que en la vida de los dos serian horas de
fascinantes recuerdos y de crónicas de sublimación.
Dejando que mi vientre respirase y que mis muslos gozaran de
la vista de un chiquillo hermoso, mi mano izquierda bajo trasgrediendo la
vulnerabilidad de mi sexualidad y moral, dándole carbón al desorden de mis
calores y mis mejillas, infamándome en las pasiones enloquecí cuando de segundo
a segundo Iván despojado de cualquier miedo dio motor a su cadera y a su gusto,
meneando lento y certero, logró conquístame la mirada y el deseo ínfimo.
Que delicia verlo llenar de círculos y remedos de envestidas
a la cama donde se había librado mil orgasmo en batalla salpicado sales de
delicias y suspiros arrancados. Destrozo al rasgar el silencio.
¿Es lindo lo qué ves? ¿lo hago bien?
Trague saliva, me dio miedo, pensé que estaba hablando
dormido, ¡era demasiado!, ¿Dónde era el limite? Me pregunte.
Te ves divino mi amor.
Titubeé por un segundo, mi mano sujeto mi zona querida.
Pero no te detengas, lo haces bien.
Fue como presionar un botón o abrir una escotilla y dejar que
entrara aire, mas aire, mas descaro por parte de los dos, que cada quien
manejaba sus asuntos a la perfección.
Me gustaría sentir tus pompis
Una maliciosa sonrisa se postro en mi rostro, pero debía
mostrar autoridad aun que la flaqueza de mis palabras solo lo sabia yo.
No nene eso estaría mal, no debemos cariño.
Dejo de moverse caprichoso como habarle negado un helado de
coco.
Mejor debemos de dormir, mañana será otro día.
Tapándolo con la sábana, me gire con la cara hacia fuera de
la cama y me dispuse a intentar dormir, que enterada que seria tarea difícil.
Súbitamente no había pasado mucho, tal vez unos cincuenta minutos desde la extra
hazaña, en automático Iván se voltio hacia mi, quedando a espaldas a mi,
sabiendo que o traía nada de ropa, así que dude hacer un poco más, lentamente me
baje la prenda que cubría mi nenita… el silencio empuje un poco hacia tras
quería propicias un poco rozar con él. Luego un poco más no seria difícil
llegar, nos aproximaba una cama y algo más… hasta que… ¡llegué! Unos lentos
movimientos y presumiendo de mis encantos, solo que dudaba que Iván había
despertado.
Una calida manita levanto mi bata de dormir, y se postro en
mi redonda presencia, sentía su aliento en mi cuello, y el vaivén de su talento,
mojando cavidad, seño y movimiento. Intente ver por arriba del hombro.
¿Estas bien cariño?
¡Si,,, si, si estoy bien!
Entre cortado me respondió con la respiración fuera de
tiempo, eche mano a tras fue el primer contacto de mi mano en aquellas nalgas
blancas y duras.
Lo haces muy bien… te falta aprender muchas cosas más.
Y tu me vas a enseñar… ¿verdad?
Si, si yo te voy a ensañar todo lo que sé.
Comencé a acariciarme mi culo, de nueva cuenta mi mano
indómita se perdió entre mi cuerpo y el de él, para encontrarse con un vestigio
rígido y tibio que mi boca quería saborear. Basto un poco de calida hospitalidad
para que manera abrupta, aparto mi mano con fuerza, junto su pecho en mi espalda
restregando su caballerosidad en mi redonda comodidad, brotó en borbotón la
húmeda del regocijo, del festín mojado de sudor y empapado de mieles saldas y
eróticos chillidos.
Se quedo abrazándome fuerte, respirando como haber corrido
millas de placeres, estridente mi cuerpo y mente de ser la primera mancha
derramada en piel de mujer felina, de mujer que aún no está abatida, hilos de
caliente derrame recorrían mis nalgas y la delicia de la espalda baja, entre la
comisura de mis cachitas un palpitante hombrecillo recuperaba fuerza y destreza
entre carnes ajenas, palpitando e hinchándose sentía como su miembro se reponía
de la primera agotada, sin pensar ni titubeando me separe de él, me levante un
poco, tomando los restos de la cama, limpiándome un poco, viendo un chiquillo
sudoroso y mojado, un viento fresco recorría la habitación.
¿Te ha gustado mi vida?
Sí mucho, eres muy bonita
Ahora me toca a mí, ponte boca abajo, como estabas
cuando me bañaba
Obediente se posó ante mí como le pedí, sin miramientos, me
subí a él, descansando mi cavidad y estando demasiado húmeda salio de mis boca
un alivio unos murmullos que me dispensaban de toda culpa diciéndome que estaba
bien, baje la bata de dormir hasta la cintura, después de un tirante y luego el
otro, mis caderas se apoderaron de aquellas fuertes cachitas de hombre, coloque
mis pechos en su espaldita, un frenesí, alocada y perdida me abandone a mis
sensaciones… sin percatarme que solo no estábamos, que la madrugada marcaba la
llegada a casa de Fernando, mi marido.