Fue así como concluyó el programa de ese día. Joe se acercó a
felicitarnos, y al despedirse de Alex le dijo: "No has ganado una noche con Joe
Frankfurt, pero te apuesto a que cinco minutos con Joe no te caerán nada mal".
Se lo llevó de la mano ante la sorpresa de todos, y el chico se alejó, con la
boca abierta y la verga durísima. Lo último que alcancé a ver fue la nalgada que
le dio Joe con su manota en aquel perfecto culo que todos deseábamos.
Ricardo, Harry y yo nos quedamos viendo aquellos dos
alejarse, boquiabiertos, y empezamos a comentar lo dichoso que era Alex de haber
tenido la oportunidad, primero que el resto, de poder disfrutar la presencia de
nuestro ídolo a solas. Después de todo se merecía un premio, pues había hecho un
buen papel en los programas anteriores.
Mientras nos cambiábamos para salir del canal, comentábamos
las posibilidades de lo que pasaría entre aquellos dos.
"Dijo que le regalaría cinco minutos", dijo Ricardo, "Yo en
cinco minutos le pudo hacer de todo a Joe Frankfurt"
"Yo en esos minutos le beso partes del cuerpo que ni el mismo
conoce", dije yo.
"Pues yo le repetiría la dosis de leche que le dí el otro
día, al parecer le gustó", dijo Harry.
Luego, mientras estábamos solamente en ropa interior,
hablamos de las posibilidades infinitas que ofrecía pasarse una noche con aquel
hombrazo, y la conversación se tornó mucho más caliente aún. Yo, para variar, ya
la tenía dura como un garrote, y Harry no desaprovechó la oportunidad para
comentar al respecto:
"Con razón ganaste con la rapidez, Danny. Espero que cuando
me toque la dicha de penetrarte sepas recuperarte con tanta rapidez, porque van
a ser varios polvos seguidos, te lo garantizo". Lo dijo en mi oído, y su aliento
me hizo estremecer de calentura.
Ricardo se me acercó a su vez, su cara a dos centímetros de
la mía, y aunque me veía a mí, dijo dirigiéndose a Harry: "Pues a ver si me
dejas que te lo prepare primero. Con el ancho de mi verga te puedo allanar
bastante el camino."
"Hey, hey, esperen chicos. ¿Qué les hace pensar que soy
pasivo?"
"¿No lo eres?", dijo Harry, pegando su paquete del mío
"Porque si no lo eres, lo disimulas bien"
"Bueno, eh… yo… yo soy versátil"
"Eso dicen los que no quieren admitir que les gusta que les
den por el culo", dijo Ricardo, quien se había colocado detrás de mí mientras me
agarraba las nalgas con tanta fuerza que me dejó marcados sus dedos
"Bueno, bueno, ya basta por hoy". Quien hablaba así era
Manuel, quien se había aparecido con el Sr. Carlos Roca a los vestidores. No
sabía si agradecerle que me hubiera salvado de la situación, o si enfadarme con
él por cortar el curso que seguían los acontecimientos, que me tenían muy
excitado.
El Sr. Roca se acercó a nosotros. Lucía unos vaqueros
pegaditos, y dejaba ver su portentoso paquete debajo. Tenía una camiseta blanca
que le quedaba pintada en su musculoso cuerpo, y cuando se acercó más pude ver
lo lindo que era, y sobre todo cuánto me encantaban sus canas salteadas. A pesar
de su edad tenía un cuerpo y un cutis envidiable. Se dirigió a nosotros:
"Han llegado bien lejos en este concurso, y han hecho un
excelente papel. Mañana sale al aire la primera entrega del programa y tenemos
el rating asegurado. Por eso la producción quiere hacerles un premio a los que
han llegado hasta aquí. Entre otras cosas, ustedes han sido merecedores de un
paquete de un fin de semana todo incluido en famoso Frederick Spa, exclusivo
para hombres."
Nuestra alegría se sintió a través de vítores y aplausos. Yo
me moría de ganas por visitar el exclusivo Spa, famoso porque lo visitaban todo
tipo de estrellas del cine y del mundo porno, "solo para hombres" era un
eufemismo por decir que era un Spa absolutamente gay, y se habían tejido
historias en torno a lo que ocurría allí dentro que hacían excitar al más
pasivo. Cuando pensé en la palabra "pasivo" me sonrojé, pensando en las escenas
que acababan de ocurrir. El hermoso Sr. Roca siguió hablando:
"También tienen u voucher por mil dólares para adquirir ropas de la famosa línea
de ropa interior Hot Male, más la posibilidad de audicionar como modelo de sus
productos.
Más aplausos, e incluso abrazos entre nosotros, estábamos
alegres. Me encantó sentir el contacto con Ricardo y Harry, sus cuerpos
calientes, su piel de hombre tocando la mía aunque fuese por un instante, y
sobre todo porque de la dominación anterior habían pasado nuevamente a la
camaradería.
"Finalmente", dijo el Sr. Carlos, "tienen un pase de cortesía
para asistir a una de las próximas filmaciones de Joe Frankfurt, que será
realizada en una playa no lejos de aquí"
Aquello fue lo mejor de todo. Como fanático de las películas
de Joe, era un verdadero sueño hecho realidad. Y pensar que todo esto me estaba
sucediendo a mí, que hace apenas una semana no me imaginaba nada de aquello, ni
en mis mejores pajas.
Cuando ya nos habíamos cambiado y nos íbamos, el Sr. Roca me
llamó aparte, me pidió que fuera a su oficina. "Es solo cuestión de diez
minutos, pues me esperan en otra parte", me dijo. Manuel se sonrió cuando oyó
esto, y nos siguió como perro faldero.
Entré a la oficina del productor, y Manuel entró detrás de
nosotros, por lo que deduje que no iba a ser una conversación privada. Cuando
cerró la puerta con seguro, me inquieté un poco. Miré a Manuel y al Sr. Roca
alternadamente, y éste último se percató de lo que me inquietaba.
"Manuel está incluido en esta conversación, no hay nada que
temer. Manuel es de confianza, y de hecho se trata de él", dijo el Sr. Carlos.
¿Qué estaba tramando Manuel esta vez? ¿A qué me habían citado
aquellos dos?
"Ponte cómodo, Danny, te veo nervioso"
Me senté en la única silla que tenía frente al escritorio de
aquel hombre que me cautivaba con su gruesa voz.
"Sr. Roca, quiero decirle que…"
"Llámame Carlos, por favor, después de todo no te llevo tanta
edad"
"Bueno, Carlos, quiero decirle que no he roto ninguna de las
reglas que usted indicó el primer día"
"Precisamente de eso se trata, Danny", dijo el Sr. Roca, o
Carlos, mientras salía de detrás de su escritorio y se sentaba en él, frente a
mí, dejándome el espectáculo de su paquetazo a la altura de mis ojos. Manuel se
acercó por detrás de mí, y colocó sus manos en la silla. Yo no podía despegar la
vista de aquel miembro que ocultaban esos malditos jeans, y en eso Carlos me
tomó por la barbilla para que lo viera a los ojos.
"Verás, Manuel aquí me ha contado que has protagonizado una
escena genial"
Me indignó que Manuel anduviera comentándole mis actividades
íntimas a todos, pero no pude siquiera responder porque Carlos me tenía
hipnotizado con sus ojos azules.
"El se lamenta, y yo también desde el día que cruzaste por
esa puerta, de que no podamos romper las reglas del concurso, ni él, ni yo, ni
sobre todo tú"
"Sin embargo", dijo Manuel acercándoseme aún más, "Hay un
caso que puede invalidar todo eso, y la otra noche en casa de Enrique me llegó a
la mente".
Manuel prosiguió: "Artículo 11: No puede haber intimidad
sexual entre el concursante y cualquier persona que labore en TeveGay. Si esto
ocurriese, el concursante será descalificado", citó mientras añadía, "Claro, y
el personal será despedido"
Entonces el Sr. Roca me puso en pie cogiéndome el brazo en su
fuerte mano y acercándose a mí. Mientras me veía a los ojos habló claramente:
"Artículo 23: Si alguno de los concursantes estuviera a la
vez audicionando para participar en películas de nuestra compañía, en ese caso
la relación sexual es permitida entre el concursante y el personal, siempre y
cuando dicha relación sea parte de la prueba de audición"
Manuel me dijo al oído suavemente: "Están abiertas las
audiciones para "Machos en celo". Carlos se me acercó al otro oído y me susurró
sensualmente: "Manuel y yo queremos que ‘audiciones’ para nosotros".
Prácticamente no lo dejé que terminara la frase, y mi boca se
posó en su boca. Pude sentir sus gruesos labios, carnosos y calientes, húmedos y
hambrientos, y lo devoré con mi lengua. Mientras tanto, ya Manuel se estaba
encargando de quitarme la camisa y de bajarme los jeans, mientras iba besando
cada parte de mi cuerpo que quedaba descubierta.
Aquello era la gloria. Las manos calientes de Carlos
recorrían mi pecho y mi espalda, mientras que la boca ardorosa de Manuel iba
probando cada pedazo de mi piel. Se detenía en mis pezones, en mi ombligo, luego
bajaba por mis muslos lentamente, y subía hasta detenerse cerca de mi bulto.
Carlos me agarró por la cintura y prácticamente me arrastró
hasta el sofá, donde me tiró con fuerza. Sabía que tenía poco tiempo, y que me
tenía muchas ganas. Yo estaba poseído, y mi excitación creció aún más cuando lo
vi desprenderse de su camiseta y de sus vaqueros. No llevaba ropa interior, y le
colgaba de entre los muslos una tremenda verga que aún a mitad de camino de la
completa erección, daba miedo. Carlos Roca hubiera ganado el concurso de
longitud y de grosor sin necesidad de mediciones.
No sé cuándo ni cómo ocurrió, pero ya Manuel estaba
desvestido. Lo recordé detrás del biombo cuando me tocó adivinar que él era el
intruso de la séptima verga, aquel día ante las cámaras. Lo recordé en el sillón
de la habitación de Enrique, con el torso y el abdomen lleno de leche, recién
corrido después de haberme observado coger a mi amigo, y me dieron ganas de
cogérmelo allí mismo. Me levanté del sofá en un instante, y me arrodillé detrás
de él, abriéndole el culo para meterle la lengua ansiosa que quería prepararlo
para cogérmelo.
Carlos empezó a masturbarse al ver mi reacción, y observé que
su enorme aparato ya había crecido a una proporción descomunal. Aquel era un
verdadero macho, el sueño de todo gay: maduro, fuerte, atractivo, masculino,
lujurioso, caliente, dispuesto y deseoso.
Carlos habló: "Sí, este… en la escena de la audición, el
candidato le lame el culo a Manuel y…"
"Y Manuel le chupa la verga a Carlos mientras es penetrado
salvajemente por el candidato", Manuel terminó la frase rápidamente, como para
que lo que su perversa mente tramaba no se lo fueran a quitar.
"Eso, y… y luego intercambian posiciones", dijo Carlos,
jadeando de excitación.
A pesar de que estaba extasiado lamiendo aquel suculento culo
que se abría y se cerraba con rapidez, sabía que teníamos poco tiempo, de modo
que me puse en pie, escupí dos o tres veces en mi verga y se la sobé a lo largo
del húmedo culo de Manuel, que movía su cadera en círculos, ansioso. Le metí el
capullo y sentí su estrechez, a lo cual el respondió dando un respingo. Su
murmullo quedó ahogado por el pitón de Carlos, que con sus dos manos lo iba
metiendo lentamente en la boca del asistente.
Mientras me imaginaba cuántas escenas de sexo habrían
ocurrido entre aquellos dos, allí mismo, o con otras "víctimas", mi polla se
hinchó de excitación y aproveché para embalar a Manuel como había deseado desde
hace una semana. Sé que le dolió, pues dejó de moverse, pero pronto sería
placer. Mientras tanto ya Carlos le había metido toda la verga dentro, no sé
como pero debía de haberle llegado hasta la garganta. Le agarraba la cabeza con
las dos manos y se la empujaba hacia abajo, hacia adentro, como si acaso le
cupiera más. No había entra y saca, solo la gran verga acomodada dentro de la
garganta de aquel bellaco chico.
Yo, en cambio, inicié un delicioso vaivén agarrado de la
cintura de Manuel que me ponía a sudar de placer, por lo estrecho de su culo. A
pesar de que podía adivinar que el chico había dado el culo muchas veces, seguía
siendo estrecho como un putito que prueba por primera vez la penetración anal.
Parece que el placer había vencido al dolor, porque de repente empezó a
succionarme con los músculos del culo, a moverse como un potro salvaje, mientras
yo le daba duro, cada vez más dentro, cada vez más rápido. El mismo se daba
nalgadas, como animándome, a lo que yo accedí con gusto. Entonces Carlos empezó
la parte que más me calentaba: el lenguaje sucio. Con su grueso vozarrón el
hombre se expresaba de una forma que en nada se parecía al elegante caballero
que me había recibido en su oficina:
"Toma verga por el culo, perra sucia, esto es lo que te
gusta. Dale duro, Danny, dale a esta puta como le gusta que le den, Y chúpame,
que sabes que me gusta que me lo chupes. ¿Te gusta, eh? ¿Te gusta, mariconcito?
Que te agarren entre dos y te den por el culo"
Yo no podía soportar aquello, me iba a correr muy pronto, así
que aceleré mi metisaca con furia, con pasión, marcándole el culo al agarrarlo
con tanta fuerza. Carlos se inclinó hacia mí y de nuevo me ofreció su deliciosa
boca. Esta vez él era quien besaba y daba lengua con desesperación. La escena no
podía ser más caliente: Manuel era ensartado por mi dura verga mientras se
ahogaba con la inmensa polla de Carlos, a la vez que éste y yo nos besábamos
apasionadamente.
De un momento a otro, Carlos cortó el beso y se sacó la verga
de la boca de Manuel. Este último exhaló un suspiro, pues al parecer todo este
rato se estaba asfixiando. La verga de Carlos babeaba, entre pre-semen y saliva,
y se erguía apetitosa, con su carne firme, sus venas que querían estallar, su
capullo rojo y brilloso, y las bolas completamente afeitadas.
Carlos se movió hacia donde yo estaba y con delicadeza apartó
mis manos del culo de Manuel. Yo seguía bombeándolo por instinto, pero él me
hizo retirar poco a poco mi verga de su cómodo y caliente alojamiento en el
interior de Manuel.
Se agachó delante de mí y en tres o cuatro rápidas chupadas
de verga me hizo saber lo que era el cielo en la tierra. Yo ya me quería venir,
y mientras Carlos probaba el sabor del culo de Manuel en mi verga, yo cerré los
ojos y apreté las nalgas. Parece que se dio cuenta de que me acercaba al final,
así que interrumpió la mamada para incorporarse. Me hizo señas para que
cambiáramos de posición, y yo encantado pues quería probar cómo chupaba Manuel,
y a la vez quería saber cómo se veía Carlos cogiendo a su ayudante, que se veía
diminuto e indefenso ante aquel cuerpazo.
Yo me coloqué de frente a Manuel y le puse la punta de mi
capullo en la boca. El murmuró con lujuria, mientras me dirigía la mirada: "Al
fin". Al escuchar esto, quise humillarlo, y empecé a mortificarlo, como si le
fuera a entrar la verga, pero alejándome hacia atrás. Lo hacía para ganar tiempo
y relajarme, pero a la vez para sentir mi poder sobre él. En eso estábamos
cuando vi a Manuel con los ojos desorbitados, la cara colorada, y temblando como
quien tiene frío. Era que ya Carlos le había metido su vergota en el estrecho
culo. Probablemente me había puesto a mí a cogérmelo primero para allanarle el
camino. Aquel macho de película, metiendo y sacando su tronco de carne del
diminuto agujero del culazo de Manuel, era una visión maravillosa. Me descuidé y
en ese momento Manuel me engulló la verga completa con su rica boca.
"¿Verdad que chupa bueno?", me dijo Carlos, y aquella frase
sirvió para inflamar aún más mi fértil imaginación. O sea que aquello era norma
entre ellos, probablemente Manuel tenía entre sus funciones diarias aquella
chupada de verga, y me encantó Carlos más que antes.
Manuel se sacó mi polla de su boca y empezó a recorrer con su
lengua juguetona mis sensibles bolas. Subía y bajaba su lengua de mi tronco, y
de repente volvía a metérsela entera. Su manera de chupar era curiosa, pues no
lo metía y sacaba como todos, sino que se lo dejaba adentro y allí jugueteaba
con él, con la lengua, con la garganta, con los labios. Era todo un experto, y
me estaba a punto de sacar la leche.
Carlos arremetió con furia, a la vez que le daba sonoras
nalgadas a su ayudante, y empezó de nuevo con aquel lenguaje sucio que me ponía
loco:
"Vamos, puto, esto fue lo que me pediste, gózalo ahora. Eso es, qué rico está tu
culito, Manuel, eso, así, exprímeme la leche, que me voy a venir adentro tuyo
como te gusta."
Aquellas palabras me bastaron. Sentí que las piernas me
temblaban, y cómo subía un chorro de semen con mucha fuerza desde la base de mis
bolas hasta el capullo que era devorado por Manuel.
Carlos intensificó sus movimientos y le metió toda la verga,
hasta adentro, de una sola estocada, al indefenso Manuel. Así, con todo su
miembro dentro, empezó a empujar aún sabiendo que ya no cabía más. Y la
expresión de Carlos cambió de repente. Sabía que se iba a venir.
"¡¡Eso… así… aprieta el culo. Toma leche, coño, toma, me
vengo, aaaarrrgggghhhh!!"
Mientras Carlos se transportaba a otra dimensión en su
venida, yo sentí como mi propio semen fluía en una copiosa venida que me
debilitó. Sentía las oleadas de leche una y otra vez que inundaban la garganta
de Manuel en aquel momento de éxtasis que nunca olvidaría. La leche empezó a
salir de la garganta de Manuel y corría entre su barbilla y mis bolas como un
río caudaloso. Yo caí sobre la espalda de Manuel, y allí también cayó Carlos, mi
cara quedó cerca de su sudado pezón, y recuperé el aliento mientras me
incorporaba. Mi verga seguía dentro de Manuel, y aparentemente la de Carlos
también, ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo.
El aire olía a sexo y a hombre. El aroma de sudor y de semen
imperaban en aquel caluroso espacio. Nos separamos de Manuel, y sin palabras,
jadeando, Carlos me invitó a sentarme junto a él en el sofá. Estábamos
despeinados, sudados, jadeantes, y aún así seguíamos calientes. La verga de
Carlos estaba mojada de su propio semen, y no perdía su grosor, así que él se
masturbaba como si no se hubiera corrido apenas un minuto atrás. Por increíble
que parezca, mi propia verga empezó lentamente a ganar grosor aún con gotas de
leche saliendo de su ojo.
Manuel se acercó a nosotros, sus ojos estaban llenos de
fuego, se veía maltratado pero increíblemente sexy.
"Aprisa, Manuel, hay que moverse rápido", dijo el sudoroso
Carlos.
Se me antojó lamerle un pezón al musculoso productor, pues
aquel pecho de hombre sudado que subía y bajaba me invitaba a hacerlo. Vi que su
verga volvió a pararse, y él se masturbó con más fuerza. Manuel se acercó a mi
oído, empezó a lamerlo, y eso era lo que necesitaba para que mi polla volviera a
adquirir fuerzas. Yo también empecé a hacerme una rica paja, cuando Manuel me
dice al oído: "Esto mismo lo hicimos con Enrique"
Mi mente se nubló. Me llené de furia, de celos, de rabia, y
sin entender por qué, redoblé la velocidad con la que me pajeaba.
Carlos recalcó, mientras me lamía la otra oreja: "Sí, su culo
es estrechito, pero me cuenta Manuel que unas horas antes ese mismo día tú me
allanaste el camino"
Me puse ciego de celos, pero mi verga recién venida estaba
otra vez en su máxima expresión. No entendía por qué, pero pensar en lo que
había pasado entre ellos dos y mi amigo me estaba excitando como nada lo había
hecho antes.
Carlos se batuqueó su tranca con fuerza y empezó a jadear
entrecortadamente, pues la visión de mi propia paja lo había puesto a millón.
Entonces miré al frente, y fue uno de esos momentos inolvidables.
Manuel colocó de frente a nosotros, su verga a una mínima
distancia de nuestras caras. Era como la recordaba, larga y carnosa, apetitosa.
Estaba babeando mucho, no lo culpo, y ya me apuntaba a mí, ya le apuntaba a
Carlos.
Tocaron a la puerta: "Señor Roca, le esperan en el estudio".
"Ya… ya casi", dijo en un doble sentido que ni ensayado le
hubiera salido mejor.
Yo estaba a punto de venirme. Carlos insistió con los
comentarios, pues sabía que me excitaría más y eso a su vez lo excitaría a él:
"Qué culo tan rico tiene Enrique, me gusta como lo mueve"
Yo ya casi iba a explotar. Quería llorar, quería salir
corriendo a donde Enrique a romperle el culo, quería que Carlos me lo rompiera a
mí, estaba como loco.
"Esta es la mejor parte", dijo Carlos mientras sacaba la
lengua como quien va a tomar un jarabe. En ese momento Manuel empezó a gemir.
Pude ver por los hoyuelos de sus nalgas que estaba apretándola con fuerza
repetidamente. Fue increíble. Sin siquiera tocarse, aquel muchacho delgado
empezó a venirse con tanta fuerza, que la cara de Carlos estaba de repente llena
de leche. Yo también saqué la lengua y cayeron algunos trallazos en ella, los
cuales devoré con placer. Ya si entonces Manuel se agarró la verga y siguió
ordeñándose, como si apenas empezara a correrse. Salieron algunos tres o cuatro
trallazos más, y algunos cayeron en mi frente y en mi pelo.
Carlos se volteó hacia mí y me besó. En su apetitosa boca
pude saborear aún más el manjar que nos regaló Manuel, y en sus labios probé el
sabor semi-salado de aquella espesa crema que seguía brotando, ya con menos
fuerza, del duro miembro del muchacho. Sin despegar el beso, Carlos empezó a
gemir, a jadear. Era el momento de su corrida, ya no podía más.
Tocaron a la puerta de nuevo: "Señor Roca, le están esperando
en el estudio".
"Sí, sí, yaaaaaaaaaaaaaaaaa", dijo el macho, corriéndose de
nuevo. De su hermosa verga brotó un geiser de leche. Yo tomé un poco de la que
caía en su plano abdomen, con ella unté mi rígido palo, y le di para allá con
todas mis fuerzas. Manuel cayó sentado a mi lado, y como si lo hubiera adivinado
me volvió a llenar la mente de ideas enloquecedoras:
"Tenías que ver a Enrique cómo gritaba cuando el Sr. Roca lo
penetraba"
Aquello fue demasiado. La imagen de mi Enrique siendo clavado
por aquel machazo, o acaso la boca de Manuel chupando su miembro como yo tantas
veces lo había hecho, me poblaron la imaginación. Antes de cerrar los ojos vi a
mi lado a Carlos, bañado en leche y sudor, con su polla semi-erecta aún agarrada
entre sus dos manos, y vi como Carlos se agachaba delante de mí, dispuesto a
recibir mis nuevos trallazos de semen.
Me corrí copiosamente, sentí que duré años botando leche. Me
dieron espasmos, sentí un gran calor en todo el cuerpo, mientras seguía botando
más y más semen. Perdí la noción del tiempo, hasta que abrí los ojos y lo
primero que vi fue al goloso Manuel delante de mí, su sonriente cara llena de
semen.
Ya Carlos se había incorporado y se estaba cambiando.
Mientras yo me recomponía, y él se ajustaba la correa, me trajo un papel.
"Firma esto, es una prueba de audición, por si alguien
sospecha lo que aquí ocurrió, así estarás cubierto. Ahora debo irme"
Antes de salir, se dirigió hacia donde estaba Carlos y se
bajó a su nivel, en el suelo enfrente de mí.
"Buen trabajo, Manuel", le dijo mientras lo besaba en la
boca, probando los restos de mi leche que aún no había podido tragar el
ayudante.
Salió y volvió a cerrar la puerta tras de sí. Aproveché el
momento para satisfacer mi curiosidad: "Manuel, dime qué fue lo que sucedió"
Manuel, mientras se ponía la ropa, me sonrió y me guiñó un
ojo, algo ya característico en él. Me dijo con calma:
"Tienes toda una semana por delante antes de volver al set.
Si yo fuera tú me olvidara de todo eso y me pondría a disfrutar de las películas
de Joe Frankfurt en la comodidad del hogar"
Se acabó de arreglar y me ayudó a abotonar. Me acompañó hasta
la salida, pero íbamos en silencio, aunque yo estaba confundido, desde ya tenía
ganas de volver a ver a Manuel.
Llegué a mi apartamento, me bañé y me acosté, y así pasó un
par de días, en los que no me atrevía ni a llamar a Enrique ni a tomar sus
llamadas. Solo faltaban dos días para volver al estudio, y yo no descansaba,
pues soñaba con toda suerte de escenas sexuales, entre excitantes y tontas. En
una de esas, en mi mente, Tarzán se besaba con un vaquero, y venía la policía y
los apresaba. El vaquero tenía la cara de Manuel, y se agachaba frente al
policía. En eso sonó el teléfono, era Alex.
"¿Danny? Sé que es tarde, pero debo hablarte"
Entre sueños le respondí: "Alex, ¿dónde estás?"
"Estoy en casa de mi primo, pero ya voy saliendo. Quiero
pasar por tu casa para comentarte algo que te dará ventaja en el próximo
concurso. Me enteré sin querer"
"Alex, dímelo ahora, es tarde", dije sin convencerme a mí
mismo, pues me hubiera gustado amanecer con aquel chico a mi lado, desnudos en
la cama.
"Se trata de las películas de Joe", me dijo el chico.
"¿Eh? No entiendo, pasa pues y me explicas", pensé en las
palabras de Manuel antes de separarnos esa misma tarde, haciendo referencia a lo
mismo. Le expliqué la dirección a Alex y mi verga dio un salto al saber que en
unos minutos vería a mi lado al muchacho de la hermosa melena y el culo
perfecto, indefenso en mi casa y sin concursos ni cámaras. Esa noche iba a ser
muy, muy larga…
Gracias a los que me han escrito, por favor síganlo haciendo
y díganme cómo va esta saga:
caribecaribe@hotmail.com