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TODORELATOS » RELATOS » UNA NOCHE CON JOE FRANKFURT (6)
[ La buena uva hace buena pasa. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 23 de Noviembre, 2008.
Fecha: 14-Abr-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6169 de 6557)

Una Noche con Joe Frankfurt (6)

caribecaribe
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Antes de la quinta prueba, Danny participa de un inesperado y caliente trio en los mismos estudios de TeveGay. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Fue así como concluyó el programa de ese día. Joe se acercó a felicitarnos, y al despedirse de Alex le dijo: "No has ganado una noche con Joe Frankfurt, pero te apuesto a que cinco minutos con Joe no te caerán nada mal". Se lo llevó de la mano ante la sorpresa de todos, y el chico se alejó, con la boca abierta y la verga durísima. Lo último que alcancé a ver fue la nalgada que le dio Joe con su manota en aquel perfecto culo que todos deseábamos.

Ricardo, Harry y yo nos quedamos viendo aquellos dos alejarse, boquiabiertos, y empezamos a comentar lo dichoso que era Alex de haber tenido la oportunidad, primero que el resto, de poder disfrutar la presencia de nuestro ídolo a solas. Después de todo se merecía un premio, pues había hecho un buen papel en los programas anteriores.

Mientras nos cambiábamos para salir del canal, comentábamos las posibilidades de lo que pasaría entre aquellos dos.

"Dijo que le regalaría cinco minutos", dijo Ricardo, "Yo en cinco minutos le pudo hacer de todo a Joe Frankfurt"

"Yo en esos minutos le beso partes del cuerpo que ni el mismo conoce", dije yo.

"Pues yo le repetiría la dosis de leche que le dí el otro día, al parecer le gustó", dijo Harry.

Luego, mientras estábamos solamente en ropa interior, hablamos de las posibilidades infinitas que ofrecía pasarse una noche con aquel hombrazo, y la conversación se tornó mucho más caliente aún. Yo, para variar, ya la tenía dura como un garrote, y Harry no desaprovechó la oportunidad para comentar al respecto:

"Con razón ganaste con la rapidez, Danny. Espero que cuando me toque la dicha de penetrarte sepas recuperarte con tanta rapidez, porque van a ser varios polvos seguidos, te lo garantizo". Lo dijo en mi oído, y su aliento me hizo estremecer de calentura.

Ricardo se me acercó a su vez, su cara a dos centímetros de la mía, y aunque me veía a mí, dijo dirigiéndose a Harry: "Pues a ver si me dejas que te lo prepare primero. Con el ancho de mi verga te puedo allanar bastante el camino."

"Hey, hey, esperen chicos. ¿Qué les hace pensar que soy pasivo?"

"¿No lo eres?", dijo Harry, pegando su paquete del mío "Porque si no lo eres, lo disimulas bien"

"Bueno, eh… yo… yo soy versátil"

"Eso dicen los que no quieren admitir que les gusta que les den por el culo", dijo Ricardo, quien se había colocado detrás de mí mientras me agarraba las nalgas con tanta fuerza que me dejó marcados sus dedos

"Bueno, bueno, ya basta por hoy". Quien hablaba así era Manuel, quien se había aparecido con el Sr. Carlos Roca a los vestidores. No sabía si agradecerle que me hubiera salvado de la situación, o si enfadarme con él por cortar el curso que seguían los acontecimientos, que me tenían muy excitado.

El Sr. Roca se acercó a nosotros. Lucía unos vaqueros pegaditos, y dejaba ver su portentoso paquete debajo. Tenía una camiseta blanca que le quedaba pintada en su musculoso cuerpo, y cuando se acercó más pude ver lo lindo que era, y sobre todo cuánto me encantaban sus canas salteadas. A pesar de su edad tenía un cuerpo y un cutis envidiable. Se dirigió a nosotros:

"Han llegado bien lejos en este concurso, y han hecho un excelente papel. Mañana sale al aire la primera entrega del programa y tenemos el rating asegurado. Por eso la producción quiere hacerles un premio a los que han llegado hasta aquí. Entre otras cosas, ustedes han sido merecedores de un paquete de un fin de semana todo incluido en famoso Frederick Spa, exclusivo para hombres."

Nuestra alegría se sintió a través de vítores y aplausos. Yo me moría de ganas por visitar el exclusivo Spa, famoso porque lo visitaban todo tipo de estrellas del cine y del mundo porno, "solo para hombres" era un eufemismo por decir que era un Spa absolutamente gay, y se habían tejido historias en torno a lo que ocurría allí dentro que hacían excitar al más pasivo. Cuando pensé en la palabra "pasivo" me sonrojé, pensando en las escenas que acababan de ocurrir. El hermoso Sr. Roca siguió hablando:
"También tienen u voucher por mil dólares para adquirir ropas de la famosa línea de ropa interior Hot Male, más la posibilidad de audicionar como modelo de sus productos.

Más aplausos, e incluso abrazos entre nosotros, estábamos alegres. Me encantó sentir el contacto con Ricardo y Harry, sus cuerpos calientes, su piel de hombre tocando la mía aunque fuese por un instante, y sobre todo porque de la dominación anterior habían pasado nuevamente a la camaradería.

"Finalmente", dijo el Sr. Carlos, "tienen un pase de cortesía para asistir a una de las próximas filmaciones de Joe Frankfurt, que será realizada en una playa no lejos de aquí"

Aquello fue lo mejor de todo. Como fanático de las películas de Joe, era un verdadero sueño hecho realidad. Y pensar que todo esto me estaba sucediendo a mí, que hace apenas una semana no me imaginaba nada de aquello, ni en mis mejores pajas.

Cuando ya nos habíamos cambiado y nos íbamos, el Sr. Roca me llamó aparte, me pidió que fuera a su oficina. "Es solo cuestión de diez minutos, pues me esperan en otra parte", me dijo. Manuel se sonrió cuando oyó esto, y nos siguió como perro faldero.

Entré a la oficina del productor, y Manuel entró detrás de nosotros, por lo que deduje que no iba a ser una conversación privada. Cuando cerró la puerta con seguro, me inquieté un poco. Miré a Manuel y al Sr. Roca alternadamente, y éste último se percató de lo que me inquietaba.

"Manuel está incluido en esta conversación, no hay nada que temer. Manuel es de confianza, y de hecho se trata de él", dijo el Sr. Carlos.

¿Qué estaba tramando Manuel esta vez? ¿A qué me habían citado aquellos dos?

"Ponte cómodo, Danny, te veo nervioso"

Me senté en la única silla que tenía frente al escritorio de aquel hombre que me cautivaba con su gruesa voz.

"Sr. Roca, quiero decirle que…"

"Llámame Carlos, por favor, después de todo no te llevo tanta edad"

"Bueno, Carlos, quiero decirle que no he roto ninguna de las reglas que usted indicó el primer día"

"Precisamente de eso se trata, Danny", dijo el Sr. Roca, o Carlos, mientras salía de detrás de su escritorio y se sentaba en él, frente a mí, dejándome el espectáculo de su paquetazo a la altura de mis ojos. Manuel se acercó por detrás de mí, y colocó sus manos en la silla. Yo no podía despegar la vista de aquel miembro que ocultaban esos malditos jeans, y en eso Carlos me tomó por la barbilla para que lo viera a los ojos.

"Verás, Manuel aquí me ha contado que has protagonizado una escena genial"

Me indignó que Manuel anduviera comentándole mis actividades íntimas a todos, pero no pude siquiera responder porque Carlos me tenía hipnotizado con sus ojos azules.

"El se lamenta, y yo también desde el día que cruzaste por esa puerta, de que no podamos romper las reglas del concurso, ni él, ni yo, ni sobre todo tú"

"Sin embargo", dijo Manuel acercándoseme aún más, "Hay un caso que puede invalidar todo eso, y la otra noche en casa de Enrique me llegó a la mente".

Manuel prosiguió: "Artículo 11: No puede haber intimidad sexual entre el concursante y cualquier persona que labore en TeveGay. Si esto ocurriese, el concursante será descalificado", citó mientras añadía, "Claro, y el personal será despedido"

Entonces el Sr. Roca me puso en pie cogiéndome el brazo en su fuerte mano y acercándose a mí. Mientras me veía a los ojos habló claramente:

"Artículo 23: Si alguno de los concursantes estuviera a la vez audicionando para participar en películas de nuestra compañía, en ese caso la relación sexual es permitida entre el concursante y el personal, siempre y cuando dicha relación sea parte de la prueba de audición"

Manuel me dijo al oído suavemente: "Están abiertas las audiciones para "Machos en celo". Carlos se me acercó al otro oído y me susurró sensualmente: "Manuel y yo queremos que ‘audiciones’ para nosotros".

Prácticamente no lo dejé que terminara la frase, y mi boca se posó en su boca. Pude sentir sus gruesos labios, carnosos y calientes, húmedos y hambrientos, y lo devoré con mi lengua. Mientras tanto, ya Manuel se estaba encargando de quitarme la camisa y de bajarme los jeans, mientras iba besando cada parte de mi cuerpo que quedaba descubierta.

Aquello era la gloria. Las manos calientes de Carlos recorrían mi pecho y mi espalda, mientras que la boca ardorosa de Manuel iba probando cada pedazo de mi piel. Se detenía en mis pezones, en mi ombligo, luego bajaba por mis muslos lentamente, y subía hasta detenerse cerca de mi bulto.

Carlos me agarró por la cintura y prácticamente me arrastró hasta el sofá, donde me tiró con fuerza. Sabía que tenía poco tiempo, y que me tenía muchas ganas. Yo estaba poseído, y mi excitación creció aún más cuando lo vi desprenderse de su camiseta y de sus vaqueros. No llevaba ropa interior, y le colgaba de entre los muslos una tremenda verga que aún a mitad de camino de la completa erección, daba miedo. Carlos Roca hubiera ganado el concurso de longitud y de grosor sin necesidad de mediciones.

No sé cuándo ni cómo ocurrió, pero ya Manuel estaba desvestido. Lo recordé detrás del biombo cuando me tocó adivinar que él era el intruso de la séptima verga, aquel día ante las cámaras. Lo recordé en el sillón de la habitación de Enrique, con el torso y el abdomen lleno de leche, recién corrido después de haberme observado coger a mi amigo, y me dieron ganas de cogérmelo allí mismo. Me levanté del sofá en un instante, y me arrodillé detrás de él, abriéndole el culo para meterle la lengua ansiosa que quería prepararlo para cogérmelo.

Carlos empezó a masturbarse al ver mi reacción, y observé que su enorme aparato ya había crecido a una proporción descomunal. Aquel era un verdadero macho, el sueño de todo gay: maduro, fuerte, atractivo, masculino, lujurioso, caliente, dispuesto y deseoso.

Carlos habló: "Sí, este… en la escena de la audición, el candidato le lame el culo a Manuel y…"

"Y Manuel le chupa la verga a Carlos mientras es penetrado salvajemente por el candidato", Manuel terminó la frase rápidamente, como para que lo que su perversa mente tramaba no se lo fueran a quitar.

"Eso, y… y luego intercambian posiciones", dijo Carlos, jadeando de excitación.

A pesar de que estaba extasiado lamiendo aquel suculento culo que se abría y se cerraba con rapidez, sabía que teníamos poco tiempo, de modo que me puse en pie, escupí dos o tres veces en mi verga y se la sobé a lo largo del húmedo culo de Manuel, que movía su cadera en círculos, ansioso. Le metí el capullo y sentí su estrechez, a lo cual el respondió dando un respingo. Su murmullo quedó ahogado por el pitón de Carlos, que con sus dos manos lo iba metiendo lentamente en la boca del asistente.

Mientras me imaginaba cuántas escenas de sexo habrían ocurrido entre aquellos dos, allí mismo, o con otras "víctimas", mi polla se hinchó de excitación y aproveché para embalar a Manuel como había deseado desde hace una semana. Sé que le dolió, pues dejó de moverse, pero pronto sería placer. Mientras tanto ya Carlos le había metido toda la verga dentro, no sé como pero debía de haberle llegado hasta la garganta. Le agarraba la cabeza con las dos manos y se la empujaba hacia abajo, hacia adentro, como si acaso le cupiera más. No había entra y saca, solo la gran verga acomodada dentro de la garganta de aquel bellaco chico.

Yo, en cambio, inicié un delicioso vaivén agarrado de la cintura de Manuel que me ponía a sudar de placer, por lo estrecho de su culo. A pesar de que podía adivinar que el chico había dado el culo muchas veces, seguía siendo estrecho como un putito que prueba por primera vez la penetración anal. Parece que el placer había vencido al dolor, porque de repente empezó a succionarme con los músculos del culo, a moverse como un potro salvaje, mientras yo le daba duro, cada vez más dentro, cada vez más rápido. El mismo se daba nalgadas, como animándome, a lo que yo accedí con gusto. Entonces Carlos empezó la parte que más me calentaba: el lenguaje sucio. Con su grueso vozarrón el hombre se expresaba de una forma que en nada se parecía al elegante caballero que me había recibido en su oficina:

"Toma verga por el culo, perra sucia, esto es lo que te gusta. Dale duro, Danny, dale a esta puta como le gusta que le den, Y chúpame, que sabes que me gusta que me lo chupes. ¿Te gusta, eh? ¿Te gusta, mariconcito? Que te agarren entre dos y te den por el culo"

Yo no podía soportar aquello, me iba a correr muy pronto, así que aceleré mi metisaca con furia, con pasión, marcándole el culo al agarrarlo con tanta fuerza. Carlos se inclinó hacia mí y de nuevo me ofreció su deliciosa boca. Esta vez él era quien besaba y daba lengua con desesperación. La escena no podía ser más caliente: Manuel era ensartado por mi dura verga mientras se ahogaba con la inmensa polla de Carlos, a la vez que éste y yo nos besábamos apasionadamente.

De un momento a otro, Carlos cortó el beso y se sacó la verga de la boca de Manuel. Este último exhaló un suspiro, pues al parecer todo este rato se estaba asfixiando. La verga de Carlos babeaba, entre pre-semen y saliva, y se erguía apetitosa, con su carne firme, sus venas que querían estallar, su capullo rojo y brilloso, y las bolas completamente afeitadas.

Carlos se movió hacia donde yo estaba y con delicadeza apartó mis manos del culo de Manuel. Yo seguía bombeándolo por instinto, pero él me hizo retirar poco a poco mi verga de su cómodo y caliente alojamiento en el interior de Manuel.

Se agachó delante de mí y en tres o cuatro rápidas chupadas de verga me hizo saber lo que era el cielo en la tierra. Yo ya me quería venir, y mientras Carlos probaba el sabor del culo de Manuel en mi verga, yo cerré los ojos y apreté las nalgas. Parece que se dio cuenta de que me acercaba al final, así que interrumpió la mamada para incorporarse. Me hizo señas para que cambiáramos de posición, y yo encantado pues quería probar cómo chupaba Manuel, y a la vez quería saber cómo se veía Carlos cogiendo a su ayudante, que se veía diminuto e indefenso ante aquel cuerpazo.

Yo me coloqué de frente a Manuel y le puse la punta de mi capullo en la boca. El murmuró con lujuria, mientras me dirigía la mirada: "Al fin". Al escuchar esto, quise humillarlo, y empecé a mortificarlo, como si le fuera a entrar la verga, pero alejándome hacia atrás. Lo hacía para ganar tiempo y relajarme, pero a la vez para sentir mi poder sobre él. En eso estábamos cuando vi a Manuel con los ojos desorbitados, la cara colorada, y temblando como quien tiene frío. Era que ya Carlos le había metido su vergota en el estrecho culo. Probablemente me había puesto a mí a cogérmelo primero para allanarle el camino. Aquel macho de película, metiendo y sacando su tronco de carne del diminuto agujero del culazo de Manuel, era una visión maravillosa. Me descuidé y en ese momento Manuel me engulló la verga completa con su rica boca.

"¿Verdad que chupa bueno?", me dijo Carlos, y aquella frase sirvió para inflamar aún más mi fértil imaginación. O sea que aquello era norma entre ellos, probablemente Manuel tenía entre sus funciones diarias aquella chupada de verga, y me encantó Carlos más que antes.

Manuel se sacó mi polla de su boca y empezó a recorrer con su lengua juguetona mis sensibles bolas. Subía y bajaba su lengua de mi tronco, y de repente volvía a metérsela entera. Su manera de chupar era curiosa, pues no lo metía y sacaba como todos, sino que se lo dejaba adentro y allí jugueteaba con él, con la lengua, con la garganta, con los labios. Era todo un experto, y me estaba a punto de sacar la leche.

Carlos arremetió con furia, a la vez que le daba sonoras nalgadas a su ayudante, y empezó de nuevo con aquel lenguaje sucio que me ponía loco:
"Vamos, puto, esto fue lo que me pediste, gózalo ahora. Eso es, qué rico está tu culito, Manuel, eso, así, exprímeme la leche, que me voy a venir adentro tuyo como te gusta."

Aquellas palabras me bastaron. Sentí que las piernas me temblaban, y cómo subía un chorro de semen con mucha fuerza desde la base de mis bolas hasta el capullo que era devorado por Manuel.

Carlos intensificó sus movimientos y le metió toda la verga, hasta adentro, de una sola estocada, al indefenso Manuel. Así, con todo su miembro dentro, empezó a empujar aún sabiendo que ya no cabía más. Y la expresión de Carlos cambió de repente. Sabía que se iba a venir.

"¡¡Eso… así… aprieta el culo. Toma leche, coño, toma, me vengo, aaaarrrgggghhhh!!"

Mientras Carlos se transportaba a otra dimensión en su venida, yo sentí como mi propio semen fluía en una copiosa venida que me debilitó. Sentía las oleadas de leche una y otra vez que inundaban la garganta de Manuel en aquel momento de éxtasis que nunca olvidaría. La leche empezó a salir de la garganta de Manuel y corría entre su barbilla y mis bolas como un río caudaloso. Yo caí sobre la espalda de Manuel, y allí también cayó Carlos, mi cara quedó cerca de su sudado pezón, y recuperé el aliento mientras me incorporaba. Mi verga seguía dentro de Manuel, y aparentemente la de Carlos también, ni que nos hubiéramos puesto de acuerdo.

El aire olía a sexo y a hombre. El aroma de sudor y de semen imperaban en aquel caluroso espacio. Nos separamos de Manuel, y sin palabras, jadeando, Carlos me invitó a sentarme junto a él en el sofá. Estábamos despeinados, sudados, jadeantes, y aún así seguíamos calientes. La verga de Carlos estaba mojada de su propio semen, y no perdía su grosor, así que él se masturbaba como si no se hubiera corrido apenas un minuto atrás. Por increíble que parezca, mi propia verga empezó lentamente a ganar grosor aún con gotas de leche saliendo de su ojo.

Manuel se acercó a nosotros, sus ojos estaban llenos de fuego, se veía maltratado pero increíblemente sexy.

"Aprisa, Manuel, hay que moverse rápido", dijo el sudoroso Carlos.

Se me antojó lamerle un pezón al musculoso productor, pues aquel pecho de hombre sudado que subía y bajaba me invitaba a hacerlo. Vi que su verga volvió a pararse, y él se masturbó con más fuerza. Manuel se acercó a mi oído, empezó a lamerlo, y eso era lo que necesitaba para que mi polla volviera a adquirir fuerzas. Yo también empecé a hacerme una rica paja, cuando Manuel me dice al oído: "Esto mismo lo hicimos con Enrique"

Mi mente se nubló. Me llené de furia, de celos, de rabia, y sin entender por qué, redoblé la velocidad con la que me pajeaba.

Carlos recalcó, mientras me lamía la otra oreja: "Sí, su culo es estrechito, pero me cuenta Manuel que unas horas antes ese mismo día tú me allanaste el camino"

Me puse ciego de celos, pero mi verga recién venida estaba otra vez en su máxima expresión. No entendía por qué, pero pensar en lo que había pasado entre ellos dos y mi amigo me estaba excitando como nada lo había hecho antes.

Carlos se batuqueó su tranca con fuerza y empezó a jadear entrecortadamente, pues la visión de mi propia paja lo había puesto a millón. Entonces miré al frente, y fue uno de esos momentos inolvidables.

Manuel colocó de frente a nosotros, su verga a una mínima distancia de nuestras caras. Era como la recordaba, larga y carnosa, apetitosa. Estaba babeando mucho, no lo culpo, y ya me apuntaba a mí, ya le apuntaba a Carlos.

Tocaron a la puerta: "Señor Roca, le esperan en el estudio".

"Ya… ya casi", dijo en un doble sentido que ni ensayado le hubiera salido mejor.

Yo estaba a punto de venirme. Carlos insistió con los comentarios, pues sabía que me excitaría más y eso a su vez lo excitaría a él:

"Qué culo tan rico tiene Enrique, me gusta como lo mueve"

Yo ya casi iba a explotar. Quería llorar, quería salir corriendo a donde Enrique a romperle el culo, quería que Carlos me lo rompiera a mí, estaba como loco.

"Esta es la mejor parte", dijo Carlos mientras sacaba la lengua como quien va a tomar un jarabe. En ese momento Manuel empezó a gemir. Pude ver por los hoyuelos de sus nalgas que estaba apretándola con fuerza repetidamente. Fue increíble. Sin siquiera tocarse, aquel muchacho delgado empezó a venirse con tanta fuerza, que la cara de Carlos estaba de repente llena de leche. Yo también saqué la lengua y cayeron algunos trallazos en ella, los cuales devoré con placer. Ya si entonces Manuel se agarró la verga y siguió ordeñándose, como si apenas empezara a correrse. Salieron algunos tres o cuatro trallazos más, y algunos cayeron en mi frente y en mi pelo.

Carlos se volteó hacia mí y me besó. En su apetitosa boca pude saborear aún más el manjar que nos regaló Manuel, y en sus labios probé el sabor semi-salado de aquella espesa crema que seguía brotando, ya con menos fuerza, del duro miembro del muchacho. Sin despegar el beso, Carlos empezó a gemir, a jadear. Era el momento de su corrida, ya no podía más.

Tocaron a la puerta de nuevo: "Señor Roca, le están esperando en el estudio".

"Sí, sí, yaaaaaaaaaaaaaaaaa", dijo el macho, corriéndose de nuevo. De su hermosa verga brotó un geiser de leche. Yo tomé un poco de la que caía en su plano abdomen, con ella unté mi rígido palo, y le di para allá con todas mis fuerzas. Manuel cayó sentado a mi lado, y como si lo hubiera adivinado me volvió a llenar la mente de ideas enloquecedoras:

"Tenías que ver a Enrique cómo gritaba cuando el Sr. Roca lo penetraba"

Aquello fue demasiado. La imagen de mi Enrique siendo clavado por aquel machazo, o acaso la boca de Manuel chupando su miembro como yo tantas veces lo había hecho, me poblaron la imaginación. Antes de cerrar los ojos vi a mi lado a Carlos, bañado en leche y sudor, con su polla semi-erecta aún agarrada entre sus dos manos, y vi como Carlos se agachaba delante de mí, dispuesto a recibir mis nuevos trallazos de semen.

Me corrí copiosamente, sentí que duré años botando leche. Me dieron espasmos, sentí un gran calor en todo el cuerpo, mientras seguía botando más y más semen. Perdí la noción del tiempo, hasta que abrí los ojos y lo primero que vi fue al goloso Manuel delante de mí, su sonriente cara llena de semen.

Ya Carlos se había incorporado y se estaba cambiando. Mientras yo me recomponía, y él se ajustaba la correa, me trajo un papel.

"Firma esto, es una prueba de audición, por si alguien sospecha lo que aquí ocurrió, así estarás cubierto. Ahora debo irme"

Antes de salir, se dirigió hacia donde estaba Carlos y se bajó a su nivel, en el suelo enfrente de mí.

"Buen trabajo, Manuel", le dijo mientras lo besaba en la boca, probando los restos de mi leche que aún no había podido tragar el ayudante.

Salió y volvió a cerrar la puerta tras de sí. Aproveché el momento para satisfacer mi curiosidad: "Manuel, dime qué fue lo que sucedió"

Manuel, mientras se ponía la ropa, me sonrió y me guiñó un ojo, algo ya característico en él. Me dijo con calma:

"Tienes toda una semana por delante antes de volver al set. Si yo fuera tú me olvidara de todo eso y me pondría a disfrutar de las películas de Joe Frankfurt en la comodidad del hogar"

Se acabó de arreglar y me ayudó a abotonar. Me acompañó hasta la salida, pero íbamos en silencio, aunque yo estaba confundido, desde ya tenía ganas de volver a ver a Manuel.

Llegué a mi apartamento, me bañé y me acosté, y así pasó un par de días, en los que no me atrevía ni a llamar a Enrique ni a tomar sus llamadas. Solo faltaban dos días para volver al estudio, y yo no descansaba, pues soñaba con toda suerte de escenas sexuales, entre excitantes y tontas. En una de esas, en mi mente, Tarzán se besaba con un vaquero, y venía la policía y los apresaba. El vaquero tenía la cara de Manuel, y se agachaba frente al policía. En eso sonó el teléfono, era Alex.

"¿Danny? Sé que es tarde, pero debo hablarte"

Entre sueños le respondí: "Alex, ¿dónde estás?"

"Estoy en casa de mi primo, pero ya voy saliendo. Quiero pasar por tu casa para comentarte algo que te dará ventaja en el próximo concurso. Me enteré sin querer"

"Alex, dímelo ahora, es tarde", dije sin convencerme a mí mismo, pues me hubiera gustado amanecer con aquel chico a mi lado, desnudos en la cama.

"Se trata de las películas de Joe", me dijo el chico.

"¿Eh? No entiendo, pasa pues y me explicas", pensé en las palabras de Manuel antes de separarnos esa misma tarde, haciendo referencia a lo mismo. Le expliqué la dirección a Alex y mi verga dio un salto al saber que en unos minutos vería a mi lado al muchacho de la hermosa melena y el culo perfecto, indefenso en mi casa y sin concursos ni cámaras. Esa noche iba a ser muy, muy larga…

 

Gracias a los que me han escrito, por favor síganlo haciendo y díganme cómo va esta saga: caribecaribe@hotmail.com

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