Dar y recibir por atrás: Maravilloso sexo anal.
En un antro Table Dance conocí a una hermosa mujer con un
cuerpo y una belleza que causaría la envidia de muchas Porno Stars.
Tuve la gran suerte de que tuviera como principal preferencia
ser penetrada por atrás, pues también es mi práctica favorita. Si no hay sexo
anal, para mi es como si no hubiera sexo porque no alcanzo la satisfacción
plena. Y practicarle el sexo anal a una escultura humana como ella, es
doblemente satisfactorio.
Fue la mujer que me hizo sentir por primera vez el gran
placer que siente al ser penetrado, tanto por sus ágiles dedos como por su
grueso consolador que desprende sensacionales vibraciones. A ella le gusta
metérselo en la vagina, mientras su culo es perforado por una verga verdadera.
Le fascina la doble penetración.
En cada ocasión que me acostaba con ella, me introducía sus
dedos y su consolador, hasta que con el paso del tiempo me dejó el culo
entrenado para recibir una verga verdadera, a lo que yo me resistía por miedo a
perder mi heterosexualidad. Ella me insistía en que me dejara penetrar por un
pene de verdad, argumentando que esa sería la única manera de que yo sabría lo
que realmente es gozar del sexo.
Mi amiga ocasional se hizo mi amiga frecuente, pues una vez
por semana me citaba con ella en el motel que se había convertido en mi refugio
sexual durante muchos meses.
En una ocasión en que ya me había mamado tan exquisitamente
como ella sabía hacerlo y hacer vibrar todo mi cuerpo al introducirme su
consolador, la tenía a mi merced en posición fetal. Sus pies tocaban el suelo
pero su vientre se encontraba reposando sobre una almohada que descansaba al
borde de la cama, de manera que sus hermosas nalgas respingadas me invitaban a
penetrarla.
Mi piel se erizaba por la emoción que siempre me causaba
aquel fantástico trasero digno de una diosa del Olimpo. Su vagina ya estaba
ocupada por el consolador vibratorio que siempre la acompañaba y mi boca
hambrienta se abría para besar, lamer y mordisquear aquel par de glúteos que se
habían convertido en mi obsesión. Mi amiga tenía una linda, abultada y depilada
panocha, pero a mi me interesaba sólo para mamársela, pues su vagina estaba
reservada solo para ser penetrada por su consolador. Qué bueno que así fueran
las cosas, porque a mi sólo me interesaba cogérmela por atrás y a ella le
encantaba sentir la doble penetración.
Mientras mis manos separaban sus nalgas, mi lengua entraba
para lamer su culo que me hacía perder la cordura. Cuando mi lengua traspasaba
sus pliegues tratando de llegar a sus intestinos sin lograrlo, sentía en ella
las vibraciones del consolador y más me encendía. ¡MAMACITA…CÓMO ME GUSTA TU
CULO!, le dije. ¡ES TUYO, PAPACITO…HAZ CON ÉL LO QUE QUIERAS!, me
respondió. La dama era mía gracias a nuestra preferencia por el sexo anal.
Mi respiración agitada era muestra que la lujuria se había
apoderado de mi y no aguanté más. Desesperado le coloqué la punta de mi verga en
su orificio y se la ensarté de un solo golpe. Gimió pero no protestó porque era
lo que le gustaba. Yo estaba cometiendo el error de cogérmela sin condón, pero
no pude negarme ante la petición de la dama que deseaba sentir en sus intestinos
la tibieza de mi leche.
Mis ingles gozaban la carne de tan firmes y abultados
glúteos, mientras mi verga entraba y salía de tan apretado agujero. Cuando se la
metía hasta el fondo, yo hacía girar como molino de viento mis caderas sobre sus
nalgas, como deseando que todo mi cuerpo se introdujera en el suyo a través de
ese orificio que me había convertido en su esclavo sexual. El ambiente de la
habitación era agradable y sin embargo, el fuego de la pasión encendida hacía
que nuestros cuerpos se empezaran a cubrir de un copioso sudor.
En cada embestida que le daba, nuestra húmeda piel provocaba
unos fuertes chasquidos. Ella cooperaba con la culiada que le estaba dando al
empujar su culo hacia atrás cada vez que le metía la verga. Toda mi anotomía se
untaba a la de ella al abrazarla por la parte posterior de su cuerpo al ponerme
también en posición fetal. Mientras arremetía contra su trasero, mis manos
aprisionaban sus exquisitas tetas masajeándolas como queriendo reventarlas. Le
besaba y lamía los hombros, el cuello y la nuca.
Nuestros quejidos aumentaban mientras incrementábamos el
ritmo de la sabrosa cogida que le estaba dando. ¡DURO…DAME MÁS DURO!, me
pedía casi a gritos y yo la complacía. Llegó el momento cumbre de la lujuriosa
sesión sexual y le dí la última estocada para que me verga se le fuera hasta lo
más profundo de sus intestinos y mi leche empezó a salir a borbotones.
¡ASÍ…ASÍ…AAHHH, QUE RICO…ESO ES LO QUE YO QUERÍA!, me decía con voz
entrecortada mientras mi verga descargaba con furia hasta la última gota de
semen y mis dientes se encajaban en uno de sus hombros.
Permanecí abrazado por atrás de su sudoroso cuerpo, en tanto
mi verga escupía su fuego lechoso en su recto, pero no se la saqué. Yo deseaba
permanecer adherido a aquel escultural cuerpo por tiempo indefinido, pero la
flacidez de mi pene estaba por llegar. NO ME LA SAQUES TODAVÍA, SIGUE
COGIÉNDOME me dijo como adivinando mis pensamientos y haciendo movimientos
circulares con sus prodigiosas caderas al mismo tiempo que apretaba su agujero
para mantener prisionera a mi verga que empezaba a resucitar. Para entonces el
sudor de mi frente me escurría por mi rostro y desde mi barbilla, gruesas gotas
caían en la espalda de aquella beldad.
El gran esfuerzo provocaba que mis piernas temblaran y a
duras penas me mantenía en pié pegado a aquella hermosa escultura humana en
posición fetal al borde de la cama. Mi verga parada empezó de nuevo a entrar y
salir de su culo lubricado por mi semen que empezaba a salir de sus intestinos
acompañado de su materia fecal. El chapoteo era estruendoso en cada ocasión que
mis caderas golpeaban contra sus nalgas, porque ahora nuestras pieles cubiertas
de sudor, también se cubrían de semen mezclado.
Mis ingles, pene y huevos estaban bañados por fluidos
corporales que desprendían un fuerte olor a sexo. Sus nalgas y panocha también
se cubrían con los mismos fluidos y buena parte de ellos escurrían por la parte
posterior de sus muslos.
Dejé de apretarle las tetas y mis manos se apoderaron de su
larga cabellera y primero la jalé suavemente, pero luego la jalaba con
brusquedad. Parecía que le iba a arrancar su cabello pero para evitarlo, ella
alzó su cara al cielo como pidiendo clemencia. ¡ASÍ…ASÍ…JÁLAME EL PELO,
PAPACITO!, me decía y más me prendía.
Su culo dilatado permitía que mi verga entrara y saliera
completa sin ninguna dificultad y aceleré el ritmo de la cogida hasta volverse
frenético y se la dejé adentro momentáneamente para volver a eyacular en las
profundidades de sus intestinos mientras mis manos jalaban con más fuerza sus
cabellos como un jinete lo hace de la crin de un caballo.¡¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHH!!!!!!,
exclamé al eyacular.
Le solté el pelo para que su rostro descansara en la mullida
cama y me quedé abrazado por atrás de ella hasta que mi verga perdió su fuerza.
Con gran pesar me separé de aquel ardiente cuerpo y me acosté
a un costado de ella, importándome muy poco que la sobrecama se impregnara de
los líquidos semiespesos que cubrían mi cuerpo. Ella se incorporó y sacó el
consolador de su vagina y me lo mostró escurriendo sus jugos vaginales, como
invitándome a que me dejara penetrar. Eso ya no me satisface, le dije,
ahora quiero una verga de verdad. Por fin te decidiste, me respondió.
En cuanto salga del baño le hablo a mi amigo travestis a quien tanto te he
recomendado para que venga a darte una buena culiada. ¡Claro que si!...eso es lo
que mi culo está deseando…y tu sabes que al culo hay que darle lo que pida,
aunque he tardado mucho tiempo en decidirme, acerté a decirle.
Era cierto lo que le decía. Después de mucho tiempo de pensar
y dudar, había llegado el momento en que mi culo pedía a gritos ser penetrado
por una verga verdadera, pues el consolador de mi amiga ya no era suficiente
para gozar del sexo anal. Mi amiga se puso en contacto con el travestis del que
tanto me había platicado. Desde su teléfono celular se comunicó con ella (con
él). Estoy con un buen amigo mío en un motel, le dijo, pero ya me
tengo que retirar y te pido que vengas a relevarme. Se trata de la persona que
ya te he platicado. ¡Claro que sí!, le respondió, dame los datos
del Motel y número del cuarto y le dices que en un rato más ahí nos vemos.
Mi amiga se despidió de mí dándome un fuerte beso en los
labios como siempre lo hacía, diciéndome pícaramente: Prepárate, porque ahora
sí vas a saber lo que se siente que te metan una verga de verdad. Yo se que te
va a gustar porque ya tienes suficiente entrenamiento con mi consolador. Es muy
buena onda y se que la vas a pasar muy bien. Después nos ponemos de acuerdo para
hacer un trío.
Me puse muy nervioso. No era para menos, porque en unos
minutos más sostendría por primera vez una relación homosexual, lo que pocos
años atrás jamás había pensado y ni siquiera habían formado parte de mis
fantasías sexuales. La decisión estaba tomada y ya no había tiempo para
arrepentirse. Después de darme un buen baño para quitar de mi piel los residuos
de sudor, semen y materia fecal, desnudo me recosté en la amplia cama donde
sostendría mi primer encuentro para despedirme de mi heterosexualidad y darle
una calurosa bienvenida a mi bisexualidad.
Minutos después se abrió la puerta de la habitación y vi
entrar a una auténtica mujer de piel moreno claro y de bello rostro, de cabello
largo y perfectamente arreglado, maquillada y vestida con una blusa corta y una
minifalda ajustada que le permitía lucir sus torneadas piernas y su antojable
trasero. Su estatura era ligeramente mayor a la mía y se veía más alta aún, por
las zapatillas de color rojo y alta plataforma que usaba. Usaba un bolso que
hacía juego con sus llamativas zapatillas.
Hola, ¿Cómo estás?, ¿Por qué tardaste tanto en decidirte para
estar conmigo?. Nuestra amiga me ha platicado mucho de ti. No se porqué, le
respondí, pero lo importante es que ya estás aquí. Y te aseguro que para
pasarla muy bien, me respondió, conmigo si vas a gozar del sexo.
Te siento nervioso. Tranquilo, me dijo, relájate para
que la pasemos bien. Para que vayas entrando en calor te voy a bailar un poco,
me dijo, porque esa música que escucho está muy cachonda. Se quitó la
blusa y luciendo su pecho desnudo, su minifalda y altas zapatillas que usaba,
empezó un baile tan sensual como lo hubiera ejecutado cualquier mujer, pero yo
sabía que entre sus piernas no se ocultaba una vulva, sino una verga que no le
alcanzaba a mirar.
No podía creer que fuera yo el que se encontraba en ese lugar
y en ese momento frente a un travestis con el que me acostaría por primera vez.
Era excitante el momento al mismo tiempo que lleno de nerviosismo al ver que
había quitado la falda para quedar desnuda completamente. Su piel completamente
depilada sólo mostraba un pequeño triángulo de muy corto bello púbico por encima
de su verga.
Terminado su baile, se posó frente a mí ofreciéndome su verga
para que se la mamara. Se la tomé con una mano y acerqué mi boca y mi lengua
empezó a lamerle el tronco de la verga y sus vellos púbicos mientras mi otra
mano se agasajaba acariciándole las nalgas hasta que uno de mis dedos entró
lentamente en su culo, pero no me animé a mamársela como ella (él) me lo pedía.
Para mi resultó enormemente extraño tener en mi mano una
verga extraña pues nunca antes lo había hecho. Su verga era más grande que la
mía, pero más pequeña que el consolador vibratorio de Mi amiga. También resultó
novedoso comprobar que la piel de los hombres es más áspera que la de las
mujeres, lo que nunca había notado. En la redondez de las nalgas y lo apretado
del culito no noté ninguna diferencia. Me faltaba comprobar si era igual
metérsela a un hombre que metérsela a una mujer.
También me hacía falta comprobar si se sentiría igual que me
metieran un consolador a que me metieran una verga de verdad, pero todo a su
debido tiempo, pues faltaban pocos minutos para que todas mis dudas se
despejaran.
Se dio cuenta que no le quería mamar la verga y se dio vuelta
para ofrecerme su trasero que me lo puso frente a mi cara. Le dí una fuerte
nalgada y luego otra y otra hasta que sus nalgas enrojecieron por las palmadas y
me pedía que la siguiera nalgueando dando unos grititos afeminados, demostrando
dolor y placer al mismo tiempo. Empecé a lamerle las nalgas y su rajadura hasta
que mi lengua llegó a su agujero al que llene de saliva. Mientras le daba el
beso negro, mi mano derecha le apretaba y le masturbaba la verga, por lo que se
puso muy caliente.
Le di mis manos y me ayudó a incorporarme del sofá donde yo
estaba sentado y una vez de pié me abrazó fuertemente para que nuestras vergas
chocaran una contra otra y me plantó un beso en la boca al que yo respondí poco
a poco hasta que nuestras bocas se trenzaron en un beso como si se tratara de un
acto entre un hombre y una mujer. Comprobé también que los besos de los hombres
saben diferente a los de las mujeres.
Dejamos de besarnos y me abrazó por un costado mientras con
una mano me agarraba la verga y los dedos de la otra me los empezaba a meter en
mi culito. Al mismo tiempo me besaba el cuello y me lo lengüeteaba. Yo estaba
sorprendido pero a la vez ya me había puesto caliente como brasa. Finalmente se
puso atrás de mí sin dejar de lengüetearme el cuello, las orejas y la nuca.
Sentí que su verga trataba de abrirse paso entre mis nalgas como buscando llegar
a una meta anhelada, y esa meta se trataba nada menos que de mi ya entrenado
culo, pero la interrumpí diciéndole que yo se la quería meter primero, además
que no se había puesto el condón.
Me pidió que me sentara a la orilla de la cama muy a la
manera como lo hacía Mi amiga, por lo que comprendí que ambas tenían las mismas
técnicas sexuales. Se arrodilló frente a mí para darme una breve y rica mamada.
Tomó un condón y se lo puso en la boca para colocármelo en mi verga. En su culo
se untó un poco de lubricante que ella llevaba y de espaldas a mí se me sentó en
la punta de la verga para que se le fuera metiendo poco a poquito, hasta que sus
nalgas golpearon contra mi pelvis.
Se había ensartado solita (solito) y empezaba a girar
lentamente sus caderas como lo hacen las bailarinas hawaianas mientras mi verga
se encontraba oculta entre sus intestinos, gozando la gran vida, en tanto yo la
abrazaba por la cintura y el pecho y la calentaba agarrándole la verga y
apretándole los huevos. Luego en repetidas ocasiones se levantaba para dejarse
caer de golpe en mi verga, haciéndome gozar como muy pocas mujeres lo habían
hecho. Estaba comprobando lo que Mi amiga me había dicho cuando me comentó que
era muy bueno para coger.
Después de un buen rato de tan apasionante mete saca, no
aguanté más y mi leche volvió a salir de su escondite, en esta ocasión dentro
del culo del primero hombre que me cogía. Lancé un quejido de placer mientras
eyaculaba y se incorporó para quitarme el condón lleno de esperma, darme una
mamada y tragarse las últimas gotas que me estaban saliendo. Me lengüeteó la
verga hasta dejármela completamente limpia.
Un rato después nos metimos a la regadera y nos lavamos
mutuamente antes de regresar a la cama. Me hizo un especial lavado de culo con
mucho jabón e introduciéndome dos de sus dedos. Ella quería asegurarse de que me
quedara muy limpio y en unos momentos más iba a saber sus razones.
Se despejó una duda más de las que tenía en mi mente.
Penetrar un culo de hombre era igual que penetrar un culo de una mujer, pero las
grandes diferencias y extrañas sensaciones con las que me encontré consistieron
que en lugar de agarrar unas tetas normales, me agarré de un pecho provisto de
incipiente busto. Y la más importante de las diferencias encontradas fue que en
lugar de agarrar una vulva agarré una verga para masturbarla. Sólo me faltaba
descubrir la diferencia entre una verga verdadera dentro de mi culo y un
consolador vibratorio. Esa sería mi PRUEBA DE FUEGO.
Ahora me toca a mí, me dijo, a lo que le respondí que
me diera un tiempo para recuperarme, porque en menos de dos horas había echado
tres "palitos": Dos consecutivos con Mi amiga que se había retirado hacía
escasas dos horas y otro con el sensacional travestis que me estaba llevando a
los más altos grados de lujuria. Me sentía desfallecer.
No, me dijo, no tiene caso esperar más, ven y siéntate
de nuevo a la orilla de la cama. Yo obedecí como fiel cordero aunque mi
verga estaba felizmente cansada y flácida. Ella misma (él mismo) me levantó las
piernas para que su boca ansiosa se prendiera como ventosa de mi culo al que
lamía, chupaba y mordisqueaba como desesperada llenándolo de saliva. Se notaba
que ella seguía muy caliente, quizás porque todavía no había eyaculado (suena
raro decir que una mujer eyacula). Con su dedo anular untó un poco de lubricante
se sabor que llevaba en su bolso de mano y me lo acarició suavemente girando su
dedo en forma de círculos, hasta que lo hundió en mi ansioso ano. Yo estaba
caliente de nuevo.
Me tomó una nalga con su mano izquierda y la otra con la
derecha y hábilmente metió primero en mi ano su pulgar izquierdo al mismo tiempo
que su lengua trataba de meterse junto con su dedo. Tenía una técnica diferente
a la de mi amiga para dar el beso negro y estaba resultando maravillosa. Cuando
su pulgar izquierdo ya había entrado, entonces hizo lo mismo con su pulgar
derecho y de pronto ambos se encontraban moviéndose ágilmente dentro de mi recto
y mi culo abierto y dilatado, mientras su lengua entraba y salía rápidamente
haciéndome sentir nuevos goces sexuales que me llevaron a la estratosfera. No
pasaría mucho tiempo más para que mi culo recibiera gustoso su primera verga
natural.
Me mamaba el culo abriéndolo todo lo que podía con sus dedos
pulgares mientras las palmas de sus manos aprisionaban con fuerza mis nalgas y
subía su boca para mordisquearme los huevos y mamarme la verga que para esos
momentos de nuevo estaba bien parada. Yo tenía los ojos cerrados y no la ví
cuando dejó de juguetear en mis partes íntimas para ponerse un condón. Mis
piernas temblorosas se mantenían elevadas sobre mi cabeza mientras mi trasero
permanecía ofreciéndose a lo que gustara hacerle es ese momento.
Abrí los ojos para ver cómo se arrojaba sobre mi cuerpo. Me
mamó suave pero esplendorosamente mis tetillas mientras sus manos pasaron por
debajo de mi espalda hasta que me aprisionaron fuertemente por mis hombros para
jalarme hacia su cuerpo. Su vientre se depositó en mi verga y huevos y me empezó
a dar un apasionado beso en mis labios al que respondí con gran pasión. Nuestras
lenguas salían desesperadas de nuestras bocas para trenzarse una contra otra y
nuestras salivas se intercambiaban de boca a boca. Sentí la punta de la verga de
en mi culo dilatado y comprendí que había llegado el momento cumbre.
Me abracé de su cuello y espalda mientras me tenía sometido
de la misma manera que yo había sometido a tantas mujeres. Estaba en el lugar
ideal y en el instante justo para que sucediera lo que tanto había pensado y
deseado y que durante tanto tiempo había dudado en hacer.
Su verga empezó a hacer su trabajo. Suavemente y como no
queriendo me metió la cabeza y luego empujó un poco para se metiera una buena
parte que sentía dentro de mí. Mi mente confusa no daba total crédito a lo que
estaba sucediendo, pero mi culo que no sabe pensar estaba gozando por primera
vez de una verdadera cogida y le ordené que se relajara para que la verga me
entrara hasta el tope. Así sucedió cuando dio el último empujón y sentí cómo sus
caderas y sus huevos golpearon fuertemente contra mis nalgas.
Me estaba despidiendo de mi heterosexualidad que me acompañó
durante tantos años, para abrir una puerta que me permitía ingresar a una nueva
dimensión sexual, en donde los horizontes se amplían para permitir gozar de
todos los deliquios eróticos que la vida ofrece. No hay razones que valgan para
rechazar las oportunidades que la vida te ofrece para ser feliz.
Me estaba metiendo toda la verga y yo la estaba saboreando
como nunca imaginé. Una dolorosa pero a la vez deliciosa sensación envolvía todo
mi cuerpo y todo mi ser. Mi culo estaba llorando por el dolor que muy pronto
pasaría y gozando de la vida mientras el interior de mis intestinos eran
masajeados por aquella maravillosa verga que entraba y salía repetidas veces por
el experto accionar que el travestis le imprimía , al mismo tiempo que sentía el
golpeteo de sus huevos en la rajadura de mi trasero.
Una vez que el dolor desapareció por completo me entregué
totalmente al momento y ambos gemíamos de placer. Yo sentía que me ahogaba al no
alcanzar respiración por la lujuriosa pasión que me envolvía y me consumía.
Mientras yo permanecía recostado en la orilla de aquella cama
y con las piernas hacia arriba, él mantenía sus pies en el piso apoyándose para
darme las más exquisitas embestidas al meterme y sacarme la verga, de la misma
manera como yo lo había hecho tantas veces con infinidad de mujeres, nada más
que en esos momentos me tocaba ser el pasivo que recibía su primera cogida.
Entrelacé mis piernas a su cintura, aprisionándola para no dejarla ir hasta que
terminara la tarea.
Mientras mi verga dejaba escapar los últimos residuos de
leche que me quedaban, lanzó un quejido de satisfacción cuando empezó a eyacular
dentro de mí. Detuvo sus movimientos para que su verga descargara toda su furia
en mis intestinos y yo sentía sus espasmos. Era la noche de las más locas y
excitantes sensaciones y experiencias sexuales de mi vida, porque unas horas
antes me había acostado con la mujer que me tenía embrujado, y en esos momentos
me estaba acostando por primera vez con un hombre aunque tuviera la apariencia
de mujer.
Aquella cama y aquella habitación se convirtieron en mudos
testigos de una relación homosexual más (bisexual en mi caso, por mi gusto por
las mujeres) cómo seguramente ya habían sido testigos de muchas otras, porque en
los últimos años son cada vez más frecuentes.
Me la sacó y se retiró a bañar mientras yo quedaba acostado
jadeando y sorprendido de mí mismo, todavía incrédulo que me hubiera animado a
penetrar un culo de hombre y que ese hombre penetrara el mío por primera vez.
No tardé mucho en reaccionar y me incorporé para alcanzarla
en la regadera a quien le pedí que me aseara el culo con la destreza que ella
tenía, pero además de asearnos mutuamente, fue sensacional que bajo el agua
fresca de la regadera nos volviéramos a fundir en un fuerte abrazo mientras
nuestras bocas se juntaban de nuevo.
Yo mismo me desconocía, al comportarme de la manera como lo
estaba haciendo en aquellos momentos de lujuria en los cuales si había pensado e
imaginado, pero que en la realidad estaban siendo superados ampliamente. La
realidad superó con creces a la fantasía.
Salimos de la regadera y sin secarnos nos dirigimos a la
amplia cama. Yo me acosté totalmente exhausto boca abajo y se abalanzó sobre mi
trasero para volverse a prender como desesperada de mi recién cogido, adolorido
y dilatado pero feliz culo, colocando antes una almohada bajo mi vientre para
que mi trasero quedara respingado. Yo ya había tenido cuatro eyaculaciones en
muy corto tiempo, lo cual era inusual en mí, pero a ella (él) le quedaba sobrada
energía sexual por lo que deseaba continuar con las acciones y la dejé que
siguiera agasajándose con mis nalgas y mi culo. Cuando me quiso penetrar de
nuevo la contuve diciéndole que tuviera calma porque muy pronto nos cogeríamos
de nuevo y que quizá sería haciendo un trío con Mi amiga. Le gustó mucho la
idea.
Durante muchos meses alterné mis citas sexuales con Mi amiga
y aquel hermoso travestis. Había tardado mucho tiempo en decidirme en cambiar
mis preferencias sexuales, por lo que consideraba que tenía que recuperar el
tiempo perdido dándole rienda suelta a mi bisexualidad. Confieso que hubo un
tiempo en que yo no sabía si me gustaba más acostarme con mi hermosa amiga, o
acostarme con ese bello travestis, por lo que fantaseaba con la idea de que la
única manera de averiguarlo era acostándome con los dos al mismo tiempo. No pasó
mucho tiempo para que mi fantasía se hiciera realidad, resultando una
experiencia sexual fascinante, apasionante e inolvidable.
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