[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,020,771 Miembros | 12,816 Autores | 54,017 Relatos | 3,373 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
SITIO DESTACADO
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
COMUNIDAD
EXTRA
VARIOS
 
 
TIENDA
TODORELATOS » RELATOS » DAR Y RECIBIR POR ATRáS. MARAVILLOSO SEXO ANAL
[ Piensa el ladrón, que todos son de su condición.. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 13-Abr-08 « Anterior | Siguiente » en Sexo Anal (447 de 455)

Dar y recibir por atrás. Maravilloso sexo anal

ADONISPRIMERO
Accesos: 12,996
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 16 min. ]
 -   + 
Yo les daba por atrás, pero después de mucho tiempo de pensar y dudar, llegó el momento en que mi culo también pidió ser penetrado. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Dar y recibir por atrás: Maravilloso sexo anal.

En un antro Table Dance conocí a una hermosa mujer con un cuerpo y una belleza que causaría la envidia de muchas Porno Stars.

Tuve la gran suerte de que tuviera como principal preferencia ser penetrada por atrás, pues también es mi práctica favorita. Si no hay sexo anal, para mi es como si no hubiera sexo porque no alcanzo la satisfacción plena. Y practicarle el sexo anal a una escultura humana como ella, es doblemente satisfactorio.

Fue la mujer que me hizo sentir por primera vez el gran placer que siente al ser penetrado, tanto por sus ágiles dedos como por su grueso consolador que desprende sensacionales vibraciones. A ella le gusta metérselo en la vagina, mientras su culo es perforado por una verga verdadera. Le fascina la doble penetración.

En cada ocasión que me acostaba con ella, me introducía sus dedos y su consolador, hasta que con el paso del tiempo me dejó el culo entrenado para recibir una verga verdadera, a lo que yo me resistía por miedo a perder mi heterosexualidad. Ella me insistía en que me dejara penetrar por un pene de verdad, argumentando que esa sería la única manera de que yo sabría lo que realmente es gozar del sexo.

Mi amiga ocasional se hizo mi amiga frecuente, pues una vez por semana me citaba con ella en el motel que se había convertido en mi refugio sexual durante muchos meses.

En una ocasión en que ya me había mamado tan exquisitamente como ella sabía hacerlo y hacer vibrar todo mi cuerpo al introducirme su consolador, la tenía a mi merced en posición fetal. Sus pies tocaban el suelo pero su vientre se encontraba reposando sobre una almohada que descansaba al borde de la cama, de manera que sus hermosas nalgas respingadas me invitaban a penetrarla.

Mi piel se erizaba por la emoción que siempre me causaba aquel fantástico trasero digno de una diosa del Olimpo. Su vagina ya estaba ocupada por el consolador vibratorio que siempre la acompañaba y mi boca hambrienta se abría para besar, lamer y mordisquear aquel par de glúteos que se habían convertido en mi obsesión. Mi amiga tenía una linda, abultada y depilada panocha, pero a mi me interesaba sólo para mamársela, pues su vagina estaba reservada solo para ser penetrada por su consolador. Qué bueno que así fueran las cosas, porque a mi sólo me interesaba cogérmela por atrás y a ella le encantaba sentir la doble penetración.

Mientras mis manos separaban sus nalgas, mi lengua entraba para lamer su culo que me hacía perder la cordura. Cuando mi lengua traspasaba sus pliegues tratando de llegar a sus intestinos sin lograrlo, sentía en ella las vibraciones del consolador y más me encendía. ¡MAMACITA…CÓMO ME GUSTA TU CULO!, le dije. ¡ES TUYO, PAPACITO…HAZ CON ÉL LO QUE QUIERAS!, me respondió. La dama era mía gracias a nuestra preferencia por el sexo anal.

Mi respiración agitada era muestra que la lujuria se había apoderado de mi y no aguanté más. Desesperado le coloqué la punta de mi verga en su orificio y se la ensarté de un solo golpe. Gimió pero no protestó porque era lo que le gustaba. Yo estaba cometiendo el error de cogérmela sin condón, pero no pude negarme ante la petición de la dama que deseaba sentir en sus intestinos la tibieza de mi leche.

Mis ingles gozaban la carne de tan firmes y abultados glúteos, mientras mi verga entraba y salía de tan apretado agujero. Cuando se la metía hasta el fondo, yo hacía girar como molino de viento mis caderas sobre sus nalgas, como deseando que todo mi cuerpo se introdujera en el suyo a través de ese orificio que me había convertido en su esclavo sexual. El ambiente de la habitación era agradable y sin embargo, el fuego de la pasión encendida hacía que nuestros cuerpos se empezaran a cubrir de un copioso sudor.

En cada embestida que le daba, nuestra húmeda piel provocaba unos fuertes chasquidos. Ella cooperaba con la culiada que le estaba dando al empujar su culo hacia atrás cada vez que le metía la verga. Toda mi anotomía se untaba a la de ella al abrazarla por la parte posterior de su cuerpo al ponerme también en posición fetal. Mientras arremetía contra su trasero, mis manos aprisionaban sus exquisitas tetas masajeándolas como queriendo reventarlas. Le besaba y lamía los hombros, el cuello y la nuca.

Nuestros quejidos aumentaban mientras incrementábamos el ritmo de la sabrosa cogida que le estaba dando. ¡DURO…DAME MÁS DURO!, me pedía casi a gritos y yo la complacía. Llegó el momento cumbre de la lujuriosa sesión sexual y le dí la última estocada para que me verga se le fuera hasta lo más profundo de sus intestinos y mi leche empezó a salir a borbotones. ¡ASÍ…ASÍ…AAHHH, QUE RICO…ESO ES LO QUE YO QUERÍA!, me decía con voz entrecortada mientras mi verga descargaba con furia hasta la última gota de semen y mis dientes se encajaban en uno de sus hombros.

Permanecí abrazado por atrás de su sudoroso cuerpo, en tanto mi verga escupía su fuego lechoso en su recto, pero no se la saqué. Yo deseaba permanecer adherido a aquel escultural cuerpo por tiempo indefinido, pero la flacidez de mi pene estaba por llegar. NO ME LA SAQUES TODAVÍA, SIGUE COGIÉNDOME me dijo como adivinando mis pensamientos y haciendo movimientos circulares con sus prodigiosas caderas al mismo tiempo que apretaba su agujero para mantener prisionera a mi verga que empezaba a resucitar. Para entonces el sudor de mi frente me escurría por mi rostro y desde mi barbilla, gruesas gotas caían en la espalda de aquella beldad.

El gran esfuerzo provocaba que mis piernas temblaran y a duras penas me mantenía en pié pegado a aquella hermosa escultura humana en posición fetal al borde de la cama. Mi verga parada empezó de nuevo a entrar y salir de su culo lubricado por mi semen que empezaba a salir de sus intestinos acompañado de su materia fecal. El chapoteo era estruendoso en cada ocasión que mis caderas golpeaban contra sus nalgas, porque ahora nuestras pieles cubiertas de sudor, también se cubrían de semen mezclado.

Mis ingles, pene y huevos estaban bañados por fluidos corporales que desprendían un fuerte olor a sexo. Sus nalgas y panocha también se cubrían con los mismos fluidos y buena parte de ellos escurrían por la parte posterior de sus muslos.

Dejé de apretarle las tetas y mis manos se apoderaron de su larga cabellera y primero la jalé suavemente, pero luego la jalaba con brusquedad. Parecía que le iba a arrancar su cabello pero para evitarlo, ella alzó su cara al cielo como pidiendo clemencia. ¡ASÍ…ASÍ…JÁLAME EL PELO, PAPACITO!, me decía y más me prendía.

Su culo dilatado permitía que mi verga entrara y saliera completa sin ninguna dificultad y aceleré el ritmo de la cogida hasta volverse frenético y se la dejé adentro momentáneamente para volver a eyacular en las profundidades de sus intestinos mientras mis manos jalaban con más fuerza sus cabellos como un jinete lo hace de la crin de un caballo.¡¡¡¡¡AAAAAHHHHHHHH!!!!!!, exclamé al eyacular.

Le solté el pelo para que su rostro descansara en la mullida cama y me quedé abrazado por atrás de ella hasta que mi verga perdió su fuerza.

Con gran pesar me separé de aquel ardiente cuerpo y me acosté a un costado de ella, importándome muy poco que la sobrecama se impregnara de los líquidos semiespesos que cubrían mi cuerpo. Ella se incorporó y sacó el consolador de su vagina y me lo mostró escurriendo sus jugos vaginales, como invitándome a que me dejara penetrar. Eso ya no me satisface, le dije, ahora quiero una verga de verdad. Por fin te decidiste, me respondió. En cuanto salga del baño le hablo a mi amigo travestis a quien tanto te he recomendado para que venga a darte una buena culiada. ¡Claro que si!...eso es lo que mi culo está deseando…y tu sabes que al culo hay que darle lo que pida, aunque he tardado mucho tiempo en decidirme, acerté a decirle.

Era cierto lo que le decía. Después de mucho tiempo de pensar y dudar, había llegado el momento en que mi culo pedía a gritos ser penetrado por una verga verdadera, pues el consolador de mi amiga ya no era suficiente para gozar del sexo anal. Mi amiga se puso en contacto con el travestis del que tanto me había platicado. Desde su teléfono celular se comunicó con ella (con él). Estoy con un buen amigo mío en un motel, le dijo, pero ya me tengo que retirar y te pido que vengas a relevarme. Se trata de la persona que ya te he platicado. ¡Claro que sí!, le respondió, dame los datos del Motel y número del cuarto y le dices que en un rato más ahí nos vemos.

Mi amiga se despidió de mí dándome un fuerte beso en los labios como siempre lo hacía, diciéndome pícaramente: Prepárate, porque ahora sí vas a saber lo que se siente que te metan una verga de verdad. Yo se que te va a gustar porque ya tienes suficiente entrenamiento con mi consolador. Es muy buena onda y se que la vas a pasar muy bien. Después nos ponemos de acuerdo para hacer un trío.

Me puse muy nervioso. No era para menos, porque en unos minutos más sostendría por primera vez una relación homosexual, lo que pocos años atrás jamás había pensado y ni siquiera habían formado parte de mis fantasías sexuales. La decisión estaba tomada y ya no había tiempo para arrepentirse. Después de darme un buen baño para quitar de mi piel los residuos de sudor, semen y materia fecal, desnudo me recosté en la amplia cama donde sostendría mi primer encuentro para despedirme de mi heterosexualidad y darle una calurosa bienvenida a mi bisexualidad.

Minutos después se abrió la puerta de la habitación y vi entrar a una auténtica mujer de piel moreno claro y de bello rostro, de cabello largo y perfectamente arreglado, maquillada y vestida con una blusa corta y una minifalda ajustada que le permitía lucir sus torneadas piernas y su antojable trasero. Su estatura era ligeramente mayor a la mía y se veía más alta aún, por las zapatillas de color rojo y alta plataforma que usaba. Usaba un bolso que hacía juego con sus llamativas zapatillas.

Hola, ¿Cómo estás?, ¿Por qué tardaste tanto en decidirte para estar conmigo?. Nuestra amiga me ha platicado mucho de ti. No se porqué, le respondí, pero lo importante es que ya estás aquí. Y te aseguro que para pasarla muy bien, me respondió, conmigo si vas a gozar del sexo.

Te siento nervioso. Tranquilo, me dijo, relájate para que la pasemos bien. Para que vayas entrando en calor te voy a bailar un poco, me dijo, porque esa música que escucho está muy cachonda. Se quitó la blusa y luciendo su pecho desnudo, su minifalda y altas zapatillas que usaba, empezó un baile tan sensual como lo hubiera ejecutado cualquier mujer, pero yo sabía que entre sus piernas no se ocultaba una vulva, sino una verga que no le alcanzaba a mirar.

No podía creer que fuera yo el que se encontraba en ese lugar y en ese momento frente a un travestis con el que me acostaría por primera vez. Era excitante el momento al mismo tiempo que lleno de nerviosismo al ver que había quitado la falda para quedar desnuda completamente. Su piel completamente depilada sólo mostraba un pequeño triángulo de muy corto bello púbico por encima de su verga.

Terminado su baile, se posó frente a mí ofreciéndome su verga para que se la mamara. Se la tomé con una mano y acerqué mi boca y mi lengua empezó a lamerle el tronco de la verga y sus vellos púbicos mientras mi otra mano se agasajaba acariciándole las nalgas hasta que uno de mis dedos entró lentamente en su culo, pero no me animé a mamársela como ella (él) me lo pedía.

Para mi resultó enormemente extraño tener en mi mano una verga extraña pues nunca antes lo había hecho. Su verga era más grande que la mía, pero más pequeña que el consolador vibratorio de Mi amiga. También resultó novedoso comprobar que la piel de los hombres es más áspera que la de las mujeres, lo que nunca había notado. En la redondez de las nalgas y lo apretado del culito no noté ninguna diferencia. Me faltaba comprobar si era igual metérsela a un hombre que metérsela a una mujer.

También me hacía falta comprobar si se sentiría igual que me metieran un consolador a que me metieran una verga de verdad, pero todo a su debido tiempo, pues faltaban pocos minutos para que todas mis dudas se despejaran.

Se dio cuenta que no le quería mamar la verga y se dio vuelta para ofrecerme su trasero que me lo puso frente a mi cara. Le dí una fuerte nalgada y luego otra y otra hasta que sus nalgas enrojecieron por las palmadas y me pedía que la siguiera nalgueando dando unos grititos afeminados, demostrando dolor y placer al mismo tiempo. Empecé a lamerle las nalgas y su rajadura hasta que mi lengua llegó a su agujero al que llene de saliva. Mientras le daba el beso negro, mi mano derecha le apretaba y le masturbaba la verga, por lo que se puso muy caliente.

Le di mis manos y me ayudó a incorporarme del sofá donde yo estaba sentado y una vez de pié me abrazó fuertemente para que nuestras vergas chocaran una contra otra y me plantó un beso en la boca al que yo respondí poco a poco hasta que nuestras bocas se trenzaron en un beso como si se tratara de un acto entre un hombre y una mujer. Comprobé también que los besos de los hombres saben diferente a los de las mujeres.

Dejamos de besarnos y me abrazó por un costado mientras con una mano me agarraba la verga y los dedos de la otra me los empezaba a meter en mi culito. Al mismo tiempo me besaba el cuello y me lo lengüeteaba. Yo estaba sorprendido pero a la vez ya me había puesto caliente como brasa. Finalmente se puso atrás de mí sin dejar de lengüetearme el cuello, las orejas y la nuca. Sentí que su verga trataba de abrirse paso entre mis nalgas como buscando llegar a una meta anhelada, y esa meta se trataba nada menos que de mi ya entrenado culo, pero la interrumpí diciéndole que yo se la quería meter primero, además que no se había puesto el condón.

Me pidió que me sentara a la orilla de la cama muy a la manera como lo hacía Mi amiga, por lo que comprendí que ambas tenían las mismas técnicas sexuales. Se arrodilló frente a mí para darme una breve y rica mamada. Tomó un condón y se lo puso en la boca para colocármelo en mi verga. En su culo se untó un poco de lubricante que ella llevaba y de espaldas a mí se me sentó en la punta de la verga para que se le fuera metiendo poco a poquito, hasta que sus nalgas golpearon contra mi pelvis.

Se había ensartado solita (solito) y empezaba a girar lentamente sus caderas como lo hacen las bailarinas hawaianas mientras mi verga se encontraba oculta entre sus intestinos, gozando la gran vida, en tanto yo la abrazaba por la cintura y el pecho y la calentaba agarrándole la verga y apretándole los huevos. Luego en repetidas ocasiones se levantaba para dejarse caer de golpe en mi verga, haciéndome gozar como muy pocas mujeres lo habían hecho. Estaba comprobando lo que Mi amiga me había dicho cuando me comentó que era muy bueno para coger.

Después de un buen rato de tan apasionante mete saca, no aguanté más y mi leche volvió a salir de su escondite, en esta ocasión dentro del culo del primero hombre que me cogía. Lancé un quejido de placer mientras eyaculaba y se incorporó para quitarme el condón lleno de esperma, darme una mamada y tragarse las últimas gotas que me estaban saliendo. Me lengüeteó la verga hasta dejármela completamente limpia.

Un rato después nos metimos a la regadera y nos lavamos mutuamente antes de regresar a la cama. Me hizo un especial lavado de culo con mucho jabón e introduciéndome dos de sus dedos. Ella quería asegurarse de que me quedara muy limpio y en unos momentos más iba a saber sus razones.

Se despejó una duda más de las que tenía en mi mente. Penetrar un culo de hombre era igual que penetrar un culo de una mujer, pero las grandes diferencias y extrañas sensaciones con las que me encontré consistieron que en lugar de agarrar unas tetas normales, me agarré de un pecho provisto de incipiente busto. Y la más importante de las diferencias encontradas fue que en lugar de agarrar una vulva agarré una verga para masturbarla. Sólo me faltaba descubrir la diferencia entre una verga verdadera dentro de mi culo y un consolador vibratorio. Esa sería mi PRUEBA DE FUEGO.

Ahora me toca a mí, me dijo, a lo que le respondí que me diera un tiempo para recuperarme, porque en menos de dos horas había echado tres "palitos": Dos consecutivos con Mi amiga que se había retirado hacía escasas dos horas y otro con el sensacional travestis que me estaba llevando a los más altos grados de lujuria. Me sentía desfallecer.

No, me dijo, no tiene caso esperar más, ven y siéntate de nuevo a la orilla de la cama. Yo obedecí como fiel cordero aunque mi verga estaba felizmente cansada y flácida. Ella misma (él mismo) me levantó las piernas para que su boca ansiosa se prendiera como ventosa de mi culo al que lamía, chupaba y mordisqueaba como desesperada llenándolo de saliva. Se notaba que ella seguía muy caliente, quizás porque todavía no había eyaculado (suena raro decir que una mujer eyacula). Con su dedo anular untó un poco de lubricante se sabor que llevaba en su bolso de mano y me lo acarició suavemente girando su dedo en forma de círculos, hasta que lo hundió en mi ansioso ano. Yo estaba caliente de nuevo.

Me tomó una nalga con su mano izquierda y la otra con la derecha y hábilmente metió primero en mi ano su pulgar izquierdo al mismo tiempo que su lengua trataba de meterse junto con su dedo. Tenía una técnica diferente a la de mi amiga para dar el beso negro y estaba resultando maravillosa. Cuando su pulgar izquierdo ya había entrado, entonces hizo lo mismo con su pulgar derecho y de pronto ambos se encontraban moviéndose ágilmente dentro de mi recto y mi culo abierto y dilatado, mientras su lengua entraba y salía rápidamente haciéndome sentir nuevos goces sexuales que me llevaron a la estratosfera. No pasaría mucho tiempo más para que mi culo recibiera gustoso su primera verga natural.

Me mamaba el culo abriéndolo todo lo que podía con sus dedos pulgares mientras las palmas de sus manos aprisionaban con fuerza mis nalgas y subía su boca para mordisquearme los huevos y mamarme la verga que para esos momentos de nuevo estaba bien parada. Yo tenía los ojos cerrados y no la ví cuando dejó de juguetear en mis partes íntimas para ponerse un condón. Mis piernas temblorosas se mantenían elevadas sobre mi cabeza mientras mi trasero permanecía ofreciéndose a lo que gustara hacerle es ese momento.

Abrí los ojos para ver cómo se arrojaba sobre mi cuerpo. Me mamó suave pero esplendorosamente mis tetillas mientras sus manos pasaron por debajo de mi espalda hasta que me aprisionaron fuertemente por mis hombros para jalarme hacia su cuerpo. Su vientre se depositó en mi verga y huevos y me empezó a dar un apasionado beso en mis labios al que respondí con gran pasión. Nuestras lenguas salían desesperadas de nuestras bocas para trenzarse una contra otra y nuestras salivas se intercambiaban de boca a boca. Sentí la punta de la verga de en mi culo dilatado y comprendí que había llegado el momento cumbre.

Me abracé de su cuello y espalda mientras me tenía sometido de la misma manera que yo había sometido a tantas mujeres. Estaba en el lugar ideal y en el instante justo para que sucediera lo que tanto había pensado y deseado y que durante tanto tiempo había dudado en hacer.

Su verga empezó a hacer su trabajo. Suavemente y como no queriendo me metió la cabeza y luego empujó un poco para se metiera una buena parte que sentía dentro de mí. Mi mente confusa no daba total crédito a lo que estaba sucediendo, pero mi culo que no sabe pensar estaba gozando por primera vez de una verdadera cogida y le ordené que se relajara para que la verga me entrara hasta el tope. Así sucedió cuando dio el último empujón y sentí cómo sus caderas y sus huevos golpearon fuertemente contra mis nalgas.

Me estaba despidiendo de mi heterosexualidad que me acompañó durante tantos años, para abrir una puerta que me permitía ingresar a una nueva dimensión sexual, en donde los horizontes se amplían para permitir gozar de todos los deliquios eróticos que la vida ofrece. No hay razones que valgan para rechazar las oportunidades que la vida te ofrece para ser feliz.

Me estaba metiendo toda la verga y yo la estaba saboreando como nunca imaginé. Una dolorosa pero a la vez deliciosa sensación envolvía todo mi cuerpo y todo mi ser. Mi culo estaba llorando por el dolor que muy pronto pasaría y gozando de la vida mientras el interior de mis intestinos eran masajeados por aquella maravillosa verga que entraba y salía repetidas veces por el experto accionar que el travestis le imprimía , al mismo tiempo que sentía el golpeteo de sus huevos en la rajadura de mi trasero.

Una vez que el dolor desapareció por completo me entregué totalmente al momento y ambos gemíamos de placer. Yo sentía que me ahogaba al no alcanzar respiración por la lujuriosa pasión que me envolvía y me consumía.

Mientras yo permanecía recostado en la orilla de aquella cama y con las piernas hacia arriba, él mantenía sus pies en el piso apoyándose para darme las más exquisitas embestidas al meterme y sacarme la verga, de la misma manera como yo lo había hecho tantas veces con infinidad de mujeres, nada más que en esos momentos me tocaba ser el pasivo que recibía su primera cogida. Entrelacé mis piernas a su cintura, aprisionándola para no dejarla ir hasta que terminara la tarea.

Mientras mi verga dejaba escapar los últimos residuos de leche que me quedaban, lanzó un quejido de satisfacción cuando empezó a eyacular dentro de mí. Detuvo sus movimientos para que su verga descargara toda su furia en mis intestinos y yo sentía sus espasmos. Era la noche de las más locas y excitantes sensaciones y experiencias sexuales de mi vida, porque unas horas antes me había acostado con la mujer que me tenía embrujado, y en esos momentos me estaba acostando por primera vez con un hombre aunque tuviera la apariencia de mujer.

Aquella cama y aquella habitación se convirtieron en mudos testigos de una relación homosexual más (bisexual en mi caso, por mi gusto por las mujeres) cómo seguramente ya habían sido testigos de muchas otras, porque en los últimos años son cada vez más frecuentes.

Me la sacó y se retiró a bañar mientras yo quedaba acostado jadeando y sorprendido de mí mismo, todavía incrédulo que me hubiera animado a penetrar un culo de hombre y que ese hombre penetrara el mío por primera vez.

No tardé mucho en reaccionar y me incorporé para alcanzarla en la regadera a quien le pedí que me aseara el culo con la destreza que ella tenía, pero además de asearnos mutuamente, fue sensacional que bajo el agua fresca de la regadera nos volviéramos a fundir en un fuerte abrazo mientras nuestras bocas se juntaban de nuevo.

Yo mismo me desconocía, al comportarme de la manera como lo estaba haciendo en aquellos momentos de lujuria en los cuales si había pensado e imaginado, pero que en la realidad estaban siendo superados ampliamente. La realidad superó con creces a la fantasía.

Salimos de la regadera y sin secarnos nos dirigimos a la amplia cama. Yo me acosté totalmente exhausto boca abajo y se abalanzó sobre mi trasero para volverse a prender como desesperada de mi recién cogido, adolorido y dilatado pero feliz culo, colocando antes una almohada bajo mi vientre para que mi trasero quedara respingado. Yo ya había tenido cuatro eyaculaciones en muy corto tiempo, lo cual era inusual en mí, pero a ella (él) le quedaba sobrada energía sexual por lo que deseaba continuar con las acciones y la dejé que siguiera agasajándose con mis nalgas y mi culo. Cuando me quiso penetrar de nuevo la contuve diciéndole que tuviera calma porque muy pronto nos cogeríamos de nuevo y que quizá sería haciendo un trío con Mi amiga. Le gustó mucho la idea.

Durante muchos meses alterné mis citas sexuales con Mi amiga y aquel hermoso travestis. Había tardado mucho tiempo en decidirme en cambiar mis preferencias sexuales, por lo que consideraba que tenía que recuperar el tiempo perdido dándole rienda suelta a mi bisexualidad. Confieso que hubo un tiempo en que yo no sabía si me gustaba más acostarme con mi hermosa amiga, o acostarme con ese bello travestis, por lo que fantaseaba con la idea de que la única manera de averiguarlo era acostándome con los dos al mismo tiempo. No pasó mucho tiempo para que mi fantasía se hiciera realidad, resultando una experiencia sexual fascinante, apasionante e inolvidable.

adonisprimero@gmail.com

TodoRelatos.com © ADONISPRIMERO

SEXO EN VIVO
Nueva Webcam de Sexo de TodoRelatos!
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad!
SEXSHOP TODORELATOS
Tienda de confianza ideal para regalos, sorpresas...

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (10)
\"Ver  Perfil y más Relatos de ADONISPRIMERO
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 
SEXO EN VIVO
Sexo en Vivo
 
SEXO

Fotos de Sexo
 

Videos de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

SexShop
 

WebCam de Sexo
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
RELATO HABLADO

Rodeada de pollas
 
     
WEBCAM EN DIRECTO
[ Sexo en vivo, prueba gratis! ]
 
RELATOS HABLADOS
[ Un relato hablado nuevo cada día! ]
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.30 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto