Después de la grabación nos entretuvimos un rato, riéndonos y
comentando las experiencias vividas. Tal como me lo había imaginado, Alex era
débil con el rimming, decía que su ex novio lo hacía correrse simplemente
lamiéndole el culo, y que lo hacía voraz y ruidosamente. Ricardo confesó que
tenía unos pezones muy sensibles, y que el simple contacto de un dedo, y sobre
todo de una lengua caliente, lo ponían a mil. Recordé la manera furiosa en que
se vino cuando le estaban chupando las tetas y me imaginé que era yo quien se
las chupaba. Diantre, cómo me gustaba el pecho de ese tipo. Billy se declaró
"activamente pasivo", y nos narró cómo fue penetrado doblemente en una ocasión.
Yo expresé mi debilidad con el lenguaje sucio, con las caricias, con los olores
de macho y con una buena mamada de polla. Harry nos dijo que su especialidad era
el sexo tántrico, y que gracias a eso lograba durar mucho más que la mayoría sin
venirse. Eso lo explicaba todo.
Nos cambiamos juntos en el vestidor, palpándonos y
piropeándonos mientras lo hacíamos, y yo sentí que no me quería ir de allí
nunca. Manuel, por supuesto, "supervisaba" la escena desde un costado del salón,
sobándose su paquete por encima del pantalón con una mirada de enfermo sexual
que me fascinaba. Nos entregó nuestras pertenencias, y yo aproveché para tomar
una llamada perdida, era el número de la casa de Enrique. Devolví la llamada de
inmediato, solo para decirle que no podía hablarle ahora y que lo llamaría
luego. Me preguntó por Manuel, pero ya éste había desaparecido.
Nos despedimos de Billy cariñosamente. Yo iba a extrañar sus
abdominales, por eso le pedí que me dejara tocarlos una vez más, a lo cual él
accedió agarrándome la mano y pasándola suavemente sobre su plano y dibujado
abdomen. Me miró con lujuria y me dijo: "Quiero que me llames cuando todo esto
acabe, quiero ser penetrado por tu magnífica verga". Aún habiéndome expuesto
ante las cámaras minutos antes, aquello me hizo ruborizar, y pensé en la amplia
gama de posibilidades que este concurso me había abierto.
Nueva vez teníamos que esperar tres días para volver al
estudio de TeveGay, pero esta vez no sentí la presión de mantenerme inactivo,
así que lo primero que hice fue irme directamente a casa de Enrique, y cómo
ambos teníamos llave de la casa del otro, me aparecí sin avisar. Mientras iba
metiendo la llave en la cerradura, ya lo tenía duro y había empezado a quitarme
la camisa, nervioso y desesperado. Entré como loco por la puerta, y al cruzar la
salita ya tenía la camisa y la correa quitadas. Le llamé y sentí que me
respondía desde su cuarto. Cuando llegué allí ya yo estaba en cueros, y me lo
encontré tirado en la cama, vestido solo con sus slips. El cuarto estaba en
penumbras y sonaba música electrónica de fondo, pero apenas percibí esto, pues
yo entré como fiera enloquecida, dispuesto a recuperar el tiempo perdido con mi
compañero de cama. Me le abalancé ante su sorpresa y empecé a manosearlo, a
comérmelo a besos.
"Quiero cogerte bien rico, como sabes que me gusta", le dije
mientras le mordía una oreja y le sacaba su garrote de debajo de su ropa
interior.
"Danny, espera, paciencia", me decía Enrique con una
expresión de placer que no encajaba con sus palabras
"Qué paciencia ni que nada. Te voy a dar duro y parejo, como
te gusta, putito".
Le arranqué los slips con fuerza y me metí su dura verga en
la boca con desesperación, Me la tragué entera, le pasaba la lengua de arriba
abajo, y de pronto le alcé las piernas para lamerle el culo, preparándolo para
lo que venía. Enrique estaba extasiado, y con aliento jadeante me decía: "Danny…
yo… hay algo…". Me aparté de su delicioso culo para subir hasta su cara y
taparle la boca con un beso salvaje, entrando mi lengua en su boca con
movimientos rápidos. Me agarró la pinga con su mano y empezó a meneármela
mientras lo besaba. Aquello me encantó, pero yo quería más, de modo que rompí el
beso y me incorporé en la cama, para colocar mi duro tronco cerca de su boca.
"Danny, estás fuera de control, yo quiero que…"
Le metí la verga en la boca mientras le decía: "Esto es lo
que quieres, maricón, esto es lo que más te gusta".
Enrique engulló mi polla con su boca golosa, aquello me
encantaba. Pocas personas sabían mamar verga como lo hacía este tipo. Lo estaba
haciendo tan bien que temí que no me alcanzara el tiempo para metérsela, pues
estaba poseído de unas ganas locas de sexo.
Le saqué la polla de la boca y le golpeé los labios
repetidamente con el glande que estaba a punto de estallar.
En un movimiento rápido me bajé de la cama, abrí sus piernas
como las tres menos cuarto, y le escupí en el culo, el cual latía con rapidez.
Le ensarté la verga de un solo golpe, y Enrique dio un grito de dolor.
"Danny, ¿qué te está pasando? Este no eres tú", me dijo en su
agonía.
"Dime si te gusta, vamos, dímelo, Enrique", le dije mientras
aceleraba el mete y saca. Sentí como aflojó el esfínter y me dejó entrar hasta
el fondo. Mis bolas, llenas de semen, chocaban contra sus redondas y firmes
nalgas. Pensé en el culo de Alex mientras le daba duro, colocando sus tobillos
en mi cuello. Recordé el enorme dildo dentro de Billy y cómo éste lo recibía con
placer, y le saqué la verga hasta la punta y se la volví a meter toda de un
tirón. Repetí esto varias veces, imitando una escena de una de las películas de
Joe Frankfurt. De repente sentí que Enrique apretaba y alojaba los músculos del
interior de su culo, y yo ya conocía lo que se avecinaba. Por eso embestí con
más furia.
"Danny, me vengo, me vengo"
"Toma, puto, toma verga por el culo"
"Sí, dame, dame que me vengoooooo"
"Ahí va la mía, yaaaaaaaaaaa"
Caí encima de mi amigo-amante mientras le inundaba el culo de
leche caliente y espesa. Mi abdomen se pegó del suyo y sentí los lechazos de su
abundante corrida entre nuestros cuerpos. Cuando hube terminado, lo besé en la
mejilla y le pregunté: "¿Qué es lo que me quieres decir hace rato?"
La respuesta me llegó desde la oscuridad de la habitación. En
el fondo estaba sentado Manuel, desnudo y con una pierna encima del brazo del
sillón. Tenía el pecho cubierto de leche, estaba sudoroso y con una expresión de
placer en la cara.
"Lo que Enrique quiere decir es que tenían público. Bravo,
Danny, qué pena que no estemos frente a las cámaras, porque te has lucido.
Me quedé de una pieza, y a pesar de la vergüenza y la
sorpresa, recordé todo lo que había recién dicho y hecho, y me excitó saber que
Manuel se había hecho una paja viéndonos.
"Tengo más para ti, si quieres", le dije.
"Soy un profesional, no mezclo el trabajo con el placer,
Danny, pero el concurso termina pronto y te voy a tomar la palabra. Sin embargo,
Enrique no está concursando, de modo que creo que volveré a cogérmelo hoy"
¿Volver? ¿Dijo volver? Quiere decir que estos dos ya se
habían acostado, no lo podía creer. Me paré de la cama, entre indignado y
curioso, pero soñando con el momento en el que nos encontráramos los tres.
"Prepárense, chicos, que les voy a hacer realidad su deseo,
muy pronto". Recogí mi ropa y me marché, dejando aquellos dos que disfrutaran el
nuevo mundo que estaban descubriendo.
Los siguientes tres días fueron muy diferentes de la otra
vez. Hablaba con los nuevos amigos del programa y hacíamos planes. Incluso pasé
por la zapatería de Otto a visitarlo y recordarle que nos juntaríamos muy
pronto. Aunque procuraba no pensar mucho en sexo, tenía sueños eróticos y solo
soñaba con volver al canal. Ya no corría las cortinas y andaba desnudo en mi
apartamento, exhibiéndome ante todos los que quisieran verme desde el otro lado
de la calle. Definitivamente, algo estaba cambiando dentro de mí.
Al fin llegó el tan anhelado día. Llegué temprano al estudio
y en el estacionamiento me encontré con Ricardo, que estaba bello como nunca
antes. Traía gel en su pelo rizo, y se había afeitado al ras, haciendo que la
tersura de su cara contrastara contra sus velludos brazos. Entramos felices, y
nos pusimos de acuerdo para que cuando los guardias nos cacharan se toparan con
nuestras erecciones a tope. Nos reímos ante la expresión de lujuria en el rostro
de aquellos dos, y llegamos juntos a la oficina del Sr. Roca. Allí nos recibió,
como siempre, el infalible Manuel, a quien parece que interrumpimos mientras
seducía a nuestro amigo Alex. Nos llevó al vestidor y sacó de nuevo sus famosas
tarjetas, que anticipaban algo de lo que veríamos en el programa.
Mi tarjeta decía: Azul – Rojo – Negro – Blanco, y la palabra
"Azul" estaba subrayada.
Nos desvestimos los tres juntos, retozando y bromeando sobre
nuestros cuerpos como ya era costumbre. Manuel esta vez no me estaba devorando a
mí con la vista, sino que seguía cada movimiento de Alex, confirmando mi
sospecha anterior. Aquello de alguna manera me molestó, pero deseché los celos
por lo absurdo de la idea.
En esta ocasión nos había tocado usar unas minúsculas
tanguitas de lycra que acababan en forma de V en la parte trasera, y que apenas
podrían cubrir la magnitud de nuestros miembros. Alex estaba pasando trabajo
tratando de meter su torcido y erecto pene dentro de la tanga Roja. A Ricardo le
había tocado la blanca, y aunque logró la hazaña de meter su pollón ahí dentro,
el contraste del blanco brilloso de la tela con su velludo cuerpo le daba un
aspecto espectacular. De los lados de la tanga brotaban vellos que daban ganas
de agacharse allí mismo y lamerlos con gusto. Acomodé con trabajo mi anatomía
dentro de la tanga azul, y en ese momento salió de la habitación contigua el
musculoso Harry, más fuerte y más definido que nunca, luciendo su tanga negra
que estaba llena a rebosar con aquella verga magnífica que tenía el macho. Me
recordé de la primera vez, hacía apenas una semana, cuando lo vi en sus shorts
de cuero, y corrí a saludarlo, pegándole mi bulto al suyo mientras lo abrazaba.
"Bueno, veo que están todos listos, así que no hay tiempo que
perder, vamos a rodar la tercera entrega del programa", nos dijo Manuel, dándole
una nalgada a Alex antes de dirigirnos al set.
Ya Joe nos estaba esperando allí, y esta vez vena disfrazado
de Tarzán, con una telita ripiosa que apenas cubría su zona púbica. Lamenté que
en esta ocasión no se marcara su enrome bulto como las otras veces, pero me
percaté de que tenía unas piernas de morirse. En verdad las cámaras no sacaban
provecho de toda la anatomía de la estrella porno, pues observé detalles que no
me había fijado en sus películas. Sus muslos estaban muy bien definidos, y
parecía que los había ejercitado recientemente. Su pechazo, ya no lampiño, lucía
un vello incipiente que apenas en tres días le había cubierto casi todo el
torso. Aquellas tetillas perfectas, parecían borradores de lápiz nuevo e
invitaban a ser lamidas. Joe se dio cuenta de que lo estaba mirando lascivamente
y se me acercó:
"¿Tú eres Danny, verdad?"
Me puse nervioso, era la primera vez que Joe se nos acercaba
y se mostraba tan amable.
"S-sí, hola Joe, yo.. Yo soy tu admirador"
"Pero si estás ruborizado, mi niño. No me digas que eres
tímido. Eso no es lo que Manuel me ha contado", dijo esto guiñando un ojo a
Manuel que estaba cerca.
Ese Manuel les había ido con el cuento a todos, qué rabia.
Sin embargo, se me hizo muy interesante saber que Joe había conocido aquella
parte de mí, al menos por boca de otro.
Joe se dirigió a Ricardo y le empezó a hablarle mientras le
ponía la mano en el pecho, como por descuido. Ricardo se estremeció y vi como su
polla se movía en la minúscula tanga blanca que la cubría. Luego se dirigió a
Alex, y le secreteó algo al oído, mientras el chico se sonreía. Joe se le paró
detrás, a observar aquel culo que nos traía locos a todos, y dio su visto bueno
con una expresión de picardía inolvidable. Finalmente se acercó a Harry, quien
lo había bañado de leche en el programa anterior.
"Ojalá te animaras a participar en cine porno. Lo del otro
día fue una muestra convincente de tu talento para ello. Pero no te confíes,
Harry", le dijo mientras se acariciaba el pecho, como recordando el baño de
semen de antes.
"Quiero que conozcan a Tomás y a Guillermo", dijo Joe, "ellos
serán parte del jurado de hoy. Nos presentó a dos machotes igual de fuertes que
él, engrasados de arriba abajo, vestidos a lo Tarzán igual que Joe, pero con
arneses en su torso. Sospeché que eran parte del grupo de enmascarados del
programa anterior, y me encantó la idea.
De nuevo llegó el tipo de las instrucciones. Esto fue lo que
nos dijo:
"En el programa de hoy iniciaremos con unas sesiones de
modelaje dirigido, ustedes tomarán las poses que les digamos y las cámaras harán
lo suyo. Para eso tenemos unos otomanes dispuestos en el set, elijan un color
diferente al de sus tangas. Observé que el set estaba decorado con los cuatro
colores de nuestro atuendo, habían hecho un buen trabajo allí.
Nos dirigimos al set, mientras Joe como de costumbre hablaba
ante una cámara, iniciando el programa. Se escuchó en los parlantes música
sensual, de esa que ponen en las películas porno. Yo me dirigí al otomán rojo.
Se oyó una voz en off:
" Una pierna y las dos manos encaramadas sobre el otomán"
Enseguida seguí las instrucciones, colocándome en una pose
que exponía mi culo abierto ante la impertinente cámara que me seguía. Me quise
morir cuando vi que frente a mí se exponía el maravilloso culo de Alex. No lo
había podido apreciar tan de cerca. Grande, perfecto, sus nalgas eran como dos
burbujas perfectas, de una piel blanquísima que daban ganas de enrojecer a
nalgadas.
"Muevan el culo en el aire", dijo la voz
Así lo hicimos, y aunque en principio me sentí bastante
ridículo, me encantó cuando vi cómo se movía Ricardo en el otro extremo del set,
con unos movimientos inigualables. Se ve que aquel tipo sabía moverse en una
cama.
"Siéntense y abran las piernas, una mano debajo de sus
bolas", se oyó.
Me senté en el otomán mientras me acomodaba la polla debajo
de la tanga, con una mano me empecé a sobar las bolas y en eso la cámara se
acercó nuevamente para captar la escena en un close-up que no dejaba nada a la
imaginación. Busqué con la mirada a Harry, para observar su miembro en esa pose,
y la imagen no me decepcionó.
Luego nos hicieron colocar uno al lado del otro en fila, y
nos pidiéramos que colocáramos las manos en los culos que nos quedaban al lado.
Fue genial sentir la manota de Harry y la mano suave de Alex sobre mis nalgas.
Finalmente nos pidiéramos que nos colocáramos en pares, y que
uno subiera una pierna en las caderas del otro. Me viré hacia Ricardo y sin
preguntar subí mi pierna derecha en su cadera, tal como se me indicó, y mi pie
tocó su culo. Ricardo me agarró por detrás de la cintura y aproveché para
inclinarme un poco hacia atrás. Sentí el paquete de Ricardo moverse contra el
mío, y quise que me poseyera allí mismo, sobre todo delante de todos.
Esta introducción del programa, lejos de ser cursi como pensé
en principio, resultó ser muy excitante para un exhibicionista como yo, y creó
el ambiente necesario para lo que nos esperaba.
Hicieron un corte y el tipo de las instrucciones volvió a
dirigirse hacia nosotros:
"El concurso de hoy tiene varias partes. Deben acumular
puntos en diferentes pruebas anatómicas, y el total máximo es de siete puntos.
El que menos acumule será eliminado. En caso de empate se realizarán pruebas
adicionales"
No entendí nada, pero no importaba, pues me encantaban las
sorpresas de la producción.
Nos colocaron en fila, a cierta distancia unos de otros,
mientras que Joe y los dos machazos, Tomás y Guillermo, traían una bolsa y
empezaban a sacar materiales de ella. Pude ver que sacaron cintas métricas, un
transportador (sabe Dios para qué), una prenda de cuero que parecía un jacket en
miniatura, unos palos largos con plumas en sus extremos, y algunos papeles.
Aquello era cada vez más extraño, pero pronto se aclararía todo.
Nos hicieron desnudar, y Tomás recogió nuestras prendas y las
colocó en una mesita. Guillermo se acercó uno a uno y nos hizo colocar encima de
nuestros miembros aquel "jacket" que descubrí se usaba en la dominación para
evitar que alguien tuviese una erección. Era incómodo, y me dio trabajo
ponérmelo, pero logró su efecto de inmediato, pues vergonzosamente mi miembro
fue reduciendo su tamaño, aprisionado en aquella maldita prenda, hasta que llegó
al reposo completo. Observé que el mismo efecto le había ocurrido a Alex, que
estaba a mi lado. No podía creer que nos iban a avergonzar ante las cámaras,
exponiendo nuestros miembros fláccidos.
Sonó la voz en off: "Primera prueba: Tiempo para lograr la
erección. Jóvenes, desabróchense"
Me quité la prenda con trabajo, y observé cómo los otros
tres, al igual que yo, lucían sus miembros en su mínima expresión, incluso el de
Harry.
Guillermo y Tomás se acercaron, y en cada mano llevaban un
palito con una pluma. Al mismo tiempo pasaron la pluma suavemente por nuestras
bolas. Mi polla dio un brinco de inmediato, yo era muy sensible a las
cosquillas. Vi como Alex se iba desprendiendo de su estado de calma, y su polla
empezaba a crecer rápidamente, y no había cosa que me gustara más que ver una
polla crecer. Recordé aquella vez que penetré a Enrique y él se corrió, aunque
yo lo seguí penetrando y su polla volvió a crecer de nuevo mientras lo seguía
clavando. Fue un momento inolvidable que me pasó por la cabeza en un segundo,
pero surtió su efecto, pues mi verga iba ya a mitad de camino. La verga de Harry
apenas empezaba a despertar, y Ricardo ya estaba bien adelantado. Otra sobada
más con la pluma y aquello bastó para que yo alcanzara mi máxima erección. Como
comprobante, mi verga empezó a latir como si tuviera vida propia.
Sonó una campana. "El primer punto es para… Danny"
Yes! Había empezado con buen pie, y por un escaso margen,
pues en ese momento ya mis compañeros lucían sus erecciones al máximo. Se
retiraron Guillermo y Tomás, y por primera vez pude observar sus hermosos culos.
Mi verga volvió a latir,
La voz volvió a escucharse: "Las siguientes dos pruebas son
longitud y grosor"
Regresaron los dos machos con sendas cintas métricas y nos
midieron a cada uno. La sensación de tener aquellas manazas rodeando mi pene me
transportaron a aquellos tiempos de la secundaria, cuando logré mi primer polvo
con el simple pretexto de que mi verga medía más que la de mi amigo Tony. En el
sótano de su casa nos medimos el uno al otro, y aquello inició una serie de
eventos que culminaron con Tony encaramado encima de mi polla en una sesión que
nunca olvido.
Pensé que llevaba buena ventaja en este concurso, pero cual
no sería mi sorpresa cuando escuché que anunciaron:
"Con 29 centímetros de longitud, un tamaño descomunal, el
miembro más largo es el de… Harry"
No debí sorprenderme en realidad, pues aquel día que se lo
mamé sentí arcadas, y creo que lo subestimé, pero calculé que cuando me la
metiera, que sería pronto, estaría introduciéndome 29 centímetros de carne en el
culo. El puto que hay en mí salió a flote en ese momento.
"Con 22 centímetros de grosor, algo que haría gritar al más
fuerte, la verga más gruesa es la de…"
"Ricardo", murmuré al mismo tiempo que lo anunciaba la voz en
off, pues era de esperarse Recordé cómo me llenaba toda la boca cuando se la
mamé con los ojos vendados hace un par de programas. Pensé en Enrique, y en lo
mucho que gozaría con aquel grueso tronco dentro de su hambriento culo.
Ahora teníamos un punto cada uno, excepto Alex. Aquello iba a
estar bien reñido.
"Cuarta prueba, ángulo de erección"
Vinieron Tomás y Guillermo de nuevo, con unos transportadores
que no había vuelto a ver desde las clases de geometría en la prepa. Apreté
fuerte el culo para que mi verga se irguiera aún más empinada, dispuesto a ganar
esa prueba, ya que yo tenía los mismos ímpetus de un adolescente. Nos midieron
con mucho cuidado, y les dio mucho trabajo medir a Ricardo, pues con el contacto
de las manos su polla se movía sin cesar. Harry se puso las manos en la cintura
con mucho orgullo mientras era medido, y Alex se sonreía triunfante. Los
camarógrafos se movían con rapidez, captando nuestros miembros desde cerca, y
quise imaginarme cómo se verían estas escenas en la tele.
"Con un impresionante ángulo de tan solo diez grados respecto
al abdomen, el ganador indiscutible de esta prueba es… Alex"
No era de extrañar. Con apenas 19 años, el chico estaba en su
mejor momento y lucía toda su virilidad con orgullo. Alex se alegró bastante, y
yo también, pues eso significaba que la prueba seguiría.
"Quinta prueba: Olor. El jurado para esta prueba será
Guillermo de la Peña"
Me sonreí, pues recordé de dónde yo había visto aquel rostro,
y era en una de las películas de Joe llamada "Salvajes domesticados", en la que
Joe y otro actor penetraban doblemente al hombre que tenía ahora frente a mí.
Guillermo tomó las tangas que habíamos usado anteriormente, y
las esnifeó una por una, con un éxtasis en su expresión solo comparable con la
cara de placer que le había visto en la citada película. Uno a uno se fue
agachando frente a nosotros, y aquello me parecía muy, muy sexy. Era una especie
de tortura mezclada con placer. Cuando me tocó el turno a mí, Guillermo se
arrodilló de frente, y me asió por los muslos, Acercó su nariz a mi pinga que
estaba a punto de estallar de placer. Pasó su hermosa nariz a todo el largo, por
arriba, por abajo. Gimió de gusto cuando percibió el aroma de mis bolas, que
Enrique adoraba y describía como "una mezcla de sudor y loción, varonil y
apetitosa". Volvió a subir lentamente y colocó su nariz en la base de mi verga,
deleitándose entre sus recortados vellos. Antes de terminar me miró y su mirada
me derritió. Sentí una gota de pre-semen que asomó por el ojo de mi polla, y
justo a tiempo Guillermo se puso en pie y siguió con su envidiable tarea.
Al terminar volvió al fondo del set y dijo algo a los que
allí estaban. Se oyó de nuevo la voz:
"El ganador de la quinta prueba, el hombre que ha deleitado
con su aroma de macho en celo a nuestro Guillermo es… ¡Ricardo!"
Aquello se estaba poniendo difícil. Ricardo ya llevaba la
delantera y yo empecé a pensar en la posibilidad de que me tocara abandonar el
show. Me sentí impotente ante estas pruebas que no dependían de nuestras
habilidades, sino del criterio de otros.
"Sexta prueba: Sabor. El jurado en esta ocasión será Tomás
Anderson"
Se acercó el semental y se dedicó a su tarea de inmediato,
como quien esperaba el momento por mucho tiempo.
Tomás se metió la polla de Alex en la boca y la devoró con
fruición, con pasión y furia. Luego lo hizo más lentamente, para percibir su
sabor. El chico lo agarró por el pelo, no sé si aquello estaba permitido, pero
no lo culpo. Después de todo no era todos los días que una estrella porno, como
deduje que era Tomás por su maestría, te chupaba la verga en frente de las
cámaras.
Tomás se colocó ahora de rodillas ante mí. De igual manera
inició un frenético mete y saca de mi verga en su boca caliente, y aquello me
puso loco. Luego empezó a lamer lentamente todo el tronco, recorrió cada vena
con la punta de la lengua, después se pasó la cabeza varias veces por la base de
su lengua, y finalmente lamió mis bolas con devoción. Volvió a chuparme la
polla, y aquello fue maravilloso. Sentí el pre-cum fluyendo en gran cantidad,
como me sucedía siempre, y le advertí: "Cuidado, estoy cerca".
Tomás agarró la señal y se paró, para volverse a agachar
enfrente de Ricardo. Considerando su cantidad de vello corporal, y que ya había
ganado la prueba de aroma, me inquieté pensando que Ricardo también ganaría la
prueba esta vez. Yo ya había probado esa polla, y recordaba lo deliciosa que
era. Ricardo puso sus manos en su culo mientras se inclinaba hacia atrás,
expresión inequívoca de que estaba disfrutando. Cuando Tomás trataba de sacarse
la polla de la boca, Ricardo se la empujaba más adentro, sin darse cuenta de que
no se trataba de una simple mamada sino de una prueba para apreciar el sabor.
Finalmente le tocó el turno a Harry, cuya tranca estaba lista
para ser devorada, a juzgar por la manera como latía. Tomás hizo lo suyo, y se
tardó más entre sus bolas, cosa que me inquietó de nuevo, pues se le veía que
estaba disfrutando aquel sabor que yo había tenido la dicha de probar en otro
momento. Al acabar miró hacia arriba y su mirada se encontró con la de Harry, en
una complicidad envidiable.
Tomás intercambió información con Guillermo y Joe, y con el
personal de producción. Se oyó la voz que anunciaba:
"La sexta prueba, la de la verga más sabrosa, ha sido
indiscutible. Según las palabras de Tomás, la humedad de su verga salada es el
mejor néctar que ha probado. Un punto para… ¡Danny!
Oh sí, aquello se ponía bueno. Si solo había siete pruebas,
ya Ricardo y yo habíamos clasificado, ¡ya tenía garantizado el pase a la
siguiente semana y cada vez estaba más cerca de hacer mi fantasía realidad.
La última prueba definiría si Alex o Harry se quedarían en el
programa.
"La última prueba es una votación entre ustedes por ver cuál
es la mejor verga de todas. Cada uno escribirá su voto y éste será revisado,
antes de decidir quién acumula más votaciones."
Así nomás iba a acabar aquel programa, sabiendo que mi voto
decidiría si ya no vería más en el set el hermoso culo del joven Alex o la
enorme vergota del musculoso macho que era Harry. Pensé que podría también votar
por Ricardo y su gruesa verga que no sacaba de mi mente. También era una
excelente ocasión para deshacerme de un poderoso contrincante como Harry, pero
al final traté de ser justo, de seguir mis instintos, y solo podía pensar en la
verga de Harry, la primera que había probado en aquel programa. Puse su nombre
en el papel y lo entregué.
Después de unos instantes que se me hicieron eternos, la voz
del mismísimo Joe anunciaba los resultados finales:
"Hemos tenido un concurso muy reñido, primero felicitemos a
los seguros ganadores del hoy: ¡Un fuerte aplauso para Ricardo y Danny!"
"Esto no ha estado fácil. Y la decisión de los muchachos ha
sido un nuevo empate entre Alex y Harry, de manera que me toca a mí desempatar.
Y considerando que una de estas vergas me pertenecerá al final del programa, doy
mi voto a la verga más apetitosa: Demos un aplauso a… ¡Harry!"
Fue así como concluyó el programa de ese día. Joe se acercó a
felicitarnos, y al despedirse de Alex le dijo: "No has ganado una noche con Joe
Frankfurt, pero te apuesto a que cinco minutos con Joe no te caerán nada mal".
Se lo llevó de la mano ante la sorpresa de todos, y el chico se alejó, con la
boca abierta y la verga durísima. Lo último que alcancé a ver fue la nalgada que
le dio Joe con su manota en aquel perfecto culo que todos deseábamos.
Ahora solo quedábamos Ricardo, Harry y yo…
Gracias a los que me han escrito, por favor síganlo haciendo
y díganme cómo va esta saga:
caribecaribe@hotmail.com