Quema dentro el deseo como líquido ardiente que se traga.
Baja por la garganta rompiendo la voz. Calor en el pecho. Aullido en las
entrañas. Se extiende voraz por las venas, culebras que invaden ojos, boca,
manos y pies. Y entre las piernas, la anaconda de fauces hambrientas, bien
abierta la boca, bien ansiosa.
El mismo deseo es leche tibia derramada sobre mis senos.
Plumas cayendo sobre la espalda. Hormigas correteando por el vientre. Es tortura
y es placer.
Me retuerzo, giro y arrastro como gata en celo. Lámeme detrás
de las orejas. Araña mi columna. Consuela el anhelo con tus dedos y extrae en
premio la miel. Dulce miel que de mi cuerpo va a tu lengua. Ahora es tuyo el
deseo, ahora tuyas las culebras que te yerguen. Lanza en mano, a la gran
serpiente hieres. Dentro la lanza, profunda. Grita la fiera, no temas, no huyas,
embiste. Un último lamento y cae rendida.
Muerto el deseo, las culebras se vuelven mariposas. Aleteos
en mis oídos. Caricias en mis labios. Abrazos en mis corazones.
¿Muerto el deseo? No creo, sólo dormido. Shhh...