Me apresuraba a llegar a tiempo a clases. No quería perderme la primera clase
de Técnica de expresión oral y escrita, asignatura que entraba en el pack
de la carrera de filología. Tenía que ir cada día a la universidad en bus, que
estaba como a media hora de mi ciudad. Eso era bastante coñazo, y económicamente
una mierda.
Entré en el campus corriendo, entrando al edificio de Letras como una bala,
para entrar en mi aula. Las clases ya habían empezado, pues los pasillos estaban
vacíos. Llegué delante de la puerta, giré el picaporte… y no se abrió.
Revisé el número de aula. Era correcta. ¿Qué pasaba?
-Genial…-dije al momento de mirar mi horario, donde había un papelito que
apunté el día anterior-. Clase suspendida…
Salí de la universidad, caminé un poco por el campus y me tumbé en el césped
que rodeaba la zona universitaria.
Me encendí un cigarro, busque el móvil y marqué.
-Tío, estoy en Girona… ¿Te apetece?
11- I don’t know what to do
Sudando, jadeando. Le notaba muy adentro.
Sexo salvaje.
Sexo del bueno.
En fin, lo que debe de ser el sexo.
Después de muchos movimientos de cadera, de muchos gritos,
sollozos, gemidos, me tiré a la cama, y él encima de mí, aún con su soldado
dentro de mí.
Me despojé de él, tirándole al otro lado de la cama, y me
levanté desnudo hacia el cuarto de baño.
-Joder, si cada vez que te follo te duchas, me costará un ojo
de la cara la factura- gritó divertido desde la habitación.
-Eso que te ahorras en salir de marcha para buscar a alguna
loca…- le contesté yo desde bajo el chorro de agua.
Era un septiembre caluroso, sin comparación con el del año
anterior. Pero claro, aún se consideraba verano.
Salí de la ducha, con una toalla rodeada a la cintura, y
entré en la habitación. Roger estaba tumbado extasiado en la cama, en posición
de cruz, con las sábanas blancas rodeadas por sus piernas, fumándose un cigarro.
La luz le daba un brillo potencial a sus vellos rubios de su cuerpo.
-Tio bueno…- le susurré, en lo que me tendía a su lado y me
apoyaba en su pecho-. ¿No tenías clase hoy?-me encendí un cigarro.
-Sí, pero es que me he levantado tarde y eso…
Roger ya hacía segundo de bachillerato artístico, y sin saber
muy bien como, trabajando duro, con 17 años había conseguido su propio piso
(compartido con su mejor amiga, de su misma edad).
-¿Y tú?- me preguntó.
-No me he acordado de que habían suspendido la clase de
Técnicas de Expresión….- le comenté, pellizcándole los pezones.
-Que cafre que eres…
La ventana estaba abierta, y dejaba entrar toda la
luminosidad del día, junto con ese frescor reconfortante después de un polvo.
-Me tengo que ir- le dije, apagando el cigarro en el
cenicero.
-¿Ya?- dijo fastidiado, incorporándose al tiempo que yo me
sentaba en el borde de la cama para ponerme los calzoncillos-. Siempre te vas
muy pronto…- se quejó, acercándose a mí por detrás, abrazándome la espalda y
besándome el cuello.
-Ya es la hora de comer- le informé-. He quedado para comer
con Eric.
-Como quieras- dijo malhumorado, levantándose y encerrándose
en el lavabo.
Me puse los tejanos, la camiseta y me calcé. Cogí mis cosas y
toqué en la puerta del baño.
-¿No te vas a despedir de mÍ?
-Entra…
Roger estaba enfrente del espejo, mirándose sonriente,
tocándose los abdominales.
-Me voy- dije, abrazándole por la espalda y apoyando mi
cabeza en su hombro.
-¿No crees que tengo más abdominales?- dijo alegre.
-Estás perfecto.
Me dio un pico, y siguió mirándose en el espejo. Antes de
irme, le eché una última mirada. Bajo su cuello, arriba de la espalda, tenía
tatuado ‘AntiFeixista*’, rodeado de una A anarquista. Que mono que era.
Me fui de su casa, bajé las escaleras y salí a la calle.
Si hacía calor en su casa, más hacía en la calle. Caminé por
la acera pensativo. ¿Estaba jugando a dos bandas?
(*Antifascista)
12- Never-ending End
La noche prometía. Reunión de amigos después de mucho tiempo.
Estaríamos todos. Ferrán, Aida, Hada, Joan, Frankie, Lucas y yo.
Desde mi ‘ruptura’ con Hada nada había vuelto a ser lo mismo.
Y esa parecía ser la oportunidad de arreglar nuestras asperezas.
A las diez y media de la noche del sábado, un bocinazo sonó
en la calle. Bajé las escaleras de mi casa corriendo casi saltando. En mi
puerta, me esperaba Ferrán. Salté sobre sus brazos.
-¡Hijoputa!- me dijo mientras nos abrazábamos.
-Puto abogado- le respondí.
-¡Chiquitín!- gritó alguien desde el coche. Una chica con el
pelo rosa, una camiseta apretada y unos pantalones de cuero salió. Aida se
levantó del asiento del copiloto para venir a saludarme después de mucho tiempo
sin vernos.
-Que zorra que eres- le saludé mientras nos fundíamos en otro
abrazo interminable.
Y de mientras, pude divisar una gran sonrisa detrás del
cristal.
-¡Mr. Charming!
Frankie, más rubio que nunca, salió a abrazarme. Seguía
siendo perfecto. Seguía siendo el yerno perfecto para cualquier madre. Seguía
siendo él.
Vaya comienzo de noche más sentimental.
-¿No has traído a Eric?- preguntó Ferrán, conduciendo, camino
al restaurante donde habíamos quedado. Un silencio sepulcral llenó el aire.
-Lo ves cariño- se dirigió Aida a mí-, si me dejases contarle
las cosas, ahora no preguntaría eso.
-¿Que pasa? ¿Han cortado?- preguntó sin entender nada Ferrán.
-No, es que está liado con otro…-dijo Frankie mientras miraba
a la ventana, como si no le importase mucho la conversa y ya le resultase
bastante familiar.
-Ay, a alguien se lo tengo que contar- respondió Aída
mientras le daba una colleja.
Llegamos al restaurante ese piojoso y pijo…
The End
[Fin de una era. ‘Edgar’ acaba, pero no su historia. He
tardado mucho en continuar. Así que no os culpo si ni siquiera lo leéis. Gracias
por todo]