Esmeralda no paraba de llorar, a pesar de la victoria.
Ella no le importaba nada, ella había perdido en la guerra.
Su marido cayó en el fuerte Boquerón.
Ella era una joven de veintidós años de largos cabellos
negros y suave piel morena, sus ojos, bañados en lagrimas, tenían una mirada
felina cuando sonreía, pero lo que más atraía la atención, era el color de sus
ojos.
Ojos verdes como la esmeralda.
Tras descargar su tristeza, miró su ventana.
Su pueblo, antes tan lleno de parejas sonrientes, ahora solo
quedan viudas, ninguno de sus maridos sobrevivió a la guerra.
Lo único que quedaba eran sus hijos.
Cuando salió a comprar el pan, vio un niño de ocho años y
cuando preguntaba a su madre donde estaba su padre, ella solo le respondió en
lagrimas "en un lugar mejor".
Esmeralda envidiaba aquella mujer, ella al menos tenía un
hijo, Esmeralda deseaba un niño que la alejara de aquella soledad.
Desde aquel día habían pasado seis años, el dolor lentamente
desaparecía, pero no para Esmeralda que lloraba cada noche a su marido.
Casualmente al pasar por el mercado oyó a un grupo de
muchachos.
-si Carlos, esa mujer de ojos verdes cada luna llena abre las
ventanas para tocarse – dijo uno sonriente
-creo que aún extraña a su marido, debe creer que su marido
la visita en luna llena – dijo otro con cierta melancolía.
-¿creéis que vale la pena verla? – decía uno excitado.
-¿¡que si vale la pena!? ¡Os la gastareis de tanto
cascarosla!, deberíais ver que cuerpo tiene, si pudiera, la cojeria hasta que se
olvidase de su marido, venid esta noche, lo comprobareis.
Esmeralda le dio un vuelco al corazón, ella había cogido esta
costumbre cuando perdió a su marido, colocaba las ropas de su difunto esposo y
ella lo olía con ganas, luego se desnudaba y en cuanto entraban los rayos de la
luna llena en la ventana ella se imaginaba que su marido volvía y la tomaba.
Discretamente se alejaba del lugar, totalmente avergonzada,
en cuanto llegó a su casa se echó a llorar ¿Qué pensarían esos chicos de ella?
¿Cuántas noches la habrán visto mientras se tocaban? Aquellos pensamientos la
atormentaban.
Cuando se calmó, se dirigió al espejo, su reflejo le devolvía
la figura de una mujer de veintiocho años, en estos seis años nadie la había
tocado, entonces otro miedo le surgió.
Que la próxima vez que se mirase al espejo, este le
devolviera la imagen de una anciana, consumida en la soledad.
Esmeralda cayó de rodillas, llorando, que destino más cruel
le esperaba.
Hasta que una idea fugaz le pasó por la cabeza.
Esmeralda pensaba que se había vuelto loca, deshecho ese
pensamiento e hizo las tareas domesticas.
Pero a medida que hacia sus quehaceres vio su silla, sola,
sin marido, las lágrimas volvían a ella con rapidez.
Mientras lloraba rezaba.
-Dios ¿acaso no tengo derecho a ser feliz? ¿A que esta casa
tenga más vida?
En ese momento, tomó una decisión, sabia que se arrepentiría,
pero el premio, era grande.
La noche llegó.
Ella puso las ropas de su marido en la cama, de reojo vio la
ventana.
Eran ellos, la veían.
Se desató su camisón, la prenda bajaba lentamente dejando ver
unos hombros suaves y hermosos, sus senos, medianos y firmes, tenían unos
pezones oscuros y pequeños, la prenda seguía cayendo dejando ver unas hermosas
caderas de bailarina y un vello pubico algo espeso, sus largas y sedosas
piernas, quedaron desnudas al caer completamente la prenda.
Esmeralda oyó un grito de júbilo que fue inmediatamente
callado.
La joven subió a la cama como una gata y empezó a oler las
ropas de su difunto esposo.
Pero decidió añadir algo más a sus mirones.
Al llegar al pantalón, lamió la parte de la entrepierna, como
si le hiciera una felacion a su marido.
Las adolescentes mentes de sus espectadores se imaginaban que
eran ellos los que estaban en esa cama y frotaban sus vergas con ganas, uno de
aquellos jóvenes eyaculó en la ventana victima de la excitación.
Esmeralda se puso de rodillas sobre la entrepierna del
pantalón y empezó a cabalgar con ganas mientras se agarraba los pechos, movía
las caderas con locura y jadeaba con pasión, enloqueciendo a sus espectadores
que no paraban de masturbarse ante ese espectáculo.
Esmeralda sentía algo que le gustaba pero que la asustaba, el
morbo de ser observada por unos jóvenes excitados la volvía loca, de vez en
cuando echaba unas miradas fugaces y veía las caras de aquellos jóvenes que
estaban pegadas a la ventana, jóvenes cuyas miradas la deseaban, la devoraban.
Los rayos de la luna empezaron a entrar, ella se tumbó boca
arriba, doblando una de las piernas cuya rodilla apuntaba al techo.
Una de sus manos acariciaba uno de sus pechos, la otra
acariciaba su concha, su dedo acariciaba su clítoris con dulzura.
Ellos seguían observando.
Esmeralda se tocaba con más y más pasión, su piel empezaba a
estar empapada de sudor.
La visión de una adulta empapada de sudor mientras se
masturbaba a la luz de la luna cruzó los cables de uno de los jóvenes que gritó.
-¡te cogeria hasta romperte!
Esmeralda lo había oído y se dirigió a la ventana.
Los muchachos alarmados huían del lugar, pero uno de ellos al
tener los pantalones bajados tropezó y cayó al suelo.
Esmeralda salió por la ventana y cogió al muchacho por la
oreja, mostrando una cara de enfado, los demás chicos huyeron lejos, algunos
dejaron sus pantalones por el camino.
Esmeralda y el joven entraron en casa, Esmeralda se tapó con
lo primero que vio y miraba al asustado joven que le decía.
-¡por favor! No se lo diga a mi mama, ella ya esta bastante
triste con la muerte de papa, si supiera esto, la mataría del disgusto.
-no creo que haya justificación alguna para que hicierais lo
que hicisteis – decía Esmeralda mostrando indignación.
-¡haré lo que sea! Le haré los trabajos de la casa, la
compra, pero por favor, no se lo diga a mi madre – decía casi llorando el joven.
Esmeralda lo recordaba, era aquel niño que vio hace seis años
en el mercado, ahora era un adolescente con principio de barba, tenia la piel
morena y un cuerpo fornido por los trabajos del campo, su mirada bajo a su
verga, una verga aún parada era bastante grande y gruesa, Esmeralda se sentía
picara y le preguntó.
-¿y porque no estas con chicas de tu edad?
El joven agachó la cabeza y le susurró que no había visto una
mujer tan bonita como ella.
Esmeralda se sentía alagada, pero mantenía su cara de enfado,
pero le dijo.
-bueno te perdonaré, pero con una condición.
El joven miraba a Esmeralda con esperanza, ella se acercó al
oído y le dijo.
-dame un hijo.
El alarmado le dijo que no podía ir a secuestrar un bebé para
ella, Esmeralda no pudo evitar una carcajada y le puso un dedo en sus labios
callándolo.
-tonto, que me des un hijo tuyo, yo envidio a tu madre,
porque te tiene a ti, pero ¿yo a quien tengo? He estado sola tanto tiempo,
deseo, no, ¡necesito un hijo que me llene esta soledad!, los únicos hombres que
quedan el en pueblo son chicos como tu.
El rostro de Esmeralda se acercó al del joven y le dijo con
tristeza.
-¿acaso no puedo yo también ser madre?
El no respondió simplemente la abrazó y la besó con fuerza,
ella recibió el beso con sorpresa y nostalgia, abrazó al joven con pasión
mientras el intentaba metérsela, pero ella lo apartó mientras le decía.
-no, aquí no, hay un sitio especial.
Ambos se vistieron y salieron cogidos de la mano.
Entraron en la selva, el joven estaba asustado, pero ella
empezaba a recordar gratos momentos.
Al final llegaron a una cascada que brillaba con la luna
llena, era un lugar hermoso, el joven lo vio y Esmeralda le susurró a su oído.
- Cuando tenia tu edad, yo lavaba la ropa aquí, mi marido
estaba buceaba hasta donde estaba y me robaba la ropa, me decía que si quería
recuperarla tenia que besarle, yo acepte, era un buen mozo, pero me la entregó
colgando en su verga parada, era la primera que veía, sentía como miedo, pero el
supo como tratarme, aquí entregué mi virginidad.
Miró a los ojos del chico y le dijo.
-y aquí es donde me harás madre.
Ella lentamente se quitó la prenda, descubriendo su cuerpo a
la luz de la luna, dejando boquiabierto al joven.
-¿Qué parte te gusta de mi? – decía Esmeralda con una
sonrisa.
-t-to-todo – balbuceo el joven.
-¿y la parte que no te gusta? – preguntaba la joven.
-mucho pelo abajo – decía el joven.
Esmeralda sacó un cuchillo que espantó al joven, pero antes
de que gritase le tapó la boca y lo tranquilizó con dulces palabras.
-ya que no te gusta el pelo, me lo quitare – decía sonriendo
Esmeralda.
Ella se sentó con las piernas abiertas, acercando su filo a
su vello pubico.
El joven se le paró la verga cuando vio como el filo
desnudaba la concha de Esmeralda, como el pelo desaparecía lenta pero de forma
excitante.
Poco a poco, la concha de Esmeralda tomaba la forma de una
raja solitaria y cerrada, dejó el cuchillo clavado en el suelo y le dijo.
-me escuece un poco ¿podrías hacer algo para relajar el
picor? – decía Esmeralda con las piernas abiertas.
El joven no dijo nada, su cara, llena de excitación, se
acercaba hipnotizada hacia la concha de Esmeralda y empezó a besar la parte
afeitada de la anatomía de la fémina.
Sus labios recorrían la piel libre de pelo, oliendo la concha
que empezaba a humedecerse.
Esmeralda se sonrojaba, hacia tanto tiempo que no lo hacia
que sentía algo de vergüenza.
El sacó su lengua y recorrió la entrada de la concha de
Esmeralda, saboreando el néctar dulzor de su amante.
Las manos del joven abrieron la concha, profanando con su
mirada la cueva de Esmeralda, la cual cerraba los ojos avergonzada.
Ella sentía deseos de huir, pero no había vuelta atrás.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de la joven cuando notaba
como la lengua de su amante invadía su interior, explorando su calido interior.
El joven dirigió una mirada al rostro de Esmeralda, vio la
joven que se mordía la punta de uno de sus dedos, mientras temblaba nerviosa.
Volvió a saborear el interior de su amante, esta vez usaba
sus dedos para acariciar los bordes de su cueva mientras la saboreaba.
A medida que la invadía, Esmeralda lanzaba unos excitantes
jadeos a través de sus labios de rubí.
El joven mordisqueó el clítoris con suavidad, temeroso de
hacerle daño si usaba mucha fuerza.
Pero ella respondió empujando la cabeza de su amante con sus
manos, lo cual hizo reaccionar al joven y aumento el ritmo.
Al final notó el flujo de Esmeralda que le llenaba la boca,
mientras Esmeralda se mordía los labios en cuanto llegó al orgasmo.
Esmeralda cayó agotada, con el cuerpo sudando, aquella visión
excitó al joven, que se quitó inmediatamente los pantalones y se acercó a ella.
Ella le miro a los ojos aún jadeando, el se detuvo, esperaba
algo.
Ella asintió con la cabeza con una sonrisa, aprobando lo que
el joven le iba a hacer.
Esmeralda sintió un poco de dolor al ser penetrada, era el
primer hombre en años, el joven la notaba muy apretada y sentía que iba a
llenarla de su esencia.
Pero aguantó, quería disfrutar de ese momento, cuanto más
largo mejor.
El joven empezó a moverse despacio, notando los pechos de
Esmeralda contra el suyo.
Ella, temblando de vergüenza, rodeó despacio con sus brazos
el cuerpo de su amante, abrazándolo suavemente, luego con fuerza.
En cuanto los ojos de Esmeralda se abrieron para ver a su
amante, el terminó dentro de ella.
Esmeralda lo abrazó con deseo impidiéndole separarse de ella,
a medida que notaba como su útero se llenaba, lloraba de alegría.
Iba a ser madre.
Al final el joven se separó de ella y recobraba el aliento,
ella vio que aún quedaban gotitas saliendo de su verga.
Se acercó a el, mirándolo a los ojos, el la miraba extrañado.
Ella le sonrió.
Bajó la cabeza y metió lentamente la verga de su amante en su
boca.
Su lengua recorría el glande, saboreando la mezcla de las
semillas del chico con la de su néctar.
El joven jadeaba con placer, sus manos se acercaban a la
cabeza de Esmeralda, que la agarraron y marcaron el ritmo.
Esmeralda acariciaba los testículos de su amante con sus
manos mientras se sometía al ritmo que le marcaba su amante, de repente el joven
se echó a temblar de gusto y Esmeralda notó como descargas seminales golpeaban
el interior de su boca.
El la mantuvo en esa posición hasta vaciarse totalmente, ella
apretó suavemente los labios y abandonó la verga de su amado.
El vio a Esmeralda, con la boca rezumando semen, pero lo que
le excito fue ver como se lo tragó con suavidad.
El joven amante, enloquecido de excitación, puso de pie a
Esmeralda y la puso cara a un árbol.
El desde atrás, apuntó su verga a su concha y bombeó con
fuerza, agarrando las caderas de su maestra.
Ella notaba como la llenaba con su carne, en ese momento
apretó con fuerza sus músculos uterinos y movió con fuerza sus caderas,
estimulando el placer de su joven amante.
El joven, poseído por el placer, bombeaba más y más fuerte,
como si no le importara que se rompiera, ella notaba como le llegaba otro
orgasmo, ambos jadeaban al unísono.
Hasta que gritaron al mismo tiempo.
El semen de su amante llenaba hasta el último rincón del
útero de Esmeralda, ambos jóvenes cayeron cuando les abandonaron sus fuerzas.
Esmeralda notaba como el joven se acercaba y le preguntaba
preocupado.
-¿te he hecho daño? Perdona, es que me sentía tan bien.
-¿te ha gustado? – preguntó Esmeralda.
El la sonrió y besó dulcemente los labios de su amada
maestra, entonces ella le susurró al oído una cosa.
El asintió con la cabeza.
Ella se sentó, el se acomodó en los brazos de Esmeralda y
empezó a chupar los pechos de ella.
Esmeralda acariciaba los cabellos de su amante a medida que
sentía un dulce placer a medida que le succionaba.
El joven acarició los senos de Esmeralda con suavidad y
pasión, lentamente, ante la comodidad de estar en los pechos de Esmeralda, se
durmió.
Ella se quedó con el, derramando lagrimas de emoción, sentía
como la semilla germinaba, crecía dentro de ella, besó a su amado con dulzura.
A la mañana siguiente, Esmeralda se marchó a la ciudad para
trabajar, el joven sentía nostalgia por ella, los jóvenes se desilusionaron al
quedarse sin espectáculo.
Los meses pasaron y ella volvió, todos la felicitaron, no por
que tuvo éxito en el trabajo o por que la echaran de menos.
Sino por el vientre abultado que traía una nueva vida.
Esmeralda vio al chico, se acercó a el y le puso el oído en
su vientre de madre mientras le decía.
-gracias.