Nos trajeron toallas y agua para refrescarnos. Pronto
saldríamos al aire…
Después de aquella increíble sesión de sexo improvisado en la
habitación que casi era un sauna, nuestros ánimos estaban ya caldeados, y
evidentemente había mucha camaradería entre nosotros. Por un lado, me alegré de
estar entre hombres tan calientes y atractivos, como machos salvajes que solo
quieren sexo, pero por otro sentí que estaba en un grupo verdaderamente
especial, donde me sentía a gusto y podía ser libre. Pensé que iba a ser
divertido pero a la vez muy difícil.
Nos quedamos charlando mientras nos refrescábamos, y en eso
se me acercó Billy. Me agarró la barbilla y me dijo con la boca apretada de
gusto:
"Me ha encantado probar esta boquita tuya".
"Pensé que te había gustado más la polla de Harry"
"Hablando de pollas, me muero por probar ésta". Sus hábiles
manos le bajaron rápidamente los pantalones de poliéster a Ricardo que estaba a
su lado. A la par de una exclamación de desconcierto de parte del ingeniero,
salió disparado hacia fuera su grueso tronco, imponente aún a la mitad de su
erección, emergiendo de una maraña de pelos recortaditos como los que cubrían
todo su cuerpo. Una ancha vena lo cubría de lado a lado, dividiéndose para
abarcar con su circulación toda la anchura de aquella tremenda polla.
Ricardo solo atinó a sonreírse mientras decía, mirándome a
mí: "Me alegra saber que te gusta, Billy. Y ya que no podemos tocarnos nuestras
propias pollas, te quiero pedir un favor. Quiero ver lo que trae Danny debajo de
su lycra"
De solo escuchar aquello, mi verga aumentó de tamaño. Ya lo
haba hecho con el abrazo de Enrique, con el cacheo de los guardias, con la
seducción de Manuel, cuando estaba frente al Sr. Roca, y sobre todo, desde que
había entrado a la habitación no había descansado nada. Cuando Billy, con sus
manazas de hombre maduro, se acercaba a mi lycra, llegó Manuel y otro joven, no
tan apuesto, y nos interrumpieron.
Empezaron a pasar lista de nuevo, mientras yo espiaba con el
rabillo del ojo la verga de Billy. Quizás por ser el mayor del grupo me atraía
más, aparte del cuerpazo que se gastaba, pero sobre todo me atraía su enorme
aparato que se dejaba ver casi por completo debajo del mesh. A través de los
hoyitos pude ver su morcillón, y me dieron ganas de mamársela ahí mismo delante
de todos.
Fui interrumpido de mis pensamientos cuando nos hicieron
pasar a todos al estudio. El set era amplio, decorado sobriamente y con varios
sofás, bastante iluminado. Un sillón de cuero negro estaba en el centro,
probablemente donde se sentaría Joe Frankfurt. Al fondo había una pared de
cartón con varios hoyos, tipo "glory hole".
De repente salió de las sombras de uno de los lados nuestro
anfitrión. Aquel rubiazo con melena vestía pantalones largos de cuero rojo, muy
ajustados, y botas negras. Estaba con su torso desnudo, y aquella visión me
sobrecogió. Una raya dividía sus perfectos pectorales, los cuales lucía
afeitados, con dos pezones que invitaban a ser lamidos. Sus bíceps eran
inmensos, duros, y sus hombros eran lo que cualquier atleta soñaría con tener.
Se acercó a nosotros y nos sonrió con su ya conocida sonrisa,
pícara y sexy. Tenía una lista con nuestros nombres y se paró frente a cada uno,
como en un campamento militar. Nos fue nombrando, con su voz que resonaba en el
silencio que habíamos hecho ante su presencia. Nos veía de arriba abajo, y
sonreía como aprobando lo que veía. Cuando llegó frente a mí y dijo mi nombre,
yo me quería derretir. Ahora más que nunca deseaba ser el ganador.
El otro tipo que andaba con Manuel nos dio las instrucciones:
"Van a tener la oportunidad de probar las vergas de todos los
demás, solo por quince segundos y solo con la boca, sin tocar. Todo esto lo
harán con los ojos vendados.
Luego se colocarán detrás de la pared y harán asomar sus
vergas por los agujero que hay allí. Uno a uno irán pasando al frente, se le
quitará la venda y deberán adivinar cuál es el intruso. Una de las vergas que
verán frente a ustedes pertenece a alguien que no es participante. ¿Entendido?"
Yo no lo podía creer. Aquello era más de lo que mi
imaginación hubiera soñado. ¿Cómo serían entonces la siguientes pruebas?
Nos colocaron de nuevo en una fila, y las cámaras nos
seguían. Escuché a Joe Frankfurt que hablaba frente a otra cámara, me imagino
que grabando la bienvenida al programa. Hicieron que se agachara Alex, el
jovencito de la melena. El tipo de producción nos pidió que nos quitáramos
nuestras prendas, nos amarró vendas en los ojos y dio la señal para que Alex
arrancara a chupar.
Empezó por Otto, el de la zapatería, que estaba en el extremo
de la fila. Me imaginé cómo el candado en su rostro le daba una expresión de
malicia al sentir que el chico se metía su verga en la boca. En mi mente vi como
en un sueño que se agarraba el pelo, aquel hermoso y desordenado pelo, y que
disfrutaba su mamada.
"Cambio", sonó la voz.
Le tocaba el turno a Ricardo, nuestro velludo amigo. Yo
sospechaba que entre Ricardo y Alex había alguna secreta atracción, y lo recordé
lamiéndole las tetas del peludo pecho de Ricardo.
"Cambio", escuhamos de nuevo.
Esta vez el afortunado era yo. Escuché a Alex jadeante cómo
se agachaba frente a mí, y lo ayudé con mi mano llevando mi miembro a su boca.
Aquella boquita caliente y golosa se tragó mis 24 centímetros de hombría de un
solo tirón. Para su edad, se notaba que el bribón había tenido una buena dosis
de vergas en su boca. Apretó la mamada, aquello me encantó.
"Cambio".
¡Uf, qué lástima! Le tocaba el turno a Billy, que estaba a mi
lado. Solo resoplaba como un toro furioso, y en un momento hasta me agarró el
brazo, como quien necesita asirse de algo para no caerse.
"Cambio".
Finalmente, el fornido Harry era el dichoso. Mi mente daba
vueltas. Aquel hombrazo siendo chupado por el jovencito, qué maravilla. Yo ya
había probado esa verga y sabía la delicia que era para Alex.
"No más", dijo la voz ya conocida, como si fuese el crupier
de un casino.
Así fueron pasando los minutos más excitantes que había
vivido en mi vida. Otto resultó ser un mamador experto, y en mi turno me
succionó con tal fuerza que pené que me iba a venir. Luego fue Ricardo, a este
le dio con gemir mientras mamaba, y a mí que me encanta todo tipo de sonidos en
el sexo, aquello me puso loco. A todo esto, yo seguía con los ojos cerrados.
Fue entonces que me tocó la dicha de probar aquellas cinco
maravillosas pollas. Traté de concentrarme, pues necesitaba pasar a la siguiente
ronda. Mi boca iba a proporcionarme todos los datos que yo necesitaba, y no me
detendría en el placer, sino en aprender a reconocer sus miembros, que ahora
estaban a mi merced.
La verga de Otto, que fue la primera que me tocó probar, era
larga y lisa, con una cabeza suave y que evidentemente babeaba mucho, lo noté en
el sabor, parecido al de la verga de mi amigo Enrique. Pensé en él en ese
momento y sentí cómo me latió mi verga con fuerza.
Luego me tocó chupársela a Ricardo, cuya verga ya había visto
hacía un rato. Venosa y gruesa, como me gustan en las ocasiones en que hago de
pasivo. Su aroma era muy peculiar, masculino, me imagino que por la cantidad de
vello que tenía.
A seguidas me agaché frente a Billy. Esta otra verga también
la había estudiado en detalle debajo del mesh. No era circuncidado y su cabeza
era más pequeña que el resto del tronco. Le dediqué una chupada especial a mi
nuevo amigo, y noté que movía su cadera a los lados como dándome su aprobación.
Me moví hasta quedar frente a Harry, cuya verga había mamado
con mucho placer ese mismo día. Esta ya me la sabía, y me había encantado.
Larga, muy larga, y muy dura, como la del macho que era. Me lo volví a imaginar
en sus shorts de cuero y mi propia verga dio un salto entre mis piernas.
Finalmente, Alex, no circuncidado, con un pene largo y
curveado, qué ricura. ¿A quién quería engañar? Yo estaba disfrutando aquello al
máximo.
Finalmente agotamos nuestros turnos y así acabó la sesión de
mamadas "todos contra todos". Nos llevaron de la mano y nos colocaron detrás del
biombo de cartón, uno a uno. Escuché la sensual voz de Joe Frankfurt que
anunciaba la siguiente parte del concurso. Siguiendo órdenes, metimos nuestras
pollas en los agujeros dispuestos para tal fin, y de saber que estaba frente a
las cámaras la mía alcanzó su dimensión máxima, latiendo con fuerza mientras
apuntaba al techo.
Llamaron a Alex, a quien se supone que le quitarían la venda.
Joe explicó que debía identificar la verga del intruso. En caso de duda podría
acercarse y mamar una, solo una. Secretamente deseé que fuera la mía, pues el
chico se había lucido en su mamada, minutos antes.
Hubo movimiento, música, redoble de tambores… Alex se agachó
a probar una verga que luego supe que había sido la de Ricardo, eligió una y
volvió a pasar detrás del biombo, en silencio. Uno a uno nos fue llamando.
Cuando me tocó el turno a mí, me hicieron ponerme mis shorts de lycra nuevamente
y me quitaron la venda de los ojos. Me cegó la luz del estudio y lo primero que
vi fue el pecho brilloso y amplio de mi ídolo Joe.
"A ver, Danny, ¿cuál de estas vergas es la del intruso?". Me
dijo Joe mientras sonaba el redoble de tambores en el fondo. Me estaba
acostumbrando a la luz cuando me acerqué a la división de cartón. Por un momento
recordé mis buenos ratos en el sauna, chupando vergas de desconocidos que se
escudaban en el anonimato de los glory holes. La primera verga fue fácil de
identificar, pues no era circuncidado y su glande se veía pequeño en relación al
resto del miembro, era Billy, sin duda alguna.
La segunda fue igualmente fil, pues babeaba en exceso a
través de su único ojo y era larga y lisa, como la de Enrique, como la de Otto.
Aquello iba a ser fácil.
La tercera era gruesa y venosa, un poco más morena, y sentí
el exquisito aroma de macho sudado que se quedaba atrapado entre sus vellos, más
aún porque ya la había visto antes, era la de Ricardo. Quedaban Harry, Alex y el
intruso.
La siguiente era curva, apuntaba hacia un lado y hacia
arriba. Firme y larga, con la dureza que solo el poder de la juventud puede
otorgar. Aquella la quería mamar de nuevo, la de Alex. Me agaché frente a él,
goloso y caliente, solo por el gusto de volver a probar la verga del chico. La
chupé fuertemente y Joe dijo a mis espaldas: "Hey, hey, consíganse una
habitación, muchachos!" Sonaron risas grabadas. Efectivamente ese era Alex. Eso
quería decir entonces que una de las otras dos era la del intruso.
Fue entonces cuando vi las siguientes dos vergas. La primera
ya la conocía, lo supo mi mente de inmediato, así deduje que era la de Harry. La
siguiente debía ser la que buscaba. Sin embargo, cuando llegué a la siguiente
verga, mi mente me dio la misma señal de que ya la había visto. ¿Cómo podía ser
aquello? Me opuse nervioso, tragué en seco, y Joe repitió la pregunta:
"Dinos, Danny, ¿cuál de estas vergas es la del intruso?" Te
quedan diez segundos"
Mi mente volvió a la oscuridad de la habitación, cuando le
chupé el tronco a Harry, y luego se lo había chupado de nuevo. Miré las dos
vergas. De repente noté un pequeño lunar en el palo carnoso y colorado que tenía
erecto delante de mí. Me llegaron a la mente unas palabras: "¿Sabes qué? Yo
también te voy a hacer un regalo"… ¡Era la verga de Manuel, que me había dado
esa ventaja antes de iniciar el programa!
De inmediato la señalé, sonaron aplausos grabados en el
estudio, y me hicieron volver detrás del biombo, esta vez sin los ojos cerrados,
mientras hacían pasar delante a Otto.
Al colocar mi verga de nuevo en el hoyo, miré a mi alrededor.
Algunos ya estaban sin vendas, y me sonrieron animadamente. Casi al fondo estaba
Manuel, el cual me quiñó un ojo. Estaba completamente desnudo y la verdad es que
tenía un físico trabajado. Solo pensé en su oferta para cuando se acabara el
programa, y mi verga dio un brinco. En ese momento sentí algo caliente y húmedo
que la envolvía del otro lado. Era Otto, que me la chupó tan rico como la vez
anterior, y de nuevo tuve miedo de correrme allí mismo, ante las cámaras (lo
cual me descalificaría de inmediato).
Acabó el concurso y nos hicieron pasar a todos al frente. Joe
entonces anunció los resultados:
"Cuatro de estos hombres han acertado. Ellos son: ¡Ricardo!
(aplausos), ¡Alex! (aplausos de nuevo), ¡Harry! (más aplausos)… ¡y Danny!
No pude ocultar mi emoción, y me abracé de mis compañeros,
como si fuésemos reinas de belleza. Joe volvió a hablar:
"Billy y Otto no acertaron. Les pedimos a los chicos que
pasen detrás nuevamente mientras Billy y Otto realizan una prueba más. Ahora
deben identificar las vergas de sus compañeros. El que más acierte se quedará
para la siguiente ronda"
Nos hicieron cambiar lugares y volvimos a meter nuestras
vergas en los hoyos. Otto hizo la prueba, y Billy pidió a Joe si podía
probarlas. Así o hizo y volví a ser mamado por octava vez aquella tarde. La
estrategia de Billy dio resultado, pues fue elegido para quedarse con nosotros.
Joe despidió el programa, y todos fuimos a despedirnos de Otto.
El hombre nos despidió uno por uno con besos apasionados,
aquello ya era demasiado. Cuando me besó, sentí su candado que raspaba mi cara
con fuerza mientras me sostenía por la cintura. Antes de irse nos dijo:
"Le voy a tomar la palabra al pelirrojo que se fue antes.
Manténganse en contacto. ¡Esto lo repetiremos, muchachos!"
Así acabó la primera eliminatoria de un día inolvidable. Joe
desapareció sin que nos diéramos cuenta, y los cinco que quedábamos, Billy,
Harry, Alex, Ricardo y yo, nos cambiamos mientras recibíamos instrucciones para
la semana que teníamos por delante…