LAS JOVENES CRIADAS DE BERNARDO (2ª parte)
Resumen
Breve resumen del relato precedente "Las
Jóvenes Criadas de Bernardo":
Bernardo un señor maduro de raza negra contrató a dos chicas: Sandra y
Katerina, (tras un "peculiar " proceso de selección), para realizar las tareas
del hogar y alguna que otra…tarea adicional, pues el salario era muy cuantioso y
las condiciones excelentes. Recordamos que nuestro protagonista pasó
prácticamente de la miseria a la ostentación gracias a un millonario premio de
lotería. Esta segunda parte tiene lugar pasados 6 meses desde la entrada de
ambas jóvenes en la mansión de su peculiar amo.
Capítulo I
Era domingo por la mañana, Bernardo se levantó antes de lo habitual, había
tenido un sueño muy particular. Se levantó con cuidado de su enorme cama para no
despertar a las dos chicas que aun dormían plácidamente. La pasada noche había
dormido con las dos, habitualmente las turnaba en su cama, pero de vez en cuando
hacían un trío. Recordó con una leve sonrisa la noche de buen sexo que ambas le
habían proporcionado. Las había instruido bien desde que pisaron por primera vez
su casa, hace ya medio año, y sabía perfectamente que le adoraban y que harían
todo lo que les pidiera sin rechistar.
Se acercó a la enorme ventana de su dormitorio. Desde ella podía ver el patio
y el enorme jardín vallado de su casa. Durante un tiempo se quedó mirando pero
sin ver lo que tenía en frente, absorto como estaba recordando su sueño una y
otra vez. De repente su mirada perdida volvió al mundo real con un rápido
parpadeo y se dio la vuelta para mirar las preciosas figuras desnudas que aun
dormían encima de las sabanas. Era un hombre afortunado, sin duda. Cualquiera de
ellas quitaría el sueño a todo hombre al que le gustase la belleza y
sensualidad.
La chica rubia de ojos azules era Katerina, era de origen checo y poseía un
cuerpo para pecar: una silueta voluptuosa, con preciosas piernas perfectamente
contorneadas, estrecha cintura y unos senos prominentes y erguidos, una
combinación letal. A veces Bernardo le llamaba la "Conejita Checa". El apodo se
lo puso por dos motivos para él indiscutibles; por un lado tenía un cuerpo digno
de conejita de playboy y por otro poseía el "conejito" más bonito que había
visto nunca.
La jovencita de melena oscura y ondulada, que en esos momentos se estaba
despertando, se llamaba Sandra. Bernardo recordó con una sonrisa que era virgen
cuando entró a su servicio, pero ahora sin embargo, al igual que Katerina, se
había convertido en una viciosilla. Su cuerpo quizá no era tan explosivo como el
de su compañera, pero también muy proporcionado, sensual y al que no le faltaban
curvas. Lentamente abría con esfuerzo los preciosos y enormes ojos verdes que
iluminaban su bello rostro.
Después de media hora, las dos criadas ya se habían despertado y desayunado.
Bernardo las reunió en el salón, pues quería hablar con las dos. Las jóvenes
estaban preocupadas y contrariadas, nunca las reunía en el salón para hablar con
ellas. Sin duda algo pasaba.
Bernardo: Imagino que estáis extrañadas de que os reúna aquí, pero he de
comunicaros una decisión que he tomado a raíz de un sueño que he tenido anoche.
Y como esa decisión os afecta también a vosotras quiero decírosla. Esta noche he
soñado que iba a la facultad a estudiar Medicina, una carrera que siempre quise
hacer y que nunca pude empezar por mi anterior situación económica. Aunque si
bien tengo 50 años, nunca es tarde para realizarla, o eso dicen, así que he
decidido ir a la universidad.
Tras unos instantes sin reacción, ambas jóvenes se miraron mutuamente, tras
lo cual estallaron en una sonora carcajada. Al ver que Bernardo no hacia el más
mínimo gesto de sonreír y que podía no ser una broma, sus caras cambiaron de
expresión súbitamente.
Katerina
: Pero…Amo…se trata de una broma verdad?.
¿Qué necesidad tiene de estudiar ahora nada?. Tiene muchísimo dinero, ¡no
necesita estudiar!. Puede estar aquí con nosotras mañana, tarde y noche haciendo
lo que le plazca y cuando le plazca, sin necesidad de perder tiempo en una
carrera a estas alturas!.
Bernardo: No Katerina, es un deseo que siempre he querido cumplir, y creo
que ha llegado el momento. No se trata de otra cosa.
Sandra
: Pero…se va a ir fuera?. Nos va a dejar?
¡Dígame que no!. ¡No me diga que va a prescindir de nuestros servicios que me da
algo!. ¡Ambas le hemos servido lo mejor que hemos podido!, ¡le hemos dado todo!.
¡Yo hasta le ofrecí mi más valioso tesoro! Mi virginidad!...snif…
Sandra se debatía entre rabia, indignación y tristeza y estaba conteniéndose
para no sollozar. El rostro de Katerina también estaba descompuesto.
Katerina
: Es verdad! Que va a ser de nosotras sin
usted?, ya nos hemos acostumbrado a usted!!. Además…sabe?. No se lo había dicho
hasta ahora pero…
Katerina estaba fuera de sus casillas, y a pesar de que no se había atrevido
nunca a decir lo que sentía encontró en ese instante el momento y se lo soltó
entre gritos y sollozos:
Katerina
: Yo le amo!, sabe?, le amo!!...snif…snif…
A lo que Sandra se unió entre lágrimas.
Sandra
: Yo también! Amo, sabe que le
quiero!!!....no me deje!!....snif..snif…
Bernardo se quedó unos segundos sin saber qué decir. Sabía cuáles eran los
sentimientos de sus criadas desde hace tiempo, pero aquella reacción
descontrolada y tan visceral le había hecho gracia. Tras unos instantes, esbozó
una sonrisa que pareció calmar algo los sollozos de las chicas.
Bernardo: No os preocupéis!. Ni un loco dejaría a unas chicas como
vosotras y prescindiría de sus servicios. Tengo intención de ir a una facultad
bien cerca de aquí lo que me permitirá volver todos los días a media tarde.
Sandra
: Y que vamos a hacer aquí hasta que vuelva?.
Antes alternábamos las tareas de la casa con lo que usted ya sabe, pero ahora
nos va a sobrar tiempo. ¿Por qué no vamos a la Universidad con usted?.
Bernardo: No podéis, tenéis un trabajo por el cual os pago un dineral y
no es el de ir a la Universidad precisamente. Os necesito en plena forma, tanto
de cuerpo como de mente para vuestros trabajos especiales, y estudiar os
quitaría tiempo y dedicación, además de distraeros.
Katerina
: Y nos dejará solas en esta enorme casa
hasta que llegue?. ¿Y si viene alguien? Le recuerdo que según nos ordenó hace
mucho, solo vamos vestidas por la casa con zapatos de tacón y medias largas…
Bernardo: Hasta que yo llegue podéis vestiros normalmente, ya os compraré
ropa. De todas formas, en esta casa siempre se ha necesitado un mayordomo. Si
hubiera un mayordomo eso os daría más seguridad y no estaríais nunca solas en mi
ausencia. Mañana preguntaré en la facultad cuando puedo incorporarme a las
clases, porque estamos a Septiembre e igual las clases ya han comenzado hace
unas semanas. Puede que ya no dejan matricularse a nadie. Aunque bien pensado…si
ofrezco una buena suma de dinero…
Así fue, al día siguiente Bernardo fue a hablar con el decano de la facultad
de medicina, y tras explicarle con un buen fajo de billetes su deseo de acudir a
las clases del primer curso, no se lo pensó ni un instante y le comentó que
podría incorporarse en un par de semanas.
Capítulo II
Bernardo no disponía de mucho tiempo para buscar a un mayordomo y no deseaba
dejar a sus chicas solas por las mañanas. Poner un anuncio y hacer una selección
le iba a llevar mucho tiempo, además necesitaba a alguien de su plena confianza
y discreción, dadas las prácticas y costumbres de dentro de la casa. No iba a
ser tarea fácil, solo faltaban 5 días para comenzar las clases y a eso se
juntaba la tarea de buscar un regalo de cumpleaños para Katerina, ya que dentro
de 4 días iba a cumplir 21 años y le había prometido regalarle algo especial.
Tras pensar un buen rato, Bernardo tuvo una idea. Se acordó del kiosquero del
barrio en el que vivía de joven y al que a pesar del transcurso de los años de
vez en cuando le seguía comprando algún periódico o revista. Hacia 3 años que no
le veía y ahora debía tener unos 70 años más o menos. Era bastante feo, un poco
bizco y encorvado, quizá por eso nunca se había casado ni tenido hijos y nadie
le conocía novias pasadas. De todas formas, las dudas sobre su heterosexualidad
quedaban disipadas cuando la gente le veía desnudar con la mirada a las chicas
atractivas que iban a comprarle revistas, o algún comprador le pillaba husmeando
comics eróticos o el último número de playboy en el interior de su kiosco. Pero
a pesar de su fama de viejo verde, todo el mundo del barrio sabía que era una
buena persona y de fiar. Bernardo pensó que ya que no tenía trabas familiares,
quizá podía ser un buen candidato para el puesto de mayordomo. Decidió volver al
barrio de su niñez a visitarlo.
Eran las 7 de la tarde del viernes cuando Bernardo llegó al barrio de su
niñez. Apenas había cambiado, las mismas tiendas, la misma gente, si bien al
llegar al kiosco de Vicente lo encontró cerrado. Preguntó a algunos vecinos
donde podía encontrarlo hasta que uno le comentó que los viernes cerraba antes
porque se iba a una conocida sala erótica a las afueras de la ciudad.
Tras pagar la entrada Bernardo entró en el enorme local. Ya lo conocía, hace
años había entrado con amigos por divertimento y hace poco, justo antes de que
le tocara la lotería y cuando su situación económica estaba por los suelos, se
había planteado volver a entrar pero esa vez a pedir trabajo. En una de las
salas del local se hacía porno en vivo y en aquel entonces se planteó pedir
trabajo de actor porno, ya que la naturaleza le había dotado con una gigantesca
herramienta de trabajo fuera de lo común. Al final debido al repentino cambio de
su suerte no tuvo que necesitarlo, aunque el trabajo le hubiera gustado.
Se tomó un whisky-cola en la barra principal del establecimiento, en el que
alrededor bailaban subidas en plataformas y alrededor de unas barras de acero
verticales unas seis o siete chicas. Algunas haciendo striptease y otras estaban
totalmente desnudas. Alrededor de ellas había numerosas butacas en la semi-oscuridad,
en las que los clientes se podían masturbar en el anonimato, o acercarse a una
chica en cuestión para después de dejar unos billetes, pedirle que se acercara a
su sillón para hacerle un striptease más cercano y personalizado. Algunas con
una buena suma se dejaban magrear un poco. Bernardo se fijó en las chicas, todas
ellas tenían cuerpos bonitos y curvosos, pero como suele ser normal en estos
sitios, al final unas destacaban más que otras, y se fijó en dos. La primera era
una chica rubia de larga melena ondulada, vestida solo con tacones y un camisón
muy corto de seda transparente sin nada debajo que no dejaba nada para la
imaginación. Estaba bailando personalmente para un hombre muy gordo de unos 55
años, que cómodamente sentado en su butaca, con una mano sujetaba un puro y con
la otra manoseaba de vez en cuando los pechos y nalgas de la joven. Sin duda
debió pagar bastante para que la chica se dejase tocar de aquella manera. La
segunda al principio le llamó la atención por el cuantioso número de gente que
se agrupaba a su alrededor, luego fijándose mejor se dio cuenta del porqué. Era
una escultural mulata con ojos claros con un precioso culo en pompa y unos
enormes pechos (sin duda operados) que se balanceaban rítmicamente al son de la
música. Sólo llevaba un tanga blanco, el cual estaba lleno de billetes que los
clientes iban enganchando. Bernardo sonreía para sus adentros, a pesar de que
cualquiera de las espectaculares chicas que había bailando en la sala eran para
quitar el hipo a cualquier hombre, el no estaba tan sorprendido, sus dos criadas
tenían un cuerpo tan bien formado y tan sexy como las mejores del local. Pero es
que además de eso, tanto Katerina como Sandra añadían a sus hermosos cuerpos
unos rostros preciosos, cosa ya no tan habitual. Se sintió el hombre más
afortunado del mundo.
Pero Bernardo estaba en el local para localizar a Vicente el kiosquero, y no
para otra cosa. Miró con disimulo a las butacas y a los hombres de su alrededor
sin ningún resultado. Así que una de dos, o se había ido a alguna de las salas
de cabinas para mirar, o estaba en alguna otra con escenarios para porno en
vivo. Preguntó al barman si aquella noche había algún show especial.
Bernardo: Perdone, hoy viernes hay algún espectáculo en alguna sala de
porno en vivo?.
Barman: No se ha enterado?, hoy a las 10 empieza un espectáculo muy
valorado. Su estrella debe ser conocida en ese tipo de espectáculos, está dando
una gira al mundo y hoy está aquí de invitado especial. Solo quedan 5 minutos
para que empiece, si quiere aun puede llegar a tiempo si encuentra alguna silla
libre. Vaya a la sala nº 1, la más grande.
Bernardo entró en la sala. Estaba a rebosar. La tarea de encontrar a Vicente
iba a ser más que complicada. Ya no quedaban asientos libres, así que se tuvo
que quedar de pié en el fondo, junto con una docena más que no encontraron
sitio. Un hombre delgado y con bigote estaba presentando el espectáculo llamado
"Big Ben Show".
Presentador: "…es un orgullo para este local tener como invitado al gran Ben,
que gracias a los esfuerzos económicos del local ha hecho un hueco en su gira
mundial para deleitarnos con su show. Como es condición y costumbre en su
espectáculo, siempre elige a una colaboradora del local al que visita. En este
caso ha sido nuestra querida Ruth, la cual ha aceptado tras pensárselo mucho!,
jajaja…y a la cual también recibiremos con un fuerte aplauso. Bueno, sin más
preámbulos demos la bienvenida a...!Big Ben!.
El telón se abrió y Bernardo se quedó boquiabierto pensando si era un
espectáculo de humor. En medio del escenario apareció un enano, desnudo de
cintura para arriba y vistiendo una falda larga hasta los pies en plan samurái.
El enano de todas formas no era el habitual. Era prácticamente calvo, salvo por
una pequeña coleta oscura que le nacía casi en la nuca. Tenía una frente echada
hacia atrás y con alguna que otra arruga, por lo que debía pasar los 40 años,
aunque era difícil saberlo. Unos ojos saltones de color azul y una nariz enorme,
larga y gruesa iban completando sus rasgos, a los que por ultimo había que
añadir una boca de labios gruesos con dos paletos separados y grandes, debajo de
la cual apenas se vislumbraba una barbilla metida hacia dentro. Sin duda el
enano era feo a reventar. A Bernardo le recordaba a un feo duende.
El espectáculo empezó. El enano empezó a moverse al ritmo de una música
oriental, balanceando debajo de su faldón un miembro que se intuía enorme. Hasta
que de repente se lo quitó. La gente tardó en reaccionar fruto de la impresión,
hasta que empezó a aplaudirle y a vitorearle. Ahora supo Bernardo porque lo
llamaban "Big Ben". Aquel enano parecía que tenía tres piernas, al igual que él
mismo, tenía una polla descomunal. Quizá no tan larga como la suya, que medía
algo más de 30 cm y aquella parecía rondar los 25, pero la del enano era aun más
gruesa. Sin embargo eso no era lo que más sorprendió a Bernardo, a lo largo del
tallo del pene tenía insertadas debajo de la piel una docena de pequeñas bolas
del tamaño de canicas, que recorrían su superficie hasta el inicio de un glande
enorme y rosado, que parecía un gigantesco fresón. Bernardo recordó en ese
momento que había leído algo acerca de algunas tribus orientales denominadas
"yazukas" que se insertaban bajo la piel del pene perlas para potenciar el
placer en el acto sexual tanto a ellos como a sus parejas. Quizá aquel enano
vivió por un tiempo en oriente.
Se decidió a seguir buscando en la sala al kiosquero entre la gente que
estaba sentada, mientras Big Ben seguía su show enganchándose a su enorme pene
pesas de distinto tamaño y levantándolas sin aparente esfuerzo demostrando una
poderosa erección. No había manera, había muchísima gente y solo veía cabezas en
la situación en la que estaba. Tras unos diez minutos de búsqueda sin resultado,
Bernardo volvió la atención al espectáculo. Big Ben estaba presentando con una
desagradable y estridente voz a la que iba a ser su compañera de actuación, la
tal Ruth. De repente entró por un lateral del escenario la escultural mulata
tetona, que Bernardo se había fijado antes en la sala de bailes. "Vaya , vaya,
con que esta era Ruth, ese enano sabe elegir…" pensó.
Ruth se acerco titubeando al centro del escenario, iba vestida con un kimono
blanco largo y tenía su oscuro cabello recogido a lo geisha con dos grandes
horquillas. La gente no paraba de aplaudir, tenía curiosidad de ver lo que a
continuación sucedería. Ben se acercó a ella y le quitó el kimono, sonriendo
lascivamente al ver la preciosa desnudez y voluptuosas formas de la joven. La
exhibió al público, que estaba revolucionado a más no poder. La muchacha no
dejaba de mirar con miedo y de reojo al extraño miembro del enano. La puso a
cuatro patas y la obligó a lamer aquel monstruoso falo. Ruth daba pasadas con su
lengua al tallo con bultos, pero cuando intentaba succionarlo y abría su boca al
máximo, apenas podía meterse el enorme cabezón de aquel pene. La gente no paraba
de gritar cosas como: "!Fóllatela ya!" ,¡Enséñale quien es Big Ben!", "!Rómpele
el chocho!", "!Muestra tu merecida fama como el mejor follador de coños del
porno!", etc…Sin embargo, el enano seguía su pauta de actuación sin inmutarse.
Tras unos minutos y después de la mamada, la puso tumbada boca arriba y se
dedicó a lamerla por todo el cuerpo haciendo especial hincapié en aquellas
enormes tetas cuyos gruesos pezones aumentaban involuntariamente con el contacto
de su lengua. Luego se dedicó a meter su cabeza entre las piernas de la joven y
lamer su chochito con una intensidad enfermiza. La multitud se había levantado
de los asientos y se agolpaba al borde del escenario para verlo más de cerca.
Tras un rato, el enano puso a cuatro patas a su compañera, el culo en pompa de
la mulata le quedaba justo a la altura de su miembro viril estando de pié. Todo
el mundo sabía lo que iba a pasar ahora, por supuesto Ruth también…Por ello, la
cara de miedo de la chica era un poema. Justo antes de que Ben empezara a
insertar su gigantesca polla, giró el cuello hacia atrás poniéndole una cara de
súplica como diciendo "no me hagas daño, por favor…". Ben hizo caso omiso, tras
lubricarse el pene con un líquido, en lugar de introducirlo poco a poco en su
vagina, con un violento impulso se lo metió todo lo que pudo, aunque gran parte
seguía fuera. La muchacha soltó un grito de dolor. El enano siguió un ritmo de
penetraciones violentas mientras la gente enfebrecida le animaba a seguir. Con
el paso de los minutos Ruth iba cambiando el tono de los gritos de dolor, hasta
que poco a poco parecían confusos. No se sabía bien si eran de dolor o de
placer. Sus enormes pechos que en esa posición colgaban, se balanceaban de un
lado a otro de una forma espectacular a cada acometida.
Bernardo aprovecho que mucha gente se había levantado de sus asientos, para
seguir localizando a su hombre. Hasta que de repente le vio. Estaba de pié en un
lateral del escenario observando con los ojos bien abiertos el espectáculo del
enano destrozando a la mulata. En lugar de animar como el resto estaba callado,
observando fijamente lo que veía, como no queriéndose perder ni un detalle.
"vaya, vaya…" pensó Bernardo "mi querido Vicente está hecho todo un voyeur…".
Decidió hablar con él al final del espectáculo y no perderle de vista. Mientras
tanto Ben había puesto tumbada boca arriba a Ruth y la estaba follando en la
posición del misionero. Su estatura era tan pequeña que prácticamente las tetas
de la joven le quedaban a la altura de su boca, así que mientras la penetraba le
estaba chupando los pezones. El enano estaba marcando un ritmo muy violento de
entradas y salidas, pero ahora ya no había duda, los violentos gritos y gemidos
de la joven eran de enorme placer, su cara no dejaba dudas. De repente Big Ben,
poniendo cara de genio, empezó a moverse todo lo rápido que pudo. Bernardo
estaba asombrado, no había visto a nadie follar tan rápido. Moverse rápidamente
no era difícil, pero hacerlo con penetraciones largas y profundas al ritmo de
aquel enano era dificilísimo. Sin duda el tal Ben era un portento y un experto,
no cabía duda. Súbitamente, Ruth, que tenía la cara desencajada de gusto y no
paraba de gritar, se corrió violentamente. Ben no dejó de moverse hasta que vio
que a su compañera se le pasaban sus últimos espasmos, tras lo cual, retiró su
polla poniéndose de pié. Tras meneársela un poco con sus dos pequeñas manos, se
corrió, echando con fuerza grandes chorretones de semen sobre el cuerpo café con
leche de la chica, poniendo la guinda al espectáculo. La gente aplaudía como
poseída.
Bernardo se acercaba a Vicente abriéndose paso entre la multitud, mientras se
acercaba observó por un momento al kiosquero y luego al enano, y sonrió. Se le
acababa de ocurrir una idea. Había solucionado dos problemas de un golpe.
Capítulo III
Habían pasado tres días desde que Bernardo entró en aquel local de porno en
vivo. Sólo faltaba un día para el comienzo de las clases y hoy era el cumpleaños
de Katerina. Tras haberle felicitado por la mañana y haberle echado un par de
largos polvos como aperitivo de su regalo de cumpleaños, en el que en el segundo
se había unido Sandra, Bernardo se preparó para salir. Eran las 9 de la noche. A
las dos les había dicho que le esperasen un par de horas, puesto que iba a traer
al que sería el mayordomo de la casa, así como a recoger el regalo de Katerina.
Las dos chicas estaban impacientes por conocer al que sería el nuevo
habitante de la casa. Bernardo les había dicho que era un señor mayor muy bueno
y amable, pero que nunca había trabajado antes de mayordomo, por lo que pidió a
ambas que le ayudasen, sobre todo durante los primeros días de su estancia. Les
dijo que a partir de ahora y puesto que al día siguiente iba a empezar en la
facultad por las mañanas y no iba a estar, las eximia de vestirse con la
indumentaria habitual, (unas medias altas blancas que llegaban mas allá de medio
muslo, y zapatos de tacón del mismo color, estando todo el resto del cuerpo
desnudo.). Les comentó que además iba a estar el mayordomo, y que no le gustaría
que continuamente se distrajera en sus labores observando sus cuerpos desnudos.
Otra cosa era cuando el llegase a casa, entonces si volverían a su indumentaria
original. Les había dejado una serie de conjuntos a cada una, para que eligieran
cual ponerse a diario, sin permitirles cualquier licencia propia al respecto.
Ambas se habían dado cuenta, que a pesar de que la ropa que les había comprado
les taparía su desnudez, era terriblemente provocativa y sensual, y alguna era
incluso más insinuante que ir desnudas. Se fijaron que no les había dejado en
aquellos conjuntos ni una sola prenda de ropa interior, por lo que tendrían que
ponérselos sin nada debajo. Eran las órdenes del amo, y como siempre las
aceptaron sin rechistar. Subieron cada una a su habitación a vestirse para
cuando llegase con el mayordomo.
Tras una hora Bernardo llegó a casa. Desde el enorme recibidor llamó a sus
dos criadas para que bajasen por las escaleras del piso de arriba y así recibir
y presentarles al que sería el nuevo mayordomo. Ambas bajaron las escaleras,
mientras bajaban se fijaron que entre los dos hombres había una gran caja
envuelta en papel de regalo.
Vicente, se quedó paralizado. Bernardo le había dicho que sus dos criadas
eran muy atractivas, pero no se había imaginado hasta que punto, las dos
parecían sacadas de las revistas de playboy que leía a escondidas en la
oscuridad de su kiosco. Las miró de arriba abajo detenidamente mientras se
acercaban. A las dos jóvenes se les movían voluptuosamente sus abultados senos
de arriba abajo mientras descendían las escaleras. La chica de melena larguísima
y rubia, ojos azules y con más pecho que su compañera debía ser Katerina, pensó.
Iba toda de blanco. Llevaba unas botas altas de ante hasta más allá de la
rodilla, unos mini shorts elásticos ajustadísimos y un top con amplio escote en
el que parecía que sus grandes pechos iban a salir en cualquier momento. Luego
dirigió su mirada a la morena de ojos verdes, Sandra. Llevaba un vestido rojo de
una pieza, era cortísimo y elástico, justo lo suficientemente corto para tapar
su sexo. El vestido tenía un detalle delantero, simulando un cordaje tipo corsé
que le hacía destacar su bonito pecho y aumentaba el tamaño del escote. Vicente
no daba crédito, que cuerpos!, que culos!, que piernas!, que pechos!…aquello
parecía irreal.
Bernardo: Chicas os presento a Vicente, un viejo conocido mío y el nuevo
mayordomo. Me ha costado convencerle, pues antes era kiosquero y le ha sido
difícil dejar su querido puesto de revistas y periódicos, pero al final ha
accedido.
Ambas se quedaron mirándole. Tenían la esperanza de que Bernardo eligiera a
alguien atractivo y joven, pero nada más lejos de la realidad. Se trataba de un
señor mayor que rondaba los 70 años, de estatura mediana, bastante calvo,
delgado, con una pronunciada chepa, algo bizco y con un ridículo bigotito canoso
a lo Adolfo Hitler. Vaya, todo lo contrario a lo que esperaban. Eso sí, se le
veía cara de buena persona. Le saludaron dándole unos besos, lo que hizo que a
Vicente un rubor le recorriese el rostro.
Bernardo: Sandra, vas a enseñarle a Vicente la cocina, el comedor y toda
a planta de abajo para que se vaya habituando. Mientras tanto yo voy a subir
esta caja con Katerina a su habitación y le doy su regalo.
Katerina no despegaba los ojos de la caja, estaba impaciente por abrirla.
Sandra
: Pero amo…yo también quiero ver el regalo de
Katerina, ¡jo…!. No puedo enseñarle a Vicente la casa luego?
Bernardo: He dicho que no, además, el regalo de Katerina ya lo verás. A
partir de ahora correteará por toda la casa.
Al oír esas palabras una sonrisa iluminó el hermoso rostro de Katerina, hace
meses le había dicho a Bernardo cuanto le gustaría tener un perrito de compañía…
Bernardo y Katerina cogieron entre ambos la pesada caja, cuyo contenido se
movía en el interior y tenía varios agujeritos a modo de respiradero. La
subieron con esfuerzo por las escaleras hasta la habitación de la chica. Una vez
depositada en el centro de la estancia, Bernardo sacó una hoja de papel de un
bolsillo de su chaqueta y se dirigió a su criada.
Bernardo: Katerina, antes de darte tu regalo quiero dejar claro varias
cosas.
Katerina
: Si, sí, claro…adelante
Bernardo: Te voy a dar este regalo a condición de que lo mimes, y que
nunca le niegues sus caprichos y necesidades. Le has de cuidar, darle de comer,
y no privarle de nada que le apetezca o te pida, aunque no te apetezca. En
cierto modo el estará ligado a ti y tu a él. Entendido?
Katerina
: Que si!, pero venga anda…que no puedo
esperar más!
Bernardo:- No tan rápido, esta hoja que tengo es un contrato. Por el cual
te comprometes a realizar todo lo que te he dicho antes. De acuerdo?.
Katerina
: Si venga, trae que lo firmo.
Katerina estaba tan impaciente que no podía aguantar más tiempo, lo firmó
rápidamente sin leerlo. Tras lo cual Bernardo le dio permiso para abrir la caja.
Poco después de empezar a romper la caja, Katerina dio un salto atrás asustada.
De la caja salió un enano calvo y feo, que sonreía lascivamente con una boca
grande en la que sobresalían dos anchos y separados paletos. Pero eso no era lo
que más sorprendió a la chica, el enano estaba completamente desnudo y entre las
piernas tenía un pene monstruoso. Era gordísimo, con un enorme cabezón. A lo
largo de su tronco tenía una especie de bolas dentro de su piel, como si fuera
un enorme dildo de esos granulados pero en un pene de verdad.
Bernardo sonreía al ver la reacción de su criada. La verdad es que lo
esperaba.
Bernardo: Te presento a Ben, algunos le llaman "Big Ben", creo que no
necesito explicarte la razón. Este regalo me ha costado una fortuna, ahí donde
le ves. Tiene un show de porno en vivo por todo el mundo, y le he dicho que le
pagaría algo más de la recaudación estimada de todo un año, para que estuviera
aquí 12 meses, con derecho a prorroga si se siente a gusto, jejeje. Me ha
costado convencerle, ya que a pesar de que le había hablado de ti, me comentó
que si no le gustabas se marcharía, así que aun no ha puesto su firma al lado de
la tuya en el contrato. Y bien Ben, ahora que tienes a Katerina delante, que
decisión tomas?.
El enano respondió con aquella voz estridente tan particular que tenía:
Big Ben
: Tenias razón Bernardo, la chica es
espectacular, ji ji ji. Cara preciosa, cuerpo curvoso, tetas grandes y firmes,
cinturita estrecha, cadera sexy…
El enano la miraba sin vacilar de arriba abajo, mientras Katerina aun le
miraba con cara de susto…
Big Ben
: Largas piernas con muslos bien
contorneados, culo respingón…y…hmmm…con esos shorts ajustados y prietos se te
marca la rajita y todo el chichi eh?...y de qué manera!...apuesto a que no
llevas nada debajo.
Tras una mirada a Bernardo, en la que con un gesto éste último le daba
permiso, Ben comenzó a bajar los prietos shorts de Katerina. Instintivamente la
joven se echó hacia atrás separándose del enano.
Bernardo se enfureció, mirándola con desaprobación.
Bernardo:-No empieces incumpliendo tu contrato!. Te recuerdo que firmaste
acceder a todos sus caprichos y necesidades…así que ya te estás dejando bajarte
los shorts.
Katerina
: Pero amo..Yo….
Bernardo: Ni una palabra más!
Tras esa breve interrupción Ben siguió bajando lentamente con sus pequeñas
manitas los shorts de la chica, bajándolos hasta la rodilla.
Big Ben
: Efectivamente, no llevabas nada debajo.
Vaya vaya, ¡que tenemos aquí!, ahora sé porqué Bernardo te llama "conejita
checa". Menudo chichi que tienes!. Totalmente afeitado, como a mí me gusta.
Hmm…que carnoso y abultado.
Bernardo: Las obligo a llevarlo siempre rasurado y me enfado cuando no lo
hacen bien, a mí también me gustan así.
Ben comenzó a tocar el sexo de la joven mientras lo observaba y evaluaba…
Big Ben
: No se ven tus labios menores…tus gruesos
labios mayores los tapan formando una bella rajita eh?. Vamos a abrirlos un
poquito…
Con los dos pulgares de sus dos pequeñísimas manos Ben separó los carnosos
labios mayores del sexo de Katerina…
Big Ben
: Vaya, Vaya…rosadito y prieto en el
interior. Que delicia….
Bernardo: Y bien Ben?, te gusta lo que ves?, firmaras?. Ya te dije lo que
te encontrarías…
Big Ben
: Me dijiste lo que encontraría Bernardo,
pero la realidad supera a tus palabras. Esta joven no solo es preciosa si no que
tiene el coño más bonito que he visto en mi vida, y mira que me he follado
muchos! Ji ji ji. Va a ser un placer firmar ese contrato.
Ben cogió el papel de manos de Bernardo y se lo devolvió firmado.
Bernardo: Bueno, Ben, me alegro. Ahora creo que Katerina y tú deberíais
ir conociéndoos algo mejor, no te parece?.
Ben respondió con una risita estridente
Big Ben
: Eso creo, jijiji.
Katerina
: Por favor amo, dame otro regalo…lo que
quieras….pero no esto…te lo suplico…siempre he hecho lo que me has pedido, tan
mal me he portado para que me hagas esto?...
Bernardo:- Precisamente por eso, porque lo mereces te he hecho este
regalo que me ha resultado tan caro. Aunque ahora no te des cuenta, ya
aprenderás a valorarlo tarde o temprano y me lo agradecerás, puede que incluso
dentro de unos minutos, quien sabe…Ahora haz todo lo que te diga, como juraste y
firmaste.
El enano continuaba tocando la intimidad de Katerina con decisión…
Big Ben
: Tú dices que no quieres, pero tu chochito
no está de acuerdo. Noto como mis deditos se empiezan a mojar cada vez mas…Ahora
termina de bajarte los shorts hasta el tobillo y quítatelos, luego ponte de
rodillas que quiero tocarte las tetas y no llego bien.
Katerina obedeció a regañadientes, se quito los shorts y se puso de rodillas
en frente de aquel enano lascivo y feo. Acto seguido, Ben le desabrochó el top
blanco momento en el cual sus tetas aprisionadas salieron de su cautiverio con
un sensual balanceo.
Big Ben
: ¡Qué tenemos aquí! Dos preciosas tetas,
grandes y firmes…y vaya pezones que tienes! …grandes y rosados…de esto no me
habías hablado eh Bernardo? Vaya pitones!...Jijiji
Bernardo se había sentado en una butaca de la habitación, estaba tan excitado
con lo que estaba pasando que el gigantesco bulto de sus pantalones no dejaba
lugar a duda.
Bernardo: Todo lo que diga de mi preciosa conejita checa, es poco Ben. Se
me olvidaría ese detalle…jejeje.
Ben empezó a pasar las yemas de sus dedos por los abultados pezones de
Katerina, que con el contacto se habían puesto durísimos. Ya de por si turgentes
aun habían salido más hacia fuera. Después de un rato de manoseo empezó a
lamerlos y succionarlos violentamente. La muchacha estaba ruborizada y llena de
rabia. Aquel enano feo y horrible le estaba magreando, y lo que era peor, no
podía hacer nada por evitarlo. Había dado su palabra a su amo.
Mientras tanto, en la planta de abajo, Sandra ajena a todo lo que pasaba en
la habitación de su amiga le seguía mostrando a Vicente, el mayordomo, las
distintas estancias de la casa. Ya le había mostrado la cocina y se disponía a
llevarle a la biblioteca y a la sala de billar que era contigua. Mientras seguía
a la joven por el pasillo Vicente no dejaba de mirar el sexy movimiento de las
caderas y los glúteos de la joven. Los tenía en pompa, y el cortísimo y ceñido
vestido rojo no los cubría en su totalidad, ya que por abajo se vislumbraban un
poco, sobre todo al andar. Una de dos, o llevaba un tanga minúsculo o no llevaba
ropa interior, pensó Vicente. El kiosquero, ahora mayordomo, no dejaba de pensar
en la suerte que iba a tener al contemplar continuamente esas dos bellezas por
la casa. Sin embargo, en el contrato que había firmado a Bernardo, solo podía
mirar. No podía tocarlas ni sobrepasarse con ellas, a menos que ellas quisieran.
Eso iba a ser un problema, pensó, no sabía cómo se iba a poder contener.
Entraron en una enorme sala llena de altas estanterías de libros con una mesa
central en medio, varias butacas para leer y un par de escaleras.
Sandra
: Como ves Vicente, esta es la Biblioteca. A
veces Bernardo suele venir a leer algún libro y los que termina los deja sobre
la mesa. Hay que mirar el título y número, y ponerlo en el sitio que
corresponde. Ves? Este de medicina que ha dejado?. Corresponde dejarlo en esa
estantería de allí arriba.
Sandra se dirigió a una larga escalera y tras fijarla en el suelo se dispuso
a subir varios metros para dejarlo en su sitio. Bernardo no pudo evitar situarse
debajo y mirar disimuladamente hacia arriba para ver si llevaba o no tanga.
Disipó las dudas, la joven no llevaba nada debajo. Podía ver perfectamente desde
abajo la hermosa rajita de una vulva totalmente rasurada. Sin embargo, enseguida
se puso rojo de vergüenza, pues la muchacha al mirar hacia abajo le había
pillado.
Sandra
: ¡Pero que mira!
Vicente
: ¡Perdone señorita!...es que estaba mirando
hacia arriba para ver si se sujetaba bien, y cogerla en caso de que se cayera…
Sandra
: Claro, claro…y voy yo y me lo creo. Cuando
le diga al amo que ha contratado a un viejo verde mirón a ver lo que dice…
Vicente
: Le ruego que no le diga nada. De todas
formas el señor ya me advirtió que podía encontrarme con alguna de ustedes dos
medio desnudas por la casa. Me dijo que mirar no era un delito, siempre
que…bueno, pues que el asunto no vaya a más...
Sandra
: Vaya, vaya. Ósea que Bernardo le dijo eso
eh?. Y a que se refiere con que el asunto no vaya a más?.
Vicente estaba rojo como un tomate, fruto de la vergüenza.
Vicente
: Pues…Me comentó que una cosa era mirar y
otra toquetear y demás. Me prohibió lo último, a no ser que fuera por iniciativa
vuestra. Me dijo que como usted o Katerina se quejen de que las ando toqueteando
o incomodando, me ponía de patitas en la calle. De todas formas señorita, estese
tranquila conmigo, jamás me propasaría con ustedes. Yo he venido a hacer mi
trabajo y nada más.
Sandra
: Está bien. Le creo.
Sandra bajó con cuidado por la escalera, intentaba disimular una picara
sonrisa. Sin duda la llegada de aquel viejo mirón animaría la casa. Iba a ser
muy divertido insinuarse delante de él y ponerle a mil, sabiendo que no podía
tocar lo más mínimo.
En ese instante en la habitación de arriba, Ben había terminado de lamer y
succionar los bonitos pechos de Katerina y había empezado a frotar el ancho
cabezón de su gigantesco miembro sobre los hinchados pezones rosados. La
preciosa joven no despegaba sus ojos de aquel monstruoso miembro lleno de
bultos. Rezaba para que aquella vejación no fuera a más y que al enano no se le
ocurriese culminar lo que estaba empezando.
Big Ben
: Inclínate un poco preciosa, que quiero que
lames y chupes a mi campeón.
Katerina por un instante no accedió, pero vio de reojo la mirada enfurecida
de Bernardo y al final supo que tendría que lamer aquel gordísimo y feo trozo de
carne. Al principio empezó masturbándole de arriba abajo con la mano. La joven
estaba impresionada, pensaba que jamás iba a encontrar una polla tan grande y
dura como la oscura verga de su amo, pero su mano quedaba lejos de abarcar la
circunferencia de aquella monstruosidad. Era algo más corta que la de su amo,
pero sin duda bastante más gruesa, más incluso que su antebrazo. Por un instante
se quedó pensando como un ser tan pequeño podía tener semejante desproporción en
su cuerpo.
Tras unos instantes, Katerina retiró su mano y empezó a lamer las paredes del
tallo de aquel pene. Era extraña la sensación de pasar la lengua sobre aquellas
bolas de carne, alguna de las cuales parecía moverse un poco debajo de la piel
según las rozaba. Se preguntó lo doloroso que tuvo que ser incrustarse aquello
debajo de la piel. Luego decidió lamer el enorme glande rosado, que estaba duro
como una piedra. Abrió la boca al máximo para poder metérselo. Al final lo
consiguió, pero el enorme cabezón le llenaba toda la boca, así que no pudo
tragarse ni un centímetro más. Decidió masturbarle de arriba abajo con ambas
manos mientras que con la boca succionaba y lamia el gigantesco glande.
Mientras tanto, desde el Sillón en el que estaba sentado, Bernardo se estaba
poniendo a cien con el espectáculo que estaba presenciando. Se había abierto la
bragueta y sacado su enorme polla negra, y se estaba empezando a masturbar
lentamente.
Tras unos minutos, las manos de Katerina incrementaron la velocidad de
subidas y bajadas…hasta que Ben, agarrándola de la cabeza, la separó.
Big Ben
: Ufff…que gusto. Vaya, vaya. Bernardo, has
entrenado bien a tu putita rubia eh?.
Bernardo sonreía sin dejar de tocarse.
Big Ben
: Muy bien rubita, ahora túmbate boca arriba
en el borde de la cama, dobla las rodillas y separa esas largas piernas, que te
voy a comer y lamer ese precioso coñito hasta que no puedas mas…
A katerina no le quedó más remedio que obedecer. Hizo lo que le ordenó. Se
tumbó en un lateral del colchón y separó sus piernas que aun llevaban puestas
las altas botas blancas.
La lengua del enano pasaba una y otra vez lentamente a lo largo de su rajita,
deteniéndose de vez en cuando en su clítoris y allí moviéndose en pequeños
círculos. Desde su posición Katerina solo podía ver los dos grandes paletos de
la boca abierta del enano y a veces como su lengua se escondía y reaparecía
entre los dos abultados montículos rasurados de su pochita. Tras unos instantes,
Ben comenzó a lamer con más rapidez, mientras metía varios de sus pequeños dedos
y los movía dentro de la vagina.
A pesar de que a Katerina el físico de ese enano le repugnaba, su pocha no
entendía de esas cosas, y poco a poco iba enrojeciéndose fruto del placer al que
la estaban sometiendo. De repente Katerina empezó a sentir como el enano estaba
poco a poco introduciendo su pequeña mano y muñeca dentro de ella, mientras
seguía lamiéndola. Muy a su pesar, gimió de placer al sentir como la pequeña
mano cerrada de Ben se abría paso dentro de ella. Al ser tan pequeña, Katerina
lo sentía como si fuera un pene algo más grueso de lo normal. Súbitamente y sin
previo aviso, el enano empezó a mover rápidamente su mano desde dentro y por
fuera su lengua con una furiosa intensidad. Katerina ya no pudo controlar ni
evitar que por su boca salieran gemidos y jadeos. Como siguiera así, no le iba a
faltar mucho para correrse…Sin embargo, como adivinando sus pensamientos, el
enano paró. Fue en busca de un pequeño taburete que había en la habitación, lo
apoyó al borde de la cama y se subió en el. De esa manera su miembro quedaba a
la altura de la vulva de la preciosa chica, que seguía tumbada en el borde con
las piernas separadas.
Big Ben
: Bueno, bueno. Eso como aperitivo no ha
estado mal eh putita?. No quiero que te corras todavía, no sin probar lo mejor
que tengo para ti.
Katerina de repente empezó a temblar de miedo, sabía perfectamente a que se
refería…pero hasta ahora no quiso ni pensar que podría ocurrir. Se dirigió
nuevamente a su amo a modo de súplica.
Katerina
: Por favor Bernardo, no dejes que me meta
"eso"…haré lo que quieras, pero no lo permitas, te lo ruego…
Bernardo la contestó mientras sentado, seguía moviendo su mano de arriba
abajo sobre su gigantesca polla negra, que parecía que iba a reventar…
Bernardo: Yo no soy la persona a la que tienes que suplicar. Te recuerdo
que firmaste un contrato en el que accedías a conceder todos los caprichos a
Ben…
Katerina
: Si! pero yo creía que era un
perro!...además, todos los contratos se pueden romper, no?
Bernardo: Así es, pero si rompes ese contrato yo me enfadaría tanto que
te pondría de patitas en la calle, y creo que eso no te gustaría verdad?.
Katerina respondía medio sollozando.
Katerina
: Snif, snif, claro que no…Esta bien…
A Ben esa situación parecía divertirle, durante esa breve conversación se
estaba acariciando su monstruoso apéndice.
Big Ben
: No te lamentes tanto, si al final ya verás
cómo te sientes afortunada. Pocas chicas tienen el placer de disfrutar algo como
lo que tengo entre las piernas, ji jiji. Además creo que cuando esa bonita y
abultadita pocha que tienes y mi gran campeón se junten, no van a querer
separarse nunca. Ya lo verás, jijiji.
Ben empezó lentamente a restregar el enorme cabezón de su pene entre los
gruesos labios de la intimidad de Katerina, sin apenas introducir nada.
Katerina
: Por favor…snif…te lo suplico…es
gordísima…no me hagas daño…métemela con cuidado…
Ben cogió un frasquito de líquido espeso y transparente, que parecía un
lubricante, y tras esparcirse un poco a lo largo de su descomunal pene, hizo lo
mismo en la entrada del sexo de Katerina. Aunque se dio cuenta que después de lo
que había ocurrido minutos antes ya estaba más que lubricada. Tras lo cual
empezó lentamente a introducir el gigantesco glande.
Los labios de la pochita de Katerina, se abrieron al máximo para permitir la
entrada del enorme inquilino.
Katerina
: Ay!...Au! Au! Au!...duele…
Katerina, sintió dolor cuando al final el enorme cabezón se abrió paso y
entró dentro. Sus labios se cerraron instintivamente en torno a él. Menos mal
que estaba acostumbrada al gran pene negro de su amo, que si no imaginó que
hubiera sentido aun más daño. Una vez que el glande ya estaba dentro, Ben poco a
poco iba introduciendo el gordísimo tallo lleno de aquellas extrañas bolas bajo
la piel. Katerina sentía perfectamente entre sus labios cuando alguna de esas
bolas de carne se iba introduciendo. No podía explicarlo pero era una sensación
extraña, dolorosa pero placentera a la vez.
Ben estaba más excitado que nunca. A lo largo de su vida y en sus
espectáculos se había follado a chicas muy guapas, pero aquella era la muchacha
más hermosa y con el cuerpo más excitante que había visto nunca. Estaba
disfrutando cada segundo, cada instante. Notaba como el sexo de la joven
apretaba con fuerza su miembro mientras lo introducía. Una vez que había metido
buena parte, ya que todo era imposible, decidió empezar con lentos movimientos
de entrada y salida.
Katerina pasó del dolor inicial a un extraño placer que iba en progresión.
Sus quejidos de dolor poco a poco se fueron transformando en gemidos de gusto.
Su pobre pochita afeitada engordaba y palpitaba fruto del enorme y nuevo placer
con el que estaba siendo castigada.
Big Ben
: Siiii…., me encanta sentir esos labios
hinchados que tiene tu precioso chochito apretándome con fuerza…Noto como vibra
de gusto alrededor de mi polla…Nunca había probado una polla tan gorda eh?,
…jijiji.
Tras unos minutos en las que las penetraciones eran lentas y delicadas, el
pervertido enano empezó a moverse cada vez más rápida y profundamente. Katerina,
aunque lo intentaba, ya no podía contener sus gemidos. Su pochita se deshacía de
gusto cada vez que aquellos bultos del pene de Ben le rozaban una y otra vez, y
cada vez más rápido.
Katerina:
Oooh! Oooh! Oooohh!...
Zvrácený
trpaslík... Tebe délat mne mnohem rozkoš dovnitř
můj nešťastný
kunda !.. .s tvůj
ošklivý
a
tlustý
pták!….Ooooh můj
Kunda!......Oooooooh!!!........ (Oooh! Oooh! Oooohh!...
Enano cabron!...Que inmenso gusto me das en mi pobre
pocha!...con tu polla gorda y fea!….Ooooh mi chocho….Ooooooh!!!).
Big Ben
: Vaya Bernardo, tenías razón. Cuando la
conejita checa se pone a mil empieza a decir cosas en su lengua materna…Que
buena estas zorrita. Ahora verás!…
Bernardo asentía con la cabeza, con su mano derecha había aumentado el ritmo
de su masturbación. Se estaba haciendo una de las mejores pajas de su vida.
De repente el enano empezó a moverse más rápidamente, Katerina ya apenas
aguantaba tanto placer, un calor y un cosquilleo insoportable estaba
concentrándose en su sufrida rajita. Con una reacción instintiva y para evitar
esa sensación que le invadía, se incorporó un poco e intentó con su mano derecha
desligar el enorme trozo de carne que la taladraba. Ben se lo impidió con un
manotazo. Bernardo se incorporó de su sillón al ver que nuevamente Katerina
intentaba sacarse el miembro de Ben. Se puso de rodillas en el otro extremo de
la cama y con sus grandes manos negras sujetó los brazos de su criada para
evitar que nuevamente estorbase la penetración del enano.
Ben notaba como las paredes de la pocha de la joven palpitaban de gusto
entorno a su polla. Katerina llevaba un tiempo segregando un líquido espeso y
blanquecino que había teñido todo su miembro. Los gemidos de hace unos minutos
ahora eran una mezcla de gritos y sollozos de placer. Era el momento que Ben
estaba buscando, había llevado la situación hasta donde quería. Con un pequeño
brinco sobre el taburete en el que estaba subido, que con las últimas acometidas
se meneaba peligrosamente, el enano se tumbó sobre Katerina adoptando la
posición del misionero. Frunció el ceño y con cara de genio empezó a penetrar a
la chica violentamente, con penetraciones profundas y rápidas. Bernardo ya le
había visto hacer eso con la mulata del local, a nadie le había visto dar
envestidas tan rápidas y profundas a la vez. Desde su posición veía como aquella
gordísima polla llena de protuberancias aparecía y desaparecía rápidamente entre
los dos prominentes montículos del sexo de su criada. Incorporándose un poco
también podía ver el pequeño culo de Ben moviéndose como una ametralladora.
Decidió soltar los brazos de Katerina, pues era tal el estado de enajenación que
tenía en esos momentos, que no iba a impedirle a Ben nada. Así él podría
continuar masturbándose mientras contemplaba todo.
Katerina no paraba de gritar de placer, sentía en su vagina como aquel
gigantesco pene lleno de bultos la penetraba profunda y violentamente. Era como
si un gran matojo de hileras de pequeñas bolas chinas entraran y salieran
rápidamente de su chochito. La pobre movía su cabeza de izquierda a derecha,
sacudiendo su melena rubia. Sus bonitos pechos se movían rapidísimamente al son
del diabólico ritmo. Aquella mezcla de calor, escozor y placer en su sexo, se
había intensificado hasta tal punto que Katerina perdió conciencia de sí misma,
de donde estaba, de quien era. Sólo existía placer, el placer concentrado en una
parte concreta de su cuerpo. Hasta que de repente su chochito ya no pudo
aguantar más, se corrió con unas violentas convulsiones entorno a aquella
diabólica polla, que le recorrió todo el cuerpo. Su rajita apretaba a su
gigantesco inquilino mientras no dejaba de segregar aquellos espesos fluidos que
resbalaban manchando la cama.
Ben hasta ahora callado, empezó a gemir con aquella estridente voz. Aquella
chica le estaba dando tanto placer como ninguna otra. Sentía como la vagina de
Katrina le apretaba rítmicamente con fuerza mientras la muchacha se corría.
Sudando bastante y en lugar de pararse, siguió moviéndose. Poniendo cara de
furia, se movió tan rápido como pudo, como jamás en su vida. Siguió así durante
unos segundos. Estaba aguantando como podía no correrse aun, prolongar aquel
inmenso placer . Pero era inútil, Ben ya había pospuesto su momento durante
mucho rato y sintió como el intenso y placentero escozor previo a su eyaculación
le invadía salvajemente. Se corrió violentamente dentro de la hermosa joven, su
polla no dejaba de moverse en fuertes espasmos mientras se vaciaba dentro de
ella.
En ese instante y mientras Ben eyaculaba, la pobre pochita de Katerina, que
cuando Ben empezó a follarla más rápido que nunca aun no se había recuperado de
las ultimas convulsiones, empezó a experimentar el mayor placer que hasta
entonces había sentido. Ni siquiera cuando la penetraba la polla negra de
Bernardo. Y entonces sucedió. El primer orgasmo que aun no había finalizado se
unió a otro que venía con mucha más fuerza. El éxtasis, su mayor orgasmo hasta
la fecha. Katerina gritaba y gemía como loca, mientras su chochito se debatía en
unas fuertes contracciones involuntarias que sacudían todo su cuerpo. Solo
existía su sexo, no había nada más, únicamente el placer insoportable que
aquella espantosa polla le había proporcionado a su pochita…y que le llevaba al
borde del desmayo.
Bernardo jamás había visto a su criada gritar de placer de esa manera. Estaba
tan excitado que moviendo rápidamente su mano en torno a su larguísima polla
negra, se corrió cuantiosa y violentamente en la cara de su criada, que no
paraba de gemir y que prácticamente no se había dado ni cuenta de los chorros de
semen que caían sobre su cara, pelo y cuello.
Tras unos minutos, Bernardo abandonó la habitación de Katerina, dejando a Ben
y a su criada aun tendidos en la cama. Miró hacia atrás por última vez antes de
cerrar la puerta. Ben seguía tendido sobre Katerina, apoyando su cabeza sobre
sus pechos. Todavía respiraba con dificultad y aun no había desligado su
miembro. Por su parte Katerina seguía con las piernas abiertas, sujetando a Ben
entre ellas, aun no se había recuperado tampoco. Tenía la mirada ida, y la cara
desencajada por el placer. Bernardo cerró la puerta tras de sí. Estaba contento,
Ben había sido un buen fichaje. Distraería y paliaría la libido de Katerina en
su ausencia. Se dirigió a su dormitorio, mañana empezaba las clases y quería
dormir bien.
Media hora antes en el piso de abajo, Sandra le estaba terminando de enseñar
a Vicente toda la primera planta. Desde abajo ambos, de vez en cuando,
escuchaban los altos gemidos de Katerina que provenían de arriba.
Vicente
: Que pasa ahí arriba?. Parece un matadero!.
No le estará pasando nada a tu compañera, no?
Sandra
: No te preocupes, ya te acostumbrarás a ese
tipo de gritos en esta casa. No le pasará nada, estará…digamos que estará
"jugando" un poco con Bernardo. Seguro que están celebrando a su manera su
cumpleaños. Yo espero que cuando llegue el mío ocurra lo mismo.
Vicente
: Entiendo, tiene suerte el amo…
Tras unos minutos en los que Sandra finalizaba el recorrido y las
explicaciones a Vicente. A la hermosa chica le pareció oír unos estridentes
gemidos de una tercera persona que no era Bernardo. Se extrañó un poco y decidió
que al finalizar con Vicente y antes de acostarse, se pasaría por curiosidad por
la habitación de Katerina.
Ya habían cesado los violentos gemidos de Katrina, cuando Sandra se disponía
a subir las escaleras con el viejo kiosquero para enseñarle cual iba a ser su
dormitorio.
Sandra
: Ahora voy a enseñarle cual va a ser su
dormitorio y le voy a dejar allí dentro para que se acomode y duerma. También le
enseñaré cual va a ser su baño. En el resto de habitaciones me ha dicho el amo
que tiene prohibido entrar, así que me limitaré a decirle de quien son cada una
pero nada más.
Vicente
: De acuerdo, subamos entonces. Después de
usted.
Sandra sabía perfectamente que mientras subía las escaleras, el anciano le
estaba mirando el culo sin disimulo. Así que decidió inclinarse un poco más de
lo habitual mientras subía, para que el vestido cortísimo y ceñidísimo que
llevaba se subiera un poco y pudiera verle nuevamente su intimidad desde atrás.
Subía lentamente aposta, moviendo ampliamente las caderas y sacudiendo su oscura
melena ondulada. Vicente abría los ojos como hipnotizados mientras subía las
escaleras detrás de la preciosa muchacha.
Sandra
: Bueno, esa que ve al fondo del pasillo es
la habitación del amo Bernardo, como ve solo hay tres puertas a ambos lados. A
pesar de que la planta de abajo es enorme, la de arriba ya ve que no es muy
grande. Las tres puertas del pasillo de la derecha son dormitorios. Por orden la
primera es la habitación de Katrina, la segunda es la mía y la tercera al lado
de la del amo es la que será la suya.
Vicente
: Vaya, veo que usted y yo vamos a estar en
habitaciones contiguas.
Sandra
:-Así es, no deja de ser una anécdota. No se
haga ilusiones. Como le decía hay otras tres puertas a la izquierda del pasillo.
La primera es una sala de DVD y cine, la segunda una sala de ordenador y música,
y la tercera un pequeño baño que será el suyo y que está enfrente de su
dormitorio. Todas las demás habitaciones tienen un pequeño baño incorporado.
Tras orientar a Vicente. Sandra le acompaño a la entrada de su dormitorio,
después de lo cual ambos se despidieron educadamente.
A Sandra le quemaba la curiosidad. Así que antes de dirigirse a su dormitorio
a dormir, ya que esa noche Bernardo le comentó que quería empezar descansado la
facultad e iba a prescindir de sus servicios., puso la oreja en la puerta del
dormitorio de Katerina. No se oía nada, así que con mucho cuidado y sin hacer
ruido la abrió poco a poco. No daba crédito a lo que estaba viendo. Sobre la
cama dormía plácidamente su rubia compañera, que salvo por sus altas botas
estaba completamente desnuda. Pero eso no era lo que le dejó alucinada. Aferraba
algo pequeño que también estaba desnudo y no era precisamente un peluche. Entre
sus brazos dormía un feo enano calvo y narizudo con una monstruosa polla llena
de bultos. Decidió pestañear para ver si había visto bien. Pero no, sus ojos no
la engañaban. De repente supo de quien provenía esa voz estridente y un tanto
desagradable, y cuál había sido el regalo de Katerina. Cerró la puerta mientras
ambos seguían durmiendo abrazados, tras lo cual se dirigió a su dormitorio
pensativa y extrañada.
Capítulo IV
Bernardo se levantó muy temprano. Se vistió, se duchó y bajó al comedor a
desayunar. Sandra para entonces ya estaba terminando de prepararle un cuantioso
desayuno a base de huevos, bacon , tostadas y leche, mientras que Vicente que
también había madrugado en su primer día de trabajo le servía zumo en la mesa.
Mientras desayunaba rápidamente, Sandra salió de la cocina y se dirigió a su
amo…
Sandra
: Anoche al dirigirme a mi dormitorio, vi que
la puerta del de Katerina estaba entreabierta, al acercarme a cerrarla miré en
el interior…y…
Bernardo: Sigue…
Sandra
: Vi a Katerina abrazada a un enano muy feo
con una…
Sandra no pudo acabar la frase, Bernardo la sonreía…
Bernardo: Lo sé. Se llama Ben y va a vivir en esta casa hasta que quiera
marcharse. Es el regalo de cumpleaños de Katerina. Está ligado plenamente a ella
y ella a él. Tiene órdenes de no molestaros ni a ti ni a Vicente. Así que estate
tranquila. Veo que ninguno de los dos ha bajado, seguramente seguirán durmiendo
y descansando después de lo de anoche…jejeje. Creo que los dos se van a llevar
muy bien... Cuando Ben baje saludarle respetuosamente y haced que se sienta en
su casa. Creo que no me va a dar tiempo a presentároslo antes de que me vaya.
Sandra
: Cual va a ser su habitación?. Ya no quedan
dormitorios libres arriba.
Bernardo: De momento dormirá con Katerina. Luego ya veremos si es
necesario adecentar otra habitación o no.
Bernardo acababa de entrar en la clase en la que estudiaría primero de
medicina. Los alumnos en un principio pensaron que era un nuevo profesor, al
encontrarse cara a cara con un señor de mediana edad grande y negro. Pero se
quedaron extrañados mirándole mientras se dirigía a un asiento en el fondo de la
clase que quedaba libre. A Bernardo esa situación le incomodó un poco.
Tras unos minutos entró el verdadero profesor, un señor con gafas de unos 60
años, con el pelo muy canoso y bajito. Ya estaba en preaviso de la llegada del
nuevo alumno, así que presentó a Bernardo al resto de la clase. Poco después
comenzó con sus explicaciones.
El resto de alumnos ya llevaban varias semanas, así que como Bernardo no
entendía apenas nada, esa primera hora la dedicó a observar a sus compañeros
desde el fondo de la clase. Eran unos 20, chicos y chicas de unos 19 a 20 años
fundamentalmente, salvo algún repetidor que tendría uno o como mucho dos más. Se
fijó en sus compañeras femeninas. Muy a su pesar no había mucho nivel. Tanto
Katerina y Sandra destacarían en la clase como dos rosas entre espigas. Algunas
eran tirando a obesas, otras feas de cara, otras más bien delgadas, y la mayoría
un término medio. Sin embargo, de todas ellas solo le llamó la atención una
chica de los asientos delanteros. Era una pelirroja de larga melena rizada, ojos
verdes y una angelical cara llena de pecas. Le recordaba a otra muchacha, pero
no se podía acordar.
Durante la clase el profesor se dio cuenta de que Bernardo no seguía sus
explicaciones, así que tomó una decisión. Decidió poner en el asiento desocupado
que el nuevo alumno tenía al lado a uno de sus mejores alumnos.
Profesor: Sheila, ponte por favor al lado de Bernardo y ayúdale en lo que
puedas. Jon , ponte al lado de Cesar en el sitio que Sheila deja libre.
Bernardo no podía creer la suerte que tenía. Sheila no era ni más ni menos
que la atractiva pelirroja en la que se había fijado minutos antes. La muchacha
se levantó a regañadientes. El tal Cesar, que hasta hace unos instantes se
sentaba al lado de la joven, miraba a Bernardo con cara de odio por ser el
causante de la separación de su bella acompañante. Mientas se acercaba al
pupitre que compartiría con él, Bernardo se fijó mejor en Sheila ahora que
estaba levantada. Llevaba unos pantalones vaqueros de tiro bajo bastante prietos
que remarcaban una bonita figura y una blusa blanca de botones también bastante
ajustada. Los botones que estaban a la altura de sus senos los tenía muy tensos,
sin duda la chica tenía más pecho que la media. Al sentarse a su lado, pudo
confirmar eso último, a la par que observó lo bonita que era de cara, con
aquellos ojos grandes y verdes, y aquella cara pecosa que transmitía inocencia.
Tras saludarse, continuaron las 5 horas de clase, con un leve descanso en el
que Bernardo aprovecho a comer algo en la cafetería. Al finalizar, y mientras
Bernardo salía del edificio, se fijó que su pelirroja compañera de clase estaba
hablando con otra chica que le había ido a buscar. Al igual que ella era
pelirroja y muy parecida, posiblemente su hermana. Si bien Sheila parecía algo
mas alta y curvosa que su acompañante. Al pasar cerca de ellas y despedirse de
su compañera de pupitre con un ademan, la otra chica se quedó mirándole
fijamente mientras se alejaba. De repente vio a lo lejos como esa chica le
señalaba con el dedo mientras le hablaba a Sheila al oído. Bernardo se fijó en
ella un poco mejor, hasta que de repente cayó en la cuenta y supo a quien le
recordaba Sheila. Aquella chica se llamaba Consuelo y hace más de medio año se
presentó junto con otras atractivas jóvenes en su casa buscando trabajo de
criada. Un miedo repentino recorrió los huesos de Bernardo, recordando aquel
proceso de selección en el que al final se quedó con Katrina y Sandra. Ahora
todo lo ocurrido se lo estaría contando al oído a su hermana. ¿Qué pasaría una
vez que Sheila se enterase de sus prácticas?, ¿Se lo contaría a más gente?,
¿Tendría que salir del instituto ahora que ni siquiera había empezado?".
Bernardo se preguntaba esas cuestiones mientras se alejaba de allí lo más rápido
que podía.
¿Qué pasará en la casa con Katrina y Ben mientras Bernardo asiste a la
facultad?, ¿Seguirá Sandra poniendo a cien al pobre Vicente? ¿Qué pasará entre
los cuatro en ausencia del amo?. Por otra parte…tendrá que dejar la universidad
Bernardo ahora que la pelirroja Sheila sabe lo que le ha contado su
hermana?...Eso es otra historia…
FIN