Follando con el novio de mi nieta
Recordando mis aventuras sexuales a lo largo de mi extensa
existencia me ha venido a la cabeza una agradable experiencia que me ocurrió
hace ya unos cuantos años cuando tenía 58 años. Quedé viuda siendo muy joven, mi
pobre marido me dejó con 35 años y con tres niños a los que cuidar. Ahora ya
tengo 66 y los primeros achaques ya se empiezan a sentir ya que hasta ahora me
había mantenido en buena forma. Por aquel entonces mi nieta más querida estaba
saliendo con un muchacho un poco más mayor que ella.
Recordando mis aventuras sexuales a lo largo de mi extensa
existencia me ha venido a la cabeza una agradable experiencia que me ocurrió
hace ya unos cuantos años cuando tenía 58 años. Quedé viuda siendo muy joven, mi
pobre marido me dejó con 35 años y con tres niños a los que cuidar. Ahora ya
tengo 66 y los primeros achaques ya se empiezan a sentir ya que hasta ahora me
había mantenido en buena forma. Por aquel entonces mi nieta más querida estaba
saliendo con un muchacho un poco más mayor que ella.
Mi nieta se llama Belén y por aquel entonces tendría unos 19
años mientras que el chico le llevaría unos tres años. La verdad es que era un
muy buen mozo, guapo, de buen cuerpo y muy atento con las mujeres como podréis
ver si seguís leyendo mi relato. Ambos estudiaban en el mismo instituto aunque
Belén estaba dos cursos más abajo. No llevarían festejando más de cuatro meses
así que aún no se habían presentado a las respectivas familias. Como se dice
ahora "sólo eran amigos" aunque imagino que con derecho a roce pues ahora los
jóvenes no son tan ingenuos ni mojigatos como lo éramos en mi época.
En aquellos años se tardaba mucho más que ahora en acostarse
con el novio de una, había que llegar virgen al matrimonio. ¡Qué solemne
tontería! Así pues, no follé con mi difunto esposo hasta el día de nuestra boda
y la verdad es que no fue una experiencia de la que guarde un grato recuerdo. Me
folló con rapidez, prácticamente no me enteré de nada. Cuando quise darme cuenta
ya lo tenía montado sobre mí moviéndose como si quisiera ganar el premio gordo
de la lotería. En pocos segundos se había corrido en mi interior y yo aún estaba
más seca que un campo maltratado por la sequía.
Aquellos eran años en que la libertad sexual estaba bastante
reprimida. Lo máximo a lo que aspirábamos era a unos besos apasionados, unos
toqueteos a escondidas acabando con una terrible excitación por parte de ambos.
Al volver a casa había que correr al baño para masturbarse y poder así calmar
nuestros jóvenes cuerpos.
Pero basta ya de recuerdos tontos, creo que es hora de pasar
a contaros la historia que me ocurrió una tarde en la que volvía a casa después
de haber ido a hacer unas compras por el centro de la ciudad. Como os decía, un
día a última hora de la tarde cogí el metro camino de mi casa. Monté en una de
las paradas de mayor afluencia con lo cual el vagón iba bastante lleno de gente.
Es terrible pensar cómo, con las prisas de la gran ciudad, somos capaces de
meternos bien apretujados como si fuera una lata de sardinas antes que esperar
al siguiente tren.
El caso es que fuimos entrando y en segundos me encontré
apretada por todos los lados. Por suerte pude agarrarme a una de las barras que
estaba situada justo a mi derecha. Noté con fastidio como un joven muchacho
quedó pegado justo detrás de mí. Me resultó totalmente imposible rehuir el roce
con su cuerpo. Al ponerse el tren en marcha me relajé un poco gracias al
traqueteo del vagón.
Estuve a punto de gritar al notar algo duro posado sobre mis
enormes y redondas nalgas. ¡Pero que se había creído aquel muchachito! No sé si
era intencionado o no pero sentí un apreciable bulto pegado a mi trasero. Pensé
durante unos segundos si bajarme en la siguiente parada sin decir nada. Tampoco
quería montar un escándalo, quizás el muchacho no podía evitar aquel contacto
con tanta gente como había en el vagón.
Miré hacia atrás y pude ver cómo parecía querer disculparse
ante la presión que ejercía sobre mí. Acepté sus disculpas y volví a darle la
espalda mientras miraba por la ventanilla.
Gracias al movimiento del vagón pude distinguir cómo aquella
polla semierecta quedaba bien situada entre mis nalgas. Aquel roce hizo que me
pusiera altamente nerviosa. Llevaba meses que no me follaban y aquello realmente
me estaba gustando. Pensé que una mujer como yo no podía dejar pasar aquella
oportunidad de restregarme con un jovenzuelo como aquel.
Calculé que tendría unos veinte años, no creo que tuviera más
y la verdad es que estaba bastante bien formado para su edad. Era un poco más
alto que yo y bastante recio de cuerpo. Parecía bastante bien armado según pude
apreciar. Aquel miembro aparentemente dormido pareció despertar sobre mi
trasero. Me sentí terriblemente orgullosa de poder conseguir que un joven como
ese se excitara con mi maduro cuerpo.
Mi voluminoso cuerpo de anchas caderas aún resultaba
apetecible para mi compañero de viaje. Aquel cuerpo masculino desprendía una
fresca fragancia que me envolvió por completo. ¡Qué sea lo que Dios quiera!
–pensé entornando levemente los ojos. A mi edad ya no disfrutaba de muchas
oportunidades como esa. ¿Por qué no aprovechar una oportunidad como aquella que
se me ofrecía de forma inesperada? De ese modo, en vez de evitar el contacto me
pegué bien contra él permitiendo que se acomodara sin mayores dificultades
haciéndome sentir una dura barra de acero la cual iba aumentando de dimensiones
a cada instante que pasaba.
El suave balanceo de nuestros cuerpos hizo que el instrumento
del muchacho abultara de forma considerable por debajo de sus desgastados
tejanos. Aprovechó para, de manera disimulada, presionar ligeramente contra mi
enorme trasero. Dicho contacto me gustó horrores y yo también empecé a moverme
de forma nada evidente. El joven estuvo restregándose discretamente sobre mí
hasta que llegamos a la siguiente parada. Era una de las principales paradas así
que bajó pero también subió mucha gente. Me coloqué de espaldas a la pared y el
chico quedó justo enfrente mío aprisionándome por completo con su poderosa
humanidad.
Me fijé de forma más detenida en aquel apuesto muchacho.
Tenía el pelo moreno, bastante largo y rizado. Llevaba unas gafas de diseño
moderno que le hacían parecer más joven de la edad que yo le suponía. Una barba
de tres días que le daban un aspecto descuidado pero realmente interesante.
¡Vamos, que aquel veinteañero estaba para hacerle más de un favor! Le miré
directamente a los ojos y sonriéndole con la mejor de mis sonrisas le dije en
voz baja:
Me agobia cuando se junta tanta gente, no logro habituarme a
esta masificación.
La verdad es que sí que resulta agobiante. Todas las
tardes que vuelvo de estudiar pasa lo mismo –me contestó adquiriendo
confianza conmigo.
Así pues nos encontrábamos frente a frente apretados por el
resto del pasaje. Pese a los tacones que llevaba aquella tarde, yo era un
poquito más baja que él. Aquella tarde me había ataviado con un vestido
estampado de colores azulados y encima una cazadora de piel de color negro. El
vestido tenía un gran escote en pico y, gracias a la cercanía y a su mayor
altura, pude darme cuenta que el chico no perdía detalle del canalillo que le
ofrecía.
Fijó la vista de forma descarada sobre mi espléndido y
monumental par de senos. Recreó un buen rato la vista sin mostrar el menor
interés por retirarla de ellos. Debido al movimiento del tren quedó totalmente
pegado contra mí, estábamos pecho contra pecho. Empecé a notar su respiración
acelerada a través de la tela del jersey que llevaba. Yo también estaba
empezando a ponerme nerviosa notando la presión de aquel juvenil cuerpo. Sentí
sus poderosos muslos contra los míos, su pubis rozándose sobre el mío.
Me estaba comenzando a fallar la respiración, las piernas se
negaban a sostenerme en pie. Tuve que agarrarme a él cogiéndole fuertemente del
brazo. Su miembro se apretó contra mi muslo y no pude más que morderme el labio
para no gritar y de ese modo poder ser descubiertos. De pronto, el tren dio un
brusco frenazo y nuestros cuerpos se desplazaron sin poderlo evitar. No tenía
donde agarrarme así que el muchacho de forma inconsciente me cogió firmemente de
las caderas mientras yo me enganché con fuerza a sus brazos.
¡Menudo frenazo! –exclamé de forma nerviosa.
¿Se encuentra bien, señora? –me dijo interesándose
amablemente por mi estado.
Sí, muchas gracias. Sólo ha sido un pequeño susto.
Perdona que me haya cogido a ti pero creí que me caía –le susurré junto
al oído pegándome aún más contra él.
¡Oh, no se preocupe señora! No es ninguna molestia,
faltaría más. La verdad es que estos vagones no tienen muchas barras
donde agarrarse uno.
¡Otra barra te agarraría yo! –pensé fugazmente
mientras le agradecía su interés.
Al fin el tren volvió a reanudar la marcha. Quedaban apenas
dos paradas para llegar a mi destino así que no me lo pensé dos veces y ahora
fui yo quien se pegó como una lapa a él. No rehuyó mi contacto y aprecié con
gran placer cómo se meneaba ligeramente haciéndome sentir su terrible aparato.
Aquel jovencito me estaba poniendo como una moto, notaba la entrepierna húmeda
gracias al tratamiento que me estaba dando. Empecé a rotar ligeramente mi pelvis
sobre su pubis, quería hacerle correr, que se llevara un buen recuerdo mío.
Le clavé la mirada en sus bonitos ojos y pude notar el
caliente aliento del muchacho sobre mi cara. Le seguí masturbando de manera
discreta cada vez a más velocidad hasta que sentí una leve humedad entre mis
piernas. ¡Aquel jovencito se había corrido! ¡Le había hecho explotar entre mis
piernas! Me sentía orgullosa de mí misma. ¡Aún era capaz de hacer disfrutar a un
muchacho tan agraciado como aquel!
Dime muchacho, ¿Cuál es tu nombre? –le pregunté
mientras le veía recuperarse
del orgasmo alcanzado.
Me llamo Néstor, señora –respondió con voz
entrecortada.
¡Encantada de haberte conocido, Néstor! Mi nombre es
Mariola. Por favor, no me llames de usted, me haces sentir mayor.
De acuerdo, Mariola. ¿Así mejor? –me interrogó
recuperando el dominio sobre sí mismo.
Sí, así está mucho mejor. Bien, siento dejarte pero
debo bajarme en la siguiente estación. Fue un placer el conocerte –le
comenté al tiempo que alzándome de puntillas le daba un beso en la
mejilla despidiéndome de él.
Me cogió con fuerza del brazo antes de separarme de él y
envolviéndome con su seductora mirada me dijo:
Mariola, yo me bajo en la siguiente parada así que
somos del mismo barrio. ¿Te gustaría que nos volviéramos a ver?
¿Quién sabe? Tal vez volvamos a vernos –le dije
guiñándole un ojo mientras descendía del atestado vagón sin apartar la
vista de él.
Me quedé unos segundos en el andén sin abandonar el contacto
visual con aquellos bonitos ojos hasta que el tren se puso finalmente en marcha
y desapareció en el interior del túnel. Me dirigí con rapidez a mi casa y nada
más llegar me metí al baño y empecé a masturbarme sin dejar de pensar en aquel
guapo muchacho hasta que me corrí gritando en la soledad del lavabo.
Debo decir que aquel encuentro me resultó altamente
gratificante. Durante los primeros días no hice más que pensar en aquel
muchacho, imaginando cómo sería ser amada por un chico joven como él. Algún día
volví a coger el metro deseando encontrarme con Néstor. ¡Aún recordaba su
nombre! El tan anhelado encuentro no se produjo y con el paso de los días aquel
agradable recuerdo fue desapareciendo de mi cabeza.
Un mes más tarde mi nieta mientras cenábamos les dijo a sus
padres que quería presentarles al chico con el que estaba saliendo. Mi hija y mi
yerno sabían que Belén llevaba unos meses saliendo con un chico pero no habían
sacado el tema a colación para no presionarla. Siempre es un tema difícil de
tratar, tanto para los padres como para los hijos. Para los primeros porque
piensan que pronto los hijos abandonarán el hogar paterno y para los segundos
por el miedo al primer encuentro.
Sus padres le comentaron que le invitara a cenar el siguiente
sábado y que después de cenar podían salir a tomar algo. Mi yerno le dijo muy
serio que a las dos la quería en casa. Belén, loca de contenta, se levantó a
darles un beso diciéndoles que les iba a gustar, que era un chico encantador y
muy atento con ella. Después vino hacia mí a darme otro beso antes de irse a
dormir.
Los días pasaron rápidamente y por fin llegó el día de la
presentación del novio de mi querida nieta. Belén nos dijo que su novio le había
invitado a su casa pues quería que la conocieran sus padres. Al parecer la cosa
iba viento en popa, parecía ser un chico serio y responsable. Belén nos dejó
después de comer pues al parecer habían quedado para ir al cine. Tras
maquillarse un poco y perfumarse se despidió diciendo que llegarían sobre las
9.30 pues mi hija es muy estricta en las horas de las comidas y no le gusta que
nadie se retrase. Así pues Belén salió disparada mostrándose risueña y feliz.
Ya eran las 9 y mi hija y mi yerno se mostraban sumamente
nerviosos por conocer al novio de la niña. Una cierta inquietud se notaba en el
ambiente. Traté de tranquilizarles para que no fueran demasiado exigentes con el
muchacho. Tampoco se trataba de asustarle el primer día. Les dejé en el salón
diciéndoles que iba a mi habitación a arreglarme antes de que vinieran.
Aún estaba en el baño cuando escuché las risas de mi querida
nieta y los saludos protocolarios dando la bienvenida al invitado.
¿Dónde está la abuela? –escuché que gritaba Belén preguntando
por mí.
Belén cariño, deja a la abuela tranquila que aún está
arreglándose. No creo que tarde en salir –oí como mi hija le decía
tratando de calmarla.
¿Pero qué estás haciendo, abuela? ¡Sal ya, que te
estamos esperando! –dijo Belén gritando desde el pasillo.
Ya voy, hija….ya voy. Un poco de paciencia –dije
mientras me daba los últimos retoques al cabello ante el espejo del
baño.
Salí al pasillo y me encontré con Belén la cual me agarró de
la mano haciéndome que la acompañara al salón. Se la veía muy exaltada, no todos
los días se presenta al novio a la familia.
Pero abuela, ¡mira que eres coqueta! –me decía mientras nos
dirigíamos al salón.
Entramos al salón y puedo jurar que me quedé de piedra. ¡El
novio de mi nieta Belén era Néstor! ¡Era el muchacho que había conocido en el
metro! ¡Pero qué pequeño es el mundo! –pensé. Seguramente era la última persona
en quien hubiera pensado como novio de mi nieta.
Mamá, eres incorregible. Siempre mirando de
impresionar a las visitas. –me dijo mi hija mientras colocaba los platos
en la mesa.
Hija, ya me conoces. Hay que causar buena impresión a
los invitados y más si es un muchacho tan guapo como el novio de mi
nieta preferida.
Me acerqué a Néstor y ambos tratamos de disimular. Se le veía
realmente azorado. Supongo que tampoco él imaginaba encontrarse conmigo y menos
que resultara ser la abuela de su novia. Sin embargo, Néstor supo adaptarse
rápidamente a la situación y con gran amabilidad se acercó a darme un cálido
beso en la mejilla.
Mariola, su nieta me ha hablado mucho de usted y
también de su hija –me dijo sin apartar los ojos de los míos.
Imagino que nada malo –contesté a sus palabras riendo con
ganas.
Pues claro abuela, no seas tonta –intervino Belén.
¿Qué quieres que le haya dicho?
No, nada. Ya imagino que nada. Belén, debo confesarte
que has tenido muy buen gusto. Tendrás que tener cuidado no vayan a
quitártelo –dije mientras le guiñaba el ojo al muchacho.
¡Pero abuela! ¡Qué va a pensar Néstor de ti! No me lo
vayas a asustar –dijo Belén soltando una sonora carcajada mientras todos
íbamos acomodándonos en la mesa para cenar.
Tranquilo Néstor que no muerdo. Es todo broma para
hacerle rabiar a mi nieta. Pareces un buen chico y todos estamos alegres
de que seáis felices. Ya verás que somos una familia muy normal.
Yo también espero hacer muy feliz a su hija, la
verdad es que nos queremos mucho –dijo muy seguro de sí mismo mirándonos
a mi hija y a mi yerno y después a mí.
Tras esta conversación todos fuimos tomando asiento alrededor
de la mesa. La cena estuvo realmente exquisita. Tampoco habíamos preparado nada
espectacular pero en una ocasión como esa siempre se prepara algo especial para
obsequiar la visita del invitado. De vez en cuando miraba a Néstor de forma
disimulada y cuando nuestras miradas se cruzaban le sonreía con la mejor de mis
sonrisas. Néstor estuvo muy atento durante toda la cena y nos dijo que todo
estaba exquisito y que éramos unas grandes cocineras. Mi hija y yo agradecimos
el cumplido del muchacho con gran satisfacción. En cuanto a Belén no paraba de
preocuparse por ella acercándole todo aquello que no alcanzaba.
Al acabar la cena nos dirigimos a los sofás a charlar y a ver
la tele un rato antes de que salieran un rato por ahí. Seguramente estarían
deseando estar a solas. Belén y su madre recogieron la mesa y se fueron a la
cocina a fregar los cacharros. Así pues me senté junto al muchacho mientras mi
yerno se sentaba enfrente nuestro. Estuvimos unos minutos los tres hablando de
temas intrascendentes . De pronto mi yerno se levantó y se fue a la cocina a
decirle algo a mi hija.
Al fin nos habíamos quedado solos. ¡Tenía tantas ganas! Al
principio Néstor parecía algo cohibido pero no tardó mucho en tranquilizarse.
Volví a sonreírle y nos miramos fijamente a los ojos. Aproveché para colocarme
bien el escote del vestido el cual era aún más acentuado que en el episodio del
metro. Entrecrucé las piernas exhibiéndolas hasta medio muslo. Néstor no perdió
detalle observando mis piernas de forma detenida.
¿Aún te acordabas de mí? –le pregunté en voz baja
para que no me pudieran oír desde la cocina. Supongo que no he cambiado
mucho aunque me he maquillado. La verdad es que quedé muy sorprendida de
ver que eras el novio de Belén. Eras la última persona en quien hubiera
pensado. Perdona, pero debo reconocer que ya me había olvidado de ti.
Cogí el metro varios días a ver si volvía a verte pero no hubo suerte
–le dije mientras me acercaba a la mesa y cogía la taza de café
descafeinado llevándola a mis labios.
Mariola, estás aún más guapa que la tarde que nos
vimos –me contestó igualmente en voz baja.
¿De veras me ves guapa? ¡Pero si soy mucho más mayor
que tú!
Ese vestido que te has puesto es muy sexy y te queda
realmente muy elegante –me dijo brillándole los ojos como la tarde en
que nos conocimos en el metro.
Belén y sus padres no tardaron en volver uniéndose a
nosotros. Belén pidió a su padre permiso para poder irse. Mi yerno le preguntó
dónde iban a ir.
Bien, habíamos pensado primero en ir al cine y
después un rato a bailar –respondió Néstor anticipándose a mi nieta.
De acuerdo jovencitos, me parece bien. Sólo les
pedimos que no vuelvan muy tarde. Dejo a mi hija en sus brazos, cuide
bien de ella –le pidió mi yerno mientras miraba a mi hija.
Al fin se despidieron de nosotros y acompañé a Néstor hasta
la puerta cogiéndole del brazo mientras mi nieta se quedaba atrás recogiendo
unas cosas que se había olvidado. Antes de que viniera Belén le dí un beso
acercando peligrosamente mis labios a los suyos.
Me gustaría verte a solas –le susurré al oído al
tiempo que llevaba mi mano hasta su juvenil muslo apretándolo con ganas.
Me separé con rapidez de él pues escuché que mi nieta se
acercaba. ¡Uffff, casi nos pilla! Belén se despidió de mí con dos sonoros besos
y me quedé apoyada en el marco de la puerta viéndoles subir al coche.
Aquella noche no pude dormir, no hacía más que dar vueltas en
la cama. Escuché llegar el coche y me asomé a la ventana. Ví a Néstor y a mi
nieta besándose de la forma más natural, al fin y al cabo eran novios. Se
besaban con auténtica pasión de enamorados mezclando sus lenguas. Aquella escena
me puso celosa. ¡Estaba celosa de mi propia nieta! En esos momentos me hubiera
gustado estar en su lugar, en brazos de aquel apuesto muchacho. Finalmente Belén
salió del coche y riendo se despidió de Néstor hasta que entró finalmente en
casa. Vi como las luces volvían a encenderse y como el coche desaparecía al
final de la calle.
Fueron pasando los días hasta que recibimos la llamada de la
hermana de mi yerno diciéndole que hacía tiempo que nos les veían y que les
esperaban el viernes sin falta. Mi yerno y mi hija aceptaron gustosos la
invitación y le dieron su palabra de que irían a visitarles con Belén. Aquel
viernes por la mañana llegaron Belén y Néstor a casa. Mi hija salió corriendo a
recibirles y tras darle dos besos a Néstor le dijo que necesitaba que le hiciera
un gran favor.
Usted dirá lo que sea. Estaré encantado de ayudarla
en lo que sea necesario –respondió amablemente.
Néstor hijo, nos ha llamado mi cuñada y hemos de ir a
visitarles. Hace mucho tiempo que no les vemos y nos ha dicho que
vayamos el viernes sin falta.
¿Y qué problema hay? –preguntó interesándose por lo
sucedido.
Oh, no, ninguno. Es sólo que necesitaría que te
quedaras en casa hasta el lunes cuidando de mi madre pues Belén también
vendrá con nosotros y no quiero que mi madre se quede sola. ¿Me harás
ese favor, verdad?
Pero hija, no hace falta que Néstor se quede conmigo.
Sé cuidarme sola y además estoy segura de que Néstor tendrá cosas más
interesantes que hacer que quedarse conmigo –le dije a mi hija diciendo
totalmente lo contrario de lo que realmente deseaba.
La fortuna estaba de mi lado. Aquella era la ocasión soñada.
Poderme quedar a solas con el novio de mi nieta. Ni en mis mejores sueños
hubiera imaginado una oportunidad tan propicia.
Señora, no se apure. Llamaré a mis padres y les diré
que me quedo en su casa hasta el lunes. Será un verdadero placer hacer
compañía a su madre hasta que ustedes vuelvan.
¡Pues no hay más que hablar! Muchísimas gracias, hijo
–observó mi hija dándole otro par de besos.
Gracias, mi amor –le dijo Belén dándole un beso en la
mejilla. No tardaremos mucho en volver. El lunes sin falta estoy de
nuevo contigo. Te llamaré al móvil a cada momento. Ten paciencia con la
abuela, espero que no te moleste mucho.
¡Ala, marchaos que tenéis un buen camino! No os
preocupéis tanto por nosotros que no va a pasarnos nada –les dije
animándoles a que se marcharan.
De este modo vimos cómo montaban los tres al coche y los
despedimos desde la puerta antes de entrar a casa.
¡Al fin solos! ¡Qué ganas tenía! -le dije cerrando la
puerta detrás mío. Tenía miedo de que le dijeras que no a mi hija.
¿Cómo pudiste pensar que iba a decirle que no?
Mariola, me ofendes. Recuerda que soy todo un caballero -me respondió
con mirada perversa. La verdad es que yo también deseaba quedarme a
solas contigo.
¿Lo dices en serio? La pobre de mi nieta va a pasarlo
muy mal contigo. ¡Veo que eres muy pillo!
Bueno, hay que aprovechar las ocasiones que se nos
presentan....¿No lo crees así?
Jajaja!!! ¡Eres aún más malvado que yo! Bien,
apuremos el tiempo del que disponemos -le susurré al oído cruzando los
brazos por detrás de su cuello.
Le ofrecí mis labios y el muchacho no se lo pensó dos veces
besándome con gran deseo. Me obligó con su lengua a abrir los labios y senti su
lengua entrando en el interior de mi boca mezclándose con la mía.
¡No te imaginas cómo me pusiste la tarde del metro!
–apenas pude pronunciar. Me pusiste tan cachonda que nada más llegar a
casa tuve que meterme al baño para masturbarme. ¡Dejé las braguitas
completamente empapadas de jugos!
Debo confesarte que a mi me pasó lo mismo. El roce
con tu culo y tu cuerpo me puso como un burro, los huevos me dolían y
aunque ya me había corrido en el metro, al llegar a casa tuve que
cascármela hasta que me corrí pensando en ti. ¡Tenía tantas ganas de
volver a verte!
Me abrazó con sus poderosos brazos atrayéndome hacia él. Me
sentía segura junto a Néstor. No pensaba más que en el momento en que me hiciera
el amor. Estaba segura de que debía ser un gran amante. Mi intuición femenina
así me lo indicaba. Un muchacho joven y robusto como aquel era más de lo que una
mujer como yo podía esperar. Volvió a besarme, esta vez con una dulzura
infinita.
Néstor, ¡vamos a la habitación de mi hija! La cama es
de matrimonio y estaremos mucho más cómodos que en la mía que es simple.
No sabes las ganas que tengo de ti. Lo siento por Belén pero una ocasión
como esta no puedo desaprovecharla.
¡Pero Mariola, es la cama de mis futuros suegros!
¿Cómo pretendes que hagamos el amor ahí? Seguro que tu hija se dará
cuenta pues habrá que cambiar las sábanas después.
Tranquilo cielo que lo tengo todo pensado. Mi hija ni
se enterará pues soy yo siempre quien se encarga de la lavadora. Además
ya toca cambiarlas así que aprovecharé para hacerlo.
Si es así, no tengo nada en contra –dijo mirándome
con cara traviesa. Las mujeres al final siempre conseguís lo que os
proponéis –accedió al fin a seguirme al dormitorio dejándose llevar por
mí.
Llegamos a la alcoba, cerramos la puerta detrás nuestro y
nada más cerrarla Néstor empezó a abrazarme nuevamente. Ladeé la cabeza
invitándole a besarme y el muchacho unió sus húmedos labios a los míos. ¡Dios,
qué caliente estaba! ¡Cuánto tiempo sin compañía masculina!
Bésame, cariño…bésame. ¡no sabes cómo te deseo! –le
dije apenas susurrando junto a sus labios.
Junté mi pubis al suyo y no tardé en sentir su dura
herramienta. A mi cabeza regresaron los placenteros recuerdos del primer
encuentro. Su polla fue creciendo paso a paso gracias al roce giratorio de mi
vientre sobre ella. Le ofrecí mi cuello y empezó a morderlo con gran pasión.
¡Cuidado muchacho o me dejarás marca! Recuerda que
hemos de ser muy cuidadosos…. Veo que ya estás dispuesto, ¡menudo
paquete marcas! –exclamé mirando el bulto que tenía en su entrepierna.
Disculpa pero me dejé llevar por la emoción –me
contestó muy serio.
No te preocupes, es completamente normal en un chico
como tú –le cogí de la mano y le hice acompañarme hasta la amplia cama.
Me tumbé boca arriba encima de la cama totalmente ofrecida a
él. Se arrodilló entre mis piernas y subió lentamente el vestido hacia arriba
hasta dejar aparecer mis empapadas braguitas. Las agarró por ambos lados y las
fue dejando deslizar por mis piernas hasta quitármelas por completo.
¡Mariola, qué mojada estás! No imaginaba que una
mujer madura como tú pudiese mojarse de ese modo.
Deja de hablar de una buena vez y empieza a
comérmelo. No me hagas esperar más –grité mientras le cogía la cabeza
llevándolo entre mis piernas.
Se introdujo entre ellas y comenzó a mordisquear levemente
mis muslos mientras iba subiendo por ellos poco a poco. Gemí de placer gracias a
aquella aparentemente descuidada caricia. Sacó la lengua y fue humedeciendo los
muslos arriba y abajo. Finalmente alcanzó mi oscuro sexo y se lo quedó mirando
como si lo estuviera adorando. Cerró los ojos y con la punta de la lengua golpeó
mis labios vaginales haciéndome estremecer con aquel simple contacto. Su caricia
se hizo más profunda lamiendo mi húmedo tesoro con gran aplicación.
Mi cuerpo vibró y le apreté con más fuerza contra mí. Néstor
apartó hacia los lados la piel que cubría mi clítoris y se dedicó a juguetear
con el mismo arrancándome los primeros aullidos.
Ahí muchacho, ahí. Sigue así, lo estás haciendo muy
bien. Veo que sabes cómo darle placer a una mujer.
Néstor se me quedó mirando sin contestar y sonriéndome volvió
a sumergirse entre mis piernas. Sorbió nuevamente mi clítoris agarrándolo entre
sus labios y mi codiciado botón empezó a endurecerse gracias a la humedad que le
ofrecían. Alcancé mi primer orgasmo retorciéndome entre las sábanas. No tardé en
comprender que había encontrado un gran amante y eso que no habíamos hecho más
que empezar. No me cabía la más mínima duda de que aquel joven iba a dejarme
completamente saciada. Pensé que me iba a costar devolverle todo el placer que
me diera. Sin embargo, sólo fue un fugaz pensamiento que rápidamente desapareció
de mi cabeza.
Pese a mi reciente orgasmo, el joven siguió jugueteando con
su lengua lamiendo mi inflamado clítoris cada vez con mayor dedicación al tiempo
que introdujo dos dedos en mi lubricada cavidad hasta que finalmente logró
hacerme correr por segunda vez. Se separó de mí y le ví lamerse los labios
mientras chupaba los jugos que había conseguido sacarme.
¡Néstor, ven aquí! ¡Ahora te vas a enterar! Voy a ser
igual de mala que lo has sido tú conmigo.
¿Qué yo he sido malo contigo? –preguntó extrañado.
¡Pero si te has corrido como una loca!
¡Oh, cállate tonto! –le dije con la mejor de mis
sonrisas. Me has dado tanto placer. ¡Hacía tanto tiempo que no me hacían
algo así que ya ni me acordaba!
Me incorporé con dificultad en la cama y cogiéndole de los
brazos le hice ponerse de pie delante de mí. El bulto que se apreciaba entre sus
piernas hizo que la boca se me hiciera agua. La anterior vez que lo tuve entre
mis manos no pude disfrutarlo así que ahora pensaba sacar de él todo aquello que
pudiera entregarme. Empecé a lamer su abultada erección por encima de la tela
del pantalón. Solté primero la hebilla del cinturón, después el botón y con
rapidez fui bajando la cremallera abriendo a los lados la tela hasta que la fui
bajando por los muslos hasta que acabó descansando en el suelo.
¡Menudo bulto tienes muchacho! Mi nieta lo va a pasar
fenomenal contigo. Si fuera ella no te dejaría escapar. Pero olvidémonos
de ella. Ahora eres mío y yo también quiero hacerte gozar como te
mereces –balbuceé mientras le lamía por encima del slip notando como su
pene palpitaba entre mis dedos.
Le miré fijamente a los ojos y pasándome la lengua por los
labios le dije:
Bueno, veamos que tienes aquí que la otra vez no pude
verla –exclamé como si fuera el urólogo que va a examinar a su paciente.
Cogí el elegante slip por ambos lados y fui bajándolo con
extrema lentitud hasta que apareció triunfante el terrible miembro de mi joven
amante. Quedé gratamente sorprendida al ver como su polla saltaba hacia arriba
mostrándose orgullosa. Aquel músculo se curvaba hacia la izquierda y pude ver
cómo se marcaban sus venas a lo largo del tronco.
¡Dios mío, Néstor! Menuda polla gastas, no imaginé
que tuvieras algo así.-grité notando cómo mi entrepierna volvia a
humedecerse.
Sin darle tiempo a responder agarré aquel tremendo aparato y
eché la piel que cubría el glande hacia atrás. La cabeza era un poco morada y
aparecía húmeda gracias a los primeros líquidos pre-seminales. Tal como dije las
venas se marcaban a lo largo y ancho de la longitud de aquel tallo. El muchacho
no paraba de bombear sangre, aunque aún iba a tener que bombear más unos minutos
más tarde.
Abrí la boca y dejé salir la lengua con la cual empecé a
sacudir su palpitante glande. Sin pensarlo dos veces fui bajando por su pene
hasta llegar a los testículos los cuales chupé con gran deseo. Néstor sollozó
mientras entremezclaba los dedos entre mi sedoso cabello. Una vez dejé de jugar
con sus bolas abrí aún más la boca y empecé a tragarme la oscura cabeza
acomodándola con la lengua en la boca. No podía creerlo pero logré introducirla
hasta notar cómo golpeaba contra mi inflamada garganta. Tuve un par de arcadas
pero no cejé en mi empeño.
Tras acomodar a semejante intruso en el interior de mi
hambrienta boquita me dispuse a ensalivarla mientras la iba metiendo y sacando a
un ritmo regular. Primero lo hice despacio y poco a poco fui adquiriendo mayor
velocidad. Me apoderé con mis manos de sus nalgas apretándolo contra mí. Llevé
uno de mis traviesos dedos hacia su agujero posterior y nada más sentir el
contacto emitió un fuerte lamento. Al parecer le gustaba aquella caricia pues no
trató de evitarla. Así pues continué hasta introducirle la punta de un dedo en
aquel estrecho agujero. Néstor se agarró a mí con más fuerza para no caer, tanto
era el placer que le estaba dando. La saqué y mirándola con ojos vidriosos
escupí sobre ella y volví a masturbarle con la mano arriba y abajo. Tras dos
minutos de estarle obsequiando con este enloquecedor tratamiento retiré su
miembro de mi boca y le pregunté meneando sensualmente mi redondo trasero:
¿Y bien? ¿Quieres correrte en mi boca o prefieres otra cosa?
Bajó la vista hacia mí sin poder abrir apenas los ojos. Tenía
a aquel joven macho a punto de explotar, lo tenía entre mis manos y me sentía
contenta de hacerle gozar de aquel modo. Sin embargo, le abandoné por unos
segundos pues otras ideas revoloteaban en mi loca cabecita, deseaba que me
hiciera suya.
Me puse de rodillas en el borde de la cama dándole la
espalda. De este modo le ofrecía todo mi redondo y enorme trasero. Ya había
llegado el tan ansiado momento, por fin iba a disfrutar de aquella tremenda
barra de carne. Cogió su poderoso ariete con la mano y lo dirigió entre mis
abiertas piernas buscando mi sexo.
Vamos muchacho, fóllame de una vez. Te deseo…..Dios
mío, cómo te deseo dentro de mí. Vamos cabrón, métemela ya. ¡Cuánto
tiempo llevo esperando que me lo hagas!
¿Quieres que te la meta, putita? –me preguntó
respirando con dificultad?
Sí, venga cabrón. ¡Métemela ya, maldita sea! Quiero
que me destroces con tu polla. No tengas compasión de mí.
Me quitó el vestido echando los tirantes a cada lado y fue
bajándolo hasta mi cintura donde quedó enrollado. Noté cómo apoyaba su miembro
en la entrada de mi vagina comenzando a presionar con fuerza. Su duro champiñón
ingresó en el interior de mi empapada cueva y tras él fue entrando el resto
hasta que se quedó quieto detrás de mí. Sus cargados huevos golpearon contra mis
piernas. Contuve el aliento agarrándome salvajemente a las bonitas sábanas de
tafetán de color azul celeste. Aquel músculo me llenaba por entero. Puse los
ojos en blanco mientras degustaba aquel enorme cilindro. Una vez me acostumbré a
semejante intruso empecé a rotar el trasero notando como mi joven acompañante
iniciaba un lento vaivén entrando y saliendo a cada paso más y más deprisa.
¡Me matas! ¡Me matas, maldito cabrón pero debo
reconocer que me encanta cómo me llena tu polla!
Te gusta que te follen fuerte y que te digan cosas mientras
te lo hacen ¿eh zorra?
Sí, ¡me encanta hablar mientras estoy follando! Eso
le da un toque más morboso.
¿no crees?
El novio de mi nieta se hizo con mis enormes senos al mismo
tiempo que me martilleaba por detrás. Fue adquiriendo mayor velocidad en mi
interior golpeándome de manera salvaje. Juro que me estaba propinando el mayor
de los placeres. Sentí cómo un nuevo orgasmo se iba aproximando y se lo hice
saber:
¡Néstor, vas a hacerme correr otra vez! Esto es
genial, qué bueno. Venga muchacho, córrete dentro de mí. ¡Dame toda tu
leche, maldito hijo de puta!
Me agarró con fuerza de una de las caderas y llevando una
mano hacia mi coñito me lo acarició hasta que ambos nos corrimos como dos
animales. Néstor explotó varias veces en el interior de mis entrañas y una
catarata de cálido semen fue invadiéndome hasta el final. Mi joven amante sacó
sus mojados dedos de mi vagina dándome a probar mis propios jugos los cuales
saboreé como una auténtica puta.
¡Ha sido genial! No imaginaba que me follaras de ese
modo tan brutal –pude articular mirándole con ojos agradecidos.
El más sorprendido he sido yo. Jamás hubiera pensado
que fueras tan zorra en la cama.
¿Te ha gustado, verdad? –le pregunté mientras notaba
cómo extraía el fláccido miembro que tanto placer me había proporcionado
apenas unos segundos antes.
¿Te gustaría repetir otra vez? –me preguntó de manera
lasciva.
¿Cómo dices? –le pregunté sorprendida como si no le
hubiera entendido.
¿Si te gustaría repetir? –volvió a preguntarme junto
al oído muy seguro de sí mismo.
¿Crees que podrás recuperarte? ¿podrás aguantar un
nuevo asalto? –parecí dudar por un segundo de sus palabras.
Mariola, ponme a prueba y verás. Chupámela y en cinco
minutos estaré de nuevo en pie de guerra.
¡Pero qué golfo estás hecho! ¿no quieres dejar nada
para más tarde?–reí con ganas mientras me volvía hacia él.
Recuerda el refrán: "no dejes para mañana lo que
puedas hacer hoy".
Néstor me hizo poner nuevamente a cuatro patas sobre la
revuelta cama con las piernas bien abiertas y el pompis elevado hacia arriba.
Abrió con los dedos mi agujero posterior y empezó a humedecerlo con su lengua.
¿Qué pretendes hacerme? ¿Acaso pretendes hacerme lo que estoy
imaginando?
¿Y qué estás imaginando, dime? Tal vez aciertes y tal
vez no –me respondió rozando dos de sus dedos en la entrada de mi ano.
¿Acaso deseas follarme mi estrecho culito? ¡Sabes que
me lo destrozarás si lo haces! Con mi difunto esposo apenas lo hice dos
veces y desde entonces nada de nada.
Eres una chica realmente lista –respondió. Tengo
ganas de probarlo y creo que esta es la ocasión más indicada. Tranquila
que iré con cuidado. ¿Tienes crema o aceite?
¡Vaya por Dios! Ambos se acabaron ayer y hasta mañana
no podremos comprar.
¡Menuda putada! Bueno, no te preocupes, nos
apañaremos con la saliva. Te haré un beso negro que te volverás loca.
¿Un beso negro? ¿y qué es eso? –le interrogué con un
tono de voz temeroso.
Mariola no te asustes. Sólo es que te chuparé la
entrada del ano para facilitar la posterior penetración. Tú sólo
relájate y disfruta.
Así pues hice caso a su requerimiento y me abrí aún más las
piernas para facilitarle la tarea. Néstor se dedicó a lamerme el agujero
posterior con su hambrienta lengua haciéndome lanzar un largo suspiro. Parecía
que el muchacho tenía gran experiencia comiendo culos. Evidentemente ni el mío
ni el de mi nieta eran los primeros. El suave contacto con la punta de su lengua
me hacía retorcer de placer. ¡Cuánto tiempo sin sentir aquellas caricias en mi
culito! Con mi marido sólo probamos dos veces y puedo decir que no guardo un
buen recuerdo de aquellas experiencias. Me lo hizo de forma brusca sin el más
mínimo cariño. Ahora esperaba que el novio de mi nieta me lo hiciera bien. Pese
al temor por el tamaño de aquel instrumento estaba dispuesta a pasar aquella
dura prueba.
Se tumbó en la cama y me dispuse a ponérsela bien dura de
nuevo. Siempre me ha gustado comer pollas y la de aquel muchacho era estupenda.
Tardó más de cinco minutos en recuperarse pero podía perdonárselo. La espera iba
a valer la pena y además tenía más tiempo para jugar con ella. Por fin pude
verla completamente tiesa. ¡Aquel pene daba verdadero pavor! Era largo y de un
grosor bastante considerable. Estaba segura que iba a romperme por dentro.
Se puso detrás mío y levanté aún más mis nalgas para que
quedara a mi altura y de ese modo favorecer la tan apetecida sodomización de mi
agujero anal. Noté aquella horrible presencia sobre mi estrecho agujerito y
traté de relajarme todo lo posible. Me sujetó del cabello llevándome hacia atrás
al tiempo que empezaba a forzar mi anillo anal tratando de abrirse paso en mi
interior. Gracias a mi relajación logré dilatar levemente mi culito lo cual fue
aprovechado por mi joven amante para apretar con mayor ímpetu hasta que ingresó
por completo en mi interior.
Aguanté la respiración tratando de soportar aquella terrible
presencia que me destrozaba por dentro. Si por delante ya había sido brutal,
imaginaos por detrás. Aquello me estaba quemando por dentro. Sin embargo la
naturaleza es tan sabia que se acomoda a los mayores sufrimientos. De ese modo
el fuerte dolor inicial fue dando paso a un placer desconocido y absolutamente
genial. ¡Cuánto tiempo había desperdiciado sin conocer un placer como aquel!
Néstor fue ingresando centímetro a centímetro ofreciéndome un
placer tremendo. Ya no sentía dolor alguno, ahora disfrutaba del mejor placer
como jamás lo había gozado. Mi amante aumentó mi deseo alargando su mano hacia
mi clítoris acariciándolo al mismo tiempo que empezaba a moverse en el interior
de mi culito. Aún no había entrado por completo en mi interior pero con infinita
paciencia fue haciéndolo hasta golpear contra mis nalgas.
¡Ya la tienes toda dentro! ¿Te duele putita? –me preguntó con
voz ronca.
Antes sí que me dolió pero ahora ya no. Ya pasó el
dolor. Venga empieza a sodomizarme con fuerza hasta que te corras.
Quiero que me llenes el culo con tu semen.
El muchacho obedientemente empezó a sodomizarme cada vez más
y más deprisa. Cuando entraba dentro de mí me lanzaba contra el cabezal de la
cama al que tuve que agarrarme con fuerza. Cuando salía relajaba los músculos
por completo. Puedo jurar que aquel era el mejor polvo que había pegado en toda
mi vida. Gracias a las caricias del mi amante sobre mi clítoris estaba a punto
de volver a correrme. Moví mi culo como una loca, gimiendo a cada momento,
suspirando y gritando sin parar.
¡Vamos Néstor, córrete conmigo! Estoy a punto de
correrme otra vez. Eres un maldito cabrón pero es realmente estupendo.
Vamos córrete…….
No paré de moverme ayudándole en la follada. Empecé a mover
la cabeza de lado a lado degustando aquel magnífico regalo que Néstor me
entregaba. Grité y gemí anunciando el cercano orgasmo. Tenía los ojos
completamente cerrados, me era imposible abrirlos en esos momentos. Las
embestidas se hicieron más violentas. Aquel cabronazo estaba sodomizando a la
abuela de su novia sin el menor reparo. Debo reconocer que no yo no había puesto
ninguna pega.
Chillaba como una desesperada mojándole los muslos con mis
abundantes jugos. Néstor no pudo aguantar más y, apretando con sus últimas
fuerzas, ambos lanzamos un postrero lamento explotando como locos. Me lanzó tres
chorros de semen que me inundaron el culo.
Mi joven compañero cayó derrengado sobre mi sudorosa espalda,
respirando con gran dificultad. Aquella sesión había resultado realmente
provechosa para ambos. Volví la cabeza hacia él y nos besamos como desesperados.
Al fin desmontó y se tendió junto a mí tratando de recuperar el aliento.
¡Joder, menudo polvo me has pegado! Me has hecho
gozar como nunca, puedo asegurártelo. Ahora debemos dormir y recuperar
fuerzas, no creerás que con esto hemos acabado. Aún tengo mucho más para
ofrecerte –le sonreí como una niña mala.
Pues claro que no, querida Mariola. Descansa y mañana
por la mañana te despertaré de manera dulce –me dijo abrazándome con sus
desnudos brazos. Hemos de recuperar el tiempo perdido. Entre tu nieta y
tú vais a matarme.
¡No lo dudes! –respondí abrazándome a él y cerrando
los cansados ojos…….