Quedé relajado, pero así y todo no conciliaba el sueño. Mari
se movió en la cama; con lo que, sin querer mis manos posaron en su sexo; la
corrida anterior se secaba en ella, pero la entrada de su coño permanecía muy
húmeda, por eso enseguida me asaltaron las ganas de montarla.
Comencé a meterle mano, le cogía los muslos, apretaba sus
nalgas introduciendo los dedos bajo su culo, al tiempo que la otra mano
estrujaba sus tetas; a veces lo hacía fuerte; a juzgar por el rictus de su cara,
apretando los párpados cuando supongo le causaba algo de dolor.
Apretar su culo y estrujar sus tetas me excitaba mucho,
haciéndolo más fuerte que nunca. Todo tenía una explicación, después de haberla
follado, y llevar un buen rato sobándola sin que se enterase tenía la certeza de
poder hacerle lo que me diera la gana, pues ni se iba resistir ni enterar; lo
que motivaba que cada vez le retorciera las tetas con más fuerza y mi calentura
se reavivara.
Estaba a mi merced y sólo el hecho de compartir habitación
con la niña podía hacer que tuviese un poco de cuidado, aunque realmente no sé
si efectivamente lo ponía. Estaba ciego. Recuerdo que eché un vistazo rápido y
me pareció que su respirar sosegado era porque dormía; además, por el calor
tenía destapados los hombros y retorcida la chaqueta del pijama, con lo que un
pecho le quedaba casi al aire; de no estar dormida, sus ropas estarían más
ordenadas.
Hoy pienso que la chiquita hubiese agradecido el espectáculo,
sabiendo lo que deseaba sentir los dedos y las manos en su cuerpo, y en sus
zonas de piel más suaves, sus tetillas y zona pélvica.
Mari era la que me ocupaba y me tenía a cien en aquellos
momentos, así pues tiré de una de sus piernas hacia un lado, quedando abierta de
piernas, me subí encima encajado entre ellas; le mordisqueé los pezones, los
hombros y el cuello por el lóbulo de la oreja; acomodé bien la polla a la
entrada de su coño y de un solo golpe de cintura se la metí toda entera. Hizo
como un ademán de tirar de las caderas hacia atrás; pues, aunque dormida e
inconsciente, además de húmeda por la corrida anterior; no cabe duda que se
sintió taladrada hasta el fondo de sus entrañas.
Jamás se había imaginado al acostarse, que dormiría toda la
noche con el coño lleno de leche y bañada en el semen que salía de aquel por los
muslos ó arrollando y resbalando a su culo.
Estuve encima de ella clavándola con movimientos lentos,
calculados, se la sacaba casi toda para entrar de nuevo hasta el fondo, y las
manos cogiendo sus nalgas por debajo las separaba, facilitando una penetración
más profunda. La llenaba por completo y cortaba la respiración por instantes,
algo sentía, pero su voluntad estaba relegada por el sueño, y quién sabe qué
sueños.
Dejé mi cuerpo sobre el suyo, apoyando todo el peso, al
juntarse nuestros pechos sentí un gusto especial, el contacto se hizo más
notorio, pues mi cuerpo por el esfuerzo y ajetreo estaba caluroso; sin embargo,
el suyo al tener el torso desnudo y destapado, con el frescor de la noche se
mantenía fresco; pude distinguir al dejarme apoyar despacio, desde el primer
contacto de los pezones hasta que oprimí las tetas por completo. Permanecí casi
inmóvil sobre ella, aunque era inevitable ladear un poco la cintura por
momentos, para la polla presionar las paredes de su coño; aunque el objetivo de
descansar mi peso sobre ella era otro; pretendía que al retirarme y sentirse
aliviada se girara, de momento esperar en esa postura y luego comprobar si
resultaba.
Pensar que alguna vez cuando no quería hacer nada incluso
argumentó que no era una lechera, en la que yo me pudiera vaciar sin más. Ahora
la muy zorra iba a ser una lechera sin tapa ni nada, en la descargaría a mi
placer.
Me bajé de encima y tal como quería se giró de lado, dándome
la espalda, toque su cuerpo una vez más recreándome, estrujando y retorciendo
sus tetas y carnes. Su entrepierna estaba mojada, pero aquello no me pareció que
sólo fuese de mi corrida anterior, le llegaba la humedad al culo, claro que es
normal habiendo estado boca arriba; pero creo que además sus flujos contribuían
a tanta humedad. No había pensado en aquello, pero al pasar los dedos de su raja
a su culo, puesto que estaba muy lubricado por los alrededores, se lo unté bien
y se me ocurrió metérsela en el culo, comprobé que el esfínter se mantenía
relajado por el sueño también, por lo que no supondría problema el entrar. Cogí
el pene con una mano, lo dirigí a su culito, con la otra mano abrí su nalga,
intentaba entrar pero era costoso, ella no colaboraba, la cabeza de la polla
resbalaba y no entraba, su agujero era estrecho.
Estaba caliente como un toro, no cabía el retroceso, me
propuse clavarle el culo y así sería. Lo seguí intentando hasta conseguir que
entrara la cabeza, con cuidado solté la polla y llevé la mano a separar su otra
nalga. Ahora sí, su culo ya se ofrecía más abierto y fácil. Entre despacio hasta
el fondo, evitando que saliese hasta acomodarla bien, la saqué hasta la mitad,
soltando sus nalgas le sujeté por la cintura con ambas manos atrayéndola a mí, a
la vez que empujaba hacia delante con mi pelvis, le entró toda de golpe. Ahí
dijo con voz aturdida ¿qué haces? Nada, contesté. Me apreté fuerte a ella, pues
intentó ponerse boca abajo, no podía dejar que se saliera en aquellos momentos.
Llevé una mano a su teta y la cogí violentamente, mi otra
mano llegaba con los dedos a apretar su vientre desde la cintura, estaba
rodeada, invadido y lleno su interior, moviéndome más rápido y fuerte. Le mordí
la nuca y la muy puta no se sabe que soñaría pero el culo ni lo intentaba
separar, paraba como una perra en celo. Le di hasta que no pude contenerme y me
corrí.
Me limpié a su espalda, una vez que salió sola, y me quedé
dormido hasta ya amanecido, cuando sentí sus manos tocándome muy melosa,
despertó caliente, la cama estaba impregnada de un fuerte olor a sexo. Me
faltaban las fuerzas y si la naturaleza no estaba siendo mi aliada, me salvó la
hora, pues debía levantarse ya, y al ser de día también tenía la precaución de
no ir más allá por si la chiquita despertaba. No obstante yo era consciente que
el fuego y la llama estaban encendidos y los debía apagar, sólo era cuestión de
tiempo.