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TODORELATOS » RELATOS » UNA NOCHE CON JOE FRANKFURT (2)
[ Si Dios no existiera, tendría que invertarlo para trascender.( L.Zaror Tecnólogo Médico) ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 05 de Diciembre, 2008.
Fecha: 08-Abr-08 « Anterior | Siguiente » en Gays (6147 de 6573)

Una Noche con Joe Frankfurt (2)

caribecaribe
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Ocho hombres en una habitación caliente esperan a que inicie la primera prueba de un reality show de porno gay. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Aquellos shorts de lycra que me había puesto a requerimiento de la producción del programa me quedaban muy ajustados, y gracias a que Manuel me había quitado el cockring, pude ajustar mi paquete allí dentro, aunque se marcaba perfectamente, incluyendo la cabeza de mi miembro, inusualmente mayor que el resto del tronco. Me ajusté una vez más mi polla dentro de los shorts antes de abrir la puerta de la habitación donde me esperaban los otros muchachos que a partir de ahora serían mis compañeros y mis competidores. Me detuve un momento a ponderar el hecho de que saldría en televisión exhibiendo mi cuerpo, y lejos de asustarme, aquello me excitó, pues yo era un tanto exhibicionista. Sin embargo, estaba un poco nervioso, pues la carga sexual de los últimos acontecimientos era muy fuerte, y eso que aún no había empezado la acción.

Estaba enfocado en esos pensamientos cuando sentí que me respiraban por detrás, y de repente sentí un bulto pegado en mi culo. Me volteé rápidamente para darme de frente con el chico que había llegado después de mí al vestidor. Era de mi misma estatura, tendría algunos 20 años, rubio y bronceado, con un rostro angelical de pómulos pronunciados y una sonrisa perfecta. Bajé la mirada para posarla en unos pechos encantadores, firmes y con dos pezones rosados tan erectos como su miembro que ahora se pegaba del mío.

"Vaya, te cambiaste muy rápido"

"No soy tan rápido en otros aspectos, ya verás"

Nos quedamos en silencio, yo sentía su agradable aroma cerca de mí y tragué en seco.

"Y bien, ¿piensas entrar algún día"

Me dejó sin palabras, tan decidido y tan seguro de sí mismo, aquel chico me gustaba mucho y así me lo hizo saber mi polla, que parecía con vida propia en ese momento. Me di la vuelta y abrí la puerta. De adentro emanó un calor mezclado con aroma de sudor de hombre y perfumes. Entré callado, y detrás de mí entró el chico rubio.

El espacio era estrecho, y aunque había dos sofás, la mayoría de los muchachos estaba de pie. Se dieron vuelta para vernos, casi todos me miraron de arriba abajo, descaradamente, con miradas lascivas. Hice el inventario visual de las prendas de vestir que la tarjeta me mostraba, pero conté seis personas, y conmigo y el rubio éramos ocho.

"¿Qué no éramos siete?" dijo un hombre alto y trigueño con unos jeans rotos muy cortos que dejaban ver parte de sus bolas.

"Pues mientras más somos, mejor", le replicó un muchacho velludo y con unos pantaloncitos de poliéster que le quedaban como pintados en su musculoso cuerpo.

"Yo ya me estoy impacientando", dijo otro hombre, como de unos 40 años, con un torso perfecto y unos abdominales de muerte súbita, que usaba unos calzoncillos de mesh que dejaban ver entre sus hoyitos todo su miembro, largo y grueso.

"Igual yo, me estoy asando de calor", dijo un chico con melena, probablemente el más joven del grupo, que usaba unos slips de seda que daban gana de acariciar. Era también lampiño, con una piel muy tersa, delgado pero fuerte y de carnes firmes.

"Hombre, si no se movieran tanto les daría menos calor". El que habló fue un muchacho pelirrojo que estaba sentado en el sofá con unos shorts de pana que le quedaban muy sexy, y que exhibía unas piernas de corredor, con unos muslos perfectos

"Bueno, jóvenes, queremos conocerlos" sonó la voz gruesa del más musculoso del grupo, Un tipazo de seis pies y pico, con unos bíceps descomunales, luciendo un portento de miembro que se abultaba debajo de sus pantaloncitos de leather, que parecían diminutos para su gran anatomía.

Yo estaba, entre confundido y excitado, aún sin palabras. Era demasiada información para asimilar tan pronto. Fue el rubio que entró a mi lado el que habló. Se adelantó y se presentó, y hablaba con mucha seguridad, hizo un chiste y todos rieron. Pude ver su culo frente a mí, enfundado en unas tangas de algodón que daban ganas de arrancárselas a mordidas. El aire olía a macho, a sexo, a lujuria, y yo ya sabía que aquello iba a resultar en algo inolvidable. Parece que ya tenían un buen rato allí, lo supe por el sudor de sus cuerpos y porque ya existía cierta camaradería, de la cual quise ser parte de inmediato.

En los minutos siguientes, a través de la conversación pude hacer una clasificación rápida de los nombres y asociarlos con sus vestimentas.

El hombrazo musculoso de leather era Harry, tenía 30 años y era instructor de gimnasio.

El jovencito de la melena con los slips de seda era Alex, estudiante universitario. Y tenía un culo decididamente perfecto.

El pelirrojo de las piernazas, que iba de pana, era Samuel, un niño rico y excéntrico, según lo poco que pude conocer de sus palabras.

El hombre de los abdominales perfectos que iba en mesh, y a quien no podía dejar de mirarle la polla, era Billy, y era el mayor del grupo, con 41 años, y daba clases de natación.

El velludo que iba en poliéster era Ricardo, ingeniero civil. Tenía el pelo crespo y muy negro. Noté que aunque estaba cubierto de vello, lo traía recortado y eso me encantó. Me imaginé como sería lamer su pecho velludo y bajar hasta su palo.

El trigueño de los jeans rotos, el más parlanchín de todos, era Otto, dueño de una zapatería. Tenía un candado que le daba un aspecto de chico malo, y llevaba el pelo desorganizadamente lindo.

Finalmente estaba Kevin, el rubio de las tanga de algodón, cuya profesión no supe, pero que efectivamente rondaba los 20 años. Este era el hombre que yo elegiría para cogérmelo allí mismo, de entre todos los otros.

Demasiada información, pensé, pero lo importante era que todos eran preciosos, calientes, y estaban decididos a pasarla bien. No se me ocurría qué tipo de pruebas nos pondrían, pero yo quería que fuera alguna que me permitiera tocarlos a todos, probar sus pollas y darles por el culo. Yo ya no aguantaba más, estaba a millón.

Billy dijo que iba a salir a buscar a alguien que nos diese instrucciones, y cuando agarró el manubrio de la puerta se dio cuenta de que estaba cerrada con llave por fuera. En ese momento sonó una voz muy masculina de un altavoz que no pude localizar.

"Bienvenidos al reality ‘Una Noche con Joe Frankfurt’. A nombre de TeveGay queremos darles la más calurosa bienvenida" (una risita camuflajeada nos dejó saber que estaba burlándose de la temperatura). "A partir de este momento ustedes son siete cuerpos en busca de sexo, y lo tendrán" (los gritos y aplausos se sintieron de inmediato). "Queremos pedirles disculpas por el desperfecto del aire acondicionado. En unos momentos se hará la transferencia a nuestro generador de emergencia y el asunto quedará solucionado". (Murmullos de aprobación). "En la noche de hoy, uno de ustedes será eliminado lamentablemente, pero los que no lo sean habrán demostrado no solo que sus cuerpos son hermosos, sino que la firmeza también es importante, igual que la atención. Sin nuestra autorización está prohibido que se toquen su propio miembro, que se desvistan, y sobre todo que se corran. Deben tener en cuenta que…"

En ese momento hubo un apagón. No hubo más voz, y nos quedamos sumidos en total oscuridad. Pensé que iba a ser cosa de un momento, pero los segundos pasaban, ya era cuestión de minutos, y parece que el desperfecto aún no se solucionaba. Las voces se convirtieron en murmullos, y los murmullos en silencio. De repente sentí que alguien gemía de placer al fondo de la habitación.

Fue en ese momento cuando sentí que se me pegaba por detrás un bulto caliente. Palpé desde mi incómoda posición y sentí la tela de cuero, ¡Era Harry, el del gimnasio! Me pegué aún más y sentí el contacto de sus sólidos pectorales que se pegaban contra mi espalda, empapados de sudor. Aquello me excitó sobremanera, pero pude escuchar a alguien que jadeaba muy quedo cerca de mí. Quité las manos del miembro de Harry pegado a mi culo y las extendí hacia el frente, en la oscuridad. Pude tocar una cabeza de alguien que se había agachado, y por el movimiento de vaivén supe que alguien estaba chupándole la polla a otro. Traté de adivinar, y solo supe que no era una melena, ni era pelo crespo, ni era alguien con el pelo desordenado, eso solo me dejaba como opción al pelirrojo, al rubio, y a Billy, el nadador cuarentón.

Aquello era muy excitante. Harry seguía sobándome su polla y yo apretaba mi culo contra él, sin dejar de tocar la cabeza que chupaba frente a mí. De repente aquella misma cabeza se volteó hacia otro lado y sentí que me empezaba a despojar de mis shorts de lycra. Lo hizo de golpe y mi tranca salió disparada hacia fuera, chorreando pre-semen. De pronto sentí como me tragaban la polla, una boca experta, y fui transportado a la gloria. Harry me presionaba por detrás y yo me dejaba chupar la polla de alguno de aquellos hombres desconocidos. Sentí que fuera Billy, el nadador, pues su boca era gruesa y grande, pero soñé con que fuera Kevin, aquel rubio precioso. Alguien más se agachó y empezó a lamer mis bolas mientras el otro me chupaba en silencio, solo se escuchaba el sonido de mi polla entrando y saliendo de su boca. Yo estaba cerca, y mi polla estaba dura, firme… Firme, pensé… "La firmeza también es importante, igual que la atención", me decía alguien en mi mente. De repente saqué mi polla, a punto de venirme, y la metí rápidamente dentro de mi lycra. Sentí que se paraban las dos cabezas que estaban a mis pies y empezaban a besarse, al menos eso escuchaba en la oscuridad.

El calor era insoportable, el olor del sexo me tenía enfermo, y no me atrevía ni a hablar, pues sospechaba que aquello era parte del show, ¿pero cómo?

Me agaché entonces yo, y por encima del cuero empecé a lamerle la polla a Harry. Aquello lo puso loco, pues gimió en voz alta y me agarró la cabeza firmemente. Alguien se agachó a mi lado y empezó a lamer conmigo. Probé el sabor de la lengua del desconocido, y nos enfrascamos en un beso, mientras ya él le había sacado la polla a Harry de sus calzoncillos y nos la había puesto en el medio. Hábilmente palpé la prenda de mi compañero y supe que quien chupaba conmigo era Billy. Entonces, ¿quién era el que me había mamado la polla antes? Me llegaron a la mente las palabras de la tarjeta: Leather – Lycra – Jeans – Mesh – Seda – Polyester – Pana. Pero… ¿algodón?

En ese mismo instante alguien gimió, se quejó en un gemido que yo ya conocía, era el sonido característico de una corrida que se acercaba. De repente se oyó claro: "Sí, chúpamela toda, eso, adentro, que me vengo, que me vengoooooo, aaaarrrggghhh". De repente se encendieron las luces, volvió el aire acondicionado, y la escena que ví nunca la olvidaré:

Billy y yo con la vergaza de Harry entre nuestras bocas. Otto lamiéndole el culo a Alex, estrujándole el candado de su barba en el hoyo del jovencito, el cual tenía una pierna encaramada en el sofá, mostrando aquella preciosura de trasero en todo su esplendor mientras le chupaba las tetas del pello velludo de Ricardo.

Y finalmente, el rubio Kevin, con una sonrisa de triunfo y el semen corriéndole de los labios a la barbilla, mientras el pelirrojo Samuel le agarraba la cabeza, y miraba al techo con expresión de éxtasis en el rostro.

Se oyó una voz:

"Muchachos, nuestras cámaras de visión nocturna han captado todo lo que ha sucedido en esta habitación. Si pusieron atención, hay entre ustedes un octavo participante, un espía dispuesto a probarlos… y vaya si los probó. Kevin, buen trabajo. Samuel, acabas de ser descalificado"

Samuel apenas había prestado atención, parece que se estaba recuperando de la mamada de su vida. En ese momento reaccionó sin mucho pesar: "No me importa, estuve en la gloria y valió la pena". Kevin se puso en pie y el pelirrojo aprovechó para besarlo con ardor, lamiendo el rastro de su propio semen en la barbilla de Kevin. Este último se despegó del beso y lo llevó a la puerta. Samuel se volteó y nos dijo antes de abandonar la habitación: "¡No pierdan el contacto!¡Esto lo repetiremos en mi casa, pronto!"

Kevin me miró antes de salir y me leí sus labios que dijeron con picardía "Estuviste cerca".

Nos trajeron toallas y agua para refrescarnos. Pronto saldríamos al aire…

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