Aquellos shorts de lycra que me había puesto a requerimiento
de la producción del programa me quedaban muy ajustados, y gracias a que Manuel
me había quitado el cockring, pude ajustar mi paquete allí dentro, aunque se
marcaba perfectamente, incluyendo la cabeza de mi miembro, inusualmente mayor
que el resto del tronco. Me ajusté una vez más mi polla dentro de los shorts
antes de abrir la puerta de la habitación donde me esperaban los otros muchachos
que a partir de ahora serían mis compañeros y mis competidores. Me detuve un
momento a ponderar el hecho de que saldría en televisión exhibiendo mi cuerpo, y
lejos de asustarme, aquello me excitó, pues yo era un tanto exhibicionista. Sin
embargo, estaba un poco nervioso, pues la carga sexual de los últimos
acontecimientos era muy fuerte, y eso que aún no había empezado la acción.
Estaba enfocado en esos pensamientos cuando sentí que me
respiraban por detrás, y de repente sentí un bulto pegado en mi culo. Me volteé
rápidamente para darme de frente con el chico que había llegado después de mí al
vestidor. Era de mi misma estatura, tendría algunos 20 años, rubio y bronceado,
con un rostro angelical de pómulos pronunciados y una sonrisa perfecta. Bajé la
mirada para posarla en unos pechos encantadores, firmes y con dos pezones
rosados tan erectos como su miembro que ahora se pegaba del mío.
"Vaya, te cambiaste muy rápido"
"No soy tan rápido en otros aspectos, ya verás"
Nos quedamos en silencio, yo sentía su agradable aroma cerca
de mí y tragué en seco.
"Y bien, ¿piensas entrar algún día"
Me dejó sin palabras, tan decidido y tan seguro de sí mismo,
aquel chico me gustaba mucho y así me lo hizo saber mi polla, que parecía con
vida propia en ese momento. Me di la vuelta y abrí la puerta. De adentro emanó
un calor mezclado con aroma de sudor de hombre y perfumes. Entré callado, y
detrás de mí entró el chico rubio.
El espacio era estrecho, y aunque había dos sofás, la mayoría
de los muchachos estaba de pie. Se dieron vuelta para vernos, casi todos me
miraron de arriba abajo, descaradamente, con miradas lascivas. Hice el
inventario visual de las prendas de vestir que la tarjeta me mostraba, pero
conté seis personas, y conmigo y el rubio éramos ocho.
"¿Qué no éramos siete?" dijo un hombre alto y trigueño
con unos jeans rotos muy cortos que dejaban ver parte de sus bolas.
"Pues mientras más somos, mejor", le replicó un muchacho
velludo y con unos pantaloncitos de poliéster que le quedaban como pintados en
su musculoso cuerpo.
"Yo ya me estoy impacientando", dijo otro hombre, como de
unos 40 años, con un torso perfecto y unos abdominales de muerte súbita, que
usaba unos calzoncillos de mesh que dejaban ver entre sus hoyitos todo su
miembro, largo y grueso.
"Igual yo, me estoy asando de calor", dijo un chico con
melena, probablemente el más joven del grupo, que usaba unos slips de seda que
daban gana de acariciar. Era también lampiño, con una piel muy tersa, delgado
pero fuerte y de carnes firmes.
"Hombre, si no se movieran tanto les daría menos calor".
El que habló fue un muchacho pelirrojo que estaba sentado en el sofá con unos
shorts de pana que le quedaban muy sexy, y que exhibía unas piernas de corredor,
con unos muslos perfectos
"Bueno, jóvenes, queremos conocerlos" sonó la voz gruesa
del más musculoso del grupo, Un tipazo de seis pies y pico, con unos bíceps
descomunales, luciendo un portento de miembro que se abultaba debajo de sus
pantaloncitos de leather, que parecían diminutos para su gran anatomía.
Yo estaba, entre confundido y excitado, aún sin palabras. Era
demasiada información para asimilar tan pronto. Fue el rubio que entró a mi lado
el que habló. Se adelantó y se presentó, y hablaba con mucha seguridad, hizo un
chiste y todos rieron. Pude ver su culo frente a mí, enfundado en unas tangas de
algodón que daban ganas de arrancárselas a mordidas. El aire olía a macho, a
sexo, a lujuria, y yo ya sabía que aquello iba a resultar en algo inolvidable.
Parece que ya tenían un buen rato allí, lo supe por el sudor de sus cuerpos y
porque ya existía cierta camaradería, de la cual quise ser parte de inmediato.
En los minutos siguientes, a través de la conversación pude
hacer una clasificación rápida de los nombres y asociarlos con sus vestimentas.
El hombrazo musculoso de leather era Harry, tenía 30 años y
era instructor de gimnasio.
El jovencito de la melena con los slips de seda era Alex,
estudiante universitario. Y tenía un culo decididamente perfecto.
El pelirrojo de las piernazas, que iba de pana, era Samuel,
un niño rico y excéntrico, según lo poco que pude conocer de sus palabras.
El hombre de los abdominales perfectos que iba en mesh, y a
quien no podía dejar de mirarle la polla, era Billy, y era el mayor del grupo,
con 41 años, y daba clases de natación.
El velludo que iba en poliéster era Ricardo, ingeniero civil.
Tenía el pelo crespo y muy negro. Noté que aunque estaba cubierto de vello, lo
traía recortado y eso me encantó. Me imaginé como sería lamer su pecho velludo y
bajar hasta su palo.
El trigueño de los jeans rotos, el más parlanchín de todos,
era Otto, dueño de una zapatería. Tenía un candado que le daba un aspecto de
chico malo, y llevaba el pelo desorganizadamente lindo.
Finalmente estaba Kevin, el rubio de las tanga de algodón,
cuya profesión no supe, pero que efectivamente rondaba los 20 años. Este era el
hombre que yo elegiría para cogérmelo allí mismo, de entre todos los otros.
Demasiada información, pensé, pero lo importante era que
todos eran preciosos, calientes, y estaban decididos a pasarla bien. No se me
ocurría qué tipo de pruebas nos pondrían, pero yo quería que fuera alguna que me
permitiera tocarlos a todos, probar sus pollas y darles por el culo. Yo ya no
aguantaba más, estaba a millón.
Billy dijo que iba a salir a buscar a alguien que nos diese
instrucciones, y cuando agarró el manubrio de la puerta se dio cuenta de que
estaba cerrada con llave por fuera. En ese momento sonó una voz muy masculina de
un altavoz que no pude localizar.
"Bienvenidos al reality ‘Una Noche con Joe Frankfurt’. A
nombre de TeveGay queremos darles la más calurosa bienvenida" (una risita
camuflajeada nos dejó saber que estaba burlándose de la temperatura). "A
partir de este momento ustedes son siete cuerpos en busca de sexo, y lo tendrán"
(los gritos y aplausos se sintieron de inmediato). "Queremos pedirles
disculpas por el desperfecto del aire acondicionado. En unos momentos se hará la
transferencia a nuestro generador de emergencia y el asunto quedará solucionado".
(Murmullos de aprobación). "En la noche de hoy, uno de ustedes será eliminado
lamentablemente, pero los que no lo sean habrán demostrado no solo que sus
cuerpos son hermosos, sino que la firmeza también es importante, igual que la
atención. Sin nuestra autorización está prohibido que se toquen su propio
miembro, que se desvistan, y sobre todo que se corran. Deben tener en cuenta
que…"
En ese momento hubo un apagón. No hubo más voz, y nos
quedamos sumidos en total oscuridad. Pensé que iba a ser cosa de un momento,
pero los segundos pasaban, ya era cuestión de minutos, y parece que el
desperfecto aún no se solucionaba. Las voces se convirtieron en murmullos, y los
murmullos en silencio. De repente sentí que alguien gemía de placer al fondo de
la habitación.
Fue en ese momento cuando sentí que se me pegaba por detrás
un bulto caliente. Palpé desde mi incómoda posición y sentí la tela de cuero,
¡Era Harry, el del gimnasio! Me pegué aún más y sentí el contacto de sus sólidos
pectorales que se pegaban contra mi espalda, empapados de sudor. Aquello me
excitó sobremanera, pero pude escuchar a alguien que jadeaba muy quedo cerca de
mí. Quité las manos del miembro de Harry pegado a mi culo y las extendí hacia el
frente, en la oscuridad. Pude tocar una cabeza de alguien que se había agachado,
y por el movimiento de vaivén supe que alguien estaba chupándole la polla a
otro. Traté de adivinar, y solo supe que no era una melena, ni era pelo crespo,
ni era alguien con el pelo desordenado, eso solo me dejaba como opción al
pelirrojo, al rubio, y a Billy, el nadador cuarentón.
Aquello era muy excitante. Harry seguía sobándome su polla y
yo apretaba mi culo contra él, sin dejar de tocar la cabeza que chupaba frente a
mí. De repente aquella misma cabeza se volteó hacia otro lado y sentí que me
empezaba a despojar de mis shorts de lycra. Lo hizo de golpe y mi tranca salió
disparada hacia fuera, chorreando pre-semen. De pronto sentí como me tragaban la
polla, una boca experta, y fui transportado a la gloria. Harry me presionaba por
detrás y yo me dejaba chupar la polla de alguno de aquellos hombres
desconocidos. Sentí que fuera Billy, el nadador, pues su boca era gruesa y
grande, pero soñé con que fuera Kevin, aquel rubio precioso. Alguien más se
agachó y empezó a lamer mis bolas mientras el otro me chupaba en silencio, solo
se escuchaba el sonido de mi polla entrando y saliendo de su boca. Yo estaba
cerca, y mi polla estaba dura, firme… Firme, pensé… "La firmeza también es
importante, igual que la atención", me decía alguien en mi mente. De repente
saqué mi polla, a punto de venirme, y la metí rápidamente dentro de mi lycra.
Sentí que se paraban las dos cabezas que estaban a mis pies y empezaban a
besarse, al menos eso escuchaba en la oscuridad.
El calor era insoportable, el olor del sexo me tenía enfermo,
y no me atrevía ni a hablar, pues sospechaba que aquello era parte del show,
¿pero cómo?
Me agaché entonces yo, y por encima del cuero empecé a
lamerle la polla a Harry. Aquello lo puso loco, pues gimió en voz alta y me
agarró la cabeza firmemente. Alguien se agachó a mi lado y empezó a lamer
conmigo. Probé el sabor de la lengua del desconocido, y nos enfrascamos en un
beso, mientras ya él le había sacado la polla a Harry de sus calzoncillos y nos
la había puesto en el medio. Hábilmente palpé la prenda de mi compañero y supe
que quien chupaba conmigo era Billy. Entonces, ¿quién era el que me había mamado
la polla antes? Me llegaron a la mente las palabras de la tarjeta: Leather –
Lycra – Jeans – Mesh – Seda – Polyester – Pana. Pero… ¿algodón?
En ese mismo instante alguien gimió, se quejó en un gemido
que yo ya conocía, era el sonido característico de una corrida que se acercaba.
De repente se oyó claro: "Sí, chúpamela toda, eso, adentro, que me vengo, que
me vengoooooo, aaaarrrggghhh". De repente se encendieron las luces, volvió
el aire acondicionado, y la escena que ví nunca la olvidaré:
Billy y yo con la vergaza de Harry entre nuestras bocas. Otto
lamiéndole el culo a Alex, estrujándole el candado de su barba en el hoyo del
jovencito, el cual tenía una pierna encaramada en el sofá, mostrando aquella
preciosura de trasero en todo su esplendor mientras le chupaba las tetas del
pello velludo de Ricardo.
Y finalmente, el rubio Kevin, con una sonrisa de triunfo y el
semen corriéndole de los labios a la barbilla, mientras el pelirrojo Samuel le
agarraba la cabeza, y miraba al techo con expresión de éxtasis en el rostro.
Se oyó una voz:
"Muchachos, nuestras cámaras de visión nocturna han captado
todo lo que ha sucedido en esta habitación. Si pusieron atención, hay entre
ustedes un octavo participante, un espía dispuesto a probarlos… y vaya si los
probó. Kevin, buen trabajo. Samuel, acabas de ser descalificado"
Samuel apenas había prestado atención, parece que se estaba
recuperando de la mamada de su vida. En ese momento reaccionó sin mucho pesar:
"No me importa, estuve en la gloria y valió la pena". Kevin se puso en pie y el
pelirrojo aprovechó para besarlo con ardor, lamiendo el rastro de su propio
semen en la barbilla de Kevin. Este último se despegó del beso y lo llevó a la
puerta. Samuel se volteó y nos dijo antes de abandonar la habitación: "¡No
pierdan el contacto!¡Esto lo repetiremos en mi casa, pronto!"
Kevin me miró antes de salir y me leí sus labios que dijeron
con picardía "Estuviste cerca".
Nos trajeron toallas y agua para refrescarnos. Pronto
saldríamos al aire…