Manual básico de mitología sexual
"La creación del mundo"
Hete aquí que al principio no había nada a lo que pasarse por
la piedra. Todo era vacío, oscuro, como un ojete infinito que esperase una buena
polla. El ojete se llamaba Caos, y la polla que lo llenó... Eros. ¡Ah el amor!
De Caos y Eros, se ve que por la sodomía, no salieron hijos
muy normales. La más la más, fue la Madre Tierra. Le encantaba que le metieran
cosas dentro, a la muy guarra, y uno de sus hijos, Urano, tras llenarle las
muchas cavernas a golpe de pene celeste, la embarazó no poco. No queráis ni
imaginaros la cantidad de leche que bombeó este cachondo en su voluptuosa madre.
¡Terrible! No os digo más que, si hubiera hecho marcha atrás, el mar sería
blanco.
Urano no asumió su paternidad demasiado bien. Prefería follar
sin compromiso. Y aunque Gea, la Madre Tierra, alegue que lo que hizo lo hizo
para no reventar, en realidad lo hizo para tenerlo atado en corto, al díscolo
hijo-amante. Sea como sea, Urano fue encerrando todos los hijos ,que tampoco
eran un dechado de belleza (esta vez debió ser por el incesto), sobre todo los
primeros, que sólo tenían dos ojos, incluyendo el del culo, llamados Cíclopes, y
los gigantes de cien manos, que se dieron, por supuesto al onanismo propio,
ajeno e incluso más allá.
La última remesa de hijos, los Titanes, al menos tenían pinta
de... bueno, que no eran unos monstruos. Pero corrieron la misma suerte que sus
hermanos mayores. Al último de ellos, Cronos, no le hizo ni puta gracia aquello
de vivir dentro de mamá, y conspirando con ella vía cordón umbilical, tramaron
la ruina de Urano.
Gea, que para esas cosas era más fina que el pellejo de una
mierda, se emperifolló bien, se cepilló los jardines del pubis y los sobacos, y
en una palabra, se vistió de pilingui, y atrajo a su hijo, el mayor.
-Yujuuuuu, Uraaaaano.... ¿me la metes por el ano?-
Con este volcánico reclamo, Urano vino corriendo, y no se
pispó de que Cronos andaba al quite. Y en cuanto iba a meter la firmamental
tranca entre dos hermosas colinas, salió el otro de la ingle de mamá, y con una
hoz que habitualmente usaba para rasurarse los pelos del culo, le cortó lo que
cuelga a su malhadado padre.
Aparte de demostrar así su carácter español, Cronos echó mano
a las criadillas y tras contemplarlas un rato replanteándose su
heterosexualidad, y comprobar que por el ojal no le cabría semejante monstruo de
falo, las tiró tan lejos como pudo. Lo que es la envidia.
Urano, maltrecho y eyaculador precoz, la debió cascar en
aquel lance, pero su esperma dejó no poco recuerdo en la espuma del mar, donde
fue a caer junto con todo el tronchaco.
Dicen, pero yo soy reacio a creérmelo, que de aquella espuma
nació Afrodita. Pero a mí, el que una tía salga ya hecha, derecha y topetable de
la corrida de un maromo... Más bien me figuro que, saliera de donde saliera, ya
por aquel entonces andaba Afrodita por ahí. Y le pilló el pajote bostezando, ni
más ni menos. En cualquier caso, fue la primera mujer que apreció los beneficios
faciales de un buen bukkake.
Los titanes, libres, se casaron entre ellos. Y Cronos, muy
ibérico, como decíamos, se lió con su hermana la Cibeles, diosa del madridismo,
que como recuerdo al episodio de su viejo, luce el blanco seminal con mucho
orgullo: ¡válgame la masculinidad exacerbada!
Pues bien, a Cronos le iban los remakes, pero en vez de
reintrouterar a sus hijos dentro de Rea Cibeles, sospechando que ésta podría
luego confabular con ellos, lo que hizo fue jalárselos él mismo. ¡Menudo atracón
pedófago! Nada menos que cinco lechones se echó al colato.
Salvóse, porque sino, adiós buenas la historia, el último
otra vez. ¡Hay que estar más avispado, Cronos! El benjamín, Zeus, fue ocultado
por su amante madre, que le dio un pedrolo bien gordo envuelto en pañales a su
marido en su lugar. Debía ser bastante miope, Cronos, ya por estas fechas.
Pobre, se le habría metido la arena de los relojes en el ojo cuando miró su
mejor marca de fagocitación de bebés...
Zeus fue espabilado ya desde retoño, el jodío. Libaba teta
cosa mala, y lloraba aposta para que le dieran mimos y los apretujaran contra
los virginales pechos. Tuvieron incluso que comprar una cabra para... en fin,
para todo. Y cuando estuvo bien crecidito y hermosote, lo mandaron corriendo de
vuelta con su madre, antes de que empezara a devolverles, a la cabra y las
ninfas, toda la leche que le habían dado hasta ese momento. ¡Pufff!
Acaba ya la historia, otro día continuará. Zeus volvió
disfrazado de camarero, o de gogo, y su padre, que no distinguía ya más con los
ojos buenos que con el del ano, ni se pispo de que le echó droja en el colacao.
Se puso malísimo, echó la pota, y esto ya sí que es para mear y no echar gota,
entre tropezoncillos, pirulas y vinacho, salieron vivos y coleando (bien pronto
empezarían a culear) los cinco zagales que se comió. Zeus se alió con sus dos
hermanos, y aunque la primera idea fue jugarse el trono a un strip-mus, en
cuanto se les pasó la borrachera, decidieron descogotar a su viejo, hacerse con
el poder del Olimpo, y en cuanto se asentaron en él, empezar a mirar con ojillos
libidinosos y el falo inhiesto a cuanta diosa, mortal o bicha se paseara por
delante.
p.d: por supuesto, Zeus tampoco hizo ascos a liarse con sus
hermanas. Pero al menos tuvo líos con muchas más, lo cual le honra (por raro que
parezca)