No podía creer mi suerte. De entre los doscientos cuarenta y
seis hombres que habíamos participado en el sorteo para asistir al programa de
Joe Frankfurt, yo había sido el elegido. Mis amigos no podían creerlo tampoco.
Cuando se lo conté a Enrique me dijo "Vete preparando, Danny, nada de pajas por
las próximas dos semanas".
Las dichosas dos semanas pasaron rapidísimo, y aunque me las
pasé haciendo mucho ejercicio para tonificar mi ya de por sí musculoso cuerpo,
solo pude ir a la playa un par de días, procurando usar la tanga más chiquita
que tenía para que se me quedara marcada la raya del elástico, lo cual me hacía
ver aún más sexy. Como hacía poco que me había aclarado un poco el pelo con el
nuevo corte que me había dado, ahora me veía mucho mejor que antes. De ser
atractivo (y esto lo confirmaban mis muchas conquistas), había pasado a estar
"definitivamente matador", como me dijo mi amigo Enrique al verme, justo dos
horas antes de llegar al programa de Joe Frankfurt.
Este Joe había sido estrella de cine porno durante los
últimos cinco años, primero de películas straight, hasta que le tocó hacer una
escena bisexual que lo catapultó a la fama, pues la pasión con la que se cogió
con el otro protagonista superó todas las expectativas del director, a tal punto
que reeditaron la película, esta vez sin la chica. A partir de ahí Joe solo
hacía películas gay, y su sola presencia convertía a la película en un
best-seller. No era de extrañar, pues su cuerpo perfecto como estatua griega y
su miembro descomunal (del cual venía su apodo de ‘Frankfurt’) eran la delicia
de todos los gays. La pícara sonrisa que adornaba su hermoso rostro a la hora de
clavarse a sus compañeros actores era su sello personal, y solo se comparaba con
la ya famosa expresión de lujuria que mostraba cuando era cogido. Clavar y ser
clavado eran indistintamente dos placeres a los que Joe Frankfurt se entregaba
por completo, y sus espectadores se lo agradecíamos mucho. Por mi parte
(literalmente por mi parte) yo sentía una gran excitación, y me había hecho las
mejores pajas viendo las películas suyas.
Ahora que había salido el nuevo canal TeveGay, me suscribí de
inmediato, pero cuando supe que en el prime time estaría actuando en su propio
programa mi ídolo Joe Frankfurt, no pude despegarme más de la pantalla de la TV.
Por eso, cuando supe que lo conocería en persona tras haber ganado la entrada
por concurso, me emocioné y quise estar mejor que nunca para ese día.
Esa tarde salí de la ducha y al pasar frente al espejo de
cuerpo entero pude observar los buenos resultados de mis ejercicios. Mi cuerpo
bronceado y musculoso se veía tan apetecible que incluso tuve una erección
inmediata al verme a mí mismo. Como me había afeitado todo el cuerpo, me sentía
aún más sexy de lo normal. Me dio mucho trabajo ajustar mi paquete dentro de las
tanguitas, sobre todo porque me había puesto mi cockring favorito. Al ponerme
los jeans más apretados que tenía, parecía como si me hubiera colocado una media
en la entrepierna. Me puse una camisa negra estrecha y me dirigí a la estación
televisiva. Antes de llegar pasé por casa de Enrique para que me diera su visto
bueno, y el muy enfermo se excitó tanto al verme que tuvo una erección notoria.
Y eso, que era mi amigo. Cuando me abrazó para desearme suerte, sentí su paquete
pegado al mío y por un momento quise echarlo todo por la borda y quedarme allí,
cogiéndome a Enrique ahí mismo, salvajemente. Sin embargo, regresó a mi mente la
idea de ver a Joe Frankfurt de cerca y conservé la calma. Creo que las dos
semanas sin sexo me habían puesto demasiado caliente
Cuando llegué a la estación, pasé por dos puertas de cristal
con guardias de seguridad que me "cacharon" para ver si traía armas. Sus
manoseos, que se me antojaron más prolongados de lo normal, no me molestaron del
todo, pues los tipos estaban como para comérselos. Tendría que averiguar cuál
compañía de vigilancia era esa que contrataba hombres tan bellos. El segundo
guardia me hizo vaciar los bolsillos y se quedó con mi celular, para evitar que
se tomaran fotos. No era de extrañar tanto recelo, pues las cosas que allí
adentro sucedían eran indescriptibles, al menos eso era lo que uno podía
percibir en televisión.
Finalmente llegué a la oficina de producción, donde me
recibió un joven que no llegaba a los 25 años de edad. Bajito, pero corpulento,
y con el pelo marrón corto y grueso, se identificó a sí mismo como Manuel, pero
sospecho que era una identidad falsa, y estoy seguro de que lo había visto antes
en alguna de las películas de Joe. Resulta que Manuel era el asistente del
productor, y me hizo pasar a una cómoda oficina bien decorada y lujosa, adonde
esperaría al hombre fuerte de la emisora, el famoso Carlos Roca, productor e
ideólogo del programa de Joe. Mientras esperábamos, Manuel no me quitó los ojos
de encima, y en un momento se me acercó mientras yo estaba sentado en el sofá.
Con su paquete a la altura de mi cara, se sobó descaradamente encima de su
erección y me dijo: "Si quedas con fuerza después del programa, búscame para que
pasemos un buen rato". Yo me ruboricé, cosa poco común en mí, pero probablemente
era por lo sorpresivo y directo de aquel ataque. Manuel se dio cuenta y me dijo:
"¿Qué te pasa, guapo? Estamos en un canal gay, somos gay, y simplemente me
gustas y te lo digo, punto. Solo considéralo y búscame a la salida".
En ese momento llegó Carlos Roca sigilosamente y le pegó una
sonora nalgada a Manuel, mientras se dirigió a mí: "¿Qué pasa aquí? ¿Te está
molestando? Este chico es un enfermo, no deja pasar ninguna oportunidad". Lo
dijo más como chiste que como reproche, y despidió al muchacho con otra nalgada,
mientras cerraba la puerta después de hacerlo salir de la oficina. El señor
Carlos Roca rondaba los cuarenta años, según había leído, pero estaba en mejor
forma que un hombre de 20. La abertura de su camisa mostraba un amplio pecho
velludo, pero recortado, y su cara era de rasgos fuertes y agudos, con una
sombra de rasurado que le quedaba como anillo al dedo. Todo esto con unos bíceps
de película. Yo estaba feliz, y solo pensaba que no había visto desde mi llegada
a ningún hombre que no me hubiera gustado. Quizás la abstinencia me estaba
afectando seriamente.
El señor Carlos me felicitó y procedió a explicarme los
términos de un contrato que tendría que firmar antes de salir al set. Mientras
más cosas me decía, más nervioso me iba poniendo yo, en parte porque me tenía
excitado con su voz fuerte y cautivante, y en parte porque lo que parecían
reglas, eran más bien fantasías hechas realidad: probablemente tengas que
desnudarte ante las cámaras, el material producido esta noche se considera
pornografía extrema, no puedes reclamar la distribución de estas cintas; no nos
hacemos responsables en caso de escenas que algunos pueden interpretar como uso
de violencia y sadismo; no puedes divulgar ninguna información de lo que
sucederá en el programa sin autorización nuestra, etc. Al final, cuando me hizo
entregarle los análisis con fecha del día que indicaban que no portaba VIH ni
tenía ninguna enfermedad venérea, acabó por sonreírme. "Veo que cumples con
todos los requisitos del concurso, este… Danny" (tuvo que leer los análisis para
poder llamarme por mi nombre). Se refería a las medidas, la apariencia física,
edad, etc. El concurso en cuestión consistía en enviar una foto con los datos
pertinentes a la emisora, y por sorteo sacarían quince concursantes, de entre
los cuales un jurado solo elegiría siete para participar en el programa "Una
noche con Joe Frankfurt" y más específicamente en un reality show de seis
semanas, al final de las cuales el ganador no solo se llevaría grandes premios,
sino también la oportunidad de pasarse una noche con el famoso actor porno.
Después de firmar el contrato, el señor Carlos Roca me
acompañó a la salida, y mientras salía a la antesala donde estaba Manuel, me
agarró las nalgas fuertemente y me dijo al oído: "Quiero que sepas que eres uno
de mis favoritos, Danny", y su aliento en mi oreja me hizo estremecer, al igual
que la sensación de aquella mano grande y firme en mis nalgas. Mi polla que
nunca había recuperado su estado fláccido, dio un brinco en mis jeans, y me
ruboricé al notar que Manuel estaba viéndome con su mirada lujuriosa desde muy
corta distancia.
"Manuel, acompaña a Danny a la habitación con los demás"
"Será todo un placer, jefe", dijo Manuel guiñándome un ojo.
Pasamos por un pasillo estrecho que conducía a otra
habitación, y Manuel me explicó que allí conocería a los otros participantes del
concurso, antes de que hiciéramos la filmación de la primera de seis entregas
del programa. Antes de llegar, nos detuvimos en un área con un vestidor. Manuel
sacó de su bolsillo dos tarjetas y me dijo que eligiera una.
"Son los diferentes vestuarios que tendrán los concursantes,
los demás ya han elegido y solo quedan tú y otro chico que ya ha llegado.
Elegí mi tarjeta y leí varias palabras en ella:. Leather –
Lycra – Jeans – Mesh – Seda – Polyester – Pana. La palabra "Lycra" estaba
subrayada, y no solo supe de inmediato que me tocaría usar ropa de ese tipo,
sino que mi mente voló, imaginándome lo que me esperaba ver. Aquello iba a ser
más excitante y más difcil de lo que pensaba.
"Excelente, vamos a buscar tu atuendo", dijo Manuel con una
sonrisa pícara que ya me estaba gustando bastante. De un cajón sacó unos
diminutos shorts de lycra negra y me los pasó.
"¿A eso llamas atuendo?"
"Ay, Danny, no tienes idea de lo que te espera, esto apenas
va comenzando. Anda, póntelos"
"¿Cómo? ¿Aquí mismo?"
"Te recuerdo, precioso, que estamos en un canal de porno gay,
y que la desnudez es parte del programa, así que ni te acostumbres mucho a
ellos, que puede que te los tengas que quitar pronto"
En ese momento me sonó el celular, era mi amigo Enrique.
"Danny, ¿cómo va eso? No sabes la envidia que te tengo. Me
estoy pajeando de imaginarme cómo son las cosas ahí dentro"
Enrique tenía la costumbre de llamarme cuando se pajeaba,
producto de muchas ocasiones en que lo hacíamos juntos por teléfono cuando nos
conocimos en el chat.
Empecé a responderle cuando Manuel me quitó el teléfono de la
mano y le dijo: "Querido, a partir de ahora tu amigo estará incomunicado
mientras esté aquí. Si necesitas algo, aquí estoy yo para ayudarte".
Presentí que Manuel había escuchado la conversación, y tiempo
después confirmé mis sospechas, por algo que sucedió, pero eso es otra historia.
El chico estaba delante de mí, con los shorts de lycra en la mano y actitud
impaciente.
Empecé a desvestirme delante de él, primero la camisa negra,
mostrando mis fuertes pectorales, los cuales no le pasaron desapercibidos a
Manuel, quien se pasó la lengua sobre su labio superior mientras murmuraba un
seductor "mmm". Luego procedí a despojarme de mis zapatos y medias, y después de
mis ajustados jeans, que liberaron a la fiera que se quería abrir paso debajo de
mis tanguitas.
"Por Dios, Danny, ¿Y todo eso es tuyo", me dijo lujurioso
mientras descaradamente se sobaba la polla que se le notaba parada, y bien
grande por cierto.
Estaba yo allí parado, en mis tangas solamente, frente a un
desconocido que estaba excitado viéndome desvestir para él solo, y me dieron
muchas ganas de volarle encima y cogérmelo allí mismo, a lo bestia. Fue en ese
momento cuando supe que si quería vivir toda la experiencia tendría que
controlar mis instintos. Me quité la tanga, esta vez despacito y sonriente,
sabiéndome dueño de la situación. Mi polla erecta se disparó como un resorte,
ante lo cual Manuel dejó escapar un suspiro. "Por Dios, Danny, me muero por
tocarla. Si te sabes manejar serás un seguro ganador. No olvides que la
invitación sigue abierta para después. Pero ahora hay que resolver un
problemita." Se me acercó hasta que su paquete estuvo pegado a mi polla, y
mientras me hablaba a un centímetro de distancia, sus manos se deslizaron a la
base de mi miembro, y tocó el cockring mientras me susurraba: "Esto tampoco está
permitido en el programa, lo siento". Se agachó para quitarme el anillo con sus
manos mientras me olía la polla de arriba abajo.
"Esto me pertenece por ahora", dijo mientras se ponía de pie
nuevamente.
"Te lo regalo, es tuyo", le dije.
"¿En serio, Danny", y al decir esto pasó su lengua alrededor
del anillo, cosa que hizo que mi polla diera un brinco.
"Tranquilo, Danny, debes calmarte. ¿Sabes qué? Yo también te
voy a hacer un regalo" Y diciendo esto se desabrochó la cremallera y salió de
debajo de ella un tremendo garrote colorado y lleno de venas, desproporcionado
para su estatura.
"¿Ya lo viste? Me lo agradecerás en su momento, espero", y
volvió a acomodar aquella bestia dentro de sus jeans, sin ropa interior, que le
marcaban toda su masculinidad.
No sabía a lo que se refería, pero me agradó ver que aquello
prometía, y ya estaba esperando el momento de encontrarme con aquel chico
libidinoso después del concurso.
Manuel recogió toda mi ropa junto con el celular y la colocó
en una bolsa dentro de un cajón. En eso llegó el próximo chico, acompañado de
uno de los guardias. Era espectacular, rubio y con la piel bronceada como yo,
pero más fuerte aún. Intercambiamos miradas, él me fijo la suya en mi paquete
que aún no acababa de ablandarse, y Manuel me tomó de la mano mientras me
conducía a la habitación donde conocería a los otros concursantes. "¿Puedo usar
tu celular?", me dijo. "Oí que tu amigo se estaba haciendo una paja y quiero
darle una mano"…Me deseó suerte y me dijo que me esperaría a la salida, mientras
yo abría la puerta de lo que prometía ser la mejor experiencia de mi vida…