| Esta es una historia de deseos, emociones, placeres, dudas, decisiones y pensamientos, es la historia del camino que nos llevó a Carmen, mi mujer, y a mí a lanzarnos a vivir las fantasías inconfesables que sin saberlo compartíamos en silencio cada vez que hacíamos el amor; Esta no es una historia de penetraciones y orgasmos, aunque también lo es; Así que si tu, lector que has llegado hasta aquí, buscas un desahogo rápido de tus pulsiones te recomiendo que abandones este texto y busques algo mas inmediato. |
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Durante la comida ambos evitamos hablar de Carlos,
intentábamos aparentar una naturalidad que no sentíamos; Ninguno de los dos
afrontó la conversación.
Casi en los postres Carmen abordó de nuevo el tema
-
"Quizás tengas razón, lo mejor será no provocar
situaciones ambiguas que le hagan hacerse ilusiones, ya ha sido bastante
violento cuando comenzó a insistir"
-
"Es lo mejor, si le damos más oportunidades podemos
vernos en una situación desagradable"
Volvimos al hotel dando un paseo, la tensión se había
reducido, aun así me seguía preguntado qué era en realidad lo que yo deseaba,
notaba una especie de desilusión por abortar la cita de la tarde, al mismo
tiempo me sentía aliviado; En ese momento tuve claro que lo mejor era evitar el
encuentro, ninguno de los dos estábamos preparados para mas, ninguno de los dos
sabíamos lo que queríamos.
A las cuatro y media salimos del hotel rumbo a la autovía,
nos esperaba un largo viaje hasta Madrid.
Carmen echó el respaldo del asiento hacia atrás y se amodorró
durante una hora, quizás buscaba aislarse un poco y evitar el tema, yo por mi
parte agradecí ese tiempo de silencio en el que mi cabeza intentó hacer balance
de lo sucedido en esos días; La carretera estaba poco concurrida a pesar de ser
viernes y conducía cómodamente.
El sonido de mi móvil rompió ese tiempo de silencio, ya antes
de cogerlo supuse que sería Carlos, se había adelantado a la llamada que tenía
previsto hacerle para excusarnos.
-
"Si, Carlos"
-
"¿Qué tal? ¿habéis terminado ya, supongo" – me mantuve en
silencio un instante componiendo la mejor frase.
-
"En realidad hemos salido ya, te iba a llamar en cuanto
parásemos" – Carlos tardó en contestar.
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"Joder Mario, ¿tanta prisa tenéis? Habíamos quedado en
despedirnos" – su voz sonaba dolida.
-
"Lo sé, pero se complicaron las cosas…" – la miré
pidiendo su aprobación al tiempo que improvisaba – "… Carmen recibió una
llamada y decidimos interrumpir la sobremesa" – ella se encogió de hombros
al escuchar mi excusa.
-
"¿Algo grave?"
-
"No, en absoluto, pero preferimos llegar pronto a Madrid"
-
"En fin, lo siento mucho, me hubiera gustado despedirme
de Carmen, ¿me la puedes pasar?" – se lo hice saber mediante un gesto y ella
negó con fuerza; Insistí, no había excusa razonable para no hablar con él –
"¿Estás ahí?"
-
"Si, un segundo, había perdido cobertura, te la paso" –
le ofrecí el móvil a Carmen que dudo en cogerlo de mi mano, al final con un
gesto de fastidio lo tomó.
-
"Carlos"
-
"Hola preciosa, no sabes cómo siento no haberme podido
despedir de ti en persona, necesitaba hacerlo"
-
"Hemos tenido que salir más pronto de lo previsto" – su
voz sonaba tensa
-
"¿Estás bien? Te noto preocupada"
-
"Si, muy bien, no pasa nada"
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"¿Algún problema con tu marido?"
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"No te preocupes Carlos, todo va bien" – Carmen se
impacientaba por momentos, no se sentía cómoda con esta conversación y eso
se transmitía a través del teléfono
-
"¿Cuándo te volveré a ver?"
-
"Va a ser complicado"
-
"No me das muchas esperanzas"
-
"No es fácil que coincidamos" – las evasivas eran
inconsistentes y débiles, pero la inseguridad de Carmen era interpretada por
Carlos como desinterés.
-
"Dime una cosa, con total franqueza… ¿tu quieres que nos
volvamos a ver?" – Carmen calló ante esta pregunta tan directa, intentaba
encontrar una respuesta que no la comprometiera, mas el tiempo jugó en su
contra y el orgullo herido de Carlos saltó.
-
"Entiendo… ¡vaya! Nunca me habían hecho sentir como si
fuera un kleenex…" - su tono había cambiado, se volvió más serio – "… bueno
Carmen, te deseo lo mejor y si volvéis por Sevilla y os apetece jugar de
nuevo, me llamáis, un beso"- Carmen adivinó un doble sentido en esta frase
algo, algo que la inquietó.
-
"No sé qué quieres decir"
-
"Yo creo que está muy claro, no? ¿me pasas a Mario por
favor?" – Carmen me devolvió el móvil, su rostro serio me hizo pensar que la
conversación había ido mal
-
"Si, dime"
-
"Espero que al menos os lo hayáis pasado bien"
-
"Si claro, ¿por qué?"
-
"Le decía a Carmen que si volvéis por Sevilla y tenéis
ganar de jugar otra vez que me llaméis, estoy a vuestra disposición" –sentí
una amenaza flotar sobre mí.
-
"No te entiendo"
-
"Creo que si me entiendes Mario, Elena tiene una
intuición con respecto a vosotros que al principio me pareció absurda aunque
cada vez la voy viendo más posible" – sentí frio ascendiendo por la espalda,
Carmen noto en mi expresión que algo iba mal.
-
"Carlos, que estás insinuando" – tenía que hacerle
frente, no podía evadirme de su argumento porque sería darle la razón.
-
"Nada Mario, nada; dejemos que el tiempo aclare las
cosas; Por cierto, estaré por Madrid el mes que viene, os lo iba a haber
dicho en persona pero… ¿te parece que te llame y os invite a comer, o
tampoco?"
-
"Carlos, no entiendo tu suspicacia, llámame cuando estés
en Madrid, por supuesto, has sido un estupendo anfitrión" – intentaba dar
normalidad a la conversación y dar por zanjadas sus sospechas.
-
"¿Vendrá Carmen?"
-
"Eso depende de ella" – Carmen me interrogó con la
mirada.
-
"Ya, claro; inútil sería pedirte su teléfono, ¿verdad?"
-
"También depende de ella, Carlos"
-
"Bien, buen viaje"
-
"Gracias, hasta pronto"
Recordé las veces que mi conducta vigilante y mi preocupación
por Carmen había levantado comentarios de Elena, supuse que anoche habrían
hablado tras nuestra precipitada marcha, Elena era una mujer observadora y debió
lanzar una hipótesis que ahora Carlos barajaba como posible. Me preocupaba
relativamente, no tenía intención de volver por Sevilla, nada me unía a esa
ciudad profesionalmente, lo más probable es que nunca más coincidiera con
Carlos, todo se acabaría olvidando.
Carmen se mostró más preocupada al conocer la conversación,
coincidía conmigo en lo improbable de un futuro encuentro con Carlos, aun así no
se quedó tranquila.
Hicimos el resto del viaje intentando evitar el tema, ambos
nos movíamos en la indecisión que oscilaba desde el placer por lo sucedido hasta
el arrepentimiento por haber llevado las cosas tan lejos.
Paramos a medio camino, cuando aún era de día y tomamos un
refresco en un bar de carretera, de nuevo las miradas de los hombres al entrar
en el bar me hicieron consciente de cuánto me excitaba transitar por el riesgo.
Hacía como si no me diese cuenta de las miradas pero capturaba cada una de ellas
y me provocaban punzadas de placer directamente en mi sexo. Sabía que para
algunos de aquellos hombres que deseaban a mi esposa yo era el prototipo del
marido cornudo, débil, distraído ante la atención que levantaba su mujer. Esa
sensación humillante, lejos de desagradarme, aumentaba más mi excitación. Decidí
no mortificarme por ello y disfrutarlo sin prejuicios. Nadie me conocía, mi
reputación no estaba en juego.
Llegamos a casa mas tarde de lo previsto, los últimos
kilómetros de entrada a Madrid fueron una tediosa procesión de coches atascados
en la carretera. Agotados por el viaje y por haber trasnochado nos dimos una
ducha y nos acostamos, teníamos por delante un fin de semana para descansar.
Me despertó la mano de Carmen acariciando suavemente mis
testículos, apenas un leve movimiento de sus dedos había bastado para sacarme de
mi profundo sueño; Yo estaba boca arriba en la cama, ella apoyaba su cabeza
sobre mi hombro, su mano abarcaba mis testículos y con los dedos rozaba el
periné provocando una erección que crecía rápidamente. Miré el despertador, las
cinco de la mañana, me sentía cansado pero mi sexo no paraba de reaccionar.
Sus dedos comenzaron a recorrer toda la longitud de mi polla
que yacía erguida sobre mi vientre, deslizaba las yemas de los dedos
recorriéndola hasta bajar de nuevo a los testículos; Con delicadeza descubrió mi
glande y lo recorrió con sus dedos impregnándose de la humedad que comenzaba a
manar; Sus besos en mi cuello me ponían la carne de gallina, bajé mi rostro
buscando su boca mientras mi mano izquierda alcanzaba su pecho, gimió al sentir
el roce de mis dedos en su pezón y rodeó mi polla con su mano. Nuestros besos
cobraron fuerza, se volvieron urgentes, entonces se movió con agilidad hasta
situarse sobre mi; Noté como con su mano dirigía mi polla hasta situarla en su
sexo y la movía a lo largo del surco forzando los labios a su paso, la cálida
humedad que lubricaba su coño acarició mi hinchado glande que se deslizaba sin
dificultad, no tenía prisa y comencé a moverme mínimamente, lo suficiente como
para empujar con el glande sin llegar a penetrar, forzando el estrecho canal,
anunciando la invasión pero quedándome a las puertas; Carmen me besaba el
cuello, la boca, los ojos… su pubis se movía intentando atraerme hacia su
interior pero yo evitaba penetrarla.
Aun no; Quería llevarla al límite del deseo.
-
"Cabrón, te has estado ligando a esa tía, le has metido
mano delante de mí, cabronazo" – sus palabras me provocaron una conmoción de
placer y alegría, Carmen seguía pensando en lo ocurrido, seguramente esos
pensamientos le habían provocado la excitación que la había llevado a
despertarme. Decidí jugar la baza que me facilitaba su deseo.
-
"Si, le metí mano si, tiene unas tetas preciosas y su
culo... ¡Dios, qué culo!" _ Carmen gimió al escucharme, murmurando ‘cabrón’;
Sus movimientos buscando mi polla eran cada vez más vigorosos pero yo la
evitaba, entonces puse en palabras lo que mi imaginación creaba en ese
momento.
-
"Te das cuenta de que a estas horas podías estar encima
de Carlos, sintiendo su polla en lugar de la mía?" – al decir esto me moví
hacia ella enterrando mi glande en su coño y deteniéndome ahí, provocando su
necesidad.
-
"¿Y a ti te habría gustado, verdad?" –su voz temblaba, me
di cuenta de que se encontraba al borde del orgasmo.
-
"Si cielo, me gustaría estar arrodillado al lado de la
cama viéndote montar a Carlos" – un gemido agudo brotó de su garganta, me
aferré a sus caderas para controlar sus intentos de tragarse toda mi polla,
sus duras nalgas provocaron a través de mis manos un nuevo brote de lujuria,
avancé mis dedos hacia el centro hasta rozar su ano, un nuevo gemido
respondió a mi caricia – "¿Le dejarías a él que te tocase aquí?" – acompañé
esa última palabra con una leve presión de mi dedo, noté como el esfínter se
encogía y a continuación se relajaba permitiendo que mi dedo penetrara
ligeramente, su respiración aumentaba de ritmo por momentos – "si, seguro
que le dejabas, eres una zorra que le encanta que le toquen el culo" –
Carmen retrocedió con tal rapidez que me pilló desprevenido y se clavó
totalmente en mi, levantó el torso y comenzó a mover sus caderas; Mis manos
abandonaron sus nalgas y se aferraron a sus pechos, luego recorrieron
hambrientas de sensaciones su estomago, su vientre, sus costados, una y otra
vez, palpando cada musculo en tensión, masajeando todo su tórax mientras
ella cabalgaba sobre mí.
-
"Imagina que soy Carlos, imagina que estás follando con
él"
-
"Si…" – apenas podía hablar pero esa breve afirmación
supuso para mí un enorme triunfo, atrás quedaban los temores y las dudas,
Carlos pasaba a formar parte de nuestras fantasías, sin más pudores y eso
significaba que habíamos traspasado otra barrera, Carmen se había dejado
tocar y besar por otro hombre delante de mí y ahora disfrutaba del recuerdo.
No era una simple fantasía como las que habíamos tenido hasta entonces,
ahora era el recuerdo de una realidad.
El orgasmo tardó poco en llegarle, fustigado por mis frases
en las que me disolvía dejando a Carlos en mi lugar. Y yo, que intentaba
aguantar, me dejé llevar y estallamos al mismo tiempo.
Carmen se derrumbó sobre mi pecho, aun ensartada en mi polla
que se negaba a descansar provocada aun por las esporádicas contracciones de su
coño. Yo acariciaba su espalda.
-
"Eres genial" – le dije en un susurro al oído
-
"¿Por qué?"
-
"Por ser como eres"
-
"¿Por querer follar con otro hombre?" – Carmen iba al
grano, nunca se queda en ambigüedades
-
"Si, por disfrutar con lo que has hecho, sin complejos" –
notaba fluir de su coño el semen que comenzaba a empapar mi pubis, mi polla
se resistía a descansar y se mantenía con un vigor aceptable, el suficiente
como para continuar moviéndome lentamente en su interior – "Te gustó que te
besara, ¿verdad? ¿Te gustó ponerle cachondo?"
-
"Si" – Carmen comenzaba a responder a mis palabras y a
mis movimientos.
-
"Cuéntamelo" – suspiró, hizo una pausa y comenzó a hablar
-
"Me gustó sentirme deseada así, tan abiertamente, era tan
evidente, no hacía nada por ocultarlo…" – mi polla reaccionó ante su
confesión y comenzó a recobrar la turgencia poco a poco – "… luego, cuando
me besó en el cuello, en el baile, a la vista de todos, fue… no se que sentí
viendo cómo me mirabas…" - Mis manos acariciaban su espalda respondiendo a
sus palabras, transmitiéndole lo mucho que me excitaba su declaración –
"Cuando salimos a la terraza y me besó… fue tan intenso… y luego, cuando
sentí como se metía por debajo de mi falda… " – Carmen era consciente del
efecto que sus palabras me producían, mi cintura bombeaba de nuevo, de una
manera automática no intencionada, era puro instinto que brotaba de lo más
profundo de mi al escuchar a la hembra declarar como se había rendido al
cortejo del macho.
-
"Era todo tan… prohibido, y al mismo tiempo tan
abrumador…"
La besé interrumpiendo sus palabras, no podía evitarlo, la
deseaba más que nunca; Con cuidado de no salir de su interior me giré llevándola
conmigo hasta quedar sobre ella
-
"Sigue"
-
"Luego, cuando sabía que iba a tocarme el pecho…"
-
"Las tetas" – corregí yo.
-
"Si, las tetas… era como si hubiese vuelto a mi
adolescencia"
-
"¿Qué sentías?" – seguía moviéndome con lentitud, sin
prisas, me encontraba a plena potencia pero era consciente de que debía
dosificarme.
-
"No eran tus manos"
-
"No, no era yo ¿Las notabas diferentes?"
-
"Si, eso es"- sus caderas ejecutaban una danza ondulante
contra mi pubis.
-
"Sigue"
-
"Después, cuando noté su mano en mi muslo, supe lo que
podía ocurrir, pero estaba como paralizada"
-
"¿Y luego?" – quería oírlo, necesitaba oírlo de su boca
-
"Luego, sentí su mano ahí…"
-
"¿Dónde?" – estaba a punto de estallar de nuevo.
-
"En mi coño" – su voz se había vuelto grave, profunda
-
"En tu coño, si, qué sentiste?"
-
"Me sobresalté, noté la presión de sus dedos…quería huir,
apartarle, pero era como un imán más fuerte que mi resistencia; Luego
llegasteis…" – Estaba dominado por una emoción intensa, me estiré hacia la
mesilla y encendí la lámpara, necesitaba ver su rostro mientras se contaba
su primera experiencia con otro hombre.
-
"Te has dejado tocar el coño" – estaba sonriendo y ella
se contagió de mi sonrisa, clavó sus ojos en los míos y afirmó.
-
"Si" – cerró los ojos sonriendo y relajó la cabeza en la
almohada, como si esa afirmación la liberara.
-
"¿Y si no hubiéramos llegado?" – Carmen no contestaba, se
mantenía con los ojos cerrados, sintiendo mis movimientos, acompañándolos
con breves pero enérgicos golpes de cadera; repetí la pregunta – "¿Qué
habría pasado si no aparecemos?"
-
"No lo sé"
-
"¿Crees que lo hubieras parado?"
-
"No lo sé"
-
"¿Querías pararlo?"
-
…
-
"¿Qué sentiste cuando me oíste detrás de ti?"
-
"Me asusté"
-
"¿Por qué? Yo no te iba a censurar, pero dime ¿qué mas
sentiste ante nuestra interrupción?" – estaba manipulando deliberadamente la
forma de exponer mi pregunta, buscaba una respuesta en concreto; Y ésta se
produjo
-
"Fastidio" – la emoción de nuevo me arrolló. Me parecía
imposible estar escuchando a Carmen hablar así.
-
"Te fastidió que llegáramos"
-
"Si" – de pronto su rostro cambió, era como si hubiese
descubierto algo que no veía hasta entonces, una expresión de asombro
contenido apareció en su cara, como si ella misma no se pudiese creer que
estuviese diciendo eso.
-
"Te molestó que interrumpiéramos lo que Carlos te hacía"
-
"Es cierto, si… pero yo… yo no quería…"
-
"Pero te molestó que Carlos no pudiera seguir"
-
"Si, es verdad.. pero en realidad no quería que fuera más
allá"
-
"Eso es otra cosa, no tiene nada que ver, lo cierto es
que Carlos te empezaba a acariciar el coño…" – cada vez estaba más excitada
y mis palabras buscaban aumentar esa excitación hasta conseguir que
confesase, que reconociese y aceptase sus deseos – "… en poco tiempo habría
rebasado tus bragas y habrías sentido sus dedos en tu coño, directamente,
luego habría hurgado entre tus labios, lo sabes verdad?"
-
"Siii!" – fue casi un grito, un lamento mientras se
retorcía, se incorporó apoyando los codos en la cama, abrió mucho los ojos y
me miró – "Si, es verdad, si, si, lo deseaba!" – se dejó caer de nuevo en la
cama con la respiración agitada elevando su pecho, yo continuaba bombeando
al mismo ritmo, sin darle descanso, Carmen seguía murmurando frases breves y
casi ininteligibles, afirmando lo que acababa de descubrir, poniendo en
palabras lo que hasta ese momento no se había atrevido a reconocer; Me deje
caer sobre ella, buscaba su boca pero no la alcancé, me quedé en su cuello
mientras sentía como su respiración empujaba su pecho contra el mío.
Me despertó la claridad entrando por la ventana, escuché el
rumor del agua en el cuarto de baño, Carmen debía estar duchándose.
De camino al otro baño pensé en lo sucedido aquella
madrugada; no era ninguna novedad que Carmen me despertase como lo había hecho,
lo que hacía de esta ocasión algo excepcional es que Carmen había reconocido que
hubiera querido que Carlos la follase.
Tras orinar, me senté en el bidet y me lavé, mas tarde me
ducharía, ahora necesitaba un zumo y un café, me dirigí a la cocina y comencé a
exprimir naranjas.
No conseguía salir de una especie de estado de sorpresa, no
esperaba que Carmen reaccionase así tan pronto; Tenía esperanzas de que, pasados
unos días, quizás unas semanas, conseguiría que incorporase a nuestras fantasías
el episodio de Carlos, lo que no podía imaginarme es que esa misma noche
superase sus recelos y, dominada por la lujuria, me buscase para provocar el
recuerdo de Carlos.
Ensimismado en estos pensamientos apenas la oí entrar, venía
descalza, con una toalla en la mano secándose el cabello, su cuerpo desnudo aun
mostraba pequeñas gotas de agua brillando sobre su piel morena.
-
"Buenos días… ¡qué bien! Un zumito es lo que necesitaba
ahora" – dijo con tono alegre tomando uno de los vasos que acababa de
preparar, tras apurar casi la mitad se volvió a mí y me beso en la boca, yo
la abracé con fuerza y la besé con una pasión desproporcionada, lamí su boca
con mi lengua saboreando los restos de zumo – "¡vaya, cómo nos levantamos
hoy!" – dijo bajando la vista hacia mi polla que había reaccionado
instantáneamente y se clavaba en sus muslos – "Parece que el ejercicio
nocturno no te ha cansado" – su mano izquierda apreso mi polla, dejó el vaso
en la encimera y me abrazó sin abandonar su presa, nos besamos de nuevo –
"Mejor lo dejamos, si no me parece que no vamos a hacer nada en toda la
mañana" – sonreí, era mejor que dosificáramos la potencia del recuerdo.
Seguí preparando el café mientras Carmen terminaba de secarse el pelo y se
enrollaba la toalla en la cabeza; Estaba preciosa, totalmente desnuda, con
la piel aun húmeda y todo el pelo recogido bajo la toalla; se sentó en una
silla y cruzó sus piernas mirando cómo le servía el café, mi polla no tenia
opción para descansar, cada vez que comenzaba a declinar un poco, la visión
de Carmen me volvía a excitar.
-
"¡Bonito culo!" – me volví hacia ella agradeciendo el
cumplido con una sonrisa y nos lanzamos un beso.
Desayunamos en la cocina, intentando no hablar del viaje.
Procurando volver a la normalidad, aunque mi cabeza estaba permanentemente
inundada por imágenes, unas vividas, otras imaginadas.
Durante aquel fin de semana me di cuenta de que veía a Carmen
de una manera diferente, no conseguía mirarla sin recordar que por primera vez
había estado con un hombre; No había follado, es cierto, pero su cuerpo volvía a
saber lo que se siente al ser tocado por otras manos, una sensación prohibida
que ahora se volvía posible, solo faltaba terminar de romper los prejuicios y
los temores irracionales producto de la educación. Sería cuestión de tiempo y de
trabajo por mi parte. Hacer normal en nuestras fantasías lo que había sido
excepcional en nuestro viaje, de ese modo conseguiría que la próxima vez que
surgiera la ocasión propicia Carmen tuviera que luchar menos consigo misma.
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