[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ]
 Enlace Recomendado del día: [ Contactos Personales ]
 1,020,770 Miembros | 12,816 Autores | 54,017 Relatos | 3,332 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
SITIO DESTACADO
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
COMUNIDAD
EXTRA
VARIOS
 
 
TIENDA
TODORELATOS » RELATOS » CUESTIóN DE LABIOS
[ Ve despacio y no llegarás cansado. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 17 de Mayo, 2008.
Fecha: 07-Abr-08 « Anterior | Siguiente » en Fantasías Eróticas (1456 de 1469)

Cuestión de Labios

Anubisx
Accesos: 1,178
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 125 min. ]
 -   + 
Tiempo después de estar en Hunter´s Island, la modelo brasileña Adriana Lima recibe un sensual reto que no podrá rechazar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Adriana Lima estaba sentada en su elegante sofá de diseño. Con el mando a distancia en la mano, e inclinada hacia delante, la bella brasileña observaba hipnóticamente las dos pantallas de televisión. Como llevaba haciendo todo el día que terminaba ahora, y todo el día de ayer, y el anterior y el anterior a éste.

Desde que recibió las grabaciones remitidas por Irina Sheik, la modelo rusa. En una de ellas, se veía la grabación realizada por Jeff Hunter, el multimillonario, en su isla. Con sorpresa, Adriana observó cómo el hombre había grabado la mayoría de sus enfrentamientos con su aborrecida Alessandra Ambrosio. En la otra grabación, la bella mujer observó un largo combate sensual entre la propia Alessandra e Irina. Durante más de una hora, las dos modelos batallaron en una habitación vacía y alfombrada, boca a boca, pecho a pecho, sexo a sexo, totalmente desnudas. Adriana miraba arriba y abajo sus cuerpos en duelo, cómo el igualado combate –tan igualado como había sido el suyo con Alessandra- iba de un lado a otro, ahora dominando Irina, ahora Alessandra, ahora de nuevo, por enésima vez, empatadas. Como en su duelo con la otra brasileña, Adriana vio como los desnudos pechos de Alessandra acabaron dominando las tetas de la rusa; igualmente, los gruesos labios de Irina acabaron dominando eróticamente, con besos y lengua, a Alessandra, que finalmente acabó, duramente, perdiendo el combate con una tanda de largos orgasmos crueles y viciosos.

Adriana volvió a poner las dos grabaciones a la vez, comparando su duelo con el de Irina, ambas contra la misma mujer. Rebobinando, avanzando, congelando la imagen, observó con detalle la similitud de las luchas, la similitud de sus virtudes y las de Irina, y las escasas debilidades casi idénticas de ambas. Como todos los días acababa haciendo, y varias veces, Adriana terminó pausando la imagen en algún fotograma del duelo de besos entre las dos rivales de la pantalla. Hipnóticamente, Adriana observaba fijamente los labios de la otra mujer, convirtiéndose ello en una enfermiza obsesión. No podía dejar de pensar en ellos, en los labios que la habían besado hacía más de seis semanas en la isla de Jeff Hunter.

Y sólo deseaba, más que nada en este mundo, humillarlos con su propio beso pasional y lujurioso.

Al día siguiente, Adriana despertó. Como las últimas noches, apenas había logrado conciliar el sueño, y cuando había logrado dormirse, había soñado en dos gruesos labios rojos, que la besaban hasta ahogarla, hasta dejarla sin aire. A veces, algunas noches, lograba imponerse a la pesadilla, destrozando a esos bellos labios suculentos con su propia lengua. Pero esta noche, no había sido así. Y, como siempre que ello ocurría, Adriana se despertaba con una extraña sensación en el estómago, mezcla de miedo, humillación, lujuria, envidia y revancha.

Apartando los pesimistas pensamientos de su mente, la sensual mujer se levantó, caminando descalza y silenciosamente hacia la cocina. Vestida sólo con un culotte, y en topless –como siempre dormía en épocas de calor-, la modelo pasó por el salón. Y, allí, se detuvo, extrañada. En el suelo, junto a la puerta de entrada al hogar, había un sobre con su nombre. Agachándose, lo cogió, y le dio la vuelta. Sin remitente. O quizás sí…

- Maldita furcia rusa –gruñó, viendo como unos labios estaban marcados en el sobre. Esa zorra había besado el sobre, como claro desafío. Abriendo el sobre con enojo, sacó un CD de su interior.

Enseguida fue a su lector, e introdujo el disco. Y se sentó, dispuesta a ver que había preparado Irina para ella. En el menú aparecía un único vídeo, titulado "Mi Triunfo". Entrecerrando los ojos, Adriana activó el vídeo. Tras aparecer de nuevo las palabras "Mi Triunfo" en la pantalla, comenzó un vídeo ya conocido por Adriana Lima: lo había visto infinidad de veces en las últimas semanas, mientras buscaba todo dato, toda foto, todo vídeo, de su nueva oponente rusa.

Con envidia y prepotencia, Adriana Lima observó cada curva de Irina Sheik en el anuncio de la ropa interior "Triumph", donde la rusa morena desfilaba con un culotte y un sostén oscuros de la marca. Tras acabar el vídeo, empezó otro donde aparecía Irina, vestida de sensual vaquera –llamativa ropa interior negra, altas botas castañas y sombrero, junto a un lazo en sus enguantadas manos-, en pleno rancho. Adriana conocía ese lugar: el rancho "White Stallion" de Tucson, en Arizona. Allí habían tomado fotografías para la célebre publicación "Sport Illustrated Swinsuit" a tres modelos: Brooklyn Decker, Yesica Toscanini, y la propia Irina Sheik. Ella misma había sido invitada para ese número de la revista, pero lo había rechazado para viajar a Hunter´s Island. A pesar de que todo aquello fue una farsa, no se arrepentía de ello.

- Hola, copia barata –empezó Irina en la pantalla. Sus primeras palabras hacían alusión a ciertas declaraciones de Adriana. Al ser preguntada por la nueva promesa, Irina Sheik, y su parecido físico con ella, la brasileña sólo había respondido con un despectivo "es una copia barata". Cierto, las palabras fueron dichas en una fiesta donde el alcohol corría por todas las venas, pero ello no era excusa para la rusa-. Ya debes haber visto suficientes veces las grabaciones de nuestros enfrentamientos con esa puta de Alessandra. Sí, viste bien, la derroté, como tú. Así que ahora estamos en igualdad de condiciones para encararnos –Irina se acercó a la cámara, e inconscientemente Adriana se levantó y se acercó a la pantalla-. Tú y yo, a solas –dijo un primer plano de Irina, y Adriana puso su frente contra la frente de la rusa, su nariz contra su nariz en la pantalla, mirándola con odio a los ojos como si estuviera frente a ella-. Tú cuerpo contra mi cuerpo, tus labios contra mis labios. Desnudas.

- Zorra caliente –jadeó Adriana, notando como su entrepierna se calentaba.

- Nos vemos, copia –Irina entonces besó la pantalla, dejando sus labios marcados en la cámara que la grababa, y desapareció de la imagen. Curiosamente, sus últimas palabras fueron dichas en español.

- El desfile de Madrid –dijo en voz baja, recordando que en tres días estaría allí, en la pasarela Cibeles-. Entonces, allí resolveremos esto, copia barata - sin poder evitarlo, la brasileña besó la pantalla, sobre la marca de los labios de la rusa.

Alessandra Ambrosio caminaba por la playa, esa mañana. Como siempre últimamente, sentía esa extraña sensación interior, mezcla de frustración, rabia, envidia y calor. En pocos meses, todo su mundo había cambiado totalmente. Desde esa llamada de Jeff Hunter. Una espiral de ardientes acontecimientos la habían llegado a pelear –y a follar- con Adriana Lima, para entonces ser secuestrada por Irina Sheik y encararla sexualmente. Con ambas, había sido derrotada. Y humillada.

Pero, a pesar de ello, algo se había activado en su interior. Algo hirviente. Su cuerpo le pedía más de ese sentimiento que notó despertar en ella al dejar salir sus sensaciones más íntimas de rivalidad femenina, de competitividad entre bellas mujeres. Lo sintió contra Adriana, y en menor medida contra Irina. Y deseaba sentirlo de nuevo.

- ¡Embustera! –oyó gritar entonces, y Alessandra volvió al mundo real. El grito procedía del grupo de árboles cercanos a la playa, a su derecha. La modelo miró a un lado y otro: la playa estaba casi desierta, a excepción de un par de mujeres que tomaban el sol a un centenar de metros de ella, y unos bañistas jóvenes más lejos aún. Sólo las dos mujeres tendidas en sus toallas miraban hacia ella, pero no creía que hubieran oído algo.

De nuevo de entre los árboles se oyeron sonidos, acompañados de suaves gemidos. Alessandra notó que su cuerpo empezaba a arder, mientras iba reconociendo el sonido del duelo, el sonido de los gemidos de esfuerzo físico y mental, el sonido de la rivalidad femenina. Sus pezones se alargaron, casi traspasando su bikini rosa. Así, caminó hacia la fuente del sonido…

- ¡Aaaaah! –gruñeron al unísono las modelos. En la arena, sus cuerpos perfectos rodaban a un lado y otro, en el pequeño claro entre los árboles, Sus piernas estaban entrelazadas, sus muslos buscaban cerrarse aún más firmemente sobre las otras cinturas, sus vientres planos y desnudos se pegaban sudorosos uno contra otro, y sus grandes pechos se aplanaban dolorosamente juntos.

La francesa, finalmente, empujó a un lado a la argentina, y ambas se arrodillaron, frente a frente, jadeantes, mientras se masajeaban sus enrojecidas tetas, que casi saltaban de sus pequeños bikinis.

- Si vuelves a nombrar a esa zorra de Estella Warren, agarraré esas tetas grandes tuyas y las explotaré –gruñó enojada Laetitia Casta, mirando con odio a su oponente-. Cualquier cosa que te haya contado La Sociedad sobre nuestros enfrentamientos…

- Y si tú vuelves a hablar en mi presencia de esa furcia israelí, serán tus gordos orbes los que revienten bajo mis uñas –jadeó Pampita, levantándose lentamente al igual que la modelo gala-. Bar Refaeli no me derrotó, ni lo hará nunca.

- No te tengo miedo, Pampita, ni a ti ni a tus tetas –Laetitia miró con desprecio el amplio pecho de la argentina.

- Tampoco te temo, Laetitia, y menos a tus tetas –Pampita devolvió la mirada de desprecio a los senos de la francesa. Entonces empezó a retroceder, sin dejar de mirar a Laetitia-. La Sociedad tiene otras tareas más importantes para mí, y aunque te pese, no son tus tetas las que quiero.

- Tampoco son tus tetas las que busco yo –masculló Laetitia, retirándose también-. Pero quizás nuestros caminos se crucen de nuevo alguna vez.

- Eso espero, y si no La Sociedad nos dará la oportunidad durante la Reunión –sonrió la argentina, desapareciendo entre los árboles.

Alessandra aún pensaba en todo lo que había oído. No era la primera vez que oía hablar de esa "Sociedad". La misma Irina Sheik parecía formar parte de ella, o eso creyó entender en algunas de sus palabras. El propio Jeff Hunter parecía saber más sobre ello.

Pero, mientras pensaba en ello, no se dio cuenta de que su mano derecha metida en su bikini inferior, en su entrepierna. Instintivamente, se había estado masturbando mientras veía el duelo entre las dos modelos, y ahora, pensando en sus cuerpos sudorosos rodando en la arena, terminó alcanzando el orgasmo. Sorprendida, la brasileña corrió hacia el agua del mar, y se metió en ella. Era una especie de purificación.

Calmándose, Alessandra se dirigió a la casa que había alquilado en esa misma playa. Por el camino decidió olvidarse de todo aquello, y seguir con su carrera de supermodelo. Quizás probaría también algo en cine. Con este pensamiento, abrió la puerta. Cerrándola suavemente, la modelo dejó las llaves en la mesa del salón. Allí, extrañada, vio un sobre. Sin remitente. Tras mirar alrededor, terminó abriéndolo: había un billete de avión para Madrid, y un pase VIP para el desfile de la capital española. Mientras Alessandra se preguntaba qué significaba aquello, algo cayó del sobre al suelo. Agachándose, la brasileña abrió los ojos sorprendida al ver un montaje con dos fotografías de dos personas.

- ¡Adriana! ¡Irina! –dijo, cogiendo el montaje. Su corazón latió deprisa, mientras dio la vuelta a la foto-. "¿Quieres venganza? Ellas estarán allí" –leyó en el reverso.

Alessandra volvió a mirar alrededor. ¿Quién había dejado eso ahí? La modelo volvió a mirar las fotos, entrecerrando los ojos con odio. El quién o el qué no importaba. Tenía tres días antes de volar, y se prepararía para encarar a sus dos amargas rivales.

- Zorras, esta vez seré yo la que os humille –dijo, sin saber que dos bellos ojos femeninos la observaba de lejos.

Adriana Lima llegó al desfile, donde fue recibida como una estrella. Pero una vez dentro del backstage, todo se convirtió en prisas. Trajes, bikinis, agujas que retocaban, peluqueros, maquillaje… un caos ordenado. Adriana casi se olvidó de Irina entre tanto ajetreo, pero enseguida ella volvió a su mente, pues apareció en el lugar. Desde luego, Adriana tuvo que admitir que la rusa transmitía algo especial, una especie de sensualidad muy cálida a pesar de venir del frío país ruso. Y, desde luego, tenía bastante parecido con ella.

Sus miradas se encontraron, y todo el caos de su alrededor desapareció. Adriana se olvidó de la mujer que arreglaba su calzado. Irina ni notó al hombre que recolocaba su minifalda. Para ellas, sólo existía la otra modelo en el mundo. De arriba a abajo, sus miradas recorrieron el otro cuerpo, analizándolo.

Los ojos azul-grisáceos de Adriana fue ascendiendo, observaron las largas piernas morenas de Irina, la minifalda de tono marrón-verdoso que apenas dejaba sitio a la imaginación al mostrar la casi totalidad de sus suculentos muslos, la camisa de finos tirantes y del mismo color que ocultaba su vientre –que la brasileña sabía que era liso y firme como el suyo-, los guantes largos en sus manos. La vista de Adriana se detuvo algo más de la cuenta en la elevación que la camisa mostraba a la altura de los pechos de la rusa, para terminar mirando los bellos rasgos del rostro de Irina: sedoso cabello castaño, seductores ojos verdes, y unos impactante y gruesos labios. Adriana hizo una mueca de desprecio al observar su boca, e Irina devolvió la mirada de asco mirando los sensuales y carnosos labios de Adriana. Entonces, la rusa, tras mirar con sus ojos verdes los bellos ojos claros y el delicado cabello moreno de la brasileña, bajó su mirada hacia el pecho de su rival. Adriana vestía una camisa rosa de tirantes, con una mariposa que se estiraba por la presión de sus tetas hacia fuera. Bajando su mirada, Irina observó su vientre, cuyo ombligo asomaba levemente por debajo. Deseó ver más de él, aunque ya conocía a la perfección que Adriana tenía un vientre plano y enérgico, o al menos eso dedujo de las fotografías que ella había estudiado hasta la saciedad. Bajando la vista aún más, Irina observó el culotte de Irina y finalmente sus deliciosos muslos y sus espléndidas piernas.

Ambas volvieron a mirarse a los ojos con pasión, deseando que la otra tuviera menos ropa aún para comparar con mayor detalle sus cuerpos, especialmente sus pechos y sus vientres ocultos.

Adriana despertó cuando un hombre empezó a colocarle unos guantes cortos rosados, apartando la mirada de los hipnóticos ojos de Irina. Era su momento para salir, así que se dio la vuelta, orgullosa de mostrar su perfecto trasero a la rusa, y contoneándose salió a la pasarela. No pudo ver, aunque lo notó, la mirada envidiosa de Irina.

Adriana Lima salió, y enseguida cientos de flashes resplandecieron, y decenas de cámaras enfocaron sus exóticos rasgos, su seductor caminar. Sonriendo, la brasileña hizo lo que mejor sabía hacer: conquistar. Llegando al final de la pasarela, dedicó su mejor sonrisa, y se colocó de perfil. Y fue entonces cuando otra bella sonrisa atrajo su atención. Por una milésima de segundo Adriana frunció el ceño, pero su preparación la hizo mantener el tipo enseguida.

Dándose la vuelta, se alejó con suaves contoneos de cadera, pero con su cabeza nublada en preparación de la tormenta que ahora sabía que se desataría en esta Pasarela Cibeles.

La chica que le había sonreído era Alessandra Ambrosio.

- ¿Necesitas a esa zorra de Alessandra para ayudarte en esto, furcia? –susurró en un momento del desfile Adriana a Irina, cuando ambas tuvieron un momento para intercambiar rápidos murmullos.

- Justo iba a preguntarte lo mismo, zorra –replicó con odio Irina, saliendo a desfilar de nuevo.

Adriana quedó pensativa. Si esa engreída rusa no la había llamado… ¿qué hacía Alessandra allí? Mordiéndose el labio inferior, la brasileña decidió que, si también debía humillar a su compatriota, lo haría.

- Mejor dos que una –susurró.

El desfile continuó, y las tres bellísimas modelos se metieron en una guerra psicológica a gran escala. Irina y Adriana intercambiaron algún golpe de hombros o algún roce áspero de brazos en sus cruces, tanto en la pasarela como en el backstage; mientras las dos modelos también intercambiaron miradas odiosas y sonrisas prepotentes con Alessandra, que devolvió sus sentimientos con igual intensidad. Las miradas a los otros pechos, piernas, traseros y rostros fueron continuas, y muy ardientes. Todas odiaron que el desfile no fuera más veraniego, ya que en ningún momento las participantes usaron escotes o enseñaron sus vientres. Por su parte, Alessandra vestía con una sencilla camiseta blanca sin escote y unos vaqueros, por lo que tampoco aportaba mucho en este duelo mental y de comparaciones. El calor de sus cuerpos aumentó paulatinamente, frustradas y calientes por los desafíos silenciosos. Irina estaba de mal humor por haber perdido la iniciativa con la aparición por sorpresa de Alessandra. Alessandra se sentía anulada por no estar en la pasarela, compitiendo con Irina y Adriana. Adriana sentía que su corazón no podría soportar más espera, y deseaba agarrar de los pelos a Irina, y abofetear a Alessandra hasta quitarle esa sonrisa arrogante.

El final del tenso desfile se hizo esperar, para las tres, muchísimo. Y cuando se cerró, sin embargo, sus corazones latían tan deprisa que pensaban seriamente si no les estallarían dentro del pecho. La ansiedad era enorme. Ninguna tenía miedo de sus rivales; de hecho, ansiaban el encaramiento. La frustración que anidaba en ellas se debía en gran medida a que no podían resolver sus diferencia ahí y ahora, rodeadas de tantas personas. Pero tanto Adriana como Irina habían llegado allí para, más tarde o más temprano, enfrentarse cuerpo a cuerpo, labio a labio, a solas y desnudas. Las dos sabían que su duelo con la otra muchacha requeriría todas sus fuerzas, mentales y físicas, y el uso de todas sus artes sensuales y lujuriosas. Confiaban ciegamente en alcanzar, al final, la victoria y la humillación de la rival. Pero la aparición repentina de Alessandra Ambrosio había cambiado todo ello. No podían permitirse ninguna distracción, ningún gasto inútil de energías contra una enemiga que sabían que era dura, a pesar de haberla derrotado.

Así, Irina y Adriana decidieron que la mejor táctica era dejar que la otra modelo se enfrentase a Alessandra, para encarar su duelo en mejores condiciones que la otra. Por lo tanto, terminado el desfile, se vistieron con sus ropas de calle lo antes posible y salieron del lugar por una salida trasera.

Alessandra acababa de dejar el backstage. Enojada, gruñó al ver como sus rivales habían desaparecido. "Malditas furcias cobardes", pensó.

- Vaya preciosidad esa Adriana –oyó decir a una limpiadora.

- Sí, lo es –dijo un hombre, que por sus ropas parecía algún tipo de electricista. El hombre miró sobre su hombro, a una salida trasera del lugar. La brasileña sonrió ante su suerte, y aceleró el paso.

Irina esquivaba a las pocas personas que había en esas calles secundarias por las que caminaba. Sabía que Adriana le seguía. Aunque no eran las calles el lugar donde había tenido previsto enfrentar a la brasileña, al menos no iba a ser un día desaprovechado si sometía a esa zorra engreída en cualquier lugar solitario. Sus bellos ojos verdes no dejaban de buscar el lugar perfecto para ello, hasta que localizó un callejón a su izquierda.

Asomándose, lo vio vacío, lleno de contenedores de basura a rebosar. El callejón tenía muchas partes ocultas a la vista, y nadie entraría en ese lugar. Tras mirar de reojo y sentir la fría y azulada mirada decidida de Adriana, entró en él, deseando que no hubiera vagabundos. Sólo, sin embargo, encontró un gato que, asustado, salió corriendo.

El callejón terminaba en una pequeña plaza sin más salidas que la entrada. Más contenedores llenaban el sitio, y algunos cartones indicaban que allí algunas personas pasaban la noche: una noche que caería en menos de una hora. Irina se arrepintió enseguida de haber entrado allí, pero era tarde.

- Es el sitio perfecto para ti, Irina –masculló una voz femenina. Adriana Lima estaba taponándole la salida, con ambas manos en sus perfectas caderas-. Una basura en el basurero.

- Sólo seguí tu olor, y me llevó hasta aquí –replicó Irina, replicando la pose de su rival. Lentamente, empezaron a circundarse-. Y aquí, entre basura, es donde te quedarás.

- Bonitas palabras para una cobarde que salió huyendo de mí –mintió Adriana, pues ella había encontrado casualmente a Irina mientras escapaba de Cibeles.

- Bonitas palabras para una cobarde que huía de Alessandra –replicó Irina. Adriana, sin poder aguantarse más, caminó decididamente hacia la rusa, con los puños apretados. Irina alzó sus puños, esperándola. No era esto lo que habían pensado las dos modelos para resolver sus diferencias, pero igualmente lo deseaban.

- ¿Es una fiesta privada?

Las palabras detuvieron a las dos chicas. Ambas miraron a la entrada del callejón, donde Alessandra las observaba sonriente.

- Alessandra, no te metas en esto –gruñó Adriana-. Es entre ella y…

- Es asunto mío también –cortó Alessandra, con su cara que se enojaba visiblemente ahora. Caminó adelante, y sus rivales se abrieron a uno y otro lado, mirándola – mirándose- cautelosamente-. ¿No creeréis que iba a dejaros en paz tras haberme humillado?

Las muchachas formaban ahora un triángulo perfecto, con cada una de ellas en un ángulo de éste. Sólo poco más de dos metros separaba a una de las otras dos. Sus miradas iban, nerviosas, de una a otra. Sus manos, en sus costados, se abrían y cerraban ansiosamente. Sus pechos subían y bajaban ante las excitadas respiraciones. Vestidas de calle, con vaqueros y camisetas sencillas –blanca la de Alessandra, rosa la de Adriana y celeste la de Irina-, las modelos aún deslumbraban con bellezas desafiantes.

Ojos verdes se cruzaban con ojos azul-grisáceos; ojos azul-grisáceos con ojos color café; ojos café con ojos verdes. En todos se mostraba una extraña mezcla de desafío, ansiedad, envidia, desconfianza, duda y preocupación. Todas sabían que la que diera el primer paso ante otra chica, quedaría a merced de la tercera.

Irina lamió sus labios. Adriana arrugó su nariz. Alessandra se mordió el labio inferior. Al fin, Irina dio un pequeño paso a la derecha, y enseguida las dos la imitaron, manteniendo la distancia. Cautamente, se circundaron, nerviosas. Sus pechos se movieron algo más rápidamente con sus respiraciones. Ello atrajo la mirada de Adriana hacia los orbes de Alessandra.

- ¿Recuerdas mis tetas zorra? –dijo Alessandra con orgullo-. ¿Recuerdas nuestro duelo en topless en aquella playa?

- ¿Recuerdas mis tetas en mi habitación de la isla? –replicó Adriana-. ¿Recuerdas tu rendición?

- Disfrutad del pasado, putas, porque ahora serán mis tetas las que os hagan callar a ambas –dijo bruscamente Irina, enojada por la sensación de ser dejada de lado.

- Recuerdo tus tetitas, Irina, y no son nada –exclamó Alessandra.

- Si tan segura estás de ellas, rusa de mierda, tráelas contra los mías –retó Adriana, viendo en ello una salida al complicado encuentro.

- Si tú estás tan segura también, Adriana, encara las mías de nuevo –gruñó Alessandra, no queriendo que el duelo volviese a ser cosa de dos.

- ¿Por qué no encaras las mías de nuevo, Alessandra? –Irina volvió a traer el desafío hacia ella-. ¿Malos recuerdos?

- ¿Por qué no encaras las mías mejor, Irina? –Adriana tiró de la cuerda imaginaria hacia ella, no queriendo ser marginada-. ¿Miedo, quizás?

- ¿Miedo de tus pequeñas tetas, Adriana? ¿Miedo de tus pequeñeces, Alessandra? –Irina disparó en todas direcciones-. Mis tetas pueden con las vuestras, al mismo tiempo incluso.

Las modelos detuvieron sus movimientos, analizando las últimas palabras de la rusa. Incluso Irina las había lanzado al aire, y ahora las consideraba. Las chicas miraron los otros pechos, ocultos bajo las camisas. Y llegaron a la misma conclusión.

Avanzando lentamente al centro, las bellas muchachas acercaron sus cuerpos al centro del triángulo imaginario. Allí se encontraron, y con parsimonia y tranquilidad juntaron sus cuerpos superiores, de tal manera que sus pechos se toparan con uno de los orbes enemigos. Así, el pecho derecho de Irina se aplastó contra el izquierdo de Alessandra; el derecho de Alessandra se estrujó contra el izquierdo de Adriana; y el derecho de Adriana se comprimió contra el izquierdo de Irina.

Las modelos jadearon con el primer contacto, pero enseguida interiorizaron sus sensaciones y empujaron con sus tetas. Sus tres bellísimos rostros estaban muy cercanos, y sus ojos miraban odiosamente a unos y otros. Las tres estaban muy excitadas, pues el duelo nada corriente a tres bandas tenía muchas variantes, pero confiaban mucho en sus propios pechos firmes.

El pecho derecho de Alessandra le hizo recordar a Adriana firmeza y dureza de las tetas de su compatriota, y aquel duelo en la solitaria playa. Por otro lado, por primera vez Adriana sentía un pecho de Irina, y lo encontró tan consistente y denso como su pecho en duelo. Aún así, creía llevar ventaja en amos duelos de pechos.

Irina también recordaba la robustez y el vigor de las tetas de Alessandra en estos momentos, también recordaba aquel duelo en unas instalaciones secretas de La Sociedad, al tiempo que se maravillaba de las características casi iguales del pecho de Adriana y del suyo propio. Aún así, estaba segura de llevar ventaja.

La mente de Alessandra, por su lado, ardía ante los recuerdos humillantes. Sus duelos de pechos con Adriana en Hunter´s Island; su combate sensual contra Irina en aquel extraño sitio. Sus pechos puestos a prueba contra la resistencia de las tetas de Adriana y contra la solidez de los orbes de Irina. Pero sabía que sus tetas ganarían aquí, y ahora.

Las muchachas siguieron empujando. Sin piedad, sin táctica. Sólo empujar, igualmente uno y otro pecho, hasta que la rival cediera. Pero aunque a ojos de las modelos sus pechos estaban ganando terreno, la realidad era otra: los seis pechos estaban aplastados exactamente de la misma manera. Ni un milímetro de ventaja podía otorgarse a alguna de ellas.

Y fue entonces cuando las tres soltaron un pequeño jadeo al unísono. Todas notaron como las lanzas de los pechos rivales, llamadas por la excitación y el calor del duelo, decidieron embestir contra la abundante carne rival. A través de sus camisas, sus endurecidos pezones hicieron estragos, y a pesar de que ninguna quiso mostrar debilidad, alguna que otra vez un pequeño destello en sus ojos, un suave mordisco en sus labios o un leve temblor de sus cuerpos indicó el desgaste que los pezones largos de las chicas estaban causando en los palpitantes orbes rivales. Mientras, el sudor llenó sus frentes y sus camisas, alrededor de sus tetas en lucha.

Y, cuando llevaban más de cuatro sudorosos minutos de duelo de pechos, la veda se abrió. Un triple gemido dolorido surgió de sus labios, y perdieron el control. Una mano tiró del cabello. Otra mano abofeteó una mejilla. Unos dedos pellizcaron un vientre. Un codo golpeó unas costillas. Unas caderas empujaron otras caderas. Una rodilla se clavó en un muslo. Un pie pisó otro pie.

Con un triple grito de gatas doloridas, las modelos perdieron el equilibrio y cayeron al sucio suelo duro en un enredo de brazos y piernas. Más tortazos conectaron con mejillas, más rodillazos golpearon desprotegidos vientres y largas piernas. Y sobre todo, más suaves cabellos –castaño o moreno- fue tironeado. Pero el objetivo más buscado por las rabiosas modelos –los otros perforadores pechos- se salvaron de cualquier golpe serio, afortunadamente para las tres bellezas.

Sin saber muy bien cómo, cada una rodó hacia un lado distinto finalmente. Allí, jadeantes y con los ojos acuosos, las modelos se sentaron en el suelo, observándose unas a otras. Sus camisas y vaqueros estaban sucios, y algo rotos. Sus zapatos estaban tirados en la arena de combate. Sus caras estaban oscurecidas por la suciedad y enrojecidas por la rabia y el esfuerzo, mientras que sus antaño perfectos cabellos estaban deshilados, casi dándoles un aspecto cómico.

Entonces, un aplauso sonó en la pequeña plaza, y un rubor vergonzante llenó sus mejillas al ver a dos mendigos observándolas con sonrisas en sus rostros barbudos. Las chicas se arreglaron lo mejor que pudieron, y tras una última mirada de odio entre ellas, abandonaron el lugar, cada una hacia su hotel, sin dejar de maldecir a las otras mujeres.

Irina golpeó con sus puños la pared de su habitación, soltando un grito de frustración. ¿Cómo podía todo habérsele escapado de las manos? Todo había estado saliendo a la perfección: el envío del CD a Adriana y el reto aceptado, la sensual rivalidad en la pasarela… entonces iba a encararla a solas, mordiendo esos gruesos labios, aplastando esas tetas firmes, haciéndola gemir de placer y dolor, humillándola desnuda…

Pero esa zorra de Alessandra tuvo que aparecer. Todo se había acelerado, y lo que debía hacer sido un sensual y lujurioso duelo de cuerpos con Adriana se había convertido en una pelea vulgar entre basuras para beneplácito de unos vagabundos. Ahora que podía pensar con más claridad, Irina supo que debió haber retado a Adriana a venir a su habitación de hotel, antes de que Alessandra las encontrara. Pero ya era tarde.

Había que pensar en el siguiente paso. Debía buscarlas.

Alessandra terminó de ducharse. Enseguida volvió a mirar su cuerpo desnudo en el espejo, buscando cualquier marca de la pelea. Salvo algún arañazo sin importancia, todo estaba bien. Pero aún así, odiaba haber perdido la oportunidad de humillar a sus dos enemigas. Sabía que ahora mismo podrían estar batallando entre ellas, dejándola de lado. Y ello era una humillación aún peor para ella.

Tenía que pensar como ellas. Buscarlas y, una a una, destrozar sus egos. Humillarlas.

Adriana se acostó en la cama de su habitación. Caos. Eso era su vida ahora, pero no se arrepentía. Se sentía más viva que nunca. Era como si toda su belleza y sensualidad hubiera sido desperdiciada en fotografías y vídeos. Ahora podía canalizar sus encantos en la competición con otras bellas modelos. Y humillarlas, como había logrado con Alessandra.

Pero ahora se enfrentaba a dos rivales a la vez. La presencia de su compatriota brasileña había cambiado su duelo con Irina. Tenía que pensar un plan. Pero antes, debía encontrarlas.

Irina pagó al taxista, y se bajó. El hombre no pudo evitar tomar una última mirada de la bella mujer, y de sus magníficas curvas. La rusa se alejó del taxi, con su larga falda azul ondeando ante la ligera brisa. Irina llegó hasta la casa, y volvió a mirar la nota que había encontrado esa mañana en su habitación de hotel.

"Perra, te espero en la siguiente dirección, en las afueras de la ciudad, donde nadie nos molestará. Prepara tu mejor conjunto de ropa interior"

Alessandra firmaba la nota. Irina no sabía cómo la había localizado, pero no importaba. No se echaría atrás ante un reto. Ya había derrotado a la brasileña una vez, y lo haría de nuevo. Cuando la tuviera bajo ella, humillada, rendida, quizás podría sacarle a golpes la localización de Adriana, si ella sabía dónde estaba.

Sacando la llave que la nota traía, la bella rusa abrió la puerta. La mujer recorrió la pequeña casa, pasando por su salón, su baño, su cocina… no había nadie. Entonces, salió al jardín. Allí, junto a la piscina, había una escultural mujer, dándole la espalda: Alessandra.

Irina dedicó unos segundos en mirar de arriba a abajo la parte trasera de la brasileña. El perfecto trasero de la sudamericana destacaba a través de los vaqueros que llevaba. Entonces, la rusa tosió deliberadamente mientras caminaba hacia ella, para llamar su atención y poder observarla por delante. Alessandra se giró, e Irina pudo ver como las tetas de la modelo empujaban hacia fuera, bajo su camiseta amarilla y rosa, al igual que las suyas propias empujaban su camiseta azul.

- ¿Tú? –gruñó Alessandra. Irina pudo ver claramente el gesto de sorpresa al verla-. ¿Qué demonios haces aquí, zorra?

- Tú me citaste, puta –replicó Irina, tan sorprendida como su rival. La rusa alzó su nota-. Éste es tu maldito reto.

- Yo no te he citado aquí, engreída. Adriana me envió esta nota, desafiándome a venir aquí con mi mejor conjunto de ropa interior –Alessandra levantó un papel. Irina se acercó con intención de arrancárselo de la mano y leerlo, pero un gesto en la bonita cara de Alessandra la hizo detenerse, y girarse. Allí, vio lo que Alessandra había visto. A ella.

- ¡Adriana! –dijeron al unísono Irina y Alessandra. La recién llegada, vestida con camisa verde y pantalones cortos a juego, apretó los labios, con claro disgusto.

- ¡Maldita zorra cobarde! –gruñó Adriana, acercándose a las otras dos modelos-. Finalmente SÍ necesitas a esa furcia para derrotarme, Irina.

- Yo no necesito a nadie para destrozar esos bonitos labios tuyos, puta brasileña –replicó Irina, mientras las tres tomaban posiciones defensivas con respeto al resto. Las tres tuvieron una especie de déjà vu mientras volvían a encararse en un nuevo desafío a tres bandas.

- Supongo que has recibido un desafío de Irina para venir aquí con tu mejor conjunto de ropa interior –aventuró Alessandra.

- Exacto –gruñó Adriana, mirando a una y otra con recelo.

- Yo he recibido el mismo supuesto desafió de Alessandra, y ella de ti –dijo Irina, comprendiendo-. Alguien nos quería aquí.

- Bueno –sonrió Adriana-, ¿cuál es el problema? No importa nada más aparte de que nosotras resolvamos esto de una maldita vez ¿no?

- Por una vez estamos de acuerdo, zorra –dijo Alessandra.

- Ya somos tres –agregó Irina.

Las modelos dieron un paso atrás, para asegurarse una distancia de seguridad. Separadas por casi dos metros cada una, empezaron a girar en círculos.

- Ahora seguramente alguien de La Sociedad nos esté grabando –dijo Adriana de repente, y tanto Alessandra como Irina se sorprendieron de que la brasileña supiera de la existencia de ella.

- Perfecto. Así podrá todo el mundo ver como someto vuestros flácidos cuerpos –habló con firmeza Alessandra.

- ¿Cómo me hiciste la última vez? –ironizó Irina.

- Puedes venir aquí y verlo, puta –retó Alessandra.

- No olvides que pasó en nuestro último encuentro, Alessandra –atrajo Adriana la atención de su rival brasileña-. Recuerda como sometí tu patético cuerpo.

- Bien, podéis vivir del pasado, zorras, pero AHORA es el momento de ver quién es la mejor –Alessandra gruñó.

- Podemos empezar mostrando nuestros favorecedores conjuntos… ¿no? –Irina alzó una ceja, deseando pasar de nivel y mostrar su fabuloso cuerpo a las rivales. De hecho, las tres deseaban deslumbrar a las otras con sus cuerpos, por lo que habían escogido sus mejores galas interiores para la ocasión.

- Preparaos para quedaros ciegas –sonrió Alessandra, agarrando la parte inferior de su camiseta.

- Que pena que no hayáis traído gafas de sol… estaréis deslumbradas en unos segundos –dijo Adriana, imitando el movimiento de Alessandra.

- Por la boca muere el pez –replicó Irina, asiendo la parte baja de su camiseta-. ¿Están listos vuestros ojos?

Las modelos se observaron, desafiantes, y un segundo después tiraron arriba de sus camisetas. Con un rápido gesto arrojaron sus ropas a un lado, al tiempo que con un elegante movimiento de cabeza azotaban sus largos y suaves cabellos en el aire en un gesto de gran carga sexual. Entonces, volvieron a mirarse, entrecerrando los ojos ante la vista de los otros dos grandiosos cuerpos. Como si lo hubieran ensayado, las tres mordieron sus labios inferiores al unísono, envidiosas ante lo que veían.

Sus torsos superiores eran, prácticamente, perfectos. Vientres planos, ombligos impecables, cinturas curvilíneas. Sus pechos, ocultos sólo en parte, se mostraban redondos, firmes, temblorosos ante los leves movimientos de sus cuerpos. Las tres llevaban un lujoso sostén de seda. Mientras Irina deslumbraba con su sujetador blanco de tirantes finos, Alessandra estaba espléndida con su sostén rosa, y Adriana fascinaba con su sostén marrón. Todos estaban decorados por líneas curvas y alguna figura geométrica pequeña en la parte superior y en sus tirantes. Y todos hacían perfectamente la función de elevar, juntar y sugerir.

A pesar de las constantes miradas, ni una ni otra podía reclamar ventaja alguna respecto a tamaño, forma, firmeza, redondez o altura de sus pechos. Todas llevaban perfectos sostenes, y todas tenían tetas sin defectos. Sus mentes se adelantaron momentáneamente, al pensar que ello se decidiría cuando sus sostenes cayeran al suelo. Por ello, las modelos habían escogido sujetadores que se abrían por delante. Pero ello sería más adelante.

- Me gustaría ver cómo esas tetas vuestras siguen así de bonitas sin sostén –gruñó Alessandra, empezando a desabrocharse el vaquero-, pero antes mis piernas y mis muslos deben daros una nueva lección.

- Sin sostén vuestros maravillosos pechitos no son nada –gruñó Irina, mientras empezaba a quitarse la falda-, pero antes tendré que enseñaros lo que son unas piernas y unos muslos de verdad.

- Después veremos si esas firmes tetas de las que estáis tan orgullosas siguen así de alzadas sin sujetador –habló Adriana, empezando a bajarse su pantalón corto-, pero si antes queréis ser de nuevo humilladas por mi cuerpo, adelante. Vais a ver lo que son unas piernas y unos muslos perfectos.

La falda de Irina fue lanzada a un lado de las mujeres, y enseguida sobre ella cayó el pantalón corto de Adriana, y un segundo después lo hizo el pantalón vaquero de Alessandra. Calientes, las mujeres observaron los otros cuerpos inferiores: largas piernas, suculentos muslos y bellas caderas. Descalzándose, se circundaron de nuevo con sus manos en las caderas, las modelos se miraron con desprecio, observando el perfil de los otros cuerpos, donde sus traseros y pechos destacaban. Los tonos morenos de sus pieles daban a sus cuerpos una mayor sensualidad, al igual que sus ínfimas bragas de seda, a juego con sus sostenes: blancas las de Irina, rosas las de Alessandra, marrones las de Adriana. Sus miradas bajaron una y otra vez a las otras entrepiernas: por el pequeño tamaño de sus bragas, podían sospechar que las otras estaban totalmente depiladas.

Apartando de sus mentes tal pensamiento caliente, las mujeres volvieron a mirarse a los ojos, mientras sus corazones latían a gran velocidad bajo sus generosos pechos. De nuevo sentían esa extraña y ardiente sensación en el interior de sus cuerpos, justo bajo la piel. La envidia y los celos, la competitividad y la feminidad, la arrogancia y la seguridad, la duda y la preocupación: todo era uno. Sus corazones saltaban, su piel se erizaba, sus pezones se endurecían, sus entrepiernas ardían. Amaban y odiaban esa sensación, que las volvía guerreras, zorras presumidas, máquinas sensuales en constante duelo, lanzando inusuales e íntimos desafíos, y aceptándolos con fogosidad. Se sentían más vivas que nunca.

Dejándose llevar, caminaron adelante. Rememorando el día anterior, las tres sensuales chicas juntaron sus pechos de nuevo: el pecho derecho de Adriana contra el izquierdo de Alessandra; el derecho de Alessandra contra el izquierdo de Irina; el derecho de Irina contra el izquierdo de Adriana. El círculo viciosamente caliente se cerró, y las chicas empujaron con suavidad, arriba y abajo, a derecha e izquierda, o en círculos. La seda sonó claramente en el silencio, sólo roto por las respiraciones bajas de las modelos. Sus ojos iban constantemente de una teta a la otra, de ahí a los ojos de una rival, para volver a mirar las seis tetas en duelo.

Con sus cuerpos alcanzando un ardor terrible, las muchachas aumentaron la intensidad. Sus tetas se frotaron más duramente, y sus jadeos aumentaron en fuerza e irregularidad. Sus pezones, ya duros antes del duelo, crecieron y se clavaron en los pechos rivales, causando miradas vidriosas, gruñidos de dolor lujurioso y apretones de dientes.

Ya ninguna pensaba en La Sociedad, ni en la Pasarela Cibeles. Su mundo se redujo a seis bamboleantes pechos, a seis penetrantes pezones. Al sonido de la seda mezclado con el de la carne chocando con carne.

De repente, Adriana notó una suave mano en su plano vientre. Seis redondos pechos obstaculizaban su visión, pero puedo ver la inclinación del brazo de Alessandra sobre ella. La otra brasileña acariciaba su abdomen, tanteándolo, buscando imperfecciones o debilidades. Adriana jadeó ante el contacto, y entonces oyó jadear a Irina. No se había dado cuenta, pero ella misma estaba masajeando y sondeando el firme vientre de la rusa. No sabía si había empezado a hacerlo antes o después que Alessandra empezara a investigar en su estómago, pues una especie de lujuria cegadora se había adueñado de las tres modelos. De hecho, el jadeo de Alessandra y la inclinación de un brazo de Irina le indicó a Adriana que la rusa también estaba explorando, analizando, el liso vientre de Alessandra. Enseguida, las modelos bajaron sus manos libres sobre el vientre de la tercera mujer, batallando así en una doble batalla de tetas y estrujones de abdómenes.

Arriba y abajo, sus manos apretaron con dedos y uñas. Incluso cuando la mano de una y otra mujer se encontraban sobre el vientre de la tercera modelo, peleaban por la posición viciosamente, a veces por introducirse en el ombligo y ser la causante de un gemido dolorido de la belleza vejada.

Y mientras esta lucha subterránea sucedía casi a ciegas, los pechos seguían empujando, amasando y estrujando. A través de la suave seda, sus pezones, como lanzas, se clavaban con la suficiente dureza como para causar malestar y pequeñas descargas eléctricas de dolor. Siempre que una de ellas era perforada, tras el gemido embestían rabiosamente contra la ofensora, normalmente devolviendo el favor para ser perforadas por el tercer pecho en discordia. Así, la tensa batalla iba y venía, de un lado a otro, sin poder dar por ganadora a ninguna de las calientes y bellas mujeres.

Todas deseaban pasionalmente agarrar el cabello de las otras y empezar una lucha sucia, donde todo valiera, pero habían aprendido la lección del día anterior. Ello no solucionaría nada: no resolvería quien de ellas tiene el mejor cuerpo, ni quien es la modelo más sensual, ni quien es la mejor mujer, con mayúsculas.

Tras casi cinco minutos de este lento y metódico duelo, bajo el ardiente sol, el sudor empezó a empapar sus esculturales cuerpos, especialmente sus tetas en duelo. Los sostenes comenzaban a sobrarles, tanto por el calor como porque sus tetas, cada vez más hinchadas, y casi con vida, deseaban saltar afuera para seguir con el duelo desnudas. Sus manos tocaban ahora vientres asquerosamente sudorosos, hasta que Irina decidió dar un giro a la lucha.

La rusa dejó ambos vientres enemigos en paz, para alzar sus manos y agarrar el cabello de Alessandra con su mano izquierda, y el de Adriana con su diestra. Tirando de sus cabezas hacia la suya, Irina aumentó la presión de las seis tetas, acercando sus cuerpos aún más. Gimiendo por el tirón de pelo y por la opresión en sus pechos, Adriana y Alessandra agarraron el cabello de Irina con una mano, mientras lanzaban su mano libre contra el cabello de la otra brasileña. Así, sus cuerpos en círculo se estrujaron teta a teta como nunca antes, haciendo gemir dolorosamente a las tres supermodelos.

Unos segundos lastimosos después, la agonía les hizo perder momentáneamente el control, dándose mutuamente fuertes tirones de cabello con increíble salvajismo, mientras empujaban con todas sus fuerzas con sus tetas. Al unísono, las tres mujeres echaron atrás sus cabezas con un grito de angustia y de frustración, al tiempo que los tirantes derechos de sus sostenes se rompían ante la presión de pecho.

Justo entonces, el pie izquierdo de Alessandra se resbaló a causa de un pequeño charco de sudor caído de sus cuerpos en duelo. Enganchadas una a otra firmemente, el tropezón de una arrastró a las otras atrás. La tierra y el cielo se mezclaron caóticamente, mientras perdían el sentido del equilibrio, sintiendo repentinamente un golpe frío y sonoro en sus cuerpos: habían caído a la piscina.

Desorientadas, las tres modelos patalearon, agitaron sus brazos y finalmente salieron a la superficie. Jadeando, Irina apartó de su cara el mojado cabello, mientras se agarraba al borde de la piscina. Notando que hacía pie, se soltó. Entonces, de repente, notó un durísimo tirón de su cabello, y fue arrastrada hacia atrás. En su campo de visión apareció un deslumbrante sol, que fue enseguida tapado por el enojado rostro de Adriana. Irina puso duro su cuerpo, esperando el ataque de su enemiga, pero de repente la cara de Adriana mostró un gesto de dolor, cerrando los ojos y mordiendo sus gruesos labios mientras algo tiraba de ella hacia atrás. Irina se giró rápidamente, y vio a Alessandra tironeando del pelo de Adriana. Ésta logró girarse, soltándose y embistiendo contra la otra brasileña. Sus dos perfectos cuerpos chocaron ruidosamente, pecho a pecho, mientras sus brazos se movían violentamente en busca del asimiento del otro cuerpo. Irina vio que las tres estaban en la zona baja de la piscina, con el agua llegándoles por la cintura. Sin pensarlo, la rusa saltó contra ellas, justo cuando Alessandra le daba la espalda en su fogoso duelo cercano contra Adriana. La sudamericana gruñó al notar como una mano tiraba de su pelo duramente, y otra la agarraba por la cintura, arañándola. Las dos tetas de Irina se clavaron en la espalda de Alessandra, y la brasileña notó dos grandes pezones en ellas. Frente a ella, Adriana alzó la mano y la abofeteó en la mejilla. Jadeante, Alessandra vio venir el segundo golpe, y con un brusco movimiento logró agacharse lo bastante para que la bofetada alcanzara el rostro de Irina. La rusa gruñó, soltando a Alessandra y dando dos pasos atrás en el agua baja. Alessandra aprovechó para abofetear el rostro de Adriana, que gritó y se lanzó contra ella, bajando su cabeza y clavándola en el firme vientre de su rival brasileña. Alessandra gimió al perder bruscamente el aire de su cuerpo, mientras las dos brasileñas caían al agua bruscamente. En el caos acuático, Alessandra lanzó su mano arriba, alcanzando por azar el pecho derecho de Adriana. Gimiendo, ésta se separó de su contrincante, mientras ambas hacían pie rápidamente para recuperar el equilibrio. Una bofetada golpeó entonces el rostro de Adriana, y otra voló contra la cara de Alessandra. Gruñendo de satisfacción, Irina volvió a alzar ambas manos para repetir el vicioso ataque, cuando el puño de Adriana se clavó repentinamente en su plano estómago, al tiempo que la palma abierta de Alessandra abofeteaba su bello rostro. Gritando, la rusa retrocedió, mientras Adriana volvía a golpearla, esta vez con un duro tortazo en su pecho izquierdo, que casi sacó su teta del sostén blanco mojado. Rugiendo de furia, Irina se lanzó adelante, y los tres cuerpos húmedos chocaron caóticamente. Sus manos izquierdas tironearon de los otros cabellos mientras Irina clavaba su puño profundamente en el vientre plano de Adriana en venganza. La brasileña gruñó, doblándose, al tiempo que la rusa golpeaba con su palma abierta el pecho izquierdo de Alessandra, que retrocedió gimiendo, pero llevándose dolorosamente algo de cabello de la rusa. Adriana aprovechó el momento para regresar, clavando su puño en el vientre de Alessandra. Irina, viendo que se distraía con la otra enemiga, lanzó su puño cerrado al vientre de Adriana, y Alessandra, recuperándose del golpe de la otra brasileña, impulsó su puño derecho contra el vientre de Irina.

Las tres modelos se tambalearon hacia atrás, jadeando pesadamente por aire. Sus cuerpos, especialmente sus rostros, cueros cabelludos y vientres, ardían en dolor. La furia asesina que las había dominado empezaba a calmarse, mientras las bellísimas mujeres se observaban cautelosamente, con sus manos en sus doloridos estómagos.

Adriana se dio cuenta entonces que tanto Irina como Alessandra miraban fijamente su pecho, casi con deseo. Bajando la mirada, se dio cuenta de que había perdido el sostén marrón, y sus sólidas tetas estaban a la vista de sus hambrientas antagonistas. Pero en lugar de avergonzarse, Adriana alzó su barbilla con orgullo, arqueando la espalda y sacando pecho.

- Ahora ya sabéis lo que son unas tetas de verdad, zorras –jadeó la brasileña.

- ¿Unas tetas de verdad? –se burló Alessandra, mirando con desprecio el pecho de su rival. Sus manos fueron hacia la parte delantera de su sostén rosa-. Espero que aún recuerdes estos globos de aquella playa –Alessandra abrió sus sujetador, mostrando su firme pecho. Arrojando el sostén rosado al agua, la mujer adoptó la misma postura arrogante de Adriana.

- Los recuerdo perfectamente, cariño –replicó Adriana-. Sobre todo cuando folle tu patético cuerpo esa misma noche.

- No os olvidéis de éstas –Irina interrumpió, abriendo su propio sostén blanco. Realmente, estaba tan mojado que prácticamente estaba desnuda, pero aún así cuando sus pechos fueron liberados, Alessandra y Adriana no pudieron reprimir una mirada envidiosa-. Alessandra ya las conoce, pero Adriana aún no tiene el placer –Irina sacó pecho, orgullosa.

El silencio dominó el duelo ahora, sólo roto por ocasionales jadeos de agotamiento y, también, de deseo controlado. Los seis pechos eran redondos, firmes, elevados, y de similar tamaño. Sus pezones estaban erguidos y duros, y se mostraban peligrosos ante sus rivales. Había llegado la hora de la verdad.

Con un gruñido, Irina caminó resuelta adelante, pero entonces unos aplausos resonaron en el lugar. Las tres miraron fuera de la piscina, y allí estaba Petra Nemcova. La checa aplaudía, sonriente.

- El espectáculo está siendo perfecto, chicas –Petra rodeó la piscina, moviendo sus caderas. Estaba deslumbrante en su bikini rosa, del mismo color que la ropa interior de Alessandra. Su cabello castaño caía más allá de sus hombros, y tanto su tono como su forma volvían a hacer obligatoria la comparación con Alessandra.

- Furcia barata –gruñó la brasileña, recordando la pasarela de Milán, donde habían estado a punto de golpearse una a otra tras varias palabras malsonantes. Ella percibía que Petra venía a desafiarla: había copiado su pelo, su ropa... sí, desde luego La Sociedad estaba tras esto también.

- Exacto –casi leyó Petra la mente de todas-. Ellos están organizando algo grande. Una especie de torneo, una Reunión… pero no todas podremos estar –Petra se detuvo cerca de Alessandra, y se inclinó, mostrándole su generoso escote con descaro. La brasileña hizo una mueca celosa al ver sus pechos, pero enseguida la miró a los ojos con odio.

- Pues resolvamos ahora mismo quién irá –gruñó Alessandra, y Petra sonrió.

- Para eso me dieron esta dirección. Sólo dos de nosotras cuatro. Es lo único que me dijeron.

Irina y Adriana se observaron, con una extraña mirada. Habían captado las intenciones de La Sociedad. Ya tenían la grabación de Adriana y Alessandra luchando, al igual que las de Alessandra e Irina, y tenían buen material de ellas tres en esa piscina. Pero era hora de hacer la selección. Y ellas serían las rivales.

Alessandra salió de la piscina por la escalerilla, mirando a sus hasta ahora dos rivales. En su mirada se leyó que aquello no había acabado, mientras ellas y Petra entraron en la casa, listas para resolver sus diferencias de una vez.

- ¡Perfecto! –dijo una voz masculina en la sala de cámaras-. Todos los peces están picando, creyéndose libres en el mar cuando sólo siguen nuestros anzuelos.

- Cuando La Sociedad sepa lo que estamos haciendo, vendrán a por nosotros –dijo una voz femenina, tras el hombre.

- Será tarde –sonrió el primero-. ¿Está lista la máquina?

- Eso parece. Hoy la probaré contra esa zorra, y veremos sin funciona.

- Por ahora, estáis dos a dos, ¿no? –dijo el hombre, deseando volver a verlas pelear. La mujer, por respuesta, sólo gruñó, enojada.

- Bueno –jadeó Adriana, ansiosa-. Al fin solas.

- Sí –replicó Irina, caminando hacia ella en la piscina-. Llegó el momento.

Girando lentamente una alrededor de la otra, las dos modelos se observaron como si nunca antes lo hubieran hecho. Irina miró a su odiada rival, echando una mano sobre el agua para arrastrarla sobre la fría superficie, como si quisiera calmar el calor que sentía mientras miraba el perfecto cuerpo rival. Por el movimiento de los pechos de Adriana, la rusa sabía que la brasileña estaba tan caliente como ella. Y tan deseosa.

Ambas estaban ahora en la zona de la piscina donde el agua llegaba por sus cinturas. Sus cuerpos parecían dos reflejos en un espejo: de prácticamente la misma altura y mismo peso, con pechos firmes y generosos, amenazantes pezones puntiagudos y duros, lisos vientres, largas piernas perfectas, suculentos traseros apretados, y rostros bellísimos de grandes labios golosos y penetrantes ojos. Verdes unos, azul-grisáceos otros. Sus cabellos eran de la misma longitud, y algo más oscuros los de Adriana.

- ¿Has venido a luchar o a mirar? –dijo Irina.

- A follar esos labios tuyos, y de paso el resto de tu patético cuerpo –fue la dura réplica de Adriana.

- Cuidado con lo que deseas, Adriana, porque quizás seas tú la follada –dijo Irina, deteniéndose para encarar a la brasileña, que se detuvo también con una mirada caliente en su bello rostro-. Tanto unos como otros labios.

Adriana jadeó ante esas últimas palabras, notando como sus pezones se atiesaban. Tras una rápida mirada al pecho desnudo de Irina, supo que había tenido el mismo efecto en ella.

- Muéstrame como besan esos pequeños labios, furcia.

Las modelos caminaron adelante con lentitud. Ya cerca, Adriana tomó una respiración profunda, hasta que su nariz se cepilló contra la de Irina. Pausadamente, ambas trajeron el resto de sus cuerpo en suave contacto: primero, sus frentes, y sus tetas desnudas, luego sus vientres y ombligos, luego sus muslos. Irina notó su boca seca, pero enseguida se lamió sus labios. Los bellos ojos azul-grisáceos de Adriana tapaban todo el campo de visión de Irina, y los preciosos ojos verdes de Irina el de Adriana. Pero bajo ellos, bajo las narices apretadas, asomaban dos líneas jugosas y llenas, listas para batir a sus contrapartes. Allí bajaron ambos pares de ojos, y ante la vista de los otros labios suculentos, los cuerpos de las modelos temblaron, y sus pezones se endurecieron, clavándose más en el otro pecho y haciendo que ambas jadearan de dolor y placer.

Respirando pesadamente, las mujeres volvieron a mirarse a los ojos. Adriana mordió su labio inferior, nerviosa pero hambrienta, e Irina volvió a lamerse los suyos. Sus vistas volvieron a bajar a sus labios.

- ¿Crees que puedes derrotarme en una pelea de besos? –dijo Adriana, con la voz seca. Tragó saliva, y se humedeció los labios lentamente, para dar tiempo a Irina a mirar su arma. La rusa lo hizo, y no habló hasta que la peligrosa lengua de Adriana no volvió al interior de su boca, entre dos grandes labios suaves.

- Sí –fue todo lo que dijo, pero con tal lujuria que sonó como un susurro rasgado-. Te derrotaría. Y lo haré.

Los ojos de ambas volaron de los otros labios a los ojos rivales. Había lujuria, odio, celos y duda en ellos, pero sobre todo determinación. Sus cuerpos se calentaban más y más por momentos, en duro contacto. Aún así, sus manos seguían colgando de sus costados, a veces cerrándose en puños por la tensión de las palabras rivales y por el ofensivo contacto del otro cuerpo en topless.

- No creas que ese beso que nos dimos en la isla es todo lo que puedo dar, Irina –amenazó Adriana, mirando con fuego en los ojos a su enemiga. Llevaba tiempo recordando ese beso, y ansiaba con toda su alma devolvérselo a la rusa.

- Eso espero, Adriana, porque no hiciste gran cosa ahí –contestó Irina, que comenzó a presionar su barbilla contra la de Luna poco a poco, con deliberada lentitud, mirando fijamente los ojos de la brasileña para buscar alguna muestra de duda o miedo y poder echárselo en cara. Adriana mantuvo su nariz contra la de la rusa, manteniendo una zona de seguridad entre sus bellos labios gordos. En la piscina, las dos modelos se circundaron lentamente, arrastrando las manos por el agua con los finos dedos, aunque deseaban usarlos para agarrar el otro bonito cabello, o para exprimir duramente esas tetas que sentían aplastadas contra las suyas propias. La tensión creció, pues las dos supieron que todo lo que una de ellas tenía que hacer es deslizarse más allá de la otra nariz para plantar sus labios juntos, y empezar a follarse con labios y lenguas.

- ¿Vienes Adriana, o tienes miedo? –dijo la rusa, lamiendo su labio de nuevo. La brasileña también lamió los suyos, preparándolos.

- Tu cuerpo está temblando, Irina, así que no preguntes quién tiene miedo –Adriana miró los labios de Irina con hambre.

- Tú también tiemblas, zorra –gruñó Irina, y ambas decían la verdad-. Ven aquí.

- Ven tú, puta –dijo la brasileña, mientras ambas dejaban de girar para centrarse en el duelo que venía-. No me impresionas, ni me das miedo.

- Te dejaré impresionada cuando bese esos labios gordos –jadeó caliente Irina, mirando la boca de Adriana-. Te daré miedo cuando mi lengua lama la tuya hasta secarla.

Ante esas palabras, Adriana jadeó con lujuria, empujando por instinto sus tetas y pezones contra el pecho de Irina, que gruñó de malestar pero replicó empujando sus tetas redondas contra ella, cortando la otra piel expuesta con sus largos pezones. Una breve refriega de pecho empezó entre ellas, sin que ninguna se echase atrás durante los breves segundos que duró. Entonces, empatadas, volvieron a centrarse en el duelo de palabras, aunque con sus orbes firmes aplastados juntos con más fuerza.

- Besaré tu boca con tal pasión y fuerza que tus labios estallarán –jadeó Adriana-. Los de arriba, y los de abajo.

- En tus sueños más húmedos, puta –la rusa y la brasileña trajeron sus entrepiernas juntas ahora, pero no frotaron. Sólo presentaron esa demoledora arma a su enemiga, y ambas notaron el calor que surgía de la otra ingle a pesar de que la tela de las mojadas bragas separaba sus sexos. Además, notaron los nombrados labios inferiores, pero prefirieron no pensar demasiado en ellos. Aún no estaban preparadas para aumentar más la intensidad del desafío.

- En tus pesadillas más calientes, zorra –Adriana estrujó su cuerpo un poco más contra ella, e Irina replicó igual-. ¿Lista para mí?

Por respuesta, la modelo rusa se echó casi imperceptiblemente atrás, dejando a ambas el sitio justo para moverse. Mientras Irina inclinaba su cabeza a un lado, Adriana hizo lo propio hacia el lado contrario, siempre manteniendo sus narices juntas, aunque enseguida las dos modelos se deslizaron más allá de la otra nariz. Sus calientes labios pasionales se abrieron levemente, y entonces, con una especie de gemido, sus labios se tocaron.

La sensación eléctrica fue bestial. Surgiendo desde sus labios en contacto, los calambrazos recorrieron sus cuerpos, estallando con especial fuerza en sus pezones, en sus ombligos y en sus sexos. Jadearon ruidosamente, y separaron los labios con brusquedad.

Suspirando, las modelos se esforzaron en retomar la normalidad en sus respiraciones, mientras se maldecían por haberse apartado. Adriana e Irina se habían calentado tanto con sus palabras, con sus declaraciones y desafíos ocultos desde hacía meses, habían vivido tantas veces este duelo en sus sueños más calientes, que ahora no habían podido tomarlo.

Irina levantó entonces sus brazos, y agarró los bíceps de Adriana con fuerza, clavando sus dedos en ellos. Adriana jadeó, caliente incluso con ese duro contacto, e imitó a la rusa agarrando los otros bíceps. Ambas se obligaron a ello, para que la rival no escapara de nuevo, y para que ellas mismas no pudieran escapar del otro beso.

De nuevo sus cabezas se inclinaron, y sus labios se acercaron, rozándose suavemente.

- Puta –se susurraron al unísono-. Puta caliente.

Sus labios se cerraron juntos, y de nuevo la explosión eléctrica recorrió sus cuerpos, pero esta vez ambas se tiraron una a otra de los brazos, resistiendo las ganas de apartarse. Sus bocas se abrieron y cerraron, y los labios grandes fueron frotados, arriba y abajo, entre jadeos y gemidos placenteros.

Repentinamente, algo resbaladizo, caliente y muy húmedo serpenteó a través de sus labios. Con un gemido involuntario, Adriana retrocedió inmediatamente.

- Oh, ¿no puedes hacerlo con lenguas, zorra? –Irina sonrió.

Rabiosa, Adriana soltó los brazos de la rusa para, enseguida, abrazarla. Su brazo derecho pasó por encima del otro hombro, abrazándola por el cuello, mientras su brazo izquierda la abrazaba a la altura de la cintura. El golpe de cuerpos hizo gruñir a ambas, e Irina replicó abrazando de la misma manera a Adriana. Mientras ambas sentían la fuerza del otro pecho en sus propias tetas, la brasileña lanzó su boca contra los labios rusos.

-Te lo mostraré furcia –gruñó la modelo de Brasil, besando con pasión enojada a su oponente. Con un rápido ataque, la lengua de Adriana se metió en la boca de Irina, y allí tuvo una feroz y mojada batalla entre sus órganos dulces rosados. No pudiendo tomar tanta tensión en el interior de su boca, Irina se apartó, jadeando, con algo de saliva cayendo de su labio inferior-. No eres tan resistente con tu lengua como creías, ¿verdad Irina?

- Prueba esto, Adriana –desafió la rusa, lanzándose al ataque de nuevo. Su lengua salió disparada desde el interior de su boca, buscando meterse entre los dos suculentos labios brasileños, pero la lengua de Adriana surgió de ellos e interceptó su ataque en el aire. Fuera de sus bocas, las dos lenguas se lamieron, punta a punta, lado a lado, arriba o abajo, en un duelo de fuerza.

- Te lameré… te secaré –escupió Adriana, caliente.

- Lámeme… sécame –desafió Irina, ardiendo.

Sus lenguas terminaron enlazándose juntas, y de un tirón trajeron sus bocas con ellas. Los labios grandes chocaron como un choque de trenes, antes de que ambas siguieran el duelo de lenguas en el interior de sus bocas. Abrazándose con más fuerza, aplastaron tetas y aplanaron vientres, mientras sus ombligos se besaban eróticamente. A veces la batalla se desarrollaba en el interior de la boca de Adriana; otras veces lo hacía dentro de la boca de Irina. Otras, entre ambas cavidades húmedas. Un ardiente fuego recorría sus cuerpos, endureciendo pezones, que se clavaban en las tetas desnudas dolorosamente.

Apuñalándose mutuamente con las lenguas, las dos brasileñas mantuvieron el caliente duelo durante lo que pareció una eternidad. Ambas se ahogaban sin aire, pero ninguna quería ser la que se retirara, demostrando debilidad ante la otra. El duelo siguió, hasta que Adriana, dominada por la excitación, empujó su entrepierna contra la de Irina, frotándolas juntas bajo el agua fría. La rusa apartó su sexo con un movimiento hacia atrás, y tembló. Adriana sabía que tenía la excusa para separar sus labios y lenguas, y así lo hizo con una explosión de aire caliente.

Las modelos jadearon abrazadas, mejilla a mejilla, recuperando aire a marchas forzadas. La saliva caía desde sus bocas, colgando de sus barbillas y cayendo sobre sus cuerpos y el agua de la piscina.

- ¿Qué ocurre, Irina? –jadeó Adriana, aún mejilla a mejilla-. ¿No puedes tomar mi coño aún con bragas por medio?

- Puedo tomarlo, Adriana, te lo aseguro –gruñó Irina-. Puedo tomarlo tanto como estoy tomando tus débiles labios.

- ¿Por eso te has apartado de mí?

- Zorra –Irina empujó su cara para hacer frente a Adriana, y la brasileña también se giró para mirarse a los ojos-. Esto es entre nuestros labios exclusivamente. Luego habrá tiempo para follarte, si es lo que deseas.

- Puta –Adriana acercó sus labios calientes a los de Irina, y ambas intercambiaron un corto beso lleno de lujuria antes de separarse-. ¿No lo entiendes verdad? –Adriana lamió el labio inferior de Irina, y ésta jadeó, temblando-. Todo nuestro cuerpo forma parte del duelo de besos. Nuestras tetas –Adriana empujó-, nuestros vientres –de nuevo-, nuestros muslos –otra vez-, nuestros coños –concluyó con un frotamiento lento de sexos. Irina, claramente caliente, jadeó de placer-. Todo envía sensaciones que se acumulan en nuestros labios, descargándolas sobre nuestra rival.

Irina no pudo resistirlo más, y besó fogosamente a su rival, viéndola –y sintiéndola- más erótica que nunca. Sus lenguas y labios se lamieron, e Irina trajo sus tetas contra Adriana, para enseguida traer sus vientres y muslos juntos en duelo. Y, entonces, lanzó su sexo adelante, frotándolo con tanto ímpetu que la brasileña tuvo que jadear y apartar su sexo, momentáneamente sobreexcitada.

- Oh, vaya chica dura –gimió Irina, apartándose levemente del beso. Entonces, mordió el labio superior de Adriana son suavidad, y la brasileña jadeó-. Parece que mi coño es demasiado caliente para el tuyo –la rusa lamió los labios de la rival de una rápida pasada-. Como dijiste, cuenta todo en este duelo.

Sin decir palabra, Adriana lamió los labios y la lengua de Irina, antes de que ambas mujeres, ardiendo, volvieran a besarse con fuerza. Ambas trajeron sus entrepiernas en rápido contacto, empujando una y otra vez insistentemente, al igual que hacían con sus tetas. Pero toda su atención era para sus labios, y sus lenguas. Arriba, abajo, a derecha y a izquierda, sus cabezas y lenguas se movieron al ritmo de sus corazones exaltados, mientras cerraron con fuerza sus ojos. El calor en sus cuerpos era demasiado para ambas, pero las dos se concentraron en apartar de sus mentes ese ardor, centrándose en su duelo personal.

Ni una ni otra hubiera podido pensar que la otra modelo fuera tan buena en esto. No esperaban encontrar unos besos tan duros y suaves al mismo tiempo, una lengua tan hábil y húmeda, unos labios tan suculentos y dulces. Tampoco esperaban que la rival fuera una furcia caliente que besara y luchara tan suciamente como ellas mismas. Habían encontrado su némesis definitiva, personalizada en esos labios que ahora encaraban airadamente sus orgullos mayores, sus hitos más destacados: sus propios labios carnosos.

Pronto fue obvio para ambas que algo crecía en ellas, en sus sexos. El orgasmo que ambas habían estado negando empezó a ascender desde las profundidades de sus cuerpos, buscando una salida. El abrazo fue más duro, y sus sexos se frotaron más rápidamente, buscando desesperadamente una brecha en la defensa rival. Ambas jadearon, con miedo: temían correrse antes que la oponente, con todo lo que ello significaba.

El beso se intensificó, se hizo más sucio y violento. Los dientes entraron en juego, y los jadeos y gemidos se convirtieron en pequeños gritos. Las respiraciones de las modelos se aceleraron más y más como chocaron varias pecho a pecho con violencia, antes de volver a aplastarlos juntos. Sus bocas se lanzaron una contra otra, buscando la mejor posición de ataque, entre choques ruidosos de dientes y jadeos explosivos de dolor, malestar y placer.

Entonces, Irina supo que no podía tomar más. Su coño se contrajo, a punto de explotar en un duro orgasmo. Lo único que quiso fue evitarlo, y supo que sólo había una manera: apartar de ella aquello que la estaba excitando hasta niveles insoportables. Apartar a Adriana de ella.

Sus brazos soltaron a la brasileña, y sus manos se colocaron contra el frente de los hombros de Adriana. Justo cuando empujó para apartarla de ella, la rusa notó las manos de su oponente en sus hombros, haciendo justo lo que ella hacía. Así, las dos se empujaron al unísono, y se tambalearon inestables sobre el suelo resbaladizo de la piscina.

Irina supo entonces que Adriana también había estado a punto de correrse, y que había llegado a su misma desesperada decisión. Por la mirada caliente que Adriana lanzaba ahora sobre ella, Irina supo que el mismo pensamiento pasaba por ambas cabezas: ¿qué hubiera pasado si hubieran seguido con eso sólo unos segundos más? ¿Quién de ellas hubiera sido humillada con un orgasmo?

La cosa había estado muy justa. Eso pensaba Adriana mientras sentía los penetrantes ojos de Irina en ella. Incluso eso la ponía caliente. Sabía que no había podido tomar más del cuerpo de la rusa, que sus besos la habían llegado casi más allá del punto final. Pero por el empujón de su rival, sabía que el cuerpo de Irina tampoco había podido tomar más, y que sus besos también la habían llegado al extremo.

Entonces, las dos exóticas mujeres llegaron a la misma conclusión.

"Si estamos tan igualadas en pasión, en habilidad, en lucha sucia, entonces…" pensaba Adriana.

"… las palabras correctas pueden decantar esto a favor de una de las dos", concluía el pensamiento de Irina.

- Has tenido suerte de que nuestros coños estuvieran separados por las bragas y enfriados por el agua, Irina –empezó la guerra Adriana, empezando a circundar a su enemiga-. Si no, ya estarías gritando mientras te corrías varias veces bajo mi perfecto cuerpo.

- No me hagas reír, Adriana –Irina se movió en el mismo sentido de Adriana, formando un círculo imaginario entre ellas que fue haciéndose más pequeño mientras se acercaban lentamente-. Esa ha sido justo tu salvación. Si no puedes tomar mi coño así, imagina qué ocurrirá cuando estemos sin nada entre nosotras, cuando sientas mi cuerpo perfecto en su totalidad.

- Oh, valientes palabras para una zorra que jadeaba tanto al tomar mis besos.

- No soy yo la única que jadeaba como un animal mientras nos besábamos, ¿verdad furcia?

- Debe de ser muy duro para ti que en todo canal de televisión, en toda emisora de radio, en toda portada de revista, en todo foro de internet, sólo oigas hablar de mí y de mis cualidades –sonrió Adriana, lamiéndose los labios y agarrando sus tetas por debajo para mostrarlas a Irina-. Debe ser duro ser sólo la SOMBRA de Adriana Lima.

Irina frunció el ceño, y Adriana supo por el brillo de odio en sus ojos verdes que había tocado una llaga que llevaba abierta tiempo en la rusa. Pero enseguida la modelo sonrió, y miró a Adriana con fuerte voluntad mientras siguieron girando, cada vez más cercanas, mientras tomaban tiempo para recuperar fuerzas y, sobre todo, calmar sus coños calientes en la fría agua.

- Me alegra que me comparen con la gran Adriana Lima –dijo con clara ironía Irina-. Así, cada espectador, cada oyente, cada lector, cada internauta, puede ver que la que parecía la copia es en realidad la imagen más caliente y perfecta de las dos. Y la más JOVEN –concluyó la mujer, remarcando la última palabra.

Y, como esperaba, había devuelto el anterior ataque. Adriana hizo una mueca de disgusto en sus bellos labios, pero recobró la calma y la arrogancia tras la mirada enojada que sus ojos claros lanzaron a la rusa. Sus cuerpos en tensión estaban ahora a poco más de un metro de distancia en su viaje por círculos cada vez más cerrados. Adriana cerró su puño derecho, mientras pensaba en llevar esto a algo más sucio y lujurioso, con la esperanza de que Irina no pudiera tomarlo

- Irina, cariño, ambas somos jóvenes, y tenemos cuerpos firmes y tersos –sonrió la brasileña-. ¿Qué crees que podríamos hacer con ellos, en esta piscina?

La rusa tembló casi imperceptiblemente, con un pequeño destello lujurioso en su mirada. Ambas estaban muy cerca de la otra.

- Se me ocurren tantas cosas, Adriana –sonrió Irina, mirando lascivamente de arriba a abajo el cuerpo en topless de su rival. Decidió no echarse atrás, siendo tan sucia y lujuriosa como su oponente-. Y todas son sucias. Muy sucias.

Ahora fue el turno de la brasileña de temblar. Notó como su vulva se humedecía ante la simple voz de Irina, al igual que la brasileña observaba como sus palabras hacían estremecer el cuerpo y el sexo de la rusa.

Adriana pensó en las altas apuestas que ambas hacían. Tras tanta palabrería y tantas amenazas, ambas deberían estar a la altura. Y, tras el primer enfrentamiento de sus cuerpos en esa misma piscina, la brasileña sabía que el duelo sería largo, tórrido, visceral y muy, muy sucio. Y no estaba seguro de poder aguantarlo.

Irina, por su parte, también dudaba de ella misma en estos momentos. Viendo el cercano cuerpazo de Adriana, y recordando las sensaciones que éste envió a través del suyo momentos antes, la rusa no pudo evitar dudar. Pero ella percibió algo en la mirada de Adriana, que le hizo saber que la brasileña tampoco las tenía todas consigo, lo cual la animó. Pero Adriana notó la misma duda en ella, por lo que ambas modelos recuperaron la seguridad en sí mismas en sólo unos segundos.

"Ella me teme", pensaron, quizás engañándose.

- Todas esas cosas sucias que pasan por tu mente… -casi jadeó Adriana, deteniéndose frente a frente con Irina, con sus pezones separados por apenas una docena de centímetros-, ¿incluyen un poco de pelea sucia con nuestras manos y uñas?

- ¿Por qué no?

Repentinamente, Irina se echó adelante, chocando torso a torso con Adriana en un choque poderoso. Las mujeres notaron como sus pechos chocaron y se aplanaron, y sus pezones se doblaron juntos. Gritando, la anunciada lucha sucia empezó. Las manos de ambas modelos rivales volaron hacia la otra piel. Apoyándose juntas, piel a piel, teta a teta, Irina y Adriana arañaron los otros costados, antes de separarse con un empujón de pecho para empezar a clavar sus palmas abiertas en las otras bellas caras, en las otras firmes tetas. Sus puños pronto se cerraron, y mientras lucharon por no caer ante el resbaladizo suelo de la piscina, ambas golpearon los otros costados y planos vientres con rabia, aunque sin lograr ningún buen golpe. Enseguida la rusa subió las apuestas, clavando un derechazo en el pecho izquierdo de Adriana. La brasileña gritó dolorida, notando como su pezón era machacado contra su pecho bajo los nudillos rusos. Antes de que Irina volviera a golpearla, Adriana lanzó su derecha contra su pecho izquierdo, logrando el mismo efecto sobre el pezón de Irina. La rusa gritó angustiada, pero no se retiró de esta nueva fase del combate. Media docena más de golpes fueron repartidos entre los pechos, antes de que una dolorida Adriana abriera sus brazos y cayera sobre Irina, estrujándola en un férreo abrazo. Enseguida Irina devolvió el abrazo, y doloridas y agotadas, estrujaron cada otro cuerpo buscando la sumisión de éste. Adriana e Irina gimieron de dolor, ya que la presión firme de las otras tetas hacía que las zonas doloridas por los puños rivales estallaran en dolor crudo. Los pies desnudos de las mujeres resbalaron levemente en el agua, mientras las dos se arrastraban una a otra a una zona más profunda de la piscina, donde el agua rozaba la zona baja de sus comprimidos pechos.

Torciendo sus cuerpos, dominando las sensaciones mutuas de placer y dolor, Irina y Adriana pasaron de la ráfaga violenta inicial a una lenta competencia de fuerza, de gemidos, y de agotamiento. Adriana sintió una mano de su rival agarrando su cabello moreno por detrás, y enseguida su rostro fue acarreado por Irina, más cercana a su propia cara.

- Se me olvidó decirte que en mi concepto de lucha sucia no sólo hay uñas y manos –gruñó Irina, mientras sus labios de ambas se rozaban calientemente con cada palabra de la rusa-. También hay dientes –Irina tiró de la cabeza de Adriana a un lado, y su boca hundió sus blancos dientes en la mejilla cremosa de la brasileña, mordiendo lo bastante duro para hacer silbar a Adriana en desesperante dolor. La modelo mordida agarró por detrás el cabello de la rusa, y de un tirón doloroso la separó.

- Entonces, hagámoslo a la manera rusa –dijo calientemente Adriana, mordiendo la mejilla suave de Irina con sus penetrantes dientes. La modelo gimió ante el ataque, y logró apartar la boca de Adriana de su mejilla con un nuevo y duro tirón de cabello.

Ambas bellezas tomaron posturas amplias para mantener el equilibrio mientras que el agua fría bañaba y salpicaba sus tetas son los movimientos bruscos de la mujeres en duelo. Buscando alguna ventaja, sus cuerpos superiores giraron casi como si bailaran, tirándose del pelo con rabia y mordiéndose una u otra vez en mejillas, barbillas y narices. Sin embargo, ambas evitaron intencionalmente morder los otros labios, no queriendo aún volver al duelo principal.

Manteniendo los tirones del otro pelo, Adriana soltó el otro brazo, con el que abrazaba a Irina, y cerró el puño libre para golpear el costado de su enemiga con fuerza. El golpe fue muy duro, y la rusa abrió la boca formando una "o" perfecta. Adriana sonrió, mostrando sus dientes blancos, y llevó atrás su mano para repetir el ataque. Pero el golpe nunca llegó, pues un dolor caliente surgió en su costado cuando Irina dejó de abrazar a su rival para golpear con la misma dureza su costado. Adriana echó atrás su cabeza, dolorida, pero entre sus entrecerrados y sollozantes ojos vio como Irina alzaba la misma mano, abierta, para abofetearla.

La rápida palma rusa cruzó el aire entre ellas, y una no menos rápida mano la interceptó a medio camino, enclavijando sus manos libres. Sus dedos se entrelazaron, y más por orgullo que por necesidad, la rusa y la brasileña empezaron un duelo de fuerza con una única mano, mientras tiraban del otro pelo con la otra y aplastaban sus tetas desnudas juntas con pasión y ansiedad.

La mano derecha de Irina y la izquierda de Adriana siguieron su batalla en el aire, alzándose ahora sobre sus cabezas, ahora en sus costados a la altura del agua, ahora cerca de sus cinturas, bajo la fría agua. Y ninguna cedió ni un palmo. Siguieron con los tirones de cabello, ahora más duros, mientras se arrastraron más cercanas mientras que cada muchacha procuró morder la otra cara tanto como le era posible. Gruñeron, gimieron, gritaron durante este combate oral, esta lucha de tirones, esta prueba de fuerza, este duelo de pechos y pezones. Ambas usaban todas las armas disponibles en ese momento, sin que ni Irina ni Adriana se atreviesen a añadir más al duelo, por miedo a no poder tomarlo.

- Si eres tan fuerte como crees, Adriana –gruñó Irina tras ser mordida viciosamente en la mejilla por su contrincante-, suelta mi pelo y soltaré el tuyo. Entonces podremos hacer esto completo –concluyó, estrujando con su mano la mano enclavijada de la brasileña.

- Si eres tan fuerte como crees, Irina –replicó Adriana, momentáneamente gruñendo de dolor ante otro mordisco de Irina en su barbilla-, dejemos estos tirones de pelo y hagamos esto mano a mano, y pecho a pecho.

- Entonces, chica dura, dejemos los mordiscos también… por ahora. Veamos si puedes tomarlo.

- Oh, querida engreída, veremos si no rompo simplemente tus muñecas. Y tus pechos.

- No eres tan dura como piensas, zorra latina –dijo Irina, mientras ambas se soltaban el pelo tras un último tirón vicioso de cabello-. No lo eres.

- Soy mucho más dura de lo que tu cuerpo podría tomar, puta comunista –jadeó Adriana, mientras sus dos manos restante se entrelazaban juntas, y sus dedos apretaba-. Mucho más.

- ¡Muéstramelo! –gritó Irina, empujando con ambas manos.

- ¡Hasta el final! –gritó Adriana, empujando atrás.

Las mujeres abrieron sus piernas, estabilizándose en la piscina, y alzaron las manos en cruz en sus lados. Con sus pechos desnudos totalmente aplastados y doloridos por el largo duelo igualado, una y otra empujaron con todas sus fuerzas, mano a mano. Sus brazos temblaron por el esfuerzo, y sus bocas cercanas gruñeron. El aire caliente de sus jadeos pasó de una a otra, mientras aplastaban sus narices y frentes juntas.

- Ha sido un error por tu parte aceptar esto, Adriana –jadeó Irina, mientras sus labios se rozaban y sus ojos intercambiaban miradas de animadversión-. Voy a romperte.

- El error ha sido tuyo, Irina –replicó Adriana, disfrutando de la sensación de los otros labios sobre los suyos-. No debiste retarme cuando soy obviamente más fuerte que tú. Seré la que te rompa.

- No estás rompiendo mucho.

- Tú tampoco.

El sudor empezó a aparecer en sus cuerpos superiores con claridad, y ambas lo sintieron en sus frentes pegajosas, en sus narices mojadas, en sus tetas deslizadizas. El sol seguía brillando sobre ellas, sobre la piscina, calentando sus ya de por sí calientes cuerpos. Sus manos, pringosas en palmas y dedos, empezaban a resbalar, por lo que el esfuerzo exigido a ambas para mantenerse dentro del duelo de fuerza era aún mayor. Para colmo, sus pies descalzos resbalaban en la superficie de la piscina. Y, además, sus cuerpos prácticamente idénticos no daban ventaja alguna sobre la rival. Todo ello creó una frustración terrible en las modelos, que gruñeron y enseñaron los dientes a su rival en cada momento.

- ¡Puedo sentir que te agotas, puta! – masculló Adriana, con sus brazos temblando.

- ¡Aún tengo fuerza bastante para hundirte en esta piscina, zorra! –replicó Irina, jadeando.

- ¡Seré yo la que te hunda en ella, furcia barata! –dijo la brasileña-. ¡Y será pronto!

- ¡No tienes ni la fuerza, ni las tetas necesarias, guarra asquerosa! –dijo la rusa, que empujó duramente con su pecho para remarcar sus palabras.

- Definitivamente, ¡tengo las tetas! –Adriana empujó con ellas en replica.

- ¡Hasta que una de las dos no pueda más!

Mientras sus brazos seguían vibrando por la fuerza ejercida por las mujeres, sus pechos se aplastaron como nunca habían hecho. El dolor que surgía de las terminaciones nerviosas de ellos recorría todo el cuerpo de las modelos, mostrándose claramente en sus sudorosos rostros, con muecas angustiadas y gemidos lastimosos. Sus pezones, duros como rocas, se clavaban en el otro pecho profundamente, pero por fortuna para ambas, ahora no se habían encarado.