Bajaba las escaleras del metro a toda prisa. Había quedado
con Marta en el centro para ir juntos a elegir las invitaciones de la boda. Como
siempre en estas ocasiones, habíamos dejado todo para última hora. Yo estaba
decidido por un diseño sencillo , y eso me supondría una dura batalla con ella,
ya que distábamos en gustos uno del otro. Pero total, aunque yo estaba muy
ilusionado, sin duda era ella quien estaba totalmente volcada en la boda. No se
le había borrado la sonrisa de la cara desde hacía dos semanas, cuando le pedí
en el Parque Central que se casara conmigo. Era una decisión a la antigua
usanza, por amor verdadero y no por la presión de llevar ya un tiempo viviendo
juntos.
Para ser día laborable no había mucha gente rondando por la
plazoleta interior del metro. Desde luego hoy no sería un buen día de venta para
las pequeñas tiendas de abalorios, ni por supuesto, para el saxofonista que se
encontraba de pie junto a la entrada de la línea 4.La funda de su saxofón apenas
contenía unas cuantas monedas de céntimos y algún pequeño billete.
Las escaleras eléctricas que descendían al andén del metro de
la línea 4 hoy parecía que bajaba más lento de lo normal. Seguramente sólo era
una percepción mía.
A ambos lados los carteles de publicidad anunciaban todo tipo
de productos y alguna que otra película. Me llamó la atención el póster que
anunciaba "El cortijo de la encina".Si es igual que el libro , sin duda tendría
un gran éxito.
La corriente de aire que ascendía por el tubo aumentó,
indicio que de los vagones estaban aproximándose a la parada. Aumenté la
velocidad de descenso, saltando los escalones metálicos de dos en dos. No me
apetecía esperar al próximo, aunque sabía que la frecuencia con que pasaban era
de tan sólo un par de minutos.
Ya dentro del vagón, sorprendentemente quedaban unos asientos
libres. Bendecí mi suerte y me senté de frente, donde mi vista iba en la misma
dirección que el recorrido del metro. Aquí ya no había prisas , veinte minutos
de trayecto y mi mp3 dándome un concierto privado de rock.
Mientras otros leían algún libro o el periódico gratuito , yo
abrí la carpeta que llevaba y me dispuse a ojear por tercera vez los
presupuestos que nos habían ofrecido las distintas imprentas. Hoy visitaríamos
tres.
Por un momento alcé la vista de los papeles y vi mi reflejo
en el cristal del fondo, el que separaba mi vagón del contiguo. No tuve más
remedio que volver a fijar la vista porque el reflejo no se correspondía a la
posición en la que me encontraba: yo estaba sentado y el reflejo estaba de pie.
Tampoco coincidíamos en la vestimenta. Sin duda era alguien que se parecía a mi
el que se encontraba en el otro vagón.
Mi curiosidad aumentó, o más bien mi perplejidad.¿ Cuantas
veces coincidimos con alguien que se nos parece?.No tuve más remedio.
Disimuladamente me levanté y cambié de asiento un par de filas más adelante,
justo al principio del vagón pegado al cristal. Mi pulso se disparó. Era como
verme a mi mismo. El peinado era distinto, con la raya marcada a un lado y
vestía de traje, mientras yo usaba ropa más informal. El sudor frío de mi mano
mojaba los papeles. Cuanto mas le miraba, más parecido me encontraba con el
desconocido. El ni siquiera se percató de mi presencia.
Mis ojos iban de arriba abajo , ya no buscando el parecido ,
sino intentando encontrar alguna diferencia y por más que la buscaba no la
encontraba. Mi pulso descendía con la misma velocidad en la que aumentaba mi
atracción hacia el.¿qué me estaba pasando?. Un cosquilleo recorría mi cuerpo que
empezaba a reaccionar de manera involuntaria. El calor , en principio provocado
por los nervios, se iba transformando en deseo y se instalaba debajo de mis
pantalones, hinchando mi pene y provocando una erección. Notaba la sangre fluir
por todo mi cuerpo y hasta creía notar como mis pupilas se dilataban. Miré a los
lados, porque me sentía observado, pero nadie me prestaba atención. Aún así,
tapé la prominente erección con la carpeta.
Estaba descolocado por lo que sucedía , y no podía dar
explicación a lo que pasaba. ¿acaso éramos gemelos? No podía ser . Hasta los que
más se parecen tienen alguna diferencia. Y desde luego, yo no encontraba
ninguna.
El desconocido ( por llamarle de alguna manera) giró la
cabeza a la derecha en mi dirección y cuando nuestros ojos se cruzaron , su cara
cambio radicalmente de absoluta indiferencia al asombro más increíble. El poder
de atracción que sentía por el , era el mismo que sentía por mi y eso se notaba.
Pegó las manos alzadas al cristal como queriendo separar la barrera de cristal
que nos separaba. Parecía que me conocía y que al fin me había encontrado. Desde
ese momento dejé de ser yo y mi mente empezó a funcionar de manera autónoma y
dependiente del extraño. Sentía un deseo irrefrenable de tocarle, de besarle, de
unirme a él , de dejarme llevar y caer rendido a su voluntad. Hasta notaba el
efluvio que subía de mis pantalones de mi sexo sudado, excitando mi sentidos a
través de mi olfato. Quería salir de allí. No podía resistir el verme encerrado
en el vagón, viendo que al otro extremo se encontraba el, igual de excitado que
yo. Se veía el tremendo bulto que, pegado al cristal, marcaba sus pantalones de
ejecutivo .
Me levanté rápidamente hacia la puerta , tenía que bajar en
la siguiente parada fuera como fuese. El tren aún no se estaba deteniendo del
todo, cuando mi dedo ya había pulsado repetidamente el pulsador de apertura de
la puerta. En el otro vagón la escena se repetía.
Descendí al andén y por fin me encontré cara a cara con el.
Por nuestras mentes pasaba la misma idea. Me sonrió y me indicó que le siguiera.
El paso de ambos era acelerado. Mi erección se hacia más notable con el
movimiento de las piernas caminando, casi corriendo. Subimos las escaleras, él
delante de mi. Mi vista se dirigía a sus glúteos, que sin duda eran iguales a
los míos, fuertes y duros.
El aseo de caballeros. Ahí fue donde fijo la vista y el
caminar. De un portazo abrió la puerta y yo le seguí. Entramos y no había nadie.
El tiempo se paró de golpe. Dejé caer la carpeta al suelo y nos miramos
fijamente por una fracción de segundo. Algo explotó dentro de nosotros porque a
la fracción siguiente ya nos estábamos besando con una furia desbocada. Nuestras
bocas se comían la una a la otra sin descanso , mientras nuestros brazos se
enredaban entre nuestros cuerpos. Con su dedos engarzados en mi pelo revuelto,
tiraba de mi cabeza hacia si ,consiguiendo que nuestras bocas fueran una.
Nuestras lenguas batallaban la una con la otra mientras yo le
desvestía la chaqueta , le aflojaba la corbata y le abría la camisa
bestialmente.
Su pecho olía al mío, ni siquiera diferente.
Los sudores se mezclaban, sabía como besarme. Sabía como
tocarme. Sabía como hacer que mi polla pidiera estallar en mil corridas
orgásmicas. Pero si era igual que yo, no dejaría que me corriera. Dejaría que
continuara excitado hasta reventar.
Con una fuerza increíble me giró de espaldas , mientras me
subía la camiseta dejando mi espalda al descubierto. Sus manos diestras me
rodeaban la cintura abriendo el cinturón y bajando mis pantalones. Me empujó
hacia la pared , dejando mis manos apoyadas en la pared. Pegó su cuerpo al mío.
Su pecho contra mi espalda , su enorme y dura polla sobre mi culo. Me comía el
cuello , me lo mordisqueaba, se movía con destreza. Mis axilas sudorosas eran
recorridas por sus manos que subían hacia mis manos enlazando sus dedos con los
mios. Mi polla tiesa y venosa apuntaba a los azulejos dejando escapar la primera
gota del bendito lubricante. Su lengua se deslizaba vértebra a vértebra
descendiendo a la par del sudor de mi espalda , obligando a mis ojos a cerrarse
y abandonarse.
No le veía la cara, pero me estaba haciendo todo lo que me
gustaba , como me gustaba y al ritmo que me gustaba. Mis pezones tiesos daban
corriente al contacto con las palmas de su mano. Pedían a gritos ser retorcidos
y pellizcados, maltratados. Con la misma fuerza con la que me giró , tiró de
ellos, provocando un dolor soportable que no hacía más que aumentar mi
excitación. Olíamos a sexo, sudor y bestialidad.
-¡¡ Fóllame!!...¡fóllame ya! ...
Fueron las únicas palabras que salieron de mi boca antes de
notar que su polla apretaba contra mi culo. El sudor que recorría mi espalda
lubricaba su verga y mi agujero. Mi culo se resistía a ser violado de aquella
manera. Pero a mi me gustaba. Al igual que con los pezones , aumentaba mi
excitación y la de él , con el dolor de ser penetrado sin contemplaciones. Dolor
que desapareció cuando su caliente polla se instaló dentro de mi. Mi respiración
descansó por un segundo. Y ya no habría más dolor , sólo el placer del roce de
su polla entrando y saliendo de mi culo. Creía que con cada movimiento su
miembro llegaba hasta casi los intestinos ,y con cada pasada sobre mi próstata
aumentaban las ganas de correrme.
Sacó el miembro , igual que el mío y me giró frente a el , su
boca se acopló a mi polla y me la mamó. Ya no podía resistir más, pero no podía
sacarla y me corrí dentro de el. Las fuertes sacudidas de mi semen saliendo a
presión, hacían que mi cuerpo se convulsionara bruscamente. El se la sacudía y
mientras saboreaba mi leche , se corría sobre su abdomen liso como una tabla.
Recuperábamos la respiración mientras nos vestíamos. Se
agachó y cogió la carpeta. Con el bolígrafo anotó su número de teléfono y salió
sin decir nada.
Todavía aturdido cogí mis cosas y me dirigí al exterior. Al
tomar la primera bocanada de aire fui tomando conciencia de quien era y de lo
que había pasado. Aunque mi razón no conseguía encontrar ninguna explicación.
¿Otro yo? ¿Un hermano? ¿o sólo una burda casualidad? Lo cierto es que no me
sentía mal ni culpable en absoluto.
Recordé que dejé a Marta esperando en otra estación de metro
a diez minutos de donde me encontraba. Decidí caminar a su encuentro.
Unas hojas de periódico ayudadas por el viento se estrellaron
contra mi pierna. En la foto unos científicos mostrando una probeta.
Agencia KDT, 03 de Marzo de 2008
" Los investigadores de la Universidad Científica de Oklan ,
afirman que la clonación humana nunca será posible según recientes estudios. En
diferentes pruebas de laboratorio realizadas durante los últimos tres años, han
determinado que al separar una cadena de genes para clonación , las células de
los dos sujetos tienden a unirse en uno sólo. No se identifican como unidades
independientes , sino como un todo.
Según declaraciones del Dr. Jules:" Hasta ahora sólo se ha
investigado con ratones de laboratorio, pero podemos trasladar sin duda , este
resultado a los humanos."
Fin.
Si te ha gustado este relato , no dudes en leer otro de los
mios. Gracias.