ORGULLOSO DE MI MADRE (Cap. 05)
Mi madre y mi tía disfrutan en la discoteca con los hombres
con los que se habían citado.
Tras la visita a casa de la modista de mi tía Rosa y la
curiosa conversación mantenida con ella, mi tía, mi madre y yo nos dirigimos de
nuevo a la sala de fiestas a la que tan asiduos nos estábamos haciendo. Mi madre
y mi tía tenían un cita un tanto informal, pero cita al fin y al cabo, con dos
hombres que habían conocido el día anterior.
Tras nuestra visita a casa de la modista de mi tía, y con
ésta ya vistiendo un vestido un tanto provocativo que aquella mujer le había
arreglado, los tres nos dirigimos en mi coche hacia la zona de la ciudad en la
que se encuentra la discoteca para gente de mediana edad que habíamos comenzado
a frecuentar.
De camino reíamos y hacíamos bromas con una y otra cosa sin
que yo perdiera ocasión de piropear a ambas mujeres y en esto ya llegamos al
párking en el que solíamos dejar el coche.
De camino a la discoteca yo le iba diciendo a mi tía:
-Vaya cuerpazo que tienes, tía. No sé si se podrán acercar
esos amigos vuestros porque yo no pienso separarme de una tía tan buena en toda
la tarde. Voy a estar tan pegado a ti que vamos a parecer novios. A ver si me
toca algo…
Todos reímos y ella contestó:
-Pues si de tocar se trata nos tocamos los dos y ya está, ja,
ja, ja. Y por esos no te preocupes, que si yo pudiera elegir entre que me toquen
ellos o que me toques tú, vaya, no iba a durar mucho en decidirme,
sobrino…quiero decir, mi novio.
Entramos en la discoteca y ese día ya había algo más de
ambiente pues era algo más tarde. Yo, que iba caliente perdido después de la
exhibición de las mujeres en casa de la modista de mi tía, una vez nos
establecimos en una mesa y sacamos unas consumiciones, las invité a bailar y la
primera que se ofreció fue mi madre.
Salimos a la pista y nada más empezar a bailar ella me dijo:
-Hijo, ya que tenemos esta confianza, tengo que decirte que
estoy de acuerdo en todo lo que hemos estado hablando, ya sabes, sobre lo de
pasarlo bien y eso… que lo pasemos bien nosotras y no nos preocupemos tanto de
los demás… Y tengo que decirte también que estoy toda…, bueno, ya sabes… un
poco…
-¿Decidida a pasarlo bien, mamá? –Completé yo su frase
tratando de ponérselo fácil.
-Pues sí, cariño. Y bueno, hablando claro, lo que quería
decirte es que estoy… bueno, cachonda, eso es, caliente, con todo eso que ha
pasado y que hemos dicho donde la modista. Así que quería decirte que igual, si
alguno me pide baile, y a tí te parece bien, igual hasta me quiere dar algún
besito o… bueno, tocar un poco como el otro día y… ya sabes… Quería saber qué te
va a parecer…
-¡Pues me parece estupendo, mamá, ya lo sabe! Seguro que te
lo pasas mejor bailando con las manos de un tío en el culo que bailando sin más,
y eso es lo que tienes que hacer; pasarlo bien. Y ya que estoy ahora yo bailando
contigo igual pruebo suerte a ver si a mi me dejas tocarte un poquito…
-Hijo, qué cosas tienes. –Rió ella divertida-. Pues claro, a
ver si le voy a dejar a otro y no te voy a dejar a tí que me toques el culo.
Además, ya no sería la primra vez…
Entonces yo sonriendo bajé las manos hasta posarlas sobre la
parte alta de sus nalgas y le acaricié un poco el culo.
-¿Te parece que yo también tengo buen culo?
-Tú tienes el mejor culazo del mundo, mamá.
-¿Entonces te gusta tocármelo más que a la modista esa? Que
menuda sobada le has pegado, ¿eh, cabronazo?
-Sí, je, je… Pues claro que me gusta mucho más sobar el tuyo.
Allí no te lo he tocado porque me ha dado algo de corte y no sabía si a ti te
parecería bien, pero ganas no me han faltado. Con lo apetitoso que lo tienes con
estas braguitas.
-Pues hijo, cuando te apetezca me lo tocas y ya está, que soy
tu madre y tenemos confianza ¿no? Por tocar un poco no pasa nada, aunque sea el
culo.
Yo asentí y le apreté el culo con ganas mientras proseguíamos
bailando. Ella sonrió y al cabo de un rato ya volvimos a donde estaba sentada la
tía Rosa.
Estábamos hablando tranquilamente y yo piropeándolas cuanto
podía, elogiando ora las tetas de mi tía, ora las piernas de mi madre, etc.
cuando se acercaron los dos hombres con los que habían quedado el viernes
anterior. Tras los saludos de rigor uno de ellos dijo dirigiéndose a mi.
-Habíamos quedado con estas señoras pero si molestamos o
alguien está a disgusto nosotros nos vamos sin ningún problema ¿eh?
-En absoluto, por favor –contesté yo.
-Lo último que queremos es que alguien no esté cómodo y si
los que sobramos somos nosotros…
-Igual os ha sorprendido mi presencia u os incomoda pero
desde luego aquí no sobra nadie… -dije yo amistosamente.
-Estupendo entonces. Por nuestra parte ningún problema. Yo
soy Alfredo y este amigo mío se llama Alberto.
Yo les di mi nombre mientras nos dábamos las manos y entonces
mi tía intervino diciendo con evidente tono de broma:
-Es mi novio.
- Bueno, pues entonces felicidades a él por tener una mujer
tan buena como novia y… eso sólo deja libre a Matilde.
-No creais, Rosa es mucha mujer para mi solo. Seguro que la
podemos compartir. -Seguí yo con la broma.
Todos reímos y entonces yo invité a los dos caballeros a
tomar algo. Pedimos a un camarero las consumiciones y cuando estuvieron en la
mesa seguirmos hablando.
-O sea, que no te importa compartir a tu novia…
-En absoluto. –Bromeé yo.– Sería mucho egoismo querer tener
una hembra como esta para uno solo. Las tías así de buenazas tienen que estar
con varios tíos, ¿no?
Ellas reían y ellos, también divertidos, asentían a mis
razonamientos.
-Pues me alegro mucho de que pienses así, -dijo el llamado
Alfredo– porque yo llevo toda la semana pensando en estas dos hembras y así, que
de golpe le quiten a uno la mitad de la ilusión…
-Bueno, pues ya sabéis que nada de nada, aquí la tenéis
entera para vosotros. ¿Eh, tía? Cómo has tenido a estos dos toda la semana, ¿eh?
Todos reimos y entonces ya mi tía aclaró.
-Me llama "tía" pero no cómo dicen ahora los jóvenes para
referirse a las mujeres sino que es que soy su tía; es mi sobrino.
-Pues eso si cabe es aún más interesante. A qué sobrino no lo
ha gustado alguna vez tener con alguna tía una relación un poco más cercana de
lo normal… –intervino el llamado Alberto sonriendo con picardía.
-Claro, en ese supuesto entro yo perfectamente, que a mí mi
tía Rosa me gusta y mucho –apunté yo sonriendo y provocando la risa desenfadada
de todos. Y acabé añadiendo-: Que seamos tía y sobrino no quiere decir que no
podamos ser novios, ¿no, tía?
-Por supuesto que no; -intervino Alfredo.– Nosotros entonces
nos ocupamos de Matilde y si se tercia le metemos mano a ella y todos tan
contentos. Bueno, eso si a Matilde le gusta que le metan mano, claro.
Todos reimos una vez más divertidos y a continuación seguimos
dándonos explicaciones entre todos. Ellos nos dijeron que eran casados y que,
con toda discreción y confianza, no tenían incoveniente en confesar que les
gustaba echar una canita al aire de vez en cuando con señoras macizas que
merecieran la pena, pero que no había muchas mujeres que realmente les
interesasen.
- Para nosotros la discreción es fundamental.
-Pues anda que para nosotras… –intervino mi madre.– Nosotras
también somos casadas y es la primera vez que salimos así… bueno, en este plan,
que conocemos a otros hombres, y bueno… ya sabéis.
Seguimos hablando entre los cinco y pudimos comprobar que
aquellos dos tipos parecían serios, educados y que tenían claras las ideas y
que, en resumen, eran gente formal.
-¿Y cómo es que venís con tu sobrino, si no es indiscrección?
–preguntó en un momento dado Alberto.
-Pues teníamos ganas de venir a un sitio así, que ya habíamos
oido hablar de esto, pero nos daba un poco de corte venir solas y mi sobrino se
ofreció…
-Claro que sí, eso es ser un buen sobrino. –Intervino
Alfredo.- Hay que ayudar a que la tía y su amiga se lo pasen bien, ¿verdad? Así,
si lo del noviazgo con tu tía no sale bien siempre tienes a su amiga, que antes
ya os hemos visto bailar juntos en la pista, ya…
Nosotros reimos y entonces mi tía aclaró:
-Si está es su madre; es mi cuñada.
-Uy, -dijo el hombre bastante cortado– creo que he metido la
pata.
-Nada hombre, -le tranquilicé yo dándole una palmada en la
espalda.– Ya ves que somos una familia muy cariñosa y, si se puede decir así,
también muy liberal, aunque bueno, los únicos liberales aquí creo que somos
nosotros y ellas se puede decir que están empezando a serlo.
-Y yo diciendo antes que tendríamos que meterle mano los dos
a Matilde…
-Que no pasa nada, hombre. -Insistí yo.– Si de hecho yo
también pienso que le teneis que meter mano los dos. Y bien que se lo vengo
diciendo a ella, a ver si la convenzo.
Todos reimos con simpatía y yo seguí.
-Que sea mi madre no significa que no se le pueda meter mano
y que no pueda gozar de la vida. Precisamente yo quiero todo lo contrario; que
se lo pase bien. Por eso soy el primero que las anima a que vengan a sitios como
éste y conozcan gente. A mi madre, como a tantas otras mujeres, su marido ya la
tiene un poco desatendida y olvidada y no se preocupa por hacer que se lo pase
bien, así que yo, que la quiero mucho, lo que quiero es que disfrute. Es normal,
¿no? O sea, que si a ella le apetece que le metan mano a mi me parecerá una
excelente idea.
-Desde luego eres un tío estupendo. Vamos a la barra a coger
algo que ahora pagamos nosotros. No se conoce todos los días a gente así.
Nos dirigimos a la barra y allí ellos me dijeron que querían
hablar un poco conmigo sin que fuera en presencia de mi madre y mi tía.
-Mira, querríamos aclarar una serie de cosas contigo antes de
que podamos meter la pata. Bueno, lo primero es que obviamente estamos
interesados en tu tía y en tu madre, ya sabes. Pero no sabemos cómo te tomarías
tú que intentáramos algo… ¿nos entiendes?
-Desde luego, y la respuesta es "no hay ningún problema".
–Entonces les expliqué que mi intención era facilitar que tanto mi tía como mi
madre disfrutaran un poco de la vida y en especial del sexo. Que siempre habían
estado muy reprimidas pero que por su manera de ser y por expresiones se notaba
que eran unas cachondas que nunca habían tenido oportunidad de gozar a tope como
ellas se merecían. Ahora, un poco por casualidad, se había presentado la
oportunidad de que se movieran en un ambiente que podía dar lugar a algún ligue
sin compromiso y mi intención era ayudarlas cuanto pudiera en ello. También les
conté que entre nosotros tres había surgido mucha confianza basada en la
discreción y que por eso no había problema en que yo supiera que alguna de ellas
se liaba con alguien.
-Pues nosotros, para dejar las cosas claras, te diremos,
hablando francamente, que nos gustaría mucho tirarnos a tu madre y a tu tía,
pero con estilo. Nos gusta el sexo pero entendemos que todo el mundo tiene que
pasarlo bien aunque sólo lo vayamos a hacer una vez con ellas.
-Estupendo, ya veía yo que parecíais tipos legales.
-Pues nos gustan mucho tu madre y tu tía porque son
maduritas, como a nosotros nos gustan, y parecen mujeres normales, no como
muchas de las tontas engreídas que abundan por aquí.
-A mi también me gustan maduritas, pero la verdad es que por
aquí interesantes he encontrado pocas.
-Pues lo intentamos los tres con tu madre y tu tía –dijo
alborozado Alfredo para a continuación, y un tanto compungido, añadir:- ¡Vaya,
me parece que ahora si que he metido la pata!
-¡Qué va, hombre! –le tranquilicé yo.– Ya me gustaría, ya,
que eso que dices pudiera ser realidad.
Los tres reimos y Alberto añadió:
-Oye, no voy a decir que con tu madre pero con tu tía… seguro
que puedes tirártela… A ver si vamos a terminar compartiéndola de verdad…
-Pues a ver. Lo único que os digo es una cosa que creo es
impotante: Si queréis terminar con estas dos hembras en la cama tenéis que tener
mucha paciencia y tacto. Si queréis hacerlo todo rápido igual no sale bien. Es
su primera aventura e igual se asustan si las cosas van muy deprisa.
-No tengas cuidado. Casi prefiero pasar un tiempo
ligándomelas –dijo Alfredo.– Es muy agradable vacilar con ellas e ir generando
ese ambiente adecuado. Por nosotros no hay prisa.
-Pues está todo claro –dijo Alberto.– Vamos a acuparnos de
nuestras preciosas maduritas antes de que nos las levanten.
Regresamos donde estaban ellas y al llegar mi madre nos dijo:
-¿Pero se puede saber dónde estábais? Llevamos un rato
queriendo mover el esqueleto y aquí tres hombres y ninguno nos saca a bailar…
-Eso lo arreglamos ahora –dijo Alfredo cogiendo a mi madre
por el brazo y llevándola a la pista.
Alberto, mi tía y yo nos quedamos sentados. Dejamos a mi tía
en el medio y Alberto dijo:
-Pues dice tu "novio" que no tiene inconveniente en
compartirte…
- Para tí mejor dos que uno, ¿no, tía?
Ella rió y dijo:
-Bueno, bastante para dos ya tengo aquí, ¿no? –y al decir
esto se agarró ambos pechos con las manos y los levantó como mostrando la
contundencia y tamaño de sus tetas.
-Vamos a ver –aprovechó la ocasión Alberto, y sin más agarró
una de las tetas de mi tía por encima del vestido y la sopesó dándole un buen
magreo. Y no contento con ello añadió dirigiéndose a mí:– Tú hazte cargo de tu
parte.
Entonces yo le agarré a mi tía la otra teta y se la sobé a
conciencia mientras ella reía complacida.
Alberto no perdía tiempo y enseguida le puso a mi tía una
mano en el muslo que dejaba a la vista la abertura de su vestido. Ella se dejó
sobar un poco el muslo y luego dijo:
-Bueno, no sigais avanzando de esa manera que aquí hay mucha
gente y yo soy una señora.
-Sí, hay cosas que son mejor en la intimidad –aceptó Alberto
retirándose prudentemente.
Seguimos hablando con ella pero de vez en cuando Alberto le
daba un achuchón o le ponía la mano en los muslos mientras ella sonría halagada
y divertida.
Al poco rato regresaban mi madre y Alfredo y entonces fue
Alberto quien sacó a bailar a mi tía quedándonos sentados Alfredo, mi madre y
yo.
-¿Te lo estás pasando bien, mamá?
-Yo muy bien, ¿y tú?
-Yo cuanto mejor te lo pases tú, mejor me lo paso yo. ¿Qué
tal baila Alfredo?, ¿Se pega mucho?
- Baila muy bien, y sí se paga, sí. –Contestó ella riendo.
-Tienes una madre estupenda, y qué suerte tiene ella de tener
un hijo que se preocupa porque se lo pase bien. Seguro que no sabe la suerte que
tiene.
-Sí, lo sé, sí. Y ya sé que mi hijo quiere que yo disfrute.
Tenemos mucha confianza, así que lo sabemos todo los dos, ¿verdad?
-Claro, mamá.
-Y bien que sé que tengo un hijo estupendo y me encanta venir
con él a estos sitios. Si no fuera por él tanto su tía como yo estaríamos
metidas en la cocina y sin ni siquiera conocer esto, y así…
-Pues así estáis aquí pasándolo bien –apostilló Alfredo,- que
unas señoras tan macizas como vosotras tienen que pasarlo bien porque podríais
estar con quien vosotras quisierais. Tú, Matilde, desde luego estás estupenda.
-Anda, anda –dijo ella pero agradecida por el halago.
-A mi siempre me han gustado como tú: maduritas, rellenitas,
con un buen… culo, je, je, guapas y simpáticas… vamos que lo tienes todo para
ser una mujer con la que me gustaría disfrutar a tope.
-Bueno, Alfredo, y yendo al grano ¿qué es lo que más te gusta
de mi madre?
-¡Pero hijo! –Saltó mi madre-. ¿Cómo le preguntas esas cosas?
-Anda, mamá; déjale que responda. ¿Qué me dices, Alfredo?
¿Qué te gusta de mi madre?
-Bueno, todavía no he visto suficiente para juzgarlo todo
pero… bueno, tu madre es muy guapa, y tiene unas piernas muy bonitas, pero yo
diría, y espero no molestarte, Matilde, que lo que más me gusta es… Bueno, me
gusta mucho el soberbio culo que tiene esta señora.
-¿Cómo le vas a molestar echándole un piropo? –dije yo-
¿verdad mamá que no te molesta que te digan que tienes buen culo?
-Hombre, un piropo no le molesta a nadie –contestó ella
tímidamente.
-Pues venga, mamá; ya que estamos un poco apartados y al
abrigo de miradas indiscretas con esta tenue luz, ¿por qué no correspondes a ese
piropo enseñándole un poco el culo a Alfredo?
-¿Pero cómo le voy a enseñar el culo aquí, hijo? –Replicó
entonces mi madre sorprendida por mi propuesta y quizá incluso un tanto
escandalizada.
-Que sí, mujer. No hace falta que te desnudes, hombre, sólo
que nos dejes admirar de cerca tu soberbio pandero. Mira, levántate un poco –y
diciendo esto yo mismo le ayude a incorporarse. Ella quedó frente a nosotros
sonriendo, quizá un poco cortada pero desde luego halagada por el interés que
los dos mostrábamos en ella. Luego le indiqué que se diera la vuelta para así
dejar su estupendo pandero frente a nosotros y a la altura de nuestras cabezas.
-Desde luego cómo sois –dijo ella ya sin el más mínimo atisbo
de aposición.
-¿Entonces te gusta esto, Alfredo?
-Ya te digo, me estoy poniendo que no veas. Desde luego,
chico, tu madre está realmente estupenda.
-Pues vamos a ver. - Dije yo animándome a dar un paso más
viendo que mi madre ya estaba incluso cómoda en aquella situación. Entonces le
levanté la falda a mi madre con las dos manos haciéndola resbalar hacia arriba
por sus totundas caderazas hasta mostrar su soberbio culazo tan solo cubierto
por la tela blanca transparente de las bragas que llevaba. La rotundidaz y
redondez de sus nalgas, la raja de su culo y sus macizos muslazos quedaron
prácticamente por entero ante nuestra vista a pesar de la tenue luz que reinaba
en el local.
-Esta tía está para comérsela entera y empezando por aquí
–dijo Alfredo entusiamado por el panorama. Mi madre rió un tanto nerviosamente
pero complacida y dijo:
-Venga, venga, no será para tanto… Desde luego…
En esto llegaron la tía Rosa y Alberto y al ver la situación,
con mi madre ante nosotros dándonos la espalda y con la falda por la cintura y
con el culo prácticamente al aire, rieron con picardía y Alberto continuó:
-Vaya, vaya, cómo se está poniendo el tema. Yo que venía como
loco porque le he estado sobando un poco el trasero a Rosa y mira lo que tenemos
por aquí; otro culazo imponente. Desde luego chicas vais a lograr que salgamos
de la discoteca con una buena tienda de campaña en el pantalón.
Todos reímos y yo le dije a Alberto:
-¿Y qué tal tiene el culo mi tía? ¿Da gusto tocárselo?
-Prueba tú mismo, que no creo que le moleste que se lo toques
un poco.
Entonces yo, que permanecía sentado, metí la mano por debajo
del vestido de mi tía, que estaba de pie frente a mi, y empecé a acariciarle sus
gordas nalgazas sin ningún impedimento ya que sus bragas tipo tanga las dejaban
completamente al desnudo.
-Oye, que esté me ha estado tocando el culo pero por encima
del vestido… Tú estás yendo mucho más allá, ¿eh, sobrinito? -protestó ella en
broma y sin hacer nada por evitar mi manoseo.
-Pero así es más emocionante –contesté yo.– Mira Alberto,
prueba tú también.
Alberto, que se había puesto al lado de mi tía Rosa, no dudó
ni un segundo en meter la mano por el otro lado del vestido para llegar a las
nalgas desnudas de mi tía. Sonrió con aprobación al notar la carne desnuda de la
hembra y dijo:
-Vaya braguitas, ¿eh, Rosa? Si casi no se te encuentran…
En esto mi madre ya se había bajado la falda y se disponía a
sentarse cuado Alberto dijo con humor:
-Oye, Matilde, que yo me he perdido esa exhibición tan
fantástica que has hecho y creo que no hay derecho a enseñar algo a algunos y a
ocultárselo a otros. Si somos todos amigos lo que se haga hay que hacerlo para
todos ¿no?
-Venga, sí, mamá, enséñale un poco el culo a Alberto también,
anda.
-No, no, no, que bastante vergüenza me ha dado ya antes. Y no
es por no enseñártelo a ti, ¿eh, Alberto? Pero es que cada vez hay más gente por
aquí y no es cuestión de andar con la falta levantada con tanta gente alrededor
¿no? Que esto está oscuro pero el que mira seguro que acaba viendo más de lo que
yo quiero enseñar a un desconocido.
-Mira, eso es verdad –intervino Alfredo– y esto me da una
idea. ¿Por qué no salimos y nos vamos a otro sitio un poco menos concurrido?
Todos estuvimos de acuerdo así que salimos de la discoteca y
cuando íbamos andando por la calle, Alfredo nos explicó que él y Alberto tenían
cerca de allí alquilado un pequeño ático y que podíamos ir allí a tomar una
copa.
Continuará…