DUELO DE RASTAS VI: SEXO EN EL MOTEL
POR ANUBIS
Luna recogió la llave que Sol le había dejado en recepción, y
subió al segundo piso del modesto motel. Al fin alcanzó la habitación pagada por
la rubia, y abriendo la puerta, la joven entró decidida en la habitación, dando
un portazo para que Sol supiera que había llegado.
Entonces vio a la rubia, tumbada sobre la tosca cama de
enormes proporciones de la habitación. Totalmente desnuda, Sol acariciaba las
sábanas. Viendo la sonrisa en los labios de Sol, Luna supo lo que iba a pasar.
Caminando lentamente hacia la cama, la castaña e desnudó, para después tumbarse
junto a su rival.
Su rivalidad había alcanzado cotas insospechadas, y ahora
batallarían por la supremacía sexual sobre la rival.
-
Ahora veremos quien es la más ardiente de las dos -susurró
Sol.
- Y quien de nosotras tiene el
mejor cuerpo -susurró Luna.
- Pierdes mucho desnuda
-Sol se arrodilló mientras Luna hacia lo mismo enfrente
suya.
- Tú también -Luna
abrazó con suavidad a Sol, y sus firmes tetas se comprimieron juntas. Sol enlazó
sus brazos también tras la espalda de Luna, y las dos bellezas empezaron a
besarse con delicadeza. Con sus cabezas ladeadas, sus lenguas se entrelazaron y
sus labios se mordieron. Cada vez más calientes, Sol y Luna se abrazaron con más
fuerza, aplastando totalmente sus esculturales pechos.
Entonces Sol agarró con una mano el cabello de Luna por
detrás y dio un fuerte tirón, derribando a la castaña, que cayó de espaldas
sobre la cama con la rubia sobre ella. De nuevo ambas empezaron a besarse
apasionadamente, con sus cuerpos extremadamente juntos, hasta que Luna agarró
ahora el cabello de Sol y de un tirón la derribó a un lado. Con rapidez Luna se
tumbó sobre la rubia y otra vez comenzaron a besarse mutuamente.
Pero pronto Sol empujó de encima suya a Luna, apartándola.
Jadeando, las dos sudorosas mujeres se arrodillaron frente a frente y, agarrando
a la oponente de las rastas con una mano y acariciándole la mejilla con la otra,
volvieron a besarse por cuarta vez. Sol bajó una de sus manos por el cuerpo de
Luna, hasta alcanzar su teta izquierda, la que tantas veces había estrujado con
deseos de arrancarla. Acariciándola con sutileza, la rubia logró hacer gemir de
placer a la castaña, que enseguida empujó a Sol sobre la cama y, agachándose,
empezó a lamer la teta derecha de la rubia, la que Luna había mordido con rabia
alguna vez. Ahora fue Sol quien gimió de éxtasis ante la golosa lengua y los
placenteros labios de la castaña.
Pero Sol logró enlazar sus largas piernas alrededor de la
cintura de Luna y así pudo rodar a un lado, colocándose sobre la castaña de un
solo movimiento. Sentada sobre Luna, y con sus entrepiernas en contacto, Sol
empezó a mover su sexo arriba y abajo, frotándolo con el de Luna. La castaña no
dudó en frotar también su coño contra el de su rival, al tiempo que agarraba a
Sol de la cintura, mientras ambas jadeaban y gemían por el deleite del momento.
Tanta pasión había, que Sol se tiró sobre Luna y ambas,
abrazándose, comenzaron a rodar por la cama mientras se besaban
desenfrenadamente, se acariciaban los traseros, espaldas y cabellos, enlazaban
sus piernas, frotaban sus sexos, comprimían juntas sus tetas y gemían, sudaban y
jadeaban.
La explosión de placer terminó con un orgasmo de las dos
chicas, al unísono. Un doble grito sonó en el aire, y las dos bellezas se
empujaron con un claro enojo en sus caras. Arrodillándose en el centro de la
cama, las dos agotadas enemigas descansaron durante unos segundos.
- Zorra -jadeó
Sol-. Esta me la pagarás.
- Puta -jadeó
Luna-. Antes yo te lo haré pagar a ti.
- ¿Acaso te crees muy caliente
furcia? -gruñó la rubia gateando hacia Luna.
- ¿Acaso crees que tu cuerpo
puede igualar al mío guarra? -se enojó Luna
mientras gateaba hacia Sol.
- Tus tetas contra las mías
-dijo Sol acercándose más.
- Tu vientre contra el mío
-siguió Luna mientras gateaba hacia su oponente.
- Tus muslos contra los míos
-continuó Sol, más cerca aún.
- Tu sexo contra el mío
-concluyó Luna frente a la rubia.
Abrazándose con rapidez y avidez, las dos esculturales chicas
ensamblaron sus dos perfectos cuerpos: pecho a pecho, vientre a vientre, sexo a
sexo y muslo a muslo. Aplastadas juntas, Sol y Luna se estrujaron con empeño,
buscando superar a la rival en cada uno de los cuatro duelos simultáneos.
Frotándose y exprimiéndose cada vez más juntas, ambas jadeaban en una mezcla de
placer y dolor, de gozo y rabia. Sus firmes tetas estaban totalmente aplanadas,
unas contra otras; sus lisos vientres se habían engomado por el sudor de sus
cuerpos; sus placenteros muslos superiores se pulían unos a otros sin descanso;
y sus sexos se besaban y masajeaban muy juntos. La sensualidad de ambas era tan
alta, que ninguna pudo resistir mucho tiempo este múltiple encuentro. Así llegó
el segundo orgasmo.
Las dos chicas descansaron, sudorosas y jadeantes, abrazadas
a la oponente. Sus cabezas descansaban sobre el hombro de la otra, y las dos
sentían en sus orejas los ardientes jadeos de la rival. Segundos después, de
nuevo pudieron articular palabra.
- Necesitas... mucho más...
para vencerme -susurró Luna en el oído de su
contrincante.
- Engreída... todavía
estamos... empatadas -murmuró Sol al oído de la
castaña.
- Por poco... tiempo -jadeó
Luna.
- Ahora lo... comprobarás
-respondió la rubia, acercando sus húmedos labios
a la boca de la castaña. Con un suave beso, Sol hizo estremecer el cuerpo de
Luna. Entonces las dos comenzaron a besarse lentamente, jugando despacio ahora.
Mordiéndose los labios una a otra, Luna y Sol iban calentándose rápidamente, y
cada vez besaban más apasionadamente, hasta que ninguno pudo más y empezaron a
besarse descontroladamente. Sus ligeras manos acariciaban todo el sensual y
ardiente cuerpo de la rival, logrando dar un éxtasis extremo a la otra mujer.
Dos minutos después ambas dejaron de besarse para respirar.
Abrazándose ahora, las dos chicas empezaron a frotar y refregar sus tetas muy
juntas. Jadeando de placer constantemente, las rubias siguieron con la pugna de
pechos durante un intenso minuto, hasta que Sol gritó de rabia. Había sido
derrotada por las eróticas tetas de Luna.
- ¿Te gustan mis tetas furcia?
-jadeó la castaña-.
Siempre te he demostrado que son mejores que las tuyas.
Enojada, Sol empujó a Luna, que cayó a la cama de espaldas.
Tumbándose sobre ella, Sol miró a Luna directamente a los ojos.
- Mis tetas te van a gustar más
puta -gruñó Sol, descendiendo su pecho sobre el
rostro de Luna. Arriba y abajo, la rubia movía sus orbes suavemente, excitándose
por el contacto, y excitando a la castaña. Jadeando ambas, Sol siguió acalorando
a la ardiente castaña, que estaba ahora tan excitada que dejaba que Sol llevara
la iniciativa.
- Ya eres mía foca -jadeó
Sol, pero en ese momento Luna estiró su mano derecha hasta alcanzar la caliente
entrepierna de la rubia. Así empezó a masajearla dulcemente, y Sol gimió muy
acalorada. El duelo siguió y siguió: Sol masajeando con sus tetas el bello
rostro de Luna; y Luna acariciando la perfecta entrepierna de Sol.
Sin embargo, Sol supo que se estaba llevando la peor parte,
por lo que decidió cambiar de táctica. Apartándose de Luna, la rubia se
arrodilló, mientras la castaña hacía lo mismo frente a ella.
- ¿Qué ocurre? -preguntó
sonriente Luna-. ¿Estabas perdiendo?
- Sólo he decidido que podemos
jugar las dos -Sol se lamió los labios, ansiosa-.
Mis dedos en tu sexo, y los tuyos en el mío. Veamos quien gana.
Gateando hacia la rival, las dos bellezas se arrodillaron
frente a la otra. Juntando sus sudorosos pechos, Sol y Luna se abrazaron con un
brazo mientras con la mano libre empezaban a acariciar el sexo rival. Gimiendo
placenteramente, Luna y Sol masajearon y acariciaron sus clítoris, deseando
dejar en evidencia a la rival. Ambas estaban muy calientes, más de lo que
querían admitir, y sus jadeos no lo desmentían, sino más bien lo contrario... lo
afirmaban.
Hasta que una de ellas chilló de extremo éxtasis, al alcanzar
el orgasmo: Luna.
- ¡Maldita zorra! -gruñó
Luna separándose de la rubia.
- ¡Vencí! -sonrió
Sol.
- ¡Esto no ha acabado aún puta!
-Luna gateó hacia Sol de nuevo-.
¡Aún tengo fuerzas para seguir!
- ¡Será un placer volver a
derrotarte! -Sol abrazó a Luna, y sus tetas se
aplastaron juntas– . ¡Serás mía de nuevo!
Besándose lascivamente, Sol y Luna volvieron a competir.
Enseguida la castaña bajo sus manos al trasero de Sol, y la rubia gimió de
placer cuando su rival comenzó a palpar su sexo desde atrás. Alzando la cabeza y
cerrando los ojos, Sol disfrutó levemente del momento, para enseguida empujar a
la castaña y tumbarla sobre la cama.
Sentándose a horcajadas sobre ella, la rubia se inclinó
adelante y comenzó a lamer la teta izquierda de Luna con su ávida lengua; tan
lentamente que la castaña sólo pudo gemir de auténtico deleite. Cambiando de
pecho, Sol siguió haciendo jadear a Luna, hasta que ésta la agarró del pelo y la
derribó a un lado con delicadeza, tumbándose sobre la rubia con el mismo
movimiento. Luna comenzó a besar y a chupar con sus eróticos labios la boca de
Sol. La rubia respondió al ardiente beso de su oponente, pero Luna enseguida
dejó los labios de Sol para besar suavemente su cuello. Gimiendo de placer, Sol
no pudo evitar que Luna bajara lentamente por su cuerpo, besándolo, lamiéndolo y
chupándolo. Tras pasar por ambas tetas de la rubia, la castaña siguió con su
plano vientre, hasta llegar al sexo de su rival. La excitada entrepierna de Sol
ardía de éxtasis, y cuando Luna comenzó a usar sus labios viciosamente en la
zona erógena, la rubia tuvo casi enseguida un asombroso orgasmo.
Luna levantó su cabeza, mirando a la derrotada rubia, que
entre jadeos se arrodillaba como su contrincante.
- ¡Puta de mierda! -gruñó
Sol.
- ¿Quieres seguir? -dijo
Luna mirando amenazantemente a la rubia- Yo estoy
dispuesta.
- ¡Y yo! -replicó
Sol, devolviendo la mirada a la castaña-. ¡La
siguiente que se corra pierde!
- ¡De acuerdo! -Luna
saltó contra Sol, mientras ésta lo hacía contra Luna.
Listas para darlo todo en este último asalto, y prevenidas de
las grandes habilidades de la rival, Luna y Sol rápidamente te besaron con
pasión mientras sus pechos se frotaban muy juntos. Sus manos derechas bajaron
enseguida a sus vaginas, y sus izquierdas se hundieron en sus rastas. Lengua
contra lengua, pecho contra pecho, sus manos compitieron por ser las primeras en
lograr un orgasmo del sexo antagonista. De vez en cuando una de ellas dejaba de
besar durante unas centésimas a su rival para tomar aire y jadear de placer.
Dándolo todo, rubia y castaña siguieron y siguieron con este
alto ritmo... y ambas se corrieron con un doble y largo gemido de goce.
Sentándose sobre sus traseros, las dos guerreras descansaron
de este corto pero muy intenso duelo. Sus cuerpos ardían, y aún notaban las
convulsiones de sus sexos ante el increíble orgasmo.
- ¡He ganado! -jadeó Luna.
- -¿Qué? -se
sorprendió Sol-. ¡Yo he ganado!
– ¿Cómo? -se
enojó la castaña-. ¡Tú te has corrido primero!
- ¡Mentirosa! -gruñó
Sol-. ¡Tú te has corrido antes que yo!
- ¡Maldita engreída! -Luna
se levantó de la cama, sin dejar de mirar a su rival.
- ¡Miserable vanidosa! -Sol
imitó a su oponente, y ambas, rodeando al cama, se encontraron en el centro de
la habitación. Juntando sus sudorosos pechos, las dos se miraron a los ojos con
rabia y prepotencia.
- ¿Seguimos con esto en la
ducha? -jadeó Sol.
- ¡Vamos allá! -Luna
caminó hacia el cuarto de baño, seguida de cerca por la rubia. Entrando en la
pequeña sala, Luna y Sol se metieron en la estrecha ducha, donde apenas cabían.
Así, con sus cuerpos desnudos muy juntos por falta de espacio, rubia y castaña
se observaron jadeantes, directamente a los ojos, durante casi un minuto; ambas
sondeaban a la competidora. Entonces Luna abrió el grifo de la ducha, y el agua
fría comenzó a caer sobre las combatientes.
- ¡Ahora no sólo quiero una
lucha sexual, sino también física! -gruñó Luna.
- ¡Me has leído la mente!
-replicó Sol.
Las dos se abrazaron fuertemente, con mucha ira. Apretando
los dientes, las dos chicas se estrujaron más y más. Tras un minuto de mutuo
apretón, Sol mordió el labio inferior de Luna, que gimió y replicó con un bocado
en el labio inferior de Sol. Ahora entre besos, las dos gladiadoras aflojaron
levemente sus abrazos mientras pellizcaban la espalda de la rival con rencor.
Entonces Luna hundió sus dientes en los labios de la rubia
tan duramente que logró un gruñido de dolor de Sol, que enseguida devolvió el
favor a la castaña con otro mordisco. Volviendo a su apasionado beso, Sol y Luna
embistieron bruscamente y de golpe con los pechos por delante, chocando teta a
teta. Mientras seguían besándose, chocando seno a seno y arañándose la espalda,
las jadeantes muchachas comenzaron a frotar juntas sus entrepiernas.
Al final Luna bajó sus manos hasta el trasero de Sol y,
agarrando ambos cachetes, la castaña clavó sus uñas en éstos para hacer sufrir a
su rival y para acercar su entrepierna más aún a la suya.
- ¡Nunca podrás vencerme zorra!
-masculló Luna.
- ¡Pronto me suplicarás que te
libere! -replicó Sol.
La rubia también había clavado sus dedos en el cuelo de Luna,
y de este modo sus calientes sexos se ensamblaron muy juntos, con sus clítoris
en total contacto. Gimiendo de placer, Sol y Luna juntaron con un áspero golpe
sus desnudas tetas, intentando dominar en este aspecto a la adversaria.
Notando como perdía en este intenso combate, Sol, sofocando
un gemido de doloroso placer, subió sus manos hasta el cabello de la castaña y
dio un tirón a la cabeza de Luna, permitiendo besar y lamer el liso cuello de
Luna. La castaña maulló de gusto mientras la rubia siguió subyugando a su rival
con sus labios y su lengua. Con sus orbes aplastados juntos y sus sexos
batallando por dar más placer que el sexo contrario, Sol y Luna siguieron
intentando esclavizar a la otra chica, hecho que ahora estaba logrando Sol.
Notando como su vulva iba calentándose rápidamente,
acercándose al orgasmo, Luna agarró con ambas manos dos manojos de rubias
rastas, tirando ferozmente de éstas. Un gemido de malestar surgió de la garganta
de la rubia, mientras la castaña hundía sus blancos dientes en la suave piel del
cuello de Sol, causando en la rubia un grito de placer, pero sobre todo de
dolor.
- ¡Furcia! -gritó
Sol, estampando su pecho contra las tetas de Luna, que ahora gimió dolorida por
el duro golpe. Ahora ambas embistieron con sus senos, y las dos gimieron
incomodas cuando sus tetas chocaron en un húmedo impacto.
Enseguida Sol mordió y lamió el cuello de su adversaria,
mientras sus dedos rasgaban el trasero de Luna. Dolorida, la castaña imitó a su
rival y atacó el trasero y el cuello de Sol. Los bocados y los lametones en sus
cuellos se intercambiaron continuamente, dando satisfacción o tormento a la
competidora.
- ¿Cómo están tus tetas puta?
-dijo Luna estampando sus sudorosos pechos contra
los de la rubia, moliéndolas ásperamente contra los orbes rivales, e intentando
dominar a Sol en la pugna de tetas-. ¡Te dolerán
durante toda la semana!
- ¡Preocúpate más por tus tetas
zorra! -Sol estrelló sus desnudas tetas contra los
orbes de Luna, y los cuatro pechos se trituraron juntos duramente-.
¡Siempre han perdido contra las mías!
Ambas gruñeron, pero siguieron prensando sus pechos contra
los orbes rivales. Ahora las dos chicas se abrazaban fieramente, deseando hacer
gritar a la oponente. Pero sólo unos segundos después Sol notó como sus pechos
iban perdiendo en este duelo, por lo que rabiosa agarró con una mano las rastas
de su rival mientras con la otra arrastraba sus uñas a lo largo de las tetas de
Luna, de arriba a abajo. Chillando muy dolorida, Luna torció un manojo de
cabello de su oponente mientras le devolvía el favor arañando un pecho de Sol
con movimientos lentos y profundos. Por respuesta, la rubia gritó angustiada y
abofeteó cruelmente la cara de la castaña. Luna refunfuñó y dio un paso atrás,
tropezando con el borde de la ducha y cayendo de espaldas contra el suelo del
cuarto de baño.
Enseguida Sol se tumbó sobre su rival, agarrando con ambas
manos la garganta de Luna, estrujándola con todas sus fuerzas. Sol comenzó a
impactar desalmadamente su rodilla derecha contra las costillas y los costados
de los pechos de la castaña, haciendo gritar son voz a una Luna que iba
desvaneciéndose sin aire. Pero Luna no se rindió y torciendo el pelo de Sol otra
vez con una mano, deslizó su brazo izquierdo por debajo del muslo de la rubia y
comenzó a arañar con sus uñas la zona cercana al sexo de su rival. Sol gruñó
asustada, y entonces Luna logró hundir sus dedos en la entrepierna de la rubia.
Mientras Luna torcía sus dedos viciosamente hacia adelante y hacia atrás, Sol
gritaba angustiada.
Sin poder soportar el dolor, Sol soltó la garganta de Luna y
comenzó a arañarle la cara. La castaña gruñó dolorida, pero siguió lastimando el
sexo de su oponente, sabiendo que tenía ventaja en esta competición. Así la
rubia dejó el rostro de Luna y bajó sus manos sobre las firmes tetas de su
rival. Agarrando sus pechos, Sol las torció y tiró de ellas con ira. El castigo
mutuo de Sol y Luna provocó varios gritos inhumanos de las bellas muchachas,
pero ninguna cedía ante la enemiga.
- ¡Tiempo muerto! -gruñeron
ambas al unísono. Dejando de lacerarse, ambas se miraron a los ojos. Luna seguía
agarrando las rastas de Sol, y seguía con sus dedos introducidos en el sexo de
ésta, y la rubia aún tenía aferradas las tetas de la castaña.
- ¡Suelta mis tetas ahora
mismo! -dijo amenazante Luna.
- ¡Saca tus dedos de mi coño!
-replicó Sol con odio.
- ¿Significa eso que te rindes?
-preguntó Luna.
- ¡Nunca! -replicó
Sol-. ¿Te rindes tú entonces?
- ¡Jamás! -respondió
la castaña.
- ¡Entonces sigamos jugando!
-dijo Sol, que tenía una idea en mente-.
¿Aceptas un reto de mujer a mujer puta?
- ¡No te tengo miedo! -gruñó
Luna-. ¡Nombra tu reto!
- ¡Un 69! -sonrió
Sol desafiante.
- ¡Hagámoslo! -concluyó
Luna.
Volviendo al dormitorio, Luna y Sol se tumbaron en la cama,
colocándose en la posición del 69. Sin una palabra, Sol y Luna comenzaron a
lamerse las vaginas, con especial atención a sus clítoris. Con sus brazos
enlazados alrededor de la cintura rival, ambas chicas jadearon de placer por el
mutuo duelo. Masajeándose ahora los firmes traseros, las dos chicas siguieron
chupándose sus sexos, notando como iban calentándose y humedeciéndose
rápidamente a cada segundo que pasaba.
- ¡Puta! -gimieron
al unísono Luna y Sol, respirando un segundo y volviendo a la tarea. Sus
desnudas tetas se presionaban contra el firme vientre rival. Sus labios y sus
lenguas se movían lentamente sobre cada lugar de sus erógenas entrepiernas, pero
ninguna tomaba ventaja en realidad. Así un doble orgasmo llegó enseguida, al
unísono, y las chicas, tras disfrutar de éste sólo un par de segundos,
retornaron al duelo. No mucho después otro mutuo orgasmo hizo gritar de placer a
las dos guerreras.
- ¡Zorra! -jadeó
Luna, muy cansada-. ¡Estoy harta de ti!
- ¡Y yo de ti furcia! -gruñó
Sol, mientras las dos se arrodillaban pesadamente, frente a frente-.
¡Seis orgasmos cada una! ¿Cuándo te vas a rendir?
- ¡Cuando tú te rindas!
-gritó Luna, agarrando repentinamente las rastas de Sol,
que instintivamente asió el cabello de la castaña.
- ¡Así que volvemos a pelear!
-gruñó Sol al recibir un duro tirón de las manos
de Luna.
- ¡Así es! -gruñó
Luna cuando la rubia casi le arranca una rasta.
Al unísono, Luna y Sol estamparon sus tetas en un sudoroso
choque, que hizo gemir de dolor a ambas. Batallando en su guerra de tirones de
pelo, las dos muchachas siguieron compitiendo con sus desnudos pechos,
chocándolos, frotándolos y estrujándolos muy juntos.
De repente Sol soltó su mano derecha de las rastas de su
oponente y clavó su puño en el vientre de la castaña. Gruñendo de dolor, Luna
replicó con un duro puñetazo en la teta derecha de la rubia, seguido enseguida
por otro golpe en las costillas de Sol. Con un grito angustiado, Sol respondió
con un puñetazo en la cara de Luna, que soltó un quejido doloroso. Y ahora, casi
al unísono, la castaña enterró su puño derecho en el vientre de la rubia, y Sol
golpeó la teta izquierda de Luna con su puño.
Jadeando, Sol y Luna agarraron las manos rivales para evitar
nuevos golpes, y tras un segundo de forcejeo ambas estrellaron sus orbes con una
nueva embestida. Aplastándose duramente, sus tetas trasmitieron un intenso dolor
a ambas chicas, que soltaron un resoplido al perder aire bruscamente. Entonces
Sol repitió la arremetida, y sus pechos aplanaron los de la castaña. Luna cayó
así hacia atrás, sobre su espalda, con un quejido. Sol entonces quiso subirse
sobre Luna, pero ésta levantó sus dos pies y, plantándolos en las dos tetas de
la rubia, la empujó lejos, sacando además un grito de malestar de su rival, que
cayó de espaldas sobre la cama.
Ambas se sentaron sobre sus traseros y codos, mirándose con
odio. Jadeantes, Luna y Sol cambiaron de posición sus cuerpos para encararse
otra vez. Sus ojos nunca dejaron de mirarse mientras ambas se levantaban
lentamente sobre sus rodillas. Enseguida, sin palabras, las dos chicas se
abrazaron firmemente, estrujándose cuerpo a cuerpo. Sus tetas y sus vientres se
molieron juntos, mientras una silenciosa batalla comenzaba. Poco a poco, sin
embargo, los jadeos de las dos fueron haciéndose notar más y más en el ambiente,
hasta que la intensidad que había alcanzado el abrazo hizo que Sol y Luna
cayeron sobre la cama, donde rodaron igual de juntas.
Cayendo al suelo, las dos muchachas se separaron, pero sólo
un segundo después las dos se habían levantado.
- ¿Lista? -preguntó
Luna desafiante. Al unísono ambas bellezas enlazaron sus brazos alrededor de la
espalda de la rival, a la altura de sus tetas. Usando todas sus fuerzas, Luna y
Sol intentaron derrotar a la contrincante de una vez por todas. Tambaleándose
por todo el cuarto, sus cuerpos se estrujaron muy juntos, pecho a pecho, vientre
a vientre.
Tras más de tres minutos de intenso duelo, ambas se
separaron, gruñendo de rabia por el claro empate. Entonces las dos bellezas
chocaron juntas otra vez, ahora abrazándose con más fuerza y más envidia. Sol y
Luna juntaron sus cuerpos totalmente, y sus pechos, vientres y sexos se
estrujaron juntos.
- ¡Estás perdiendo! -gruñó
Sol
- ¡Tú estás perdiendo! -replicó
Luna.
Ambas sintieron el calor del cuerpo de la rival, y ambas se
oprimieron más duramente cada segundo. Sol agarró entonces con una mano el culo
de Luna, que gruñó por el estrujón. Por respuesta Luna imitó a la rubia, y la
rubia gimió también.
Uno, dos, tres minutos pasaron, y ambas seguían estrujándose
mutuamente con sus últimas fuerzas, y ninguna cedía. Los jadeos, gruñidos y
gemidos eran muy altos ahora, y el sudor cubría la totalidad de sus cuerpos.
Al final ambas cayeron de rodillas al suelo, aún abrazadas,
pero sin fuerzas para seguir.
- Dejémoslo hoy en -empate
guarra -susurró Sol al oído de su rival.
- De acuerdo furcia -susurró
Luna-. Pero te juro que la próxima vez te
destrozaré.
- Ya veremos...