DUELO DE RASTAS V: UN NUEVO NIVEL
POR ANUBIS
Sol metió la ropa en la lavadora. Tras conectarla, la guapa
joven se sentó en una silla para esperar. Ella estaba en un pequeño cuarto de su
urbanización, situada en las afueras de la ciudad. Este cuarto era una de las
cinco pequeñas habitaciones que formaban la lavandería de la urbanización, que
sólo podía ser usada por los vecinos de ésta.
La joven empezó a amasarse las rastas para darle mejor forma.
Le había costado mucho recuperar la anterior belleza de su cabello, destrozado
en las anteriores y terribles peleas que había tenido con su odiada enemiga
Luna, la última de éstas hacía dos semanas. Pero ahora ya se había recuperado de
sus heridas, aunque tenía cicatrices en sus pechos y en otras partes de su
cuerpo. Ahora la rubia estaba descalza, vestida con una camiseta rosa y unos
vaqueros azules.
Sol estaba mirando fijamente la lavadora, hipnotizada por el
movimiento circular de la máquina. Pero entonces oyó una voz a su espalda.
-
Bien, mira quien está aquí -oyó, que se giró al
reconocer la voz. Había oído a esa voz innumerables veces: desafiando, jadeando,
gruñendo, gritando, insultando...
De pie, en el umbral del cuarto, la rubia vio a su aborrecida
rival, Luna, sonriendo a la rubia. Luna vestía una camiseta blanco y una falda
larga azul. Calzaba unas sandalias.
- Bien, mira quien vino con la
basura -replicó Sol fríamente.
Ella odiaba a Luna tanto como Luna la odiaba a ella. Se
conocieron en la universidad, y las dos bellas chicas instantáneamente se habían
convertido en amargas rivales. La tensión fue inmediata y muy fuerte, explotando
en una desmedida violencia. Luchando cuerpo a cuerpo varias veces, ambas chicas
no pudieron concluir su primera pelea. Posteriormente, en la playa, Luna derrotó
con dificultad a la rubia en una intensa pelea. Su tercer encuentro tuvo lugar
en el campo, donde una tormentosa tarde Sol, tras una igualada lucha, derrotó a
Luna. Su última pelea tuvo lugar en el ring de un gimnasio, y un claro empate
fue su desenlace.
Pero por supuesto, ninguna dejaría así las cosas. Por suerte
para Luna, tras visitar a un amigo que vivía en la misma urbanización, vio a la
rubia entrar en la lavandería privada, y la siguió. Cerrando la puerta, Luna
pateó desafiante la cesta de la ropa de la rubia y la tiró, esparciendo el
vestuario de Sol por el suelo. Enseguida se quitó las sandalias, preparada para
el combate.
- Resolvamos esto ahora mismo
puta -susurró Luna-. ¡Vamos!
Sol se levantó, tirando la silla al suelo. Entonces las dos
rastas giraron en círculos alrededor de la otra en el pequeño cuarto.
- ¡Zorra! -exclamó
Sol quitándose la camiseta-. ¡Luchemos como ambas sabemos hacer! ¡Cuerpo a
cuerpo!
- ¡Por supuesto guarra!
-gruñó Luna quitándose su camiseta-.
¡De mujer a mujer!
Inmediatamente las dos enojadas bellezas se desnudaron casi
completamente, quedando en bragas. Con sus firmes pechos libres, las dos
siguieron girando en círculos, ansiosas por combatir una vez más.
Sol repentinamente saltó sobre Luna, llevando a las dos
chicas al suelo. Ellas rodaron dándose manotazos, rasgándose y estrujándose sin
cesar, atacándose salvajemente una a otra. Finalmente la rubia logró sentarse a
horcajadas sobre el vientre de Luna.
Entonces Sol descargó varios puñetazos sobre los pechos de
Luna. La castaña chilló agónica, y reaccionó golpeando con ambos puños a la vez
la teta derecha de Sol. La rubia chilló desesperada y agarró las tetas de Luna
al tiempo que su rival le agarraba a ella las tetas. Entonces ambas muchachas se
estrujaron una a otra sus preciosas tetas con todas sus fuerzas. Ambas chillaban
desconsoladas, pero no cesaban de lacerarse.
De pronto, queriendo tomar ventaja, Luna lanzó un duro
puñetazo a la teta derecha de Sol, hundiendo profundamente su puño en la carne
del pecho. Mientras la rubia agonizaba, Luna apretaba más y más su puño, cada
vez más profundo en la teta de Sol. Así, la dolorida rubia soltó a Luna y se
apartó de encima suya.
Sol y Luna se levantaron tambaleantes, ambas jadeantes, pero
enseguida embistieron y volvieron a estrujarse sus pechos viciosamente. Tras un
minuto de mutuo castigo, como por consentimiento mutuo, ellas dejaron libres sus
tetas y se agarraron de las rastas. Empezó así un duro duelo de tirones de pelo,
mientras ambas chicas atacaban continuamente con sus tetas, aplanándolas juntas.
De repente la rubia se separó levemente de Luna y clavó su
puño derecho en el vientre de su rival. Gruñendo de dolor, Luna replicó con un
duro puñetazo en la teta derecha de Sol, seguido de otro golpe en las costillas
de la rubia. Con un grito angustiado, Sol replicó con un nuevo puñetazo en la
cara de Luna, que retrocedió unos pasos con un pequeño quejido. Moviéndose
rápidamente hacia su rival, Luna enterró su puño derecho en el vientre de la
rubia, y Sol reaccionó golpeando la mejilla izquierda de Luna con su puño.
Entonces ambas chicas retrocedieron unos pasos, con sus puños
alzados defensivamente. Respirando ásperamente, sudorosas, Sol y Luna se miraban
a los ojos con rabia.
Tras unos segundos ambas chicas se acercaron la una a la otra
silenciosamente. Ninguna habló, concentradas absolutamente en la pelea. Al
unísono Sol condujo su puño derecho a la cara de la guapa Luna, mientras ésta
alzaba su rodilla contra la entrepierna de la bella rubia. Las dos bellezas se
golpearon a la vez, pero Sol salió pero parada. Mientras la rubia se doblaba
sobre sí misma, Luna la garró de las muñecas y clavó su rodilla en el rostro de
su rival. Gritando desesperada, Sol envolvió sus brazos alrededor del talle de
su rival y la derribó contra el suelo. Luna chilló de dolor al caer
estrepitosamente contra el duro suelo, con Sol sobre ella. Las tetas de la rubia
aplastaron los pechos de la castaña, que gruñó ante la desventaja.
Pero Luna reaccionó con premura y, clavando su pierna en el
vientre de Sol, la lanzó hacia atrás, estampándola contra la pared. Luna
entonces se levantó jadeante mientras Sol se levantaba dolorida sobre sus
rodillas.
- ¿Lista para sufrir más?
-jadeó Luna mientras Sol se levantaba.
- ¿Lista para perder? -masculló
Sol, cargando repentinamente contra Luna. Sorprendida, Luna retrocedió por el
impacto del hombro de la rubia sobre sus tetas, y fue a estamparse contra la
pared. Cayendo al suelo, con la rubia sobre ella, Luna no pudo impedir que su
rival la inmovilizara contra el suelo. Sol entonces clavó con rabia su puño en
la teta izquierda de Luna, y ésta chilló muy dolorida. Sol repitió el golpe,
esta vez en la teta derecha de Luna, volviendo a hacerla chillar. Pero Luna
replicó con rabia y golpeó el rostro de la rubia, derribándola hacia atrás.
Jadeantes y muy doloridas, ambas chicas se levantaron
lentamente. Aunque habían tenido peleas muy duras, en ésta cada golpe era dado
con una fuerza cargada de un odio y una rabia increíble. Y este hecho las
debilitaba enormemente.
Un minuto después, las dos embistieron con un grito de
guerra. Chocando estrepitosamente al suelo, ambas mujeres rodaron salvajemente,
luchando violentamente con sus rodillas, puños y dientes. Rápidamente Sol colocó
su cuerpo sobre el de Luna. Ahora la castaña podía sentir como el sensual muslo
derecho de la rubia se estrujaba contra su entrepierna. Sol sonreía, pues era lo
que quería hacer, mientras que la castaña notaba como, bajo sus bragas, su sexo
iba calentándose y humedeciéndose. Estaba perdiendo esta guerra sexual que
acababa de iniciar Sol.
La rubia siguió frotando su muslo arriba y abajo, y Luna
gimió en voz alta cuando Sol logró conectar con su clítoris.
- ¡Demasiado fácil guarra
barata!
Pero Sol se confió, y su sonrisa desapareció de repente. Luna
había alzado sus dos manos y había agarrado ambas tetas de la rubia. Así
pellizcó firmemente los marcados pezones de Sol, y ésta gritó muy dolorida. Pero
estos chillidos no detuvieron a la rubia, que ahora deslizó su mano derecha y la
introdujo en la braga de Luna, atacando el húmedo sexo de la castaña. Mientras
Sol laceraba la entrepierna de una sollozante Luna, ésta seguía pellizcando los
pezones de su agónica oponente.
Entonces Luna alzó su cabeza y cerró sus apasionados labios
sobre el pecho izquierdo de Sol, mordiendo con sus dientes el pezón derecho de
la rubia. Gritando como una loca, Sol usó su mano libre para abofetear
repetidamente la espalda de Luna y, al no surtir efecto esta táctica, agarró las
rastas de la castaña por detrás. Sol tiró duramente del cabello de Luna y así,
tras unos dolorosos segundos, la apartó de su pecho. La castaña entonces colocó
ambas manos en la tetas de Sol, y la empujó lejos.
Levantándose jadeantes y sudorosas, las dos intentaron
retomar fuerzas antes que la rival. Luna se dolía de su entrepierna y de su
cuero cabelludo, mientras que Sol se quejaba de un agudo dolor en sus senos.
Arrodillándose, Luna y Sol se recriminaron sus acciones.
- ¡Si quieres luchar sucio,
zorra, lo haremos! -se quejó Luna mientras
señalaba su lastimada entrepierna.
- ¡Que sea sucio, lo más sucio
que puedas puta! -gruñó Sol señalando su dañada
teta.
Arremetiendo contra la otra, Sol y Luna volvieron a enlazar
sus manos, volvieron a luchar por demostrar quien de ellas era la más fuerte.
Pero otra vez cayeron al suelo, y forcejearon duramente sobre éste. Los gemidos
y jadeos se sucedieron, hasta que Luna se impuso a Sol.
Sol gruñó cuando Luna estampó su entrepierna contra su propio
sexo, y notó como sus palpitantes vulvas luchaban.
- ¡Eres mía, zorra grasienta!
Iracunda, Sol abrió su boca y sus blancos dientes mordieron
el labio inferior de Luna. Luna gimió de dolor, y ambas siguieron con la batalla
de sexos. Sol seguía gruñendo de rabia y dolor, ya que la posición superior de
Luna le daba ventaja a la castaña en su íntimo y ardiente duelo. Así la rubia
mordió a su vez los labios de Luna, en un desesperado intento por cambiar el
rumbo del combate.
Con sus manos y brazos las dos bellezas sujetaron a su rival
lo más cerca que fuera posible, para imponer así el combate más íntimo que
pudieran. Nunca ellas habían enfrentado sus sexos en sus cuatro anteriores
enfrentamientos, y por ello este combate estaba siendo algo distinto, y desde
luego mucho más personal y erótico. Las dos sabían que la primera que tuviera un
orgasmo sería humillada y derrotada moralmente, y por ello ahora sus jadeos,
gemidos e insultos eran más calientes que nunca.
Finalmente Sol logró darse la vuelta y colocarse sobre Luna.
Pero la castaña no se rindió y empezó a golpear hacia arriba con su sexo.
Encolerizada por estos rápidos y penetrantes golpes de la entrepierna de Luna,
Sol comenzó a estampar sus tetas contra los orbes de Luna, haciendo gemir
angustiosamente a la castaña. Como respuesta a este doble duelo de sexos y
tetas, ambas replicaron abrazándose más juntas, con sus sudorosos rostros
pegados mejilla a mejilla. En sus bellas caras se veían muestras de
determinación, de odio, de rabia, de envidia, de embriaguez, de fatiga y de
dolor, mucho dolor. Sol sabía que ahora ella estaba ganando en la lucha de
sexos, ya que oía exultantemente los ardientes quejidos de Luna cuando sus
torturados sexos chocaban y se frotaban extremadamente juntos. A pesar de sus
bragas, ambas notaban claramente la forma y el tacto de sus entrepiernas, y este
hecho excitaba y enojaba más a las dos luchadoras.
Pasaron un par de minutos, y ambas muchachas siguieron
exprimiéndose y amasándose cuerpo a cuerpo. Sol y Luna estaban ahora muy
calientes, a causa del constante frotamiento de sus cuerpos. Pecho a pecho, sexo
a sexo, vientre a vientre, muslo a muslo, ninguna cedía.
De nuevo Luna ganó la posición superior, y sin dudarlo
estampó sus tetas contra los orbes de Sol. La rubia chilló dolorida, pero logró
girar y colocarse sobre Luna. Ahora fue Sol la que estrelló sus pechos contra
los de la castaña, que gritó de dolor. Batallando muy viciosamente, Luna y Sol
siguieron intercambiando la posición dominante muy rápidamente. Ninguna era
capaz de mantener dicha posición más de cinco segundos. Siempre la que dominaba
lograba un grito de sufrimiento de su rival tras golpearla con sus tetas o su
entrepierna, pero enseguida el favor era devuelto.
Ahora Sol tenía tomada la posición superior, y pudo
mantenerla durante varios segundos más de lo normal. Tras estampar sus tetas
contra los pechos de Luna tres veces seguidas, la rubia sintió como unas manos
se hundían entre sus rastas, y un segundo después su cabeza era tirada duramente
hacia atrás por una viciosa sacudida de Luna. Sol se vengó inmediatamente
agarrando las rastas de su rival y tirando fieramente de ellas. De nuevo rodando
por el suelo, Sol y Luna se esforzaron en este duelo de tirones de pelo, que
forzó a las dos muchachas a un contacto más apretado aún, especialmente de sus
firmes pechos.
Realmente, a pesar de la espectacularidad del duelo, ninguna
conseguía mucho con este enfrentamiento. De nuevo Sol logró colocarse sobre
Luna, y mientras Sol conducía sus tetas contra los orbes de Luna, ésta
presionaba profundamente su sexo contra el de su rival. Así Luna destrozaba el
sexo de la rubia, y Sol agujereaba los pechos de la castaña con sus tetas. Ambas
gemían de sufrimiento en este estático duelo. Mirándose fijamente a los ojos,
con sus rostros muy juntos, ambas batallaron con toda su sensualidad. De repente
ambas se mordieron los labios mutuamente, intentando lograr algo de ventaja.
Y en ese momento, la puerta empezó a abrirse con un crujido.
Con un rápido empujón, ambas se separaron. Sol se escondió tras una lavadora, y
Luna tras una secadora. Totalmente llenas de sudor, las dos se miraban
fijamente, con claro desprecio mutuo. Sus bellos pechos desnudos subían y
bajaban al ritmo de sus jadeantes y silenciosas respiraciones, mientras alguien
entraba en el lugar.
- ¿Pero qué demonios ha pasado
aquí? -dijo una voz femenina al ver toda la ropa
tirada en el suelo-. ¡Gamberros! ¡Buscaré al
guardia de seguridad! ¡Seguro que está dormido como siempre!
La puerta se cerró de un portazo, y enseguida las dos chicas
cogieron sus ropas, vistiéndose rápidamente.
- Has tenido suerte, zorra, ya
te tenía -gruñó Sol.
- Embustera, era cuestión de
segundos que gritaras tu rendición -replicó Luna.
Recogiendo su ropa en la cesta, y sacando la ropa mojada de
la lavadora para no dejar pruebas de su presencia, Sol miró a Luna.
- ¿Quieres que sigamos con en
mi casa? -dijo con voz amenazante la rubia,
mirando con odio a la castaña.
- Si -contestó
Luna muy segura de sí-. Será un verdadero placer.
Las dos chicas salieron al exterior, y se dirigieron
presurosas a la casa de Sol.
- Mi compañera está fuera
comprando, tardará en volver -dijo Sol abriendo la
puerta. Guiando a Luna hasta el salón, la rubia señaló el centro de la
habitación. Una sencilla alfombra decoraba el lugar-.
Ahí.
Enseguida las dos muchachas se encararon sobre la alfombra,
quitándose las camisetas y los sostenes. De nuevo en topless, ambas se quitaron
los pantalones, y enlazando lentamente sus manos, Luna y Sol decidieron empezar
por una prueba de fuerza. Gruñendo, ninguno pudo imponerse a la otra, pero a
causa del duro forcejeo, las dos bellezas cayeron al suelo. Enseguida la rubia
se subió sobre Luna y acercó sus pechos al rostro de su rival, dispuesta a
estamparlas contra su bella cara. Pero Luna interpuso sus manos, y con sus
palmas empujó los orbes de Sol lejos de su rostro. La rubia gimió al sentir el
enojante contacto de las manos de la castaña sobre sus tetas, y se apartó.
Ahora Luna logró colocarse sobre Sol, e intentó colocar sus
propios pechos sobre la estupenda cara de Sol, pero la rubia agarró de las
rastas a su oponente y la empujó atrás, sacando un grito de dolor de Luna.
De nuevo Sol saltó sobre Luna, y rápidamente clavó sus pechos
sobre la cara de la castaña. Luna gimió de asco mientras la rubia frotaba sus
orbes sobre su rostro, pero reaccionó enseguida y, tirando del cabello de su
rival, la apartó a un lado al tiempo que ella se subía sobre Sol. Ahora fue Luna
la que estampó sus húmedas tetas contra el rostro de Sol, y la rubia la que
gimió angustiada. Pero tampoco duró mucho este ataque porque Sol agarró con
rabia ambos cachetes del culo de la castaña, que con un gemido de dolor tuvo que
apartarse de su contrincante.
Otra vez la rubia se subió sobre Luna y lanzó sus pechos
sobre la cara de la castaña, pero ésta alzó antes su boca y mordió el pecho
derecho de Sol, que con un grito de angustia tuvo que apartarse de su enemiga.
Luna quiso aprovechar la situación y se subió sobre la dolorida rubia, preparada
para hundir sus sudorosos senos en el rostro de Sol por tercera vez. Pero la
rubia alzó ambas manos con velocidad y agarró las dos tetas de la castaña. Con
un fuerte estrujón, Sol hizo chillar a su rival, pero enseguida Luna agarró y
comenzó a oprimir los pechos de la rubia.
Así las dos guerreras comenzaron a rodar por la alfombra
entre gritos de tormento y jadeos de agotamiento. Ambas eran ya expertas en
exprimir las tetas de la otra, algo que habían hecho en infinidad de ocasiones
en sus cuatro duelos. Así Luna y
Sol se destrozaron las tetas hasta que las dos quedaron
tumbadas lateralmente, frente a frente, con sus piernas entrelazadas para
inmovilizar a la rival, para que no pudiera huir del maceramiento de tetas.
Ambas siguieron estrujando, pellizcando, amasando y
aplanando, sollozando abiertamente ahora, con sus dientes apretados para evitar
chillar.
Pero dos minutos después las dos bellas y exhaustas chicas
gritaron al unísono y se empujaron por lo pechos la una a la otra, ya que
ninguna podía soportar más el dolor. Arrodillándose lentamente, Sol y Luna
empezaron a masajearse sus maltratadas y agotadas tetas. Sus senos estaban muy
enrojecidos, y llenos de feas marcas.
Jadeando para recuperar el aliento, las dos chicas se
levantaron. Luna y Sol se observaron la una a la otra, y detuvieron sus miradas
a la altura de los pechos de la rival, para ver su obra. Llenos de sudor e
incluso con algo de sangre, sus orbes estaban destrozados.
Gritando de rabia, las dos chicas corrieron una contra otra y
chocaron cuerpo a cuerpo. Sus piernas se entrelazaron y lucharon juntas mientras
ambas se agarraban de las muñecas, obligando a la otra a alzar sus brazos hacia
el techo. Ambas gemían y jadeaban mientras se mordían el cuello, los labios y
las mejillas. Sus tetas y sus sexos volvieron a encontrarse de nuevo. Gritando
ahora de dolor, las dos bellas chicas clavaron profundamente sus uñas en el culo
de la rival. Sol y Luna entonces comenzaron a golpear una y otra vez sus cuerpos
con saña. Ambas tenían pequeñas heridas que sangraban levemente en sus rostros a
causa de sus crueles mordiscos: en esta viciosa lucha ambas habían perdido el
control.
Abrazándose ahora con fiereza, sus sexos y sus pechos
compitieron aún más prensados. Las dos chicas captaban claramente el olor del
sudoroso cuerpo de la contrincante. Cayendo sobre la alfombra, Luna y Sol
prensaron aún más fuertemente sus doloridos cuerpos, rodando ahora muy
pausadamente, hasta que Luna metió una mano entre sus cuerpos y agarró con
rencor un pecho de Sol. La rubia, nada más sentir el contacto con su lastimada
teta, gritó angustiada y empujó a la castaña, separándola de ella.
Así las dos bellezas se sentaron en el suelo, con lágrimas en
sus ojos. Sus sudorosos cuerpos estaban totalmente enrojecidos, al igual que sus
rostros, que mostraban huellas de un tremendo sufrimiento. Los jadeos resonaban
en la habitación, y los lacerados pechos de las dos chicas volvían a subir y
bajar al ritmo de éstos.
- Quiero resolver esto tanto
como tú, pero hay una mejor manera de saber de una vez quién de nosotras dos es
la más ardiente, quién tiene el mejor cuerpo, quién es la mejor mujer -dijo
de repente Sol.
- Sí, yo he pensado lo mismo
-contestó Luna; ambas pensaban en lo mismo-.
Nuestra rivalidad ha subido a otro nivel, como ambas hemos notado la primera vez
que juntamos nuestros coños.
- Quiero follarte zorra, como
nunca antes te han follado -jadeó la rubia.
- El sentimiento es mutuo, puta
-dijo la castaña-.
Dentro de dos noches, en el motel de las afueras. Tú y yo, totalmente desnudas.
- Allí estaré... desnuda
-dijo Sol.
La pelea acabó ahí, bruscamente, pero pronto Luna y Sol
volverían a luchar. Aunque esta vez sería diferente.