Mi mejor amiga
Me llamo Silvia, tengo 27 años, separada recientemente,
después de cuatro años de matrimonio, el motivo de la separación fue, que
estando yo de vacaciones en la casa que teníamos en la Costa Brava, un día
regresé a Barcelona sin avisar, encontrando a mi marido con su secretaria,
follando en nuestra cama, me molestó relativamente que se la estuviera follando,
pero que fuera en nuestra cama no se lo perdoné, por lo que nuestra separación
fue muy rápida y llegamos fácilmente a un total acuerdo. En mi vida he tenido
una gran y única amiga, su nombre es Ana, es de las pocas personas que siempre
está dispuesta a escucharte y ayudarte, físicamente es un poco más alta que yo,
posee unos senos redondos que se le aguantan perfectamente, sin necesidad de
sujetador, cintura estrecha y unas caderas proporcionadas que le hacen lucir un
culo perfecto.
De adolescentes, en nuestro grupo había mas chicos que
chicas, y Ana y yo éramos las calienta pollas del grupo, sabíamos como poner a
cien a los chicos y no hace falta decir que estos, deseaban recibir nuestros
favores, y eso que a lo máximo que podían aspirar, era que si nos calentaban
bien con sus manos les hiciéramos una buena paja o una rica mamada, ya que
teníamos muy claro que no conseguirían meter su polla en nuestro coño. Así, Ana
y yo compartimos nuestros primeros juegos sexuales, incluyendo las
masturbaciones que nos hacíamos después que, a veces nuestros amigos nos dejasen
muy calientes, ya que naturalmente no éramos de piedra, estuvimos siempre muy
unidas hasta que las dos nos casamos. No logramos muy a pesar nuestro, que
nuestros maridos congeniaran y a pesar de que nosotras dos, continuábamos
viéndonos, fuimos perdiendo el contacto y nos distanciamos.
Al enterarse Ana de mi separación, vino a verme y dijo que
teníamos que reanudar nuestra relación igual que antes de nuestros respectivos
matrimonios, ya que Juan, su marido, le había comentado innumerables veces, que
no comprendía como una chica agradable y guapa como yo, se hubiera enamorado y
casado con un engreído y estúpido como mi marido.
Juan es alto, ancho de espaldas, cintura estrecha y caderas
mas pequeñas que sus hombros, cuerpo fibroso, y sin un gramo de grasa, cuando
están juntos, todo el mundo los mira con cierta envidia, pues forman una pareja
realmente atractiva.
Así que, empezamos a salir los tres juntos. Los dos son
encantadores, nunca hablaron de mi separación. Al poco tiempo empecé a sentir un
cariño y deseo enorme hacia Juan, tal era mi deseo que si Ana no hubiese sido mi
mejor amiga, me hubiera acostado con el sin ninguna duda. Un día que Juan tenia
una cena de negocios, Ana y yo, fuimos solas al cine, al salir, como de
costumbre fuimos a tomar unas copas y noté a Ana nerviosa, como si quisiera
decirme algo, y no se atreviera, la notaba intranquila y nerviosa, y como la
conocía muy bien, y vi que no encontraba el momento de lanzar su pregunta, le
dije:
Quieres preguntarme algo, verdad, Ana?
Nada importante, respondió. Bueno si, quiero
preguntarte algo, pero no se como empezar. En aquel momento recordé, no
sé a bien porque, quizás, por el tiempo que había pasado desde mi
separación, sin tener relaciones sexuales, que mi cuerpo ya empezaba a
sentir necesidad de sexo, acordándome de una relación que de
adolescentes mantuvimos, y que a pesar del tiempo transcurrido yo, no
había podido olvidar. Una noche en su casa, ausentes sus padres,
empezamos jugando con besos y terminamos, recorriendo con nuestras
lenguas las partes mas intimas de nuestros cuerpos sintiendo una muy
gratificante sensación que nos llevó a un orgasmo superior al obtenido
con nuestras masturbaciones, seria esto sobre lo que quería
preguntarme?, o quizás se había dado cuenta de mi sentimiento hacia
Juan.
Que te incomoda?, puedes preguntarme lo que quieras
le dije y le pregunté. Ocurre algo con Juan?
No, no, Lo que quiero preguntarte es quizás una
tontería, pero es muy privado y me avergüenza preguntártelo. Desde tu
separación notas a faltar tener sexo?.
Que piensas, ya me conoces, le respondí. Si, claro
que lo encuentro a faltar. A veces me masturbo pero tu ya sabes que no
es lo mismo, yo siempre he pensado que donde haya una buena polla aunque
te introduzcas dos dedos, o un vibrador no es lo mismo. Mi respuesta la
hizo soltar una sonora carcajada, nos hicimos una carantoña como dos
adolescentes y nos reímos con ganas.
Tendremos que buscar una solución, para tus
necesidades dijo Ana.
Difícil me parece, le respondí. Podríamos estar
juntas tu y yo, como aquella noche, cuando teníamos diecisiete años. Le
dije pensando que no se acordaría.
Nos lo pasamos muy bien, me gustó y he pensado muchas
veces en ello, debo decirte que no he vuelto a tener una relación
lésbica, quizás deberemos repetirlo próximamente.
Por que no, respondí yo. A mí también me gustó. Puedo
venir a tu casa, pasar toda la noche contigo ya que Juan no está. A mi,
nadie me espera. Contesté deseando recibir una respuesta afirmativa.
Puedes quedarte toda la noche?. Pues vayamos a casa,
respondió.
De acuerdo, dije, notando como mi sexo se humedecía.
Salimos de la cafetería y durante el trayecto hasta casa de
Ana, solo hablamos de sexo. Como se comportaba mi ex en la cama, lo que más le
gustaba sexualmente a Juan, fantasías sexuales que no se hubiesen cumplido, casi
ninguna dijimos las dos al unísono, riéndonos como dos adolescentes. Al llegar a
casa, Ana sirvió una copa, y nos sentamos cómodamente en el sofá y recordamos
nuestras experiencias de adolescentes. Hablar de sexo me excita y más supongo si
llevas un tiempo sin practicarlo, no obstante ninguna de las dos daba el primer
paso. Al cabo de un cierto tiempo Ana tomó la iniciativa acercando sus labios a
mis labios, cuando se juntaron las bocas y las lenguas se entrelazaron, noté una
electricidad recorriendo mi cuerpo, mis pezones se endurecieron y mi vagina se
llenó de fluidos. Al cabo de un cierto tiempo Ana separó sus labios de los míos
y me preguntó:
Prometeme que no te asustaras de mi pregunta, dijo.
Sabes que fantasía sexual, hemos tenido muchas veces con Juan, y los dos
estamos de acuerdo en realizarla, pero nos ha faltado, quizás por
vergüenza, o por no encontrar la persona, la decisión de ponerla en
practica.
No, pero dejame adivinártela, respondí. Conocía o
creía conocer perfectamente que fantasías podían gustarle. Introducir
una persona durante vuestra relación, le dije
Como lo has adivinado, respondió.
Porque el noventa y nueve por ciento de las parejas
lo han pensado alguna vez durante la realización del acto sexual, le
respondí.
Silvia, podemos contar contigo para que podamos
realizar esta fantasía.
En aquel momento sentí un gran alivio y decidí que seria
muy agradable un trío con Juan y Ana por lo que asentí con la cabeza y le
pregunté
Crees que Juan estará de acuerdo, cuales son las
expectativas que vosotros tenéis de un trío? Le pregunté
Juan desea que yo mantenga una relación lesbica y el
mío es ver a Juan follar con otra mujer, son los que tu también tienes?,
preguntó
En parte si, pero a mi me hubiese gustado ver a mi
pareja mantener una relación con otro hombre, como puedes ver, esta
parece mas difícil de aceptar por parte de algunos hombres, pero la
verdad solo de pensarlo me mojo toda.
La encuentro realmente excitante me respondió,
intentaremos que se haga realidad próximamente.
Estábamos tan absortas con nuestra conversación que no oímos
abrirse la puerta de casa, apareciendo de pronto Juan en el salón. Con un
movimiento instintivo, intenté abotonarme la blusa que había quedado abierta,
dejando entrever mis senos, debido al escarceo mantenido anteriormente. Esto no
pasó desapercibido para Juan que mirándonos sonriente dijo:
Veo que os lo estabais pasando bien.
Solo habíamos iniciado una conversación sobre sexo,
le respondió Ana y en este momento, estábamos hablando de fantasías que
tu y yo, todavía no hemos realizado Juan. quiero que me des tu opinión
sinceramente.
Sobre que quieres conocer mi opinión, dijo Juan
Juan, que te parece Silvia como mujer
Ana ya conoces mi parecer, Silvia me excita un
montón, es muy guapa, tiene un cuerpo esplendido y es muy simpática y
además es tu mejor amiga. Es la persona que me gustaría nos ayudara a
realizar nuestras fantasías. Si Silvia acepta, me sentiré encantado.
La verdad es que los elogios de Juan eran un regalo para mis
oídos y noté la mirada de deseo que había en sus ojos y la alegría de Ana, y por
que no, mi excitación también había aumentado y mis bragas estaban totalmente
mojadas.
Estas de acuerdo que los tres pasemos la noche
juntos, seguía Ana preguntándole a Juan
Ana me estas excitando, mira como se abultan mis
pantalones, dijo Juan
Baje la mirada hacia la parte de los pantalones que ocultan
el sexo, y se le apreciaba un bulto notable. Yo estaba tan excitada que solo
deseaba que Ana y Juan me llevaran a la cama, e hicieran conmigo lo que
quisieran, que por mi parte no opondría ninguna resistencia. Y justo en este
momento, Ana se acercó volvió a besarme, mí lengua buscó la suya, sus manos
recorrieron mi cuerpo y cuando llegaron a mi sexo al tocarme las bragas, dijo a
Juan:
Por favor, vete al dormitorio y preparate, que Silvia
esta muy húmeda pero antes quiero preguntarle una cosa a Silvia y
enseguida venimos.
Juan se fue y Ana me dijo:
Silvia, estas excitada y ya sabes que a Juan y a mí
nos gustas, yo soy tu mejor amiga y estoy segura que al follar juntos
reforzará nuestra amistad, pero lo que quiero saber es, si de verdad
estas dispuesta, porque si tienes alguna duda lo dejamos. Prefiero tu
amistad al sexo de una noche para satisfacer un capricho.
Si, si, por favor respondí yo, os necesito, quiero
estar con vosotros, vayamos al dormitorio.
Espera un momento, que te voy a preparar para que
cuando te vea Juan, casi se corra sin tocarte.
Ana me sacó la blusa y la falda, dejándome puestos sostenes,
bragas, medias y ligueros con los zapatos de talón, según ella, vestida de esta
manera yo, volvería loca a Juan.
Ana no me dejaba un instante, quería que me sintiera
tranquila, fuimos a la habitación, me tendió sobre la cama, poniéndose ella de
rodillas junto a mi cabeza. Juan no estaba en la habitación, oímos correr el
agua de la ducha y Ana le dijo:
Juan ya estamos preparadas.
Ana se quedó con las mismas prendas que yo, se sentó a la
cabecera junto a mi cara, besándome cariñosamente y acariciándome todo el
cuerpo, diciéndome lo mucho que me quería. Mis manos recorrían su cuerpo.
Apareció Juan, secándose y con una toalla envuelta en su cintura, acercándose
lentamente, se subió por los pies a la cama, y fue a encontrarse con Ana
besándola con pasión en la boca, quedando mi cara a escasos centímetros de su
pene.
Yo, estaba tan caliente que encontré largo aquel beso, y
sentía deseos de interrumpirlo, sin embargo todo llega, cuando Juan dejó de
besar a Ana, se inclino sobre mis labios y yo instintivamente abrí mi boca,
dejándole espacio para que introdujese su lengua, al sentirla moviéndose, y
encontrándose con la mía, noté que mi vagina rebosaba jugos y mis bragas estaban
no húmedas, si no muy mojadas. Miré a Ana y también vi que había mojado sus
braguitas.
Juan dejó mi boca y empezó a pasar la lengua por mi cuerpo,
mientras Ana le iba preparando el camino y liberándome de mi ropa interior, para
que Juan, no encontrara ninguna dificultad. Desnuda sobre la cama con Juan
lamiéndome los pezones, Ana también se desnudó y volvió a la cabecera de la cama
besándome en la boca.
Juan paró un momento se levantó, se quitó la toalla, quedando
su verga ante mis ojos, que polla tenia!!, unos veinte centímetros, pero, no era
su longitud lo que mas destacaba sino, su grosor debería tener unos cinco
centímetros de diámetro, en aquel momento pensé en Ana, como debía tener de
dilatado su coño. Ana viendo mi cara dijo:
Que te parece, esta bien. Habías visto alguna igual?.
Te gusta, verdad
No pude responderle, estaba tan impresionada que tomé la
verga de Juan entre mis manos y le hice acercarse para ponérmela en la boca y
poder chupársela. Abrí la boca y tuve dificultad para introducir su punta,
empecé a pasarle la lengua por todo su hermoso pene, que no se acababa nunca,
debido a la distancia existente desde su punta hasta sus testículos. Ana
sustituyó a Juan pasándome su lengua por todo mi cuerpo, yo ya no pudiendo
resistir y grité:
Juan, penetrame por favor.
Hazlo Juan, dijo Ana. Dándole un beso e
introduciéndose dos dedos en su sexo, empezando a masturbarse. No es
necesario lubricarla pues su vagina esta llena de líquidos.
Juan puso su polla apuntando mi coño, empezó a penetrarme
suavemente, notando yo, un ligero dolor ya que no me habían introducido nunca
nada del tamaño de su miembro. Cuando por fin me penetró totalmente y empezó a
moverse, grité de placer, nunca había sentido tanto, tuve un primer orgasmo,
mientras Juan, todavía entraba y salía su miembro. Sentí que Ana empezó a lamer
los testículos y el culo de Juan, su lengua llegaba hasta mi coño.
Entonces descubrí que yo podía ser multiorgasmica pues tuve
un segundo orgasmo que hizo que mis fluidos rebosaran de mi vagina y mojaran los
testículos de Juan y la lengua de Ana, que note iba mas rápida y excitada, al
poco tiempo noté que la polla de Juan crecía su punta e iba a reventar en mi
interior y al momento noté un liquido espeso y caliente que me llenaba
totalmente.
Juan se salió de mí y se tumbó en la cama, boca arriba con su
polla llena de semen, Ana y yo nos lanzamos sobre ella como gatas en celo y con
nuestras lenguas le limpiamos todo el semen, dejándosela limpia y otra vez tiesa
como un palo, entonces, Juan tomó la iniciativa me hizo tumbar boca arriba en la
cama, puso a Ana en cuclillas con su coño encima de mi boca y su culo abierto a
la lengua de Juan, cuando la tuvo bien mojada y mi lengua llevó a Ana al
éxtasis, vi que Juan rebanaba su pene con vaselina y lo apuntaba al ano de Ana
empezando a penetrarla suavemente, después de introducírsela unos pocos
centímetros la retiró, me puso vaselina en mis dedos, diciéndome que le
lubricara el ano, mis dedos la penetraron, Ana gemía de placer como no había
oído nunca a nadie gemir, Juan volvió a encularla y esta vez se la metió hasta
el fondo, por lo que supe que no era la primera vez que se la metía en el culo,
mientras mi lengua lamía su clítoris, al momento noté el sabor de sus jugos,
mezclado con el semen de Juan que sobresalía de su culo.
Desde aquel día, vivimos los tres juntos, y ahora si, os
puedo decir que Ana es mi mejor amiga ya que compartimos a Juan y también
mantenemos relaciones lesbicas entre nosotras, solo nos falta convencer a Juan
que acepte complacer nuestro deseo sexual todavía no cumplido, ver a nuestro
hombre practicando sexo con otro hombre, mientras contemplamos sus cuerpos
fundiéndose en uno solo, Ana y yo mantenemos una relación lesbica, solo de
comentarlo, las dos quedamos mojadas.