Generalmente cuando un programador era llamado para ver una computadora de
asesoría legal lo más común era que buscase cualquier excusa para no ir, porque
era muy rara la oportunidad de que se desocupase temprano. Pero si había algo de
positivo en perder un par de horas en esa fría oficina era el poder ver
fugazmente a la guapa secretaria del abogado principal de la empresa Sekami.
Ella se llamaba Cinthia y poseía un lindo rostro en forma de corazón y un cuerpo
de curvas insinuantes que ella se encargaba de resaltar con ropas ceñidas.
Estaba comprometida con un abogado auxiliar, pero la mayoría de visitantantes
podía dar fe de su coquetería innata.
Jimmy, como cualquier programador, detestaba perder el tiempo en vano, pero
desde que la vio supo que debía incorporarla a la fila de sus conquistas. Así
que espero el momento oportuno. Y cuando solicitaron un programador para ver una
de las máquinas, se ofreció sin dudar.
Era un lunes por la tarde. A esa hora todos querían marcharse cuanto antes
después de un arduo día de trabajo. La encontró ordenando un sin fin de
expedientes.
Rápidamente hizo la tarea de programación. Ella no paraba de hablar, tenía un
tono de voz agradable, quizás un poquito chillona pero nada exagerado. Le
comentó sobre cierta dificultad que tenía en sus estudios de idiomas
extranjeros.
- Siento que no aprendo tan rápido como el resto -le dijo-. A veces me paso toda
la noche estudiando pero nada.
Esa era lo que Jimmy deseaba escuchar.
- Puedo recomendarte que practiques técnicas de estudio pero yo te recomendaría
algo de hipnosis.
- ¿Hipnosis? -se sorprendió-. ¿De verdad crees en esas cosas?
- Por supuesto que sí. Es más, los últimos estudios de la memoria humana indican
que la mejor forma de incrementarla es con la hipnosis.
Ella lo miró, dubitativa. El rostro de Jimmy no mostraba la mayor alteración.
- ¿No quieres intentarlo, yo sé algo de hipnosis?
- ¿Tú…? Pero... ¿aquí?
- Claro que sí. Si te invito a mi apartamento pensaras mal de mí, ¿o no?
Ambos rieron. Una vez disipada la tensión lo demás fue pan comido.
- ¿Sabes, Cinthia?, Puedo hipnotizar a cualquier persona.
- No te creo -dijo ella.
- Pues si no me crees deja que lo intente contigo -la retó.
- A ver, inténtalo -dijo ella, riendo.
La pobre secretaria ignoraba que posiblemente esa era la última decisión que
tomaba por su propia voluntad.
Él le indicó que se pusiera cómoda y sacó de su bolsillo una cadenita rematada
en una esfera plateada.
- Mira fijamente la esfera Cinthia -empezó-, no dejes de mirarla. Mírala,
mírala, no dejes de mirar, observa como va de un lado a otro, de derecha a
izquierda, de derecha a izquierda...
Su voz adoptó un tono pausado y tranquilizador. Cinthia miraba fijamente la
esfera, la tenía fascinada, era hora de inducirla al trance.
- No puedes apartar tu vista de la esfera, no puedes. Ahora sientes cansancio,
mucho cansancio, tienes sueño, mucho sueño... es hora de dormir, dormir,
dormir...
Ella pestañeó un par de veces antes de que todo su cuerpo se relajara. Jimmy le
dio unas cuantas órdenes para profundizar el trance. Y luego otras más que
serían las órdenes posthipnóticas, así le sería más fácil hipnotizarla en
posteriores oportunidades.
Jimmy aprovechó que ella estaba bajo hipnosis le preguntó:
- Cinthia ¿Con cuantos hombres te has acostado?
- Con siete -contestó de inmediato.
- ¿Cuántas veces has tenido relaciones sexuales?
Por primera vez hizo una pausa, no lograba recordar la cifra exacta, eso sólo
podía significar una cosa.
- ¿Lo has hecho más de mil veces?
- Más o menos -dijo.
- Excelente, ahora escúchame bien. Cada vez que escuches la frase "Duerme
juguetona regalona" dicha por mis labios volverás a caer en un profundo trance.
¿Comprendido?
- Sí.
Cinthia no era una inocente muchachita, así que sin el menor cargo de conciencia
Jimmy preparó su encuentro sexual.
Ella no se resistió mucho. Jimmy hizo que olvidase todo lo referente a la
hipnosis en la conversación y le dejó la orden posthipnótica de que fuese a su
apartamento ese fin de semana. Su novio podía esperar. Ella lo llamó para
cancelar su cita.
Ella se presentó casi a la medianoche. No parecía nerviosa, sólo algo distante.
Jimmy la hizo sentirse cómoda y luego de invitarle una copa le dijo la frase
posthipnótica.
- Cinthia, Duerme juguetona regalona
Inmediatamente su mirada se congeló, tal como en el momento en que se encontraba
en trance.
- Funciona muy bien - pensó Jimmy sonriendo para sí.
De haber sido una chica decente probablemente Cinthia habría sido muy difícil de
convencer que le entregase su cuerpo pero como le encantaba coger, no tuvo
ningún problema en darle el tipo de instrucciones que deseaba.
Cuando termino, chasqueé mis dedos y ella se despertó inmediatamente.
- Cinthia, dame tus bragas - le ordenó.
Ella dudó sólo un instante antes de subirse la falda y quitarse su prenda íntima
para entregársela. Era de seda roja, muy insinuante. Jimmy la olió y luego le
pidió que hiciese un strip-tease.
No lo hizo tan mal pero no tenía mucha experiencia. Le indicó que practicase en
su casa a solas.
Luego pasaron al acto sexual. Jimmy hizo que se arrodille frente a él y le metió
su falo en la boca. Casi se atoraba con el miembro viril del hombre. Su lengua
atacaba la punta del endurecido falo.
La llevó cargada a la cama. Allí le abrió las piernas y recorrió toda su
conchita con los labios. Una vez estuvo bien húmeda la penetró profundamente.
Mientras se movía dentro de ella, la hizo enumerar sobre sus siete parejas
sexuales anteriores.
Cinthia era toda una fierecilla en la cama. Conocía todas las poses imaginables
y le pidió a Jimmy que la poseyese de mil formas distintas. Cuando tenía un
orgasmo quería otro y luego otro más
Varias horas después estaban tendidos sobre la cama. Una espesa neblina cubría
toda la ciudad. Jimmy bostezó ampliamente y miró la hora. Eran las 6:00 a.m.
Junto a él yacía profundamente dormida Cinthia, la noche había sido fantástica.
La despertó para llevarla a casa, pronto disfrutaría de otras noches como esa.