ORGULLOSO DE MI MADRE (Cap. 02)
Bailo con mi madre y mi tía y ellas se van soltando poco a
poco.
El interés de mi madre y mi tía por acudir a una discoteca
para gente mayor y el desinterés de mi padre y mi tío en acompañarlas había
hecho que yo me ofreciera a servirles de compañía. Yo las animaba a que
disfrutaran de lo que se les fuera presentando y ellas no parecían muy
contrariadas por mis ideas.
Mi madre y mi tía se estaban divirtiendo de verdad en la
discoteca aquella. Las dos reían divertidas con mis argumentos y seguimos un
rato comentando lo cortitas o escotadas que iban algunas de las señoras que por
allí se veían, los achuchones que observábamos en algunas parejas y cosas por el
estilo.
-Bueno, chicas –les dije yo.– Recodad que además de para
cotillear hemos venido para divertirnos, así que no dejéis pasar la oportunidad
¿eh?
-Hijo, cómo nos sigas animando vas a terminar viendo a tu
madre y a tu tía así liadas como esas… - dijo mi madre bromeando aludiendo a
algunas mujeres que no se cortaban en besarse o dejarse sobar con cierta
discreción por sus acompañanate.
-Lo que quiero ver es que os lo pasáis bien. Ya sabéis que lo
que pase aquí es secreto entre los tres así que…-Añadí yo con un guiño de
complicidad al que respondieron ellas con sonrisas pícaras.
-Eso, eso, que no se entere nadie, -intervino mi tía- que yo
como vea uno que me guste… ja, ja, ja.
-Yo para empezar ya voy a pedirle baile a esa –contesté yo
refiriéndome a una mujer de unos 60 años, rubia y con unas tetas descomunales.
MI intención era sobre todo animar a mi madre y a mi tía para que también
bailaran, por eso quise dejar el terreno libre para cualquier hombre que se
quisiera acercara a ellas.– Y vosotras no os hagais las duras con los hombres
¿eh?. Si bailáis con alguno ya nos veremos en la pista.
Me dirijí entonces hacia aquella mujer y le pedí baile con
educación. Ella aceptó de inmediato y nos pusimos a bailar. De todas formas mi
interés era más observar a mi madre y mi tía que bailar con aquella tetona, así
que sin hacerle mucho caso a la buena mujer me dediqué a vigilar desde la pista
si algún hombre se acercaba a hablar con mi madre y mi tía. Al no estar yo los
hombres se decidirían más y ellas actuarían con más libertad.
No habían pasado ni dos minutos cuando dos hombres de unos 50
años se acercaron a ellas. Empezaron a a hablar y enseguida estaban los cuatro
riéndose. Siguieron charlando por espacio de unos minutos pero al pedirles para
bailar ellas no debieron aceptar ya que ellos a los pocos minutos se retiraron
educadamente.
Yo dejé a la rubia tetona, que por cierto se me insinuó
claramente, y me dirijí a donde estaban mi madre y mi tía.
-¿Qué? Les habeis dado calabazas a esos ¿no? ¿Es que no os
gustaban?
-Pero hijo, cómo eres –dijo mi madre riendo.
-Pero si sólo querrían bailar…
-No, si la verdad es que eran majos…
-A este paso os vais a ir de aquí sin echar un baile. Habéis
venido a pasarlo bien y váis a resultar las más aburridas. Por lo menos tendréis
que bailar, ¿no?
-Pues sácamos tú –sugirió mi madre.– Así igual nos animamos y
después del primero ya veremos… Ya sabes que esto es empezar y nosotras estamos
todavía muy cortadas en este ambiente, hijo.
-Venga, de acuerdo –dije yo todo decidido.– Además será un
placer bailar con las dos mujeres más guapas de la discoteca. ¿Por quién
empiezo?
Mientras ellas se miraban riéndose divertidas, cogí a mi
madre de la mano y nos dirigimos a la pista. La música era toda de baile de
parejas así que en eso no había problema. Al ir hacia la pista una pareja de
mujeres de unos 46 años dijeron con intención de que nosotros las oyéramos:
-¡Qué suerte tienen algunas, con un hombre tan joven! Uno de
esos querría yo…
-Voy a ser la envidia –dijo mi madre riendo.
-La envidia de los tíos seré yo por bailar con la tía más
buena de la discoteca.
-Ay, hijo –respondió mi madre con modestia-. Yo ya se que a
mi edad no soy precisamente un bombón…
-No digas bobadas, mamá; eres una preciosidad; mucho más
atractiva que cualquier otra que haya por aquí.
-¿De verdad te gusto más que la rubia esa con la que has
bailado antes?
-Pues claro, mamá. Estas buenísima. Por eso entiendo
perfectamente que aquellos dos tíos te quisieran echar los tejos.
Bailamos un baile y cuando volvíamos a donde estaba la tía
Rosa, al pasar ante otro grupo de tres mujeres de unos 45 años, una de ellas,
rubia, regordeta y guapa de cara dijo con descaro dirigiéndose cláramente a mí:
-Mi marido está de viaje y estoy sola en casa…
Unos metros más adelante dos hombres de unos 48 años se
quedaron mirando a mi madre y al pasar a su lado el más lanzado le dijo:
-Con ese cuerpazo haces que todo apunte al techo, maciza.
-Les has gustado a esos, ¿eh, mamá?
-Serán cerdos…¡Qué vergüenza, estando tú delante!
-Sí, cerdos, pero ¿a que te ha gustado que digan eso?
-Cómo eres, hijo. –Sonrió mi madre en claro gesto de
asentimiento.
Al llegar a donde mi tía mi madre le contó ambos comentarios
y acabó diciendo:
-Aquí vienen todas a darse un revolcón. ¡Hay que ver cuanto
puterío!
-Y todos, mamá, y todos… Bueno, ahora toca con la tía.
Así que me cogí a mi tía y me fui con ella a la pista a
bailar. Durante el baile seguimos comentando el ambiente y yo le decía:
-Con el próximo que os pida baile, si os gusta, teneis que
bailar, hombre. Y si además de bailar os aprieta un poco el culo, y repito, os
gusta, pues le echáis una sonrisa.
Mi tía se rió y me dijo:
-¡Hay, hijo! Yo de eso de que me aprieten el culo ya casi ni
me acuerdo de cómo es, que seguro que hace más de veinte años que no bailo con
nadie que tenga ganas de apretarme el culo.
-Pues será así, ¿no, tía? –y uniendo las palabras a la acción
le pellizqué un poco una nalga. Ella se rió y siguiendo la broma con muy buena
disposición dijo:
-A ver, a ver, que no me he enterado muy bien… -Los dos nos
reímos pero yo no dejé de aprovechar la ocasión y volví a magrearle las nalgas
ahora con más decisión y agarrando bien el gordo culazo de mi tía. No
resultábamos para nada escandalosos porque seguro que éramos los más modositos
de entre las parejas que había en la pista. Sin ir más lejos a nuestro lado
había una pareja de unos 60 años ella y 50 él y las manos del hombre estaban una
claramente en el escote de la mujer y la otra en su cadera pero por dentro de la
falda. El resto de las parejas no les iban a la zaga. Animado también por esto,
yo continué apretándole el culo a mi tía y cuando lo consideré prudente retiré
la mano y le dije:
-¿Qué te parece, tía? Por esto no pasa nada ¿no? Y lo pasamos
bien, que es de lo que se trata.
-Claro, hijo, si no tienes que convencernos, no creas. Lo que
pasa es que tampoco queremos parecer unas cualquieras…pero no creas que a
nosotras no nos gusta que nos toquen el culo o que nos echen algún piropo. Lo
que pasa es que claro, a tu madre, es normal que le de algo de corte estar con
alguno estando tú delante, y no digamos que le toquen el culo…Bueno, y a mí
también no creas. Si en vez de tú es otro el que me está tocando el culo y tú me
estás viendo vamos, es que me da algo de la vergüenza que paso.
-Pues ya os he dicho a las dos que yo no digo ni palabra y
que por otro lado me parece muy bien que os divirtáis, ¿no? Bueno, y para irnos
acostumbrando todos vamos a ver otra vez cómo está este culazo, que con esas
bragas que llevas da gusto tocártelo así a través del vestido.
-¿De verdad te gusta tocármelo?
-Hombre, y más que me gustaría por debajo del vestido, pero
bueno... –Reimos los dos.
Acabado el baile nos dirigimos de nuevo a donde estaba mi
madre y está nos recibió sonriendo y diciendo:
-Ya he visto el baile que os habéis, echado, cabronazos. –Y
añadió con picardía dirigiéndose a mí-: Conmigo antes no has bailado así, ¿eh?
-Pues venga, que eso lo arreglamos ahora, mamá. –Y diciendo
esto cogí de nuevo a mi madre del brazo con intención de llevarla a la pista.
-Hija, -dijo la tía Rosa mientras mi madre se levantaba– eso
no ha sido nada para lo que está haciendo el resto de la gente…
-Sí, eso también es verdad. –Asintió mi madre.
Nos dirigimos a la pista y nos pusimos a bailar. La música
ahora era claramente lenta así que las luces eran aún más tenues. Coloqué las
manos en las caderas de mi madre mientras ella me agarraba de los hombros y le
dije:
-No te habrá parecido mal que le haya tocado un poco el culo
a la tía ¿no?
-Claro que no cariño, y seguro que a ella le ha parecido
todavía mejor. Menudo bien que se lo habrá pasado la muy cabrona.
-¿Y tú quieres que bailemos de la misma forma, no? Pues
venga, a bailar como con la tía, mamá.
-Era un abroma, hijo, que soy tu madre. ¿No irás a tocarme el
culo a mi también?
-Hombre, cómo has dicho eso antes… A eso hemos venido a la
pista, ¿no?
-Hijo, que soy tu madre. –Repitió ella pero con una divertida
sonrisa en la boca, pero lo mejor de todo es que dándome tácitamente permiso
añadió:- No te pases mucho, ¿eh? Que si no qué va a decir tu tía.
-Pues dirá estamos haciendo menos que cualquier pareja de las
que nos rodea.
-Ya, pero soy tu madre… ¿Qué va a decir tu tía se ve que me
tocas el culo?
-Bueno, pues vamos a ver lo que dice –y uniendo la acción a
mis palabras bajé mis manos hasta dejarlas claramente sobre las soberbias nalgas
de mi madre, las cuáles apreté un poco.– De todas formas ya sabes que lo que
pase aquí es secreto entre los tres así que no tienes por qué preocuparte.
-Vale cariño. –Dijo mi madre sonriendo divertida dada la
postura de mis manos sobre sus nalgas.– Pero a tu tía le apretabas más el culo
¿no?
-Me parece a mi que las dos sois una buenas cachondas, más de
lo que yo pensaba– le dije riendo –y me parece estupendo.
A continuación, sin cortarme demasiado, le empecé a sobar el
culo más a conciencia a mi madre. Recorrí con mis manos toda la amplitud de su
generoso trasero y le apreté las nalgas a conciencia. Era mi madre, pero desde
luego el contexto y el hecho mismo de que se tratara de mi madre lo que hacía
era añadir si cabe más morbo a la situación así que tocarle el culo de aquella
manera a mi madre me estaba resultando de lo más excitante.
-Lo tengo muy gordo, ¿no? –Dijo ella con simpatía mientras
mis manos se paseaban por sus tremendas nalgas.
-Lo tienes perfecto, mamá. A mí los culos de las mujeres me
gustan así, como el tuyo. –Le respondí yo mientras notaba algo más que un ligero
cosquilleo en la entrepierna.
-¿Cuál te gusta tocar más, el mío o el de tu tía? –Me
preguntó ella con un simpático mohín y sin hacer ni decir nada que indicara que
debía finalizar aquella indisimulada sobada de culo.
-El tuyo sin duda, mamá. Lo tienes mucho más bueno y lo digo
de verdad. Lo bueno de la tía es que con esas bragas que lleva parecía casi como
si se lo estuviera tocando directamente incluso por encima del vestido. Tú
tienes que comprarte ropa interior de esa también ¿eh, mamá?
-Bueno, pero aunque sea con las bragas que llevo te gusta
tocarme el culo ¿no? -Insistió ella con simpatía y desparpajo. Me gustaba que mi
madre se comportara así; era una dimensión prácticamente desconocida para mí
pero me satisfacía que mi madre fuera algo más que la decente y responsable ama
de casa que siempre había conocido.
-Tienes un culo buenísimo, mamá. –Le dije yo enfatizando mis
palabras con un guiño.
-Gracias cariño, no sabes cómo me gusta oirte decir eso.
-Seguro que a todos los hombres de la discoteca les gustaría
tocártelo, así que aprovecha, no seas tonta.
Tras dos bailes y una buena sesión se magreo en el culazo de
mi madre volvimos a la mesa que ocupábamos. Como al ir andando entre la gente mi
madre iba delante de mi no resultaba demasiado evidente que fuéramos juntos, así
que un hombre relativamente joven, de unos 35 años, le dijo al pasar delante de
él:
-¡Cómo me gustaría meterte la lengua por el escote, guapa!
Ella no dijo nada pero le sonrió y luego, más adelante, yo le
comenté:
-¿Ves, mamá? Aquí ligas lo que quieras, así que ya sabes,
dale gusto al cuerpo…
Llegamos a la mesa y la tía Rosa estaba despachando a un
señor bastante gordo de unos 60 años. Desde luego, si mi tía quería algo no era
con un hombre así.
Nos sentamos y mi tía dijo con sorna:
-Ya os visto, ya.
-Ha sido en plan de broma, mujer; como antes te ha estado
tocando a ti…
-Bueno, por lo menos podremos decir que no nos hemos ido de
aquí sin que nadie nos toque el culo. –Respondía mi tía divertida.
-Bueno, podremos decirlo entre nosotros –insistió mi madre–
porque fuera de aquí ni palabra de esto.
-Hombre claro –dio por sentado mi tía.
-Ni de esto ni de lo demás que pueda pasar… -dije yo con
picardía y ellas rieron divertidas y también complacidas por el evidente sentido
de la discrección que con respecto a nuestra visita a aquella discoteca teníamos
los tres.
-Le estaba diciendo antes a la tía que con el próximo que os
pida baile, si os gusta, teneis que bailar y si, bueno… -Retomé yo el tema para
animarlas a que bailaran con otros hombres.
-Que si nos gusta y nos toca el culo, que pongamos buena cara
– acabó con simpatía mi tía.
-Bueno, el culo o lo que sea, que las dos teneis mucho para
tocar…pero tenéis que dejar que se vea un poco. A ver chicas, esas faldas, al
sentaros un poco más arriba.
Yo les fui entonces levantando las faldas un poco hasta
descubrir sus rodillas y algo de muslo mientras ellas reían sin mostrar el menor
rechazo por mi atrevido gesto con sus faldas.
-Bueno, y ahora me voy a dar una vueltita por ahí. Os dejo
solas un rato…
Me alejé lo suficiente como para que no me vieran pero yo las
estuve vigilando estrechamente. A los pocos minutos otros dos hombres de unos 45
ó 46 años se acercaron a ellas y tras conversar por espacio de un cuarto de hora
se fueron todos a la pista. Empezaron bailando normalmente y ellos debían
estarlas piropeando porque ellas parecían reir complacidas. Luego las manos de
los hombres se fueron deslizando desde las caderas hasta los traseros de las dos
mujeres. Sorprendentemente ninguna de las dos hizo ningún gesto por retirarlas
así que, animados por ello, los hombres comenzaron a ser más audaces y les
pellizcaban los culos y se inclinaban sobre ellas como para besarles el cuello y
hablarles al oído. Yo observaba complacido y crecientemente excitado el
comportamiento de mi madre y mi tía. No estaba seguro de hasta dónde estarían
dispuestas a llegar con aquellos dos hombres pero parecían sentirse cómodas con
ellos y a mí me agradaba la idea de que tanto mi madre como mi tía se
divirtieran con ellos y se sintieran unas mujeres aún con atractivo para los
hombres. Aquellos dos hombres, además, eran sensiblemente más jóvenes que ellas
así que sin duda eso también debía halagarlas y acrecentar su ego.
Mi curiosidad por conocer más de lo que estaba pasando me
hizo concebir la idea de acercarme hasta ellos bailando pero tratando de no ser
descubierto. Sin perder un minuto le pedí baile a una señora de unos 55 que
estaba junto con otra de la misma edad y me puse a bailar con ella cerca de
donde estaban mi madre y mi tía pero tratando de que no me vieran. La tenue luz
de la pista, que en aquellos momentos lo seguía siendo pues continuaba la sesión
de lentos especialmente romanticones, ayudaba sobremanera a mi labor de
camuflaje.
-Verte los pezones así de empinados sobre la tela del vestido
me ha puesto caliente del todo – oí que le decía a mi tía el hombre que estaba
con ella al pasar a su lado.
Los dos hombres, evidentemente, no perdían el tiempo. Desde
luego no era a eso a lo que se iba a esa discoteca. Luego traté de acercarme a
mi madre y oí que su pareja le decía:
-Daría lo que fuera por verte ese culazo, maciza. Tengo el
coche aparcado aquí cerca, ¿quieres que nos vayamos un rato?
Mi madre le dijo que ese día no podía ser y el hombre, muy
educadamente, le dijo que quizá otro día y siguió piropeándola amablemente pero
con toques inequívocamente sexuales.
Yo no quise arriesgarme a ser descubierto generando quizá una
situación quizá incómoda para ellas, así que me fui desplazando hacia el otro
extremo de la pista y allí dejé a la cincuentona no sin antes apretarle bien el
culo y dedicarle un amable piropo recibiendo su sonrisa al hacerlo.
Al poco rato vi como mi madre y mi tía volvían a la mesa que
ocupábamos con los dos hombres. Estos estuvieron un ratito más con ellas y luego
ya se despidieron. Al hacerlo se dieron los dos besos de rigor aunque ellos, muy
hábilmente, se las arreglaron para que el segundo beso a cada mujer fuera a sus
labios y no a su mejilla. Todos rieron y ya los dos hombres se fueron.
A los pocos minutos aparecí yo y les pregunté que tal les
había ido.
-¿Igual nos has visto, no? –preguntó mi madre un tanto
tímidamente.
-Un poco –dije yo con una sonrisa.
-Pues hemos estado bailando con unos que nos han querido
tocar un poco el culo, pero a mí me ha gustado más cómo me lo tocabas tú, ja,
ja, ja. –Explicó con gracia mi tía.
-Pero os lo habéis pasado bien, a que sí.
Hablamos un poco desenfadadamente y cuando ya se acercaba la
hora de irnos, según iba la conversación haciendo balance de la tarde, yo dije
que cuando mejor me lo había pasado era cuando había bailado con mi tía y mi
madre.
-Menudo cabronazo. Mira que tocarle el culo no sólo a tu tía
sino también a tu madre…
-Ahora no vengas haciéndote la estrecha, que tú lo que tenías
era envidia y querías que también te tocara el culo un jovencito –dijo divertida
mi tía.
Mi madre rió y ya nos fuimos de la discoteca.
-Para el próximo día que vengamos tenemos que reconsiderar
vuestro vestuario, ¿eh, chicas? Hoy habéis venido muy modositas. - Les dije yo
de camino al párking.
De camino a casa seguimos comentando todo lo ocurrido y ellas
me dijeron que los tipos con los que habían bailado las habían citado allí para
el próximo viernes. Yo las animé a ir, por supuesto y ellas dijeron que no
sabían qué hacer y que ya lo pensarían.
Cuando llegamos a la casa de mi tía Rosa, al despedirnos en
el coche, yo le dije:
-Bueno, tía, a ver cuando puedo verte otra vez esas bragas
tan bonitas… y tocarte otra vez el culo.
-Hijo, cuando quieras –contestó ella divertida.– Ya ves que
yo no me niego y contigo es con quien mejor me lo he pasado hoy. Y si vamos el
viernes que viene a esa discoteca no dejaremos de echar otro baile tú y yo, ¿no?
Los tres reímos y mi tía ya subió a su casa y nosotros
continuamos hacia la nuestra.
-Me lo he pasado muy bien, hijo –dijo mi madre cuando ya nos
dirigíamos a casa desde le garaje– sobre todo contigo…
-Yo también, mamá. A mí también lo que más me ha encantado
bailar con vosotras -Agregué con picardía.
No ocurrió nada digno de mención hasta el miércoles
siguiente. Además mi madre y yo apenas pudimos hablar a solas hasta ese día a la
tarde. Entonces, al quedarnos solos en casa mi madre me dijo:
-Hijo, tengo que decirte una cosa. Igual piensas que tu madre
es una desvergonzada o no se… Bueno, la cosa es que tu tía y yo hemos estado
hablando y hemos decidido que vamos a ir este viernes a la discoteca esa
también. Total vamos a pasar el rato y no hacemos ningún mal…
-Claro. –Asentí yo - ¿Y por qué ibas a parecerme una
desvergonzada, mamá?
-Pues porque igual piensas que es para vernos con esos con
los que estuvimos el otro día y…bueno, igual te parece que tu madre es… yo qué
sé.
-Cómo te tendré que decir que lo que mejor me parece es que
te lo pases bien. Y si es con esos pues estupendo y si es con otros que veáis
allí pues estupendo también.
-Cómo eres hijo. Bueno, para ser sincera, que en esto lo
estamos siendo todos y así es mejor, la verdad es que en parte sí que queremos
ir para ver qué nos dicen esos. No es que vayamos a hacer nada pero… Bueno, que
nos pica la curiosidad y… ya sabes.
-Sí, mamá, sí… que pica… -dije yo con evidente doble sentido
haciendo que los dos nos riéramos.
-No seas tonto, anda. Bueno, la cosa es que nosotras
queríamos que tú también nos acompañaras…
-Me encantará acompañaros, por supuesto, pero igual os
estorbo ¿no?
-No seas tonto. Las dos preferimos que vengas. Nos da mucha
seguridad que nos acompañes y, hablando claro, como pase lo que pase tú ya nos
has dicho un montón de veces que no se va a saber nada y tenemos la discrección
garantizada, las dos preferimos que estés con nosotras.
-Pues por mi encantado.
-Además, tu tía quiere echarse otro baile de esos contigo y
que le magrees bien el culo. Sí, sí. Te lo digo en serio. Me lo ha dicho ella
con estas palabras.
-Pues mejor que mejor. ¿Y tú mamá? ¿Crees que te apetecerá
bailar también conmigo?
-Si tú me sacas… yo no voy a decir que no… -contestó ella
sonriendo pícaramente.
-Bueno, pues si esos amigos vuestros os dejan libres un
momento desde luego que bailaremos otra vez.
-Hombre, habrá tiempo para todo, digo yo.
Continuará…