Ejercicio deportivo
Por Sprinter
A pesar de tener las piernas ardiendo y el corazón desbocado
por el esfuerzo del pedaleo no podía dejar de mirar a Eva mientras machacaba su
bici frente a mí. Sus piernas estaban cada vez más rojas y sudorosas, sus tetas
subían y bajaban al compás del sprint, sus voces ¡hay que ponerla dura! ¡sacando
el culito! Contribuían a excitarme aún más. Cristina, a mi lado, se daba cuenta
de mi estado. Ella misma estaba caliente, muy caliente, y se reía provocándome
con su mirada y sus palabras a medio decir.
Al terminar la sesión nos pusimos a charlar los tres mientras
nuestras pulsaciones bajaban y el resto de la gente se iba largando. La
conversación se encaminó pronto hacia la odiada celulitis "con la de ejercicio
que hago y fijate que no me la termino de quitar de las piernas" "toca, toca
aquí, están duras pero ..." mientras veía a Cristina tocarle las piernas a Eva y
esta a su vez palparle el culo a ella, fue mi polla la que se puso realmente
dura. Decidí intervenir y comencé a tocar sus culitos para cual de las dos lo
tenía en mejores condiciones atléticas. Difícil elección cuando se trata de dos
auténticas fuera de serie.
Cristina, para provocarme todavía más, me acarició la polla,
abultadísima bajo la fina tela del pantalón, mientras con la otra mano levantaba
el top de Eva y me decía "mira que buenas tetas, redonditas y duritas ¡a que
están para comérselas!". Para darme ejemplo acompañó sus palabras de un pequeño
lametoncito a uno de sus pezones.
En ese momento lancé mis labios y mi lengua hacia el otro,
saboreando el sudor salado y fresco del ejercicio y las feromonas de su
excitación. Para no quedarse atrás empezó a acariciarme el culo metiendo la mano
bajo el pantalón mientras que con la otra se abría camino hacia el chochito de
Cristina que estaba, no cabía duda, empapado y ardiente.
No tardamos en cerrar la puerta del gimnasio y quitarnos la
ropa que, aunque escasa, se estaba convirtiendo en un estorbo. Mientras yo
terminaba de desnudarme ellas, más rápidas, estaban ya besándose con rabia y
acariciándose por todo l cuerpo, con sus pechos frotándose pezón contra pezón.
Yo, con miedo a que me dejaran en fuera de juego, me acerqué a Eva por detrás y
mientras presionaba mi polla contra su culo, utilicé una mano para acariciar el
de Cristina y metí la otra entre sus dos cuerpos, en un mar de tetas calientes y
sudorosas. Eva sacó un poquito el culo hacia atrás y cogiendo mi polla con sus
manos se la introdujo en el coño comenzando a moverse rítmicamente mientras
inclinaba el cuerpo hacia delante, apoyándose en una de las bicis. Mi mujer se
arrodilló frente a nosotros y se puso a juguetear con su lengua y sus manos,
chupándole el clítoris, acariciándome los huevos, sacando mi polla de la cueva
de Eva para lamerla con fruición, volviéndola a meter otra vez, ...
A continuación se echó sobre una de las bicis, con el culo
sobre el manillar y la cabeza hacia abajo y atrás apoyada en el sillín, poniendo
a mi disposición su sabroso chochito, invitándome a comérmelo. Yo, desde luego,
no desaproveché la invitación y empecé a lametearla mientras Eva se agachaba y
se ponía a hacerme una estupenda mamada. Cuando llevaba un ratito en esa
posición decidió cambiar el menú y comer pollo mejor que polla así que se subió
en la bici, prácticamente sentada sobre la cara de Cristina para que esta
pudiera lamerla también a ella, y apoyándose en los cuernos del manillar se
inclinó hacia delante para compartir conmigo el dulce coño de mi ardiente
mujercita. Nuestras lenguas se entrecruzaban entrando y saliendo, lamiendo el
clítoris, bajando hasta el culito, subiendo por los muslos ... la mezcla de sus
jugos con nuestra saliva y el sudor de los tres formaba un caldo delicioso, una
invitación al pecado.
Pensando que yo también tenía derecho a disfrutar me puse de
puntillas para llegar bien al manillar y metí mi polla en el coño de Cristina,
entrando y saliendo por entero de él, dándole golpecitos sobre el clítoris y
utilizándola para "pintar" los labios de Eva con la mezcla de jugos que
estábamos fabricando entre los tres. Pocas cosas hay más excitantes que ir
alternando con mi polla entre el coño de una mujer espectacular y la boca de
otra que no se le queda atrás.
Y una de esas cosas sucedió a continuación cuando tanto Eva
como Cristina comenzaron a correrse a la vez. En mis oídos se mezclaban los
jadeos profundos y graves de Cristina con los gemidos agudos como grititos de
Eva. Sus cuerpos temblaban, sus músculos se contraían espasmódicamente. Podía
ver como Cristina devoraba el coño de Eva mientras que esta lamía mi polla
mientras entraba y salía del coño de mi mujer. No pude aguantar más y me corrí
yo también, prácticamente en volandas, apoyado solo con las manos sobre los
cuernos del manillar y con los pies en el aire por las últimas arremetidas.
Para acabar el festín, Eva chupó la cueva de Cristina
llenándose la boca con el producto de mi orgasmo, descabalgó de la bici y
buscando su boca se besaron ávidamente compartiendo mi semen. Me quedé
mirándolas y, con la polla aún dura, me acerqué a ellas y la puse junto a sus
bocas. Aceptaron la invitación y se dedicaron a lamérmela, con Eva acogiendo el
glande entre sus labios y chapándomela mientras Cristina pasaba la lengua arriba
y abajo, abajo y arriba, .... me estaban poniendo otra vez a tope así que para
compensarlas usé mi mano derecha para masturbar a Cristina, que permanecía en la
misma postura en la bici, y la izquierda para trabajar desde atrás a Eva.
Le metí el pulgar en el culo mientras que con dos dedos le
masajeaba labios y clítoris con un suave vaivén que la estaba poniendo
literalmente a caldo. Con Cristina trabajé mejor los pellizquitos y giros,
amasándola entre mis dedos a la vez que le daba tironcitos que ella acompañaba
empujando con la pelvis hacia arriba.
Le di un tortacito a Eva en sus apetecibles y fornidos
glúteos y le dije que en la variedad está el gusto, que se arrodillara para
atacarle por la retaguardia. Así lo hizo, con los brazos y la cabeza casi
pegados al suelo de manera que levantaba hacia atrás y hacia arriba su trabajada
puerta trasera, ofreciéndome el culito para que me deleitara con él. Yo, que
estaba deseándolo, no la hice esperar y empecé a penetrarla con suavidad y
lentitud, poco a poco, para evitar dolores innecesarios. Lo tenía muy
apretadito, aunque mi pulgar ya había abierto camino y no era la primera vez que
a ella se la metían ahí. Además, nuestros juegos anteriores con tantos
chupetones y magreos habían servido para que toda la zona estuviera muy bien
lubricada.
Me coloqué sobre ella, apoyándome solo en mis piernas en
posición de media sentadilla y ayudándome de una mano sobre sus nalgas para
guardar el equilibrio, y empecé a cabalgar, subiendo y bajando, entrando y
saliendo de su culo, cada vez más adentro, cada vez más afuera ... notando como
mi polla se comprimía al entrar para ser liberada al salir, una y otra vez, a un
ritmo lento que nos permitía disfrutar plenamente del momento.
Mientras tanto, Cristina se arrodillo junto a nosotros
lamiéndonos a ambos y utilizando sus manos con sabiduría. Con una de ellas me
acariciaba los huevos y el culo, dándome tironcitos y pellizquitos y metiendome
los dedos, haciendo que me sintiera penetrador y penetrado a un tiempo, marcando
el ritmo de mis acometidas con el juego de sus deditos. Con la otra mano
acariciaba el coño de Eva y metía sus dedos en él, buscando mi polla a través de
la piel y los músculos de su vagina. ¡Que sensación tan deliciosa! Notaba mi
polla aprisionada dentro del culo de Eva mientras los dedos de Cristina
recorrían el interior de su chochito y la acariciaban y presionaban, acompañando
los espasmos que ya estaban llevando a Eva a otro glorioso orgasmo. Deje de
sacarla y me mantuve dentro de ella, cada vez más hondo, saboreando el momento,
dejándome llevar, poniéndome a disposición de Cristina que, prácticamente, me
estaba haciendo una paja dentro del cuerpo de Eva mientras que, también dentro
de mi cuerpo, me empujaba con la otra mano. Exploté y me corrí entre espasmos de
placer y con las piernas ardiéndome por la posición contraída, empujando aún más
adentro de Eva que aún no había dejado de gemir y jadear.
Cristina tiró de mí rápidamente, antes de que me viniera
abajo, y tumbándose en el suelo boca arriba abrió y levanto sus piernas, se
colocó mi polla en la entrada de su chochito y arremetió con furia hacia arriba.
Yo la acompañé penetrándola profundamente y antes de que me diera cuenta se puso
a babear y gruñir, llegando con movimientos frenéticos a un orgasmo de
campeonato.
Después de eso, exhaustos, sedientos, hambrientos, pringosos,
.... nos fuimos a la ducha para recuperarnos de nuestro intenso "ejercicio
deportivo".