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TODORELATOS » RELATOS » ME LANCé DE UN SEGUNDO PISO
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 TODORELATOS.COM Fecha: 12 de Mayo, 2008.
Fecha: 31-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en No Consentido (1821 de 1837)

Me lancé de un Segundo Piso

anapoima1984
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Relato imaginario sobre una violación no consumada, construído a partir de un artículo periodístico reseñado en el periódico argentino La Nación. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

ME LANCÉ DE UN SEGUNDO PISO

(Adaptado de una noticia del periódico argentino La Nación)

Me llamo Adriana y soy una estudiante de odontología de una prestigiosa universidad en Bogotá, Colombia. Tengo 19 años, soy trigueña, mido 1.72 metros de estatura y mi complexión es esbelta, no demasiado delgada y mi figura, a pesar de ser algo normal, destaca por su belleza.

Al regresar a Bogotá de las vacaciones de navidad, a las que fui donde mi familia, llegué directo al edificio donde vivo. Eran las seis de la tarde. No sentí nada extraño, sólo el cansancio de estar varias horas en un asiento de flota. Llego a mi edificio, y me recibe el celador…

-Señorita Adriana, bienvenida de nuevo, ¿cómo le fue?

-Muy bien, gracias, ¿y a usted?

-Igualmente, trabajando, tengo turno de trasnocho hoy…

-Lo acompañaría un rato, pero estoy algo cansadita. ¿Ha llegado algo para mí?

-No, señorita, nada, ni recibos, ni cheques…

-Gracias de todas formas, iré a descansar. Que le vaya bien.

-Igualmente, señorita.

El celador que estaba de turno hoy, es muy amable conmigo y lo comprendo mucho. Debe trabajar bastante para poder llevar el sustento a su familia. Es soltero, así que lo hace para colaborar en su casa. Normalmente él rota turno con el otro celador, que igualmente es una persona muy colaboradora, pero algo mayor que él y más distante. Cuando me aburro en mi apartamento lo acompaño un rato, siempre que no esté cansada, de lo contrario no salgo.

Eso hice hoy, dirigirme al apartamento a dormir y recargar energías para estudiar el otro día. Me desvestí y me coloqué un pijama común y corriente, camisa de botones y pantalón de sudadera. Acostumbro vestir así cuando regreso de viaje y el clima acostumbra recibirme con su frío de montaña. Encendí el televisor para observar las noticias, y coloqué el temporizador de la tele para apagarlo si en determinado caso el sueño me ganaba antes de lo previsto. Me quedé dormida…

Al cabo de una hora, escuché un ruido metálico, como si fuera el de un cincel ó el de un imán, encendí rápido las luces y me asomé a la ventana. Apenas pude ver una figura humana, corriendo a toda velocidad. Yo quedé aterrada. ¿Qué quería esa figura? Con ese pensamiento en la cabeza volví a mi cama y me arropé bien.

Al otro día, me desperté temprano, pues debía ir a la Universidad. Me arreglo, me desayuno y salgo normalmente, sin contratiempos. El otro celador ya había recibido turno y mi amigo ya había dejado el edificio. Me encuentro con Don Alonso (el otro celador, no el de anoche)…

-Señorita Adriana, buenos días, ¿cómo le fue?

-Muy bien, Don Alonso, gracias… Quería comentarle algo raro…

-¿Qué sucedió, señorita?

-Que anoche escuché ruidos raros cerca de mi ventana, eran como de algo metálico, como si alguien se trepara…

-Hum… Ya supongo qué es. Debe ser el Hombre Araña que ya llegó por estos lados. Escuché que ha robado en varios edificios en otros barrios de aquí y no se me hace nada raro que por acá llegue.

-¿El Hombre Araña? ¿Qué más ha escuchado de él, Don Alonso?

-Es un rumor, señorita, puede ser mentira. Dicen también que en varios edificios donde ha cometido sus fechorías ha violado jóvenes, pero como le digo, no me consta. Igual considero que hay que tener cuidado.

-Tenaz, Don Alonso. ¿Ya sabe Javier, ya sabe la administración?

-Javier ya sabe desde hace rato y según él, anoche estuvo merodeando, creo que lo alcanzó a espantar. Eso fue como a las ocho ó nueve de la noche. La administración sabe y nos mantiene alertas. Yo le recomiendo mucho cuidado, señorita.

-Está bien, Don Alonso, le tendré en cuenta. Nos vemos pronto, se me hace tarde para ir a estudiar.

-Hasta pronto, señorita, que le vaya muy bien.

Salí hacia la Universidad y me demoré casi todo el día. Clases, tareas, café con las amigas, comida con los amigos. Llegué al edificio pasadas las seis de la tarde y ya estaba Javier. Él fue quien me recibió anoche al regresar de mi viaje.

-Señorita Adriana, muy buenas noches, ¿cómo le fue?

-Muy bien, Javier, ¿y a usted? ¿Sucedió algo raro anoche?

-Bien, señorita, gracias. Pues, cómo le dijera… Sí, sí hubo algo raro anoche, no sé si Don Alonso le contó.

-Sí, Don Alonso me contó, que alguien estaba merodeando anoche.

-Señorita, pues, estaba por el lado de la pared que corresponde a su apartamento, pues yo en la ronda ví una sombra, apenas puse la linterna para verlo, arrancó a correr y yo me devolví a llamar a la Policía, y de ahí, pues, nada…

-Pues yo encendí las luces de mi cuarto y ví una figura humana, alguien corriendo…

-Si mal no me acuerdo, ese debe ser el famoso Hombre Araña. Don Alonso y yo conocemos el mismo dato que nos han contado, que ha robado en otros lados trepándose por las paredes y que dice la gente que ha abusado de varias jóvenes.

-Sí, Don Alonso me contó esta mañana. Con esto es mejor tener calma y estar preparados, ¿no?

-Así es, señorita, es mejor que vaya a descansar. Yo me encargo de todo en este trasnocho.

Subí a mi apartamento, que era en un segundo piso, bastante alto hacia el piso. Me desvestí y elegí esta noche un pijama más sexy, más revelador, una camisilla tipo esqueleto y un pantalón corto, a la altura de los muslos. Revisé mi agenda y concluí algunos trabajos pendientes. Encendí el televisor para observar las noticias y las novelas, pero con el temporizador. Me ganó de nuevo el sueño…

Mientras tanto, afuera del edificio, había un hombre rondando por todo el sector. Vestía de negro totalmente, camisa, pantalón, zapatillas, pasamontañas… Caminaba apurado. Cargaba una mochila donde tenía unos implementos de escalada y unos imanes para lo mismo. A eso de las diez de la noche llegó al edificio, por la parte de atrás, que no le fue difícil de burlar y se mimetizó entre unos árboles para no ser descubierto por Javier.

Javier siguió haciendo rondas demasiado frecuentes, pues sospechaba que había alguien en las zonas verdes, y normalmente lo hace cada vez que tiene intuición de algo grave. Desafortunadamente, a eso de las cuatro de la mañana, Javier se quedó dormido en el puesto, no sé por qué y el tipo aprovechó que se había quedado dormido. Empezó a escalar sigilosamente por la pared con los imanes, pues había elementos metálicos y llegó al segundo piso, precisamente por la ventana de mi apartamento.

No sé si por olvido ó algo así, dejé entreabierta mi ventana, pero resultado de ese descuido, él abre la ventana… y se cuela sigilosamente por ahí, entra, revisa todo, y cuando acaba de revisar mi apartamento, me despierta.

-Hola.

Me despierto, sin saber quien es, y al ver esa figura con pasamontañas, me asusto…

-¿Q-Quién es?

-No te voy a decir.

-Dígame quién es.

-No lo haré.

-¡Dígame quién es ó llamo a la Policía!

-¿A la Policía? ¿Y cómo?

Cuando revisó el apartamento, había agarrado el celular que estaba en mi escritorio, y tuvo la delicadeza de desconectar la línea telefónica.

-Tengo tu celular, niña, y no podrás hacer nada… Ja, ja…

-¿Qué va a hacer?

-Hum… Revisé la casa, y noté que no tienes muchas cosas de valor, y ví tu computador y se ve que no me dan mucho dinero por él en la prendería… Así que…

Sacó un puñal de su bolsillo y lo esgrimió…

-Me quedaré con tu teléfono y me darás tu dinero, además…

Empezó a acariciarme los brazos.

-Se ve que estás muy linda… No me llevaré un gran botín, pero sí pasaré una madrugada de placer.

A lo que respondo con una bofetada.

-Uf, qué mujer tan fiera… Pero eso no se hace niña, así que vas a aprender a portarte bien.

Empezó a acariciarme las extremidades, la cara, la espalda por encima de la ropa. Le empecé a notar lascivia y estaba resistiendo, cuando lo aparto de un empujón. En ese momento, el tipo se quita su pasamontañas, y puedo describirlo mejor. Es de unos 1.80 de estatura, delgado, pero muy fibroso y ágil, trigueño, con facciones muy marcadas, y con cara de buen chico, no superaba los veinte años.

Me muestra de nuevo el cuchillo y me lo esgrime hacia mi tronco. Se abalanza hacia mí y lo esquivo, correteo por todo el departamento y él me persigue, hasta volver hacia el cuarto. Me arrincono hacia la pared, pero, siendo presa de los nervios, no puedo escapar, me agarra. Esta vez, me dice.

-Maldita perra, ninguna niña que haya visitado el Hombre Araña ha salido sana de mi telaraña… Te voy a hacer lo que he querido hacer durante dos largos años…

En ese momento, sentí que estaría perdida, pero recordé lo que me dijeron Don Alonso y Javier. El Hombre Araña empieza a besarme violentamente en mis labios, como si lo quisiera, empecé a soltar algunas lágrimas de mis ojos… Me contuve, para no equivocarme, me tumba en mi cama y empieza a explorar mi cuerpo sin quitarme la pijama. Me estaba excitando, pero no era para bien. Cuando el Hombre Araña, para de besarme, se quita su sweater, e intenta romperme la camisilla con su puñal, pero en un acto de valentía, le pateé los testículos…

Se queda retorciéndose en el suelo un minuto, mientras busco las llaves del apartamento para salir de ahí, pero logra agarrarse de mi pie izquierdo.

-¡Perra inmunda, te lo hago y luego te mato por ese atrevimiento!

Intenté soltarme durante unos dos minutos, mientras el Hombre Araña se recuperaba, y logra levantarse.

-Ahora sí, viene lo mejor.

Me agarra del cuello y me besa, otra vez con lascivia y apuntándome el puñal a mi nuca. Empezó a acariciarme mis senos y mis nalgas, y sigo excitándome. Pero tenía que ver como salir de ahí. Javier se despertó en ese momento y alcanzó a observar una luz encendida, y gritó:

-¡Maldita sea, otra vez me quedé dormido! ¡Cuándo será el día que me deje de pasar esto!

Javier, muy ocasionalmente, se dormía en el puesto, pero, gracias a su buena suerte, no le había sucedido nada raro ni a él, ni a los que residían en el edificio ni al propio edificio. Una vez le pinté bigotes con un marcador una noche que se quedó dormido, en sus primeros días y ni se imaginan las burlas que recibió. Inmediatamente, se levantó y notó la luz del cuarto encendida, e intuyó:

-Un momento, la Señorita Adriana nunca se despierta tan temprano.

Se acercó al apartamento, por afuera, muy sigilosamente y escuchó jadeos y uno que otro grito.

-Algo muy raro está pasando en el apartamento de la Señorita Adriana. Llamaré a la Policía, esto huele muy mal.

En ese momento, cuando Javier da la vuelta para llamar…

El Hombre Araña, me seguía besando, y esta vez, se estaba quitando sus zapatos y sus pantalones, sin alejarse mucho de mí, en ese momento, le empujé hacia la cama…

-¿Qué crees que estás haciendo, perra?

Cuando vi su expresión, pensé en lo peor, y la única opción, era lanzarme de la ventana. Cuando se levantó, le hice cara de "¿Qué esperas?" se abalanzó sobre mí y… Me lancé…

===================================

Al acercarse hacia mí, aproveché lo grande que era la ventana y me lancé hacia el suelo, sin importar si me lastimaba ó perdía la vida. Prefería eso a ser violada. Caí, caí sobre mis manos, y fue duro el golpe. Al caer, cerré mis ojos y mis demás sentidos un momento. Javier estaba llamando a la Policía y de paso, pidió una ambulancia urgente. El Hombre Araña se quedó en la ventana, estupefacto, y mirando cómo podía salir de mi apartamento. Ni siquiera pensó en qué más podía llevarse. Mientras Javier, llegó a socorrerme, la Policía llegó y atrapó al delincuente, quien estaba descendiendo por la pared por sus propios medios.

Me desperté cuando lo agarraron.

-¿Dónde estoy?

-Está en el jardín, señorita Adriana.

-¿Eres Javier?

-Sí, señorita, soy Javier, ¿está usted bien?

-No lo sé. ¿Qué te pasó?

-Discúlpeme, señorita, me quedé dormido pasadas las cuatro, ya hice ronda otra vez y acá está la Policía.

-Sigue quedándote dormido y te pinto el pelo la próxima vez, ¿oíste?

-Está bien… Don Alonso ya llegó, lo llamé por si me tocaba irme al Comando.

Llegó la ambulancia por mí y me llevó a la clínica más cercana. Estaba en shock por lo sucedido, no tanto por el asalto sino por la caída. Creo que me fracturé un brazo. Los doctores determinaron que hubo fisura en el hueso del brazo derecho, unas contusiones y laceraciones por fricción. Nada grave. Una leve incapacidad por la fisura, pero no me impedía hacer vida normal

La Policía, como les dije, capturó al Hombre Araña y le estaba haciendo bastante seguimiento. Al poco tiempo supe que había violado tres chicas de mi Universidad y que una de ellas, casi se suicida por el hecho. Casi todas las afectadas lo demandaron por violación, incluyéndome a mí y todos los que se afectaron por sus robos, también lo hicieron. Lo condenaron a diez años de cárcel.

En cuanto a mí, me dieron de alta casi de inmediato, pues como no hubo nada de sexo forzado, no se presentó la necesidad de hacer examen, ni nada de eso. Presenté la demanda. Mi celular lo recuperé. Mi familia estuvo muy pendiente de mí, Don Alonso y Javier también. A Javier casi lo despiden del trabajo, pero no lo hicieron, porque supo qué hacer en ese momento; prometió igualmente no quedarse dormido dentro de lo posible. Tanto él como Don Alonso se convirtieron en unos buenos amigos. Continué con mis estudios y actualmente proyecto ser una excelente profesional… Eso espero.

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