- Es tu decisión-indicó el hombre con suavidad-Podemos
continuar a partir de aquí o dejar todo como estaba. Te espero en la sala .Si no
vas a hacerlo puedes irte sin despedirte- añadió mientras abría la puerta- pero
si lo haces puedes estar segura de que no habrá vuelta atrás.
Ana permaneció quieta, observando la puerta que se cerró tras
la espalda masculina.
Miles de pensamientos pasaron por su mente, pero uno solo
prevaleció ,lo amaba y lo que era peor, lo necesitaba, ni siquiera sabía por
que, pero él se había convertido en la persona más importante para ella.
Casi por propia voluntad, sus dedos comenzaron a desabrochar
la blusa.
Mientras lo hacía , cruzaron por su mente diversas imágenes,
la primera vez que lo vio en la biblioteca, tan guapo, tan seguro de sí mismo,
parecía tener todo lo que Ana no tenía.
Nunca se imaginó que podría siquiera fijarse en ella , el
típico ratoncito de biblioteca ,ella misma se veía a veces tan…marrón ¡Cómo se
había reído él con esa descripción que la joven hacía de su persona!, pero era
así, no era la chica a quien los hombres se dan vuelta para ver en la calle, no
es que fuera fea, pero de alguna manera era como…invisible.
Pero Julián la había mirado.
Y ahora ella dejaba caer la blusa al suelo. Sus manos se
dirigieron al broche de la falda.
La invitó a salir varias veces, la joven recordó las
maratónicas sesiones de compra que los esfuerzos por agradarle habían generado.
Él siempre parecía encantado de verla .La joven sonrió ante esas evocaciones.
Y dejó caer la falda.
No le había hecho el amor aún. Durante la última cita ,él
había comenzado a contarle algunas cosas de sí mismo, no demasiado, pero sí lo
suficiente para darse cuenta de la relación que pretendía. Ella no supo que
contestarle, pero Julián pareció entenderlo.
Ahora le daba la oportunidad de comenzar algo desconocido.
Por algún motivo, misterioso para ella, no sentía temor." Supongo que me cansé
de ser invisible" le susurró a su propia imagen en el espejo.
Se quitó el sostén y las bragas y se contempló desnuda frente
al cristal.
Desde el salón llegaban las voces de los hombres que reían
ante algún chiste.
Se lo imaginó a él, sentado en su sillón. ¿Se preguntaría si
ella iría o no? . Ana lo dudaba, seguramente sabía que había escogido bien.
Por un minuto sintió la tentación de demorarse más, de hacer
tambalear esa certeza que intuía en él respecto a ella, pero era arriesgar
demasiado.
Una última mirada al espejo.
Se preguntó que pensaría Julián de sus senos no demasiado
grandes, pero bien formados, de sus caderas, del vértice de su sexo. Esta vez no
habría ropa ocultando sus complejos.
Abrió la puerta con lentitud, como dándose esa última
oportunidad. Se imaginó la mirada atenta del hombre al escuchar la puerta
abrirse, sus ojos clavados en el pasillo, esperando que ella apareciera. Quizás
dudando por primera vez.
E inició el camino hacia la sala.
Las voces masculinas se acallaron instantáneamente al verla
aparecer en la habitación, cuatro pares de ojos se detuvieron en la desnuda
figura femenina, que avanzó lentamente hacia el bar ,llevaba únicamente un par
de altísimos zapatos negros.
La joven no miró ni a uno ni a otro lado, como si hubiera
estado sola en la estancia, sus nalgas se movían al ritmo de sus pasos, sobre
los altos tacos y sus pechos parecían erguirse orgullosos ante la mirada
sorprendida de los extraños.
Como él le había indicado, sirvió una copa y la llevó al
sitio donde permanecía sentado, se inclinó provocativamente y se la entregó con
una sonrisa seductora.
Una expresión satisfecha apareció en el rostro masculino.
Esa sonrisa despertó algo en ella, "Los dos podemos jugar",
pensó con alegría.
En lugar de retirarse , como Julián le había ordenado, se
dirigió de nuevo hacia el bar y sirviendo una nueva copa fue hacia el invitado
sentado a un costado, que parecía quemarla con los ojos.
Esta vez se aseguró de que además de la expresión provocativa
un seno rozara "accidentalmente" uno de los brazos del hombre. El tipo tragó con
fuerza .Pero Ana mantuvo la vista fija en Julián. Él levantó una ceja
sorprendido y elevando su copa brindó silenciosamente por ella.
La joven entonces, se volvió y abandonó la habitación.
Cuando llegó nuevamente al dormitorio, el corazón le latía
velozmente, se sentó en la cama, aturdida. Nunca en su vida se había imaginado
así, nunca se había sentido tan expuesta, vulnerable, pero a la vez
tan…poderosa.
Entonces, la puerta se abrió y Julián entró al cuarto.
- Ya se fueron-anunció con suavidad
Ella lo miró confundida un instante.
Pero él no dijo nada más , simplemente se acercó y la besó
con ferocidad, tomándola del cabello y recostándola del todo sobre la cama. Una
mano masculina se dirigió frenética a la intimidad de la mujer.
- Parece que te gustó- Susurró con complacencia.
Ella gimió sobrecogida, cuando los dedos del hombre
comenzaron a explorarla, acariciando y frotando.
- Por favor- susurró cuando pensó que no podría soportar más.
- ¿Por favor qué?- murmuró él echando la cabeza de la joven
hacia atrás, forzando que lo mirara. Los senos se apretaron contra el pecho
masculino
- Te deseo- murmuró ella con la respiración agitada.
Esa confesión pareció acabar con el autocontrol del hombre,
que liberando su miembro la penetró con salvajismo. Las potentes embestidas los
llevaron a ambos a un glorioso orgasmo que provocó un grito ahogado en la chica.
Entonces él la abrazó con ternura, se levantó, se desnudó y
se acostó a su lado.
El último pensamiento de Ana fue que, después de todo, no
necesitaba senos más grandes, ya que cabían perfectamente en la posesiva mano
que se curvaba a su alrededor.
Cuando Ana despertó, su primera sensación fue la añoranza del
cuerpo que la había abrazado durante la noche. Se estiró somnolienta sobre la
cama con una sacudida de deleite al sentir las sábanas sobre su cuerpo desnudo.
Nunca había dormido desnuda. Lo haría más a menudo.
El olor a café caliente que provenía de la cocina, le hizo
recordar que aún no había desayunado y le dio una pista de donde se encontraba
su amante.
Su ropa permanecía aún en el piso, donde la había dejado caer
en la prisa de la noche anterior. Al recordar lo sucedido, un estremecimiento de
placer la recorrió.
Él la despertó varias veces para hacer el amor , y cada vez
había sido aún más embriagante que la anterior.
Se decidió al fin por una camisa del hombre que permanecía en
el suelo, aspiró con gusto la fragancia que aún poseía. Le quedaba larga de
mangas y le llegaba casi a medio muslo , por lo que solo se puso las bragas bajo
la tela.
Cuando llegó a la cocina, Julián se dio vuelta para mirarla y
recorrió con deleite la figura enfundada en su ropa .
Él se acercó a la joven y la tomó con firmeza de la cintura,
arrimándola contra su cuerpo.
-Estás muy bella-susurró con suavidad contra su oído.
La boca del hombre fue descendiendo lentamente, recorriendo
su rostro, ella sintió como su propia respiración comenzaba a agitarse,
esperando que finalmente llegara a su boca, pero él se entretuvo besando las
comisuras y provocándola, mientras sus manos acariciaban lánguidamente las
caderas femeninas.
Fue ella quien tomó la iniciativa y con un suspiro ahogado lo
tomó de la nuca e introdujo su lengua en el interior de los labios masculinos,
besándolo con pasión.
Él fue el primero en retirarse.
-Desayunemos- dijo con una sonrisa, mientras apartaba una de
las sillas para que la joven se sentara.
Conversaron de asuntos intranscendentes mientras desayunaban.
Julián era un interlocutor muy interesante , atento a las opiniones de la joven
y ella encontró sumamente agradable la plática.
- Ven- indicó él ,separando su silla y señalando sus
rodillas, cuando la chica al fin depositó la taza vacía sobre la mesa.
Con una sonrisa de anticipación ella se dirigió para sentarse
sobre su falda, pero con un movimiento brusco, Julián la tumbó , dejándola boca
abajo sobre sus piernas.
El primer instinto de la joven fue resistirse y se movió
intentando desasirse de la mano que sostenía firmemente su cintura.
-Quieta- le ordenó el hombre con delicadeza.
Inmediatamente ella detuvo sus esfuerzos, permaneció donde
estaba, respirando agitadamente, sintiendo como las manos masculinas recorrían
la base de su espalda, tranquilizándola. En la habitación solo se escuchaba la
respiración femenina que poco a poco iba normalizándose.
- Anoche- inició él – uno de mis amigos, se retiró un tanto
confundido…
Ana rebuscó en su mente hasta que recordó vagamente al hombre
al que le había ofrecido una copa durante la velada.
- No era lo que yo había planeado- expresó Julián con voz
peligrosamente suave- y no me gustan las sorpresas.
ZAS!! .El golpe sobre las nalgas sonó con fuerza en el
silencio de la habitación.
Un suave quejido escapó de los labios femeninos.
Julián no dijo nada, se quedó quieto, como esperando la
reacción de la joven.
Ella comprendió que era la última oportunidad para dar marcha
atrás, pero no lo hizo.
Simplemente se quedó allí, sobre sus rodillas, sintiendo los
músculos de los duros muslos masculinos sobre su vientre, la presión sutil de la
mano sobre su cintura, sus propias manos aferradas a la alfombra, el roce de la
tela del borde de la camisa en el nacimiento de sus nalgas.
Y un nuevo azote, un nuevo gemido. Y las manos del hombre
subiendo la camisa ,la tela pasando por sus nalgas, por su espalda , hasta
quedar enrollada a la altura de sus pechos. Y las manos masculinas tomando la
cinturilla de sus bragas y bajándolas hasta sus rodillas .Se imaginó a sí misma,
parcialmente desnuda entregada a los deseos del hombre que la mantenía boca
abajo. Tragó con fuerza y un suspiro trémulo escapó de sus labios.
Los azotes se alternaron en sus nalgas, ella se mordió los
labios, pero al poco tiempo sus gemidos acompañaban el sonido de los golpes. Uno
tras otro caían sobre su piel, calentando la delicada zona. Ana comenzó a
moverse inquieta, él cruzó una de sus piernas sobre las de ella que se agitaban
ante cada nalgada y continuó el castigo.
Pronto la sensación de ardor comenzó a convertirse en otra
cosa, y los movimientos sobre las piernas del hombre cambiaron. Él se detuvo.
Ella respiraba agitadamente, con los ojos cerrados y las
manos apretujando la alfombra.
Entonces, Julián la sentó a horcadas sobre sus muslos, secó
una lágrima que se deslizaba por su mejilla y la besó con salvajismo ,ella , en
tanto ,maniobró para liberar el miembro masculino , cuando lo logró , se empalmó
con violencia sobre él moviéndose arriba y abajo. La sensación de las ardientes
nalgas al golpear sobre las piernas masculinas en cada movimiento, contribuyeron
a aumentar el placer de la joven.
Ambos jadeaban con abandono, ella se sujetó de los hombros
masculinos, dejando la marca de sus uñas sobre la piel, él gruñó con fuerza y
juntos compartieron un húmedo y largo orgasmo.