Por fin había llegado el momento, tras meses de estrés,
compras, compromisos y llamadas quedaba tan solo una semana para casarme con
Pedro, mi primer y único novio.
Me llamo Sandra, vivo en una ciudad del sur de España y
pertenezco a una familia adinerada y conservadora. Siempre he sido una buena
estudiante que prefería quedarme en casa repasando las lecciones antes que salir
de mi fiesta con mis amigas. Mientras ellas presumían de la cantidad de hombres
que coleccionaban yo sólo coleccionaba sobresalientes y matrículas de honor.
Tras acabar mis estudios de Administración y Dirección de Empresas con premio
extraordinario de fin de carrera comencé a trabajar en una empresa de seguros en
la que he ascendido rápidamente, ya que me he dedicado en cuerpo y alma a mi
trabajo. Físicamente, a mis 28 años, me considero una mujer normal, ni gorda ni
delgada, aunque lo que más destacan de mi son mis preciosos pechos naturales de
tamaño 100. Quizás el pertenecer a una familia conservadora y tradicional me
impidió "explotar" este recurso con los hombres y sólo he salido con Pedro, a
quien conocí el primer curso de la facultad y con quien perdí la virginidad a
los 23 años después de pensármelo mucho y soportando unos remordimientos
terribles por hacer el amor antes de casarme, fruto de la educación ultra
católica que recibí. Mis amigas de la universidad siempre me decían que podría
tener mucho éxito con los hombres, pero yo prefería refugiarme en los libros y
en los estudios. Como puse todo mi esfuerzo en el plano laboral tuve que
retrasar la fecha de mi boda varias veces pero por fin había dado el paso. Mi
padre y mi madre, que como ya he dicho antes son muy tradicionales, no me
dejaron irme a vivir con él antes de la boda por lo que todavía vivía en casa de
mis padres. Después de diez años de relación, lo cierto es que me encontraba
contenta porque por fin podría dar el paso que tanto tiempo había deseado, pero
por otro no podía dejar de sentir que no había aprovechado la vida tanto como
debía, me miraba al espejo y al contemplar mi cuerpo pensaba que si quisiera
podría haber conquistado a cualquier hombre. Os dejo una foto que me saqué un
poco antes de escribir este relato para que veáis que no miento:

Mi prometido, Pedro, es una persona a la que adoro y quiero
con locura, sin embargo nuestra relación había caído en la rutina. Las
relaciones sexuales eran cada vez más monótonas, nuestros planes consisten
siempre en salir los sábados, ir al cine, cenar y echar un polvo rápido en su
casa tras el cual él se queda dormido y yo me tengo que ir corriendo a casa para
que mis padres no sospechen. Físicamente Pedro no era ninguna maravilla, con el
paso de los años, tras salir de la facultad, había dejado de hacer deporte,
había echado barriga y una incipiente calvicie amenazaba lo que antes era una
frondosa cabellera. Trabajaba de comercial en una sucursal bancaria, un trabajo
que a pesar de contar con un buen horario, no se podía comparar al mío que casi
le triplicaba en sueldo, algo que mis padres no paraban de recordarme dejando
caer que mi futuro marido no era suficiente para mí.
Mis apoyos eran mi amiga Lola y mi hermano Raúl. Lola era
todo lo contrario a mí, era una chica desenfadada y que cada vez que entraba a
una discoteca conseguía "pescar" algún hombre. Nos conocimos en el trabajo y
quizás por eso de que los extremos se atraen conectamos desde el principio y hoy
era mi confidente y mi paño de lágrimas.
Pero sin duda a quien más quería en el mundo después de a mi
futuro marido era a mi hermano Raúl. Tenía 18 años y dada la diferencia de edad
conmigo y que mis padres se pasaban el día de viaje, yo había actuado como su
madre. Esto había hecho que nos entendiéramos muy bien y fuéramos inseparables,
no podíamos estar mucho tiempo alejados y nos pasábamos el día llamándonos al
móvil si no nos veíamos. Sin embargo, Raúl ya no tenía anda de niño. Para
empezar, tenía un cuerpazo de muerte. Me ruborizo cuando escribo esto pero decir
lo contrario sería mentir, mi hermano medía 1.85 y era rubito, a fuerza de hacer
pesas y bicicleta machacándose en el gimnasio y de ser el capitán del equipo de
waterpolo del instituto había conseguido un cuerpo digno de una escultura
griega. Unos brazos musculados, pectorales y abdominales perfectamente definidos
y, lo que más llamaba la atención de él, un culito duro y redondo que enfundado
en los ajustados pantalones que suele llevar provocan las miradas de bastantes
chicas. Por si fuera poco, su paquete también resaltaba bastante y permitía
adivinar un pene de buen tamaño. Mi amiga Lola le había tirado los tejos varias
veces pero mi hermano, supongo que por respeto hacia mi, pasaba de ella. A estas
alturas no sabía mucho sobre su vida amorosa, ya que siempre que yo sacaba el
tema me respondía con evasivas, aunque supongo que con su belleza no tendría
problemas en conquistar chicas. Más de una vez le había pillado mirándome las
tetas o el culo, pero no le di más importancia por ser tan joven.
Pasadas las descripciones os describiré como transcurrieron
los días anteriores a mi boda, y lo que habría de pasar unos días antes de la
ceremonia.
Era sábado y quedaba una semana para el día más importante de
mi vida y había invitado a Lola a mi casa para estudiar los últimos
detalles. Tras repasar la lista de invitados y comprobar el vestido nos
dirigimos al ordenador para revisar el correo electrónico y la lista de bodas.
-No sabía que tuvieras webcam- me dijo con una sonrisa
cachonda.
-No se como usarla, la verdad es que sólo la utiliza Raúl-
contesté. Y era cierto, soy un poco negada para la informática
-¿El semental de tu hermano?- dijo entre risas. A saber para
que la usa. -Déjame que vea la carpeta donde se almacenan los vídeos.
-No cotillees en el ordenador –dije- aunque la verdad es que
sin muchas ganas ya que me moría de ganas de ver esos supuestos vídeos.
Lola estuvo explorando en un montón de carpetas y de archivos
hasta que al final dio con lo que buscábamos. Lo que vimos nos dejó de piedra,
eran fotos de mi hermano posando medio desnudo y en algunas de ellas incluso
desnudo. Estaban tomadas en la piscina de nuestra casa donde a veces se pone a
hacer pesas y la verdad es que se nos caía la baba. Aparecía con un ajustadísimo
bañador y con el cuerpo totalmente bañado en aceite que marcaba sus perfectos
músculos y los hacía brillar. En otras salía marcando pectorales y enseñando su
anchísima espalda. Joder con mi hermanito. Pero lo mejor estaba por llegar y es
que había un vídeo grabado frente a la webcam donde aparecía masturbándose. No
dábamos crédito a lo que veíamos pues resulta que mi hermano tenía un aparato de
un tamaño considerable, como mínimo 20 cm. Así que esto es lo que intercambiaba
por el messenger cuando se encerraba en la habitación durante horas por la
noche. Os pongo una foto para que juzguéis vosotras mismas:

-Menudo polvazo tiene tu hermano, Sandra- fue lo único que
acertó a decir Lola.
-No pensé que Raúl se dedicara a estas cosas- dije entre
celosa y caliente.
-Yo no podría aguantar viviendo bajo el mismo techo que ese
animal.
-Bueno, cierra esto y déjalo-dije yo memorizando la ubicación
exacta de la carpeta en el ordenador.
Acompañé a mi amiga hasta la puerta y nos encontramos de
bruces con mi hermano que se dirigía a la piscina.
-Hombre Raúl que tal-dijo Lola y sin el menor recato le
plantó dos besos en la cara.
-Hola Lola que tal- contestó mi hermano como pudo.
-Bueno ya está bien- corté yo con un tono que me sorprendió
hasta a mi. -Tú vete ya y tú vete a la piscina a hacer esas cositas que haces
ahí.
-Perdona pero no se de que estas hablando-contestó mi hermano
ruborizándose.
-Que te largues- La tensión había llegado a sus límites, me
di cuenta de que me había puesto celosa, consideraba a mi hermano como algo de
mi propiedad y no aceptaba que nadie, ni una amiga ni cualquier fulana a través
del messenger, le fuera a alejar de mi.
Esa tarde ni nos miramos al comer ni nadie dijo nada, se
masticaba la tensión y decidí irme a casa de Pedro antes de lo habitual para no
seguir con esa violenta situación. Esa noche, mientras veía la película en el
cine con mi futuro marido no paraba de pensar en las fotos de mi hermano y en el
dichoso vídeo, el calentón que me había entrado al verlo no bajaba y no podía
dejar de pensar que otra mujer lo estaría disfrutando. No cesaba de revolverme
en la butaca y no presté atención a la aburrida comedia romántica que estábamos
viendo. Cuando fui al apartamento de Pedro a echar el polvo de todos los sábados
no pude dejar de pensar en mi hermano mientras lo hacíamos, me lo imaginaba
follándome en todos las posiciones y por todos los agujeros, me
imaginaba mamándole su pene y tocando su cuerpo, de hecho esa noche me corrí
como una loca y mi fogosidad sorprendió a mi novio.
Cuando terminamos de follar me vestí y me dirigí al chalet
donde vivía con mi familia. Eran las 3 de la mañana y como mis padres se habían
ido de fin de semana no me sorprendió ver la luz de la habitación de mi hermano
encendida. Abrí la puerta de casa y subí las escaleras hacia mi habitación
cuando me topé con la ropa de mi hermano tirada por el suelo. Cuando me agaché a
recogerla oí un gemido, claramente un gemido de mujer. Mis sospechas se
confirmaron cuando encontré tirado al lado de la ropa de mi hermano un tanga y
un sujetador y más adelante, ya en la puerta de la habitación de donde provenía
el gemido, una minifalda y un top. A todo esto el gemido inicial se había
convertido en un auténtico concierto de gemidos y jadeos tanto de mi hermano
como de su acompañante. Sin dudarlo un segundo me dirigía hacia la puerta de la
habitación de mi hermano y, loca de rabia y de celos, miré a través del cerrojo.
Cuando vi la escena casi me da un vuelco el corazón. Vi a una rubia a cuatro
patas sobre la cama y a mi hermano follándola por detrás, los dos estaban
totalmente desnudos. Por si fuera poco mi hermano había colocado el espejo de la
habitación de mis padres en la suya y mientras follaban no paraban de mirarse en
él y hacer posturitas. Me quedé petrificada, yo que siempre había visto a mi
hermano como un niño le veía ahora follando salvajemente con una desconocida. Me
puse loca de celos al ver que algo que consideraba mi propiedad se estaba
cepillando a otra mujer. Me fui corriendo a mi habitación llorando de rabia. A
todo esto los gemidos no cesaban, estuvieron follando un buen rato (encima tenía
mucho aguante el listo de mi hermano) y tras un alarido de la chica que debieron
de oír hasta los vecinos la casa se quedó en silencio. No me lo podía creer, mi
hermano, al que estaba tan unida, había metido a una chica en casa sabiendo que
yo les iba a oír.
No paraba de darle vueltas a la escena y entonces me di
cuenta de que no sólo me ponía caliente mi hermano, sino que me había enamorado
de él, no podía soportar ver su imagen follándose a otra. Sin dudarlo un
segundo me dirigí a la habitación del ordenador y lo encendí. Antes de nada me
paré a pensar en lo que estaba haciendo. Me iba a masturbar con mi hermano, el
mayor tabú de nuestra cultura, el amor filial, había dejado de ser importante
para mí. Todos los años de educación religiosa y misas los domingos se
desmoronaban por ver a Raúl en pelotas. Como loca busqué las famosas fotos.
Cuando abría la primera y vi el poderoso cuerpo de mi hermano me bajé las bragas
y comencé a masturbarme poco a poco, saboreando el momento, imaginándome a ese
pedazo de hombre cabalgándome, su cuerpo sobre el mío, yo abrazando su ancha
espalda. Mis flujos ya mojaban mi dedito y decidí abrir el vídeo, ver la polla
de mi hermano en erección fue la gota que colmó el vaso y me corrí plácidamente,
inundando mis piernas, mis muslos y la silla. Limpié todo como pude, apagué el
ordenador, salí de la habitación de puntillas y me acosté.
A la mañana siguiente me levanté y no quedaba ni rastro de la
chica de la otra noche. Tras desayunar me dirigí a la piscina y allí me encontré
a mi hermano saliendo del agua. Ese cuerpo...buf.
-Menuda la que montaste ayer-le dije.
-No tengo que darte explicaciones ¿no? Los dos somos adultos
y hacemos lo que queremos.
-¿En qué momento te convertiste en un chulo de playa?
Pasó de largo sin decirme nada. Estaba tan nerviosa que llamé
a Lola porque necesitaba desahogarme. No pude evitarlo y me derrumbé, me puse a
llorar y le confesé todo. Ella se mostró muy comprensiva y me entendió, es una
suerte tener amigas que están dispuestas a escuchar, aunque pude apreciar un
tono burlón en su voz, como si preparara algo.
Los días siguientes fueron un estrés total, los últimos
retoques, los detalles finales, los invitados, la ceremonia, la iglesia, el
banquete no me dejaban respirar. Con Raúl la situación seguía igual, no nos
dirigíamos la palabra.
Cuando quedaban dos días para la boda terminamos de dar los
últimos retoques al vestido y ya estaba todo preparado. No tenía ningún plan
pero me imaginaba que mi amiga Lola tendría algo preparado y no me equivoqué. A
las 8 de la tarde me llamó al móvil, me dijo que me pusiera guapa que pasaría a
recogerme en una hora y media y que no hiciera preguntas. Me puse un vestido
noche que resaltaba mis tetas, un tanga y unos zapatos de tacón y a las 21.30,
sin sospechar que esa noche cambiaría mi vida, aparecieron mis amigas tanto del
trabajo como de la facultad e incluso de mi antiguo colegio en varios coches
capitaneadas por Lola. No me quisieron decir adonde íbamos pero tras un rato de
viaje por la carretera llegamos a una especie de bar a unos kilómetros de la
ciudad. No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que me había
preparado la típica fiesta de despedida de soltera. Nada más entrar nos
encontramos con un montón de mujeres chillando histéricas rodeadas de maromos
musculosos medio desnudos a los que tiraban bragas o manoseaban. La música
estaba altísima y el local abarrotado pero logramos sentarnos en una mesa. Las
muy zorras de mis amigas me regalaron un montón de artículos de sex-shop desde
consoladores, vibradores, esposas, bragas y tangas. Tras cenar y disfrutar de un
par de stripteases Lola se subió a la mesa y proclamó:
-Ahora viene la verdadera sorpresa.
Me cogió de la mano y nos fuimos todas a un reservado en la
planta de arriba del bar. Allí me vendaron los ojos, me sentaron en una silla y
pusieron la típica música de striptease. A los pocos segundos se oyeron gritos
de admiración por parte de mis amigas y comprendí que ya había salido el
stripper. El chico se me acercó y comenzó a bailar enfrente de mí, alargué la
mano y pude comprobar que era un auténtico cañón sin un gramo de grasa, me
deleité palpando sus abdominales y sus pectorales cubiertos de aceite provocando
las carcajadas histéricas de mis compañeras. Cuando el tío bueno se sentó sobre
mis rodillas la situación parecía que se desbordaba, yo, que llevaba unas copas
de más me atreví a meterle mano en los calzoncillos y me quedé alucinada con el
grosor y la longitud de su pene. Después el stripper se volvió y me empezó a
besar el cuello y los lóbulos de las orejas, yo estaba un poco escandalizada por
las libertades que se tomaba pero al mismo tiempo me sentía genial y liberada.
Fue entonces cuando me di cuenta de que las chicas empezaban a abandonar el
reservado y me dejaban sola con el macizo. Yo protesté pero él me puso el dedo
en los labios y me susurró:
-Ahora podemos zanjar asuntos pendientes tú y yo.
Poco a poco me quitó la cinta que llevaba en los ojos y
descubrí a Raúl. Traté de asumir que le había estado metiendo mano a mi propio
hermano pero me quedé bloqueada, no sabía que decir.
-Pero, Raúl...
-¿No te ha gustado?
-¿Qué haces en un sitio como este?
-Trabajo aquí para ganar algo de dinero, tu amiga Lola me vio
aquí un día, ayer me llamó y me contó lo que sientes por mí. Pues bien, yo
siento lo mismo por ti.
-Pues bien que te follabas hace unos días a la zorra esa en
casa
-Y bien que te follas tu al pringado de tu novio todas las
semanas.
Le di un bofetón en toda la cara. En ese momento tomé la
decisión más importante de mi vida, podría haber seguido siendo una mojigata,
casarme con mi novio a sabiendas de que estaba enamorado de mi hermano, o
dejarme llevar por la pasión del momento. Elegí la segunda y le planté un beso
en la boca a Raúl sin previo aviso. Permanecimos varios segundos besándonos,
mezclando nuestras lenguas, abrazándonos, me pegué a su cuerpo y pude sentir su
potente musculatura. El pasó su mano por mi espalda y fue bajando la cremallera
de mi vestido. Sin embargo se frenó porque no estábamos en el lugar adecuado,
era un bar lleno de gente y sin ningún tipo de privacidad. Se puso los
pantalones y la camisa, jesús tenía los músculos tan inflados que parecía que la
iba a reventar, me cogió de la mano y salimos atropelladamente del bar, los dos
con el corazón acelerado sabiendo lo que íbamos a hacer.
Nos acercamos a un motel de carretera que estaba al lado del
bar y pedimos una habitación. Estaba ansiosa por subir y cuando la recepcionista
se demoró en darnos la llave di un golpe en el mostrador para que se diera
prisa. Nos dio la llave y subimos corriendo por las escaleras ya que el ascensor
tardaba en llegar. Nada más cerrar la puerta de la habitación volvimos a repetir
el beso de una forma aún más apasionada que antes. Le agarré del cuello y le
besé con más furia todavía, por fin me iba a quitar todos los complejos e
inseguridades que había acumulado en mi aburrida vida. Él intentó
desvestirme pero yo me negué.
-Ahora es mi turno.
Le empujé hacia el sofá y comencé a hacerle un striptease,
girando mi culo en su cara, quitándome el vestido poco a poco de una forma muy
sexy hasta quedar totalmente desnuda, solo con los zapatos puestos, mis tetas
salieron al aire ante su mirada de incredulidad. Él se levantó pero yo le volví
a parar, tenía que aprender que ahora llevaba yo la voz cantante. Se quedó de
pie y yo le desvestí, quería tener la oportunidad de manosear ese cuerpazo
depilado. Le quité el cinturón y luego le fui desabotonando la camisa, metí la
mano a través de ella y pude tocar esos preciosos cuadrados que eran sus
abdominales y esos pectorales perfectos, hasta entonces no me había dado cuenta
pero noté el flujo que bajaba de mi coño por la pierna ante tamaño semental.
Finalmente le quité toda la camisa y procedí con el pantalón. Le dejé en
calzoncillos y pude admirar sus piernas como troncos. Ahora quedaba la parte
final. Con los dientes le fui bajando poco a poco su tanga hasta que quedó ante
mi vista la mayor polla que había visto. Estaba morcillona pero ya llegaba a los
17 cm. aproximadamente. Puse mi mano en su culo y pude disfrutar su increíble
dureza. Me puse de pie y me aparté de él, sólo para ver su cuerpazo, todavía
cubierto de aceite, con un poco de distancia. Desde luego que patético era mi
novio en comparación con ese macizo. Mi hermano empezó a hacer posturas
apretando los músculos y marcando unos bíceps que parecían bolas de billar, unos
dorsales que le habrán costado horas de gimnasia desarrollar. Yo me llevé la
mano a mi vagina para disfrutar del momento.
Me acerqué a él y me cogió en volandas como si no pesara
nada. Pensé que me llevaría a la cama pero fuimos primero a la ducha para que se
quitara el aceite. Volvimos a quedar frente a frente y cada uno enjabonó el
cuerpo del otro.
-Que tetas tienes Sandrita.
-Y tú tienes un polvazo…
Mientras el agua caía sobre nosotros volví a tomar el control
de la situación y decidí que teníamos que pasar a mayores. Me arrodillé y
comencé a besar la polla de mi hermano que rápidamente empezó a ganar tamaño
hasta alcanzar los 25 cm. más o menos. Primero me metí solo la punta y con una
mano acariciaba sus huevos. Tuve que hacer verdaderos esfuerzos para metérmela
entera en la boca, pero al final entró. Entonces puse mis dos brazos en mi
espalda, como si estuviera esposada y comencé con la mamada mirándole a los
ojos. Su cara era un poema y no paraba de gemir mientras yo continuaba con mi
trabajo. Tras dos minutos chupándole la polla me tuvo que separar porque estaba
a punto de correrse, en ese momento me sacó en brazos de la ducha y fuimos a la
cama, me tiró sobre ella y dijo
-Ahora me toca a mí.
Mi hermano se puso de rodillas y comenzó a comerme el coño,
era algo totalmente nuevo para mí ya que el soso de mi novio no lo había hecho
nunca. Estaba tan excitada que me corrí a los pocos segundos entre grandes
gemidos, nunca en mi vida había tenido un orgasmo tan intenso y duradero, me
estremecí y jadeé como una loca, cerré los ojos y agarré con mis manos las
sábanas, deseé que ese momento no terminara nunca, eché un chorro de flujo sobre
su cara que parecía una meada. Tenía 18 años pero ya sabía como dar placer a una
mujer mejor que muchos hombres de mi edad.
-Perdona, no quería venirme tan rápido.
-No te preocupes.
Tras esto sabía que ya solo quedaba que me penetrara. Nos
besamos y nos abrazamos y él me dijo:
-¿Estás lista?
-Creo que sí.
La verdad es que viendo su polla dudaba de que todo eso me
entrara. Además, con las prisas del momento, no teníamos preservativos, por lo
que tendríamos que hacerlo a pelo, aunque ¿a quién le importó en ese momento?
Puso su cuerpo sobre el mío y de un golpe me la metió, yo di
un grito de dolor ante la violencia de la penetración y el comenzó a moverse
dentro de mí. Puse mis piernas por encima de su culo para facilitar el polvo,
una de mis manos recorría su fuerte espalda y la otra le agarraba del pelo. Noté
que estaba dejando la sábana perdida de mis flujos de nuevo y que empezamos a
sudar por el esfuerzo realizado. En un momento dado comenzó a cambiar de postura
y con mucha maestría y sin dejar de metérmela consiguió que yo me pusiera sobre
él, puse mis manos en los pectorales y continuó la cabalgada, ahora era yo la
que tenía el mando de la situación. Mis gotas de sudor caían en su pecho y el
colocó sus manos en mis tetas, que no paraban de botar, estrujando mis
erectísimos pezones. Poco a poco fue aumentando la intensidad y la velocidad de
las penetraciones, yo estaba en el cielo y me dejaba llevar.
-Eres un puto semental, hermanito.
-Y tu una zorrita, Sandra. Como te mueves.
Los gritos vinieron más tarde como antesala de los orgasmos
que íbamos a sentir. La verdad es que llegué perder la noción del tiempo,
sólo sabía que me la estaba metiendo sin piedad y que yo no paraba de encadenar
orgasmos uno detrás de otro. Llegué a arañar el pecho de mi hermano y estuve
tentada de morderle. Era una sensación genial, todos los orgasmos eran
diferentes, unos rápidos y otros más largos y profundos, finalmente mi hermano
apretó su polla hasta lo más profundo de mi coño y tras un rugido se corrió
dentro de mí. Notaba como su leche me inundaba y desbordaba mi vagina cayendo a
las sábanas. Se quedó unos segundos metiendo su polla en el fondo de mi coño,
apurando su orgasmo hasta el final, finalmente se desacopló y me eche a su lado
en la cama. Nos quedamos los dos mirando el techo, sin aliento, tratando de
recuperarnos de lo que acabábamos de vivir.
Me giré y me puse de lado mirándole, noté que mi coño seguía
expulsando su semen y lo notaba resbalar en mis muslos. Miré su polla, todavía
erecta y procedía a limpiar la leche que le quedaba en la punta con mi lengua y
después nos volvimos a fundir en un apasionado beso. Apoyé mi cabeza en su duro
pecho y le acaricié los abdominales. Tras unos minutos de descanso se levantó
para coger un cigarro y me ofreció uno, no suelo fumar, pero en ocasiones
especiales como esta hago excepciones. Nos recostamos en la cama, me ofreció
fuego y comenzó a hablar:
-Esto no lo haces con tu novio
-Ni me lo recuerdes-me reí. Ya no me importaba que se metiera
con él, había tirado a la basura 10 años de mi vida con ese tío cuando tenía a
este pedazo de hombre al lado sin salir de casa. –Una pregunta, a quien le
mandabas esos vídeos y esas fotos.
-A nadie, eran para que los vieras tú. Ya tardaste, por
cierto.
-¿Entonces ya querías follarme?
-Desde que empecé a ser adolescente me gustaste, mis primeras
pajas fueron contigo- dijo entre risas.
-Pero hasta ahora no te quedaste parado, por ejemplo con la
tía esa que te follaste en casa
-Era una zorra que conocí en la discoteca. Estaba rabioso
porque sabía que los sábados los pasas con tu novio y quise desquitarme.
Continuamos hablando un rato mientras recuperábamos fuerzas.
Desde la ventana de la habitación se veía que estaba amaneciendo, deseaba no
salir de ese lugar nunca, sin tener que enfrentarme a la vida gris y monótona
que me esperaba fuera. Terminamos de fumar nuestros cigarrillos cuando volví a
sentir ese cosquilleo que me pedía más. Al parecer él también estaba caliente de
nuevo a juzgar por el tamaño de su polla que había dejado la flacidez para ir
adquiriendo un considerable tamaño.
-Vamos otra vez.
Aprovechó que me di la vuelta para tirar el pitillo para
inmovilizarme con sus brazos y bajar hasta mi coño que ya empezaba a chorrear,
volvió a mostrar la maestría de la que hace gala con su lengua que me volvió
loca. Ya estábamos los dos a cien y volvió a sacarme aquellos gemidos de
placer. Mientras me lamía el coño una de sus manos se deslizó por debajo de mi
culo hasta llegar a mi ano, donde se introdujo. No pude evitar dar un grito de
dolor cuando lo sentí, nunca había probado el sexo anal.
-Tranquila, solo duele al principio, luego te acostumbras.
Me siguió metiendo el dedo y a pesar de lo que había dicho me
seguía doliendo.
-Por favor para ya.
-Tranquila, yo te guío.
Pasado un rato el dolor se fue transformando en placer, un
placer diferente al que sentía en mi vagina, algo que nunca había probado. De
esta forma me fui acostumbrando y ya no me dolía, de hecho lo encontraba mejor
que la comida de coño. Poco a poco fui entrando en calor al mismo tiempo que
aumentaba la velocidad con la que Raúl me introducía el dedo en el ano.
Finalmente me corrí como una loca y me quedé rendida en la cama. Este hombre
sabía como dar placer a una mujer.
-Todavía no hemos terminado, yo no me he corrido.
Comprendí lo que quería decir y me asusté -No, por ahí no
paso, aunque he de reconocer que mi negativa sonaba con poca convicción.
-Te va a doler solo al principio, te lo aseguro, como antes.
Yo estaba asustada porque había oído que a menudo se producen
desgarros con el sexo anal, y con el tamaño de la polla de mi hermano me temía
lo peor.
Me colocó a cuatro patas sobre el colchón, con la cabeza
apoyada en la almohada y mi culo mirando hacia él. En ese momento sentí como
algo intentaba abrirse paso en mi culo. No teníamos vaselina ni nada, así que
tendríamos que hacerlo a lo bestia. La polla de Raúl se fue introduciendo poco a
poco en mi culo, seguía doliéndome muchísimo, apreté los dientes y comencé a
sudar, pero sabía que tarde o temprano me acostumbraría. Al fin, después de
mucho esfuerzo, acabó metiéndola hasta mis entrañas, sentía sus 25 cm. muy
dentro de mi. La volvió a sacar y la volvió a meter y ya no dolió tanto. En ese
momento empezó el mete saca y el ritmo se hizo más rápido. Notaba como mi ano se
había adaptado a la tranca de mi hermano y ya no me dolía, Raúl empezaba a bufar
de placer, yo empecé a sentir una sensación de placer enorme conforme me la
seguía metiendo, era una sensación nueva y diferente, me parecía estar
alcanzando las cotas máximas de placer mientras el inevitable orgasmo se
acercaba. Instintivamente apretaba mi ano contra su polla cada vez que la
sacaba, no quería tenerla fuera, quería tener ese rabo dentro de mi culo todo el
rato, dios que sensación. Alcé la cabeza y vi reflejado en el cristal de la
ventana el cuerpo de mi hermano con sus músculos cubiertos de sudor y una cara
de éxtasis, sabía que estaba haciendo un gran esfuerzo, la penetración siguió
durante unos 15 minutos tras los cuales alcancé el orgasmo más intenso de mi
vida y grité como una condenada corriéndome. Mi hermano seguía dale que te pego
y me pregunté si se correría dentro de mí. Un minuto después de mi orgasmo sentí
como su pene se inflaba dentro de mi ano, estaba a punto de estallar.
Rápidamente sacó la polla, me dio la vuelta y me puso mirando hacia él.
-Ahora vas a probar otra cosita, algo que siempre he deseado
hacer con tus tetas.
Mi hermano colocó su pene entre mis generosos pechos y
procedió a hacer una cubana, frotando su verga entre mis senos. Como estaba a
punto de estallar no aguantó mucho y tras un rugido animal se corrió echando una
riada de semen hasta mis tetas, mi cara y mi pelo.
Caímos rendidos y extasiados en la cama. Miré mi reloj y vi
que eran ya las 8 de la mañana, habíamos estado toda la noche haciendo el amor.
Cubierta de semen y sudor, me deleité acariciando ese cuerpazo que me había dado
tantas horas de placer mientras él a su vez me acariciaba el pelo.
Nos quedamos dormidos y me desperté abrazada a él por la
tarde. Me levanté sin hacer ruido y me vestí, estaba trastornada y nerviosa por
lo que había pasado, no acerté a ponerme los zapatos de tacón y de un golpe los
tiré y salí descalza. Me fui a toda prisa del motel ante la mirada desaprobadora
de la recepcionista. Me monté en mi coche y apoyé la cabeza contra el volante.
Tenía la cabeza como un bombo. Mañana me casaba.