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TODORELATOS » RELATOS » DUELO DE RASTAS II: EN LA PLAYA
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 TODORELATOS.COM Fecha: 16 de Mayo, 2008.
Fecha: 30-Mar-08 « Anterior | Siguiente » en Grandes Series (1424 de 1452)

Duelo de Rastas II: En la Playa

Anubisx
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Sol y Luna vuelven a encararse en una caliente lucha en la playa. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

DUELO DE RASTAS II: EN LA PLAYA

POR ANUBIS

 

Luna bailaba alegremente en la nueva discoteca de la ciudad. Esta noche había salido con sus amigos a divertirse tras haber acabado los exámenes que la habían tenido ocupada durante el último mes. Con un top rojo muy pegado a su erguido pecho, Luna mostraba un escote estupendo. La joven llevaba también una falda roja que le llegaba hasta las rodillas, y una abertura en el lateral derecho de la misma mostraba un sensual muslo. Luna llevaba las rastas recogidas en un par de coletas. Bailando alocadamente, el sudor empezó a cubrir pronto el cuerpo de la chica de rastas castañas, lo cual aumentaba el morbo que despertaba la chica.

Luna siguió bailando más y más, hasta que de pronto vio a alguien en la otra parte de la pista de baile, a una persona que no había visto desde hacía más de un mes, y con la cual deseaba resolver una amarga rencilla. Allí estaba Sol, con un top azul que no sólo marcaba su firme pecho con claridad, sino que lo mostraba con un sensual escote. La rubia estaba ahora bailando mientras se agarraba su falda negra, más corta que la de Luna en unos centímetros. Todos los hombres observaban ilusionados como Sol alzaba sus piernas y su falda, ansiando contemplar las bragas de la bella chica. Con sus rastas recogidas tras un pañuelo oscuro que recorría la parte superior de su frente, la rubia sudaba copiosamente por los minutos que llevaba bailando alocadamente. Tras unos duros exámenes, la joven necesitaba descargar estrés, y ahora lo hacía junto a unos amigos.

En ese momento, justo cuando acabó la canción, Sol vio a Luna observándola. Entrecerrando sus ojos, las dos rivales empezaron a caminar una hacia otra lentamente, mientras comenzaba a sonar una sosegada balada en la discoteca.

Ya frente a frente, y sin dirigirse una sola palabra, Sol y Luna empezaron a bailar cara a cara, separadas por medio metro. Con suavidad y sensualidad, rodeadas por sus amigos y por varias personas más, las dos bellezas se fueron acercando más y más, hasta que ambas juntaron sus cuerpos. Moviéndose muy lentamente, Luna y Sol frotaron juntos sus cuerpos y, en especial, sus tetas, mientras jadeaban y sudaban. Ambas estaban ansiando demostrar ante todos quien de ellas era la más sensual, y se esforzaron al máximo por demostrarlo.

De repente el ritmo de la balada aumentó hasta alcanzar una velocidad vertiginosa. Luna y Sol elevaron el ritmo de su íntimo baile, pero sin separar sus cuerpos ni un solo milímetro. Los jadeos de esfuerzo y excitación de las dos eran escuchados sólo por las propias chicas a causa del alto volumen de la música. Ambas estaban sobreexcitadas, con la sangre ardiendo con pasión.

Y entonces la música acabó. Sol y Luna se quedaron quietas, muy abrazadas, con sus idénticos pechos aplanados juntos. Jadeando aún por el ardiente baile, las dos chicas con rastas notaron el acalorado aliento de la rival sobre sus cuellos y orejas.

- No está mal para una zorra como tú -susurró Luna al oído de Sol-. Pero aún tienes mucho que aprender.

- ¿Aprender? -murmuró Sol en el oído de su oponente-. He demostrado que soy mucho más sexy que tú, furcia barata.

- Ni siquiera en tus sueños asquerosa guarra -Luna ahondó con sus tetas un poco más en el interior del pecho de la rubia.

- Estás acabada puta -Sol respondió empujando con sus tetas hacia delante, clavándolas algo más en los pechos de la castaña.

Ambas desearon golpearse más que nada en el mundo, pero notaron como la gente murmuraba mientras las dos seguían estrechamente abrazadas en el centro de la pista de baile.

- En la playa, junto al último chiringuito de la ciudad, el más cercano al faro – susurró Luna mientras las dos bellezas se separaban lentamente, sin dejar de mirarse a los ojos– . En quince minutos.

- Allí estaré -dijo Sol-. No faltes.

- Ni por todo el oro del mundo -concluyó Luna.

Los quince minutos habían pasado. Sol se había despedido de sus amigos alegando que estaba muy cansada y que se iba a dormir. La bella rubia había cogido entonces su coche para llegar al punto de encuentro: una vacía y oscura playa, sólo iluminada por una lejana y parpadeante farola.

Sol llevaba esperando un par de minutos, y cuando creía que Luna se había asustado, la guapa chica de rastas castañas llegó caminando por la arena. Encarándose, Luna y Sol se observaron durante unos segundos, sabiendo que esta pelea sería mucho más dura que la anterior, y que aquí nadie las interrumpiría.

- Pongámonos cómodas puta -dijo Sol mientras se quitaba su top. Luna la imitó y pronto ambas se habían librado de sus repegados tops, de sus faldas y del calzado. Ahora en ropa interior -Luna con un sensual conjunto negro y Sol con un no menos exuberante conjunto rojo- y descalzas, las dos jóvenes se acercaron una a otra con parsimonia, ansiando comenzar la lucha.

De repente las dos bellas jóvenes embistieron a la vez y se agarraron de las rastas. Con rabia Sol y Luna empezaron a darse bruscos tirones, haciendo que sus cabezas fueran violentamente de un lado para otro. Continuamente una u otra liberaba una de sus manos de las rastas de la contrincante para tortear rápida y enojadamente la mejilla de la otra, para enseguida volver a agarrar y tironear del cabello de la oponente. Y tanto Sol como Luna, además, estaban lanzando fieras patadas a las espinillas rivales, intentando derribar a la enemiga sobre la fina arena de la playa.

Cada tirón y cada tortazo era más duro que el anterior, y los gritos y gruñidos de dolor de ambas eran cada vez más altos y desesperados. Luna y Sol iban acalorándose a marchas forzadas, y en sus mentes sólo existía una única y obsesiva idea: aplastar totalmente a su odiada antagonista.

Durante el forcejeo las tetas de Sol chocaron accidentalmente contra las de Luna, provocando un áspero dolor en los pechos de la castaña. Furiosa por la pequeña derrota de sus tetas, Luna soltó las rastas de Sol y clavó su puño derecho en la teta izquierda de la rubia, aplastándola completamente. Sol chilló angustiada y dio un paso atrás, soltando el cabello de la castaña, pero enseguida volvió al combate estampando su puño en la teta derecha de Luna, que también quedó aplanada durante el fiero golpe. Ahora fue Luna quien gritó de dolor y retrocedió un paso.

De esta forma empezó un agresivo intercambio de puñetazos entre ambas chicas, dispuestas a reducir las tetas de la rival a pequeños orbes mediante sus crueles puños. Las dos aullaban por el extremo sufrimiento que padecían, pero los golpes no cesaban.

A veces alguna de ellas lograba encadenar un par de puñetazos seguidos sobre las tetas rivales, pero siempre una enfurecida contrincante lograba devolverle el favor con golpes aún más duros. A pesar del agobiante dolor, las dos jóvenes estaban dispuestas a demostrar que eran más resistentes que la rival, y por supuesto que sus tetas eran más fuertes que las tetas de la otra.

Pero casi cinco minutos pasaron y ninguna logró sacar ventaja sobre la oponente. Los golpes empezaron a fallar, y finalmente las dos chicas se desplomaron sobre la rival, abrazándose para no caer al suelo. Con la cabeza sobre el hombro de la otra joven, las dos jadeaban y sollozaban, intentando recuperar fuerzas e intentando apartar de sus mentes el palpitante dolor que sentían en sus dañados pechos.

Unos segundos después, Luna reaccionó apretando el cuerpo de Sol contra el suyo. Las tetas de Luna penetraron en los pechos de la rubia, que gruñó con rabia al tiempo que empujaba lejos de sí a su rival.

Respirando entrecortadamente, y separadas por un par de metros, rubia y castaña empezaron a girar en círculos una alrededor de la otra, sin dejar de mirarse maliciosamente a los ojos en ningún momento. Al final las dos chicas se agazaparon levemente y alzaron sus manos, listas para seguir con el combate.

Saltando hacia delante al unísono, Luna y Sol agarraron los antebrazos de la rival y empezaron a forcejear impetuosamente. Pero enseguida Luna alzó su rodilla y la clavó en el liso estómago de la rubia, que se dobló sobre sí misma gritando de dolor. La castaña aprovechó para agarrar la cabeza de Sol e introducirla entre sus piernas. Así los sensuales muslos de Luna atenazaron el cuello de la rubia. Agarrando ahora los brazos de Sol, Luna inmovilizó a su oponente, pero el duro forcejeo de la rubia derribó a ambas bellezas a la arena.

A pesar de ello, Luna mantuvo su llave sobre la arena. Sol empezó a asfixiarse a causa tanto de los atenazantes muslos de su rival como por tragar arena al abrir la boca para intentar respirar. Además Luna empezó a doblarle los brazos hacia atrás con fuerza, causándole un angustioso dolor.

- ¡Ríndete y puede que te deje ir zorra! -gruñó Luna.

Sol intentó insultar a Luna, pero no podía hablar. La rubia notaba como iba desvaneciéndose, y este hecho la enfureció. Sacando fuerzas del odio que sentía hacia Luna, Sol logró de un tirón soltar uno de sus brazos. Entonces la rubia clavó sus uñas en el muslo de su oponente, y comenzó a arañar de arriba a abajo la suave carne de Luna. La castaña gimió dolorida y soltó el otro brazo de Sol, que aprovechó para alzar su otra mano libre hacia arriba, tanteando el cuerpo de Luna en busca de su objetivo: una teta de la castaña. Al hallarla, Sol la trituró con fuerza y rencor, haciendo gritar a Luna de angustia. Sollozando, Luna agarró la muñeca de la rubia para intentar apartar su mano de su preciada teta, pero el dolor sufrido en su muslo y en la propia teta impidió que pudiera usar suficiente energías en la tarea. Así Luna abrió sus piernas y se separó de Sol.

Tiradas en la arena, Sol y Luna descansaron sin dejar de mirarse con resentimiento. Sol jadeaba mientras se frotaba su cuello, intentando recuperar la respiración. Por su lado Luna se masajeaba su muslo y su pecho, mientras contenía las lágrimas como podía.

En menos de medio minuto ambas bellezas se levantaron con decisión, dispuestas a seguir con la pelea. Aún jadeando, Luna y Sol volvieron a girar en círculos alrededor de la oponente, hasta que con un grito de resentimiento Sol lanzó un puñetazo al rostro de Luna. La castaña detuvo el golpe con su brazo mientras balanceaba su puño libre, directo a la teta izquierda de Sol. La rubia chilló angustiada, pero replicó rápidamente con un puñetazo en el riñón de Luna, que gruñó de dolor.

Luna lanzó entonces un nuevo puñetazo al rostro de la rubia, pero Sol agarró el brazo de Luna y con una zancadilla la derribó a la arena. Sin darle tiempo a reaccionar, Sol se sentó sobre la espalda de la derribada Luna, agarrándola de las rastas con su mano izquierda. Tirando del cabello de la castaña hacia atrás, Sol obligó a Luna a alzar de forma dolorosa su cabeza, al tiempo que la rubia enlazaba su brazo derecho alrededor del cuello de su rival. De esta forma Sol empezó a asfixiar a su antagonista, que ahora apenas podía respirar.

- ¡Ríndete y quizá te perdone la vida furcia! -gritó Sol.

Al inclinarse hacia delante para agarrar mejor el cuello de Luna, Sol prensó su cuerpo contra la desnuda espalda de la castaña. Así Luna notó como los pechos de la rubia se aplastaban contra su espalda, y este hecho la enfureció.

- ¿Sientes mis tetas puta? -se burló Sol-. ¡Éstas sí que son unas tetas de verdad engreída!

Luna no pudo responder ante la ofensa de la rubia, porque no le quedaba aire. Sol iba a ganar, y Luna sacó fuerzas de este pensamiento. Alargando sus brazos hacia atrás, Luna asió los dos cachetes del firme trasero de Sol, y enseguida empezó a triturarlos sin piedad. La rubia gritó afligida, pero mantuvo su agarre. Luna aumentó la presión en el culo de Sol, y Sol apretó con más fuerza el cuello de Luna y tiró más aún de sus rastas. Gritando de dolor ambas ahora, las dos siguieron en esta dura batalla hasta que Luna soltó el trasero de Sol. La rubia creyó que había vencido en este particular duelo, pero se equivocaba. Apoyando las dos manos en la arena, Luna se impulsó hacia arriba con tal fuerza que las dos chicas salieron despedidas hacia atrás, cayendo una al lado de la otra.

Respirando trabajosamente, Luna se sentó en la arena con dificultad. Sol también se sentó, con una mano en la cabeza por el duro golpe que se había dado contra la arena. Segundos después unas palabras cargadas de un ardiente odio rompieron el silencio cargado de jadeos.

- ¿Quieres ahogarme puta? -dijo Luna entre jadeos-. Vayamos al mar y veamos quien es la mejor.

- Como quieras zorra -replicó una fatigada Sol.

Levantándose lentamente, las dos bellezas caminaron hacia el mar, alejándose de la luz de la farola. En la tenue oscuridad, Sol y Luna empezaron a adentrarse en el agua hasta que ésta le llegaba a ambas hasta la altura de la cintura.

- Acércate un poco -dijo Sol-. Aquí está muy oscuro, y quiero verte bien para destrozar cada parte de tu patético cuerpo.

- ¿Destrozarme tú a mí? -dijo Luna cuando las dos estaban separadas por un par de centímetros-. Pronto estarás suplicándome para que deje de golpearte.

- Lo veremos -replicó Sol agarrando repentinamente las rastas de la castaña, que tras soltar un quejido de dolor agarró anhelantemente las rastas rubias de su enemiga. Mientras las dos forcejeaban duramente en el agua, con unos tirones de cabello muy coléricos, los pechos de las dos chicas chocaban juntos constantemente, aplastándose mutuamente.

- Antes has insinuado... ¡uh!... que tus tetas eran... ¡agh!... mejores que las mías -gimió Luna-. ¡Demuéstralo ahora!

- Será un... ¡of!... auténtico placer vapulear tus... ¡ugh!... malditas tetas -gruñó Sol-. ¡Enfrentémoslas ya!

Asiéndose una a otra de los hombros con hostilidad, Sol y Luna embistieron con sus pechos. Un doble gruñido de dolor surgió de sus bocas cuando sus tetas colisionaron con fuerza, nivelándose de igual manera. Enseguida Luna abrazó a Sol y apretó sus tetas contra las de la rubia, haciendo refunfuñar a su rival. Sol replicó abrazando a Luna y comprimiendo las tetas de la castaña con sus propios pechos. Ahora fue Luna quien gruñó angustiada.

Estrujándose por turnos, Luna y Sol siguieron batallando pecho a pecho durante más de dos minutos. Sus abrazos eran cada vez más ardientes y rabiosos, y sus quejidos cada vez más intensos.

Entonces Sol empezó a desabrochar el sostén de su oponente ávidamente, deseosa de liberar los pechos de Luna. Al darse cuenta de ello, la castaña imitó a su rival, intentando desabrochar el sujetador de la rubia. Tan ansiosas estaban las dos por lograr su objetivo, que ninguna acertaba a desatar el sostén de la otra.

- ¡Desengánchate de una vez maldito! -se quejó Sol.

- ¡Vamos suéltate ya! ¡Vamos! -protestó Luna.

- ¡Para! -gritó Sol unos frustrantes segundos después. Sin soltar los cierres de sus sujetadores, las dos bellas chicas se miraron a los ojos entre jadeos-. Me quitaré mi sostén, zorra, si tú te quitas el tuyo.

- De acuerdo puta -respondió Luna mientras las dos chicas retrocedían un paso, despegando sus pegajosos y sudorosos cuerpos. Mirándose directamente a los ojos con ardor y con evidentes ganas de seguir con la pelea, Luna y Sol se desabrocharon sus sostenes con tranquilidad. Una vez liberadas sus tetas, las dos se las miraron con desprecio.

- No diré nada de tus patéticas tetas, furcia -dijo Luna con menosprecio-. Cuando nuestros pechos se encuentren ya verás quien tiene las mejores tetas.

- Tampoco diré nada de tus inservibles orbes, guarra -replicó Sol con desdén-. Que nuestras tetas hablen por nosotras.

Entrelazando sus manos, Luna y Sol tomaron aliento y, al unísono, embistieron con sus tetas. El brutal choque de sus desnudos pechos hizo gemir de angustia a ambas, pero enseguida se recuperaron y empezaron a luchar con pasión. Con sus brazos extendidos perpendicularmente a sus cuerpos, rubia y castaña golpearon, embistieron, restregaron, aplanaron, abordaron y defendieron con sus atractivas tetas. A causa del idéntico tamaño, forma y firmeza de sus pechos – aunque ninguna aceptaría nunca esta realidad– , el pasional duelo estaba claramente empatado. Ni Luna ni Sol podían imponerse a la rival; ni siquiera podían sacar algo de ventaja. Daban y recibían la misma cantidad de dolor y aversión; una cantidad muy elevada. Gruñendo, gimiendo, jadeando, renegando y maldiciendo, las dos jóvenes lucharon durante casi cinco impetuosos minutos de esta manera, sin ceder en ningún momento ante la rival.

Hasta que repentinamente Sol, colérica por el estancamiento, abrazó con resentimiento a Luna, triturando así las tetas de la castaña con sus pechos. Luna gimió llorosa, pero pudo replicar con un iracundo abrazo. Sol fue la que sollozó ruidosamente ahora, al sentir como las tetas de Luna penetraban en sus pechos.

Muy furiosas las dos, Sol y Luna empezaron a tambalearse por el agua, con sus cuerpos – y en especial sus pechos– extremadamente juntos. De un lado a otro, ambas batallaron entre gritos de odio y sufrimiento.

Sollozantes, las dos chicas cayeron finalmente al agua con un doble chillido de desolación. Separando sus doloridos cuerpos, Luna y Sol empezaron ahora un nuevo duelo, pues ambas intentaban ahogar a su rival introduciendo su cabeza bajo el agua. Continuamente se hundían la una a la otra; continuamente sus cabezas asomaban del agua ansiando respirar. Las chicas habían perdido el control, y la lucha era ahora un amasijo de brazos, piernas, cabezas y cuerpos que giraban, se hundían y volvían a salir, gritaban y blasfemaban.

Hubo un momento en el que las dos guapas jóvenes se hundieron mutuamente bajo el agua, y desaparecieron de la superficie del mar. Varios largos segundos pasaron mientras unas excitadas burbujas explotaban en el lugar donde ambas habían desaparecido. Las burbujas dejaron de aparecer, y unos segundos más pasaron. Y entonces Luna salió gateando del mar, tosiendo agua mientras se arrastraba más al interior de la orilla.

Entonces la castaña oyó algo, y mirando a su derecha vio a Sol saliendo a gatas del agua, a unos tres metros de ella. La rubia también expulsaba agua de su boca. Y en ese momento Sol la miró, y sus miradas se cruzaron. Y supieron que, aunque estaban totalmente agotadas, la pelea aún no había acabado.

Sin fuerzas, castaña y rubia gatearon hacia su oponente. Y cuando estaban al fin a escasos centímetros de la rival, Luna y Sol se agarraron de las rastas con odio. Cayendo sobre la arena, que se pegaba a sus mojados cuerpos, las dos rodaron lentamente por la playa en busca del desenlace.

Fue entonces cuando Luna logró colocarse sobre la rubia y, agarrando las rastas de los costados de la cabeza de Sol, la inmovilizó contra la arena. En un último esfuerzo, Luna dejó caer sus desnudas y enrojecidas tetas sobre el rostro de Sol. La rubia intentó huir, pero ya no tenía fuerzas, por lo que sólo unos segundos después Sol se desvanecía al no poder respirar. Luna, extenuada y con todo el cuerpo doliéndole, se dejó caer a un lado. Mirando el nocturno cielo, Luna descansó durante más de quince minutos, y entonces pudo reunir las fuerzas justas para levantarse, vestirse y marcharse tambaleante a su coche.

Y casi veinte minutos después, Sol empezó a despertarse. Aún sentía el sabor de las tetas de Luna en su boca, por lo que la humillante derrota le vino enseguida a la cabeza.

« Maldita puta» , pensó la rubia intentando que su dolorido cuerpo respondiera a la orden de levantarse. « No creas que esto ha acabado aquí. Pronto volveremos a pelear, y entonces te demostraré que soy la mejor» .

Sol pudo unos minutos después levantarse, y mientras buscaba su ropa, un último pensamiento le vino a la cabeza.

« Y, por supuesto, lamerás mis tetas»

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