DUELO DE RASTAS I: SOL VS LUNA
POR ANUBIS
Las
dos veinteañeras parecía que se llevaban despreciando desde siempre, pero en
realidad ellas solamente se conocían desde hacía casi cinco meses. Luna y Sol
eran dos estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras; Luna era de Historia
del Arte y Sol de Filología Clásica. Las dos chicas eran las únicas que llevaban
rastas en esa Facultad, y por ello -y por su gran
parecido físico- todos las comparaban. Realmente
las dos parecían gemelas, y ambas se habían dado cuenta
de ello.
Las dos jóvenes tenían cuerpos idénticos: delgadas, con tetas
medianas pero firmes, con traseros compactos y algo respingones, con estrechas
caderas extremadamente sensuales, con perfectos vientres lisos. Sus rostros no
eran espectaculares, pero destilaban un innegable atractivo, especialmente los
eróticos labios de las chicas. Y para mayor coincidencia, ambas llevaban rastas
de idéntica largura y hechura, pero aquí radicaba la única diferencia: Luna
tenía el cabello castaño y Sol lo llevaba rubio.
Y eran estas rastas las que encantaban a todos los chicos, ya
que otorgaba a ambas un morbo increíble.
El oír una y otra vez dichas comparaciones empezó a enojar a
las dos bellezas, hasta el punto que cuando alguien nombraba a la otra chica, la
presente la criticaba abiertamente.
- No vale nada, yo soy más guapa.
- Ah, no me hables de esa creída. Yo
estoy mejor.
- Anda, yo tengo mejor cuerpo que esa
estúpida.
- Se creerá que tiene tetas con ese
escote.
No era ningún secreto pues que
Sol y Luna no se gustaban. Enseguida varios chicos de la Universidad empezaron a
intentar enfrentar a ambas bellezas, ansiosos por ver lo que sería la pelea del
siglo.
Ahora Sol y Luna empezaron a competir en todo lo que podían:
ambas comenzaron a practicar deportes para parecer más fuerte que la rival;
ambas comenzaron a apuntarse a todas las charlas y congresos para parecer más
inteligente que la otra; ambas comenzaron a ayudar a diversas obras benéficas
para parecer más solidaria que su oponente...
Tanto Luna como Sol aumentaron su popularidad entre los
universitarios con sus logros deportivos, sus obras de caridad, sus charlas
sobre diversos temas de actualidad. La influencia de ambas era increíble, y
todos sabían que pronto habría un duro duelo por la cima.
Esta creciente rivalidad se notaba especialmente cuando ambas
chicas se cruzaban por los pasillos. Eran momentos de un silencio tenso, con
unas rápidas miradas llenas de maldad y rencor, con falsas sonrisas que ocultan
envidias y odios.
La Fiesta de la Primavera llegó. En el campus universitario
se celebraba una loca fiesta, con todos bailando, bebiendo y ligando. Y también
compitiendo. Luna y Sol, cada una empujada por sus amigos, subieron a un pequeño
escenario, mientras Pedro, un joven alumno de Historia, animaba desde el
escenario al público a decidir quién era la chica más sexy de las dos. Enseguida
todos comenzaron a gritar, unos a favor de Sol y otros de Luna. Ambas se lo
tomaron muy en serio, y empezaron a animar al público para que la eligieran.
Pero tras un par de minutos caóticos, no quedó claro a quien
prefería el público, por lo que las dos jóvenes bajaron del escenario enojadas,
dirigiéndose a una zona apartada y apenas iluminada de la Universidad, decididas
a aclarar sus diferencias de una vez por todas.
Con un odio palpable en el ambiente, Luna clavó su
entrecerrada mirada en los enojados ojos de Sol. La rubia intentó intimidar a
Luna sacando pecho, pero la castaña no se intimidó, sino que sacó pecho por
respuesta. Ambas siguieron mirándose a los ojos fijamente, sin acobardarse ante
la rival.
- Yo he ganado esta noche
zorra, porque estoy más buena que tú -declaró Sol
colocando sus manos sobre sus caderas-. Por mucho
que lo intentes, yo seguiré siendo la mejor.
- ¿Cómo te lo puedes tener tan
creído puta? -dijo Luna torteándose su propio
trasero-. Estoy mucho más buena que tú, y lo
sabes.
- Díselo a los chicos que han
venido a verme hoy -dijo Sol dando un paso
adelante-. Has sido superada por la chica más
exuberante de aquí.-
- No me hagas reír -Luna
dio un paso adelante-. El día que me superes en
algo será porque las gordas feas se pongan de moda.
- No me hagas reír tú a mí
-Sol presionó sus tetas contra las de Luna, y los
pechos de ambas bellezas se hundieron varios centímetros en las tetas rivales-.
Y hablando de gordas, tus caderas son más anchas que el Titanic.
- Mis caderas son perfectas. Y
desde luego el resto de mi cuerpo le da mil vueltas al tuyo -dijo
Luna presionando aún más sus tetas contra las de Sol.
- ¡Está bien! -dijo
Sol empujando a Luna-. ¡Ahora voy a patearte el
trasero guarra asquerosa!
-¡Ven a intentarlo zorra
barata! - retó la castaña.
Tras girar en círculos una alrededor de la otra, mirando con
precaución cada movimiento de la rival -se jugaban
mucho en este duelo- Sol arremetió contra Luna y
la empujó con ambas manos. Luna retrocedió unos pasos, pero enseguida arremetió
contra la rubia y la empujó con sus dos manos. Tras dar unos pasos atrás, Sol
volvió a empujar a Luna, pero ahora colocó sus manos sobre las tetas de Luna
antes de empujarla. Con un quedo gemido, Luna empujó de nuevo a Sol, apoyando
también sus manos sobre las tetas de la rubia. Sol gimió levemente y arremetió
contra la castaña, mientras Luna hacía lo mismo. Las dos chicas se empujaron las
tetas a la vez con rabia, aplanándolas durante un segundo antes del mutuo
empujón. Con un doble gruñido, Luna y Sol volvieron a empujarse de esta manera,
volviendo a gemir de irritación y dolor.
Mirándose ahora fijamente a los ojos, sin ocultar la rabia
que corría por sus venas, rubia y castaña se detuvieron un momento. Luna vestía
unos vaqueros azules, una camisa celeste de mangas largas y calzado deportivo,
mientras que Sol llevaba, aparte de unos tenis, una camiseta negra sin mangas y
unos vaqueros oscuros. Unos segundos después Luna rompió el tenso silencio.
- Veamos lo duras que son tus
rastas puta -gruñó Luna levantando sus manos y
caminado hacia la rubia.
- Pronto estarás calva zorra
-replicó Sol aceptando el reto.
Las dos jóvenes se agarraron sin dudarlo las rastas,
tironeando con todas sus fuerzas y con ambas manos. Tanto Sol como Luna gemían
doloridas, pero ambas apretaban los dientes para evitar gritar. Las dos
mostraron ser muy diestras en este duelo, ya que sabían perfectamente donde
agarrar y como tirar de las rastas de la rival para causar el mayor daño
posible. Parecía que en cualquier momento alguna de sus rastas sería
dolorosamente arrancada de alguna cabeza, pero ese añorado logro, deseado
fervientemente por ambas, no llegó.
Así, tras un apasionado minuto, las dos bellezas se separaron
con brusquedad. Ambas jadeaban intensamente, y ambas sentían un penetrante dolor
en sus cueros cabelludos.
- Una mano en las rastas... y
otra en el culo -jadeó Sol.
- Será un placer -aceptó
Luna.
Acercándose de nuevo, las dos chicas se agarraron mutuamente
las rastas con la mano derecha y el trasero con la zurda. Así ambas comenzaron a
tironearse duramente del cabello mientras con la otra mano se estrujaban
enojadamente el trasero. Ahora los gemidos eran más altos, y sus bellos rostros
mostraban con claridad el sufrimiento que estaban padeciendo. Mientras peleaban,
sus pechos chocaban ocasionalmente, provocando un punzante malestar en las dos
jóvenes.
Tras un par de minutos de perseverante igualdad, Sol logró
dar un violento tirón de las rastas de Luna, obligando a la castaña a mirar
hacia arriba. Luna cerró amargamente los ojos mientras soltaba un grito de
angustia. La rubia acompañó este ataque con un fuerte estrujón de una nalga de
Luna, que no pudo soportarlo más y empujó a su oponente.
Mientras Luna se masajeaba su cabeza y su trasero con una
pequeña lágrima en una de sus mejillas, Sol sonreía entre jadeos.
- ¿Has tenido bastante furcia?
-dijo la rubia.
- Guarra engreída -susurró
amenazadoramente Luna-. ¡Ahora con ambas manos en
el culo! ¡Y con nuestras tetas juntas! ¡Muy juntas!
- ¡Cómo quieras! -replicó
Sol mientras las dos se acercaban a la rival.
Luna y Sol se agarraron ambas nalgas con rapidez, chocando
ásperamente juntas sus tetas. Tanto la castaña como la rubia empezaron a gemir
oprimidas mientras aplanaban sus tetas unas contra otras y mientras se
estrujaban viciosamente los traseros. En este momento ambas se dieron cuenta de
todo el esplendor del culo de la rival, y ambas notaron como una nociva
sensación de envidia iba ascendiendo por sus gargantas, hasta llegar a sus
lenguas.
- ¡Puta de mierda! -graznó
Sol.
- ¡Zorra asquerosa! -rugió
Luna.
Lentamente el pecho de Luna fue clavándose más y más
profundamente en las tetas de Sol, que iba notando la lenta derrota de sus
amados pechos. Luna también lo notó, y estrujó con más fuerza aún el culo de la
rubia, que gritó angustiada y empujó a su oponente, rabiando por la derrota.
Ahora Sol se masajeaba sus pechos y su trasero mientras una jadeante Luna
sonreía victoriosa.
- Ahora se ha visto quien es la
mejor guarra -dijo Luna.
- ¡Maldita furcia! -se
enojó la rubia-. ¡Quiero exprimirte esas malditas
tetas tuyas puta!
- ¡Pues aquí las tienes!
-gruñó la castaña quitándose la camiseta y mostrando un
sostén blanco– . ¡Ahora tú zorra! ¡También estoy
deseando estrujártelas!
- ¡Te arrepentirás de esto!
-dijo Sol quitándose su camiseta y dejando al
descubierto un sostén negro.
- ¿Qué te parece triturarnos
una teta mientras nos tiramos del pelo prostituta? -propuso
Luna-. Echo de menos destrozarte tus patéticas
rastas.
- Será un placer arrancarte a
la vez tus repugnantes rastas y una de tus nauseabundas tetas zorra -replicó
Sol.
Las dos iracundas chicas se acercaron otra vez y se agarraron
las rastas con la mano izquierda. Entonces ambas bajaron la vista a sus pechos y
lentamente acomodaron sus manos diestras a los esféricos orbes de la rival. Así,
tras una mirada de animadversión, Sol y Luna empezaron a estrujarse la una a la
otra una teta rabiosamente al mismo tiempo que se tiraban furiosamente de las
rastas. Aunque las dos habían aceptado el reto seguras de sí mismas, ninguna
imaginaba el inmenso tormento que iban a sufrir en sus queridas tetas. Ambas
clavaban sus uñas en el pecho de la antagonista al tiempo que la torcían o
exprimían con auténtico odio. Luna y Sol sólo podían gritar angustiadas e
intentar devolver el máximo dolor a la oponente. Incluso apenas se acordaban de
tirar de las rastas rivales, más bien se agarraban a éstas inconscientemente,
como si este hecho fuera a reducir el sufrimiento.
Tras más de dos minutos de cruel duelo, Luna volvió a
mostrarse superior a la rubia, ya que logró torcer la teta de Sol más de 90º,
haciendo gritar de extremo dolor a la rubia, que empujó a Luna mientras varias
lágrimas caían por su rostro.
Pero ahora ninguna parecía ganadora. Sol y Luna empezaron a
masajearse sus doloridos pechos mientras jadeaban fatigadas. Sus rostros estaban
enrojecidos y llenos de lágrimas.
- He vuelto a ganar furcia
-jadeó la castaña-.
Vamos 2 a 1. ¿Quieres seguir?
- Por supuesto
– jadeó Sol-. Te
demostraré que soy mejor que tú puta. Quiero tu culo y tu otra teta.
- Será un placer zorra -respondió
Luna.
De nuevo las dos bellezas se acercaron la una a la otra,
agarrándose mutuamente la teta aún no dañada y el trasero. Sin demora, las dos
empezaron a lacerarse con una energía increíble en las dos fatigadas y doloridas
jóvenes. Sólo su ardiente rivalidad les daba fuerzas.
Pero de nuevo las dos chicas empezaron a chillar y a sollozar
desconsoladas al sentir las manos rivales penetrando cruelmente en sus tetas y
traseros. Ninguna podía creer que la adversaria pudiera causarle tanto daño,
pero esto era una realidad dolorosamente palpable.
Sin embargo el cansancio y el tormento provocaron que este
nuevo reto durase apenas un minuto, ya que Sol imitó a su rival y torció el
pecho de Luna más allá de lo humanamente posible. Luna gritó con verdadera
angustia y empujó a Sol, dándole la victoria a la rubia.
- 2 a 2 -dijo
una extenuada Sol-. ¿Con ambas manos en las tetas?
- Sí por favor -anheló
Luna-. Te estrujaré esas debiluchas tetillas.
- Te arranque de cuajo esas
diminutas peritas -jadeó Sol.
- ¿Te atreves sin sostén
mujerzuela? -retó la castaña-.
¿O tienes miedo?
- Tú serás la que acabe
suplicando clemencia prostituta -gruñó la rubia.
Las dos chicas se quitaron enseguida sus sujetadores,
mostrando unas medianas y sensuales tetas, algo enrojecidas por los duelos
anteriores. Sol y Luna observaron detenidamente los pechos de la oponente. Estos
eran los pechos que toda la Universidad había estado comparando durante estos
meses, y ahora ellas mismas contrastaban. A pesar de ser idénticos, las dos
jóvenes se veían superiores a la rival, y esto se reflejo en sus rostros.
- ¿Son esas las tetas de las
que todo el mundo habla? -dijo Sol-.
Son realmente repugnantes y pequeñas.
- ¿Y esos son los pechos que
todos comparaban con los míos? -dijo Luna-.
Ridículos y desagradables.
- ¿Por qué no vemos de una vez
quien tiene las mejores tetas zorra? -Sol alzó sus
manos en forma de garras.
- Ahora mismo lo resolveremos
-Luna alzó sus manos y caminó hacia la rubia, que
ya andaba hacia ella.
Entonces Luna y Sol se agarraron las tetas ansiosamente,
comenzando a estrujárselas con rabia. Mientras Luna pellizcaba una teta, Sol
prensaba otra; mientras Sol arañaba una teta, Luna trituraba otra. Sollozantes,
ambas chicas siguieron destrozándose mutuamente los pechos, aumentando el daño
cada vez más. Sus jadeos se convirtieron en gruñidos, y éstos enseguida se
transformaron en agónicos gritos. A pesar del extremo dolor, ni Sol ni Luna
cedían.
Hasta que ambas empezaron a empujar a las tetas rivales hacia
arriba, alzándolas dolorosamente. Las dos soltaron un desgarrador grito pero
siguieron con la tortura, hasta que, hartas del lastimoso empate, ambas chicas
se soltaron y chocaron bruscamente teta a teta, gimiendo al unísono. Abrazándose
ávidamente, deseosas de demostrar quien tenía mejores tetas, Luna y Sol
empezaron a prensarse duramente. Sus enrojecidos pechos se aplanaron muy juntos,
causando un áspero tormento a las dos jóvenes.
- Mis tetas te han derrotado
antes -gruñó Luna-.
¡Y volverán a hacerlo puta!
- ¡Ésta vez no zorra! -gimió
Sol.
Abrazadas aún más estrechamente, las dos enojadas chicas
siguieron batallando pecho a pecho, hasta que a la vez se empujaron coléricas.
Entonces, enlazando las manos, las tetas de Sol y de Luna
colisionaron juntas con ímpetu. Gruñendo por el golpe, las dos chicas empezaron
a frotarse sus pechos arriba y abajo, a un lado y al otro, áspera y
viciosamente. Los jadeos entrecortados se mezclaban con los gruñidos de
angustia, y sobre todo ello destacaban los eróticos sonidos que los choques y
fricciones de los pechos de ambas bellezas producían.
Los minutos pasaron, y las ardientes chicas fueron
fatigándose hasta caer de rodillas. Así siguieron abrazándose con rencor, hasta
que unos pasos y unas voces alertaron a las dos chicas. Separándose
repentinamente, Sol y Luna oyeron a un grupo de gente acercándose. Rápidamente
las dos se vistieron, sin dejar de mirarse fieramente. Entonces ambas se
levantaron.
- Volveremos a vernos zorra
-dijo Sol.
- Tenlo por seguro -replicó
Luna-. Aún tenemos que resolver lo nuestro.
Luna y Sol se marcharon, cada una por un lado, justo a tiempo
para evitar ser vistas por un grupo de universitarios borrachos que cantaban
canciones obscenas. Ambas llegaron a sus casas y se tumbaron en sus camas,
durmiéndose enseguida. Luna y Sol soñaron con violentos sueños.