No habíamos recorrido ni diez metros cuando nuestra
obligación cívica nos hizo llamar a la policía local. Lo que estaba haciendo
aquella preñada iba claramente contra las ordenanzas municipales. Se veía que
estaba embarazada, pero aquella cría ya había delinquido al intentar robarle el
ordenador a nuestro amigo hacia seis meses y ahora lo seguía haciendo.
Afortunadamente, es bueno tener amigos en todas partes y más si son policías.
Así pues, saque el móvil, busque el número adecuado y lo marque. Después de un
rato, una voz familiar me contesto.
-¿Diga?
-¿Sebastián? Soy Carlos, el del gimnasio.
-¿Que pasa chavalote? ¿Como va la vida?
-Bien. Oye, estoy delante del Hipercor y estamos viendo a una
Okupa preñada haciendo juegos malabares junto a otros piojosos.
- Estos hijos de puta se buscan la vida como pueden. Si no es
robando, es mendigando. Si no te ha intentado robar, pasa de ella.
-Bueno, si estas trabajando por aquí y el compañero que
llevas es de confianza, podríamos sacar un poco de basura de la calle - Le dije
a mi amigo policía, mientras sonreía a Nando.
-Jajaja, que cabron - se rió Sebas - si la rata es una chica
y tu tienes interés en ella, esta jodida. En dos minutos estamos allí.
Efectivamente, no habíamos terminado de aparcar el coche
cuando un vehiculo de la policía local aparecía en escena. Su sola presencia
hizo que el grupo variopinto de okupas empezaran a correr en todas direcciones.
Con la experiencia que dan los años de servicio, el sargento de la urbana cerro
el paso a dos ratas que escapaban en dirección contraria a su llegada y en un
momento, su compañero y el, habían tirado al suelo y esposado a los fugitivos.
Mientras, otro peludo y nuestra "amiga" huyeron hacia el otro lado, justo hacia
nosotros.
Cinco metros antes de llegar a nuestra posición, la preñada
nos reconoció. Lamentablemente, ya era tarde para ella.
-Alto, policía! -chille al tiempo que abría por la mitad mi
cartera y se la ponía en los morros a los prófugos. Evidentemente, no tenía
ninguna placa dentro, pero lo hice con tanta velocidad que se lo creyeron.
Pararon en seco. Los dos parecían muy asustados. Sabrina
lucia sus sempiternas botas militares, unos pantalones "cagones", un yérsey que
podría haber sido de su abuela y por la forma en la que se le marcaban los
pezones, sin sujetador. Parecía que se había adelantado a nuestros deseos y
también lucia un bonito collar perruno, de los de Castigo, pero con los pinchos
hacia fuera. Su acompañante era también muy joven. Tenía el mismo aspecto sucio
y desaliñado que la malabarista ocasional.
- Policía -repetí yo, metido en mi papel - estáis detenidos
por...
Sin darme tiempo a decir nada mas, el niñato empujo a su
compañera contra nosotros y salio corriendo, perdiéndose entre un grupo de
personas que salían del metro.
-Hola zorrita. -Saludo Fernando a nuestra "detenida", al
tiempo que la cogía fuertemente por los brazos- Cuanto tiempo. ¿Te acuerdas de
nosotros?
Sabrina tenía los ojos abiertos como platos. El terror a la
policía y el recuerdo de nuestro ultimo encuentro, hizo que se quedara
totalmente rígida. Mientras, al otro extremo de la calle, Sebastián y su
compañero ya habían metido en el patrulla a los dos detenidos, bajo la acusación
de intento de agresión a dos policías al intentar identificarlos. Tras
cerrar la puerta del coche, el fornido sargento se acerco a nosotros
-Así que esta es la perrita que ha provocado que me tenga que
pasar las próximas dos horas inventándome una denuncia por agredirme para sus
compañeros - pregunto divertido mi amigo - las manos contra el coche, golfilla.
Solo cuando se dirigió a ella, sabrina salio de su estado de
pánico.
-Ayúdeme, por favor - le dijo, con un hilo de voz, al
sargento de la policía local - ayúdeme. No deje que lo vuelvan a hacer.
-Tu nivel de castellano ha mejorado mucho desde nuestra
ultima cita -comente a la italiana.
Ella me miro y al reconocerme también, torció la boca, en un
gesto de profundo miedo, al tiempo que se le humedecían los ojos.
-Por favor - le repitió a Sebastián
-He dicho que las manos contra el coche - le repitió el
sargento, y con la experiencia que da la practica, le soltó un guantazo que la
hizo girar sobre sus talones.
Antes de que la niñata supiera de donde había venido la
galleta, ya tenía las manos sobre el coche y el policía iniciaba su registro.
Otra vez demostró los años de servicio y tras unos segundos de cacheo, localizo
una navaja automática en el bolsillo del pantalón.
- Vaya, que sorpresa - dijo con ironía Sebastián mientras
ponía el pincho sobre el coche -si la rata tiene dientes. La has cagado llevando
un arma oculta. Seguro que lleva mas cosas escondidas ¿Donde llevas la droga,
golfa?
La veterania le decía que estos elementos solo llevan un arma
para defenderse y una vez localizada, son bastante inofensivos. Así pues, se
dedico a "registrarle" a fondo las tetas, estrujándoselas y tirando de los
pezones, eso si, visto desde fuera, parecía un cacheo totalmente normal. Tras
este magreo en los pechos, bajo por la cintura para proseguir su "tarea".
Todavía hoy no estoy totalmente seguro de lo que vi, pero
hubiera jurado que un segundo antes de meter su mano dentro del pantalón de
nuestra "detenida", Sebas había cogido algo de su bolsillo.
-aquí esta. Lo sabia - comento triunfante el sargento - estos
perros siempre llevan droga para colocarse. La muy pilla lo llevaba en el
coño. A ver si lleva más...
Su mano desapareció otra vez bajo el pantalón, pero ahora se
entretuvo en el coñito de Sabrina y por la cara que puso, esta vez, el policía
había metido los dedos hasta el fondo. Cuando despejo la parte anterior, cambio
el área de registro y tras palpar las piernas de la okupa, su diestra se volvió
a introducir en los pantalones. Los ojos desmesuradamente abiertos de la
chica me hicieron sospechar de donde había metido los dedos mi amigo. Cuando el
sargento saco la mano del pantalón y se la restregó por la cara, dejando un
rastro marrón, mis sospechas se confirmaron: había visitado el ojete que
hacia pocos meses, nosotros mismos, habíamos estrenado con gran placer.
-Joder con la hija de puta ¿pues no lleva droga para vender y
ha intentado atacar a un policía con una navaja? - pregunto con una sonrisa
irónica Sebas - ¿queréis que la detenga y la joda un rato?
-Gracias machote, pero si no tienes problemas, de eso nos
encargaremos nosotros - Le conteste mientras la esposaba - y no será
precisamente un rato corto.
-Jajaja. Que hijos de puta. Bueno, para mi informe constara
que la mujer fue detenida por dos agentes de la policía nacional por tráfico de
drogas a gran escala. Eso frenara las preguntas de mis jefes y, si esta aparece
en una cuneta, les dará una pista falsa para buscar, pero no creo que
investiguen mucho la muerte de una extranjera.
- perfecto Sebas. Nos la llevaremos y le enseñaremos buenos
modales. Si quieres participar...
-Esta complicado hoy... Lastima, me hubiera gustado enseñarle
algunos trucos nuevos a esta cachorrita.
- No se preocupe sargento, si conozco bien al cabrito que
tengo a mi lado, yo diría que incluso si tiene ocupado el próximo mes,
llegara a tiempo de probar a la espagueti - le comento en tono jocoso Fernando
al policía - ¿no es cierto, pichabrava?
- jajaja, ya re digo. Incluso podrá comparar como folla
cuando esta preñada y cuando no.
-No me jodas que vas a adoptar a la criatura y todo -
pregunto mi colega, sorprendido.
- Bueno... Todo depende si es una hembra o no - dije con una
sonrisa.
-Lo dicho, eres un perfecto hijo de la grandisima puta,
Carlitos - contesto el chico de azul - Anda, llévatela y dale toda la educación
y amor que no ha tenido nunca.
-Si, amor en barra le vamos a dar ¿he Carlos?
- por supuesto. MUCHO amor en barra. Se va a convertir en la
preñada mas amada de Europa. Y luego... ya veremos. Pasa para el coche,
delincuente.
Diciendo esto, la agarre por los pelos y la lance dentro del
vehiculo. Fernando se sentó al volante y yo me acomode detrás, con nuestra
"prisionera". Para evitar que nadie la viera dentro del coche, una vez en
marcha, la tumbe en el suelo y le puse el pie en la cabeza. La pequeña zorrita,
viéndose realmente jodida, empezó a chillar y no me quedo mas remedio que
quitarle el collar de castigo que lucia y ponérselo al revés. Cuando noto las
primeras puntas mordiéndole el cuello, se callo de golpe. Acababa de descubrir
un método que facilitaría enormemente su adiestramiento.
Una vez recuperado el tan apreciado silencio, le dije a
Fernando que se dirigiera al Garraf; es un parque natural donde esta prohibido
edificar actualmente, pero que conserva las casas que había antes de que fuera
dictada esa ley. Allí mi familia tiene una casa tradicional donde suelo montar
algunas fiestas de lo más desmadrado. La ventaja que tiene aquello es que esta
en el culo del mundo y queda lejos de los caminos frecuentados por los
excursionistas. Es el lugar ideal para amansar y adiestrar a una fiera salvaje
como Sabrina.
-¿Que quieres hacer con ella? - pregunto mi amigo después de
un rato de viaje- ¿nos divertiremos otra vez?
- !Por supuesto! No te creas que la he recogido de la calle
para darle una educación simplemente por compasión. Nos vamos a divertir mucho
de aquí en adelante. - conteste
La verdad es que, al principio, había llamado al sargento
solo para reírme un rato. Para ver cual era la reacción de aquella preñada
cuando un policía la hacia correr, pero las cosas habían discurrido por otros
cauces. Cuando Sebastián insinuó con tanta frialdad que le daría igual si
aparecía en una cuneta o no y que la investigación no seria muy a fondo, se me
encendió una luz: si la policía le prestaría poca atención al homicidio de una
extranjera, no le prestaría ninguno a su desaparición.
Veinte minutos después, abandonábamos la autopista y tras
otros quince de pista forestal, llegábamos a la masía. Cuando paramos y bajamos
del coche, nuestra pequeña amiga intento salir corriendo, pero una eficaz
zancadilla de Nando evito que llegara demasiado lejos, haciéndola caer al suelo.
Al ver frustrada su fuga, la okupa empezó a chillar como una cerda.
Resoplando, me acerque hasta ella, la cogí por las rastas y
le pegue un tirón que la puso en pie. Todavía tenía las manos esposadas a la
espalda y mientras le pellizcaba un pezón, aproveche para ponerla al día de su
situación:
- Vamos a ver, pequeña golfa... Estas en una masia aislada en
medio de un parque natural. El alma mas cercana esta a mas de una hora andando y
los que estamos aquí no tenemos la mas mínima intención de acercarte a la
civilización. Quiero que hagas una prueba: grita a todo pulmón pidiendo ayuda.
No se lo tuve que repetir. Sabrina profirió un berrido digno
de concurso. "Otra vez" le dije y para motivarla, retorcí con verdaderas
ganas su cautivo pezón. Este, al percibir presión, actuó como tenia que hacerlo
en una futura mama y libero una pequeña cantidad de leche que humedeció mis
dedos. El chillido volvió a resonar en la casa, pero como la vez anterior, no
paso absolutamente nada.
- ¿Te convences ahora? Nadie te escuchara por mucho que
chilles y por muy fuerte que lo hagas. Ahora eres de nuestra propiedad y cuando
antes lo asumas, antes estarás lista para el próximo paso en tu adiestramiento.
"hasta ahora no has tenido una educación. Has hecho lo que te
ha dado la gana y por eso de ves así ahora: sucia, andrajosa y embarazada.
Corregiremos todo eso y cuando terminemos, te preguntaras como podías vivir
antes así. Será un trabajo duro, por que ya tienes una edad donde los vicios son
difíciles de borrar, pero te garantizo que dentro de un año, serás una preciosa
sumisa que se correrá con solo imaginar que nos das placer; si te lo permitimos,
claro."
"La primera lección es muy sencilla: siempre que uno de
nosotros este cerca y si no recibes ordenes en contra, estarás de rodillas, así
que al suelo"
Sabrina eligió el peor momento para intentar mostrar su
espíritu indomable, me miro desafiante y se negó a postrarse tal como se le
había ordenado. Afortunadamente, he domado a muchas perras de dos y cuatro patas
y conocía el procedimiento a seguir. Una fuerte torta en la cara, con el dorso
de la mano, la desoriento lo suficiente como para que la segunda la hiciera caer
al suelo, de rodillas. Una vez allí, puse su cabeza entre mis botas y sacándome
el cinturón, le di diez fuertes correazos en las nalgas. Los impactos
restallaron en el silencio del paraje y tras cada uno de ellos, un grito agónico
de la alumna.
- Observa bien tu posición, pequeña - le dije a la llorona de
tenia inmovilizada entre las botas - hace un momento, te he ordenado que te
pusieras de rodillas y tú, te has negado. Me has obligado a usar la fuerza
para que cumplieras lo que te he mandado y a castigarte muy suavemente por ser
tu primera falta.
"Creo que todavía no lo has visto. Te lo explicare: ahora
estas tal como te había ordenado al principio, pero con dos caricias en la cara
y otras diez en el culo. Te las habrías podido evitar si hubieras obedecido sin
pensar al recibir la primera orden."
" En el adiestramiento se actuara como con los animales de tu
inteligencia, es decir, si actúas bien y cumples sin pensar lo que se te manda,
simplemente , no se te castigara. Si tu obediencia es constante, se te podrá
llegar a recompensar, pero si no haces de inmediato lo que se te ordena, serás
castigada severamente y al instante."
" Cuando se te haga una pregunta, responderás siempre la
verdad, sin rodeos y siempre usando la figura "Amo" al dirigirte a
nosotros. Si no cumples, se te aplicara la medida correctora que se considere
adecuada y se volverá a hacer la pregunta. Si la segunda respuesta no es
satisfactoria, se te multiplicara el castigo por dos, luego por cuatro e iremos
subiendo . Esta es la segunda lección. ¿La has entendido?
Silencio. No obtuve respuesta de la okupa, que solo usaba la
boca para gemir como un perro enjaulado por malo. Evidentemente, esa no e a la
contestación indicada y no tuve más remedio que aplicarle otra serie de diez
latigazos en el culo. Repetí la pregunta y la misma respuesta: lloros y gemidos,
así que doble la ración: veinte
-Llevamos 20. Me estoy empezando a calentar - le dije
mientras movía el hombro - la próxima tanda es de 40. Soy consciente de que eres
una perra maleducada, pero tengo que confesarte que no me gusta el castigo más
que cuando es necesario. Así pues, te repito antes de empezar la tercera tanda
¿has entendido la primera lección?
- si, hijo de puta -respondió desafiante Sabrina-
-Ñec! Respuesta incorrecta - se burlo Nando desde su espalda.
Ya tenia el cinturón en la mano y comprendí que le apetecía darse el trabajo de
ayudar a encarrilar a la italiana - Hay tías a las que les va la marcha
Sin pronunciar ni una sola palabra más, descargo su primer
golpe. El aire retumbo, seguido de otro berrido. Dos, tres... Diez, once,
doce...con el vigesimosetxo correazo se rompió el pantalón y se deslizo hasta
las rodillas, dejando a la vista un culo absolutamente rojo, donde las partes
mas expuestas y que mas castigo habían recibido ya tenían un tono violeta. El
vigésimo séptimo arranco un chillido más agudo si cabe del joven aprendiz, pero
no fue hasta el trigésimo segundo que se obro el milagro
- Lo he entendido, Amo! - berreo Sabrina - por tutto los
santos, no me pegue mas!!!.
-Ole! Muy bien! Pero si la preñada tiene lengua y orejas para
escuchar - le dijo Nando con evidente sarcasmo, suspendiendo el castigo - ¿Así
que has asimilado la primera lección ?
- Si, Amo - volvió a contestar
- Bien. Vamos progresando. ¿Ves como no es difícil? Sabíamos
que lo entenderías. Ahora fíjate bien, por que te voy a dar la segunda
Y mientras el cinturón de piel volvía a surcar el aire, Nando
le explico que cuando se empieza un castigo, no se para hasta terminarlo.