Jida
Hay un lugar recóndito en mis sueños, al que acudo cuando
siento abulia y desidia. La vida se repite cada día, más de lo mismo, todo es
mecánico, hasta el tedio es mecánico. Acosados por la nada, siempre la nada, que
es como la muerte.
En ese lugar había Jida, mi musa erótica, construida con el
sueño de los placeres no vividos y el tormento de la incertidumbre de que no
habrá realidad que los desplace. Ella, mi musa, es diferente, sencilla, y
extraña. Siempre acudo a sus brazos cuando quiero sentir lo que no puedo sentir
con las mujeres reales que se acercan a mi vida, y sin embargo, ella es una
mezcla de todas las aspirantes a puta que he conocido, todas queriendo ser la
mejor, y a veces la única.
Pero hace un par de semanas ocurrió algo que cambió mi vida,
Angélica me había llamado para tomar algo y follar después, siempre es lo mismo
con esta chica; le mentí, diciéndole que tenía demasiado trabajo, porque debía
preparar un informe importante para el día siguiente; lo aceptó a regañadientes,
posiblemente haya llamado a otro, total que más da follar con uno que con otro
si hay ganas.
Tumbado en el sofá, viendo un programa estúpido, y sin
demasiadas ganas de salir de casa, me preparé un piscolabis y me senté ante la
pantalla del ordenador con intención de buscar un chat caliente, a ver si
alguien lograba excitarme para hacerme una paja y marcharme no muy tarde a la
cama. Visité varios, no había nada, y entonces decidí entrar en esa página de
todorelatos a ver que encontraba.
En el buscador escribí instintivamente una palabra: "Jida" y
al instante salió un relato que precisamente se titulaba así. Un respingo
recorrió mi espalda, y sentí tensión en el pecho. ¿Cómo podía ser?. Jamás había
hablado con nadie de mi musa. Abrí el relato tan deprisa como pude, y leí sin
dilación el primer párrafos, decía así: "Hola, soy Jida, tú musa, la mujer que
habita en tus sueños, mi número de teléfono es ..., llámame y hablamos un rato".
Marque los números mientras comenzaba a sudar, las piernas me
temblaban y sentía una sequedad intensa en la boca, cuando una voz dijo al otro
lado: "Hola Juan, esperaba tu llamada". No podía creer lo que escuchaba, y solo
me salió un tímido balbuceo: "¿sí?". Ella continuó hablando, casi susurrando.
"Sé que te has empalmado al escuchar mi voz", (era cierto);
"y que estarás imaginándome ahora entre tus piernas, de rodillas, comiéndote la
polla, mientras cierras los ojos para sentir más, y confundirme con tu sueño
hecho realidad", (también era cierto); "¿quieres que nos veamos, Juan?, no vivo
lejos, te parece bien en la esquina del estanco que hay en tu calle, llegaré en
cuarto de hora". Dije que sí. Me vestí a toda prisa, terminé de calzarme en el
ascensor, salí a la callé y caminé nervioso, sin ver nada más que su cara,
imaginándola con una amplia sonrisa, diez minutos después estaba en la esquina
acordada mirando el reloj, cuando pasó media hora, decidí llamarla, realmente no
soportaba la espera, marqué los números y una voz áspera contestó al otro lado:
"Está hablando con el tanatorio, dígame", colgué inmediatamente, aquella noche
no fui capaz de conciliar el sueño, temía no despertar.
He acudido al psiquiatra y me ha dicho que a veces los deseos
intensos, en determinados estados previos al sueño nos pueden conducir a tener
alucinaciones, y lo del tanatorio, me ha dicho que es el miedo a no volver a
disfrutar del placer, a que el aburrimiento sea capaz de castrarme, a la
impotencia. No me lo creo.
Hoy he llamado a Angélica, he quedado para tomar algo y si se
tercia, intentaré follármela, aunque no sé, tengo una sensación extraña, como si
el psiquiatra fuera a llevar razón, tengo el presentimiento de que va a ocurrir
algo y no sé lo que es. Por si acaso, aquí dejo escrita mi historia, y si
alguien tiene alguna idea que pueda explicarme lo ocurrido, le agradecería que
lo hiciera.