OTRA AVENTURA EN VERANO 12
PREPARATIVOS DE BODA -2
Juan se despidió de mí, dándome un beso y acariciando mi
espalda desnuda y se fue. Cuando oí el ruido del motor, subí al cuarto de mi
prima. Quería que me contase que tal le fue anoche, y decirle las tareas del
día.
- despierta dormilona, que hay trabajo.
- déjame un rato mas. Todavía tenemos tiempo. Ven conmigo.
Me metí en la cama con ella, y nos abrazamos. Le fui
acariciando la cara para que se fuera despertando.
- ¿estuvo bien anoche?
- sensacional. Te lo perdiste.
- la próxima vez me apunto.
- hubiera sobrado para las dos.

- tenemos que ir a recoger a tu cuñada
- si, ya me levanto.
En vez de eso, me quitó el sujetador y se puso a besar y
chupar mis tetas. Acabamos revolcándonos por toda la cama, metiéndonos mano
hasta que me rendí y quedó encima de mí. Me besó largo en la boca y nos
abrazamos. No era sexo, aunque nos excitaba. A mi gustaba sentir y tocar su piel
suave, oler su perfume. El olor de una mujer después de una noche entre las
sabanas es único. Supongo que a ella le pasaría lo mismo. Nos gustaba juntar
nuestros cuerpos desnudos y nuestros labios, pero no deseábamos ir mas allá.
Dejamos la comida hecha antes de ir a la estación, porque
llegaría casi a mediodía, incluso preparamos la mesa. El tren llegó muy puntual
y su cuñada bajó, haciendo gestos de alegría hacia nosotras.
Venía con su hijo y una niña pequeña, una sobrina. Era una
mujer muy guapa, tendría cuatro o cinco años mas que nosotras y con una figura
esplendida. El niño, tendría unos trece o catorce años, era delgado, rubio y con
una cara muy infantil. Si no me lo dicen yo le hubiera echado solo diez u once
años y la niña tenia tres y también era rubita.
Mari Carmen, Maika, como la llamaban todos, sin ser sevillana,
había adquirido la gracia y un poco el acento del sur. No paró de hablar y hacer
planes hasta que llegamos a casa, nos ayudó a servir la mesa y a recogerla. Los
niños estaban cansados y los acostó, y dijo que se echaría una hora o poco menos
y enseguida estaba con nosotras. Desplegaba una actividad exagerada en todo lo
que hacía.
Solo de verla casi nos cansó, pero ya me advirtió Ely que era
mejor dejarla a su aire. Cuando nos sentamos en el jardín a tomar el sol y
mientras me contaba un poco sobre la familia de Juan y sobre todo de su hermana,
ella se iba quitando la ropa, como todos los días, y se tumbó en bragas.
- oye, que dijo Maika que bajaría enseguida.
- si, no te preocupes, desnúdate si quieres. Maika lo hará en
cuanto llegue y como tampoco habrá traído bikini se tendrá que quedar así.
Bueno, pues si ella lo hacía pues yo también. Mi braguita era
muy pequeña, tipo tanga, pero tampoco iba a ir a cambiarme ahora. Me siguió
contando cosas de la familia y luego hablamos de la despedida de soltero de los
chicos, aunque ella no sabía nada de detalles, pero le convenció a Juan para que
viniera a dormir con ella.
Decía que así no se iría con la pelandusca del striptease,
aunque de todas maneras no pensaba que lo hiciera, y me dijo que si quería podía
dormir con ellos. Le reiteré lo del día anterior, no me parecía procedente, y
mas ahora, que además de la hermana había dos niños. Como había dos habitaciones
con dos camas quedamos, a la espera de lo que opinara su cuñada, que podían
dormir los niños en una y nosotras en la otra.
En esto estábamos cuando bajó Maika, riéndose al vernos casi
en pelotas y le dijo a Ely.
- bien, veo que seguimos con las buenas costumbres, pero lo
normal es que estuvierais en bikini o con el culo al aire. ¿Ahora la moda es ir
en bragas?
- es que yo no traje bikinis, no pensé que hiciera tanto
calor (¿Cuántas veces había dado ya está explicación?)
- pues no voy a ser menos, pero si no os importa yo me quito
todo.
- en absoluto. Nosotras lo hacemos también muchas veces.
Desnuda me confirmó lo que pensé sobre su figura. Un poco
rellenita pero no gorda, el pelo negro, pero si le daba el sol parecía rojo y
unas tetas grandes y casi nada caídas, con un pezón pequeñito. El pelo del pubis
se lo había rebajado un poco, sin cortárselo del todo y parecía una
sombra clarita entre sus muslos. No obstante lo primero que
atraía de ella era su espontaneidad y su increíble actividad.
Le contamos como habíamos pensado repartirnos para la noche
pero nos dijo que prefería que su sobrina durmiera con ella, era muy pequeña y
se despertaba a veces por la noche y prefería estar a su lado, y su hijo
dormiría en un sillón o le poníamos un colchón en el suelo y así no nos daba mas
molestias.
Lógicamente no lo permití. El niño podía dormir en mi cuarto,
en la otra cama, era un crío y no molestaría. Les pareció bien y pasamos a otra
cosa. Habíamos estado haciendo la lista de invitados y teníamos que
distribuirlos por mesas. Estuvo de acuerdo, , a lo largo del día o mañana, lo
haríamos. Le hablamos de las despedidas de soltero. En la de chicos no se metió
porque no le pudimos contar nada, pero cuando le dijimos como iba a ser la
nuestra dijo que de ninguna manera.
Se fue a por un teléfono le hizo marcar el numero a Ely y lo
cogió para hablar ella. En cinco minutos le dio la vuelta a todo. Por supuesto
barra libre, cuatro o cinco chicos, espectáculo completo, desnudos y que
llevasen cantidad de condones. Supongo que el chico del bar se estaría riendo,
como nosotras, al oírla hablar, con esa decisión y rapidez y las gracias que iba
intercalando en la conversación.
Colgó, dejó el teléfono, y se fue hacia el agua, mientras
nosotras la mirábamos sin todavía creer que en cinco minutos había decidido lo
que nosotras llevábamos dando vueltas dos días.
- menos mal que he llegado a tiempo para arreglarlo. Venga
vamos al agua.
No nos atrevimos a llevarla la contraria. Como Ely se quitó
las bragas, pues yo también, y nos metimos las tres en pelotas, tan a gustazo.
Flotando en el agua y dándonos el sol se notaba algo de calor, porque el agua ya
no estaba como el mes anterior. Yo me junté un poco a mi prima, siempre le he
tenido un poco de miedo al agua y nadé a su lado.
Me senté enseguida en el borde y Maika se acercó a mí. Me
preguntó por mi vida, mi familia, mis gustos. Yo soy bastante reservada para mis
cosas, pero creo que al final del interrogatorio sabía de mi bastante mas que yo
misma.
Sentí frío y noté la carne de gallina. El momento de salir
del agua, hasta que te secaba el sol un poco, era el peor. Se acercó a mí y me
cogió el pezón con los dedos.
- lo tienes de punta. Metete en el agua, veras como se te
pasa.
- no creo, el agua ya no está tan caliente.
Se salió, sentándose a mi lado. Sus pezones se fueron
encogiendo y arrugando por la accion del frio, hasta que casi no se notaban, y
su pelillo empezó a erizarse. Me volvió a tocar el pezón y noté una sacudida. El
agua los había dejado muy sensibles. Me retiré sobresaltada, no por su mano sino
por la sacudida interna que sentí.
La retiró apresuradamente, pensando que me había molestado;
puse las dos manos sobre sus tetas y le acaricié las puntas; con las yemas de
los dedos rocé sus pezones y le miré a la cara; pegó el mismo bote que yo, pero
no retiré mis dedos. Se rió al ver en su carne el efecto que me había causado
con su caricia y me miraba medio sorprendida, mientras yo me iba deslizando
hacia el agua.
- vaya… creo que eres mas lanzada de lo que pensé
- no la conoces todavía, si no te darías cuenta de que es
bastante mas atrevida que tu y que yo – intervino mi prima.
- me alegro, haremos un buen grupo.
- no me pongáis mala fama, que yo soy una persona seria.
- no, si se puede ser seria y tener ganas de cachondeo.
No les hice caso y nadé un poco, alejándome de ellas para que
no se metieran conmigo, o por lo menos para no oírlas. Seguimos armando follón
en el agua y no oímos llegar el coche. Apareció Juan de improviso y se quedó
mirándonos en el borde.
Aquí fue al revés que hace un momento. Nos fuimos las tres
hacia el borde, pero mientras Ely y yo salíamos tan tranquilas, en pelotas, a
dar un beso y un abrazo a Juan, Maika se pegó al borde y asomó solo la cabeza
para dar un beso a su hermano. La cara de éste era de puro regocijo.
- ¿Qué pasa, ya no das un abrazo a tu hermano
- eres tonto. Podías avisar que venias o tocar la bocina
- venga, sal, dame un abrazo.
- déjame. Date la vuelta y vete un poco más allá.
Al fin salió, mientras Juan hacía que se volvía para mirar y
la ponía más nerviosa. Se enrolló en una toalla y se acercó a abrazarle.
Nosotras nos pusimos las bragas solamente y nos sentamos los cuatro alrededor de
la mesa, con unas bebidas que trajo Ely.
Solo venia a saludar a su hermana y a confirmar a Ely que
vendría a dormir en la noche, después de la fiesta y cuando se retirasen sus
amigos. Maika le dijo que se trajese a un par de ellos para nosotras, que
estaríamos solitas.
- si lo decís en serio, se de alguno que estaría encantado.
- claro que va en serio, ¿verdad querida?
Lo de querida iba por mí, pero no me dio opción a contestar.
Dijo que los trajera y ya veríamos lo que se podía hacer con ellos. Preferí no
meter baza, porque no sabía si me estaba tomando el pelo o iba en serio.
Se fue Juan y poco después aparecieron los niños. Ely y yo
nos fuimos a vestir y luego entre las tres colocamos la ropa de los chicos en
los armarios y preparamos las camas. El resto de la tarde estuvimos repasando la
lista de invitados y distribuyéndolos por mesas. Cuando acabamos era tardísimo y
los niños ni siquiera nos dijeron que tenían hambre; eran buenísimos, jugando
solos ni nos dimos cuenta de que estaban allí.
Se acostaron después de cenar y nosotras salimos de nuevo al
jardín a charlar y disfrutar del fresco de la noche.
No pensé que lo fuera a hacer, pero a eso de las doce y media
o una, apareció Juan con dos amigos, compañeros de trabajo. No venían borrachos
pero si un poco bebidos, digamos que alegres, pero aceptaron otra copa cuando
les ofrecimos. Maika se sentó al lado del más guapo y se agarró a su brazo, e
inmediatamente se puso a charlar con él de mil cosas. Juan estaba muy cariñoso
con Ely y yo mantuve una respetable distancia con el tercero que me tocó en
suerte.
A partir de ahí todo fue bastante rápido. Juan y Ely se
metieron dentro de la casa, Maika y su amigo empezaron a morrearse y él le subió
las faldas llegando hasta su culo, y el mío, que le llamaban Pope, se contagió y
me pasó la mano por mi pierna, despacio, como de tanteo.
Cuando Maika se metió dentro también, se lanzó, mas
descarado, subiéndome la falda hasta llegar a mis bragas, acercó su cara a la
mía y nos besamos, mientras tiraba del elástico de las bragas para intentar
quitármelas. Yo no me sentía atraída ni deseando acostarme con él, pero me daba
no se qué quedarme sola en la juerga.
El amigo Pope, por su parte, venia decidido a acabar la noche
bien, seguro que caliente después del espectáculo de la despedida y de ver que
los otros dos ya estarían mojando. Me resistí un poco; no es que me sintiera
agredida, pero si algo pillada a traición por la decisión de Maika.
Defendí un poco mis bragas y me miró desolado, acariciando
mis muslos hasta donde mis manos le frenaban, sin querer rendirse todavía. Lo
intentó un par de veces mas, hasta que yo me cansé de tanto esfuerzo inútil y
tomé la determinación de hacerlo con él, pero después de que trabajase un poco
para conseguirlo. Era la manera de demostrarme a mi misma, mas que a él, que no
era una mujer fácil, cosa de la que realmente no estaba muy segura
Como sentada no podía quitármelas, me levantó y me sentó
sobre sus piernas, donde le fue mas fácil. En sus maniobras sentí su pene duro
contra mi culo. Le dije que esperase, lo estábamos haciendo fatal. Pensé que ya
que iba a suceder, por lo menos disfrutarlo y no un polvo rápido y mal.
Me levanté y me quité las bragas yo sola, me dirigí dentro de
casa, quitándome algo mas de ropa por el camino y cuando llegamos al salón vimos
a las otras dos parejas, con escaso vestuario a estas alturas ya, y revolcándose
sobre la alfombra. Llevé a mi amigo Pope al diván y le quite la camisa; de
rodillas le bajé el pantalón y el calzoncillo y agarré su pene, acariciándolo,
sintiéndolo crecer en mi mano, y tirando de su piel hacia abajo hasta que
apareció su cabeza redonda y brillante.
Hice una cosa que no acostumbro, pero que empezaba a
practicar a ver si le cogía el gusto: me lo llevé a la boca y le pasé la lengua,
saboreando y dándole pequeños mordisquitos. Sentía que me mojaba de gusto y el
también empezó a gustar de mis caricias porque soltó las primeras gotas de
liquido sobre mi barbilla.
Me tumbó sobre el diván y abriéndome de piernas se acercó a
mí. Al mover su mano por mi vientre me di cuenta de que estaba mas excitada de
lo que pensaba. Me mojó todo el pubis con mi propia humedad, que repartió por
mis muslos al acariciarme y en el intento de abrir mis piernas para la
penetración. Entre los nervios y el alcohol no acertaba, tuve que ayudarle con
mis manos, pero en cuanto empezó el primer movimiento se le salió y además no se
tenía muy derecho.
Nos separamos y me acerqué a Ely, que estaba abrazada a Juan
y le dije que nos íbamos a su cama.
- espera, me dijo, vamos todos.
No deseaba una orgía. Bastante me estaba costando
concentrarme oyendo a los otros cuatro, y me sentía como fuera del tinglado que

estaban montando, entre Juan y sus amigos, con la complicidad
de Maika.
Me desentendí de los otros cuatro y nos quedamos los dos en
el salón, pero me senté en el diván donde ellos estaban hace un momento. Me
tumbé con las piernas colgando y le coloqué de rodillas sobre mí, apunté de
nuevo y cuando entró, no le dejé moverse: le abracé con mis piernas por su
cintura y apreté. Recuperó la forma y empezó el vaivén. Ahora iba perfecto, me
estaba gustando y solté los primeros suspiros de placer.
Mas que perfecto, maravilloso: un espasmo, seguido del primer
orgasmo; ya estaba en la cresta. Cuando llego a este punto no veo nada, solo
siento mi placer, y me concentro en que dure lo mas posible. Me agito, me
retuerzo, gimo y casi lloro, todo mi cuerpo es un solo nervio que disfruta del
roce y el placer que el miembro que está en mi interior me produce. Y luego la
relajación absoluta, paz y ese estado de medio dormida, medio inconsciente y
plenitud total.
Oigo los suspiros, jadeos y gemidos de las otras dos parejas
en la habitación de al lado y con los ojos medio cerrados distingo como acaban
también y después el silencio al caer rendidos sobre la cama.
Pasa mucho tiempo hasta que los dos nuevos e inesperados
amantes se visten y se van. Maika y yo nos encontramos en el pasillo cuando nos
dirigimos cada una a nuestro cuarto. Caigo tal cual estoy sobre las sabanas y de
esta manera pierdo la conciencia y, dormida, me olvido de todo con cara de
satisfacción.
Soñaba con unas manos sobre mi cuerpo. Unas manos delicadas,
que recorren mis pechos y mi vientre, excitándome con su suavidad e insistencia.
Me oigo murmurar bajito y me muevo en la cama, respondiendo instintivamente al
gusto que me dan. Entonces se paran bruscamente. Bajo mi mano para mantener las
suyas sobre mi vientre y que sigan dándome placer. Me quedó yo también quieta de
pronto, apretando esa mano sobre la entrada de mi sexo. La siento ponerse
rígida, intentando soltarse. Es una mano muy pequeña, no es la de un hombre.
Abro los ojos lentamente y veo al hijo de Maika, sentado en
la cama a mi lado, en pijama y con cara de susto.
- Carlitos… ¿Qué hora es?
- mas de las diez, mi prima tiene hambre y no hay nadie
despierto.
- ve a buscarla mientras me levanto y enseguida os preparo el
desayuno.
Estaba desconcertada y algo aturdida. No quería pensar que un
niño me había metido mano aprovechando que estaba dormida. En realidad tenía
cara de niño, pero su mirada sobre mi cuerpo era de adulto y su voz a veces
parecía infantil y otras mas grave. Pegó otro tirón de la mano y se la solté de
inmediato. No me acordaba que estaba sujetándola sobre mi sexo, ni de que me
encontraba desnuda.
Supongo que estaría tratando de despertarme, y yo, pensando
en lo de anoche, había asociado su mano con las caricias de Pope. Volvieron
antes de que me diera tiempo a vestirme, no encontraba mi ropa. Carlos lo
adivinó y me dijo que en el piso de abajo estaba mucha ropa por el suelo, y se
fueron corriendo a recogerlo. Me puse la camisa y me calcé y entraron corriendo
con mi ropa en una mano y la de los demás en la otra. La dejamos encima de la
cama y salimos a la cocina.
Teníamos hambre los tres y ellos ya estaban mas despiertos
que ayer. Eran muy buenos los dos, no dijeron que no a nada de lo que les
preparé y apenas mancharon. Les dije que no hicieran ruido y se pusieran algo
por encima, que saldríamos al jardín para no despertar a los demás.
Coloqué una manta sobre el césped y nos sentamos, pero como
hacía algo de fresco, levanté los bordes y nos la echamos por encima. Se
juntaron a mi y jugamos a adivinar cosas; también me contaron de su vida, sus
colegios, sus amigos. Les dije que tenía un hijo casi de su edad. Estábamos
apretaditos y calentitos, los dos abrazados a mi, como si yo fuera su madre, y
me entró morriña. Les cogí yo también con mis brazos y parecía que nos
conociéramos de toda la vida.
Oíamos que dentro ya se iban levantando y el ruido de tazas y
platos. Apareció Maika, medio dormida pero con cara de preocupación, que cesó
cuando nos vio a los tres riendo bajo la manta. Les dio un beso y les mandó a
vestirse. Ellos no se movieron y la tranquilicé de que irían enseguida, cuando
acabáramos el juego.
Eran cerca de las doce, ya hacia calor, pero a ellos les
divertía estar así. Entré en casa para ver cuales eran los planes del día. Ely
quería llevar a Maika a ver a su familia, luego recoger cosas de la casa, porque
a lo mejor venia algún invitado mas, pasar por el restaurante…, pero no querían
llevarse a los niños a todos los lados: ¿y si me quedaba yo con ellos esa tarde?
No me importaba, encantada.
Se fueron antes de comer y regresarían a la noche. Nada mas
irse subimos y les hice vestirse y asearse. Carlos ayudó a su prima a lavarse y
recoger la ropa y les hice prometer que no se moverían del cuarto mientras yo me
duchaba y arreglaba.
Me estaba secando el pelo ante el espejo cuando les veo
asomar por la
puerta.
- ¿Qué hacéis aquí?
- nos aburríamos. Hemos venido a ayudarte
- no necesito ayuda. Esperar fuera.
Salieron, asustados, y se sentaron en la cama. Yo no les oía
con el ruido del secador, pero la niña muy seria le preguntaba algo y el le
respondía al oído. La niña parecía a punto de llorar y el la abrazaba para
consolarla. No me gustaba que me hubieran encontrado desnuda, entrando de
repente en el cuarto, pero a lo mejor había sido muy brusca.
Salí pronto, me puse las bragas y el sujetador y llamé a
Carlos:
- ven Carlos, ayúdame a abrocharlo por detrás.
Corrió aliviado y creo que contento. Seguía sin saber que
pensar de él. Tenía reacciones de crío pero actitudes de hombre. La niña se
acercó también, todavía temerosa.
- venga, ayudarme. Tú acércame las zapatillas. Tú, Carlos,
¿acabas ya?
- es muy difícil.
- mira, se hace así. Eso está bien, vamos a buscar un
vestido.
Cada uno dio su opinión y al final me puse una camisa y un
short de tela vaquera, me recogí un poco el pelo con una goma y bajamos a
ordenar un poco la casa. Jugando, me ayudaron a hacer las camas, recoger la ropa
y les dejé elegir la comida que querían les preparase.
Me ayudaron también a cocinar y poner la mesa. Me imagino que
en su casa no lo hacían, pero allí parecía que les divertía o a lo mejor era
para agradarme.
Comimos fuera. A la niña la echamos sobre la manta a dormir
un poco de siesta, y Carlos y yo hablábamos bajito.
- hoy no te tumbas a tomar el sol
- si, vamos a poner las hamacas
- ¿no te pones como ayer?
- y como estaba ayer
- en bikini
- bueno, pues me quedare en bikini. Y tú, ¿no te quitas la
ropa?
- no tengo bañador.
- Pues en calzoncillos.
- bueno, pero no mires.
- vale, no miro.
De espaldas el uno del otro, nos quedamos en ropa interior y
nos volvimos a tumbar en las hamacas.
- estas muy guapa.
- eh… que quedamos en no mirar
- ¿a ti también te da vergüenza? Creí que a los mayores no
les daba.
- a veces. Depende de quien te mire.
Hacía calor a esa hora de la tarde y él se quiso bañar. Le
dejé hacerlo pero cuando salió empezó a tiritar. Se dio unas vueltas corriendo
para secarse, pero cuando se sentó a mi lado estaba tiritando. Le dije que se
tumbara sobre mi espalda que estaba ardiendo, pero cuando lo hizo, su bañador
mojado me hizo dar un bote de la impresión. Se lo quitó y se volvió a tumbar
encima.
Seguimos charlando, hasta que se despertó su prima y quiso
que nos pusiéramos en su manta y jugáramos a algo. Fue muy oportuna porque me
pareció sentir una cosa pequeñita pero dura sobre mis bragas y sus manos se
habían deslizado por mi espalda hasta el nacimiento de mis pechos y creo que nos
estaba gustando a los dos.
Nos metimos debajo de la manta y nos juntamos como por la
mañana, con la diferencia de que todos íbamos más ligeros de ropa. Los dos
estaban abrazados a mí, pero Carlos además tenía su mano sobre mi pierna.
Disimuladamente quise confirmar que un niño tan pequeño podía sentir excitación
por estar junto a una mujer y haciendo como que le frotaba con mi mano para
darle calor, llegué hasta su pito. Fue un instante pero efectivamente, lo note
muy pequeñito pero rígido.
Me hizo gracia y volví a bajar la mano más despacito, pero
está vez mas abajo, hasta que quedó pegado al dorso de mi mano. Pegó un ligero
respingo y se apretó a mí, acercando su mano a mis bragas. Le cogí con toda la
mano y apreté un poquito, y la moví un poco de arriba abajo. El estaba
totalmente quieto y rígido y sentí que le crecía un poquito más.
Ahí paré y les dije que íbamos a subir a ducharnos y
arreglarnos para la cena. Bañé a la niña y mientras la secaba y la vestía con un
camisón, le mandé a ducharse a nuestro cuarto. Cuando llegamos, él se estaba
secando y entré yo a la ducha. No cerré del todo pero miré que no se me viera
desde la habitación.
Después de secarme, saqué el tarro de crema hidratante y me
lo estaba extendiendo por las piernas, cuando la niña asomó la cabeza por una
rendija de la puerta y me preguntó si quería que me ayudasen. Supongo que Carlos
la había empujado a hacerlo, convenciéndola con cualquier excusa y me hizo
gracia. Les dejé pasar y se lo pasaron bomba conmigo, sobre todo él.
La niña me daba por las piernas, yo por delante y Carlos se
dedicó a mi espalda y sobre todo a la parte de abajo: mi culo y mis muslos. Si
no llega a tener puesto el pijama, seguro que habría podido confirmar de nuevo
que a esa edad ya le afectaba el cuerpo de una mujer. De momento todos lo
hacíamos de forma festiva e inocente y pensé que mi mente era la que deformaba
un juego infantil, viendo malicia donde no la había.
Les di de cenar y cuando llegaron los otros estábamos jugando
los tres a las cartas en el salón. Venían cansadas y sin hambre, de forma que,
después de charlar un poquillo, nos retiramos todos a descansar. Maika se llevó
a la niña, que sorprendió a todos dándome un abrazo y muchos besos antes de irse
a dormir y los demás nos fuimos cada uno a su habitación.
Le hice lavarse los dientes mientras yo me desnudaba para
dormir, pero me puse las bragas, no quería hacer mas exhibición, y casi siempre
acababa destapada a lo largo de la noche: por lo menos tendría algo puesto.
Me metí en la cama antes de que saliera y cogí una revista
para leer algo antes de dormir. Se acostó y apagué la luz pero me interrumpía
continuamente, conversando de cualquier cosa. Me pidió venir a mi cama, para
jugar a las adivinanzas hasta que le entrara sueño y me pareció bien, pero luego
se iría a la suya.
No tardó mucho en quedarse dormido, abrazado a mí. Yo pasé mi
brazo por detrás de él y le abracé, como hacía con mi hijo, pero entonces pasó
una pierna por encima de la mía, quedando su muslo por encima de mis bragas y
subió un poco la mano, colocándola sobre mi pecho. Parecía que estaba dormido,
porque no se movió más y yo también me dormí.
Tuve que admitir que había sido muy mal pensada, porque no
cambió de posición en toda la noche o por lo menos yo no lo advertí y me hubiera
despertado de haberlo hecho. Cuando lo hice, mas tarde de las nueve de la
mañana, seguía con su pierna sobre mi vientre y su mano en mi teta derecha,
aunque ahora apoyaba también su cara en mitad de la otra teta, y su aliento
sobre mi pezón lo había puesto de punta.
Su prima me estaba tocando la cara para despertarme. Cuando
abrí los ojos y la sonreí se echó a mis brazos. Le hice un hueco en la cama y se
metió junto a mí. Le puse mi brazo por encima y cerramos los ojos otro rato.
Está noche tendríamos fiesta: haríamos la despedida de
soltera de Ely. ¿Que habrá preparado Maika? Yo la temía.