Clara estaba ausente. Algo adentro suyo había cambiado para
siempre pero no sabía decir bien que. Sus instintos más bajos habían sido
expuestos bajo la viciosa tutela de aquel viejo degenerado. La culpa la comía
por dentro, hacia unas horas atrás había tenido sexo con dos completos
desconocidos y uno de ellos la había penetrado sin un condón. Ahora aparte de
los miles de pensamientos que tenía, se le sumaba el miedo de una enfermedad.
Tomo otra rápida ducha, en el espejo del hotel no se había percatado que tenía
sus senos marcados con chupones, lo que si recordaba era aquel pellizco que
había recibido de Diego, aun le dolía. Sus nalgas y piernas también tenían
marcas, menos visibles pero marcas al fin.
Después del baño, se asomo al cuarto de Tomas, dormía
profundamente y por primera vez después de mucho tiempo sintió paz al ver a su
hijo descansando placidamente.
Era viernes a la mañana, le estaba preparando el desayuno a
su hijo y al mismo tiempo ordenaba un poco la casa. Doña Elvira llego puntual
como siempre y bombardeo con preguntas a Clara, que un poco apurada se despidió
de su hijo y salio hacia el trabajo sin darle respuesta.
-Chau mi amor, toma las pastillas que te deje en la mesa.
¡Ah! Me olvidaba, muchas gracias Doña Elvira.- Clara salia de su hogar y
camino lo más lento que pudo hasta su trabajo. Al llegar noto que el cartel de
la entrada decía "Cerrado" tomo el picaporte pensando que era un
error, pero ciertamente estaba cerrado. Una ráfaga de tranquilidad recorrió los
pensamientos de Clara. Parecía volver a la vida, como si hubiese estado atrapada
en una horrible pesadilla y despertara pero para desgracia de ella estaba muy
lejos de despertar.
Sobre el marco de la puerta de entrada un pequeño papel
blanco se metía en la ranura de madera. En el papel estaba escrito "Clara.
Leer" y por la letra había sido Don Miguel quien lo había escrito. La
amargura volvió a apoderarse de ella, el papel aguardaba a ser leído, pero Clara
no quería hacerlo. Tomo el papel y lo puso en su bolsillo, y se dirigió hasta el
bar que se encontraba en la esquina.
Revolvía el café una y otra ves sin detenerse, en su
bolsillo, su mano apretaba el papel. Tomo el café de un trago y decidida empezó
a leerlo.
"Clara, como podrás ver la farmacia permanecerá cerrada todo
el día de hoy. Te espero en mi casa, no te tardes. Ansiosamente Miguel."
Clara rompió en mil pedacitos aquella nota y la arrojo en un
cesto de basura. Pago su café y salio del bar a toda prisa. Era el ultimo día,
quería que sucediera todo lo antes y mas rápido posible. Troto hasta la parada
de colectivo y se tomo el que la dejaba más cerca de la casa de Miguel.
La casa de Don Miguel era un caserón antiguo muy bien
cuidado. Tenía dos pisos, un sótano y un altillo. La casa era de estilo ingles.
Había sido la casa de sus padres, por lo que era una de las casa más antiguas en
el pueblo y si bien vivía solo en ella, se las ingeniaba para mantenerla
arreglada y limpia.
Clara cruzó el extenso parque frontal que separaba la casa de
la calle. Era una mañana fresca y aun se podía ver la escarcha sobre el verde
césped del jardín. Una ves parada en el pórtico estaba por tocar timbre cuando
la puerta se abrió y ante si se encontraba Don Miguel.
-Hola hermosura. Pasa.- Miguel se quito del camino y
con un gentil gesto la invito a entrar.- Espero que ayas dormido bien ya
que hoy nos espera un largo día.- Con una sonrisa en el rostro Miguel
apoyó su mano en el hombro de su empleada y lo acaricio paternalmente.
La llevo por un largo pasillo hasta dos enormes puertas de
madera que al parecer cerraban el living principal de la casa. Miguel se puso
delante de las puertas y las abrió de par en par. Clara se sorprendió al ver
sentado en uno de los sillones al gerente del banco provincial, el Señor Arturo
Martínez. El hombre se quedo mirando a Clara sin decir palabra mientras Miguel
la empujaba dentro del cuarto y cerraba la puerta detrás de ellos.
-Buenos días Clara.
-Buenos días, Señor Martínez- Clara esquivo la mirada
de Arturo, algo en sus ojos le producía escalofríos.
-No me llames así, dime Arturo.- Y con una sonrisa,
tomo su taza de té y bebió un trago. Clara no sabia que pensar. Miguel camino
por el cuarto y de arriba de una mesa tomo dos paquetes. Uno era rojo, con un
moño negro y el otro azul y de mayor tamaño.-Es un regalo. Pero no lo
abras hasta que yo te diga.- Miguel rozó con sus dedos el mentón de
Clara, ella quito su rostro con gesto de asco.
-¿Bueno Don Miguel, quiere explicarme que esta pasando?-
Miguel iba a empezar a hablar pero fue interrumpido por Arturo.
-Déjeme que yo le explico.- Clara voltio hacia el
otro hombre y escucho atentamente.- Lamentablemente, nuestro querido amigo
Miguel tiene una deuda, no muy grande conmigo. Y en vistas de que es un buen
amigo y le gusta compartir, te ofreció a ti para pagarla.- La joven no
podía creer lo que estaba escuchando.-Es cierto que yo podría perdonarle
la deuda y simplemente salir de este cuarto, pero seamos sinceros, no tendría
ninguna gracia.- Miguel escuchaba atento, evitaba reír, la maldad de
Arturo le entretenía. Arturo continúo. - Para que sepas el regalo te lo
hice yo. Fue una idea que tuve y creo que estas mas que capacitada para hacerla
realidad. Ábrelo.- Clara ardía de odio, sabia que no podía hacer nada y
ver a aquello dos hombres disfrutando de su sufrimiento era devastador para
ella. Alzo la vista y miro a Miguel, noto que buscaba que el aprobará si podía
abrir el regalo, se sintió una estúpida.
Quito el moño negro y apoyo la caja sobre la mesa. Al quitar
la tapa un traje que no podía distinguir, se encontraba doblado y cubierto por
un delicado papel. Al tomar la prenda y levantarla frente a si, pudo ver que era
un traje de mucama mas que sugestivo. Era muy escotado y la cintura tenía un
corto corsé que se unía a una pollera con dobleces, como el de una bailarina,
también en el fondo se podía ver una delicada tanga de seda color blanco. El
otro paquete tenía unas brillantes sandalias color negro con largas tiras que se
entrelazaban. Miguel rió complacido, mientras que Arturo volvía a sorber de su
taza.
-Bueno, te voy a comentar cual es la magnifica idea que ha
tenido Arturo.- Clara apretaba con su mano el traje de mucama. -
Como podrás ver es un disfraz de mucamita. Quiero que te lo pongas y que durante
todo el día de hoy demuestres que tan buena eres cumpliendo los deseos de tus
dueños.
-Ve y pruébatelo, estoy seguro que te quedara a la
perfección. Solo usa lo que hay dentro de las cajas. ¿Entendido?- Le
ordeno Arturo.
Los dos hombres esperaron impacientes a que Clara regresara.
Clara se fue a cambiar a un gran baño muy lujoso a unos
metros del salón. Puso los dos paquetes sobre una silla y se quito la ropa.
Abrió la caja del disfraz y lo observo por unos segundos, parecía que se había
encogido aun más. Clara paso una de sus piernas y luego la otra y subió el
vestido. Tuvo que contener el aire para que pasara y encajara, el corsé le
apretaba, así que lo acomodo con los cordones hasta que se sintió cómoda. Por
otra parte sus tetas parecían que e iban a escapar en cualquier momento, tomo
del escote y tiro hacia arriba lo mas que pudo, por supuesto era tan corto que
al subirlo descubría sus nalgas y su entrepierna, se conformo con colocarlo de
la forma menos provocativa, cosa que era imposible, si se prestaba atención
parte de las aureolas de sus pezones se asomaban por el escote. Una pequeña
bincha color blanco, la clásica que usaban las mucamas, se encontraba en la
caja, la tomo y la coloco sobre su cabeza ajustándola por detrás de sus orejas.
La tanga blanca fue lo más fácil de todo.
Las sandalias eran otra hazaña diferente, con las largas
tiras que tenían era difícil de poner, las tiras se ataban por detrás de sus
rodillas, eso le tomo bastante tiempo. Tras unos minutos Clara se las había
ingeniado y finalmente estaba vestida con aquel atuendo. Se miro frente al
espejo, el atuendo le quedaba perfecto, no lo podía negar, a decir verdad sentía
mariposas en su estomago, mezcla de ansiedad y nerviosismo, podría decirse que
estaba un poco excitada.
Al volver al salón principal, los dos hombres la esperaban
impacientes.
-Casi voy a buscarte… pero veo que la espera valió la pena.-
Miguel no dejaba de comerla con la mirada mientras que un Arturo mas discreto se
puso de pie y se acerco a ella. -Pero que bien te queda, primor.-
Arturo giraba alrededor de ella. -Lo primero que quiero que hagas es
quedarte absolutamente quieta y en silencio, solo te moverás si yo te muevo. Si
emites algún sonido o no cumples mis deseos, tendrás que cumplir un castigo.-
Clara asintió con un gesto y se mantuvo inmóvil como una muñeca. Arturo
se detuvo justo atrás de ella, el silencio reinaba en el salón, Miguel miraba el
espectáculo sentado en un sillón.
Clara se encontraba expectante, sentir la presencia de aquel
hombro detrás suyo sin hacer nada la obligaba a imaginar diferentes escenarios,
una pequeña gota se dibujo sobre la tanga de seda. Arturo coloco su mano sobre
la base de la espalda de Clara, empujo firmemente y obligo a que Clara expusiera
su cola. Arturo se agacho y agarrando por los tobillos a Clara hizo que ella
separara sus piernas unos cuarenta centímetros. Desde abajo el viejo Arturo
deslizo sus dedos a por las largas piernas de Clara. Cuando llego a la comisura
que une las nalgas con los muslos los apretó con fuerza y separando los cachetes
sumergió su rostro entre ellas. El aroma de Clara era exquisito, Arturo
permaneció así por varios segundos.
Arturo seguía a espaldas de Clara, con mucha sutileza abrió
la boca de ella y humedeció sus dedos con la saliva de la joven y los puso sobre
la fina prenda interior de Clara. Arturo masajeaba el sexo de Clara que luchaba
por no gemir ni moverse. Luego, el viejo le quito la tanga y se la lanzo a
Miguel que la olfateo sin dejar de ver a la pareja.
Un tibio fluido cubría los rosados labios vaginales de Clara,
Arturo seguía acariciándola, para sus adentros Clara concluyo que aquel hombre
sabia bien lo que hacia. Arturo enderezo a Clara que respondía a las acciones
como una muñeca articulada, ahora aquel hombre se encontraba delante de ella y
sumergía sus dedos vigorosamente. No cabía duda de que Arturo sabia lo que
hacia, su dedo medio e índice en forma de gancho apretaban la pared interior de
la vagina de Clara, mientras que su dedo gordo intentaba encontrar a los otros
dedos, presionando con firmeza el clítoris de la joven. Unos cuantos movimientos
bruscos bastaron, Clara hacia lo imposible por no emitir sonido pero aquello era
imposible, un fuerte espasmo sacudió su cuerpo y de su boca un gemido agudo
atravesó como una flecha el silencio. Una considerable cantidad de fluidos salio
de su vagina, Arturo evito que se desplomara sobre el suelo y la ayudo a tomar
asiento. Clara jadeaba, sus ojos cerrados y su rostro colorado delataban su
calentura. Arturo se limpio la mano con un pañuelo de papel.
-No haz cumplido lo que te ordene. Tendrás un castigo.-
Clara no presto demasiada atención a la amenaza, su cuerpo se encontraba
revolucionado, paso su mano por su sexo y noto lo sensible que estaba y ni
hablar lo mojado, parecía que se había orinado encima. Miguel se puso de pie y
se quito el pantalón, su miembro tenía la consistencia de una morcilla y se
acercaba a Clara bamboleándose. Sin demasiados preámbulos Miguel le ofreció su
aun flácido miembro, Clara acepto, y engullo por completo el pedazo de carne que
crecía lamida tras lamida. Arturo no quería quedar afuera, así que dejo lo del
castigo para más adelante y quitándose la ropa se acerco a ellos. Tenía un pene
oscuro y de buen tamaño, no era tan grande como el de Miguel pero parecía
bastante amenazador. El capullo envolvía un glande morado que apenas se asomaba
de entre la protección de la piel.
Clara se encontraba sentada entre estos dos viejos y sus
respectivas herramientas. Clara le dedicaba una buena mamada a Miguel cuando
sintió como las manos de Arturo agarraban uno de sus pechos y los apretaba con
fuerza. El viejo ya completamente empalmado apoyaba su verga en las tetas de
Clara y las presionaba. Clara soltó a Miguel y se introdujo el prominente
miembro de Arturo en su boca. Lo saboreo con ganas gemía mientras el grueso
glande se deslizaba por su lengua, Arturo movía su cintura y forzaba a Clara a
tragarse su verga cada ves mas. Clara intercalaba entre los dos viejos. Miguel
dio por terminado el asunto.
-Ponte en cuatro patas sobre el sillón.- Clara
obedeció, Miguel se coloco por detrás de ella mientras Arturo se sentaba en el
sillón ofreciéndole su miembro para que Clara lo siguiera lamiendo. Miguel
restregó su glande sobre las nalgas y parte de su ano, la joven le dedicaba toda
su atención al pene de Arturo que jadeante le marcaba el ritmo con su mano
apoyada sobre su nuca. -Veo que estas bien entrenada, así me gusta.-
Miguel penetro a Clara, la joven gimió extasiada mientras
seguía comiéndole la verga a Arturo. Miguel se aferraba de la cintura de Clara
su enorme miembro desaparecía dentro de ella, Miguel escupió entre las nalgas de
la joven y sin mas empezó a estimular el virgen orificio anal de Clara. Abra
sido por la excitación del momento pero Clara no dijo nada. Miguel no quería
perder ese avance por lo que intento no ser demasiado invasivo, solo apretaba el
orificio y veía como reaccionaba la joven.
-Bueno, ahora me toca un poco a mí.- Clara no podía
evitar disfrutar la situación, sus mas bajos instintos se encontraban a flor de
piel. La joven se puso de pie, Arturo blandía su sable que brillaba bañando en
la saliva de ella. Se coloco frente a el y muy despacio ubico la punta del pene
sobre su orifico vaginal y con ayuda de sus dedos lo guió dentro suyo. Ahora era
Miguel el que ofrecía su miembro para que lo chupara.
-Límpialo todo.- Clara lo tomo entre su mano y se lo
metió en la boca. Arturo bajo el escote del disfraz, los senos de Clara se
desparramaron frente a él que como un niño hambriento succiono uno de ellos.
Arturo se aferraba a las duras nalgas de la joven, sus dedos las acariciaban
mientras estas rebotaban sobre las piernas de él. Las manos de Arturo pasaban
por la espalda de Clara, se detenía unos segundos sobre los pechos de la joven y
volvía a tomar la nalgas. Tras repetir varias veces este movimiento y ver como
Clara se comía la verga de Miguel como toda una profesional, muy discretamente
busco el ano de ella. Paseo suavemente su dedo índice sobre el, sintiendo el
calor de este. Dibujo pequeños círculos sobre la arrugada aureola que encerraba
a aquel orificio prohibido y sentía como este se contraía y se dilataba según
los movimientos de ella. Arturo hundía la punta del dedo en el ano de Clara.
-No… por ahí no.- La respiración y la mirada de Clara
no correspondían a aquellas palabras. Arturo le sonrió.
-Míralo de este modo, este es tu castigo.- Arturo
metió aun mas el dedo dentro del esfínter de Clara. Un gesto de dolor se dibujo
en la cara de la joven. - Me duele. Sácalo.- Arturo no hacia caso.
-Ven, ocúpate de esto.- Miguel empujo su grueso glande contra los labios
de Clara. -Que bien lo haces.- Él apoyaba su pesada mano sobre la
cabeza de Clara, la joven chupaba todo el grueso del tronco, se lo quitaba de la
boca y los recorría con sus labios hasta la base del mismo. Uno a uno lamía los
suaves y peludos huevos de Miguel, jugaba con su lengua sobre ellos. -¿Ves
que no esta tan mal?- Arturo tenia medio dedo índice dentro del esfínter
de Clara, era una sensación incomoda pero no del todo desagradable, sus músculos
se iban estirando mililitro a milímetro y Clara empezaba a disfrutarlo.
Miguel y Arturo se encontraban de pie, sus miembros
suspendidos en el aire eran besados y masturbados por las manos de Clara que
arrodilla entre los dos, repartía su boca entre ellos. Arturo fue el primero en
correrse dentro de la boca de Clara sin dar aviso. Clara abrió los ojos
sorprendida y queriendo sacarlo de su boca, Arturo la obligo a quedarse. El
espeso líquido recorrió la boca de Clara, una gruesa gota color perla salio de
entre el tronco y la comisura de sus labios cayendo sobre sus senos. Arturo
retiro el pene y una cantidad considerable de blanco esperma cayo sobre ella. Ya
entregada a los deseos de aquellos dos viejos, Clara giro su cabeza a la espera
de la descarga de Miguel que se frotaba el miembro rápidamente. Miguel dio un
fuerte gruñido de placer y descargo su semen por toda la boca, labios y pechos
de Clara.
Clara se había convertido en la esclava sexual de aquellos
dos hombres. Después de un profundo baño entre los tres, en el que Clara tuvo
que bañarlos a ellos dos, el día se transformo en una tórrida aventura de placer
para la joven madre.
Clara se paseaba en su diminuto disfraz por el salón
cumpliendo a la perfección con su rol, los dos hombres también hacían su parte.
Ellos estaban desnudos y la joven los atendía, realizando al pie de la letra
todas las órdenes o pedidos de cada uno de ellos le hacia.
-Recoge la lapicera- Miguel había dejado caer su
lapicera al suelo. Clara se acerco al lugar y comprendiendo el juego a la
perfección, abrió sutilmente sus piernas y se agacho ofreciéndole un primer
plano de sus nalgas y su sexo. -Aquí tiene.- Clara siguió
paseándose sensualmente, paso muy cerca de Miguel logrando que este le metiera
mano.
Así paso el día, entre provocaciones y roces, Clara ardía de
placer, su vagina completamente lubricada en sus propios jugos palpitaba a la
espera de un estimulo mas contundente. Arturo actuando una torpeza derramo miel
sobre su flácido miembro.
-Clara, ven y límpialo.
-Si señor.- Ella se arrodillo impaciente frente a él.
-Solo usa tu boca, ¿Entendido?- Clara sonrió y
comenzó a lamer muy delicadamente la miel que se desparramaba por el tronco
llegando a sus huevos. Su lengua se deslizaba y en ocasiones presionaba, tirando
de la piel de este. Miguel se puso por detrás de ella, recostado en suelo
comenzó a lamer los labios de la vagina húmeda de Clara.
Miguel separaba con sus dos manos los labios de Clara, lamía
minuciosamente cada rincón del sexo de ella. Clara también hacia lo suyo con la
verga dura de Aturo en su boca. La joven retiraba el glande de entre sus labios
y un fino hilo de saliva permanecía como un lazo irrompible entre ellos. Clara
gemía cada vez con más fuerza, las caricias y lamidas de Miguel surtían su
efecto.
Después de un rato de estar así, Miguel se las ingenio para
ponerse aun mas debajo de Clara, su rostro se encontraba frente a frente con las
tetas de ella. El viejo los tomo entre sus manos y les dedico una fuerte
estrujada. Los apretaba y mordisqueaba mientras la cabeza rojiza de su pene se
frotaba contra los labios vaginales de Clara. Ella sin poder aguantarse, guió a
este enorme miembro hasta su cavidad y con un leve movimiento lo empujo dentro
suyo. Miguel desabrocho el atuendo que llevaba Clara y sin entorpecer, la dejo
completamente desnuda. Clara cabalgaba sobre aquel duro pene, solo el placer
rodeaba sus instintos. Aquellos viejos habían logrado desenterrar aquel universo
lujurioso que se encerraba en aquella joven madre.
Clara se aferraba al grueso cuello de Miguel, Arturo
contemplaba aquel acto y se excitaba escuchando los gemidos de su joven esclava.
De una pequeña mesa de madera que sostenía unos bellos
adornos de plata, algunos retratos y una hermosa lámpara de cobre, Arturo tomo
una pequeña botella de vidrio llena de un líquido transparente. Con la botella
entre sus manos se agacho junto a Clara y roció parte de este líquido brillante
y con olor a vainilla sobre su espalda. Solo se oían los gritos de placer y los
chasquidos que producían las carnosas nalgas de Clara sobre el cuerpo de Miguel.
Arturo entre tanto se entretenía masajeando a Clara, esparciendo este espeso
liquido por todo su cuerpo. Masajeo los hombros de la joven, deslizándose a lo
largo y ancho de toda su espalda hasta llegar al culo de Clara. Arturo le dedico
un tiempo a las firmes nalgas y tras varias caricias y besos coloco su lengua
sobre el ano de ella. Un profundo suspiro le indico a Arturo que Clara estaba
completamente entregada. Su lengua presionaba con dureza aquel pequeño orifico.
Miguel seguía dentro de ella, muy astutamente aminoro sus movimientos, dejando
que su amigo hiciera su trabajo.
Clara estaba por explotar, esa hinchada verga la llenaba
completamente y la lengua de Arturo le otorgaba un nuevo placer desconocido.
Clara se sujeto fuertemente clavando sus uñas sobre los hombros peludos de
Miguel. Un orgasmo increíble se desparramo por su cuerpo contrayendo cada
músculo de él. Esa fuerza incontrolable la de en un estado de éxtasis.
-Veo que te haz corrido.- Bromeo Miguel mientras la
abrazaba con fuerza. Clara le devolvió una sonrisa, su respiración era agitada y
aun invadida por aquel enorme miembro, la joven quiso quitarse. Necesitaba
recuperarse.
Miguel retiro su grueso miembro completamente bañado en los
fluidos de ella y la dejo recostada sobre el suelo, mientras Arturo seguía con
sus fantásticos masajes. Clara se relajaba cada vez mas, Arturo le dedico un
tiempo especial a sus muslos, nalgas y parte inferior de su espalda. Un pícaro
dedo se deslizaba entre sus suaves nalgas pasando por su ano y parte de su
vagina. Arturo concentro su atención en aquel arrugado agujero, dejo caer unas
cuantas gotas de lubricante en el y se dispuso a trabajarlo delicada y
minuciosamente.
Coloco un almohadón bajo su vientre ayudando a que Clara
expusiera su culo. Ya había introducido parte de su dedo índice en ella, los
suaves gemidos de dolor y placer marcaban su incursión dentro de aquel
territorio desconocido. Clara se mordía el labio, nunca antes había dejado que
un hombre jugara con su orificio anal, la sensación la sorprendía, nunca se
hubiese imaginado el placer que podría sentir ahí. Arturo ya introducía su dedo
por completo y penetraba aquel perfecto ano con facilidad.
Clara busco con sus manos su sexo y comenzó a acariciarse con
gran intensidad. Miguel aun con su miembro erecto se acerco a ella y lo
introdujo en su boca. Clara deliraba de placer. -Métemela, quiero sentirla
dentro mió.- Arturo no dudo ni por un segundo, puso su grueso glande
sobre aquel pequeño orificio y haciendo un poco de presión logro abrirse camino
lentamente en ella. -Ah!! Mas despacio que me haces daño.- Arturo
aminoro la marcha pero seguía avanzando decididamente. -Relájate un poco
mas… así muy bien.- Arturo ya había logrado meter la mitad de su
miembro. Clara sentía dolor pero el placer era aun mayor, fue relajando los
músculos de su esfínter facilitando el ingreso. Arturo retiro su miembro de ella
y contemplo como el ano completamente dilatado de Clara había copiado el
diámetro de miembro. -Pero mira como te he dejado.- Volvió a tirar
lubricante sobre ella y siguió con su tarea, esta vez logrando penetrarla por
completo. Clara no podía hacer nada más que sentir como Arturo la llenaba por
completo, en su mano la joven apretaba el tronco de la verga de Miguel.
Arturo empezó a moverse dentro de ella, había colocada a
Clara en cuatro patas y separando sus nalgas con sus dos manos la empezó a
fornicar. Clara soltaba pequeños grititos, y Miguel que no quería quedarse
afuera, se acomodo por debajo de ella y hundió su verga en la vagina de Clara.
Clara casi se desmaya sobre Miguel, su cuerpo era victima del deseo y la
morbosidad de aquellos dos viejos. Los dos hombres bombearon a Clara durante
varios minutos, la joven tuvo varios orgasmos que la dejaron completamente
extasiada y entregada.
-Quiero que pruebes como sabe tu ano.- Arturo dejo de
penetrarla y con un gesto de caballero le cedió su lugar a Miguel, que con mucha
rapidez ocupo su puesto.
Ante Miguel las nalgas de Clara se encontraban humedecidas
por aquel lubricante, el ano de la joven intentaba volver a su tamaño original
después de las violentas embestidas que había recibido. -Vamos, métetelo
en la boca.- Clara acerco su rostro al erecto pene de Arturo y con un
poco de repugnancia lo introdujo entre sus labios. Su lengua saboreaba sus
propias secreciones.
Miguel iba a poder ser dueño de aquel hermoso culo. Sus
testículos se encontraban contraídos debido a su excitación. Al introducir su
glande en ella, Clara gimió de dolor, la verga de Miguel era mas grande y gruesa
que la de Arturo. Una sensación de desgarro recorrió su cuerpo. Arturo penetraba
literalmente la boca de Clara, el sonido de la saliva dentro de su boca y sus
graves gemidos era lo único que se oía en toda la casa.
Miguel introducía profundamente su pene en ella, lo quitaba
por completo y volvía a introducirlo. Siguió así por un largo rato sin hacer
caso a los gemidos de dolor de Clara.
El final fue bastante estruendoso. Miguel descargo todo su
esperma dentro de ella, la sustancia caliente recorría cada rincón del esfínter
de Clara que al mismo tiempo recibía el espeso jugo de perlas de Arturo en su
boca.
Los dos viejos se alejaron y se sentaron en los sillones.
Contemplaban a Clara echada sobre el suelo, la joven jadeaba agotada por aquella
sesión de sexo. Escupió sobre el suelo el semen que sobraba en su boca y con su
mano toco su ano adolorido para notar como la corrida de Miguel salio de su
interior.
Los días pasaron y Tomas se puso mucho mejor, regreso al
colegio junto a sus amigos y en la vida de Clara todo volvió a ser como antes.
Nunca mas trabajo para Miguel aunque en ocasiones se lo cruzaba pero ella lo
ignoraba al igual que él.
No hubo despedidas ni nada parecido, simplemente Miguel le
dio un sobre con los medicamentos restantes y la dejo ir.
Ahora trabajaba en el bar de enfrente de su ex trabajo.
Pasaron dos años hasta que un día vio llegar a una ambulancia a la farmacia. Don
Miguel había tenido un paro cardiaco y había muerto. Clara no supo como
reaccionar, pero en lo profundo de su ser el dolor lleno un espacio.
Clara conoció a un joven que era muy dulce con ella y quería
mucho a Tomas, pero por mas que lo intentaba nunca pudo lograr los orgasmos que
había tenido en aquellos tres intensos días.
FIN
Espero que les guste esta saga. La verdad no acostumbro a
hacerlas y las que hice nunca las termine, les pido disculpas por eso.
Prometo continuar "Jessica Bailarina de Ballet" ya que varios
lectores me lo han pedido y se los agradezco.
Debo confesar que me ha molestado ver que varias de las
valoraciones fueron arbitrarias y con el único fin de bajarle el promedio a los
relatos. Que buenos seria que esto se pudiera controlar aunque lo veo difícil.
De todas formas me ha dado a entender que no debo juzgar a un relato por su
valoración ya que al parecer son manipuladas.
Gracias por leerme
Salu2