Desde la cama Carmen escuchaba mis movimientos por la
habitación sin moverse, sin dirigirme la palabra, se sentía enfadada con todo y
con todos y yo era el objetivo más a mano para descargar su enfado.
-"Luego hablamos" – Carmen resistió la tentación de
responderme, había escuchado en silencio todos mis movimientos en la ducha, en
el baño y luego al vestirme; Durante todo ese tiempo había luchado consigo misma
para no levantarme el castigo que su silencio suponía para mí. Continuó callada
mientras me notaba esperando en la puerta, le dolía hacerme esto pero estaba
molesta conmigo, con ella, con todo el mundo.
Cuando escuchó cerrarse la puerta de la habitación estuvo a
punto de saltar de la cama y llamarme; Un nudo le atrapó la garganta, me imaginó
triste y deseó no haber sido tan dura conmigo.
El ruido del carrito de las limpiadoras en el pasillo la
despertó una hora más tarde; Aún somnolienta se levantó de la cama y se sentó en
la taza a orinar; Durante unos breves segundos todo era normal, tranquilo, como
cualquier otro día hasta que todo su cuerpo reaccionó a los recuerdos que se
abalanzaban sobre su mente, inconexos, mezclados, superpuestos; La tensión se
instaló en sus músculos, el ahogo en su garganta, las palpitaciones en su pecho;
Un difuso desasosiego, casi un malestar rompió la tranquilidad que había sentido
al levantarse.
Le dolía la cabeza con ese dolor clásico provocado por el
exceso de alcohol, tenía la boca seca, era el momento de una larga ducha. Abrió
el grifo y puso el tapón de la bañera; Mientras esperaba a que el agua tomara la
temperatura adecuada se miró al espejo, unas leves ojeras declaraban su mal
estado físico, miró su pelo y decidió que debía lavárselo. Entró en la bañera
que se iba llenando poco a poco con el agua de la ducha y dejó que su cuerpo se
relajara con el agua tibia, casi fría; Cerró los ojos, apoyó las manos en la
pared y dejo que el agua golpeara su nuca.
La culpa, por encima de todas las otras emociones, era la que
más le atacaba en ese momento, ¿Cómo había sido capaz de dejar que Carlos
llegara a tanto? Las imágenes se agolpaban su mente y cada vez se sentía más
avergonzada, más incómoda. Se vió en el baile acariciada por Carlos, sintiendo
sus labios en su cuello y mis ojos en los suyos. Recordó lo que sintió cuando
más tarde, en el jardín, la mano de Carlos avanzó hasta su nalga por debajo de
la falda, la respiración se le había cortado durante un breve segundo,
consciente de que debía parar aquello y alarmada ante su incapacidad para
hacerlo; En esos momentos temió ser vista por alguien y ese temor superó la otra
sensación que recordaba: placer, morbo, excitación.
¿Cómo había ido capaz? Ahora se recordaba sentada en el
banco, vencida sobre el hombro de Carlos mientras éste acariciaba la parte
interna de sus muslos, subiendo lenta e implacablemente mientras ella, envuelta
en una nube de dejadez e irrealidad se rendía ante la certeza de lo inevitable,
sabiendo que de un momento a otro esa mano tocaría su sexo y, sin embargo, no
había hecho nada para evitarlo como si no estuviese en sus manos hacerlo.
Recordó como sus piernas se abrían sin remedio enviando un mensaje que su boca
se negaba a pronunciar, y el instante en el que sintió el contacto de los dedos
en su sexo, un roce que derivó en presión y cómo su cuerpo reaccionó igual que
si hubiera recibido una descarga eléctrica.
El alcohol, sin duda había sido el alcohol el culpable, se
dijo mientras terminaba de aclararse; Cerró la ducha y se tumbó en la bañera
casi llena.
No solo había sido el alcohol, otras veces había bebido en
exceso y jamás llegó a perder el control como esta noche. Mi actitud había sido
el detonante, mi forma de mirarla, la excitación y el placer que mostraban mis
ojos al verla con Carlos había sido la causa real que la había llevado a esa
situación. Se sentía arrastrada por mis deseos, lo que había comenzado como un
juego, una inocente travesura se estaba convirtiendo en algo mucho más serio.
Por eso estaba molesta conmigo.
No acababa de entender por qué deseaba tanto verla en brazos
de otro hombre, le había sorprendido desde que me vio excitarme cuando me contó
lo sucedido en el parque, era agradable verme así, muchas veces habíamos jugado
con fantasías de intercambios y sabía bien cuánto me excitaban; Pero ahora se
trataba de algo mucho más serio, Carlos la había besado, le había tocado los
pechos, el culo, había rozado su coño… Se asustó al reconocer la excitación
naciente en su cuerpo y, como si huyera de ello, salió de la bañera y comenzó a
secarse.
De pronto, sobreponiéndose a los recuerdos de Carlos, surgió
otra imagen: me vió besando a Elena, acariciando su cuerpo y recordó mi mirada
mientras le mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Sintió un nudo en el estómago
que se volvió más intenso cuando su memoria le trajo las imágenes en la que
estábamos tumbados en el césped; Tan solo me había visto de espaldas pero mi
postura, incorporado sobre un brazo y vencido sobre ella abrazándola le hacían
imaginar caricias que conocía, palabras ya escuchadas.
¿Celos? Se negaba a aceptarlo, no cabía dentro de su modelo
de sí misma una conducta posesiva e inquisitiva; Jamás había entendido cómo una
relación de amistad y sinceridad podía llegar a derivar en una dialéctica de
exigencias, reproches y obligaciones.
Pero ahí estaba, las sensaciones no la engañaban, sentía que
Elena le robaba algo, sentía que yo, de alguna manera, dependía un poco menos de
ella. Alarmada por lo que estaba experimentando reconoció los signos claros de
una reacción atávica ante la propiedad usurpada.
Pero también reconoció otras sensaciones que modulaban y
daban nuevo sentido al conjunto: Morbo, placer al verme acariciando un cuerpo de
mujer, destellos de excitación viendo a Elena pegada a mí. Fue en ese momento
cuando entendió por primera vez por qué yo me excitaba al verla con Carlos.
Tras secarse el pelo, eligió la ropa interior, se puso una
camiseta y una falda y bajó a desayunar. Estaba inquieta, a medida que pasaba el
tiempo se escandalizaba mas por su comportamiento de la noche anterior. Sin
embargo, no podía negar algo que estaba ahí, en su cuerpo. Los recuerdos de la
noche anterior la excitaban, podía esconderlo, podía evitarlo, pero era real.
Mientras se preparaba unos cereales con leche en el buffet
del hotel, Carmen no dejaba de darle vueltas a las escenas de la noche anterior.
¿Qué habría sucedido si no hubiésemos aparecido Elena y yo? ¿Hasta donde habría
permitido a Carlos avanzar?
No lo sabía, no podía saberlo aunque temía reconocerse
vencida, entregada en aquellos momentos, Una parte de ella hubiera deseado
sentir más intensamente esos dedos a través de su braga, otra parte más sensata
le recordaba la buena suerte que había tenido al no llegar a mas.
Llegar a más… ¿Por qué la atemorizaba de esa manera? ¿Hubiera
acabado acostándose con él? Y si así hubiera sido… ¿Qué temía? Yo no me oponía,
al menos desde un punto de vista teórico, no parecía que un polvo aquella noche
hubiera provocado en nuestro matrimonio ningún problema.. Quizás al contrario,
pensó. Entonces… ¿A qué le temía? No lo sabía pero una escena imaginaria después
de hacer el amor con Carlos, aun tumbada en la cama con él, le provocaba un
temor irracional.
Necesitaba hablar conmigo, necesitaba conjurar estos
fantasmas agarrándose a la seguridad que le proporcionaba mi presencia en su
vida. Marcó mi número pero no obtuvo respuesta, comprendió que me encontraría en
mitad de una sesión.
Terminó el desayuno y se levantó de la mesa, fue entonces
cuando percibió la incipiente humedad en su sexo; Abandonó el restaurante y se
dirigió a los ascensores, le sorprendió pero al mismo tiempo le agradó la
reacción de su cuerpo, era una leve transgresión de lo correcto, una intima
violación de las normas que quedaba oculta ante los demás pero muy presente ante
ella: se excitaba al recordar su aventura con otro hombre; Nadie podía saberlo,
nadie podía imaginarlo, en su intimidad si quería podía vivir esa reacción
libremente, sin adoptar la censura obligada por las normas, no tenía por qué
recriminarse por ello, no había nadie ante quien mostrarse digna, decente,
escandalizada. Era un asunto entre ella misma, sus deseos y sus prejuicios.
Subió a la habitación, se desprendió de la falda y las bragas
y eligió otras del cajón; Se dirigía al baño cuando sonó mi llamada.
¿Por qué le afectaba hablar conmigo desnuda? ¿Por qué
percibía tan intensamente su húmedo sexo mientras escuchaba mi voz? Aquella
sensación tan nítida matizó sus frases, sabía desde un principio que deseaba
suavizar la tensión entre nosotros pero el hecho de hablar conmigo desnuda de
cintura para abajo, sintiendo la humedad creciente en su coño hizo que se
entregase sinceramente al pequeño interrogatorio al que la sometí aumentando su
excitación hasta el punto de incitarme a acudir a su encuentro.
Carmen colgó el teléfono e inmediatamente se arrepintió de
hacerme abandonar el curso, mis preguntas tan directas habían provocado en ella
unas emociones que no quería despertar; Sin embargo a medida que cedía a mi
interrogatorio la fuerza del deseo comenzaba a desarmarla hasta el punto de
pronunciar aquel reclamo: ‘ven y te lo digo’.
Era una insinuación en toda regla, una provocación a la que
sabía que yo no me resistiría.
Y ahora se arrepentía, no quería seguir el juego con Carlos y
temía que ahora yo pensase lo contrario.
Pero deseaba, necesitaba tenerme.
……
Me desquicié esperando un taxi que parecía no llegar nunca,
dejaba en el aula mis papeles y mi portafolio, ya volvería a por mis cosas, no
me importaba nada, tan solo deseaba llegar cuanto antes al lado de mi mujer.
Era la segunda vez en este viaje que resolvíamos un enfado en
la cama; Mientras circulaba por las atestadas calles de Sevilla pensaba en el
reencuentro con ella, deseaba acabar con esa frialdad con la que nos habíamos
separado aquella mañana. Por el tono de nuestra breve conversación sabía que
Carmen buscaba romper el desencuentro.
Y yo, además de eso, quería respuestas, la primera de todas a
la pregunta que le había lanzado apenas unos minutos antes: Qué sentía ahora al
recordar lo sucedido la noche anterior.
Golpeé con los nudillos la puerta de nuestra habitación y
enseguida escuché sus pies descalzos avanzar apresuradamente por la moqueta.
Abrió la puerta refugiándose tras ella y cuando entré se arrojó a mi cuello
besándome con urgencia.
-
"Lo siento, lo siento, cariño no quería que te fueras así
y sin embargo no era capaz de hablar" – seguía besándome mientras sus
palabras brotaban sin cesar – "cuando cerraste la puerta me entró una
pena..." – no la dejé continuar.
-
"Ya pasó cielo, no importa, yo también lamento…" – me
interrumpí al darme cuenta de que en realidad no lamentaba nada, la besé
para ocultar mi renuncia a continuar la frase, ¿de qué debía arrepentirme?,
¿de excitarme al verla besando a Carlos? ¿de desear verla en sus brazos? ¿de
querer oír de sus labios como la había tocado el coño?
No, no me arrepentía por pensar así, no lamentaba lo sucedido
y es más, hubiera deseado continuar, más allá, mucho más allá.
Pero no se lo podía decir, aun no; continuaba besándola en
silencio, dejando que estas ideas cuajaran en mi mente.
-
"Vas a perder la clausura por mi culpa" – me dijo
mientras avanzábamos por la habitación cogidos de la cintura
-
"No te preocupes, volveré mas tarde y recojo mis cosas"
Se sentó en el borde de la cama, yo acerqué el sillón y me
senté frente a ella, con sus manos en las mías. En silencio nos miramos a los
ojos, envueltos en nuestros propios pensamientos que no nos atrevíamos a
pronunciar.
-
"¿Estás bien?" – sonrió, bajó los ojos y luego me miró de
nuevo.
-
"Dentro de lo que cabe, si"
Me quedé mirándola en silencio, vestía tan solo una camiseta
blanca que dejaba al descubierto su estómago y unas bragas también blancas,
estaba hermosa, sensual, poderosamente atractiva, mantenía mis manos sobre sus
muslos sujetando las suyas, sus pezones se marcaban con claridad sobre la fina
tela de la prenda, como un fogonazo apareció en mi mente su expresión entregada
mientras Carlos besaba su cuello durante el baile y recordé las palabras de
Carlos: le había tocado el coño, había sentido su tanga mojado por la excitación
que él le provocaba.
-
"¿Qué me miras?" – su tono coqueto y juguetón me hizo
volver de mis ensoñaciones, sonreí pero no le contesté.
-
"¿En qué piensas, di" – su voz daba a entender que
imaginaba lo que pensaba.
-
"Recordaba" – Carmen sonrió.
-
"¿Has hablado con Carlos?"
-
"Sí, claro" – mi escueta respuesta provocó un leve gesto
de impaciencia.
-
"¿Y? ¿Qué te ha dicho" – me lo pensé un momento antes de
responder y esa espera acentuó la ansiedad que mostraba su rostro.
-
"¿Te excitaste ayer?" – abrió mas los ojos en un
involuntario gesto de sorpresa, luego desvió la mirada, cuando por fin sus
ojos volvieron a engancharse en los míos, su expresión era otra.
-
"Si"
-
"¿Te excitó que te besara?" – sus ojos se volvían
profundos por momentos, su expresión denotaba deseo.
-
"¿Qué te ha contado?" – no respondí, aun esperaba su
respuesta a mi pregunta. Ambos mantuvimos la mirada hasta que cedió y
respondió.
-
"Si"
-
"¿Y él? ¿supo que estabas excitada?" – me miró intentando
averiguar qué pretendía.
-
"No sé,… sí, creo que si"
-
"¿Se lo dijiste?"
-
"¡No!" – protestó.
-
"Entonces… lo sintió… en sus dedos" – Carmen clavó su
mirada en mí, se sentía acosada pero no es mujer que se deje avasallar, su
mirada me retaba, esa mirada que tiene cuando está intensamente excitada,
esa mirada que me abruma hasta dejarme rendido ante ella.
-
"Habéis estado hablando" – afirmó.
-
"Contéstame" – el silencio apenas duró un segundo, pero
estuvo lleno de sentido, de intenciones, de palabras no dichas pero
entendidas por ambos.
-
"Si" – sentí como mi corazón golpeaba con fuerza en mi
pecho, recorrí en un segundo su cuerpo con mis ojos, sus pezones se marcaban
agudamente en la tela, mucho más abultadamente que antes, Carmen se removía
de vez en cuando apretando sus muslos, yo sentía la tensión de sus músculos
en mis manos. La miré a los ojos, su mirada me desafiaba, yo quería oírlo de
sus labios.
-
"Lo notó en sus dedos, notó que estabas excitada"
-
"Si"
-
"Te tocó el coño"
-
"Me tocó las bragas" – no dijo ‘tanga’, en su lugar
empleó deliberadamente la palabra ‘bragas’
-
"Y estaban mojadas…" – me miró sin contestar, su
respiración se había acelerado – "… como ahora" – dirigí mi mirada a su
pubis, reconocí las bragas que llevaba puestas, un culotte breve, casi tanga
por detrás, volví mis ojos a los suyos y de nuevo bajé a su pubis, Carmen
entreabrió ligeramente sus muslos
-
- "¿Ahora están mojadas, verdad?"
-
"Si"
-
"¿Mas o menos que anoche"
-
"No se" - Carmen subió su pierna izquierda y puso el pie
por debajo de su muslo derecho.
-
"Menos, seguro que menos que anoche, llevabas bailando
con él un buen rato dejándote tocar, besándote con él, ¿hubo algo más que
hizo que te mojaras?" – yo sabía qué; Carlos me había contado como le
levantó el vestido y tocó su culo desnudo, en el jardín donde podían ser
vistos. Esperaba que Carmen me lo contase.
-
"Cuando salimos al jardín…" – su voz era un susurro, casi
un gemido – "… me beso y…" – sus manos se movían por sus muslos – "… de
pronto sentí su mano por debajo de la falda, por detrás, subió y…"
-
"Y te tocó el culo?"
-
"Si"
-
"si, qué?" – me miró, entendía que yo no quería evasivas
ni medias frases y noté que aceptaba el reto, que mi insistencia no la iba a
acobardar.
-
"Me tocó el culo"
-
"¿Os vio alguien?"
-
"No, creo que no" – me levanté del sillón y me senté a su
lado, la rodeé con mi brazo izquierdo mientras mi mano derecha comenzaba a
acariciar sus muslos, la bese, suavemente , repetidamente
-
"¿Te gustó?"
-
"Si, pero…"
-
"Dime"
-
"Estaba intranquila, nos podían ver"
-
"Pero te dejaste"
-
"Si"
-
"¿Y si os hubieran visto?"
-
"No sé, le hubiera quitado"
-
"No creo, ¿y parecer una niña asustada?" - Estaba
convencido, si Carmen se hubiera sentido observada habría hecho cualquier
cosa menos dar una imagen de mujer avergonzada o seducida contra su
voluntad, por muy violenta que se hubiera sentido habría tenido más peso
para ella su propia imagen de mujer fuerte, decidida y dueña de sus actos.
-
"Qué más te hizo?" – continuaba besándola mientras me
hablaba, sentía su aliento en mi rostro, su olor me excitaba cada vez mas.
-
"Me tocó el pecho"
-
"Las tetas" – corregí, deseaba un lenguaje más vulgar,
sus ojos se volvieron a mí, turbios por el deseo.
-
"Me tocó las tetas"
-
"Eso está mejor. ¿Qué sentiste" – entornó los ojos.
-
"No se"
-
"Si lo sabes"
-
"No… en serio"
-
"Si lo sabes" – mi boca le hablaba pegada a su oído,
mezclándose con mis besos
-
"Electricidad… placer…"
-
"¿Te gustó?"
-
"Si"
-
"Y dejaste que te tocara las tetas" – un leve impulso
hacia atrás la venció sobre la cama, mi mano alcanzó su braga, estaba
caliente, apreté mi dedo medio a lo largo del surco de sus labios, hundiendo
la ligera tela, un gemido escapó de su boca.
-
"Si, le dejé"
-
"Eres una golfa" – abrió los ojos
-
"Y tú, un cabrón; ¿Qué hacías con Elena?" – una breve
imagen me asaltó, Elena debajo de mí, la presión de su coño engulléndome sin
dificultad. El momento de mi orgasmo golpeando su pubis con fuerza. No podía
contárselo.
-
"Meterle mano" – sonrió de una manera obscena.
-
"Cuéntamelo" – calibré qué debía contar y qué callar
Y comencé a hablar, interrumpido a veces por las preguntas de
Carmen que revelaban una urgencia por saber; cada pregunta suya era el producto
de su creciente excitación y cada respuesta que yo le daba provocaba un nuevo
brote de placer, un placer insospechado para ambos. Sus manos me acariciaban con
avidez, poco a poco su camiseta había acabado enrollada mas allá de sus pechos
hasta que conseguí quitársela, sus dedos acariciaban el bulto que crecía en mi
bragueta.
-
"¿Le pediste que se quitara las bragas?" – no salía de su
asombro. - "¿Y el sujetador?" – sus ojos estaban completamente abiertos. -
"¿Y se lo quitó?" – sentí abrirse la cremallera de mi pantalón y la mano de
Carmen invadiendo mi bragueta.
-
"Se fue al baño y se lo quitó, si" – Carmen gimió por mi
confesión, por el trabajo que mis dedos hacían en su coño y por el instante
en el que liberó mi polla del slip.
-
"¿Y cómo sabes que se lo quitó" – buscaba oírlo de mi
boca, exactamente como yo antes había necesitado escucharla relatar cómo la
había tocado Carlos.
-
"La toqué, bailando, y luego en el jardín"
-
"La tocaste…" – no pudo continuar, su cuerpo comenzó a
temblar dominado por el preludio de un orgasmo, aceleré el movimiento de mis
dedos dentro de su coño, sentí sus dedos tropezando con mi mano e
instalándose en su clítoris.
-
"La tocaste el coño" – repitió cuando se recuperó.
-
Si, primero la palpé bailando, la noté desnuda, luego en
el jardín la toqué por debajo de la falda" – Carmen continuaba acariciándose
mientras me escuchaba, aquello era más de lo que había imaginado. Carmen
estaba ante mí masturbándose al escuchar cómo yo le contaba que había estado
con otra mujer.
-
"¿Te la habrías follado, verdad?" – La responsabilidad
por mi ocultación se me hizo presente. Tenía la oportunidad de contarle
todo, era el momento idóneo envuelta como estaba en una profunda excitación.
Sin embargo, fui incapaz, algo me detuvo y para cuando quise
reaccionar era tarde.
-
"Dime, ¿te habría gustado follártela"
-
"Si" – aquella palabra convertía una omisión en una
mentira, la primera mentira que había entre Carmen y yo.
-
"A mí también" – la ambigüedad de su frase me sacó de mis
reproches. Reinicié mis caricias en su coño.
-
"¿A ti también, qué?" – me miró entre traviesa y sensual,
siendo plenamente consciente del efecto de su frase.
-
"Me hubiera gustado verte"
-
"¿Verme follar?"
-
"Si!" – fue casi un grito sofocado – su mano seguía
frotando mi empapado glande, llevándome al borde de la eyaculación. La besé,
emocionado por lo que significaba su declaración.
-
"Creí que querías decir otra cosa"
-
"¿Qué" – mi leve pausa escogiendo las palabras fue
demasiado para la urgencia que sentía Carmen - "Dímelo"
-
"Creí que decías que a ti también te hubiera gustado
follar" – se revolvió en la cama – "Dime ¿te habría gustado follar con
Carlos?" – de nuevo se removió apretando mi glande entre sus dedos, sentí
como aceleraba el ritmo en su clítoris, un gemido escapó de su boca "Dímelo,
¿querías follar con Carlos? "
-
"Si!" – su cuerpo botó en la cama sacudido por un nuevo
orgasmo o quizás por la continuación del anterior, sentí los espasmos de su
coño apretando mis dedos.
-
"Y yo, quiero verte follar con él, quiero ver cómo te
folla, como se corre dentro de ti" – mis palabras provocaban gemidos en
Carmen; me monté sobre ella y la penetré lentamente intentando evitar mi
inminente eyaculación, me quedé quieto en su interior, sintiendo los
espasmos rítmicos de su coño.
La besé mientras comenzaba a moverme con cautela, quería
posponer lo inevitable, alargar aquel momento lo máximo posible
-
"Eres una puta" – Carmen sonrió.
-
"Y te gusta que lo sea"
-
"Mucho" – sus caderas comenzaron a moverse al ritmo de mi
pelvis, no pude aguantar más, todo mi cuerpo se puso en tensión, detuve los
movimientos de mi cintura y dejé que el orgasmo me invadiera nublando mi
vista, sintiendo como mi polla cobraba vida propia y cabeceaba con fuerza,
como un reptil, Carmen rodeaba mi cintura con sus piernas atándome a ella.
El sonido del móvil nos despertó, nos había vencido el
cansancio acumulado por la noche anterior; Sobresaltado me incorpore y contesté.
-
"Espero no interrumpir, tengo tus cosas, esto ya se ha
acabado, te he excusado como he podido, en quince minutos estoy ahí y te lo
doy, bueno, si necesitáis más tiempo espero" – su tono socarrón indicaba que
mi voz me había delatado.
-
"De acuerdo, si, media hora" – colgué y miré el reloj en
el móvil, era mediodía.
Carmen había escuchado la breve conversación tumbada hasta
que oyó mi última frase y se incorporó de un salto.
-
"¿Has quedado con él?" – la miré, estaba seria.
-
"Ya se ha clausurado el curso, viene a traerme mis cosas"
– Carmen se levantó y se dirigió al baño.
-
"No quiero verle" – su tono no admitía discusión.
-
"No te preocupes, le recibo abajo, ya pondré alguna
excusa, diré que te has ido de compras" – Me miró desde la puerta del baño,
su cara reflejaba determinación.
-
"Mario, no quiero sorpresas"
Entré tras ella, Carmen se protegió el cabello con un gorro
de plástico y se introdujo en la bañera. Me acerqué a la taza y comencé a
orinar.
-
"No te preocupes, no le verás si no quieres, pero va a
ser un poco raro que te marches de Sevilla sin al menos despedirte" – Carmen
asomó por una rendija.
-
"Me da igual, no quiero volver a verle"
-
"Como quieras"
Me duché a continuación, fue una ducha menos rápida que la de
ella, me demoré pensando en todo lo sucedido en tan pocos días.
Carmen tenía razón: había que terminar aquello de una vez,
partiríamos esa misma tarde de regreso a Madrid. Intentaba montar una excusa
consistente para justificar la ausencia de Carmen, desde la bañera le grité.
-
"Le diré que te has ido a despedirte de nuestros amigos
sevillanos"
-
"¡Ni se te ocurra!" – no hablaba en serio y Carmen lo
sabía.
-
"Bueno, entonces le diré que te has marchado de compras
con alguna amiga, no vas a tener solo amantes en Sevilla, digo yo"
Me terminé de vestir, Carmen miraba un documental en la
televisión vestida tan solo con un tanga azul. Sentí como mi sexo despertaba de
nuevo ante el magnífico cuerpo de mi esposa; imaginé a Carlos paseándose por la
habitación viendo lo que yo veía, pero deseché esas ideas de mi cabeza o no
saldría de allí.
Sonó mi móvil.
-
"Estoy abajo, ¿os espero en la cafetería?" – Miré a
Carmen mientras exponía la excusa.
-
"Estoy solo, Carmen se ha ido con unas amigas de compras"
-
"¡Vaya! ¿volverá pronto?
-
"Me imagino que comerá con ellas" – la pausa de Carlos me
transmitió decepción.
-
"En fin, te espero abajo"
Colgué y miré a Carmen
Ella me miró pensativa, por un momento creí ver un signo
de vacilación en sus ojos
-
"No me veo capaz de ponerme delante de él"
-
"¿Vergüenza?" – se revolvió como si la hubieran golpeado.
-
"No! Claro que no!"
-
"Parecía" – sin esperar respuesta me acerqué a ella y le
di un beso en la boca de despedida – "no tardaré, le despacho pronto"
-
"No digas eso, da la impresión de que le hemos utilizado
y ya no nos sirve"
-
"¿Y no es así?" – jugaba mi última baza.
-
"¡Qué malvado eres!" – Carmen había girado hacia la broma
y eso me hizo abandonar cualquier esperanza.
Entré en la cafetería que aun estaba casi vacía, tan solo
algunas personas la atravesaban hacia el restaurante. En una mesa baja al fondo,
cerca de la cristalera, estaba Carlos; me senté frente a él.
-
"Aquí tienes tus cosas" – dijo entregándome mi carpeta y
un sobre de la organización.
-
"Gracias" – Carlos hizo un gesto llamando al camarero que
quedaba a mi espalda pedí una cerveza.
-
"¿Cuándo os vais?" – yo ojeaba el contenido del sobre
-
"Esta tarde, Carmen quiere llegar pronto"
-
"¿Algún problema con su marido?"
-
"No, en absoluto, pero quiere llegar antes de cenar" –
Carlos miró hacia el suelo y comenzó a mover la cabeza de un lado a otro.
-
"¿Qué mujer! Me ha tenido en ascuas toda la semana, y
ahora… os vais sin que pueda despedirme de ella" –no sabía que decirle.
-
"Ya te dije que no iba a resultar tan fácil como
pensabas"
-
"Anoche faltó muy poco, diez minutos más a solas y me la
llevo a la cama" – escuché esa frase sintiendo que quizás yo también deseaba
que hubiera dispuesto de esos diez minutos; No estaba seguro de cómo nos
sentiríamos en ese momento si hubiera sucedido, tan solo sé que en aquel
instante hubiera deseado encontrarme ante el amante de Carmen y escuchar de
su boca el relato de la entrega de mi mujer.
Llevariamos unos diez minutos de charla cuando, de repente,
Carlos se levantó mirando por encima de mí, me volví y la vi avanzando desde la
puerta de la cafetería, el corazón me dio un vuelco ¿Qué había sucedido para qué
cambiase tan drásticamente de opinión? Me asusté, ¿De verdad quería que aquello
se consumase? No estaba tan seguro; me levanté y me volví a esperarla. Carmen
avanzaba con su seguridad habitual, marcando el paso con sus caderas, con una
leve sonrisa en su rostro, se había puesto un vestido blanco de vuelo y escote
recto, llevaba un bolso a juego y con las gafas de sol sujetando su pelo parecía
que realmente venía de la calle.
-
"Qué maravillosa sorpresa, no te esperaba ya" – Carlos
avanzó a su encuentro y la tomó de la cintura, lo que iba a ser por parte de
Carmen un beso en la mejilla se transformó por obra de Carlos en un intento
de beso en la boca, que ella eludió con habilidad; Cuando salió de su
sorpresa sus ojos me lanzaron una mirada furtiva.
-
"Me dijo Mario que vendrías y como habíamos acabado las
compras quise despedirme de ti" – yo la miraba aun aturdido, sin creerme que
hubiera dado este paso. Su voz sugerente, serena, me indicaba que se sentía
dueña de la situación.
-
"No sabes cómo me alegra, estaba realmente… desolado" –
Carmen se sentó en el sillón libre que había entre los dos, mis ojos se
desviaron hacia sus muslos.
-
"¿Qué quieres tomar? – le pregunté, su mirada me mostraba
su estado animo, aventurera, atrevida, arriesgada.
-
"Una tónica, por favor" – me volví buscando al camarero,
pero cambié de idea, quería tener perspectiva, me levanté.
-
"Voy a por ella" – me alejé hacia la barra, con el
corazón desbocado, les dejaba para que Carlos pudiera hablarle a solas.
Desde la barra les miré, Carlos había tomado una de sus
manos, estaba muy cerca de ella y le hablaba. Tuve la sensación de que el
camarero tardaba más de lo normal en tomar mi pedido, mi impaciencia me jugaba
una mala pasada y me intenté calmar, en realidad sucedía lo que yo quería,
estaban solos, hablando, le daba a Carlos una nueva oportunidad de seducirla;
Quería seguir allí, convertido en un mirón y para eso tuve que insistirle al
camarero que terminó por aceptar a regañadientes que quisiera llevar yo mismo el
pedido, así les concedía más tiempo.
Les veía hablar, tan cerca el uno del otro que me daba la
impresión de que casi la tocaba con su boca, Carmen le miraba, poniendo a veces
distancia entre ambos. Cuando caminaba hacia ellos con la tónica en la mano
pensaba que quizás aun no estaba todo decidido en este juego, temía ir más allá
sin embargo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que aquello no
acabase aun.
Cuando me senté Carlos no hizo intención de soltar a Carmen,
ella me miró escrutando mi reacción y yo intenté que le quedase claro que estaba
feliz por lo que sucedía.
Carlos hablaba con ambos pero se dirigía casi exclusivamente
a ella, durante un segundo me quedé mirando como sujetaba su mano apoyándola
sobre su muslo desnudo y cuando eleve los ojos Carmen me miraba.
Carlos sabía que le quedaba poco tiempo para intentar algo y
arriesgaba; Cuando Carmen se soltó de su mano para tomar el vaso, dejó la suya
sobre su muslo, le miré y me devolvió una mirada cómplice. Carmen no se inmutó y
permitió que Carlos mantuviera su mano en su muslo; cruzó su mirada con la mía y
comprendí que había superado esa barrera que unos momentos antes la llevaban a
huir de él.
Hablamos de la noche anterior, de nuestra rápida salida;
Carmen y yo apenas le seguíamos la conversación que nerviosamente acaparaba
Carlos, yo seguía enganchado a la imagen que me llegaba de su mano sobre el
muslo de Carmen, ella de vez en cuando clavaba sus ojos en los míos buscando mis
emociones y transmitiéndome las suyas. Se dejaba tocar por y para mí y mi placer
aumentaba su excitación.
-
"¿Qué tal si nos vamos a comer? Conozco un sitio genial
que os va a encantar" – Carmen me miró, ninguno de los dos contemplábamos
esa opción, improvisé como pude.
-
"Vaya, lo siento, hemos quedado para comer" – Carlos no
esperaba esa respuesta y por un momento no supo reaccionar.
-
"Pero.. ¿no lo podéis cambiar? Sería una lástima"
-
"No, imposible, no podemos fallar" – miré fugazmente a
Carmen, suponía que eso era lo que quería, pero encontré algo en su mirada
que me hizo dudar de sus deseos.
-
"¡Joder Mario, no me hagas esto!" – Carlos empezaba a
perder los papeles, se le veía desesperado, parecía que contaba con terminar
aquella tarde lo que no había acabado la noche anterior; No podía permitir
que continuara con esa actitud.
-
"Carlos, no puede ser, ya habrá ocasión, supongo que
volveremos alguna vez por Sevilla" – mi tono serio le hizo recomponerse, se
dirigió a Carmen.
-
"Pero niña, ¿te vas a ir así, sin despedirte?" – Carmen
estaba inquieta, la noté tensa, me miró rápidamente y volvió a mirarle a él.
-
"¿Nos estamos despidiendo, no?" – Carlos bajó los ojos
abatido y tomó con sus dos manos la de Carmen
-
"No es así como quería despedirme de ti" – había bajado
el tono de voz, parecía como si mi presencia no contase para él, Carmen
dudaba, lo vi claro y me preocupó, si Carlos le daba lástima podía acabar
por ceder.
Y yo, yo no sabía si quería o no quería que aquello siguiera
adelante.
-
"Ahora vuelvo" – dije, levantándome del sillón y sacando
ostensiblemente mi cartera del bolsillo para justificar mi escapada; Según
avanzaba hacia la barra sentía un intenso miedo crecer en mi pecho, la
dejaba sola a merced de sus sentimientos, de sus emociones y de la presión
que Carlos ejercía sobre ella.
Volví de la barra después de abonar la consumición y desde
lejos intuí que algo había cambiado en Carmen; Antes incluso de tomar asiento me
dijo.
Me senté pausadamente, dándome tiempo a ordenar mis ideas,
contradictorias y enfrentadas.
Volví a mirar a Carmen, buscando sus intenciones y sus
deseos, lo que vi en sus ojos me preocupó, había… ilusión, ganas de aventura.
Tuve que ceder.
Nos despedimos pocos minutos después; Cuando nos quedamos
solos no quise preguntar nada, Carmen sintió mi silencio como una reprobación.
-
"Me dio lástima, Mario, hemos abusado de él, hemos jugado
con él, que menos que concederle un rato mas" – me detuve en el hall del
hotel y la miré.
-
"Carmen, ¿estás segura de lo que haces? Antes de salir de
la habitación no querías verle, ahora pretendes volver a estar con él… ¿para
qué, concretamente?"
-
"¿Qué insinúas?" – su tono se había vuelto combativo.
-
"¿Qué crees que quiere Carlos después de lo de anoche,
hablar?"
-
"Estás equivocado" – se defendía, comprendí que había
dado en el centro de sus dudas.
-
"Carmen, la que no tiene que equivocarse eres tú, no
quiero que te lamentes mas tarde de nada"
-
"¿Crees que me voy a acostar con él esta tarde? ¿Eso
crees? ¡qué poco me conoces!"
-
"No sé si es lo que quieres, pero estoy seguro de que eso
es lo que él espera" – el tono iba empeorando por momentos, ambos estábamos
encendidos.
-
"Y tú? ¿qué coño quieres tú? Porque tampoco lo tienes
nada claro, primero me incitas a dejarle hacer y luego me recriminas que le
acepte una invitación"
-
"No te recrimino nada Carmen, haz lo que creas mejor, tú
eras la que dudabas de mi capacidad para frenar esto y ahora que intento que
no te precipites me lo interpretas mal" – bajé el tono, me replegué, no
quería que aquello derivase en una bronca.
-
"Soy mayorcita Mario, tu eres el que tienes más fantasías
en la cabeza, para mí ya fue suficiente lo de ayer, más que suficiente, esta
tarde nos despediremos como amigos, nada más" – estaba molesta pero a la
defensiva, no insistí mas.
Localizamos un restaurante que tenia buena pinta y comimos
intentando evitar que la tensión provocada por nuestra anterior conversación
estropease el día, ambos estábamos tensos, violentos, sin encontrar un tema de
conversación que sobreviviese dos frases seguidas; Nuestras dudas, nuestros
temores y nuestros deseos acaparaban toda nuestra atención.