Desde que había tenido mi primera, y única, experiencia
sexual con un hombre había pasado ya un año, y mi vida había continuado igual.
Yo seguía con mis complejos y mis fobias, pero a pesar de todo, empecé una
relación con una chica a las semanas de que acabara la historia de Dani. La cosa
tampoco prosperó, pero mi vida trascurría con una naturalidad y normalidad que
se estaba tornando en monotonía y tedio.
Esa invariabilidad existencial incluía mi ineludible café de
por las mañanas en la cafetería que hay en los bajos del edificio en el que
trabajo. Siempre a la misma hora y de la misma manera: con leche y sacarina y en
vaso largo de cristal. De tanto ir, llegué a intimar con la camarera, una chica
de mi edad que estaba bastante bien y que no paraba de echarme piropos, casi
siempre relacionados con mi forma de vestir. A veces resultaba incluso pesada
por lo que la monotonía era más monótona todavía.
Aquello cambió una mañana cuando entró un chico en la
cafetería. No destacaba por su belleza, pero despertó cierta incertidumbre en mi
interior. Mediría un metro ochenta, fuertote, y sus rasgos me recordaban a los
actores de las películas clásicas de romanos con facciones muy marcadas. Como
digo, no era el típico chico guapo, pero a mí me resultaba muy atractivo. A
partir de esa mañana llegaba todos los días y se sentaba a mi lado y sólo nos
intercambiábamos un "buenos días". Con el tiempo, y gracias a Isa, la camarera,
llegamos a cruzar alguna que otra palabra más, pues se metía en la conversación
que teníamos ella y yo, o yo hacía lo mismo dedicándole una de mis sonrisas. La
verdad es que la cosa no daba para mucho más porque apenas coincidíamos unos
minutos.
Me fui unos días de vacaciones, y al volver, Isa me dijo que
Nacho había preguntado por mí. Y yo me dije, ¿quién es Nacho?. –Sí, el chico
este que se sentaba a tu lado…ella siguió poniendo cafés y yo ya me quedé
montándome mi propia película y haciéndome ilusiones. Pensé que si lo de Dani
había sido posible, ¿por qué no se podría volver a repetir? Pero Isa volvió y
continuó: – Le dije que tenías un ático en venta, -me explicaba la camarera, - y
parecía estar interesado. No sé si me desilusioné, o en un acto de madurez
comprendí que estas cosas pasan sólo una vez en la vida y en las películas
americanas. El tal Nacho apareció. Le dejé el euro con veinte a Isa y me fui
corriendo. A pesar de todo, no fue un acto maduro, y estuve todo el día con un
estado de ansiedad que no me dejaba ver más allá de la preciosa historia que yo
me había creado. No sabía si volver al día siguiente o si tomarme el café en
otro sitio. Al final fui pragmático y pensé que lo que me importaba era vender
mi casa, y si el chico este estaba interesado, pues nada, hablaría con él, y a
ver qué pasaba.
A la mañana siguiente fui como cada día, aunque me arreglé un
poco más de lo normal, pero Nacho no apareció, así que me subí a trabajar un
poco nervioso. Al día siguiente sí que estaba cuando yo llegué, y fue Isa quien
le recordó que era yo el que vendía el ático. Le hablé de él, pareció
interesarle y quedamos esa tarde a las cinco cuando saliera él de trabajar para
verlo. Me esperaba en la puerta del edificio cuando yo aparecí. Llevaba puesta
la ropa del trabajo que no era otra que unos pantalones azules de obra, unas
botas que se suponían marrones aunque estaban blancas y una chaqueta de punto
grueso que escondía una camiseta blanca. Nos saludamos y subimos. El ático era
completamente nuevo, y sólo estaba amueblada la cocina y el dormitorio
principal. Éste estaba en el pasillo y al verlo dijo que qué chulo, salimos de
él, y nos fuimos para el fondo a ver el otro dormitorio. Al volver, nos paramos
de nuevo en el dormitorio principal y le reiteré que el piso estaba sin
estrenar, que no había vivido en él.
- Vamos, que ni un mísero polvo he echado, le dije,
sorprendiéndome yo más de mi comentario de lo que parecía estarlo él.
-Eso tiene fácil arreglo, contestó Nacho. Yo me quedé sin
saber qué decir porque me pilló bastante de sorpresa. Bueno, miento, en realidad
mi cuerpo me pedía que contestara algo así si se refería a lo que yo estaba
pensando.
-¿Tú crees?, fue lo único que se me ocurrió decir. Me
avergonzaba de mí mismo por no haber sabido salir airoso de esa situación. Pero
la verdad es que no hizo mucha falta porque Nacho se estaba sobando el paquete
por encima del pantalón.
Ante esa perspectiva no podía cometer otro error. La cosa
estaba más que clara. Así que di un paso y le besé en los labios. Él me
correspondió. Noté como mi polla se empalmaba por debajo de mi pantalón vaquero.
Me empujó hacia la habitación y me tiró encima de la cama. Seguimos fundiéndonos
en un beso que me excitaba descontroladamente. Le mordía los labios y las puntas
de nuestras lenguas jugueteaban fuera de nuestras bocas. A pesar de aquella
estimulante situación, me incomodaba algo estar debajo de él, así que intenté
apartarle, pero no funcionó, así que sabía que me tenía que olvidar de mis
complejos y dejarme llevar, la iniciativa no la llevaba yo. Me quitó las gafas y
continuó con el jersey y la camiseta interior. Besó mi cuello mientras yo
jadeaba e intentaba relajarme, cosa que cada vez resultaba menos complicada,
embriagado además por su olor masculino de haber trabajado en la obra ocho
horas. Después bajó hasta mi cintura y me sobó la polla por encima del pantalón,
polla que no podría estar más erecta. Trató de quitarme el cinturón, pero no fue
capaz, así que le ayudé. Me desabrochó los botones de los jeans, continuó con
las zapatillas y calcetines y acabó con los boxer. Así que allí me tenía,
completamente desnudo, entregado y con la polla súper tiesa. Empezó a lamerla
despacio y no pude evitar soltar un grito de placer que, con seguridad, se
escucharía en todo el edificio. A pesar de hacerlo despacio, parecía no tener
mucha experiencia. La verdad es que no lo sé, pero Dani lo hacía de manera
distinta. La mamada de Nacho era buena, pero muy regular, como si no le gustase
mucho hacerlo. Cambié el chip, -Joder, hasta en esa situación tenía que ser
paranoico. Con todo, pensaba que me correría pronto, así que le cogí de los
brazos e intenté subir su cabeza hacia la mía. Esta vez obedeció. Volvimos a
besarnos apasionadamente y le empujé para que se tumbara él boca abajo y me
dejara hacer a mí. Y así fue. Le quité la camiseta blanca y descubrí su torso.
Estaba duro, aunque no marcado, pero a mí me ponía
igualmente. Volvía a recordarme a los actores guapos de antaño, que sin tener
abdominales o pechos marcados o bien definidos resultaban tremendamente
seductores. Le lamí los pezones hasta que se le pusieron bien duros y bajé mi
lengua por todo su vientre hasta llegar al pantalón azul disfrutando de su olor
a macho. Se los quité e hice lo propio con sus vastas y sucias botas dejándole
en calcetines blancos y calzoncillos negros. Pensaba que no habría nada que
pudiera excitarme más, pero estaba equivocado pues aquella estampa encendía mis
deseos más golfos y me hacía sentir un poco guarro el ver cómo un tío con
calcetines blancos estimulaba a una persona como yo, al que muchos consideraban
pijo clasista. No tardé mucho en quitarle los calzoncillos, que tampoco tenían
pinta de resistir durante más tiempo las ansias de la polla de Nacho por salir.
Apareció ante mí una verga preciosa, al menos comparada con la de Dani. La probé
y me gustó aún más. Comencé por una lamida de arriba abajo, jugueteando después
con mi lengua en su capullo y volviéndomela a tragar entera hasta el final
mientras sacudía mi cabeza con toda su polla en mi garganta. Le masajeaba
también los huevos, que no tardé en llevarme a la boca, aunque pronto volví con
la polla. La notaba dura, con sus venas hinchadas, y aquello se convirtió en una
partida entre su tranca, mi lengua y pronto mis dientes, que empezaron a
mordisquearla y dentellearla desde la punta hasta dejarme casi sin aliento.
Nacho se estremecía de placer. Continué unos minutos, y no sé quién estaba
disfrutando más de los dos.
Me paró y me colocó encima suya para volver a besarme
mientras nuestras pollas ardientes se rozaban e intentaban hacerse un hueco
entre nuestros cuerpos. Subí un poco más mi cuerpo y le coloqué mi polla en su
cara, y me la chupó provocándome un placer extremo. Me di la vuelta y le hice lo
mismo a la suya, así que nos fundimos en un excitante 69. Pronto sentí como las
manos de Nacho tocaban mi culo e intentaba apartar mis nalgas. Y de repente, uno
de sus dedos abriéndose paso por mi agujero. Se lo lamió y empezó a toquetearme
el ano aunque no llegó a meter el dedo hasta adentro. Tantas sensaciones hacían
que me estremeciera y estaba a punto de correrme y se lo hice saber apartándome
de su boca. Al final me corrí en su cara y en su pecho en varias sacudidas, cada
cual más placentera. Nacho no tardó mucho en hacerlo, e intentó apartarse, pero
se lo impedí, tragándome toda la leche que soltó por esa polla palpitante que
tanto me había hecho disfrutar mientras gritaba - Ahhhhhhhhhh, jodeeeeeerrrrrr!!!!
Me di la vuelta y me tumbé junto a él. Nos besamos
quitándonos todos los restos de lefa que teníamos en nuestras caras. Interrumpí
aquél precioso momento porque me apetecía fumarme un cigarro sobremanera, así
que busqué mi pantalón, lo encendí, y me relajé. Allí estaba yo, casi con un
desconocido que me había proporcionado la mejor experiencia sexual hasta la
fecha, haciéndome ver, por segunda vez en mi vida, que los sueños o las
fantasías se cumplen. Había querido estrenar mi cama, aunque pronto quiso
estrenar algo más…